-Vaya cara de funeral. -Dijo una Trish con un par de troncos entre sus brazos mientras observaba llegar a una presurosa Amaterasu con una cara de desolación indescriptible. Aunque en el fondo la muchacha no le importaba en lo absoluto, estaba algo curiosa por saber el por qué del cambio tan abrupto en su mirar; ya se lo preguntaria a Dante después. Por ahora, lo único que había llamado su atención era el haber notado cómo el mercenario de rojo había hecho que sus ojos, antes desprovistos de todo pesar, ahora habían menguado en una mirada llena de curiosidad mezclada con preocupación, sorprendida el ver que Deadpool simplemente se limitaba a observarla, sin moverse del lugar donde estaba; ahí acuclillado junto al fuego para procurar que las brasas siguieran ardiendo gracias a los movimientos de una vara que sujetaba para acomodar las llamas y así la fuente de calor siguiera vigente durante la larga y fria noche.

Wilson simplemente miró a una tímida loba caminar ligero hasta el otro lado del rojizo brillo ardiente que los separaba a ambos y se percató de que ésta no lo miró siquiera, como si no se percatara de su presencia, limitándose a sentarse en un sepulcral silencio, para rodear sus piernas dobladas con sus brazos y hundir su cara sobre sus rodillas en un rebuscado intento de proteger su cuerpo de alguna amenaza invisible. Quizás era mejor dejarla sola. Si, era lo mejor, de todas formas ya venía Dante hacia ellos y se sentaba a pocos centímetros de la ubicación de la chica de larga cabellera blanca. Pero, ¿Qué había pasado? El albino tenía la misma cara de tristeza -y espanto- que traía Amaterasu consigo, sin embargo, el mutante no se atrevía a abrir la boca -milagrosamente-, y simplemente se levantó a recibir los trozos de madera que Trish había traído para alimentar al fuego, ella le susurró cosas al oído: "¿Qué les ocurre?, ¿Vieron un cadáver?, ¿Un fantasma?, ¿Al mismo Lucifer en persona?". Pero Deadpool le hizo un gesto con los hombros para dejar en claro que él tampoco tenía idea de lo que estaba ocurriendo entre esos dos ni por qué el aire de pronto se había vuelto tan tenso; ambos estaban tentados a preguntarles lo que pasaba, pero tanto diosa como demonio eran indiferentes a ellos, como si fuesen invisibles o como si hubiesen olvidado que estaban en su compañía, cosa que ni a Deadpool ni a Trish les agradó mucho.

-Cariño... -Le susurró Dante a una silenciosa Amy. -Háblame, por favor.
-... -Nada, simplemente eso había tenido como respuesta, Amaterasu ni siquiera se había dignado a levantar su cara para verle a los ojos, no había hecho ningún movimiento ni nada por el estilo como para asegurarle que le estaba oyendo o para darle alguna idea de lo que su corazón sentía en esos momentos... Un gesto, una mirada... ¡Lo que fuera servía para saber qué pasaba por su cabeza!
-Perdóname... -El albino deslizó su mano por el costado del cuerpo de la jovencita y envolvió su delicada cintura con su brazo, atrayéndola un poco hacia sí mismo, pero lo único que logró fue notar un escalofrío provenir de ella. -No estuve en mis cabales, perdí la conciencia y mi capacidad volutiva, no recuerdo a penas un cuarto de lo que hice. Te lo puedo jurar, querida, sabes que para mí eres... -El ruido seco de algo pesado llamó su atención, y miró molesto a Wade, el cual había arrojado sin tino alguno los maderos sobre las brasas. Suspiró molesto y luego volvió a susurrarle en un tono dulce de voz a Amaterasu. -Fui un completo idiota, me dejé dominar por mis... Mi propio estigma del que tanto he huido, pero... Por favor, dime algo, de verdad lo lamento. ¡Nunca quise que ésto ocurriera! Te dije que eres lo que más amo en el mundo y quiero asegurarme de que estés bien y feliz, Amy, mi Amy... Confía en lo que te digo, aquel que viste cerca del río no era yo, ¡No era yo! -Dijo ésto último hundiendo su cara en el hombro de su princesa, haciéndola alzar finalmente su rostro de muñeca. -¿Me perdonarás...? -Preguntó al notar aquella acción, con un ligero brillo de esperanza en su mirar, pero ella, fríamente le observó mientras acomodaba uno de sus mechones tras su hombro y le dijo con una voz temblorosa:
-Sólo... Dame un tiempo, no me siento segura contigo... No por ahora... -Y diciendo ésto, Amaterasu se levantó apretando los ojos para no llorar nuevamente y caminar lejos de ahí, entre los árboles, para estar un momento a solas.

Fue tan abrupta y gélida la forma en la que ella se lo comunicó que Dante quedó del todo en blanco, con los ojos fijos en el suelo y todos sus demás sentidos se nublaron, dejando de percibir todo a su alrededor, y lo único que resonaba en su cabeza eran las palabras que Amaterasu le había dicho de forma tan sincera y directa, logrando quebrantar el que, hasta ahora, había sido su fuerte espíritu. Hubiese podido soportar que cualquiera le dijera eso, que cualquiera mancillara su nombre, que cualquiera le llamara demonio y que cualquiera le mirase de aquella forma tan fría y con ojos de odio; a Dante eso le daría igual y probablemente hubiese hecho un comentario hiriente para aquel despreciable engendro que le tratara como si fuese la peor de las escorias, pero nunca había sentido vacío tal como el que la diosa había dejado en él con ése doloroso diálogo antes efectuado.

"No se siente segura a mi lado, ¿Eh?"

