Ambos miraron a su alrededor sin emitir ruido alguno, ella movió sus orejas observando cómo el rostro de su amado ángel había menguado en uno de preocupación y molestia una vez sus ojos se fijaron en los árboles al horizonte. Preocupada, tocó suavemente su espalda y le sonrió con ternura para tranquilizarle.
-Dante. -Dijo bajo el mismo árbol donde unos instantes se hubiesen reencontrado. -¿Dante? Le llamó una vez más, logrando captar su atención ésta vez. El mencionado la miró con los ojos entrecerrados y sonrió pesada aunque honestamente cuando se encontró con la carita de muñeca de Amaterasu. Le cogió suavemente de la mano, entrelazando sus dedos con ternura y le pidió que continuaran a su destino. Probablemente no estarían muy lejos.
-Es imposible. -Dijo Dante en un susurro, haciendo que Amy le mirara curiosa, había logrado captar esas palabras que sus labios pronunciaron en tal bajo tono de voz. El albino le acarició con suavidad una de las mejillas sonrosadas y le sonrió para tranquilizarla, le dedicó una sonrisa sacada desde lo más profundo del corazón, esas que sólo ella lograba que nacieron en su interior. -Tranquila, mi diosa, no es na...-Abrió sus ojos color lavanda al notar que la más baja se apartaba de su agarre y volvía su mirada a donde él había estado observando, moviendo sus orejas y cola inquita, mientras que se concentraba en olfatear el aire.
-Es extraño. -Habló Amaterasu. -Es... Es una presencia demoníaca, pero, es muy leve...
Dante se colocó ante Amaterasu y la obligó a permanecer tras su espalda. Lo sospechaba, al final era cierto, esa presencia era inconfundible. Sintió jalones de manitas en las mangas de su abrigo de parte de la diosa, pero su mente estaba en otro lado. Debía admitirlo, quería ver a esa persona, pero su orgullo le impedía pronunciar palabra alguna con respecto al asunto.
Apretó los puños al sentir cada vez más cerca el ruido de los árboles siendo resquebrajados cada vez más cerca de ellos. Sujetó uno de los brazos de la albina con suavidad y la obligó a retroceder una vez más.
-Descuida, siempre estaré contigo. -Le dijo Amy a su amado demonio tras ver la inseguridad en su mirar.
El muchacho no alcanzó a agradecerle ni a mostrarle una sonrisa de alivio cuando vieron que una sombra apareció a unos metros de ellos y de un impulso se elevó de forma majestuosa por sobre sus cabezas; atónitos, notaron como otra sombra más delgada se desprendía de ésta y daba unos giros en bucle en el aire, como haciendo burla a la odiada gravedad. Una vez esa cosa hubo aterrizado, oyeron unos alaridos provenientes de ella.
-¡¿D-D-Deadpool?! -Gritó una Amaterasu con los ojos más que abiertos al ver a su amigo el mercenario caer de lleno en el suelo y dejar una grieta con la marca de su rostro en el mismo.
El nombrado emitió un sonido de dolor y estiró su espalda para dejar oír unos ruidos de huesos siendo acomodados, luego, miró a su alrededor y vio a la diosa que lo miraba preocupada:
-¡Amy! -Gritó el hombre esbozando una amplia sonrisa bajo la máscara y abriendo sus brazos ampliamente, para luego correr hasta ella y sujetarla por los hombros, sacudiéndola un poco. -¿Estás bien? ¿No te pasó nada? ¡¿Te duele algo?! ¡¿Caíste de cabeza?! ¡¿Te rompiste algún hueso?! -Meneó entonces la blanca cabeza de un lado a otro, dejando ver los ojitos de la chica que estaban convertidos en dos espirales debido al mareo producido por los sacudones del más alto. -¡Me tenías tan preocupado! -Gritó ésto último abrazándola contra su pecho.
-Al final... Creo que tú terminarás matándome, Wade... -Dijo entrecortadamente separándose del pecho del mencionado. Éste último le acarició entre las orejas, como siempre y luego alzó una ceja al no oír alguna objeción por parte de Dante, lo miró, extrañado, y vio como el más joven miraba a la persona del otro extremo de donde estaban ellos tres.
-Ah, Trish... ¡Fíjate como conduces, casi me matas! -Gritó con una de sus manos libres a modo de altavoz, pero se sorprendió, nuevamente, al ver que la rubia se encontraba en el mismo estado que el hijo de Sparda, ambos se miraban a los ojos atentamente. Sin embargo, la ex-aliada de Mundus esbozó una sonrisa -intentando guardar las apariencias- y dijo al chico de cabello blanco:
-Vaya, Dante, qué guapo te has puesto. -Dijo bajándose de la moto y guardando sus gafas previamente retiradas de su rostro.
-¡¿S-Se conocen?! -Exclamó el hombre de rojo soltando a una, también, confundida Amaterasu. -O sea, o sea... ¡¿Él es de quién siempre me hablabas?! ¡¿Éste Dante es tú Dante?!
-¿Y-Y-Y ésa mujer es de la que me hablabas era como tu madre? Preguntó Amaterasu ésta vez, miró a Deadpool y éste hizo lo mismo, luego, ambos observaron a los dos demonios.
-Ju, como siempre sigo siendo popular. -Habló Trish dando unos pasos hacia Dante y se acercó a tocarle el hombro. -¿Qué sucede? ¿El gato te comió la lengua? -Pero antes de que su mano derecha llegara a destino, éste se la golpeó con firmeza y le sujetó la muñeca mirándola a los ojos.
-¡Dante! -Gritó la chica de las orejas, pero ésta fue detenida del brazo de parte del mercenario, el cual le hizo un gesto negativo con la cabeza.
-Ésto le concierne a ellos. -Dijo mirándola seriamente.
Trish miró los ojos color lavanda con sorpresa, no era miedo, pero no se esperaba tal reacción de parte de aquel que consideraba su querido hijo.
"Los ojos de Dante... Le miran con rencor"
Pensó Amy mirando la escena preocupada; observó como su amado la seguía observando, como pidiéndole respuestas con sólo una mirada, apretando cada segundo más la extremidad y apretando los dientes, pudo notar como por su cabeza pasaban mil y un pensamientos relacionados a ellos dos y a su distanciamiento. Ella, al igual que Deadpool, estaba al tanto de lo que había ocurrido entre Dante y Trish, por eso ninguno de ellos dos se atrevió a romper el silencio, hasta que se percataron de que el chico estaba comenzando a lastimar a la mujer:
-¡Dante! ¡Ya es suficiente, papanatas! -Exclamó Deadpool dándole un golpe en el antebrazo al chico de cabello color nieve. -¡La lastimas, idiota!
