CAPÍTULO 17: RECORDARTE Y AMARTE

Blaine, Kurt, Jessica, Cooper y sus hijos en casa de los Anderson-Hummel. Tomaban café tranquilamente mientras charlaban. John se había caído por lo que estaba en brazos de su padre reclamando sus mimos. Por eso, el castaño estaba jugando con su hija mientras su marido hablaba con la rubia. De repente, el menor desvió su mirada hacia su esposo y comenzó a dolerle un poco la cabeza. Cerró los ojos y se acomodó en el sillón apoyando la cabeza e intentando relajarse...

Flashback

Blaine, va a doler. Tienes que estar relajado o te dolerá más. Voy a entrar de una vez porque así es mejor pero luego esperaré a que te acostumbres. Si ves que no puedes, no tienes más que pedírmelo y yo pararé. En ningún momento olvides que te amo. ¿Estás listo?

Sí... Te amo.

Hummel se acercó para besarlo. Después puso abundante lubricante en su miembro y cogió las manos de Anderson y entrelazó sus dedos. Tal como había dicho, introdujo su miembro dentro del moreno hasta el fondo, sin parar en ningún momento.

El ojimiel cerró los ojos, una lágrima caía por su mejilla, todo su cuerpo estaba en tensión. El castaño sujetó con dulzura la cara de su pareja y limpió su cara.

Blaine, abre los ojos. – El menor no hacía nada. – ¡Blaine, ábrelos ya! – Al hacerlo pudo ver las pupilas dilatadas rodeadas de un pequeño círculo azul grisáceo de los ojos del mayor. – ¿Quieres que paremos? – El más bajo negó. – En ese caso tienes que relajarte. Soy yo, no voy a hacerte nada malo. Por favor... – Estas palabras eran suplicantes.

Puedes seguir cuando quieras. – Dijo Anderson.

No lo haré hasta que te relajes un poco.

El más alto intentó distraer sus pensamientos con besos y funcionó. Poco a poco notó que su cuerpo se relajaba. Terminó el beso y juntó sus frentes para quedar mirándose a los ojos.

Te amo. – Susurró el diseñador justo antes de dar la primera embestida. El moreno emitió un gruñido por su incomodidad. – Te amo. – Volvió a decir antes de volver a moverse una segunda vez. – Te amo.

Así siguió con sus movimientos, declarándole su amor al otro antes de cada embestida. Poco a poco se notaba más cómodo al ojimiel, hasta que en un movimiento su amante tocó su próstata e hizo que emitiera su primer gemido de placer. Kurt aprovechó para abandonar el romanticismo y entregarse al placer. Atacó el cuello de su novio mientras dirigía su mano al miembro del menor para masturbarlo al ritmo de sus embestidas.

Fin del Flashback

Blaine no tardó en darse cuenta que esa había sido su primera vez. Al menos, como pasivo. Estaba recordando, algo dentro de él volvía a sentir lo mismo que entonces.

– Blaine... ¿Estás bien? – La voz de Jessica sonó lejana.

– Sí... Solo necesito un minuto...

Flashback

Después de la despedida, la chica recogió sus cosas y recibió el alta. Una enfermera la acompañó hasta la salida, donde la esperaba su madre. Se dio la vuelta para ver a Kurt y Blaine diciéndole adiós con la mano mientras la puerta se cerraba.

El castaño se abrazó a su amigo en el mismo momento en el que dejaron de ver a Jessica. El moreno no sabía como reaccionar, así que simplemente le devolvió el abrazo. Se quedaron un rato así. Los psiquiatras del centro estaban esperando. Tenían que salir, pero nadie quería interrumpir a los jóvenes porque no sería bueno. Will y Sue sonreían ante la imagen, por fin parecía que empezaban a confiar en el otro.

Cuando el ojiazul se calmó, los dos comenzaron su camino al comedor ya que era la hora del almuerzo. El mayor sujetó la mano del otro y entrelazó sus dedos con los de su amigo. Anderson miró las dos manos unidas.

¿Te molesta? No sé como sueles demostrar el cariño con tus amigos... – Dijo tímido Hummel.

Esta bien, se siente bien... Somos amigos, ¿no?

Claro que somos amigos.

Fin del Flashback

Blaine recordaba que ese fue el comienzo de su amistad y que fue cuando le dieron el alta a Jessica. Las cosas comenzaban a tomar forma en su memoria.

Flashback

Casi sin darse cuenta, llegó la hora de la sesión con Emma. Los tres se sentaron. Se notaba en la mirada de la mujer y en la de Hummel que algo pasaba.

¿Queréis contarme de una vez qué os preocupa? – Preguntó Blaine.

Me dan el alta. Me voy después de la sesión. – Dijo el mayor. Su amigo palideció, no se imaginaba tener que quedarse solo allí.

