-Mi cabeza...-Dijo un Capitán América incorporándose, quedando de rodillas en el suelo y sujetando su cabeza con su mano izquierda. -¡¿Hay alguien?! -Gritó alzando sus ojos, encontrándose con las copas de los árboles que se extendían con majestuosidad sobre él, a penas dejando ver el cielo rojizo producto de la hermosa aurora que en éstos momentos hacía su aparición.

Se levantó a duras penas con el cuerpo adolorido producto del golpe que acompañó la fuerte coalición que sufrieron. Vio desde su posición el brillo azafranado del fuego que emanaba de lo que antes era el Helicarrier; con nostalgia miró hacia la dirección donde se hallaban los restos de la aeronave y luego se dio la media vuelta para caminar hacia -donde creía- se encontraba el Templo del Sol, puesto que, como se les había informado con anterioridad, ya se ubicaban en tierra nipona. Entonces, el ruido de unas hojas crujir captó su observación y de forma inmediata se colocó a la defensiva, sin dejar de prestar atención al lugar donde se había originado el ruido con el ceño fruncido. Pero una vez hubo visto a la persona que emergió entre las altas hierbas alrededor de su ubicación, su expresión se relajó y se echó a la espalda su preciado emblema, su escudo. Una Chun-Li con la ropa sucia, -algo rasgada- y con una cara de cansancio se dejó ver entre las plantas a duras penas, algo tambaleante:

-¿Está bien, señorita? -Preguntó el rubio.
-Bueno, lo que se dice bien, bien... -La castaña le miró alzando una ceja mientras se tocaba la cabeza con la mano derecha, para después sobar su brazo izquierdo.
-Al menos estamos vivos. -Dijo Steve para luego comenzar a caminar, Chun-Li le siguió con los brazos cruzados.

"Ése es el consuelo de los idiotas, Capitán."

No duraron mucho caminando cuando sintieron un ruido de agua cerca, y abrieron sus cuencas al notar a un Wolverine chapoteando como pez fuera del agua en un charco del mismo líquido el cual se había formado por lluvias anteriores que habían azotado en días previos a ésa arboleda. El pelinegro había recuperado la conciencia y al notarse en tal húmeda situación, se exasperó un poco.

-Jaja, piensa positivo, Logan, de todas formas te hacía falta un baño. -Rio el Súper Soldado mientras se tocaba la cabeza, en tanto Chun-Li ayudaba, entre risas también, al mayor a levantarse.
-Ha, ha, ha. -Rio falsa y secamente el otro vengador, y con el rostro serio le soltó bruscamente la mano a la muchacha, colocándose nuevamente la máscara la cual estaba removida debido a los bruscos movimientos de acciones anteriores. -¿Quieres que pruebe mis garras contigo? Porque no estoy de humor, Rogers.
-Tú nunca estás de humor... -Respondió el hombre de azul para sí mismo.
-Bueno, bueno. -Chun-Li trató de calmar el ambiente sonriendo con nervios. -No hay necesidad de pelear, muchachos.
-Pero si yo no quería pelear. -Dijo Capitán América con pesadumbre, Logan gruñó y les dio la espalda mientras cruzaba sus brazos como si hiciera un berrinche de niño pequeño, mascullando para si mismo insultos a los otros dos desvergonzados.
-Oigan, a todo esto, ¿Dónde nos encontramos? -La chica alzó sus ojos color chocolate al inmenso cielo que se desplegaba brillante y rojizo sobre ellos, y cubriéndole estaban las hojas de los árboles.

Capitán América le señaló la dirección en donde se veía un, ya más delgado, hilo de humo que indicaba el lugar donde hubo impactado el hidroavión, después le explicó el por qué estaba caminando en la dirección a la cual se dirigía, pero el mayor lo interrumpió:

-Tu sentido de la orientación es terrible. -Sentenció el mutante, mientras señalaba al oeste. -Es en ésa dirección donde se halla el famoso templo.
-¿Y cómo sabes tú eso? -Preguntó la castaña, a lo que Wolverine la miró sonriendo de medio lado mientras se tocaba la nariz con el dedo índice, captando el mensaje; su olfato. -¿El humo no entorpece tu sentido? ¿Y cómo estás tan seguro? -Preguntó ella con sus ojos más que abiertos.
-Querida, simplemente soy el mejor en lo que hago. -Rogers simplemente le miró sereno, y dando un suspiro supuso que debía ser por el aroma de la diosa que antes pudo haber llegado a su nariz. Se había familiarizado con su olor de alguna forma logrando que se quedara en la nariz y en la memoria del mayor, asimilándolo al rumbo que debían tomar. -Síganme. -Ordenó Wolverine echándose a correr desapareciendo entre los árboles, seguido por una veloz Chun-Li que le gritaba para que redujera su velocidad y al final les siguió el soldado, dando un último suspiro de paciencia.
-Hay mucho follaje. -Dijo la chica mirando a sus alrededores, lo único que podía ver era la magnífica extensión de árboles que los rodeaban a los tres en ése momento.
-Lo sé...¡Estorban! -Gritó el mutante arremetiendo contra un enorme roble, cortándolo por la mitad usando las zarpas tan afiladas como unos garfios. Entonces, miró asustado hacia atrás al oír el grito de espanto que lanzó la mujer oriental al ver que el colosal leño caería sobre ella para aplastarla y matarla al momento. Sin embargo, ella sintió como un brazo amigo la rodeó delicada pero fuertemente la cintura y se vio dando un par de giros en el aire para darse cuenta de que estaba entre los brazos del hombre de ojos azules, el cual aquel veloz movimiento, la sacó del camino del pesado objeto.
-¡Imbécil! ¡Casi me matas! -Gritó Chun-Li con sus ojos blancos y abiertos considerablemente producto de la rabia mezclada con el miedo.

Wolverine, desde el otro lado del muñón, se rascó avergonzado la cabeza al percatarse de la gravedad del asunto al mirar con más detención el escenario y advertir la intensa mirada de pánico que la chica tenía en su rostro.

-Lo siento. -La miró serio pero hablándole con un tono más subyugado, algo terriblemente extraño en un sujeto como él. -Yo... Es que, no te vi.
-Eso se lo creo a Dare Devil, pero no a ti. -Dijo Capitán América con el seño fruncido y con una tonalidad austera en su voz.
-Y mientras tanto aprovechas de cortejar a la doncella, ¿No, Capi? -Le dijo Logan haciéndoles ver que ambos aún seguían en aquella vergonzosa posición en el suelo, ambos apegados y envueltos en un abrazo. Se miraron a los ojos y se ruborizaron un poco para posteriormente, separarse de forma rápida, aunque serena, como si nada hubiese pasado. La chica de cabellos color moca le dio las gracias con sus ojos pegados al piso y caminó hasta el hombre de pelo oscuro. El Super Soldado simplemente le sonrió.

Una vez que la miembro de la Interpol llegó a su lado, Wolverine le tocó el hombro y con los ojos llenos de pesar le pidió disculpas nuevamente, notó que ella cerró sus ojos para pensar las siguientes palabras y luego, vio una dulce sonrisa formándose en su cara:

-De acuerdo, pero para la próxima ten más cuidado, ¿Está bien?

/

-Entonces, ¿Podrías explicarme una vez más el plan? -Preguntó un Peter Parker rascándose la sien con su dedo índice, haciendo que Jill lo mirara cansada, pasándose la mano por su fino rostro y se cruzó de brazos para hablarle nuevamente al más joven:
-Irás primero en la fila, gracias a que posees tu sentido arácnido, será más fácil percatarnos si hay un enemigo. Yo, al tener mejor reacción, iré al segundo lugar de la fila para encargarme de aquel que nos ataque.
-Y él irá último porque le da "mello", ¿Cierto? -Apuntó Parker a Chris Redfield, que, al igual que ellos, yacía sentado con las piernas dobladas.
-Lo haré para evitar un ataque sorpresivo por la espalda, con tu "sexto sentido" serás capaz de advertirme de cualquier peligro si es que nos vienen siguiendo, y yo me encargaré del pobre fulano que haya cometido el error de atacar de esa forma tan cobarde. -Le respondió el moreno.