Sonrió dolorosamente mientras éstos pensamientos pasaban fugaces por su cabeza, y levantó sorprendido sus ojos cuando sintió una mano tocando su hombro. Se giró a abrazar a la supuesta "Amy" que él creía que había vuelto a él, pero miró anonadado que el cuerpo femenino que abrazaba era el de una mujer de contextura más adulta, más concretamente, el cuerpo que abrazaba era el de aquella que simulaba el reflejo de su ya fallecida madre.

-Bien, ¿Qué ocurrió? -Le sonrió Trish de medio lado, alejando un poco a Dante de su cuerpo, notando que sus ojos color lavanda estaban más vidriosos de lo normal. -Si quieres llorar, aquí está mami. -Le dijo sonriéndole con una ternura maternal que sólo él lograba sacarle desde el fondo de su frío corazón, en tanto acariciaba uno de los pálidos mechones de cabello de una manera sutil y suave.
-Devils never cry... -Fue ésta la respuesta de la semilla de Sparda.

Trish dio un suspiro y le dio una palmadita en el brazo al joven, luego se acomodó de rodillas y lo miró a los ojos mientras se acariciaba el muslo derecho, invitándolo a olvidar sus penas; Dante la observó con su rostro sereno y cerró sus ojos para evitar el escape de las saladas y cristalinas gotas. Posteriormente, acomodó su cabeza en las piernas de la rubia y miró a su alrededor, mientras ella pasaba sus dedos con mucha finura entre sus hebras de níveo color, percatándose con sorpresa de que ni Amaterasu ni Deadpool estaban en el lugar:

-Fue tras ella... -Habló la mujer de ojos verdes mientras miraba a lo lejos, como si hubiese leído los pensamientos del más joven. -¿No irás a buscarla? -Preguntó Trish inclinándose un poco hacia su rostro, pero Dante, aún con los ojos cerrados, dijo con completo desinterés:
-Que hagan lo que quieran, ya no me importa. -Sentenció acomodándose de espaldas a la fogata, sacándole una leve risa burlona a Trish.
-Hasta el día de hoy continúas sin ser honesto con tus sentimientos... -Le dijo ella, viendo que el cazador abría un poco sus ojos molesto por su comentario y luego lanzó un suspiro, para después dormirse en su regazo.

/

Amaterasu únicamente se limitó a dar vueltas por el lugar, era difícil perderse, tenía buen sentido de orientación, y si éste le llegase a fallar, siempre tenía su olfato para guiarse entre la espesa arboleda para dar con sus compañeros. Sin embargo, más que miedo a perderse, le daba miedo el encontrarse tan sola en ése momento, se arrepentía de haber ido sola hasta ahí y se limitaba a abrazarse así misma para evitar que el frío del viento azotara su cuerpo sin piedad, buscando el refugio y el calor entre sus propios brazos. Movió sus orejas al sentir tanto ruido cerca, tanto el de los animales emitiendo sus quejidos nocturnos, como el de las hojas de los árboles al moverse producto del viento, notando como las sombras de los mismos se expandían sobre ella, simulando garras enormes con sus ramas y extendiéndose largamente contra el césped producto de la tenue luz de la luna, comenzando a exasperarse cuando notó que aquellas oscuras siluetas simulaban mounstros que intentaban atraparla, y que el sonido de las hojas imitaban los gruñidos de repugnantes seres que clamaban su sangre, pronunciando su nombre en aquellos casi inaguantables ruidos.

Parte de su ser se lo impedía, pero ya no aguantaba más, quería volver, volver y estar con Dante, no quería reconocerlo, pero ella realmente se sentía segura cuando él estaba cerca, y si no se hubiese ido, o si Dante la hubiese seguido ella ahora no estaría tan temblorosa como en esos momentos. Si, definitivamente debía regresar hacia su amado y sus amigos, no le diría nada al primero, aún sentía incomodidad al estar cerca de él, pero lo que más prevalecía en su cabeza era la dulce imagen de su amado demonio guardían velando por su persona, y aunque no le quisiera dirigir la palabra ni tocarle, ella se contentaba con sentirlo a su lado. Decidida, emprendió carrera mientras seguía abrazándose, guiándose por su olfato desarrollado para hallar el camino hacia la ubicación de sus seres queridos.

*Crack*

Escuchó el sonido de ramas romperse ante ella, podía perfectamente haber atacado, podía perfectamente haber matado a ése ser entre sus manos si se trataba de un demonio repulsivo como los que solía enfrentar cuando Sakuya la trajo de vuelta a la tierra, pero estaba tan ensimismada con volver a ver al muchacho de cabello lechoso, que hizo como si no hubiese oído nada y sólo atinó a caminar en un paso más apresurado.

*Crack, crack, crack*

Con pavor se percató de que "aquello" venía a la misma velocidad que ella, -y un poco más rápido- y se movía con agilidad casi pisando sus tobillos. Asustada, no se atrevió a voltear y sus ojos oscuros siguieron pegados hacia al frente, comenzando a correr ésta vez, notando como una silueta oscura y delgada de movía a su alrededor, como si estuviese buscando un punto débil en ella, acompañada de una risa maliciosa que pudo percibir entre las penumbras...

-"No... Ayúdame..." -Pensó Amaterasu mientras en su mente se dibujaba el rostro de Dante, recordando una de las tantas y bellas sonrisas que éste le había dedicado cuando estaban solos, cuando ella creía que era del todo un ángel. -"¡Ayúdame!" -Volvió a gritar en su cabeza apretando sus ojos durante un par de eternos minutos, y al abrir los ojos para cerciorarse de que no estaba tan lejos, una cara conocida se dejó ver, de cabeza, colgada desde una de las ramas de uno de los árboles.
-¡Amy! -Exclamó sonoramente un Deadpool sonriente mientras extendía sus brazos.

