Capítulo 2:
Kate paró un taxi nada más salir del loft de Castle, sacó el móvil del bolso y empezó a contestar mensajes, primero a Ryan, en principio para darle las gracias por salvarle la vida y luego para tranquilizarlo, asegurándole que todo estaba bien entre ellos y que ella también estaba bien, que no se preocupase.
Luego le tocó el turno a Esposito, también le dio las gracias por haber ido con ella sin importarle nada más, se disculpó por el marrón en que lo había metido, y también le pidió que no se preocupase por ella aduciendo que estaba mejor que nunca.
Para cuando le tocó el turno a Lanie, ya había llegado a su casa, así que esperó hasta estar tranquilamente sentada en su sofá para escribir el mensaje. Se disculpó por no haberse puesto en contacto con ella, y también al igual que a sus amigos, le pidió que no se preocupase, le dijo que estaba bien y que ya la llamaría para hablar con ella.
Enseguida recibió un mensaje de contestación de su amiga, que le decía que iba a llamarla y que ni se atreviese a no contestarle. Enseguida le sonó el móvil, dejó que diera un par de llamadas y contestó.
-¡Hola Lanie! Antes de que me eches la bronca, perdona por no avisarte y…
Su amiga no la dejó seguir.
-Pero, ¿tú sabes lo preocupada que estábamos por ti? – le increpó molesta – viene Javi y me cuenta todo lo que ha pasado, primero que el chico escritor te abandona, luego que casi te matan otra vez, que Gates os ha suspendido, y que encima vas tú y dimites, y luego desapareces del mapa, creímos que te habría pasado algo.
-Lo siento, lo siento, Lanie de verdad, perdona por no avisar, y por no estar pendiente del teléfono, pero necesitaba pensar y estar sola.
-Llegamos a pensar que te habrías emborrachado y estrellado por ahí con el coche, cuando no te localizamos en tu casa, incluso empezamos a llamar a los hospitales, Kate, no vuelvas a hacerme esto nunca más.
-De verdad que lo siento Lanie, pero ya pasó, ya todo está bien.
-¿Has dejado el cuerpo y dices que todo está bien? – preguntó dudosa – no te creo ¿sabes?
-Pues créetelo, anoche tomé la mejor decisión de mi vida, y puedo asegurarte que estoy feliz.
-¡Ay, Dios, Kate!, ¿Qué has hecho?, y ¿Dónde estás?
-Tranquila, estoy bien y estoy en casa.
-Pues ni te muevas de ahí, Kate Becket, hoy no tengo clientes, así que estoy ahí en media hora.
-Pero Lanie – protestó Kate – no hace falta que vengas.
-No te hará falta a ti, ingrata – le recriminó su amiga – yo necesito saber que realmente estás bien – y sin más palabras le colgó el teléfono.
Kate suspiró, no iba a tener más remedio que contarle todo a Lanie, era la persona más intuitiva que conocía, y ella estaba más que segura que le iba a notar lo que había pasado con Castle. Y hablando de Castle, se dio cuenta que mientras hablaba con su amiga, le había entrado un mensaje de él, donde le decía lo que ya la echaba de menos. Sonrió al leerlo, ella también lo añoraba. Decidió llamarlo, enseguida le contestó.
-¿Tú también me echas de menos? – le dijo por todo saludo.
-Mucho, ¿Qué haces?
-Haciendo como que escribo, no puedo dejar de pensar en ti – le dijo mimoso – y tú, ¿Qué haces?
-Esperando al huracán Lanie.
Y le puso al corriente de lo que había pasado con su amiga.
-¿Te importa si le cuento lo nuestro? – le preguntó indecisa.
-¿Te importa a ti? – le respondió él, encantado al oírla decir "lo nuestro"
-Supongo que no, es mi amiga, y estoy segura de que lo adivina, aunque no le dijera nada.
-Sabes que yo lo gritaría a los cuatro vientos…
-Si ya sé que si por ti fuera, seríamos portada del New York Times, pero de momento con que lo sepan Lanie y tu familia, me conformo.