Éste trío estaba sentado cómodamente sobre una extensa manta de telaraña hecho por nuestro querido amigo y vecino que todos conocemos, la cual estaba comprendida entre dos pares de árboles, entre las hojas más concretamente para evitar ser vistos por ojos de algún rival, era un confortable refugio para ellos. Lo más probable era que el arácnido sintiera nostalgia por sus días de infancia junto a su querido tío Ben haciéndole la casa en el árbol que tanto le rogó cuando era pequeño y elaboró ése cómodo sitio con la intención de recobrar fuerzas junto a sus camaradas.

-Pero...¿No debemos esperar a que aparezca alguien más? -Preguntó la mujer mirando a los alrededores. -Podría haber alguien más herido por estos lares...
-Exacto. -Redfield se cruzó de brazos. -Eso es lo que haremos primero. -Le respondió el mayor.
-Pero recuerda que nuestro objetivo principal es el Templo del Sol. -Dijo el arácnido, pero antes de decir otra cosa, el mayor le interrumpió.
-Honestamente, ése asunto me tiene sin cuidado en éstos momentos. ¿Acaso no recuerdas la catástrofe? Fuimos atacados y hubo una explosión de por medio, debemos asegurarnos de encontrar a nuestros amigos y ayudarles si están heridos. -Chris le miró serio y el más joven del trío bajó la mirada, aceptando la proposición. Jill observó preocupada a su pareja; a veces el verle así de ensimismado -y a veces hasta enceguecido- con el objetivo de proteger a los que consideraba sus camaradas le acarreaba tanto problemas como sufrimiento, pero más le alarmaba verlo entristecer por la culpabilidad de perder vidas ajenas. Sin embargo, ése era un pequeño gran detalle de desprendimiento de parte del hombre de la B.S.A.A que le encantaba.

Spiderman pudo captar los sentimientos de ambos y observó sus manos, notando que parte de su traje estaba quemado y que su piel también tenía marcas producto de la cruel fiereza del fuego, "adornado" por la suciedad de las cenizas. Quizás Chris tenía razón, dejó de lado los pensamientos algo egoístas y le dio unas palmadas al hombro derecho del moreno mientras sonreía bajo la roída máscara, pero antes de decirle algunas palabras de aliento, lo sintió; un desagradable escalofrío sacudió su cuerpo desde la punta de los pies hasta su cabeza y envolvió los cuerpos de los dos chicos con sus brazos, obligándolos a saltar de la enorme telaraña hacia el cielo mientras gritaba:

-¡Cuidado!-

Esa cosa saltó hacia donde estaban, era una criatura de cabello grisáceo, robusta y de afilados dientes que dejó ver al abrir sus fauces dejando en claro que deseaba que ellos fueran su desayuno. Posó los tres ojos amarillos que poseía sobre los muchachos y de su boca se deslizó un líquido blanco y espeso que los demás dedujeron era saliva. Se levantaron algo adoloridos por el repentino golpe y observaron con sus cuencas más que abiertas cómo el extraño animal, antes encorvado, comenzaba a erguirse quedando un poco más alto que un hombre adulto, extendiendo sus brazos para correr hacia la ubicación donde se hallaban.

Resonó el ruido de un disparo de parte de Jill, el cual llegó a dar al hombro de la bestia, la cual se asemejaba a un gigantesco primate- pero dicho impacto a penas si lo hizo tambalear un poco. Entonces, la rubia observó un delgado hilo blanco que pasó por su costado izquierdo y envolvió con una rapidez sobrenatural el cuerpo del monstruo, haciéndolo perder un poco el equilibrio. Chris se abalanzó ahora sobre la criatura extraña, y de un solo golpe, se oyó el cráneo crujir, lo había roto en mil pedazos. Jill por su parte, observó sin palabras como el primate grotesco caía pesadamente al suelo, sin vida:

-Aaaw, ¿Quién es mi querido esteroide caído del cielo? -Dijo el Hombre Araña mientras juntaba sus manitos como una adolescente enamorada, luego le dio un golpe suave en las costillas a la rubia con su codo. -Apuesto que pensaste eso, ¿No, Jill?
-¿En serio...? -Le miró la mencionada con una ceja alzada, el castaño se echó un poco para atrás y luego exclamó mirando el cadáver. -¿Qué demonios era eso? -Estaba más que sorprendida.
-Te has enfrentado a zombies, a monstruos, a las plagas y has sobrevivido hasta al mismo Némesis. ¿Y te asustas de ésa cosa insignificante en comparación? -Le preguntó Chris mientras se sacudía la mano después de haber realizado su última labor.
-Ah, vamos. -Le dijo la mujer guardando su arma y llevándose las manos a las caderas. -Nunca habíamos visto algo como eso, ¿Acaso no te sorprendió el ver esa cosa volando sobre nuestras cabezas?
-Bueno, yo en lo personal...-Habló Spiderman, pero Chris le interrumpió.
-Me sorprendió lo repentino del ataque, más, no me sorprendió la criatura en sí. -
-De acuerdo, sr. Sabelotodo. Lo que digas. -Valentine le dio la espalda.
-¡Oigan! -Gritó el castaño agitando sus brazos, cansado de estar siendo constantemente interrumpido. -¡Silencio! ¡Siento que me asfixian y quiero gritar y quiero estallar!
-Ya, Spidey. -Jill le acarició el hombro con delicadeza de una forma maternal, logrando calmarle.

Peter respiró profundo, no estaba acostumbrado a ese tipo de relaciones con la gente a la hora de resolver un problema, extrañaba estar solo con sus pensamientos, no era que les odiara ni nada, todo lo contrario. Estaba consciente de que eran buenas personas e incluso, les debía la vida al rescatarlo de entre los escombros del ya consumido Helicarrier, pudiendo haber muerto tanto por asfixia gracias a la extensa manta del humo, como quemado entre las llamas para que su carne se deshiciera al contacto con el fuego que destruía todo a su paso. Quizás no fue casualidad que estuviera ahora con ellos y que fueran ellos los que le sacaran de entre los desperdicios, recordó que entre la humareda logró divisar los rostros de los antiguos reclutas de S.T.A.R.S. que luchaban segundo a segundo por sacar su debilitado cuerpo del lugar donde antes había ocurrido el desastre en un intento por ayudarle a sobrevivir. Había sido más lento que el resto de sus compañeros y no había logrado alcanzar a brincar con tiempo antes de la coalición.

-Parker. -Chris había invocado su apellido y levantó sus ojos para posarlos en los del mayor. -¿Ocurre algo? -El menor titubeó un poco y movió su cabeza a ambos lados de forma negativa, y una vez el moreno hubo notado éste gesto, miró hacia el oeste y les dio una señal a los otros dos para indicar que era hora de emprender el viaje.

Peter miró hacia atrás y notó a un Chris cabizbajo, también se percató de que los ojos de la mujer se posaban en su amado, dedicándole una mirada de pesadumbre.

-No te preocupes. -Le dijo Spiderman a Redfield. -No creo que sea demasiado tarde, les encontraremos sanos y salvos. -Notó que el hombre le miró a los ojos para sonreírle levemente como un gesto de agradecimiento por esas palabras alumbradas por un ligero rayo de esperanza. Jill a su vez, tranquilizó a su novio con una sonrisa y un beso al costado de sus labios.

Él, Chris Redfield, no permitiría que ninguno de sus compañeros muriera bajo su cuidado, si habían vidas perdidas, lo lamentaba demasiado, pero se encargaría de proteger a aquellos que estuvieran en peligro, aunque claro, la persona más importante para él era su amada Jill Valentine. No dejaría que, nuevamente por su descuido, volvieran a hacerle daño, no mientras él estuviera siempre con ella.

Y mientras pensaba en lo anterior, con silencio y disimulo, deslizó su mano izquierda hacia adelante para alcanzar la mano derecha de Jill, la cual, dando una sonrisa, entrelazó sus dedos con los de su novio, entregándole toda la seguridad y la confianza que en esos momentos le hacían falta.

/

Dante había caminado durante mucho tiempo con preocupación; en su exterior engañaba a cualquiera haciéndonos creer que era el mismo Dante de siempre. Sin embargo, su corazón latía veloz con nerviosismo, miraba rápida pero analíticamente cada uno de los rincones donde había ido a parar en el bosque, y posteriormente comenzó a correr con aún más pesar buscando a la muchacha de cabellera blanca y frondosa:

-¡Amaterasu! -Gritó mientras trotaba mirando a todos lados después de lo que le parecieron horas de búsqueda, recordando el momento exacto en el que Akuma había tomado a la Diosa por el cuello para arrebatarle la vida delante de sus propios ojos. También recordó cuando le perdió de vista después de que la extensa humareda entorpeciera del todo los sentidos que poseía, lo único que le quedó era rogar porque ella imitara a los demás y se lanzara al vacío intentando buscar una esperanza de vida en aquel acto de impulsividad que unánimemente se apoderó de las mentes de todos.

