Capítulo 5:

Kate pasó el día entre papeles y documentos de varios casos. Le mandó algunos mensajes a Castle, pero este no le contestó, por lo que supuso que estaría tan concentrado escribiendo que no los había oído. Lamentó que no hubiese ningún caso, y así tener una excusa para llamarlo, pero entendía que su trabajo era escribir y algunos días pasaría sin verlo, claro que por la tarde no iba a haber quien la separase de él.

Por eso cuando llegó al loft, a media tarde y entró con la llave que él le diera unos días antes, le extrañó verlo todo oscuro, pero más le extrañó la maleta que estaba preparada al lado de la puerta. De momento pensó que Martha o Alexis, o quizás las dos, habían vuelto de Los Hamptons, pero también le extrañó que solo hubiese una maleta.

Entró al salón para dirigirse al estudio, cuando se dio cuenta de que Castle estaba sentado en uno de los sillones de la sala.

-¿Castle? – preguntó, pues no se lo esperaba ahí.

Él se levantó, estaba vestido como para salir, con pantalón y chaqueta de color oscuro. Tenía una extraña expresión en el rostro.

-¡Hola Kate! – dijo en un tono bajo de voz.

-¿Ha pasado algo?, ¿Por qué estas así?, ¿Vas a algún sitio?

-Ven, siéntate – dijo muy serio – tengo que contarte, ha ocurrido algo…

-¿Martha y Alexis están bien? – preguntó alarmada.

-Si, si, no es de ellas.

-Entonces, ¿Qué ha pasado? – se estaba poniendo nerviosa sin poderlo evitar.

-Verás, Kate, yo… – y ya no pudo seguir.

Se derrumbó de rodillas delante de ella, pidiéndole perdón.

-Lo siento Kate, lo siento, lo siento mucho, no tenía ni idea, acabo de enterarme… Kate tienes que perdonarme, de verdad Kate, yo no quería, no sabía nada, fue hace tanto tiempo…

-Pero, ¿Qué ha pasado? – dijo pensando en lo peor, ante tanta súplica de perdón – ¿Por qué tienes que disculparte?, ¿Qué pasó?

Viendo que sigue lamentándose, se levantó y lo ayudó a levantarse del suelo, donde permanecía de rodillas. Lo llevó hasta el sillón y le dijo:

-¿Tila o whiskey?

-Mejor una copa – dijo un poco más tranquilo.

Se acercó al mueble bar y sirvió una copa para cada uno. Se la dio, y puso la suya sobre la mesita. Castle dio un largo sorbo y suspiró. Ella solo dijo:

-Y ahora, cuéntame que es lo que ha pasado…

Él la miró muy serio:

-Ya sabes cuánto te quiero, y que junto con Alexis y mi madre, eres lo más importante de mi vida.

-Lo sé – dijo ella por toda respuesta.

-Tú mejor que nadie sabes cómo ha sido mi vida – suspiró – ha habido muchas mujeres, y créeme, no me enorgullezco de ello – dijo serio – Hoy me he enterado de algo, que no sé si va a afectar a nuestra relación, pasó hace mucho tiempo… nunca te hablé de ella, no por nada, sino porque no surgió la ocasión…

-¿Ha vuelto a buscarte una antigua novia? – dijo entre temerosa y molesta, pensando en cualquier rubia despampanante ante la que ella en seguida se sintió en inferioridad de condiciones.

-Empezaré desde el principio – dijo él – hace varios años, como dos años antes de conocerte en aquella firma de libros, ¿te acuerdas? – le preguntó sin poder evitar una sonrisa.

-Claro que me acuerdo – contestó nostálgica ella.

-Bueno, pues como un par de años antes de conocerte, yo no pasaba por un buen momento que digamos. Acababa de separarme de Gina, y no de muy buenas formas, y a la que no tenía más remedio que seguir viendo. En una presentación de uno de mis libros, yo quería irme a casa enseguida, pues Alexis no se encontraba bien y estaba con una canguro, pero Gina insistía en que tenía que quedarme durante la fiesta, ya que era en mi honor y yo no podía quitarme de en medio.