Blaine... No vas a estar solo. Will y yo seguiremos trabajando contigo. Jessica, Cooper y Kurt pasarán las tardes contigo... – Explicó la pelirroja.

Y si quieres Rachel también, siente mucho cariño hacia ti... Más de una vez me ha comentado que podríamos vivir los tres juntos y así asegurarnos de que todos estamos bien... Incluso habló con Cooper sobre eso... Creo que están intentando encontrar un piso con cuatro habitaciones para cuando salgas... Por supuesto, si tu quieres... No estás solo. – Añadió el castaño.

Aquí si estaré solo. – Murmuró el ojimiel con lágrimas en los ojos.

Blaine. – Kurt se acercó a él y se agachó frente a la silla en la que estaba Anderson, sujetó su cara y la movió para que lo mirara directamente a los ojos. – Nunca te diré adiós. Eres mi amigo, alguien muy especial en mi vida. Estaré a tu lado, pase lo que pase...

No estarás esta noche cuando vengan las pesadillas... – Dijo el menor.

Hace mucho que no tienes pesadillas... – Comentó el más alto.

Porque tú duermes conmigo. – Aclaró.

Kurt no pudo más y se abrazó a su amigo. Le dio un beso en la mejilla. Acarició su espalda. Realizó todas las muestras de cariño que en ese momento se imaginó. El resto de la sesión la pasaron hablando de la recuperación del menor. En ese momento era lo que les preocupaba.

La sesión acabó y el castaño agarró la mano de su amigo y los dos se dirigieron a la habitación. Entre los dos recogieron las cosas del más alto. Cuando acabaron, se fundieron en un abrazo. Necesitaban despedirse en la privacidad de la habitación porque allí se sentían más seguros y menos controlados. Los dos dejaron que las lágrimas salieran. Sabían que serían amigos por siempre, pero separarse les dolía mucho. Kurt no lo pudo evitar y, al terminar el abrazo, juntó sus labios con los del menor. El moreno no se separó, simplemente acompañó el gesto. Los dos pudieron saborear al otro, a pesar de que no utilizaron la lengua. Sus labios se movían buscando transmitir todo el cariño que sentían por el otro. No estuvieron mucho tiempo así. No fue un beso largo y pasional. Fue un beso puro y lleno de amor. Al separarse juntaron sus frentes y con sus miradas se dijeron todo lo que se querían decir... Sabían que estaban el uno para el otro y que hacía algo de tiempo que la linea que delimita la amistad y el amor se había borrado para ellos... Simplemente esperaban a salir de allí los dos para dejar fluir todos los sentimientos que había entre ellos.

Fin del Flashback

Blaine fue consciente de que ese había sido su primer beso. Recordó sus dudas sobre sus sentimientos y lo mucho que le costó ser feliz junto al que en ese momento era su marido.

Flashback

Quédate, por favor... – Suplicó el más bajo.

Dejo las cosas en la cocina y vuelvo, un minuto. – El mayor besó la frente de su amigo y salió. Blaine no movió ni un sólo músculo hasta que Hummel entró. Se metió en la cama y el moreno se tumbó sobre su pecho. Estuvieron un rato así, hasta que el ojiazul pensó que su amigo estaba dormido y dijo la frase que durante todo el día había estado deseando salir de sus labios pero que no se había atrevido a decirla.

Te quiero. – Susurró. En ese momento notó como el otro se movía y cerró los ojos, fingiendo que hablaba en sueños. Blaine se incorporó lo suficiente para ver a su amigo. Pensó que estaba dormido, pero no le importaba. Volvió a tumbarse sobre su pecho y respondió.

Yo también te quiero.

Los dos dibujaron una gran sonrisa en sus labios antes de dormirse.

Fin del Flashback

Kurt siempre estaba cuidando de él y no sabía como lo podría compensar alguna vez, además de que esa fue la primera vez que se declararon sus sentimientos.

Fin del Flashback

Esa noche, el moreno se quedó a solas en el sillón con Kurt porque los otros dos se fueron a dormir. Aunque no habían bebido demasiado, se les había subido un poco a la cabeza y se sentían desinhibidos. Sus miradas de amor y las palabras que no decían realmente eran capaces de hablar por sí solas. El ojimiel se acercó lentamente al otro y juntó sus labios en un beso. Esa vez no era con sabor amargo a despedida. Era un beso tierno, lleno de amor. Sin embargo, Hummel no tenía la mente despejada y se dejó llevar por la pasión. Empujó al moreno y lo tumbó, quedando el ojiazul encima del otro. Sin ser realmente consciente de lo que estaba pasando, metió su mano por debajo de la camiseta de Anderson. En ese momento el más bajo se tensó y comenzó a sentir que se ahogaba. El miedo se apoderó de él. Cuando Hummel se dio cuenta se separó.

