Capítulo 2: La Dama Inglesa

Edgar Valtinas despertó con la cabeza doliéndole ligeramente y confundido, lo primero que vio fue a Kazemaru Ichirota dormido desnudo a su lado. Entonces notó que él también lo estaba, cubriéndose con la delgada manta del catre que apenas tenía espacio para ambos. Se incorporó y miró a su alrededor. Estaban en una especie de jaula cuadrada con paredes de cristal. Kazemaru y él no eran los únicos ahí, puedo ver en la jaula de su lado a Yuuto Kidou quien estaba rodeado de cámaras, acostado en el suelo sobre una mullida alfombra, tan desnudo como Kazemaru y él. En la jaula de su izquierda estaban tres de los chicos de Inazuma Japón, Tachimukai Yuuki, Shiro Fubuki y Goenji Shuuya, el catre de esta era más amplia y le daba cabida a los tres.

Directo frente a si tenía en la jaula a Fidio Aldena y a Angelo Cabrini, estos estaban inconscientes, pero Edgar pudo notar las cadenas en sus tobillos mientras los dos yacían acostados en el suelo acurrucados el uno contra el otro tal vez buscando inconscientemente algo de color.

A la derecha de ellos estaban los dos chicos que habían conocido ese día y que eran amigos de los chicos de Inazuma Japón, Midorikawa Ryuuji y Suzuno Fuusuke, y a la izquierda de Fidio y Angelo en otra jaula yacían Dylan Keith, Ichinose Kazuya y al otro chico que había conocido también hoy Afuro Terumi.

Edgar movió con suavidad a Kazemaru hasta que logró que este abriera sus ojos.

-¿Valtinas-san? -preguntó Kazemaru restregándose los ojitos. Fue en ese momento mientras su compañero se semi-incorporaba que Edgar recordó como habían llegado ahí.

Habían estado en una fiesta en casa de Yuuto Kidou. Se habían dividido en dos grupos. Varios de los chicos se habían ido a ver unas carreras de autos, pero como a ellos no les agradaban mucho los autos habían optado por una reunión en casa de Kidou que era la más grande para pasarla bien. Mientras se divertían bailando, riendo y comiendo habían entrado a la casa con brusquedad, habían tratado de defenderse, pero esa gente vestida con uniformes negros y mascaras de gas. Había tirado unas botellas de gases en la habitación y ellos habían caído inconscientes como fichas cayéndose del tablero sin poder oponer casi resistencia.

Kazemaru pareció notar su estado de desnudes por que se sonrojó y se tapó con la misma manta que Edgar.

-¿Recuerdas lo que pasó? -le preguntó el ingles. Kazemaru asintió poniéndose de nuevo pálido ante el recuerdo.

-¿A dónde nos trajeron? ¿Qué quieren con nosotros? -preguntó Kazemaru asustado.

-No lo sé, pero mantén la calma. Tenemos que mantener la calma, Kazemaru-kun -le dijo Edgar, este asintió evaluando todo a su alrededor viendo como él a los otros, pero mientras Kazemaru hacia eso Edgar notó un baúl en una esquina de la habitación. Armándose de valor se levantó desnudo de la cama y fue hasta este abriéndolo, para su alivio dentro había ropa pero el alivio no le duro mucho cuando notó que todos eran vestidos de mujer.

Kazemaru que también lo había notado se acercó envuelto en la manta y vio los vestidos.

-¿Qué significa esto? -preguntó el chico.

-Ni idea -gruñó Edgar, arto de las bromitas de que parecía una mujer sólo por su pelo largo. Rebuscó entre la ropa hasta encontrar lo menos femenino, una camisa de manga corta, lo suficientemente larga para llegarle a la mitad de los muslos color blanca con un ridículo corazón rojo que decía I Love NY. Siguió rebuscando hasta encontrar otra que le serviría a Kazemaru, esta era negra y con un dibujo de la torre Eiffel rodeada de fuegos artificiales.

-Pero eso es una camisa de niña -dijo Kazemaru sonrojado.

-Es lo menos rosa de todo esto, a menos que prefieras permanecer desnudo -le dijo Edgar con obviedad así que resignado Kazemaru tomó la camisa dejando caer la manta y se la puso.

En las jaulas de cristal alrededor de ellos empezó a haber movimiento, los chicos empezaban a despertar. Edgar pudo notar el sonrojo que cubrió a Kidou al verse desnudo y sin nada que cubrirse mientras usaba sus manos para cubrirse sus partes tratando de escapar de las cámaras que parecían estar por todos lados. Tachimukai y Shiro se veían asustados mientras se abrasaban al goleador de fuego en busca de tranquilidad, Goenji los abrazaba tratando de parecer tranquilo, pero en sus ojos se podía ver que estaba tan confundido y asustado como ellos.