-¡Vaya! – dijo Kate a quien la rubia ex de su novio no le caía muy bien, odiándola un poquito más – no hay que conocerte mucho para saber lo que te preocupas por tu hija, no entiendo como no te excusó para que fueras a cuidarla.

-Si tú supieras… – empezó a decir él, pero se interrumpió diciendo – esa es otra historia, te sigo contando. En esa fiesta conocí a Rachel, era camarera del servicio de catering y me escuchó discutir con Gina, se me acercó ofreciéndome una copa y me dijo: "¡Vaya!, menuda fiera, ¿es tu jefa?", o algo así, no recuerdo muy bien, yo le contesté que más o menos, y que también era mi ex mujer, y empezamos a charlar. Era una chica muy agradable, me contó que trabajaba de camarera porque quería ser actriz y estuvimos un rato hablando hasta que Gina vino a buscarme para que volviese a la fiesta. Me llamó la canguro para decirme que Alexis estaba peor, fui a decirle a Gina que ahora sí que me iba, y volvió a echarme la bronca y me prohibió irme. Rachel volvió a oírnos y me guiñó un ojo, como dando a entender lo bruja que era esa mujer. Al final y después de otra discusión, terminé yéndome de la fiesta.

-¿Qué le pasaba a Alexis? – preguntó Kate con curiosidad.

-Anginas, de muy chica le dieron algo de lata, pero cuando empezó la pubertad, se descontrolaron y hubo que quitárselas.

-Y, ¿volviste a ver a esa chica?

-Si, a la semana siguiente en otra multitudinaria fiesta a las que Gina me obligaba a ir a promocionar mis libros. Era, y es parte de mi trabajo. Rachel, volvía a estar de turno en el servicio de catering, cuando me vio se acercó a preguntarme como estaba Alexis, me escabullí un poco y cada vez que teníamos ocasión ella o yo, nos quedábamos hablando. Claro que, a ella le riñó su jefe y a mi Gina. A esa fiesta si me quedé hasta el final. Al salir la vi esperando un taxi y me ofrecí a llevarla a su casa.

-¿Y empezasteis a salir juntos? – preguntó curiosa.

-Nos hicimos amigos – contestó con tristeza – no he tenido muchos amigos en mi vida, ¿sabes?, con Rachel congenié enseguida, ella también acababa de salir de una relación complicada, teníamos gustos comunes, nos gustaba ir al cine con montañas de palomitas, montar en bicicleta, los parques de atracciones, los museos, el zoo. Nos gustaba estar juntos, y además no le importaba cuando venía Alexis, se llevaban bien las dos, incluso alguna vez le hizo de canguro.

-Pero, ¿no sería demasiado joven para cuidar de una niña?

-Bueno, tenía veintiséis años, a su edad yo hacía ya unos cuantos años que era padre.

-Pensé que era más joven – dijo Kate que visualizaba a la tal Rachel, como una Barbie loca y casi adolescente – ¿era bonita? – no pudo evitar preguntar.

-Sí que lo era – dijo él – y buena, eso era lo más importante.

-¿Estuvisteis mucho tiempo juntos?

-No es lo que crees, Kate.

-¿No irás a decirme que no te acostaste con ella?

-Sí que me acosté, pero no enseguida. Nos hicimos amigos, amigos de verdad, nos teníamos confianza, al menos eso creía yo – dijo triste – y sí, nos acostamos, unas cuantas veces, pero no estábamos enamorados y no funcionó. Nos dio miedo que esa relación, rompiera nuestra amistad, y lo dejamos… dejamos de tener sexo, pero seguimos siendo amigos. Estuvimos juntos unos meses. Un día vino contentísima, porque le habían ofrecido un papel de actriz en una comedia, pero tenía que marcharse a Canadá. Le deseé suerte, nos despedimos prometiéndonos que nos llamaríamos. Yo la llamé algunas veces para saber de ella, como le iba y eso, pero nunca me contestó. No volví a saber de ella y de lo que le pasó hasta esta tarde.

-¿Ha estado aquí?, ¿Vino a visitarte? – preguntó sintiéndose celosa.

-Kate – dijo con profunda tristeza – Rachel ha muerto.