Ella lo miró, él la miró. Él sonrió, ella pegó un desgarrador grito, luego se oyó el ruido de un cuerpo caer al suelo, y finalmente, un incómodo silencio.

-¡Wa! ¡Amaterasu! -Gritó el mercenario sujetando su cabeza entre sus manos, observando preocupado a la diosa desmayada del susto cuan larga era sobre el césped. -¡Maldita sea! ¡Me fallaste nuevamente, cerebro! -Gritó de nueva cuenta mientras estrellaba su cabeza contra el tronco del árbol donde antes estuvo él colgando al estilo del Hombre Araña. -Oh, m!$#/ . -Miró a la muchacha ahí, desprotegida y durmiente. Su rostro era tan sereno que muchos hubiesen dudado de que ella antes hubiese dejado ver en su cara una expresión de máximo terror provocado por su maldita culpa. Se agachó al costado del divino cuerpo y la miró desde la cabeza hasta los pies, si, parecía que de verdad estuviese simplemente durmiendo.

"Ahora que lo pienso, es la primera vez que la veo dormir."

Pensó Deadpool mientras volvía sus ojos hacia el fino rostro de la jovencita, y se ruborizó un poco; si es que su rostro era tan delicado y con un aire tan deliciosamente infantil que parecía que los mismísimos ángeles hubiesen tallado esa preciada cara, tan bella y fina como una piedra preciosa. Aquella visión le hizo sonrojar aún más, y se mordió el labio sintiendo la culpa por haberla dejado en aquel estado tan vulnerable. Él simplemente quería animarla, pero todo había terminado como en una película de locos. Debía llevarla con los otros dos demonios y rápido, tembloroso del cómo iría a reaccionar Dante al enterarse de que por su causa a Amy casi le había dado un infarto, y pensando así, decidió llevarla con cuidado para no despertarla. Acercó su mano hacia la cara de la chica para luego deslizarla por el cuello y así levantarla un poco, pero se detuvo a medio camino, la tentación era demasiado grande, al estar ella inconciente él podría...

"Nuevamente me fallas, cerebro...Recuerda, es Amy, nuestra amiga... Al menos así lo desea ella."

Pero, ¿Cómo no darse un pequeño gusto? No, no la besaría, no le tocaría de forma indebida, no le nacía con ella. Amaterasu no era una mujerzuela como las tantas con la que él había tenido aventuras vacías y carentes de sentimiento. Amaterasu era, para él, una damisela, y como tal le daría el trato correspondido. Antes de llevársela para que estuviera a salvo, mordió una de las puntas de sus dedos y deslizó hacia arriba suavemente para dejar a la vista su mano derecha, liberándola del guante colorado que protegía su piel azotada por el cáncer. Se contentaba únicamente con acariciar las delicadas facciones de la nena, simplemente eso anhelaba en esos momentos, nada más, sólo eso quería para sentirse feliz y completo, al menos por ahora.

Tragó saliva y observó su mano llena de llagas, indoloras pero profundas, tanto que a veces a él mismo le causaban repulsión, y se lamentó pensando si valía la pena ensuciar la tersa piel de la diosa que estaba carente de protección ante él. No, no era digno... Por más que lo pensaba, por más que su corazón le rogara el sentir la suave textura de su carita, él apretó con rabia para consigo mismo sus dientes y observaba su piel con desprecio. Ella era tan hermosa... Y él parecía un mounstro

"No puedo..."

Volvió a colocarse su prenda, totalmente frustrado, y procedió con su labor de llevarla hasta donde estaban Trish y Dante, con mucho cuidado, como si estuviese tomando a una muñeca de porcelana tamaño real, la tomó entre sus brazos y caminó con ella en dirección al improvisado campamento.

Ella yacía inmóvil entre sus brazos, pero él estaba tranquilo, puesto que estaba conciente de que estaba simplemente dormida. Caminó con lentitud para evitar despertarla con cualquier movimiento brusco mientras la sujetaba contra si mismo, observando hacia el horizonte, logrando ver el anaranjado fulgor del fuego a unos metros de su ubicación. Sonrió satisfecho para luego mirar el dormido semblante de Amaterasu, maldiciéndose así mismo por haberle asustado de tal manera; no había sido su intención hacerlo, pero ¿Cómo iba a saber que ella temía tanto el quedarse sola? No, pero ahora no estaba sola, ahora estaba entre sus brazos y ahí permanecería tranquila y protegida hasta que ella abriera sus ojos y corriera presurosa hasta los brazos del joven Dante para que éste la saciara de ternura, y así hacer que su amor rebosara por entre el follaje hasta bañar la naturaleza con los colores de ese mutuo y precioso sentimiento:

-Creo que quiero vomitar. -Susurró Deadpool al encontrarse pensando en ésto. De pronto, se detuvo en seco al sentir un pequeño quejido y el cuerpo de la más baja que había comenzado a moverse entre sus extremidades. -¿Amy? -Le invocó haciendo que ella abriera un momento sus ojos, luego, ella le sonrió un poco y pronto se acomodó para dormir una vez más contra su pecho.

Wade la miró mientras una gota de sudor bajaba por su sien, dándose cuenta de que ella planeaba dormir toda la noche, como si nada hubiese ocurrido. Parte de él lo agradecía, puesto que así el asunto quedaría en el pasado, pero por otro lado se sentía más imbécil que nunca debido al hecho de que así no sería capaz de pedirle perdón por su imprudencia a los ojos.