-¡Cállate! ¡Ésto no es de tu incumbencia! -Gritó Dante después de un largo rato en silencio, dio un paso para golpear a Wilson al rostro, el cual se había interpuesto entre él y la mujer de negro, la cual habló así:
-Házte a un lado, Wade. -Le dijo a un sorprendido "Masacre". -Tiene todo el derecho de golpearme si lo desea. -Habló adelantándose al mercenario con un par de seguros pasos.
-No... -Dijo Dante apretando los puños y agachando la mirada. -No quiero golpearte, debería, pero no me nace...Simplemente quisiera saber... -Y diciendo ésto tomó a la mujer de los hombros y la sacudió violentamente. -¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me abandonaste cuando más te necesité?! ¡Dijiste que siempre estarías a mi lado y me mentiste!
-¡Óyeme...! -Deadpool iba a intervenir nuevamente, pero ésta vez fue Amaterasu quien le detuvo, imitando su mismo gesto.
-Dante... Yo... -Titubeó Trish, pero el mencionado la calló con su mirar cargado de dolor acumulado, el cual dejaba ver unas diminutas gotas brillantes que amenazaban con caer en cualquier momento por sus mejillas. -Cariño, tuve un buen motivo para hacerlo...
-¡Nada lo justifica! -Gritó el chico cerca de su rostro.
-¡Por todos los demonios, Dante! -Gritó Trish alejando al chico de un empujón por la zona del pecho. -¡Tuve que hacerlo! ¡Debía ayudarte! ¡Debía ayudarte a mejorar el negocio de una u otra forma! ¡Me fui buscando una nueva fuente de dinero para ayudarte y así hacer más amena tu vida después de tu rompimiento con Lady! -Gritó mirándolo furiosa, pero sin odiarlo, no podía.
-¡Ja! ¡Claro! Entonces me hubieses dicho antes de irte lejos, ¡Y sin siquiera una pizza de despedida! -Le dio la espalda y se cruzó de brazos, bajando sus ojos.
Amaterasu lo miró preocupada, sentía que algo no andaba bien, por un momento tuvo la urgente necesidad de correr a abrazar a su amado demonio guardían, pero un cosquilleo en su interior se lo impedía, era una sensación un tanto desagradable. Tenía el presentimiento de que había algo que el joven cazademonios les estaba ocultando a ellos:
-Creí que...Que te habías ido por otro motivo. -Habló Dante de repente, volviéndose a mirar a la chica de ojos color océano.
-¿Otro motivo? -Preguntó ésta última.
-P-Pensé que había sido porque Lady te lo había contado... El motivo de nuestro rompimiento.
-Ella no me dijo nada, simplemente me dio las gracias por ser como una hermana mayor para ella, pero que no quería estar bajo el mismo techo que tú, no lo soportaba. -Le dijo ella mirándolo preocupada.
-Je... Ya veo...No te lo contó. -Sonrió Dante de medio lado mirando al cielo.
-¡Oh, por Buda! -Gritó Deadpool agarrándose la cabeza con ambas manos y sacudiéndose como si estuviera convulsionando. -¡Basta de tanto misterio! ¡Ésto me está carcomiendo peor que "La rosa de Guadalupe"! ¡Habla de una vez! -Le gritó el mutante al demonio, el cual le miró con profunda molestia y soltó un suspiro.
-Lady y yo terminamos por tí, Trish. -Dijo mirándola, produciendo un prolongado e incómodo silencio.
-¿-P-Perdón? -Preguntó Trish a punto de largarse a carcajadas. -¿Y eso por qué? -Sonrió casi al borde del colapso.
-¡Maldición! ¡¿Te es tan difícil entenderlo?! No sé qué me pasó, no sé el cómo, el cuándo ni el por qué, pero sentí que estaba comenzando a enamorarme de tí. -Dijo ante un serio público.
-Uy, qué guardadito se lo tenía éste. -Dijo Deadpool en un susurro a Amaterasu, pero abrió sus ojos al ver la mirada de ella. Había cambiado algo, sus bellos ojos negros se nublaron y ya no estaban tan vivaces como antes. Su labio inferior tembló en movimientos espasmódicos y pudo notar un rubor en sus mejillas; así lucía una persona cuando descubría cosas que hubiese preferido jamás saber. Deadpool quizo acariciar nuevamente ese suave pelo, pero sintió que no debía, no ahora, no era el momento. Probablemente, a cualquier tacto aquella bella flor blanca podría desmoronarse. -E-E-Esperen, esperen, esperen. Tú me dijiste que era como tu hijo, ¿Tienes tendencia al incesto o qué? Esas cosas no se hacen con los "hijitos de mami": -Acusó a Trish.
-¿De qué hablas, Wade? ¡Tú más que nadie sabe lo mucho que significa Dante para mí! Fraternalmente hablando, claro. Yo...Estoy tan sorprendida como tú. -Dijo ésto último bajando sus ojos, pero los levantó al sentir que Dante la tomaba de nuevo por la muñeca.
-¡Es cierto! B-Bueno.. -Ocultó sus ojos tras su chasquilla blanca. -Ya...Ya no es lo mismo, fue...Fue sólo una confusión, pero es cierto... ¡Sentí que te amaba como algo más! ¡Fue sólo una simple confusión! ¡Una maldita confusion! ¡Y el motivo por el que siento tanto rencor es porque sin tí me sentí más sólo y desgraciado que nunca! ¡No hubo un día en que no dejara de pensar en tí! -Gritó ésto último cerca de ella, luego, dio unos pasos a la moto de la mujer y dijo. -Teniendo éste inútil vehículo y no fuiste capaz de irme a visitar siquiera. -Y con una mirada de odio, movió a Revellion entre sus manos y de un par de movimientos hizo trizas el único medio de transporte de la mujer.
-¡Oye! -Replicó Trish, pero Dante le miró sonriendo de medio lado y echándose su espada al hombro.
-Y no pienso pagártela, querida. -Le apuntó con el dedo y caminó hasta la diosa que estaba escondida tras Deadpool. -Vámonos, nena. -Dijo estirando su mano libre para acariciar una de las orejas de Amy, pero ésta se alejó rechazando su tacto, escondiéndose tras la espalda del mutante sin mirarla siquiera. Ante aquel gesto, Dante no hizo más que abrir los ojos con sorpresa. -P-Pero, Amaterasu... ¿Pasa algo?