-¡Oh! – solo pudo decir ella, sin poder evitar sentirse como una mala persona pues en el fondo de su corazón, saber que Rachel no volvería le había hecho sentir cierto alivio – lo siento, de verdad, ¿Qué ocurrió?

-Ha estado muy enferma durante casi dos años, hasta que al final el cáncer pudo con ella, todavía no entiendo porque no me llamó.

-¿Cómo lo has sabido?, ¿Quién te lo dijo?

-Esta tarde vino un abogado a verme. Su bufete llevaba los asuntos legales de Rachel.

-¿Y por qué vino a verte a ti? – preguntó curiosa.

-Por lo visto Rachel no tenía familia, su abogado me dijo que cuando arregló los detalles de su herencia, me nombró a mí su único heredero.

-¡Mira qué bien! – dijo con ironía – millonario y heredero, ¡qué suerte la tuya, ¿y por eso estabas tan angustiado?, no lo entiendo… bueno supongo que estarás triste por la muerte de tu amiga, pero la angustia de antes sigo sin entenderla. Yo sabía que habías estado con muchas mujeres antes de estar conmigo – dijo recordando su anterior conversación con Lanie – pero eso es parte de tu vida anterior, no tengo derecho a echártelo en cara, lo importante es lo que pase a partir de ahora.

-No es solo eso… hay más.

-¿Más? – preguntó sin entender.

-Rachel tenía un hijo, tiene algo más de cinco años. En su testamento dice que es hijo mío, por eso vino el abogado, por si quiero hacerme cargo del niño, o por el contrario lo dejo en manos del estado.

-¡Oh Castle!, no tenía ni idea.

-Ni yo – dijo con pesar – eso es lo que no entiendo, que Rachel no me dijera nunca que estaba embarazada, o que estaba enferma, yo la hubiese ayudado, a ella y al niño.

-Lo sé – dijo Kate – pero ¿y si no es hijo tuyo?, quizás por eso no te llamó.

-¿Y por qué me lo deja a mí, diciendo que yo soy su padre?, es más, el abogado me dijo que el niño está inscrito como hijo mío, por lo visto tiene hasta mi apellido, yo figuro como su padre en la partida de nacimiento.

-¿Y realmente podría ser hijo tuyo? – le preguntó Kate tratando de aparentar una calma que no tenía.

-Las fechas coinciden, llevo toda la tarde echando las cuentas, perfectamente podría ser mi hijo.

-¿Dónde está el niño ahora?

-En Washington. Rachel ha muerto allí y el niño está a cargo de los servicios sociales. Por lo visto ha estado entrando y saliendo del sistema, cada vez que Rachel tenía una crisis en su enfermedad, lo mismo en algún centro, que con alguna familia de acogida. Y yo que supuestamente soy su padre, aquí tan tranquilo – dijo apesadumbrado.

-¿Qué vas a hacer? – preguntó sabiendo positivamente la respuesta que iba a darle.

-Pues ir a buscarlo y traerlos a Nueva York, a él y a su madre.

-¿También vas a traerla a ella? – preguntó asombrada.

-Claro que sí, quiero enterrarla aquí, lo más cerca posible de su hijo. Kate – dijo mirándola muy serio – yo sé que esto es algo totalmente inesperado, sé que puede dañar nuestra recién iniciada relación, pero te juro que no tenía ni idea.

-Lo sé – dijo ella acariciándole la cara – pero, ¿y si no es tuyo?

-Cuando lo traiga, nos haremos unas pruebas de ADN – dijo con seguridad – cuando a Meredith y a mí, se nos coló Alexis, éramos muy jóvenes. A partir de entonces, he tenido siempre mucho cuidado en mis relaciones, no es responsable ir dejando hijos regados por ahí, pero por lo visto algo pasó y este niño puede ser hijo mío, por eso no quiero que pase ni un minuto más en un centro de acogida, Kate, yo sé lo que es ir de colegio en colegio, no tener padre, no quiero que mi hijo pase por lo mismo.

-¿Por eso tienes preparada la maleta?, ¿Cuándo tienes que irte?

-Esta noche… Kate, yo sé que esto tiene que resultarte difícil, para mí también lo es y yo… – titubeó – tengo que hacerlo, Kate, pero entendería que no estuvieras aquí cuando regresara.