Directo en frente de Edgar e Ichirota, Fidio y Angelo habían despertado, Angelo lloraba asustado mientras Fidio luchaba inútilmente por quitarse la cadena de su tobillo y a la misma vez trataba de consolar a Angelo diciéndole cosas al pequeño Cabrini como que todo estaría bien.

Al lado derecho de Fidio y Angelo, Midorikawa y Suzuno habían despertado y se miraban sonrojados con esas ropas de cuero, mientras al extremo izquierdo de Fidio y Angelo, Dylan, Afuro e Ichinose revisaban toda su jaula buscando inútilmente una salida.

-Chicos -les llamó Kazemaru golpeando el cristal, todos se voltearon a mirarle-. Mantengamos la calma -les pidió.

-¿Y Toramaru? -preguntó Kidou siendo el primero en notar su ausencia, el pequeño Toramaru Utsunomiya había estado con ellos en la mansión cuando fueron atacados.

-¿Qué sucede aquí? -preguntó Angelo con un sollozo abrazado por Fidio ambos incómodamente desnudos.

Pasaron horas antes de que sus preguntas tuvieran respuestas, no sabían exactamente cuantas horas, cuando un hombre de negro acompañado por otros dos armados llegó con Toramaru cargado en sus brazos inconsciente.

-Retrocedan -les ordenaron los hombres armados a Kazemaru y a Edgar parándose frente a su jaula de cristal. Kazemaru y Edgar retrocedieron hasta la pared abrasándose asustados cuando los hombres abrieron la puerta, pero fueron ignorados y estos se limitaron a dejar a Toramaru en el catre donde antes habían dormido Kazemaru y Edgar. Cuando los hombres volvieron a salir, los dos peli-azules corrieron a ver como estaba Toramaru parecía estar bien, vestido con un pijama de pantalón largo azul. Si hubiesen mirado con más detenimiento abrían notado las vendas en los tobillos ahora rotos de Toramaru.

Pasó cerca de otra hora para que el pequeño Utsunomiya despertara. Cuando lo hiso su grito de dolor heló la sangre de todos los chicos ahí.

-¿Toramaru-kun? -preguntó angustiado Kazemaru cuando el chico se trató de mover cayó al suelo estrepitosamente, fue cuando notaron el estado en que habían dejado sus tobillos para su horror. Edgar cargó al chico de vuelta al camastro. Kazemaru y él se miraban aterrados sin saber que hacer, ni siquiera podían ponerle paños de agua fría para calmar el dolor del chico. Fue entonces cuando ese hombre volvió a aparecer acompañado por los dos armados.

-Oh, el bebé despertó -sonrió el hombre-. Aquí están sus analgésicos -sonrió mostrando una jeringuilla en su mano, para el dolor del chico.

-Por favor, déselas -suplicó Edgar.

-Claro, si tú vienes conmigo -le sonrió el hombre.

-Edgar, no -gimió Kazemaru con miedo, pero justo en ese momento Toramaru volvió a gemir de dolor.

-Está bien, iré con ustedes -dijo Edgar desesperado. El hombre sonrió e hizo un gesto a los dos hombres que le acompañaban, uno de ellos abrió la puerta, el hombre entro y se dirigió a Toramaru tomando su brazo e inyectándolo. El Analgésico o lo que fuera no tardo mucho en hacer efecto por que el dolor dejó de torturarlo pronto al menor que no tardó en quedarse dormido.

-Vamos -le ordeno el hombre a Edgar. Edgar apretó los puños a sus costados, pero se movió saliendo de la jaula.

-¡No, no se lo lleven! -gritó Kazemaru tratando de detenerlos, pero de inmediato fue apuntado con un arma lo que lo hizo retroceder.

-Bueno, aun no era tu momento, pero si tanta prisa tienes… camina -lo empujaron junto a Edgar que sostuvo su mano tratándolo de tranquilizar aunque él estaba tan aterrado como Kazemaru.