-¿Como quieres que esté, "coqueto"? -Le preguntó Deadpool seriamente.
-¿Coqueto...? Pero... -Dante observó a Amaterasu -o al menos lo que alcanzaba a ver de ella- y comprendió todo de forma súbita.
-Te detesto... -Le dijo ella en un tono bajo.
Era cierto, al ser sólo esos sentimientos una odiada "confusión" los había pasado por alto a la hora de abrir su corazón a Amaterasu, pero es que eran cosas que él preferia olvidar, y fue una situación sentimental tan trivial que creyó no tendría importancia. Sorprendido, vio cómo la muchacha alzaba su negra mirada y lo observaba a sus ojos con un profundo dolor. Quizás debió decírselo con anterioridad.
"¿Cómo te atreves a mirarme a los ojos, Dante?"
-¡Ja! -Exclamó Trish acercándose velozmente a la diosa. -¡Yo te recuerdo! -La sostuvo fuertemente del brazo sacándole un quejido y unas exclamaciones de sorpresa a los dos hombres que estaban ahí. -¡Fuiste tú la que me atacó cuando traté de alimentarla! -La miró con odio a los ojos y le sacó a Amaterasu un leve "disculpa".
-Ha-Hablas de Latveria, ¿verdad? -Abrió sus ojitos con sorpresa. -E-Eras una de mis guardias, l-lo siento mucho, no hubiese querido lastimarte, pero es que la mayoria de ustedes me habían tratado tan mal...
-¡No me importa! ¡¿Cómo demonios fue que te escapaste de ahí?! Cuando me llamaron porque me querían de vuelta me lo informaron, ¡Víctor está como loco buscándote! -Exclamó ésto muy cerca de la cara de la más baja.
-What?! -Exclamaron ambos, Dante y Deadpool con sus ojos abiertos a más no poder y sacando mil conclusiones por segundo.
-¡Trish! No me digas que... -Deadpool la miró a los ojos y bajó su mirada. -¿Volviste a él...? ¡¿Volviste a él a pesar de que me prometiste que nunca más pertenecerías a su séquito?!
-¡¿Que tú qué?! -Exclamó Dante ésta vez.
-Pff, exagerados. -Soltó la rubia a Amy de una forma brusca.-Si, Dante, es cierto, trabajé para Víctor Von Doom para recaudar dinero para tí.
Dante la miró atónito y con los ojos desorbitados, por un instante se quedó sin palabras y movió su cabeza gacha como buscando las respuestas en el suelo:
´P-Pero... ¿Por qué con él? -Preguntó el peliblanco. -¡Ése es dinero sucio, Trish!
-Ja, seguro que el dinero ganado por derramar sangre humana y demoníaca no lo es. -Contraatacó ésta última, haciendo que Dante se mordiera el labio inferior.
-Pero más importante... -Interrumpió Deadpool. -¿Por qué rompiste nuestra promesa? ¿Por qué me fallaste, Trish? Prometiste nunca volver a ése lugar.
-Porque... Volví porque... -Y diciendo ésto miró a Amaterasu, dejando ver unos ojos cargados de profundo rencor, luego, apretó los puños y se volvió a ver al mercenario a la cara. -Porque para ése entonces yo no tenía nada, ni a donde ir ni nadie a quien recurrir. De hecho, volví con la esperanza de encontrarte ahí una vez más, Wade. Pero, ¡todo se me vino abajo cuando supe que habías desertado después de que alguien te arrebatara a ésta maldita mosoca! ¡Por su culpa quedé oficialmente sola!
Amaterasu dio unos pasos atrás sorprendida por el comentario, Deadpool la miró con una mezcla de confusión y decepción, mientras que el rencor en los ojos de Dante se había acrecentado más:
-Sola... ¡¿Sola?! ¿Y qué hay de mi? ¿Por qué no volviste conmigo? ¿No soy nadie para ti? -Exclamó el legado de Sparda.
-¡No lo entenderías! -Le gritó Trish. -No me malinterpretes, no es que no signifiques nada para mi ni mucho menos, como te he dicho varias veces, eres como un hijo para mi, pero simplemente sentí miedo de que me miraras tal como lo estás haciendo ahora. -Le dijo observándolo a las gemas que tenía por ojos aquel que venció a Arkham. -Espero...Puedan comprenderme y perdonarme ambos,
Hubo un silencio entre ellos, ninguno dijo nada hasta que:
-Tranquila, amiga. -Le dijo Deadpool acariciando su espalda como hubo hecho incontables veces en Latveria cuando ella se deprimía. -Te entiendo y perdono. -Le sonrió con mirada esperanzadora, sacándole una sonrisa leve a la mujer.
-Yo tendré que pensarlo. -Dante se dio la vuelta y desapareció entre los árboles, Trish sólo dio un prolongado suspiro mientras le veia alejarse.
-¿No le seguirás? -Preguntó el de rojo.
-Le conozco, no irá muy lejos. -Habló Trish.
-En realidad, se lo pregunté a Amaterasu. -Dijo Deadpool observando a una abatida diosa que miraba sus pies descalzos sobre el césped, su cuerpo estaba con ellos, pero su mente estaba muy lejos, y él se encargó de traerla de vuelta al mundo real con una leve caricia en la zona entre sus orejas.
-¿Uh? -Ella alzó sus ojitos y se encontró con el hombre encorvado hacia ella, mirándole desde arriba y sonriendo con ternura.
-Sé que quieres hablarle. -Inquirió éste, pero la más baja sacudió su cabeza en forma negativa, haciendo que el mutante le tomara suavemente por los hombros y se agachara para quedar a la altura de sus ojos. -Podemos hablar después, ¿Correcto? Estuve muy preocupado por tí y no quiero que lo primero que vea de ti sea tu rostro expresando tristeza. -La miró notando que ella, sin decir nada, dejaba escapar unas lágrimas de aquellos aperlados ojos oscuros como la noche. Deadpool quedó conmovido y se contuvo las ganas de ir a golpear al dueño de Revellion por hacer llorar a la chica que amaba, pero por ella contuvo ése instinto asesino y se centró en ayudarla a ser feliz. Talló con sus dedos las gotas cristalinas y con tranquilidad, dijo: -Ve, te estaremos esperando aquí. -Sonrió satisfecho al ver que ella sonreía en modo de agradecimiento y se alejaba a buscar a aquel que tanto amaba.