-No te entiendo, ¿Qué has querido decir?

-Que si esto te incomoda, aunque me dolería mucho, entendería que me dejaras.

-¿Piensa que voy a dejarte porque te ha aparecido un hijo perdido por ahí?, ¿por eso me pedías perdón antes?, ya me has dicho que no lo sabías y yo te he creído, sé como quieres a Alexis, no me cabe en la cabeza que ignoraras un hijo, conociendo su existencia. Eso pertenece a tu pasado, yo también he tenido un pasado, y todavía nos quedan muchas cosas que contarnos Castle, pero yo te quiero a ti, con hijos o sin ellos, y si ahora resulta que ha aparecido un nuevo miembro en la familia, pues habrá que acostumbrarse y aceptarlo. Ese niño no tiene la culpa.

Castle sintió un gran alivio ante las palabras de Kate, se acercó a ella y la abrazó. Ella correspondió gustosa al abrazo.

-Necesitaba este abrazo, inspectora, he pasado un día espantoso.

-¿Por qué no me llamaste?

-Para decirte: Kate acabo de enterarme que soy padre de un niño de cinco años, ¿Qué te parece?

-Podría haber venido a hacerte compañía. Sabes que te acompañaría si no acabara de reincorporarme, ¿verdad?

-Te quiero Kate, no lo olvides, no lo olvides nunca – le dijo antes de darle un beso – debería irme al aeropuerto, mi vuelo sale en un par de horas. Pediré un taxi.

-Nada de taxis, yo te llevaré.

-Pero, ¡estarás cansada!

-Ya dormiré luego, además mañana es viernes, y el fin de semana no trabajo.

-Y todavía tengo que decírselo a Alexis y a mi madre, no sé cuando llegarán. ¿Te irás a tu casa ahora que me voy?

-Supongo que sí, tampoco es plan que vuelva tu familia, y me encuentren aquí sin ti.

-Si quieres quedarte les mandaré un mensaje diciéndoles que tengo que ir a Washington por unos asuntos y que a lo mejor me esperas en casa.

-Bueno ya veremos, ¿nos vamos?

Kate lo llevó hasta el aeropuerto, y estuvo esperando con él, hasta que llegó la hora de embarcar. Se despidieron cariñosos, con un beso.

-Gracias Kate, no te haces una idea de lo que ha significado para mí, que me apoyes en esto, y que no hayas salido corriendo espantada – mientras apoyaba su frente sobre la de ella.

-No soy de esas Castle, no voy a salir corriendo al primer problema que se nos presente, como espero que tampoco lo hagas tú. Estaremos juntos en esto, ya verás como todo se soluciona de la mejor manera posible.

Volvieron a besarse, hasta que ya no tuvo más remedio que irse.

-Llámame cuando llegues – le dijo ella.

-Pero será muy tarde.

-Pues me mandas un mensaje.

-De acuerdo. Te quiero Kate.

-Y yo a ti.

Lo vio entrar por la puerta de embarque, y sintió una gran tristeza por no poder acompañarlo. Mientras salía del aeropuerto, imaginaba lo mal que lo debía estar pasando, y sintió unos poquitos de celos de la relación de él con esa tal Rachel. Evidentemente había sido importante para él, como lo fueron Meredith y Gina, o incluso aquella ex novia con la que se reencontró en un caso, aquella que por esas casualidades de la vida tenía las mismas iniciales que ella, KB.

Recordó la conversación que tuvo esa misma tarde con Lanie, como si hubiera sido premonitorio de lo que iba a pasar. No tenía nada que reprocharle, el comportamiento de Castle desde que estaban juntos, e incluso desde antes era intachable, y ella no tenía derecho a echarle en cara algo que había pasado antes de que se conociesen oficialmente, así que no le quedaba otra que aceptar a ese crío, solo esperaba que tuviera los mismo genes que Alexis y no fuese un pequeño monstruo mal criado. Nada más pensar eso, se sintió terriblemente culpable, a saber que penurias habría pasado el chiquillo. Solo quedaba esperar a ver cómo era.

CONTINUARÁ…