-Aquí te quedarás. -Le susurró sonriendo a la afelpada oreja blanca mientras, con cuidado, depositaba su cuerpo a una distancia prudente del fuego, asi ella no tendría frío y a demás no correría peligro de que su piel se quemara.
-Uhn... -Escuchó Wade el quejido de la jovencita mientras se acomodaba, por un momento, le pareció ver el fulgor de sus ojos brillando entre la oscuridad, pero quizás fuese por el cansancio, así que se dio la vuelta para acomodarse del otro lado, cerca de su amiga rubia para evitar problemas con el albino, pero sintió un jaloncito en su brazo cuando estaba a punto de alejarse y abrió sus ojos con sorpresa al notar que ella, semi-despierta, le miraba preocupada y apretando su extremidad fuertemente pero sin hacerle daño. -No te vayas. -Dijo Amaterasu cruzando su mirada con la de él, ella le observaba con sus ojos cargados de desolación y con el rostro algo sonrojado debido a que nunca le había pedido un favor antes, y se sentía molesta al sentirse como una carga para alguien más. -N-No te alejes...Aún estoy asustada. -Titubeó ella en un tono de voz a penas audible, pero la forma en que lo dijo fue tan dulce que el mercenario experimentó de nueva cuenta un agradable calor en su pecho, una vez más gracias a la diosa, y le tomó delicadamente la mano. Sin embargo, su sonrisa desapareció al notar unas heridas en las orejas de la muchacha, heridas que antes no se encontraban, y apretó con molestia los dientes al recordar que su cuerpo era completamente inmaculado antes de marcharse al lado del cazademonios.

-¿Él te hizo eso, verdad? -Le dijo apretando su mano con un poco más de fuerza, comprobando gracias a una esquiva mirada de Amy que, efectivamente, el culpable de aquellas marcas dolorosas había sido Dante. -Lo mato...Te juro que le mataré... -Le susurró Deadpool transformando su mirada serena a una cargada de profundo odio, pero la muchacha de cabello color luna le sujetó la zona del pecho son su mano libre y movió su cabeza de un lado a otro de forma negativa.
-Si lo haces... -Titubeó ella cerrando sus ojos y bajando su cabeza.
-¿El qué...? -Preguntó Deadpool aguantando las ganas de clavarle la katana en el corazón al durmiente Dante.
-Si lo haces te odiaré toda la vida. -Dijo ésto último mirándolo con el ceño fruncido. -Eres mi mejor amigo y sabes lo mucho que Dante significa para mí, si te atreves a matarle... Yo maldeciré tu alma hasta el final de mis días, por mucho que te quiera...

Deadpool la miró sorprendido, no creía que alguien como ella fuera capaz de decir una crueldad como esa, sin embargo, su característica honestidad estaba presente en sus ojos y eso le quebró el frágil espíritu que tenía. No lo pudo creer, frunció el ceño tratando de asimilar las palabras que que acababa de escuchar y lo único que logró eso fue que su corazón se cargara más de odio y rencor contra el muchacho de ojos color lavanda. Pero, al ver esos ojos, y recordar los hermosos momentos al lado de la pequeña loba, no pudo hacer más que resignarse y entregarse a sus sentimientos para tomarla por uno de los hombros y decirle:

-De acuerdo, no lo haré. -Le dijo secamente Wilson, y la muchacha le sonrió nuevamente con dulzura, en tanto esos hermosos y oscuros ojos irradiaban alegría una vez más para con él, y por un momento, se sintió algo mejor después de ver aquel maravilloso espectáculo que ella le ofrecía a travéz de su mirada.
-Gracias... -Le dijo ella acomodándose un poco sobre sus dobladas rodillas. -Sólo... Déjame ponerme cómoda. -Amaterasu apoyó su cabeza albina en las piernas del mutante y le dio las gracias por proporcionarle protección en un momento de tristeza y desesperación como en el que ella se encontraba hundida.

-Para eso estoy... -Sonrió Wade una vez más mientras con algo de miedo, tomó entre sus dedos unos mechones correspondientes al suave cabello de la diosa del astro rey.

A los pocos minutos la muchacha se había quedado profundamente dormida, y unos minutos después, Deadpool la acomodó como antes en el césped y posteriormente se recostó a su lado para que, cuando ésta despertara, le viera en las cercanías y no se sintiera tan desprotegida como pudo ver reflejado en el mirar de ella. Pasó sus brazos cruzados tras su cuello y la observaba dormir con su blanca cola envolviendo su cuerpo para conseguir calor, y cautivado por la ternura de aquella hermosa escena, estiró su mano derecha para tocar de nueva cuenta los pálidos cabellos, logrando que se quedara dormido cautivado por la tranquilidad que el ser de la deidad emanaba y sin sospechar que los ojos de un semi-dormido y celoso Dante los observaba del otro lado de la fogata, para después acomodarse de espalda a ellos, repugnado por aquella molesta y desagradable escena.