-Qué idiota, dejarle el camino libre a tu rival en el amor. -Dijo Trish cruzándose de brazos y observando al mercenario que se erguía nuevamente mientras observaba a la deidad de larga cabellera blanca alejarse.
"Dante me cuidó, me protegío y me hizo olvidar la tonta idea de que mi vida ya había perdido su sentido. Por todo eso y más, yo le amo, ¿Sabes?"
Recordó aquellas palabras que se clavaron como miles de sables en su corazón después de reencontrarse en el interior del ya destruido Helicarrier. Bajó sus ojos con tristeza para luego sonreír a duras penas:
-Bueno, si ella es feliz, supongo que no importa, mientras siga viendo esa bella sonrisa. -Sentenció Wade Wilson mirando a lo lejos.
-Y como siempre, reemplazándome por esa enana. -Dijo Trish en un susurro.
-¿Ah? -Alzó Deadpool una ceja de forma curiosa.
-Nada, tú sólo ayúdame a buscar leña y a preparar una fogata, lo más probable es que vuelvan en la noche y muertos de frío. -Le dijo Trish, dándole la espalda y maldiciéndose a si misma por haber dejado salir un comentario tan transparente y casi obvio.
/
Tomó una piedra de diminuto tamaño y la paseó entre sus dedos. Luego, la miró con detención, se preocupó de canalizar su odio hacia el inerte objeto y la oprimió con fuerza entre sus manos como si ella fuera la causante de todos sus problemas y momentos de cólera. Abrió su extremidad y miró los pedazos de lo que antes eran un sólido peñasco con mucho desprecio. Cada porocidad, cada milímetro del cuerpo de la diminuta peña la llenó con su odio y lanzó los pequeños trozos al río que se alargaba cristalino, cerca de una maravillosa cascada que caía como el velo de una novia desde un elevado risco.
-Sé que estás ahí. -Dijo cerrando sus ojos, privándose de observar el ocaso reflejado en el agua. -Hace media hora que te encuentras en ésa ubicación, ¿Saldrás o no? -Miró hacia uno de los árboles cercanos, los cuales desprendían un hermoso brillo rojizo producido por el efecto del crepúsculo.
-Sentiste mi presencia, ¿Verdad? -Preguntó Amaterasu, dejándose ver tras el árbol y dio unos pasos hasta donde estaba el joven Dante, descansando en el suelo, apoyando su espalda en un tronco. -Supongo que debería aprender a esconder mi energía espiritual.
-No fue por eso.
¿Ah, no? -Amy abrió sus ojos, sorprendida.
-En parte...Fue por tu olor.
-¿He? -La deidad movió su cola llena de curiosidad y olfateó su mano derecha, y parte de su kimono también. -¡No es posible! ¿Huelo mal? -Preguntó algo temerosa de la respuesta.
-¡Para nada! -Exclamó el legado de Sparda con un leve sonrojo, mirándola a la cara. -Es... Tu aroma... Es único, pude reconocerlo por lo grata que resulta su fragancia. -Le dijo a una albina roja como un tomate ante esas dulces palabras.
-P-Pero, ¡¿Qué dices?! -Le contesó ésta frunciendo el ceño y sonrojada a más no poder.
Dante sonrió por lo bajo totalmente satisfecho por la reacción causada en la pequeña, luego la miró arrodillarse a unos pasos de donde él estaba y pegar sus ojos en el apacible río que estaba ante ellos:
-L-Lo siento. -Habló Amaterasu de repente, haciéndolo arquear una ceja en señal de duda, luego, le observó a los ojos. -D-Digo, perdóname por molestarte, probablemente preferías estar solo... -Observó anonadada como el joven volvía sus ojos al agua cristalinda, el cual, haciendo la labor de un enorme espejo, ahora reflectaba la luna que comenzaba a elevarse cada vez más en el firmamento. La mirada del chico mostraba una evidente desilusión.
-Ah, te disculpas por eso. -Dijo Dante secamente. -Creí que lo decías por otra cosa.
-¿Otra cosa?
-Dijiste que me detestabas, ¿No? - Dijo el joven lanzando, ésta vez, una piedra más grande, un poco más que su mano, hacia el río. El estruendo del cuerpo chocar con la húmeda superficie resonó un poco manifestando la ira del chico. Estaba dolido, enrabiado, encolerizado, decepcionado y todas aquellas acepciones que abarcaban esos molestos sentimientos de ira se encontraban reunidos en su corazón en ésos instantes.
No quería mirar a Amaterasu a los ojos, todas aquellas conmociones eran producto de ella, de las palabras que ella le dijo asilada tras la sombra del mercenario bocón.
"Te detesto."
El tema de Trish ni siquiera estaba pasando por su cabeza ahora, eso ya era pasado. Su relación con la rubia nunca había pasado de ser más que un amor fraternal y lo que le tenia preocupado ahora, era su relación actual con la diosa del astro rey. La atracción que hubo sentido en su momento hacia la ex-aliada de Mundus fue simplemente un impulso infantil e idiota. Y ahora, por culpa de algo tan trivial como eso, había caído en cuenta de que peligraba el hermoso lazo que le unía a la chica del cabello de lechoso color. Nunca había pensado que Amaterasu fuera capaz de decirle ese par de palabras que en un segundo le habían destruido el corazón y el alma, sin mencionar que la forma en que ella se lo dijo fue totalmente segura y honesta.
-¿Ñe? -Sonrió una nerviosa Amaterasu. -¿De verdad dije eso?
-¿No lo recuerdas? -Preguntó Dante con una expresión que mezclaba sorpresa con molestia.
-Eh... -Ella se rascó nerviosa la mejilla derecha. -Nop.
El joven de rojo se levantó con violencia y le dio la espalda totalmente lleno de furia, amenazando con dejarla sola, a merced de lo que sea que ocurriese en el bosque, pero sintió que una manita lo contuvo por una parte de su gabardina color carmesí:
-¡¿Por qué te vas?! -Exclamó ella, mirándolo con preocupación.
-No lo sé, fue un impulso. -Le contestó el chico secamente, pero al ver los negros ojos llenos de incredulidad, se cruzó de brazos y le dijo molesto -A ver, chica lista, ¿Por qué crees que estoy enojado?