-Kate, Alexis acaba de levantarse y quisiera hablar con ella – le dijo Rick que había escuchado a su hija bajar a la cocina y trastear en el frigorífico – te llamo luego y vemos que hacemos esta noche, ¿vale?
-De acuerdo, Lanie también estará al llegar, un beso – le dijo con cierta timidez.
-Otro para ti – respondió él, antes de colgar.
Rick se levantó de su escritorio y se dirigió a la cocina, donde una Alexis en pijama, bebía con avidez un vaso de zumo.
-¿Descansaste? – le preguntó mientras la besaba en la mejilla.
-Sí, he dormido un rato, ¿ya se fue Becket? – preguntó curiosa.
-Se marchó a su casa, para coger ropa y eso…
-¿Va a venir esta noche? – le preguntó a su padre.
-La verdad es que aún no hemos pensado que vamos a hacer.
-Invítala a cenar – le dijo su hija con decisión – pero que sea aquí en casa, sigo demasiado cansada para salir.
-¿Quieres cenar con nosotros? – le preguntó dudoso.
-Pues claro, estoy deseando veros juntos.
-Entonces, ¿no te molesta que esté con ella?
-Si me molestara, ¿la dejarías?
-¿Quieres que la deje? – preguntó alarmado.
-Eres tu quien tiene que tomar tus propias decisiones, ya eres mayorcito.
Rick no pudo evitar suspirar de puro alivio.
-¿Papá?
-Dime hija.
-¿Eres feliz?
-Inmensamente.
-Pues si eres feliz, a mí me basta con eso, aunque no me importaría que me contases como pasó todo.
-¿Todo? – preguntó asustado.
-Solo las partes aptas para oídos de hijas – le respondió a su padre con una sonrisa.
Rick invitó a su hija a que lo acompañara a sentarse en el sofá y se dispuso a contarle como llegó Kate a la casa la noche anterior.
-Menuda sorpresa te llevarías cuando apareció por aquí, ¿eh? – lo interrumpió su hija a mitad del relato – tanto tiempo babeando por ella y ¡zas! Va y se aparece de repente.
-Un poquito de respeto por tu padre no estaría de más, ¿sabes?
-Si yo te respeto mucho papá, pero llevas babeando por la inspectora Becket desde que la conociste.
-Es cierto – dijo él con resignación, todo el mundo lo había notado menos ella.
Le siguió contando a su hija, hasta que esta lo interrumpió de nuevo.
-¿Becket ha dimitido? – preguntó una asombrada Alexis.
-Eso parece, pero creo que será mejor esperar a que pasen unos días y que digiera todo lo que ha pasado.
-¡Vaya, pues sí que le ha dado fuerte! – y mirando a su padre – me alegraría mucho saber que los dos estáis lejos del peligro, pero hasta que no sea seguro lo de la dimisión de Becket, no voy a alegrarme por ello, siento ser desconfiada, pero no me la imagino de otra cosa que no sea poli.
-¿Sabes que yo también? – coincidió con ella su padre – pero habrá que esperar a ver qué pasa.
-Solo prométeme que cuando volváis a la comisaría seréis muy cuidadosos, los dos – y ahora subo a ducharme y a hablar por teléfono – y levantándose le dio un beso a su padre y se dirigió a las escaleras.
En casa de Kate, Lanie ya había llegado e interrogaba a su amiga como si de un tercer grado se tratase.
-Por favor Lanie, solo te falta apuntarme con un foco de luz a los ojos y amenazarme con torturarme.
-No me des ideas, Kate, no me des ideas.
-Solo ha sido una noche, hemos pasado días, que digo días, semanas, sin saber la una de la otra, y no te has preocupado tanto – dijo Kate exasperada.
-Fue por las circunstancias en que desapareciste, una no está a punto de morir y dimite todos los días – dijo su amiga molesta – y ahora ¿vas a decirme donde te escondiste anoche?... y no me digas que con tu padre, que ya sé que está fuera de la ciudad.
