Capítulo 4:
Pero sus planes de irse a Los Hamptons se iban a ver truncados. Esposito se había reincorporado a su puesto de trabajo y volvía a formar pareja con Ryan. Su relación seguía siendo bastante tirante, se hablaban estrictamente lo necesario. En sus trayectos en coche, Ryan se había disculpado con su compañero, le había dicho, que Kate le había perdonado por inmiscuirse, incluso le había dado las gracias por salvarle la vida.
Pero era como si le hablara a la pared, Esposito, no le contestaba, aunque si le escuchaba y en el fondo de su alma, sabía que su compañero tenía razón, que probablemente él hubiese hecho lo mismo por salvar a Becket, pero era tanto su orgullo y su cabezonería, que no había manera de que diera su brazo a torcer de momento. Había decidido castigar un poco a su compañero.
Las cosas cambiaron radicalmente una tarde, durante la persecución de un sospechoso, que estaba a punto de escapárseles. Iban corriendo tras él, por unos almacenes abandonados, y en un momento determinado, al verse acorralado, se volvió sacando una pistola y apuntando directamente a Esposito. Ryan, lo vio antes y reaccionó empujando a su compañero para quitarlo de la trayectoria de la bala, con tan mala fortuna que fue él quien se llevó el disparo. La bala le atravesó el hombro izquierdo y fue a incrustarse en una viga cercana.
Esposito aprovechó el momento de confusión y fue capaz de reducir al sospechoso, mientras llamaba por radio para que mandasen refuerzos y una ambulancia. Ryan, muy pálido se sujetaba el brazo que sangraba abundantemente. A Esposito le dio un súbito ataque de mala conciencia y quiso abrazar a su compañero, mientras se disculpaba por haber sido tan terco. Ryan se apartó de él, diciéndole que ni se le ocurriera tocarlo, que le dolía mucho, que ya hablarían y que se encargara de avisarle a Jenny, pero sin asustarla mucho.
Así que la persecución de ese día terminó con Ryan en el hospital, la reconciliación de este con su amigo, y la visita de Lanie y Gates, que fue a interesarse por él. La herida no fue muy grave, pues la bala había entrado y salido limpiamente, pero había desgarrado un musculo y perdido bastante sangre, así que tendría que estar un tiempo alejado del servicio guardando reposo.
Este hecho hizo que Gates, tomara la decisión de llamar a Becket. Estaba esperando que ella, en algún momento después de terminar el mes de sanción, dijera que lo había pensado mejor y le pidiera volver, a lo que ella accedería pues era su mejor detective y no estaba dispuesta a perderla por un ataque de soberbia.
Pero ella de momento no había vuelto, aunque claro, solo habían pasado unos días, pero con Ryan herido, el equipo volvía a estar incompleto, así que no lo pensó y la llamó, citándola en la comisaría.
Ella en principio iba a negarse a ir, pero Castle le insistió, más que nada porque hablando con ella, había notado la añoranza que sentía por su trabajo. Él sabía mejor que nadie, que estuviese o no estuviese el caso de su madre, ella deseaba volver, eso era lo que le gustaba hacer y esa era su vida.
Cuando llegó a la comisaría solo vio allí a Esposito, iba a preguntarle por Ryan, pero no sabía cómo andaban las cosas entre ellos. De todas formas solo le dio tiempo a saludarle, Gates la había visto llegar y la llamó a su despacho.
Le dijo que no había tramitado su renuncia, porque antes de hacerlo quería preguntarle con la cabeza bien fría, si había reconsiderado su decisión. Ella que después del mes de obligado descanso y la serenidad personal que le aportaba su reciente relación con Castle, estaba más calmada después de todo lo que pasó, decidió ser humilde y disculparse con su jefe, prometiéndole que no volvería actuar por su cuenta y riesgo si volvía a presentarse la ocasión y agradeciéndole que le diera una segunda oportunidad.
Gates, le devolvió la placa y la pistola, diciéndole que le recordaba demasiado a ella misma de joven, y que era un desperdicio para el departamento de policía de Nueva York que no trabajara para ellos a causa de un ataque de orgullo. Abrió el cajón y le devolvió, su placa y su pistola. Kate le dio las gracias y antes siquiera de poder preguntarlo, Gates le dijo:
-¡Ah! y puede traerse a ese escritor suyo, si quiere – y la despachó sin más diciéndole que su compañero Esposito le informaría del percance de Ryan.
-Al oírla decir, el percance de Ryan, la miró preocupada.
-No ha sido nada grave, aunque si aparatoso, ya le contará Espósito.
Salió del despacho y ya pudo hablar con su compañero, que le contó todo lo ocurrido, alegrándose mucho de volver a tenerla allí.
-Oye Becket, ¿sabes algo de Castle? – le preguntó.