Los habían llevado a un laboratorio, y aunque sólo fueron horas, para ambos había sido una eternidad, el tiempo que fueron pinchados por inyecciones, tocados por todas partes de forma fría y científica como si sólo fueran un objeto. La inyección que más había dolió fue la que les pusieron en el anillo del ano, esa había logrado hacerlos gritar de dolor, luego siguieron más y más pruebas, conectados a maquinas como si nunca fuera a terminar. Pero todo terminó y entonces habían llegado un grupo de mujeres vestidas con batas científicas, les habían lavado, habían masajeado sus pieles con cremas hasta dejarlos suaves y brillosos, una había echo una trenza francesa en el pelo de Edgar mientras otras habían pacientemente rizado todo el cabello de Kazemaru en hermosos y delicados tirabuzones. Y esa fue la primera vez que fueron vestidos realmente de chicas. A Edgar le pusieron una elegante chaqueta femenina marón, con una camisa blanca y una preciosa falda crema. Le habían puesto unos zapatos no muy altos de color crema, además de unas bonitas pantallas para las que le habían echo los boquetitos de las orejas, sus uñas pintadas con esmero quedaban muy bien con la ropa que le habían puesto. Por su parte a Kazemaru le habían puesto un vestido largo y elegante con aspecto gótico en colores rojo y negro. Con una gargantilla negra con una piedra roja, unos delicados aretes, unas botas negras y las uñas pintadas de rojo.

En ese momento los dos pasaban fácilmente por chicas, chicas planas, pero hermosas chicas.

Así fueron obligados a volver a su celda, mientras se sostenían el uno al otro pues no sabían caminar con aquellos femeninos zapatos. Al llegar a su celda una sorpresa los esperaba. Estaba había cambiado, ahora dentro había una enorme cama con cuatro altos postes y doseles semitransparentes, un enorme guardarropa de madera en una esquina y aun lado una hermosa cuna grande, tallada en colores blancos. Dentro de esta dormía Toramaru.

-¿Qué significa esto? -preguntó Edgar serio.

-¿El qué? ¿No os gustan vuestros nuevos aposentos? -preguntó el guardia burlón- ¿O lo que no os gusta es vuestro hijo? -preguntó señalando burlonamente donde aun dormía Toramaru victima de los analgésicos que le habían dado.

-O-O-O-

-Edgar, Edgar amor, despierta, hermosa -la insistente voz logró sacar de sus sueños al peliazul que sonrió al ver frente a si la cabeza morena de Teres- Parecías tener un mal sueño, amor ¿Estás bien? -le preguntó el argentino. Edgar se estiró felinamente y le sonrió a Teres.

-Sí, no tienes que preocuparte -le aseguró enderezándose sobre el sofá donde se había quedado dormido frente a la chimenea. Teres se sentaron a su lado y lo atrajo a sus brazos.

-¿Qué soñaba, mi linda niña? –le preguntó Teres besando sus azules cabellos.

-¿Realmente soy linda? -preguntó Edgar con una sonrisa relajada.

-La más hermosa de todas -le aseguró Teres tomándolo de la barbilla y dándole un suave beso en los labios.

Edgar sonrió más relajado, era hermosa y lo más importante era la persona a quien Teres amaba. Teres la había elegido a ella por sobre todas las cosas.

-Sólo soñaba en lo mucho que deseo que mi alto, fuerte y guapo moreno argentino me tome aquí y ahora -ronroneó pasando un dedo por el fuerte pecho de Teres, subiéndose a su regazo.

Teres sonrió tomándolo de la cintura y besando su cuello.

-Sus deseos son mis órdenes, mi hermosa dama inglesa. Vaya por lo que quiere -le dijo echándose hacia atrás en el sofá con una sonrisa ufana.

Edgar no lo tuvo que escuchar dos veces, sus manos ágilmente desabrocharon los vaqueros de Teres, este no llevaba ropa interior por lo que el miembro grande y moreno saltó en libertad. Edgar se levantó para desnudarse, pero Teres negó.

-Sólo las braguitas -le ordenó-. Me gusta ver a mi dama, cabalgándome con sus tacones y vestida -aseguró.

Edgar rio encantado, su Teres siempre sabía que darle, así que se quitó rápidamente su ropa interior y gateó sobre Teres rodeándole el cuello con las manos y yendo por sus labios para que el moreno dominara su boca. Ya estaba húmedo no necesitaba lubricante o preparación además de que no la quería. Le encantaba sentirse abierto por Teres, así que llevó el miembro de Teres a su ano y poco a poco fue bajando introduciéndolo todo dentro de su culito que lo tomó todo con gula.

-Ah, Teres -gimió Edgar.

Quien los viera debido a la falda de Edgar podría pensar que Edgar sólo estaba sentado sobre Teres. Eso, claro, hasta que viera la cara de placer de ambos, entonces sabría sin duda lo que hacían.

Teres movió sus manos hasta las nalgas d Edgar debajo de la falda y para marcarle hacia él ritmo al que quería que se movieran. Edgar así lo hizo mientras ambos gemían de placer.

Oh, sí. Los sueños eran sólo eso, sueños, ya no podían lastimarlo. Teres estaba ahí para defenderle y protegerle de los dragones.

Continuará…

Guest-Gracias espero que te guste la conti ^^