-¡Está bien! – dijo con resignación – pero prométeme que no vas a decirle nada a nadie, ni siquiera a Javi.
-¿Y que tengo yo que ver con Javi? – intentó disimular la forense – él solo me llamó porque estaba preocupado y pensó que estarías conmigo.
Kate la miró con cara de incredulidad.
-No me mires así y cuenta… y si, no le voy a contar nada a nadie.
-Estuve en casa de Castle.
-Javi me dijo que Castle no estuvo con vosotros y que ya no estaba en el equipo. ¿Qué ocurrió Kate?
Dando un suspiro, empezó a contarle a su amiga todo lo ocurrido en los últimos días, e incluso le contó la declaración de amor por parte de Castle cuando le dispararon.
-¿El chico escritor te dijo que te quería y tú lo ignoraste durante todo ese tiempo? – la interrumpió.
-Sí, pero tenía mis razones…
Y le siguió contando, que no estaba preparada, y todo el resto de la historia hasta que acabó la noche anterior en casa del escritor suplicándole perdón, y diciéndole que lo quería.
-Entonces, ¿ya? – le preguntó ansiosa.
-Ya, ¿Qué? – preguntó Kate.
-Hija que lenta eres a veces para algunas cosas, que si ya te has acostado con él.
-¿Importaría eso mucho? – dijo haciéndose la interesante.
-¿Qué si importaría? – preguntó Lanie con exasperación – ¿tú qué crees guapa?, ¿Cuántos años lleváis reprimiéndoos?... ¿mil?
-Pues si Lanie, para tu absoluta tranquilidad, Castle y yo nos acostamos anoche – dijo Kate.
-¡Bieeeeeennnn, gracias Dios! – gritó Lanie levantando las manos hacia el cielo y asustándola – ya era hora, ¿Cuántas veces lo hicisteis?, ¿qué tal estuvo?, y lo más importante, ¿Está bien dotado?, ¡Ah! y, ¿Cómo es ese culo al natural?
-No voy a contarte eso – protestó – forma parte de mi intimidad.
-O me lo cuentas, o le cuento todo, a todo el mundo.
-No serias capaz.
-¿Qué no?, no me pongas a prueba, además me lo debes.
-¿Qué te lo debo?
-Si, por el susto de anoche, venga desembucha.
-De acuerdo, dos, fue maravilloso, extraordinariamente bien y espectacular.
-Lo sabía – gritó su amiga abrazándola – me alegro, Kate, me alegro mucho, ya era hora que te decidieras a vivir tu vida.
-Gracias Lanie, la verdad es que me siento muy bien, estoy feliz.
-¿Y la comisaría?, ¿No vas a volver?, ¿Qué vas a hacer ahora?
-Voy a vivir Lanie, voy a disfrutar de estar con Castle y no, no voy a volver, ya lo sabes, he dimitido. De momento voy a descansar y ya veré que es lo que hago con mi vida.
-Muy bien, te lo mereces amiga, vas a ser muy feliz. Y ahora que ya he satisfecho mi curiosidad, debo volver al trabajo – le dijo su amiga – seguimos en contacto.
Y tal como había venido, se fue.
-¡Uf! – se dijo Kate agotada – prueba superada.
Cogió el teléfono para llamarlo. Quería estar con él, besarlo, tocarlo, hacer el amor. Marcó su número.
-¡Hola! – le respondió él, que había descolgado enseguida.
-¡Hola! – le contestó ella que ansiaba oír su voz.
-¿Vienes a cenar a casa?, Alexis me pidió que te invitase y no le apetecía salir, alega que aún está cansada, ¿Te importa que cenemos aquí?, pensaba pedir comida tailandesa a ese restaurante que te gusta tanto.
-Me parece una idea estupenda – dijo ella no muy convencida, pues realmente no le apetecía mucho cenar con Alexis – me arreglo y en un rato estoy allí.
