Capítulo 8:
Durante el trayecto que duró alrededor de dos horas, estuvieron escuchando una divertida emisora de radio que emitía canciones conocidas, que los tres cantaban.
Henry iba cómodamente instalado en su silla y leyendo los cuentos, porque ya había empezado a leer, así que muy despacio y silabeando, iba leyendo poco a poco el escueto texto de los libros. A cada poco los mayores le animaban, diciéndole que lo hacía muy bien, ante lo que el crío sonreía orgulloso.
Poco antes de llegar a su destino, tuvieron que parar para hacer pis y tomar algo y fue entonces, cuando Castle cayó en la cuenta, de que no había avisado a su familia que iban para allá.
Así que cogió el teléfono y saliendo de la cafetería llamó a su casa, para decirle que iban a pasar allí el fin de semana, con un invitado, sin especificar quien. Martha, que fue con quien habló le dijo que prepararía el almuerzo, y que Alexis seguía durmiendo, pues estuvo en una fiesta con sus amigos de la zona, la noche anterior, pero que cuando se levantara le pediría que se quedara a esperarlos. Ante la sorpresa de Martha, Castle le pidió que preparara macarrones con queso.
Henry y Kate se habían quedado dentro del local, ella tomando su café y él un batido de chocolate, pero cuando vio que su padre salía y caminaba alejándose, empezó a mostrarse inquieto.
-¿Qué te pasa Henry? – preguntó Kate – ¿no te gusta el batido?
-Mi papá se va solo – dijo preocupado apretando a Edwin al que no soltaba para nada.
-No cielo, solo ha salido a hablar por teléfono, aquí dentro no hay cobertura, mira ves, ahí viene – Henry te echaba de menos – le dijo a Castle, que se acercaba a ellos – ya creía que te ibas sin él.
-¿Cómo me iba a ir sin mi novia y sin mi hijo? – dijo Castle – de eso nada, ¿habéis terminado?... pues al coche.
Henry por si acaso se agarró de la mano de Castle, no estaba muy convencido de que no fueran a dejarlo por ahí. Volvieron al coche y siguieron camino a la playa.
Cuando llegaron a la casa, Kate no pudo menos que expresar su admiración. Era una casa grande y muy bonita, del estilo de las casas de la zona. Aparcaron en la entrada y bajaron. Kate ayudó a soltarse a Henry.
Alexis que había oído el ruido del coche y tenía muchas ganas de ver a su padre salió enseguida a saludarlos, abrazó a Castle, le dio un beso a Kate, y fue entonces cuando reparó en el niño.
-Anda, y tú, ¿Quién eres? – preguntó sorprendida.
-Soy Henry, Henry Rodgers – dijo el niño, como tenía por costumbre presentarse.
Alexis miró a su padre, luego a Kate, después al niño y por último volvió a mirar a su padre.
-Papá, ¿Qué has hecho?, que no hace ni un mes que te dejamos solo.
-Hija – dijo Rick – será mejor que entremos en casa porque esta es una larga historia.
-¿Eres Ariel? – preguntó Henry, que miraba atentamente a Alexis y a su espléndida melena pelirroja.
-¿Ariel? – preguntó desconcertada – yo soy Alexis.
-Pero la sirenita se llama Ariel – afirmó Henry.
-¡Ah, esa Ariel!, no, no soy Ariel, me llamo Alexis.
-Creo que este niño ha visto demasiados dibujos animados – dijo Castle – anda vamos dentro y así os cuento todo.
Entraron en la casa y Martha los saludó alegre, hasta que reparó en Henry. Antes de que tuviera tiempo de preguntar, Castle le dijo que ese era Henry y que ahora les contaba, pero Kate y el niño iban a bajar a la playa, así que los llevó a su habitación para dejar las cosas y cambiarse. Mientras Kate se cambiaba en el baño, él ayudaba al niño a ponerse el bañador, y a coger sus cosas.
-¿Tú no te pones el bañador?
-Ahora tengo que hablar con Alexis y con esa señora que estaba ahí y que es mi madre. Cuando termine, me pongo el bañador y bajo a la playa.
-¿Yo me voy solo?
-No, claro que no, Kate se va contigo.
Esta salía en ese momento del baño, con un veraniego vestidito que se había puesto encima del bikini. Él no se pudo resistir y se acercó a besarla.
-¡Estás muy guapa!
-Gracias. ¿Has preparado las cosas?
-Si – dijo él, que en una bolsa había metido las toallas y la crema protectora – ponle bastante, a ver si encima se nos quema.
-No te preocupes, lo untaré como un panecillo.
-¿Estás preparado Henry? – le preguntó su padre.
-Sí, pero… dijo el crío.
Llevaba puesta la gorra y a su inseparable Edwin debajo de un brazo. Se había colgado la mochila de plástico de la espalda, y en la mano tenía la de Spiderman, y era evidente que no sabía qué hacer con ella.
