Capitulo 2
Después de haber reflexionado sobre las posibles "ventajas" de que esto hubiese sucedió escucho que alguien abre la puerta, y acompañado por unos agentes de la paz ahí está mi padre. Su primera reacción al verme fue correr a abrazarme. Ya les había dicho yo que tendría que ser tributo este año, ninguno se lo tomo bien, pero en un lugar como este, dónde la injusticia es el pan de cada día, ¿qué podría yo hacer para impedirlo?
— ¿Dónde está mi madre? — Pregunté soltándome de sus brazos.
—No ha podido venir, se desmayo apenas entraste al edificio de justicia y tu hermano se la llevo a casa, pero no te preocupes, se pondrá bien. — Respondió entre dientes.
—Es una lástima no poder decirle adiós. —Dije, aunque ya habíamos tenido el tiempo suficiente para despedirnos.
—No hables como si no fueras a ganar, debes ser positivo—Me alentó mi padre
—Por favor papá, no quiero que tengas ninguna esperanza. En estos juegos tan salvajes no tendría la más mínima oportunidad. —Respondí resignado.
—Hace unos años, Sundel Strick, de nuestro Distrito ganó y el año pasado Camyl Lawrence también ganó, tal vez la suerte siga de nuestro lado. —Respondió tratando de animarme. Recuerdo a Camyl del año pasado, fue cosechada de 17 años, sí no hubiese sido elegida ese año al otro ya habría salido de todo esto, es un claro ejemplo de que la suerte no está de nuestro lado. Ante las cámaras ella aparentaba ser muy amable, pero en tanto comenzó la batalla, se escabullía en las noches y mataba a varios de manera despiadada uno a uno.
—No tengo el instinto asesino que ellos tienen, ni siquiera estoy seguro de sobrevivir al baño de sangre del primer día.
—Pero al menos sabes defenderte eso te dará alguna posibilidad.
Nos quedamos en silencio por un leve momento cuando entraron los agentes de la paz a sacar a mi padre. Luego entro una mujer de cabello oscuro, era misma mujer que había visto en plaza llorando, la madre de Tracy. No sabía qué hacer, no sabía ni porque habría venido a verme a mí. Tal vez ya había visitado a su hija. Aunque no estaba llorando tenía los ojos hinchados y rojos, resaltaban en su piel blanca, muestra de que había estado llorando.
—No vengo a decirte que dejes ganar a mi hija, ambos sabemos que no sobrevivirá, y que tú no darías la vida por una extraña, pero por favor, trata de que su muerte no sea tan dolorosa—Suplicó la extraña mujer conteniendo el llanto con un tono de voz cortante.
—No creo poder mantenerme a mí mismo en la arena.
—Por favor, haz lo posible, promételo, por favor— Rogó la mujer.
La mire a los ojos, y no pude negarme. Tan sólo pensé en el dolor que estaría sintiendo esa pobre mujer, al ver como se llevan su pequeña hija y ella no podía hacer nada, aunque no calmaría el dolor tal vez una muerte no tan dolorosa la tranquilice un poco.
—Está bien, haré todo lo posible— Respondí
—Gracias, estaré siempre en deuda— Finalmente no pudo contenerse más y termino llorando de nuevo. Entraron los agentes de la paz y la escoltaron a salida. No era ella quien tenía una deuda con migo, era el Capitolio quien tenía un deuda con ella.
Ya no recibí más visitas, después de eso fui escoltado a la estación de tren, qué estaba repleta de cámaras. Esperando junto con Nyriam y Tracy que abrieran las puertas para entrar en el tren pude ver en una pequeña pantalla nuestros rostros. Tenía los ojos rojos, no sabía que en qué momento había llorado, mi cabello era un desastre lo tenía todo enredado y caído sobre el rostro, en esas condiciones parecía haber venido de la parte baja del Distrito, pero quien iba a notar la diferencia, apuesto que nadie más en todo Panem estará enterado de la división del Distrito 5.
Cuando abordamos el tren Nyriam nos guio a nuestras habitaciones, el tren era por poco tres veces más elegante que la habitación de las visitas, y ni hablar de mi habitación, era gigante, toda completamente blanca, y por todo el tren habían montones de comida. En mi habitación había un baño y una cama, sobre la cama había una camisa blanca y unos pantalones negros. Decidí tomar una ducha, el agua era caliente. En casa pocas veces tomábamos duchas con agua caliente, era un lujo que no podíamos darnos todos los días. Pensé en Tracy que venía de la parte baja del Distrito, por una parte debía estar muy asustada pero por otra debía de estar muy asombrada por todas las maravillas que hay en el tren, cosas que en su parte del distrito nunca habría visto, es que ni siquiera yo hubiera visto todas estas cosas en toda mi vida.
Salí de la habitación a cenar con quien sería nuestro mentor este año. En nuestro distrito habían 2 ganadores, Sundel Strick, que tendría ahora unos 36 años ahora había sido el primer tributo del Distrito 5, no sé como habrá ganado los juegos en su época, no había nacido en ese momento. Luego estaba Camyl Lawrence, que había ganado hace apenas un año, ojala no nos pongan a ella como mentora, no creo que tenga la experiencia suficiente, aunque igual buen mentor o no, no tengo planeado ganar esta basura, no tengo la más mínima posibilidad.
Cuando entro al vagón del comedor veo a Tracy sentada con la mirada perdida y a Nyriam mirándola como con repugnancia. Se veía que lo único que querían los del capitolio de nosotros los de los distritos es que los entretuviéramos.
—Oh ya llegaste, ven siéntate— Dijó Nyriam percatándose de mi presencia. Me senté al lado de Tracy, que pareció no haberme notado.
— ¿Cuándo conoceremos a nuestro mentor? — Dije como quien quisiera entablar una conversación.
—Mentores—, me corrigió Nyriam— Por suerte para ustedes esté año cuentan con dos mentores, no creo que se demoren en lleg…Oh ahí están. — No pudo terminar la frase cuando entraron los dos ex tributos.
No los recordaba bien, de hecho Camyl parecía más alta en televisión, pero su actitud sí era igual, no a la de la muchacha amable, más bien a la de la mujer fría e insensible.
—Así que ellos son los tributos de este año— Dijó Camyl analizándonos de arriba abajo. Luego miro a Tracy, tal vez le haya resultado familiar, ambas venían del mismo lado del distrito.
—Bueno, lo mejor es que vallamos hablando de las estrategias, pero después, sé que por ahora deben estar algo agitados así que comamos y vámonos a descansar— Sugirió Sundel que parecía más amable.