-¿Kate?
-¿Sí?
-Puedes traerte ropa y eso, si quieres.
-Vale, ya había pensado dejar cosas allí… tu puedes dejar las tuyas aquí otro día.
-Genial.
-Voy a preparar una bolsa. Ahora nos vemos.
-Ya estoy contando los minutos que quedan para que vengas.
Tal como había dicho, preparó una bolsa con varias mudas de ropa, un pijama, ropa interior y útiles de aseo, aunque la verdad es que la casa de Castle estaba muy bien surtida.
Se cambió de ropa y dobló la de Alexis para devolvérsela. Cogió sus cosas, las llaves del coche y se dirigió a casa de Castle.
-Cuando llegó, fue Alexis quien le abrió la puerta.
-Buenas noches inspectora Becket – la saludó formal.
-Buenas noches a ti también Alexis, por cierto, me gustaría que me llamaras Kate.
-Vale, pero como mi padre te dice Becket y tú a él Castle, pensé que deberíamos llamarnos por el apellido, por cierto, yo soy Rodgers – dijo la pelirroja muy seria.
Kate la miró perpleja y Alexis no pudo aguantar más la risa.
-Es broma Beck…, perdón Kate, pero es que me llama mucho la atención que con el tiempo que hace que os conocéis y después de lo que habéis pasado juntos, todavía os llaméis por el apellido – le dijo sonriente – ven al comedor la mesa ya está puesta y la comida estará al llegar, papá está en la ducha.
Al ver que llevaba una bolsa de viaje, le dijo.
-A lo mejor quieres pasar al cuarto y dejar allí tus cosas.
-Gracias, creo que es lo mejor.
Entró a la habitación del escritor. La puerta del baño estaba entreabierta y se oía el ruido del agua correr. Le entraron unas enormes ganas de pasar al baño con él, pero se contuvo y después de dejar la bolsa sobre la cama, volvió al comedor.
Justo en ese momento llamaron a la puerta. Alexis abrió y recibió la comida que dejó sobre la encimera de la cocina. Kate se acercó hasta allí y le preguntó si necesitaba ayuda. La chica sacó varias fuentes y entre las dos dispusieron los diferentes alimentos y los fueron llevando hasta la mesa.
-Esto huele de maravilla – dijo Kate – no me he dado cuenta del hambre que tenía hasta que no hemos empezado a abrir las bolsas.
-No conocía este restaurante, pero un par de veces con papá pedimos comida y la verdad es que está buenísima, y es cierto, huele de maravilla.
Apareció en ese momento Castle, a Kate casi se le corta la respiración de lo guapo que estaba. Pantalón vaquero muy desgatado, casi celeste, con un roto en una rodilla, polo azul marino, pelo mojado y bien peinado y oliendo a gloria. Al menos eso le pareció a ella, que dejó de oler la comida, porque sus sentidos se impregnaron de la loción que había usado.
-¡Hola! – la saludó alegre, dándole un beso en la mejilla – no sabía que ya había llegado.
-Hace solo un ratito – dijo ella sin poder evitar aspirar su olor y mirándolo a los ojos.
-Me alegro mucho de volver a verte – le dijo él sosteniéndole la mirada. En ese momento no existía nadie más en el mundo que ellos dos.
Alexis los miraba sin decir nada, se estaba arrepintiendo de haberse invitado a cenar con ellos, pues era obvio que allí sobraba. Había tal corriente de magnetismo entre los dos, que en cualquier momento podrían saltar chispas.
Pero como tenía hambre y unas poquitas ganas de incordiar, interrumpió el momento, con una sonrisa alegre y una pregunta:
-¿Qué?, ¿Comemos?, porque yo estoy que me muero de hambre.
Acababa de romperse la magia.
-Sí, claro que sí – dijo Castle – voy por una botella de vino – y se dirigió a la cocina por ella.
Cuando se sentó a la mesa, llenó primero la copa de Kate y luego dirigiéndose a su hija, le preguntó si ella iba a querer.