Amy bajó sus ojos y los posó en sus pies mientras "jugaba" con parte de la falda de su delicado kimono, mordiéndose el labio inferior totalmente nerviosa.
¿De verdad le dijo que le detestaba? ¿Por qué no podía recordarlo? Y es que en ése momento de revelaciones, ella se sintió tan abrumada y confusa que permitió que su dolor le nublara cualquier pensamiento racional, haciendo que, víctima de un impulso, pronunciara aquellas palabras tan repudiadas que nadie, en la posición de Dante, hubiese deseado escuchar jamás. Pero esperen, ¿Y si era por otra cosa...? ¿Otra microscópica cosa que ella había pasado por alto?:
-E-Entiendo... -Dijo ella de repente, mirando nuevamente los bellos ojos color lavanda de aquel que tanto amaba. -Lo siento, perdóname por no entender... -Pronunció haciendo que Dante sonriera levemente y se incorporara para abrazarla como si nada hubiese ocurrido, pero las siguientes palabras lo hicieron detenerse en seco. -Comprendo que fue un momento muy duro para tí, y sé lo mucho que ella te importa, yo más que nadie sé lo mucho que extrañaste a la señorita Trish. -Ante éstas palabras, el chico frunció el ceño, algo iba mal. -Por eso, yo entiendo, si quieres estar con ella, te apoyaré, no te preocupes... ¡Amy quiere que Dante sonría por siempre! Aún si su felicidad está con otra persona. -Amaterasu le sonrió con una mezcla de ternura y dolor, estaba a unos segundos de largarse a llorar en cualquier momento, pero debía mantener su fortaleza presente para lograr la anhelada convicción que tanto buscaba de parte del bello demonio. Deseaba verle contento, era lo único que ella más quería, aún si para eso debía sacrificar su felicidad propia.
Cuán lejos estaba Amaterasu de comprender que cada palabra que había pronunciado se le había clavado dolorosamente en el pecho del ya adolorido corazón de la semilla del demonio Sparda, causándole aún más rabia, y ésta vez, causándole también mucha tristeza.
"¿Por qué me dices éstas cosas? ¿Acaso no me amas lo suficiente, Amy? ¿No te das cuenta que eres a tí a quien yo más amo en el mundo?"
-Para. -Le dijo el más alto en un tono grave, consiguiendo que la chica guardara silencio y abriera sus pupilas a más no poder por el cambio tan abrupto del estado anímico del muchacho. -¡Para! -Gritó ésta vez, haciendo que ella retrocediera un par de pasos, asustada. -¡Deja de decir tantas idioteces! -La tomó por los hombros y la sacudió un poco.
-P-Pero... -Amaterasu le observó con miedo a los ojos, aquella mirada, la antes dulce y juguetona mirada de Dante ahora tenía un extraño brillo rojizo que le hizo dar un escalofrío de pies a cabeza, sintiendo como esos ojos atravesaban su alma. Luego, lentamente, la mano del chico, cubierta por el guanto oscuro, se deslizó por su pecho hasta envolver su cuello en un agarre. De pronto, se vio cayendo de espalda al césped, después dio un grito al sentir el punzante dolor en su cabeza al sentrir el golpe, y una vez hubo abierto sus ojos, pudo admirar al gemelo de Vergil posesionado sobre ella en posición de gateo, en tanto sujetaba sus muñecas con fuerza contra la verde superficie. -¡¿Qué te pasa tan derepente?! ¡Estás loco, Dante!
-¡¿Loco?! ¡¿Loco?! -Gritó éste cerca de su cara. -¡¿Estás conciente de toda la mierda que estás diciendo?! ¡Tú no tienes idea de nada de lo que me pasa! ¿Verdad? ¿Acaso no entiendes que para mí eres la única? ¿Que sin tí no vivo? ¿Que agradezco cada día el haberte conocido y que cada día me maldigo por el haber sido totalmente inútil cuando Akuma casi te mata frente a mis ojos? -Cerró sus ojos fuertemente mientras apretaba las muñecas de la diosa con más energía y nervio. -No vuelvas a decir que me detestas... No tienes una sola idea de lo mucho que me dolió que me dijeras eso, y más importante... -Y diciendo ésto, se acercó a pocos centímetros de los labios de Amy. -Nunca más vuelvas a imaginarme con otra mujer, eres a la única que yo amo, ¿Me entiendes? El pensar en estar con otra me enferma como no te imaginas...
La deidad estaba anonadada ante las palabras tan inesperadas...Dante la amaba, y la amaba más que a nada ni nadie. Pero hace un rato atrás él dijo...No... Veía honestidad en sus ojos, era cierto, era tremendamente cierto, en sus ojos había amor para con ella. Nuevamente el brillo de bondad volvía al antes, apagado mirar del albino. Sonrió ampliamente y como pudo, desde su interior sacó el más sincero de los "Te amo" que alguien hubiese deseado oír jamás, tomó a Dante del cuello y le atrajo hasta ella para repetírselo una y mil veces al oído, para hacerle saber que el sentimiento era el mismo y transmitirle a través del calor de su cuerpo lo aliviada y contenta que estaba de ser ella quien le provocase semejante dicha a su vida.
-Déjame guiarte en la oscuridad, mi amado demonio. -Le susurró dulcemente, apoyando su nariz con delicadeza en el cuello para embriagarse con el aroma del chico.
-Ya eres mi luz, pequeña loba. -Le respondió hundiendo su rostro en el manto blanco que la jovencita tenía por cabello, y deslizó el mismo hasta perderse en... ¿Pero qué era ése conocido y desagradable olor?. -"No es el aroma de Amaterasu." -Pensó frunciendo el ceño. -Amaterasu... -Dijo sin verla a la cara, aún con su rostro propio entre el cuello y el hombro de una maravillada creadora de vida.
-Dime, mi demonio. -Pidió ésta aún sonriendo mientras se apegaba más al cuerpo del albino.
-¿Alguien más te ha tocado? -Dante se incorporó y la miró a los ojos, aún sobre ella, mientras con una de sus manos sostenía con delicadeza una de las suaves orejas de la muchachita.
-Ah, no, es decir, sólo Dante me acaricia mucho... -Seguía sonriendo ella, en tanto se rascaba su mejilla izquierda con el dedo índice.
-Tienes un olor totalmente ajeno a nosotros en tu cabello. -Dijo con el rostro sin expresión alguna, haciendo que Amy tragara saliva al notar ésa nueva manifestación de carácter cambiante.