Lo siento... De verdad... Blaine... ¿Estás bien? – Quiso saber el más alto.

Sí... Creo que será mejor que me vaya a dormir... Hasta mañana. – El menor se encerró en su habitación, provocando que Kurt rompiera a llorar. En ningún momento quería hacerle daño y sabía que había pasado una línea que nunca debió cruzar.

Fin del Flashback

Blaine volvió a sentirse estúpido... ¿Cómo pudo desconfiar del que se había convertido en su marido?

Flashback

Sin embargo, la visita no fue todo lo buena que podía ser. Cuando mejor lo estaban pasando, el moreno se quedó mirando a una pareja que paseaba de la mano. Parecían muy enamorados.

¿Va todo bien, Blaine?

Ese es Mark. Es mi ex. – Dijo apenas expresivo el ojimiel.

Demuéstrale que se equivocó y que tú vales más que él... ¿Con cuál de los dos quieres fingir una relación? – Propuso Sterling.

Si voy a tener que ponerme cariñoso, prefiero con Kurt... Tengo más confianza con él. – Comentó Anderson. El castaño entrelazó sus dedos con los de su amigo sujetando su mano con fuerza.

Vamos. – Lo arrastró Hummel.

La pareja se encontró con el ex del más bajo por "casualidad" y el castaño se sintió feliz al comprobar que el antiguo novio del menor estaba celoso. Sin pensarlo, besó a Blaine apasionadamente. Sin embargo, esa vez el moreno no se tensó, no lo apartó. Ese beso terminó por la falta de aire y no por miedo. Algo que no pasó desapercibido para los otros dos jóvenes que observaban la escena. Se marcharon dejando a los dos amigos solos y Jeff se juntó con ellos.

Yo diría que se arrepiente. – Susurró el rubio.

Flashback

Este recuerdo lo enfureció... ¿Cómo podía haber dudado de Kurt por culpa de Mark? ¿Por qué quiso separarlos Mark? Se sentía mal marido y mala persona. El castaño lo amaba y él no hacía más que dañarlo.

Flashback

Blaine... ¿A qué viene todo esto? – Quiso saber el castaño.

No sé como explicarlo... Cuando nos conocimos lo único en lo que pensaba era en dejar de sufrir y que sólo la muerte lo conseguiría. Jess y tú rompisteis la barrera que durante años construí a mi alrededor y empezasteis a entrar en mi vida. Pero tú hiciste mucho más. Entraste en mi corazón como nadie lo había hecho nunca. Tardé en darme cuenta, pero ahora sé que una sola de tus sonrisas es capaz de alegrarme un día. Nos hemos besado dos veces y las dos han sido muy importantes para mí.

Blaine, te asusté...

No, me asustaste porque empezaste a ir más allá. El beso estaba bien, lo inicié yo y no me arrepiento. El problema fueron tus manos con ganas de más.

Lo siento...

No tienes nada que sentir. Fue mi culpa, no debí bloquearme...

Dejémonos de culpas. Sigue con lo que querías decirme.

Kurt... Te has convertido en la persona más importante para mí. Ser sólo amigos parece que ya no es suficiente para mí. Quiero... Te amo y quiero poder salir contigo de la mano y decirle al mundo que soy tu novio y que pase lo que pase estarás a mi lado y poder apoyarme en ti de la misma manera que te apoyaré yo a ti.

Calla y bésame.

Fin del Flashback

El comienzo de su relación, el comienzo de la historia de amor más bonita que conocía... ¿Cómo pudo olvidarlo si ese fue el día más feliz para él, junto al del nacimiento de Liz?

– Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. – Susurró Blaine con una sonrisa. Kurt se quedó mirándolo fijo. Esa frase era una que el menor le había repetido varias veces a lo largo de su relación. Esa sería la primera vez que no respondería con una broma. Siempre decía que no lo había tenido muy difícil pero en ese momento no podía decir nada más.

Flashback

¿Kurt, quieres casarte con Blaine, para amarlo y respetarlo el resto de vuestras vidas?

Si, quiero. – El castaño miró con mucho amor a su prometido, esperando el momento en el que ya pudiera llamarlo marido. La felicidad se reflejaba en su sonrisa, en su mirada y en lo radiante que estaba en su traje negro.

¿Blaine, quieres casarte con Kurt, para amarlo y respetarlo el resto de vuestras vidas?

Si, quiero. – El moreno dejó escapar una lágrima. Después de tanto sufrimiento, por fin su vida estaba completa. Faltaban los niños, pero eso ya llegaría. De momento, se casaba con el mejor hombre del mundo... Eso era algo que nadie más podía decir.

Fin del Flashback

Su boda... El tercer día más feliz de su vida, sólo superado por el día del nacimiento de su hija y por el día en el que Kurt y él sellaron su relación con un beso como novios. ¿Cómo podía haber olvidado esos momentos?