-¿Me estás dejando beber vino papá?, ¿Quieres emborracharme para que no os moleste?
-Bueno, ya tienes dieciocho años, que bien que me lo repites para otras cosas, pensé que te gustaría probar un poco.
-Bueno – dijo alegre – ¡por que no!
Castle le sirvió una copa a su hija, y luego se sirvió él. Empezaron a hablar de varias cosas, Kate le preguntó a Alexis por su discurso de graduación, pero antes de que la chica pudiese responder, intervino Castle, diciendo que guardaba una copia y que después se la daba a leer.
Alexis les contó sobre lo bien que lo había pasado y sobre el chico encantador que había conocido. Pidió permiso a su padre para irse a Los Hamptons con su abuela, aduciendo que sus amigas, que también tenían casas por la zona estarían allí, pero omitiendo que Zach, también veraneaba en el lugar y que esa tarde habían quedado para seguir viéndose allí.
Kate los observaba alternativamente y mientras más se fijaba, más parecido veía entre padre e hija, sobre todo en ese inteligente sentido del humor tan característico de Castle, que después de un par de bromas, pudo comprobar que había heredado su hija.
Cenaron tranquilamente, aparentemente, porque Kate no terminaba de encontrarse a gusto. Castle estaba en su salsa, la miraba con cariño, la tomaba de la mano, se la acariciaba, ella también lo miraba con inmenso amor, pero cada vez que el pasaba de una mirada a una demostración de afecto más personal, como alguna caricia o beso, ella se cohibía y se negaba, sencillamente no le salía, le costaba un mundo devolverle las atenciones delante de Alexis.
Por su parte ésta, se mostraba alucinada, ver a su padre y a Kate interactuar, a pesar del evidente apuro de ella era como ver una escena de Crepúsculo pero sin vampiros, parecían dos adolescentes y lo que más gracia le hacía era que la implacable e intachable inspectora Becket estaba como una gelatina.
No se pudo callar, la verdad es que estaba disfrutando:
-Becket, ¡uy!, perdón Kate, no paro de mirarte y no me lo puedo creer.
-¿No puedes creerte qué? – preguntó confundida.
-¡Estás nerviosa! – rio Alexis – pero, ¿Por qué?
-¿Estás nerviosa Becket? – preguntó también un sorprendido Castle.
-La verdad es que un poco, esta situación es tan nueva para mí…
-¿Nueva? – preguntó de nuevo Castle asombrado – ni que fuera tu primera vez.
-¡Castle! – casi gritó ella mirando alternativamente a padre e hija.
-Jajaja – rió la chica – es graciosísimo que os sigáis llamando por vuestros apellidos, y Castle ni siquiera es tu verdadero apellido – y levantándose y cogiendo su plato – me voy a mi cuarto, ¿necesitáis que os ayude a recoger?
-No hace falta cariño – le dijo su padre – solo son un par de platos y tirar los envases, ya me ocupo yo.
-Buenas noches – y besó la mejilla de su padre y a continuación la de una sorprendida Kate que no se lo esperaba – Buenas noches Kate.
-Buenas noches – contestaron al unísono.
Cuando Alexis desapareció escaleras arriba, Castle se levantó y recogió la mesa.
Luego le tendió la mano y le dijo:
-¡Ven!, quiero enseñarte algo.
-¿Adónde vamos? – preguntó apurada por subir a la planta superior, pensando que Alexis podría oírlos.
-A una parte de la casa que no conoces.
-¿No molestaremos a Alexis?
-Por supuesto que no, y tranquilízate que ella tampoco nos molestará a nosotros.
-Ella no me molesta – se apresuró a aclarar Kate.
-Lo sé, quise decir que no nos interrumpirá, pensé que cenáramos aquí, pero era un follón tener que subir todas las cosas.
Mientras hablaban, habían subido las escaleras al piso superior y se dirigieron hasta el final del pasillo hasta una puerta, que Rick abrió dando paso a otro tramo de escaleras.