-Ah, creo que ya recuerdo. -Dijo Amy sacudiendo un poco su cabeza. -Ah, si, Deadpool acarició mi cabeza. -Rió contenta mientras recordaba como su amigo le había subido el estima para impulsarla a aclarar las cosas con Dante. -¿Sabes? Es una forma única y muy especial que Wade tiene para indicarme que todo estará bien, me hace sentir tranquila, de verdad le quiero demasiado y no sé qué hubiese hecho sin él en Latveria. -Habló sin darse cuenta de que el rostro del demonio iba llenándose cada vez más de irritación. -No hemos hecho grandes cosas, pero es increíble como en corto tiempo el se volvió tan significativo para mí, y a pesar del tiempo que estuvimos separados el sentimiento aún es el mismo, le quiero demasia...
Un grito se oyó resonar en el lugar, un grito femenino que fue acallado con el movimiento rápido de una mano cubriendo los labios desde donde se originó; Amaterasu dejó escapar lágrimas de dolor mientras, de un momento a otro, como poseído por una fuerza desconocida, Dante se abalanzó con violencia sobre ella, y con exabrupto, impulsado ciegamente por los celos, mordió la oreja que antes había acariciado con cariño, para desgarrar la delicada membrana que conformaba el órgano cubierto de pelo blanco aterciopelado. Era suave, pero sentía el amargo sabor del tacto del degenerado regenerativo, lo cual lo "obligó" a moder con más fuerza aún, y como resultado, se abrió una mediana herida de la cual brotaba un llamativo y espeso color rojo.
Mientras Amaterasu se retorcía bajo su cuerpo, se preocupó de lamer minuciosamente la sangre y esparcirla a lo largo del oido y por parte del cabello, dejando un rastro de un ligero color rosa.
La diosa suspiró aliviada al notar que Dante se había detenido, pero se alegró demasiado pronto, puesto que, una vez más, sintió que el chico le clavaba los incisivos, ésta vez, en su oreja sana. Ella no comprendía, ¿Por qué le hacía ésto? ¿Cómo de un momento a otro Dante había pasado de ser un ángel a ser otra cosa totalmente diferente? Mientras pensaba ésto, clavó sus colmillos en la mano izquierda de Dante, la cual acallaba sus gritos de auxilio. Sintió que desgarró un poco de su carne y, como le sucedió hace tiempo, nuevamente probó la sangre del chico, sacándole un quejido ahogado. Y aún así, éste no se detuvo hasta herirla nuevamente.
El chico se incorporó una vez la esencia de Deadpool desapareció por completo del cuerpo de su diosa, pero entonces, algo despertó en él. Aquella bestia en su interior, aquel ser horripilante que tanto trataba de esconder comenzó a reaccionar ante la sangre santa de Amaterasu...
Era un deseo extraño, algo totalmente distinto a las ansias que tenía normalmente de ella, era algo más animal y con más desesperación.
Era un deseo completamente excesivo. Sentía que la anhelaba más que nunca, su parte demoníaca reaccionaba a la escencia sagrada de la joven de cabello largo, y le pedía, despertando, aún más de ése delicioso néctar que había tocado sus labios. El corazón de Dante latía de forma tal que sentía que iba a salírsele del pecho; la sangre hervía corriendo a gran velocidad por sus venas; sus pupilas se dilataron dejando ver nuevamente un diabólico brillo rojizo y sujetó con una de sus temblorosas manos una de las pálidas muñecas de Amaterasu, en tanto apretaba sus dientes. El Devil Trigger estaba despertando y le hacía imaginar cómo sería el sabor de la suave carne de la diosa una vez estuviera ésta entre sus colmillos. Tragó saliva, después sacudió su pálida cabeza y volvió su mirada hacia la de ella, los cuales manifestaban un profundo miedo y amenazaban con dejar escapar unas lágrimas en cualquier segundo:
-¿Asustada? -Preguntó Dante sonriendo de medio lado y con una voz que soñaba mucho más profunda que la propia. Se mordió el labio inferior al sentir temblar a Amy bajo su cuerpo, pero eso sólo le impulsó aún más a cometer un acto de maldad para con ella.
Sin embargo, su parte racional y humana estaba aún presente y se aseguraba de controlar aquellos pensamientos impuros, pero parte de él aún quería más de la divina sangre y bajó su cara hasta el pecho de la chica para oír los cálidos latidos de su corazón. Cada latido, cada pulso liberaba más de ése celestial plasma, pero de una forma tan apaciguable y deliciosa que no sabia si abalanzarse con salvajismo a herirla una vez más o acostarse sobre ése maternal y protector pecho pálido.
Intentó encontrar un punto de equilibrio entre ambas sensaciones y cerró sus ojos para intentar calmarse. Bajó su semblante confuso hasta la parte superior de sus pechos, sacándole a la más baja una pequeña risa debido al roce de la punta de su nariz con su piel; ante ésto, Dante sonrió con ternura y hundió la misma en esa zona para dejarse envolver por el esplendoroso perfume natural que despedía el cuerpo de la deidad:
-¿Qué te ocurre? -Le preguntó ella después de que su cuerpo hubo temblado al roce de la cara del muchacho. Un molesto escalofrío recorrió su organismo al completo al percibir la potente aparición de un aire maligno manifestándose ante ella de forma tan notoria.
El chico levantó sus ojos, totalmente inhibido de cualquier pensamiento y la besó con fiereza, su sangre hervía caliente y alterada debido al aroma floral que envolvió su ser, entrando por los orificios de su nariz y viajando hasta al interior de su cuerpo de una forma tan intensa que logró perder el control sobre sí mismo. Tana pureza lo había enloquecido y logró hacer reaccionar del todo a la bestia que contaba los segundos en su interior para manifestarse ante la diosa y reclamarla como suya, fuese de la forma que fuese. Aquella parte malévola rogaba por ver correr su sangre entre sus garras, mientras que su parte humana deseaba marcar su cuerpo y unirle al suyo, cegado del todo por el inaguantable anhelo que le provocaba la muchacha de ojos negros. Ambos sentimientos se unieron en uno sólo y se materializaron en un beso salvaje y animal cargado de puro descontrol.