/

-¿Qué es ésto? -Masculló por lo bajo un molesto Vergil; con los ojos más que abiertos, observando lo poco y nada que quedaba de la oficina -y hogar- de su hermano gemelo. Lo único que presenciaba eran escombros y uno que otro mueble que habían sobrevivido intactos, y sobre los mismos, restos de vidrio roto. Sea lo que fuere lo que había llegado a ése lugar, se había ido hace mucho tiempo, sin dejar casi rastro, y casi, debido a que el joven de blanco cabello pudo percibir en el aire, aún después de tantos días, la presencia de una escencia demonía, pero no era la de su estúpido hermano "menor". Era un aire muchísimo más pestilente.
-Nya... Creo que llegamos un "poquitín" tarde. -Interrumpió una nerviosa Felicia sus pensamientos, la cual, algo tambaleante se abrió paso entre los trozos de paredes y cristales destruidos que estaban ante ellos, mientras que un Vergil, frustrado, la observaba con una ceja en alto. -Nop. -Dijo ella mientras movía su rostro con los ojos cerrados. -No puedo percibir ningún aroma en especial. Pero, es curioso... -La jovencita se arrodilló en el suelo y tomó un trozo de madera, la cual formaba parte de un trizado piso inferior, y cualquiera que haya sido el responsable de dicha acción, había dejado un enorme agujero en el mismo. -El aroma... -Olió el pedazo de madera que cojió delicadamente en su pata derecha. -Juju...
-¿Qué pasó? -Le preguntó un impaciente demonio mientras se acercaba a ella con lentitud.

-¡N-Nada! -Titubeó la gata moviendo su cola agitadamente y con un leve sonrojo en su rostro.
-Habla. -Le ordenó él en un tono tan severo y con una expresión tan seria que a la muchachita no le quedó más que obedecer a su petición.
-El aroma de tu hermano es idéntico al tuyo. -Le contestó sonriéndole con dulzura, pero el muchacho le dio la espalda sin responder. -Je, no te pongas así, eso no tiene nada de malo...Pero, tu aroma posee algo que el de tu hermano no... -Se colocó de pié mientras arrojaba el material lejos de ellos. -Es... Un aroma especial, tienes algo que me tranquiliza bastante, no sé por qué, pero tu esencia me hace sentir más segura y en paz. -Y diciendo ésto, la chica de cabello celeste cruzó sus manos tras ella y le sonrió con los ojos cerrados. -Quizás es por todo el tiempo que he pasado a tu lado, pero, de verdad es así como me siento cuando estoy junto a tí, independientemente de los problemas que hayamos tenido, me encanta pasar tiempo contigo, así ya no me siento sola...

El demonio de la gabardina azul abrió sus ojos y se volvió a verla completamente anonadado ante las palabras que Felicia le había comunicado tan de repente. Ella seguía sonriéndole, ésta vez con su mirada pegada en el suelo, como si hubiese estado esperando una respuesta de su parte. Y la vio ahí, con un aire de inocencia y con un encanto tan primoroso que su mente quedó en blanco, mientras un golpecito de calor arremetió en su pecho; asi que simplemente se limitó a tragar saliva y tosiendo volvió a su faceta de chico frío:

-Tonterías. -Fue lo único que dijo Vergil, volviendo a darle la espalda.

Felicia le miró sin expresión en su delicado rostro y luego exhaló un prolongado suspiro al ver el desinterés de parte del muchacho más alto en tanto baja sus orejas en señal de tristeza.

-¿Vergil? -Ella le invocó una vez más, y el nombrado la miró por encima del hombro. -El olor desaparece acá, no hay más señales de tu hermano, sin mencionar que hay una mezcla extraña entre pólvora y un raro aroma a frambuesas y mujer.

-¿Mujer? -Vergil alzó la ceja derecha, pero luego pensó: -"Habrá de ser aquella mujer cuya apariencia es como la de Eva."

Pasó su mano derecha por su cara y mantuvo sus ojos cerrados por un momento, mientras pensaba en donde podria ubicarse su rebelde gemelo. Sentía incontrolables ganas de barrer con todo lo que encontrara a su paso y desquitarse con el primer desgraciado que tuviera en frente; después miró a la gata que aún seguía moviéndose alrdededor, totalmente inquieta y con una carita de confusión al no haber hallado al otro semi-demonio en el lugar. Y una idea perversa se manifestó en su mente; era la culpa de ella, si ésa mujer no hubiese compartido su travesía con él, probablemente habría llegado a tiempo para poder vengar su anterior derrota, haciendo rodar en el suelo la albina cabeza de Dante. Estrujó el mango de Muramasa, y luego apretó fuertemente sus dientes como si eso le ayudara a canalizar mejor su ira. Era la hora de la golpiza semanal a la pequeña felina, después de todo, hacía mucho que ella no recibía alguna, así que estimó había llegado el momento de hacerle notar que para él, era solo peso muerto y un estorbo en su vida. Se decidió finalmente a dar un par de pasos y estiró su mano izquierda para tomarla de uno de sus cabellos celestes y por éste, jalarla hacia si mismo y así, la vida de Felicia se apagaría en sus manos...:

-¡Hey! -Exclamó ella dándose vuelta de forma repentina y tomando entre sus blanquecinas patitas la mano del chico que, misteriosamente para ella, estaba estirada hacia su dirección; el rostro de sorpresa que poseía Vergil no tenía precio en ése entonces. El chico de la gabardina color cielo abrió sus ojos, quedando su mente en blanco tras el sorpresivo actuar de la gatita. -¿Y esa cara? -Ella se puso de puntas para observar detenidamente la expresión del gemelo de Dante, notando un cambio en su mirada. Ella se había dado cuenta de que en éste último tiempo algo había estado transformándose en el interior del híbrido. Era algo que a Felicia le era imposible explicar con palabras, pero aquellos luceros habían dejado ver un resplandor único cuando sus miradas se cruzaban y le transmitían un ligero rayo de esperanza de que quizás, sólo quizás, ella sería capaz de salvar su alma y mostrarle el camino de la luz. Sin mencionar que aquel inesperado brillo le provocaba una agradable emoción, causándole bienestar infinito.
-¿C-Cara de qué? -Él interrumpió sus pensamientos, con su cara aún llena de sorpresa, pero sin alejarse de la chica ni liberarse de su agarre tan tímido.
-Ah, creo que entiendo. -Dijo Felicia frunciendo un poco el ceño. -Debes estar cansado. -Movió su colita y sin esperar respuesta del mayor, removió entre los escombros, buscando algo en especial, hasra que su rostro se iluminó de alegría al encontrarlo. -¡Ta-dá! -Gritó emocionada enseñándole un colchón algo sucio que descansaba bajo algunos trozos de pared.
-Ni muerto duermo en esa cama. -Sentenció inexpresivo, ésta vez, al sacar por lógica que aquella era la cama de su hermano desaparecido.
-Vergil... -Ella se cruzó de brazos. -Siempre te obedezco, ¿Por qué no me haces caso ésta vez? -Se colocó ahora las manos en la cintura, y le dijo que ya era suficiente por ahora, siempre ella era la que debía obedecer, le explicó que le dolía verlo tan agotado, siempre de aquí para allá sin nunca descansar, y que nada sacaba con esforzarce en encontrar a su hermano si a la hora del enfrentamiento -algo que ella esperaba jamás ocurriera- él podría fácilmente ser derrotado en su estado de fatiga tan preocupante para ella.

Esas fueron sus palabras, y antes de que Vergil pudiera siquiera dejar ver una objeción o notificar algun gesto de desacuerdo, ella le dio la espalda y se fue en dirección a otro sitio.

-Veré si puedo conseguir algo de comida con el poco dinero que logré rescatar de entre desperdicios del horfanato. -Dijo Felicia mientras avanzaba sosteniendo una diminuta bolsa café que siempre traía consigo amarrada al cuello desde aquel fatídico dia, en el que perdió a sus personas más valiosas, pero en aquella misma jornada, había conocido a alguien que había, irremediablemente y de una extraña manera, cautivado su corazón abatido por las desgracias. -¡Volveré pronto! -Le dijo despidiéndose con la mano derecha a un reservado Vergil.

Éste último la vio desaparecer entre unas casas cercanas que, habían sido desabitadas luego del desastre en "Devil May Cry" y repugnado observó la cama de Dante, le dolía admitirlo, pero esa suavidad y esa superficie blanda lo llamaban con tanta gentileza a descansar en los brazos de Morfeo le incitaron a arrodillarse y sacudir las asperezas y suciedades que habían caído sobre ella. Sin soltar a Muramasa, se recostó en el colchón relleno de suaves plumas y a los pocos minutos, mientras el sol comenzaba a aparecer entre las montañas para dar comienzo a un nuevo día.

A lo lejos, la pequeña Felicia miraba molesta a los alrededores, todas las tiendas estaban cerradas y los demás hogares desabitados, era como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para irse de vacaciones. Estaba tan molesta que quería gritar, pero simplemente tragó su amargura y siguió caminando por las desiertas calles con la diminuta sensación de seguridad de encontrar a un buen samaritano que le proporcionara víveres. Sin embargo, ella no sabía que desde la llegada de Akuma, todas las personas mortales e indefensas huyeron del sitio, lo más pronto posible, puesto que la llegada de un demonio de tal magnitud para ellos sólo significó un augurio de malos tiempos y un amargo porvenir.

-Jo... Comienzo a creer que no encontraré nada. -Felicia bajó sus ojos tristes, cerrándolos en un gesto de resignación ante su mala suerte, pero entonces, un extraño olor invadió el aire; era un olor que ella nunca había sentido con anterioridad y se le hizo de lo más desagradable, no era un hedor putrefacto, pero había algo que le traía mala espina. Y antes de que pudiera reaccionar, un misterioso hombre de negras vestiduras y de cubierto rostro estaba a sus espaldas, a unos cuantos metros.

Aquel la miró sonriente por el espacio de su antifaz:

-Vaya, vaya, vaya... Me he encontrado a una linda gatita. -Éste se relamió lujurioso. -El jefe me dijo que tenia que encontrar a una jovencita de tu descripción, pero no creí que estuvieses tan buena.
-¡Argh! -La más baja se echó un poco hacia atrás, dando un par de pasos y sacó sus garras ante él. -¿Qué quieres? A menos que tengas algo para comer no me interesa hablar con alguien tan despreciable como tú. -Dictaminó Felicia, colocándose en posición de pelea, sabía que con un hombre de esa calaña había que quitárselo de encima usando la fuerza, con simples palabras no la dejaría tranquila. -No me interesa lo que haya dicho tu jefe, te aconsejo que me dejes sola, no me gusta hablar con extraños.

El misterioso hombre sólo rió malvadamente, y antes de que ella pudiera reaccionar si quiera, éste sacó de entre sus oscuras prendas una pequeña botella de aluminio, la cual cayó a sus pies. Ella movió sus orejas sin comprender, pero lo hizo cuando fue demasiado tarde, el "proyectil" aparentemente inofensivo explotó ante ella, dejando ver un denso humo violeta que cubrió su vista y le hizo gritar del dolor. Aquel extraño vaho de desagradable hedor le había irritado los ojos, hasta el punto de hacerla derramar algunas lágrimas debido al ardor y se vio obligada a cerrarlos, mientras su respiración se entorpecía. Y antes de que la pobre pudiese siquiera defenserse, sintió un golpe en su cuello, la cual la hizo caer a tierra, cuan larga era, para luego ser llevada por el extraño malhechor, el cual reía saboreando la deliciosa recompensa que su superior le daría a cambio de esa bella fémina.

Y una vez esa purpúrea neblina se disipó, ellos ya se habían esfumado y sin dejar rastro alguno.