La precedió al subirlas, y abrió otra puerta que daba paso a una azotea.
-¡Ven, pasa!, ¿Qué te parece? – le preguntó haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el lugar.
-¡Oh Castle!, es precioso – exclamó ella al ver la bonita azotea acondicionada con sombrillas, tumbonas, y muchas plantas – no tenía ni idea de que tenías esto.
-¿A qué mola?
-¿Cómo no me lo habías enseñado antes?
-Bueno, antes no era tan bonita, era solo una azotea, casi no la usábamos, hace un año o así a Alexis se le ocurrió que podríamos arreglarla, dijo que así podía tomar el sol en bikini – explicó – ahora tú también puedes venir a tomar el sol en bikini, o en top less, o sin bikini… ¡Ay! – dijo cuando ella le tiró de la oreja – que solo era una broma, que manía con tirarme de la oreja, cuando se me ponga una más grande que la otra y ya no te guste, me vas a tener que indemnizar, ¡Ayyy! – cuando ella le tiró de la otra.
-Eso para equilibrar y van creciendo las dos a la vez – dijo con una sonrisa.
-Me ha dolido, ¿sabes? – dijo con una lagrimilla saltada y poniendo cara de puchero, como un niño chico.
-Lo siento – dijo ella, pensando que se había pasado de la raya – ven y te curo.
Lo sentó en una de las tumbonas y ella se sentó encima de él, a horcajadas. Mientras enredaba sus manos en el pelo, le fue besando por toda la cara, la nariz, los párpados, la boca y luego se fue a una oreja y empezó a chuparla y darle besitos, mientras muy flojito le iba diciendo:
-Sana, sana culito de rana si no sanas hoy sanaras mañana – primero en una oreja y luego en la otra, hasta que él se separó y se dirigió a su boca.
Estuvieron así sentados un buen rato, mientras se besaban y se acariciaban. Cuando ella se separó se dejó caer sobre el pecho de él, que no dejaba de acariciarle la espalda.
-¡Te quiero, Kate, te quiero tanto!
-Y yo a ti, Castle.
-¿Sabes que no me importaría que de vez en cuando me llamaras por mi nombre?
-Y eso hago, Castle, eso hago.
Él dio el tema por zanjado y siguieron besándose, acariciándose y poniéndose muy, muy cariñosos, tanto que cierta parte de la anatomía de Castle empezó a crecer y a endurecerse. Al sentir como de animado se estaba poniendo él, ella se levantó y tomándolo de la mano, le dijo:
-Aquí no Castle, vamos a la cama.
Él no se hizo de rogar. Se levantó y los dos cogidos de la mano, hablando y riendo flojito, sin querer hacer mucho ruido para no molestar a Alexis, se fueron al dormitorio para terminar lo que habían empezado un rato antes en la terraza.
Él fue el primero que se despertó y al verla bocabajo dormida y con la sábana que solo le tapaba las nalgas, no pudo resistirse y empezó a darle tiernos besos por toda la espalda, por la que fue bajando hasta el trasero que descubrió levantando la sábana, para seguir por toda la extensión de sus piernas.
Ella llevaba despierta casi desde el principio, pero se sentía tan a gusto que lo dejaba hacer, hasta que no pudo resistirse y cuando volvía otra vez a los hombros, después de un completo recorrido por todo el cuerpo, se volvió para encontrarse con sus labios y devolverle el beso, que aceptó gustoso, pero él abandonó su boca, para dedicarse a besar sus pechos que ahora habían quedado expuestos ante él.
-Oye Kate – dijo entre beso y beso.
-¿Sí? – gimió ella.
-¿Dónde tienes el tatuaje? – le preguntó él, mientras seguía besándola – lo he buscado pero no doy con él.
-¿Qué tatuaje?
-¿Qué tatuaje va a ser?, el tuyo – dijo mirándola.
-Yo no tengo ningún tatuaje, es más, no me gustan los tatuajes.