Amaterasu ahogó un quejido en la boca de Dante cuando éste mordió -con algo de fuerza- su labio inferior; ella tembló bajo el cuerpo del cazademonios, producto de los espamos que le causaba el dolor de los traviesos mordiscos, cortesía del albino, sintió la húmeda lengua de él, la cual, como un intruso, invadió velozmente su cavidad bucal; la lengua del muchacho exploraba cada uno de los rincones al interior de sus labios para saborear dicha facción de su cara de muñeca japonesa. El corazón de Amy se aceleró debido a un nuevo sentimiento indescriptible que había aflorado en ella gracias a las repentinas acciones del cazador de demonios y sólo atinó a abrazar a éste último alrededor de su cuello para atraerle más aún al fruto rojo de su rostro y así hacer que su unión de labios fuese aún más profunda.
Después de varios minutos de una constante lucha de lenguas entre demonio y diosa, se separaron ambos con una respiración agitada. La albina le miraba con los ojos entrecerrados, parte de sus mechones blancos caían traviesos sobre los mismos y su rostro yacía deliciosamente sonrojado en tanto un hilillo se saliva se deslizaba por la comisura de sus labios.
Dante se pasó el dedo índice de una manera provocativa y sensual, saboreando aquella mezcla de esencias que ambos habían formado después de entregarse aquel pasional beso, estaba gustoso de que ella compartiera ése delicioso jugo con él. Abrió un poco sus ojos para deleitarse con la esplendorosa vista que tenía ante sus ojos, percatándose que, con el forcejeo anterior, uno de sus pechos había escapado traviesamente del escote de su ajustado kimono, pudiendo admirar la redondez del mismo; sus pechos eran un poco más pequeños de lo normal pero ésto no le molestó para nada, todo lo contrario, era tan perfecto que le causaba un anhelo más grande de sentir aquel delicado trozo de carne en contacto con su piel. Se relamió al observar el hermoso pezón que coronaba erecto el seno de la chica, el cual subía y bajaba siguiendo el ritmo de la respiración -algo más calmada- de Amy.
El hijo de Sparda tomó uno de sus propios cabellos y con gracia sinigual lo colocó tras su oreja izquierda, sin dejar de mirar sensualmente a su princesa de cabellera color nieve para sonreír eróticamente de medio lado al notar el efecto que sus acciones habían provocado en ella.
Ah, estaba consciente de que ella era una diosa, pero es que su cuerpo y esa encantadora actitud le invitaban involuntariamente a corromperla. Amaterasu intentó incorporarse después de que sus ansias por recibir el amor de su demonio se hubiesen calmado, pero éste se lo impidió; la sostuvo por una de sus manos y deslizó, con lentitud y gracia, su lengua, recorriendo desde el cuello hasta el pálido y suave pecho. Dante dio un par de besos en el mismo y luego tomó la delicada tela color leche para descubrir lo que quedaba de busto derecho de la divinidad. Nuevamente dejó ver su juguetona lengua y la deslizó en un lento compás sobre el delicado extremo del seno de la nena.
-Ju... -Rió lleno de satisfacción una vez los suaves gemidos de Amaterasy llegaron a sus oídos. La miró por el rabillo del ojo mientras continuaba humedeciendo el tierno pezón y notó como ella cerraba sus ojos para jadear de una manera medianamente intensa una vez el joven Dante aumentó el ritmo de sus lamidas. Cuando se cercioró de que la muchacha reaccionaba como él lo deseaba, abrió su boca de par en par para engullir su pecho redondo para luego succionarlo lentamente.
Amy abrió un poco sus ojos, observando a Dante. Sus miradas se encontraron y algo ocurrió en el interior de la primera, experimentó una sensación de tibieza que inundó su estómago y no pensó en otra cosa que no fuera Dante... Su Dante. Volvió a cerrar sus orbes morenas, algo más tranquila, y se concentró en la "labor" que el legado de Sparda efectuaba con su cuerpo. Amaterasu gemía en un bajo tono de voz; le resultaba exquisito el sentir como la boca del chico de ojos violeta abrazaba de forma húmeda y candente. Con sorpresa percibió la lengua del albino jugueteando con su pezón, ya mojado del todo, en tanto los delicados labios masajeaban el halo que bordeaba el diminuto trozo rosado de su pecho. Ella anhelaba más, pero no sabía exactamente el por qué, simplemente quería sentir el cuerpo del joven demonio unirse al suyo y fusionarse en un solo ser, envueltos por el calor que ambos cuerpos emanaban en ése instante. La chica tembló un poco al sentir que "algo" empapado escapaba de una manera traviesa entre sus muslos e inconscientemente juntó sus piernas al percibir aquello, en tanto su cuerpo se cubría de una ligera capa de sudor. Lanzó un pequeño grito cuando su pezón fue oprimido entre los dientes de Dante, el cual después comenzó a mover su lengua de manera circular sobre el mismo, para luego tomarlo entre sus dedos pulgar e índice, apretándoselo y jalándolo con suavidad, haciéndola estremecer, casuando que, inconscientemente, su pequeño cuerpo le rogara por más a su joven príncipe.
Sin embargo, había una parte de ella que sentía miedo, se sentía intimidada debido al aura oscura que comenzó a envolver a Dante, el cual, a cada segundo que pasaba, le sonreía con más y más malicia, como si una parte de su ser quisiera lastimarla. Abrió, después de pensar en ello, sus ojos tan negros como la noche una vez sintió que los dedos del joven bajaba hasta perderse un poco más arriba de los muslos, acariciando el húmedo fruto rosa entre sus piernas, por sobre la tela de sus calzas. El roce en ésta delicada zona dejó manifestar el placer en Amaterasu en forma de un sonoro gemido que brotó de su boca:
-Te mojas rápido, nena. -Dijo Dante mientras sonreia de una manera sensual, con un tono aún más grave de lo normal, en tanto sus ojos habían pasado del color lavanda a uno de color rubí intenso, cosa que Amy no pasó por alto, y con una mirada llena de evidente preocupación, le preguntó sonrojada y jadeante:
-¿Qué pasa contigo? -Y lo único que ella recibió fue un gruñido en su oído como respuesta de parte de la semilla de Sparda. De pronto, se sintió en peligro; él la aprisionó de forma tal por uno de sus brazos que sentía como si le estuviesen quemando la piel, en tanto su entrepierna seguía siendo tocada por la mano del albino: -N-No... -Gimió mientras el cazador le estimulaba el clítoris por sobre la tela, usando sus dedos y moviéndolos en un compás lento y delicado. Ella no sabía si entregarse al miedo o al placer, pero sentía como inevitablemente el primer sentimiento era el predominante en su ser; era como si el alma de Dante hubiese abandonado el cuerpo que estaba ahora ante ella y que en su lugar estuviese la presencia de otro de los tantos demonios con los que se hubo enfrentado en batalla alguna vez en su existencia. Para Amaterasu, ésa era una situación demasiado cruel; el observar la apariencia de su amado ángel, contrastando notablemente a los ojos diabólicos que ahora estaban posados sobre ella.