"Si algo le sucedió nuevamente."

-¡Amaterasu! -Vociferó nuevamente, con más intensidad y siguió corriendo sin dirección, totalmente enceguecido por el deseo de encontrar a la mujer que amaba.
-¡Dante! -Escuchó a lo lejos, miró hacia su izquierda, en una dirección más o menos en diagonal. Al notar que era una voz femenina la que había reclamado por su presencia, se acercó con velocidad hacia la fuente del llamado apresurando el paso cada vez más al sentir una presencia divina entre el follaje. No le importaron ni el cansancio ni las heridas que tenía, simplemente quería encontrarla y rápido, logrando llegar hasta un roble de joven edad pero considerable altura y lo que vio lo obligó a detenerse en seco. Observó la curiosa escena con sus ojos entrecerrados y con una gota bajando por su sien:

-Je,je,je...- Rio una Amaterasu cuyo kimono había quedado enganchado en una de las ramas y que la mantenía colgada por la zona de la espalda, balanceándola de un lado a otro. Ella estiró sus brazos y luego cubrió su boca con su mano izquierda mientras bostezaba, y con la derecha, en cambio, se rascaba uno de sus ojos. -Me despertaste con tus gritos. -Dijo aún media adormilada.
-What?! -Exclamó el muchacho de cabello blanco, abriendo las gemas que tenía por ojos. -O sea, ¿Tú me estás queriendo decir que todo éste maldito tiempo estuviste tomando la siesta mientras yo hacía el ridículo buscándote? -La miró desde abajo, dio un paso lleno de furia y pisó una flor demostrando su rabia, acabando con la vida de la misma en ése momento. Amaterasu, al notar eso, se llenó de rabia y estuvo a punto de gritarle algo al joven, pero éste se le adelantó. -Cuando te vi por primera vez, pensé que eras estúpida, pero con esto me lo has corroborado...-Y sin decir más, le dio la espalda. -Ahí tú ingéniatelas para bajar, solita, claro.
-¡Óyeme! -La deidad comenzó a sacudirse de un lado a otro. -¡No te atrevas a tratar así a tus mayores! ¡Dante, vuelve! -Se sacudió más fuerte ésta vez al percatarse de que el chico comenzaba a alejarse de apoco, sin darse cuenta de que la rama en donde estaba atrapada estaba comenzando a ceder a cada movimiento que ejecutaba. -¡Oye! ¡Re-Regresa! -Y entonces, ocurrió; la rama se quebró a la mitad y la muchacha cayó desde una altura que, si bien no bastaba para matarla, podría significar un golpe perjudicial para su salud, pero aún en el aire, sintió una veloz brisa y luego un golpe suave al caer. Miró después de levantarse con sus oscuros ojos alrededor y apreció el hecho de que se hallaba sobre el pecho del hijo de Sparda, el cual en un movimiento fugaz, se lanzó dando un giro sobre el césped, quedando boca arriba para recibir sobre su cuerpo el de la chica y así poder amortiguar su caída:

-Ju, hasta el final... -Habló Dante con dificultad mientras se incorporaba, debido a que el peso de la más baja entorpecía su respiración. -Hasta el final siempre me causas problemas, pero supongo que está bien. -Se echó hacia atrás sonriendo con sus ojos cerrados mientras Ammy le miraba con el ceño fruncido y las mejillas sonrosadas e infladas.
-Dante siempre se burla de mí. -Dijo ella.

El demonio le sonrió con ternura, le tocó la cintura con una de sus manos para acariciarla y se acomodó en el césped nuevamente, como si quisiera tomar una siesta, pero abrió sus ojos de nuevo cuando, de pronto, sintió un olor familiar en el aire, una energía única que sólo él sabía.

"Pero nah...No puede ser posible, ella está a kilómetros de éste lugar."