-Pero tú me dijiste que tenías uno, y también un piercing – protestó él, ofuscado.
-Dios, Castle, ¿te crees todo lo que te digo? – rió ella.
-Si – dijo serio y enfadado.
-Era una broma – le dijo abrazándolo – ya sabes lo que me gusta hacerte rabiar, y si es por algo referente a Alexis, todavía más – dijo risueña.
-Dirás mejor, que te gusta hacerme sufrir – refunfuñó.
-Dime Castle, ¿Qué te ha dado más coraje, que no tenga tatuaje o que te haya engañado? – le preguntó sin poder evitar una sonrisa.
-Las dos cosas – dijo con un mohín de disgusto.
Kate se echó a reír, había puesto la misma cara que un crío que no se sale con la suya.
-No te enfades – y lo besó – te prometo que buscaré una forma de compensarte.
-¿De verdad? – preguntó con carita ilusionada.
-Palabra de girl scout – dijo ella muy seria.
-Otra vez te estás quedando conmigo, tú no has sido girl scout.
-¿Y quién te ha dicho que no?
En ese momento llamaron a la puerta.
-Papá, he preparado desayuno, os he oído hablar y por eso os aviso – dijo la pelirroja que ya se alejaba hacia la cocina sonriendo, pues había escuchado parte de la conversación.
-Me muero de hambre – dijo Kate que se levantó de la cama y empezó a vestirse – ¿Vienes?
-Ahora voy – dijo un Castle todavía un poco mosqueado – ve yendo tú.
-Como quieras.
En la cocina estaba Alexis, que le sonrió al verla.
-¡Buenos días Kate!
-¡Buenos días Alexis!
-¿Sigue enfadado?
-¿Nos has oído? – preguntó Kate apurada.
-Solo un poquito, no te preocupes, se le pasará pronto, ¿café?
-Si, por favor.
Apareció Castle, que le dio un beso a su hija, al darle su taza de café.
-Papá, he quedado con Paige para ir a Los Hamptons, ella va con sus padres y me han dicho que pueden dejarme en casa. Saldremos después del almuerzo – y con una sonrisa – así os quedáis solos.
-¿Has hablado con tu abuela?
-Si, ya sabe que llegaré por la tarde.
-Así le dará tiempo a recoger si ha hecho alguna macro fiesta de las que suele montar ella.
-No seas exagerado papá. Últimamente la abuela se está portando mejor.
-Si, será que se va haciendo mayor.
Kate asistía divertida a la conversación entre padre e hija.
-¿Puedo contarle lo vuestro? – preguntó Alexis de pronto,
-¿Puede? – le preguntó Rick a Kate.
-Bueno – dijo ella recelosa – por mí no hay inconveniente.
-Ya verás, se va a morir cuando se entere – dijo alegremente Alexis.
-¿Crees que le disgustará? – preguntó Kate preocupada.
-¿Disgustarle? – rio Alexis – la abuela es la presidenta de vuestro club de fans, le va a encantar la noticia cuando se entere.
-¡Ah bueno!, si es así me quedo más tranquila.
-Os dejo que voy a terminar de hacer la maleta.
Ellos siguieron desayunando.
-¿Qué te apetece hacer hoy? – le preguntó ella – ahora que dispongo de tiempo libre, no sé en que emplearlo.
-Lo que tú quieras.
-¿Sigues enfadado? – le preguntó con cautela.
-No, no estoy enfadado… y pensándolo mejor, como me debes una, yo organizo el día.
-¡Genial! – dijo ella sabiendo que cualquier cosa que él pensara seguro le iba a gustar – solo el hecho de estar con él era para ella un regalo.
CONTINUARÁ…
NOTA: Como habréis observado en esta historia Castle conserva su apellido oficial Rodgers, que es el que lleva su hija y utiliza Castle solo como nombre artístico. En la serie dan a entender que el cambia oficialmente su apellido siendo su hija Alexis Castle, pero por motivos de la historia yo lo he hecho de esta manera.