Amaterasu trató de callar sus gemidos, pero le resultó imposible cuando los movimientos sobre su diminuto y sensible trozo de carne aumentaron de velocidad, provocando que su cuerpo se sacudiera nuevamente, obligándola a aquear su espalda debido a las sensaciones tan nuevas e intensas que Dante le hacía experimentar en ése momento de una forma experta y profesional.
-No... Por favor... -Dijo ella en un agudo tono de voz, aferrándose al césped con desesperación y apretando sus ojos fuertemente, para luego soltar un intenso quejido desde lo más profundo de su garganta.
La sonrisa en el rostro de Dante había desaparecido y frunció un poco el ceño; tocándose con la mano izquierda un atrevido y generoso bulto que había aflorado entre sus piernas y reclamaba erecto ser liberado de sus ropas para perderse dentro de la bella diosa. El joven acarició su virilidad para calmarla y prefirió seguir poniendo su completa atención en la intimidad de la muchacha para admirarla mejor, haciéndole caso omiso a los ruegos que ella pronunciaba con timidez.
Ésta última soltó un profundo gemido de dolor mezclado con sorpresa cuando, una vez el albino la notó lo suficientemente húmeda, introdujo un par de sus delgados pero fornidos dedos al interior de sus ajustadas calzas de rojo color para luego invadirla con agilidad, introduciéndose lentamente en ella, abriendo sus virginal portal íntimo.
-¡D-Déjame...! -Exclamó la loba moviéndose sonrojada de un lugar a otro. -No... No hagas éso... -Dijo entrecortadamente, y una vez más, fue ignorada.
Estuvo a punto de suplicar una vez más, pero en vez de eso, de sus labios nació el nombre del más alto mediante un prolongado suspiro de elevado tono y volumen, mezclando el placer y el terror.
-Está tan mojada y caliente, mi diosa. -Le susurró Dante a unos escasos centímetros de sus labios, haciéndola temblar una vez más debido a la sensación que le provocó aquella erótica e insinuante frase. -Pero, ¿Qué es ésto? -Preguntó un poco sorprendido al sentir un pequeño "obstáculo" que le impedía seguir avanzando hacia el interior de la jovencita, percatándose de que era aquella delicada membrana encargada de proteger la pureza de Amy.
-No... -Volvió a susurrar ella al percatarse de que aquella delicada parte de su cuerpo era rozada sin contemplación, amenazando con ser rota, causándole un intenso dolor. Sintió entonces, como la mano del chico que antes la tenía sujeta contra el pasto dejaba ver unas garras que comenzaban a crecer, envueltas en un vaho oscuro muy frío. -¡Basta! ¡Dante! ¡Déjame! -Gritó sacando una fuerza bestial y de forma sorpresiva, logrando safarse del agarrre al que el nombrado la tenía sujeta haciendo que éste quedara a unos pasos de donde se encontraba ella. La diosa se incorporó cubriendo su zona íntima con su mano izquierda, mientras que con la derecha cubría su delicada boca, la cual temblaba debido a los nervios a los que fue sometida anteriormente, en tanto de sus orbes negras asomaban unas lágrimas.
Notó como los ojos de Dante habían cambiado por completo, volviendo a sus preciosos y almendrados ojos violeta, de los cuales escapaban un brillo de incomprensión y sorpresa. Él la observó sentado desde el suelo, con sus manos colocadas a los costados de su cuerpo para sujetarse y no perder el equilibrio cuando él fue empujado.
La albina notó, con asombro, que la zona del abrigo donde ella le hubo empujado estaba ligeramente quemado, debido al rechazo que la fuerza maligna residente en el interior de Dante percibió al chocar con su energía divina, la cual, representando a la bondad y la pureza, era obviamente más dominante y poderosa que aquella esencia oscura.
Por un momento, a Amaterasu le pareció observar a un pequeño niño confundido, visión que la conmovió durante unos instantes, y una vez Dante le preguntó: "¿Qué te hice, Amy?" ella atinó a secarse las lágrimas contra la manga de su delicado kimono blanco; el profundo amor que sentía hacia el hijo de Sparda era tal que lo único que deseaba era abalanzarse sobre él para darle un abrazo cargado de todo su sentir, sin embargo, a su mente regresó el recuerdo del frío tacto del demonio que se había revelado ante ella, tanto o más poderoso que el que sentía cerca de Akuma, y un profundo pánico la hizo temblar de pies a cabeza, abrazándose luego a sí misma.
-Amy... -Dante se puso de pie, aún confundido por las acciones de Amaterasu y con a penas un vago recuerdo de lo que había ocurrido hace unos minutos entre ellos dos. Intentó acariciar el delicado rostro de muñeca de su amada, pero ésta sujetó su mano por la zona de la muñeca y le miró a los ojos; era una mirada que reflejaba el más hondo de los pavores, provocándole, nuevamente, una herida en el ya antes lastimado corazón... Sólo que ésta vez, ella se lo había roto sin usar palabras siquiera, sólo con una mirada, con una maldita mirada.
Amaterasu no volvió a pronunciar otra palabra, simplemente le dio la espalda a Dante y hechó a correr hacia donde se encontraban Deadpool y Trish, esperando por ellos. Sentía que no podía estar en el mismo lugar que el albino, su sola presencia le provocaba confusión y miedo. No, no quería estar con él, al menos, no por ahora.
Una vez ella abandonó el sitio, Dante siguió la misma ruta, pero en un paso calmado, con la mirada apagada y en forma silenciosa. Observó su mano izquierda, con la cual había sujetado a la chica, y un recuerdo veloz y difuso se manifestó en su mente; recordó aquel momento en que había perdido el control y la había aprisionado contra su voluntad en un ataque, mostrándole a Amaterasu aquel despreciable lado de su ser que él tanto repudiaba.
Y ahora, como consecuencia de su estigma -la sangre demoníaca de su padre-, sólo se había quedado con un profundo sentimiento de soledad y arrepentimiento.