-Gates ha dado permiso para que siga viniendo – dijo ella por toda respuesta – ya le aviso yo – haciéndose la desentendida.
-Pero, ¿no le has visto desde lo de Maddox?
-Bueno si, un día nos encontramos y estuvimos hablando mucho rato, nos tomamos unas cervezas, ya sabes – dijo sin querer dar muchas explicaciones.
-Pero no ha venido en el tiempo que tú no estabas, que me lo dijo Ryan, se supone que hubiera tenido que seguir viniendo, es un asesor de la NYPD, o ¿solo es asesor de la inspectora Becket? – preguntó con cierto tono de sarcasmo.
-Yo que sé porque no vino, le preguntas a él cuando venga – dijo tratando de escurrir el bulto – aunque debería avisarlo y contarle lo de Ryan, por si quiere venir el también a verlo al hospital – y diciendo eso, cogió el móvil para llamarlo.
Se fue a la sala de descanso a prepararse un café y a tener algo de intimidad para hablar con él, porque Esposito la seguía mirando como si supiera algo. Cuando le contestó, le dijo que se había reincorporado, que Gates había dado permiso para que volviera y le contó también lo que le había ocurrido a Ryan, para terminar preguntándole:
-¿Vas a venir?, de momento no hay ningún caso y me toca hacer una montaña de papeleo, pero a lo mejor te apetece hacerme compañía.
-Ya sabes que siempre me apetece acompañarte, pero antes quisiera hablar con Alexis, aunque sea por teléfono, ya sabes que no es muy partidaria de que trabaje contigo…
-¿De qué trabajes conmigo o de que estés conmigo? – lo interrumpió ella sin poderlo evitar.
-Ella no tiene nada en contra tuya, Kate, es solo que han pasado muchas cosas últimamente y está un poco confundida, pero ya no es una niña y va a tener que aceptarte, si o si, por eso prefiero ser yo quien le diga que voy a volver a la comisaría, porque ella tenía intención de seguir trabajando con Lanie cuando volviera de Los Hamptons.
-Hablando de Lanie, tengo que hablar con ella para decirle que he vuelto y recordarle que no tiene que decir nada de lo nuestro, y te dejo ya porque Esposito está pendiente y no pierde detalle. ¿Nos vemos entonces en el hospital luego?
-De acuerdo. Un beso.
Y colgaron para hacer las otras llamadas. Castle habló con Alexis y esta se mostró bastante razonable, diciéndole que llevaba días esperando esa noticia. Solo le dijo que tuvieran mucho cuidado los dos, estuvieron hablando un rato y se despidieron, hasta dentro de unos días en que ella y su abuela, volverían a la ciudad.
Por su parte Kate había quedado con Lanie para comer, esta se mostró ansiosa por saber novedades de la nueva pareja. Kate no hacía más que rogarle, que no se le fuera a escapar, hasta que su amiga le dijo que como volviera a recordarle que no dijera nada, lo iba a terminar gritando y que lo dejase ya que la estaba poniendo histérica.
Por la tarde se encontraron todos en el hospital, para visitar a Ryan, el cual estaba bastante mejor y sería dado de alta al día siguiente, aunque aún le quedaba reposo y rehabilitación.
Se alegró mucho de saber que de nuevo estaban allí Castle y Becket, y que el equipo volvía a funcionar como antes.
Al día siguiente, Kate se levantó muy temprano, se duchó y se preparó para ir a la comisaría. Intentando no despertarlo, se metió al cuarto de baño, pero fue el ruido de la ducha, lo que al final lo despertó.
Se levantó para prepararle el desayuno, ella al salir y no verlo en la cama y oler el café, sonrió con ternura. Ninguna de sus parejas anteriores, se había levantado única y exclusivamente para prepararle el desayuno, teniendo en cuenta además que Castle se acostó bastante más tarde que ella, pues se quedó escribiendo.
Cuando llegó a la cocina, ya tenía su desayuno preparado.
-¿Tú no tomas nada? – le preguntó después de darle un beso.
-Ahora no, cuando te vayas creo que voy a dormir otro rato.
-¿No vas a venir entonces? – dijo mientras desayunaba.
-Llámame si hay un caso, si no me quedo en casa y sigo escribiendo, se acerca el plazo de entrega, y como no he escrito mucho estos días, no quiero estar agobiado.
-Bueno, voy a echarte de menos.
-Y yo, pero esta tarde podemos salir al cine o a cenar por ahí.
-Tengo que irme – dijo sin ganas de hacerlo.
-Toma – le dijo él dándole el bolso – te he preparado la cartera – como si la mandara al colegio – se buena, no te pelees con los demás chicos, ten mucho cuidado y dale esto a la maestra, bueno a Gates, que es lo más parecido que hay por ahí y le tendió una brillante manzana roja.