Flashback

El pediatra cogía al bebé para provocarle el primer llanto para que pudiera respirar. Una vez lo consiguió, acercó a la niña junto a su padre para que la sostuviera un momento en brazos.

Tenemos que revisarla, pero puede conocerla primero... ¿Cómo la va a llamar? – Preguntó el doctor con una sonrisa.

Elizabeth Susan Hummel Anderson. – Exclamó el orgulloso papá mientras sostenía a su hija en un brazo y con su mano libre sujetaba una de las manitas de la pequeña y dejaba un dulce beso en ella.

Un nombre precioso... Casi tanto como ella. – Susurró una enfermera.

El feliz papá sonrió una última vez y acarició la nariz de su hija con la suya propia antes de entregarle la niña a la mujer para que comprobaran su estado de salud.

Fin del Flashback

– Blaine... ¿Te encuentras bien? – Kurt se había acercado a su marido y lo observaba expectante. El moreno abrió los ojos y las miradas del matrimonio se conectaron. El castaño se quedó asombrado porque percibió algo diferente en él. ¿Acaso estaba recordando cosas? La frase susurrada antes y ese brillo en sus ojos...

– Sí, estoy bien... Jess, Coop, ¿Podríais encargaros de Liz hoy? – Pidió el menor.

– Por supuesto. Tal vez sea mejor que nos vayamos ya. – La mujer pensaba que su amigo estaba enfermo y quería librarlo de los gritos y travesuras de dos ruidosos niños.

Todos se dirigieron a la puerta y se despidieron. En cuanto el ojiazul cerró la puerta, notó unos fuertes brazos que lo giraban y presionaban contra la puerta mientras una boca devoraba la suya. Se le escapó un gemido y se dejó amar por su esposo, que pronto comenzó a desabrochar la camisa del más alto. Cuando consiguió deshacerse de la prenda, acarició todo el pecho del mayor. Hummel sentía sus piernas como si fueran gelatina, había pasado mucho tiempo desde que habían estado así y su cuerpo lo necesitaba. Decidió sujetarse en su marido, posando sus brazos alrededor de su cuello. Anderson comenzó a restregarse con su esposo que emitió un gran gemido.

– Si vuelves a hacer un ruido como ese te juro que te tumbaré en la cama y te haré mío sin preguntar... ¿Queda claro? – "Amenazó" Blaine imitando la frase que no hace mucho usara el castaño con él. Kurt volvió a gemir para provocarlo. – Lo siento, creo que ni siquiera llegaremos a la cama.

Agarró al castaño y lo volvió, haciendo que éste le diera la espalda. Bajó los pantalones y los calzoncillos de ambos hasta los pies. Chupó sus dedos para cubrirlos de saliva e introdujo uno en el interior de su marido que gimió ante las sensaciones casi olvidadas. El moreno comenzó a embestirlo con su mano mientras mordía su nuca y hombro. El ojiazul se sentía en una nube, feliz y excitado, sabiendo que sus deseos serían satisfechos pronto. El menor introdujo un segundo dedo y siguió dilatando a su pareja. Después un tercer dedo.

Cuando el ojimiel sintió que su marido estaba listo, entró dentro de él. Para el más alto fue algo doloroso al principio por la falta de lubricante y por la urgencia con la que había transcurrido todo. Pero pronto se acostumbró a esa sensación.

– Ya puedes. – Casi jadeó.

El menor comenzó a moverse de manera muy suave para no dañarlo. Al principio les costó encontrar la postura pero, en cuanto lo hicieron, la velocidad de las embestidas aumentó. Tardaron muy poco en llegar al orgasmo. El primero fue Hummel, sintiéndose como hacía mucho que no se sentía. Poco después fue el más bajo.

El castaño se volvió y besó a su marido. Anderson profundizó el beso.

– Espera un poco. Recojamos este desastre, vayamos a la habitación y hablemos de lo que has recordado exactamente antes de repetir. – Pidió el ojiazul.

Así lo hicieron, se tumbaron en la cama y Blaine le contó a Kurt todo lo que había recordado y volvieron a tener relaciones sexuales hasta el punto que, después de una de ellas, se dieron cuenta de que había amanecido y que por lo tanto habían pasado horas amándose y hablando.

Por la mañana, Jessica llegaba con Liz.

– Vaya cara. ¿Tan mal has pasado la noche? – Preguntó la rubia cuando vio al ojiazul con ojeras.

– Al contrario. Ha sido una de las mejores de mi vida. – Respondió él con una gran sonrisa. A la mujer no le costó mucho entender lo que había pasado y lo abrazó. Era feliz porque sabía que las cosas se solucionaban por fin. El sufrimiento había acabado y ya sólo les quedaba disfrutar de su futuro.