-¿Hu? -Vergil se sentó de golpe en el futón y rascó sus pálidos cabellos mirando al horizonte, y miró a su alrededor, notando que aún estaba solo. Ésto lo sorprendió en parte, ya que, mirar el cielo, notó como el sol se ocultaba nuevamente, para dar paso a la oscura noche, pudo concluir que había pasado un buen rato desde que había tomado un merecido descando, pero lo que realmente le hizo escozor en su ser fue el no sentir cerca la presencia de la joven de cabellos celestes. En otras ocasiones le hubiese dado igual, pero al dar un par de pasos lejos del sitio y después de mirar de nueva cuenta a todos lados, comprobó que, efectivamente, la muchacha lo había dejado solo, él no pudo percibirla, tampoco pudo sentir en el aire el característico y femenino aroma que emanaba de su piel.

Caminó un poco más a prisa por el sendero de una de las desiertas calles, las cuales estaban llenas de basura en descomposición y cuyos hogares parecían casas embrujadas debido al avanzado estado de abandono en el que se encontraban los edificios. Con su mirada despectiva, se movía de un lado para otro, acomodando su gabardina azulina y fijándose en el más minimo detalle que pudiese darle una pista de la felina; se engañaba a sí mismo, queriendo creer que para él, esa mujer era no era más que una cosa irrelevante y que podía privarse de ella y su vida seguiría tranquila su curso, tal como él deseó. Intentó buscar alivio en aquellos pensamientos, pero algo en lo más recóndito de su lado humano no le permitía conseguir esa anhelada sensación de relajo que tanto había ansiado tener sin Felicia "estorbándole".

Su expresión cambió a una de molestia una vez hubo recorrido casi todo el sitio, y un dejo de sorpresa se manifestó en su cara cuando vio en el suelo el diminuto saco con monedas en su interior que Felicia portaba antes de marcharse. Lo sostuvo con su mano derecha y lo miró algo indiferente, sin embargo, al percatarse de que el frasco de una nociva bomba de humo yacía cerca, logró despertar algo en su interior; algo llamado "angustia".

Dio un brinco en el aire y aterrizó sobre un edificio con mucha facilidad, comenzando a saltar con gracia sobre los techos y con mucha ligereza, como si fuese un travieso felino; su mirada yacía fría y su cara mostraba esa característica marca propia de chico frío, pero en el fuero interno de su cuerpo reinaba la preocupación y la molesta sensación desoladora de la incertidumbre; sin darse cuenta se hallaba buscando a la jovencita Felicia, la cual parecía haber sido tragada por la tierra.

"Huyó de mí, es lo más seguro. Ninguna persona en su sano juicio estaría con alguien como yo..."

Nadie estaba a salvo con un ser como él, a esa conclusión había llegado. Y era evidentemente el pensamiento más válido y factible que fue capaz de reconstruir su mente al recordar los momentos poco gratos que él le había hecho vivir a Felicia, pero aún seguía dudoso; ella pudo escapar en más de una ocasión, ¿Por qué lo haría ahora?, ¿Por qué no antes? ¿Por qué siguió siempre a su lado a pesar de lo malvado que llegó a ser con ella?

-Pero, ¿Qué...? -Se detuvo de pronto al sentir un bullicioso zumbido atrás de él y notó una figura familiar en el aire cruzando los cielos, con aire grandilocuente se acercó hasta su ubicación volando velozmente hasta detenerse sobre su cabeza; aquella figura se cruzó de brazos y rió sonoramente, haciendo que Vergil levantara una ceja algo encabronado. -Tú de nuevo... ¿Qué te causa tanta gracia? ¿O fuiste considerado conmigo y viniste a que te matara? -Y diciendo ésto, dejó ver a su preciada katana. -Pues, te agradezco el ahorrarme el trabajo. -Sonrió de medio lado, pero su sonrisa cambia a una de asombro al sentir el impacto de un potente haz de luz que su enemigo emanó desde su pecho, haciéndole una profunda herida en el hombro. El hijo de Sparda tastabilló adolorido y cayó desde el borde del edificio al vacío, más, su sorpresa se incrementó el triple al sentir la mano de su atacante sujetarle del brazo, para llevarle con delicadeza a la seguridad del suelo.

-Te distrajiste. jovencito. -Le dijo Tony Stark, dejando a la vista su rostro, desde la armadura y sonriéndole con sorna. -¡Nah! A quién engaño, el que ha mejorado soy yo, desde nuestro último encuentro he mejorado mi apreciada armadura, nada que la tecnología STARK no pueda superar. -Dijo ésto mirando sus uñas con aire arrogante, pero abrió sus ojos sorprendidos al notar que Vergil ya estaba caminando a una considerable distancia contraria a su ubicación, dejándolo hablar solo. -¡Oye! ¡Oye! -Le invocó Ironman flotando leve pero velozmente hasta el albino, el cual sujetaba su hombro herido, borboteante del espeso líquido rojo, estaba tranquilo, sabía que la herida cerraría pronto. En esos momentos, aquella lesión y el "Bla, bla, bla" de aquel "anciano" era lo que menos le interesaba. -Es de mala educación dejar a los demás hablando solo.
-¿Me ves preocupado? Tengo mejores cosas que hacer, se me escapó un gato. -Dijo sin mirarlo a los ojos y sin dejar de caminar.
-Ah, ¿Hablas de la hermosa gatita que iba a tu lado? -Le preguntó Tony mientras se rascaba la barbilla. -Me pregunto cuál sería tu expresión si te digo que yo sé dónde está... -Dijo intrigante, para luego ver como el más joven se detenía de súbito y le miraba absorto con una mezcla de enojo y sorpresa. -Ajá, así que esa cara pondrías. -Le dijo sonriendo mientras aterrizaba suavemente al costado izquierdo de Vergil.