-¿Está envenenada? – dijo ella con una sonrisa que no le cabía en la cara, por el detalle de él – se parece a la manzana de Blancanieves.
-No me des ideas, no me des ideas – y le dio un beso, que haciendo un esfuerzo sobrehumano, ella tuvo que cortar, pues veía que se quedaba en la casa.
Al irse ella, él recogió y volvió a acostarse. Había dormido muy poco la noche anterior, así que en seguida se quedó dormido.
Mientras Kate llegaba a la comisaría y como el día anterior, se puso a hacer papeleo. Había mucho pendiente, y se enfrascó tanto en el trabajo que no se dio cuenta de la hora que era hasta que la llamó Lanie por si quería comer con ella, o se iba con Castle.
Como Castle no iría ese día con total seguridad, quedó con su amiga en una cafetería cercana que solían frecuentar.
Cuando Kate llegó, ya Lanie estaba allí.
-Chica, te ves radiante – dijo la forense – parece que el chico escritor te tiene bien contenta, ¿eh?
Por toda respuesta, Kate esbozó una radiante sonrisa.
-Lo que yo te digo – siguió su amiga – hacía tiempo que no te veía así, ni chico de la moto, ni policía guaperas…
-Vale, vale, tienes razón, estoy feliz con Castle, ¿contenta?
-La que está contenta eres tú, guapa, que vaya cara de felicidad que llevas.
-¿Tanto se me nota? – preguntó preocupada.
-Bueno, últimamente estabas un poquillo avinagrada, pero desde que el chico escritor te está regando el huerto, resplandeces como…
-¡Lanie! – dijo queriendo parecer escandalizada, pero sin poder evitar la sonrisa – ¿no le habrás dicho nada a Javi, eh?
-Oye – dijo su amiga fingiendo molestia – ¿Qué parte de no voy a decirle nada a nadie no entendiste?
-Vale, no te molestes, es que Javi me mira raro, pregunta por Castle, que si no lo he visto en todo este tiempo, que si tenía que haber seguido viniendo a la comisaría…
-Es normal, el chico escritor es su amigo y él también lo echa de menos, aunque no tanto como tú, claro – rio su amiga.
-¡Ay Lanie! – suspiró Kate – no veas la de veces que me he preguntado porque no me decidí antes para estar con él, la cantidad de tiempo que hemos perdido, yo y mis tontos miedos.
-Bueno, pero ya está hecho, no hay que mirar atrás ni para coger impulso – le dijo su amiga – ahora a disfrutar de lo que tienes y a confiar mucho en él, porque te ha demostrado con creces lo que siente por ti y lo importante que eres para él.
-¿Por qué me dices lo de confiar en él? – preguntó con cierto recelo.
-Ya sabemos cómo de azarosa ha sido la vida del chico escritor, quien quita que le aparezca alguien de su pasado, o que sufra un ataque de fans calenturientas, pero lo importante es como es ahora, el pasado es eso, pasado.
-¿Por qué me dices eso?, ¿Qué sabes tú que yo no sepa? – preguntó Kate bastante mosqueada.
-No sé nada, pero me refiero a la actitud que acabas de demostrar ahora mismo, Castle ha tenido su pasado, como tú el tuyo, guapa, que no te has dedicado a hacer calceta precisamente, por eso te digo que lo importante es el presente… ¡mal pensada!, yo dándote mis mejores consejos y tú ya viendo fantasmas.
-Lo siento, sé que voy a tener que lidiar con sus ex, una porque es la madre de su hija, y otra porque es su editora, así que intentaré no agobiarme mucho – dijo con un suspiro.
Siguieron hablando de varios temas, mientras daban cuenta de su almuerzo, hasta que Becket dijo:
-Bueno, estoy encantada aquí hablando contigo, pero tengo que volver al trabajo, la montaña de papeles parece que siempre está igual, estar todo el día sentada me pone de los nervios.
-Si quieres mato a alguien y hago que parezca un accidente – dijo Lanie con voz teatral – y así hasta tendrías un motivo para llamar a Castle, jajaja.
Rieron las dos ante el comentario de la forense, mientras salían de la cafetería para dirigirse cada una a su lugar de trabajo.
Llegando a la comisaría, Kate miró el teléfono, pues le extrañaba no haber recibido ninguna llamada, ni ningún mensaje de Castle, seguramente estaría totalmente abstraído escribiendo, así que decidió no molestarle, e ir adelantando todo el trabajo posible, para volver pronto a casa, lo echaba de menos y tenía muchas ganas de verlo.
Pero Castle no había escrito nada en todo el día. Poco antes del almuerzo, llamó el portero por el teléfono interior, anunciando que un abogado quería hablar con él urgentemente.
Le dijo que subiera, no tenía ni idea de lo que podría querer ese abogado. Lo que no podía sospechar es que aquella visita le iba a cambiar la vida.
CONTINUARÁ…