-Yo no creeré tus mentiras. -Dijo éste último para luego seguir caminando, pero Ironman le habló a demás de otra amenaza hacia su persona.
-Descubrí, a demás del paradero de tu "amiga", algo que te incumbe. -Volvió a moverse suavemente en el aire al lado de Vergil mientras éste seguía andando, impasible, sabiendo disimular bien el hecho de que estaba interesado. -Un hombre, un criminal experimentado en el bioterrorismo que se creía muerto ha aparecido, bajo la protección del poderoso mutante Magneto...

-Pfff... -Exhaló Vergil al oír eso, no había nadie más poderoso que él.

-Y uno de sus planes es, para perfeccionar su preciado virus "Uroboros" era el robar la sangre de un ser sobrenatural, pero no cualquier ente, sino de alguien de tu estirpe. -Y diciendo ésto, se colocó ante el muchacho, obligándolo a detenerse. -Lo único que puede potenciar el corrosivo poder de aquel germen tan nocivo es la sangre de un demonio, un demonio como tú. -Anthony hizo una pausa, y al hacerse más evidente la fascinación del chico hacia el tema, prosiguió serio. -Alber Wesker, trabajó para la exterminada compañía Umbrella, y se especializó en el bioterrorismo con el fin de dominar el mundo; su ego alcanzó niveles extraordinarios, tanto como su ingenio... (Aunque no tan elevado como el mío, claro) y consiguió derrocar a sus superiores con tal de conseguir sus horribles fines. Se le dio por muerto una vez ocurrió el horrible atentado en África del cual él fue el responsable, pero por motivos que se desconocen... Le encontramos vivo, y en un refugio no muy lejos de ésta ubicación. -Dijo mirando en dirección oeste desde donde estaban. -No pudo soportar su última derrota y se propuso perfeccionar su creación a como de lugar...Y descubrimos que, entre una de sus miles de investigaciones...Dio con un elemento compatible para hacer casi invensible a su virus... -Y diciendo ésto le tocó el hombro. -Tu sangre maligna que él ansía más que a nada ahora.

Vergil frunció el ceño y bruscamente se soltó del tacto del hombre:

-¿Y qué tiene que ver Felicia con todo eso?

-Carnada. -Respondió Ironman. -Al parecer, Wesker envió a uno de sus "perros falderos" a vigilar tus movimientos, y creo que tu lazo con la pequeña fue algo muy relevante para ellos.

-¿Lazo? ¿Qué lazo? Eso no me interesa, si hay un idiota que cree que podrá superarme o que tiene la infantil creencia de que podrá tocarme siquiera, debo demostrarle que no por nada soy el hijo del legendario Caballero Sparda. -Dijo ésto mientras pasaba ególatramente su mano por sus níveos cabellos. -Ella solo es mi sirviente, no significa nada para mi.

Anthony le miró incrédulo y rió a sus adentros; los ojos del muchacho revelaron que esas últimas palabras fueron una completa mentira:

-Perfecto, entonces, ¿Me acompañas a patearle el trasero a ese tonto? -Dijo ocultando de nuevo su rostro tras la metálica máscara. -Mis compañeros están allá donde Wesker se mantuvo oculto, y verás, no quiero dejarles solos mucho tiempo, sin mi no son nada.
-¿Y qué quieres a cambio de ésta información? -Preguntó Vergil aún en su faceta seria.

-¿Yo? -Preguntó ahora Ironman. -Yo no quiero nada a cambio, tengo todo lo que un ser humano podría desear: Dinero, mujeres, una armadura increíble... Soy feliz como soy. -Rió después de decir aquello. -Simplemente me gusta hacer el bien.

-¿Hacer el bien? Qué pérdida de tiempo, pero bueno, eso no quiere decir que dejaré que me arrebaten mi sangre, la cual es el motivo de mi orgullo. -Dijo comenzando a caminar nuevamente.
-¿Y la gatita? -Preguntó Tony, para luego ver, anonadado, como el joven cambiaba de apariencia ala de un animal grotesco como una gárgola, de piel oscura y alas ásperas; él dejó ver su Devil Trigger ante el hombre de acero.

-No me importa esa mujer. -Dijo batiendo sus alas y emprendiendo el vuelo hacia los cielos, obligando a Ironman a apresurar su ascenso. -El poder absoluto he de conseguirlo sólo, puedes quedártela si gustas, a mí me da igual.
-Oh, bueno, ¡Nada que hacer! -Exclamó Ironman sonriendo bajo la máscara, ya planeando su cita con la jovencita de cabellera celeste. -Que conste, que me diste luz verde con la jovencita y eso no lo olvidaré, aunque aún recuerdo lo celoso que te pusiste cuando bailé con ella. -Dijo al recordar la mirada asesina de Vergil en esos momentos una vez se manifestó ante él por ver primera.
-¿Celos? Yo no sé que es eso, tú lo hiciste para provocar mi ira, barbudo. -Le dijo Vergil sin mirarlo a los ojos.

-...-El pelinegro lo miró desde una altura más inferior. -Yo ni siquiera sabía que estabas ahí.

-En fin, no hay tiempo que perder. -Dijo Vergil, finalizando con la conversación.

Y después de eso, ambos ya estaban llegando hacia uno de los lugares más oscuros y recónditos de la ciudad, en cuyo subterráneo, se llevaba una de las miles de batallas entre el bien y el mal, encontrándose nuevamente.