-Esta la guardamos aquí en casa, para que no se estropee en la playa, ¿de acuerdo?
-Vale, luego vengo por ella.
Kate lo cogió de la mano, pasaron por el salón antes unas asombradas abuela y nieta, y Castle los llevó hasta el porche para indicarle la bajada a la playa.
-¿Tú vienes pronto? – preguntó Henry a Castle.
-En cuanto termine con esto, me reúno con vosotros.
Cuando salieron, fue a sentarse en un sillón frente a su madre y su hija.
-Y ahora Richard – le dijo muy seria Martha – ¿vas a decirnos quien es ese niño?, porque Alexis me ha dicho que se llama Henry Rodgers, que yo sepa, nosotros tres somos los únicos Rodgers que hay en esta casa.
Durante más de una hora Castle estuvo contando todo lo que había sucedido en los últimos días. Tanto su madre, como su hija recordaban a Rachel, sobre todo Alexis, que se entristeció mucho al saber que y como había muerto. Ella la recordaba con mucho afecto, pues Rachel siempre fue cariñosa con ella, si tenían que llevársela cuando salían juntos a algún sitio, Alexis iba con ellos y a Rachel nunca le estorbó la niña, incluso le había hecho de canguro algunas veces.
-Entonces, ¿Henry es mi hermano? – preguntó sintiendo un enorme interés por el pequeño.
-Pues parece que así es – dijo Castle.
-Pero, ¿te harás las pruebas de paternidad? – le preguntó Martha.
-¿Para qué?
-Hijo, que pareces tonto algunas veces – dijo exasperada Martha – a saber si esa Rachel, te quiso encasquetar al niño. Ella sabía perfectamente, que tienes dinero. Tienes que hacerte las pruebas nada más que volvamos a la ciudad.
-Bueno – dijo no muy convencido – le gustaba Henry y lo aceptaba como hijo.
-¿Y Kate no ha dicho nada?, ¿lo ha aceptado sin problemas?
-Mamá, ya te he dicho como ocurrió todo. Si Henry es mi hijo, que estoy seguro de que lo es, porque por el tiempo en que fue concebido, ella y yo estábamos juntos, a Kate ni siquiera la conocía. Ocurrió antes, lo que pasa es que me he enterado después, por Dios, que no voy a ir llamando a las mujeres con las que he estado por si por casualidad las dejé embarazadas en su momento.
En ese momento escucharon las voces de Henry y Kate que venían por el jardín. El niño traía puesto aun los manguitos.
-Espera Henry que te quito los manguitos.
Entraron en la casa. Los tres se quedaron mirándolos.
-Tengo pis – dijo Henry que pasó como una exhalación hacia el dormitorio y desde ahí al baño.
-¿Por qué no me habéis esperado en la playa? – preguntó Castle.
-A Henry le pareció que tardabas mucho, y quiso subir a asegurarse que no te habías ido sin él. A mitad de camino le entraron ganas de orinar.
-Me gustaba Rachel – dijo Alexis – me tenía cariño y yo a ella. Creo que solo por ser hijo de ella, Henry se merece una oportunidad en nuestra familia, se ha quedado solo, y nada más nos tiene a nosotros.
-¿Tú qué opinas? – preguntó Martha a Kate.
-Creo como Alexis, que Henry merece una oportunidad. Es solo un niño. Desde que lo conozco, no he podido dejar de pensar que si a un hijo mío le pasara lo que a él, no encontraría mejor persona que Rick para cuidarlo.
Castle la miró con agradecimiento y amor.
-Ni siquiera se parece a ti, hijo – siguió protestando Martha.
-Yo tampoco me parezco a ti, y nunca hemos dudado el uno del otro – contestó Rick.
-Pero prométeme que cuando volvamos te harás las pruebas de ADN.
-De acuerdo – dijo con cansancio.
Salió el niño. Todos le miraron.
-Henry, ¿quieres un zumo? – le preguntó Alexis.
-Bueno, ¿Tú vienes a la playa? – le preguntó a su padre.
-Ahora mismo voy a ponerme el bañador y bajamos a la playa, pero antes quiero presentarte a alguien. A Alexis ya la conoces, ella es mi hija mayor, así que es tu hermana.
-Yo nunca tenía una hermana – dijo Henry.
-Bueno – dijo Alexis – pues ya la tienes. Soy tu hermana mayor y se agachó para abrazarlo. Algunas veces cuando papá no pueda, yo cuidaré de ti, ¿de acuerdo?
-Vale. Te pareces a Ariel – volvió a decir el chiquillo – eres guapa – dijo zalamero.
-En eso sí que se parece a ti, ha sido ver una chica guapa y desplegar todos sus encantos – dijo Martha sin poder evitar la sonrisa.
-Y esta señora es mi mamá – dirigiéndose a Martha – se llama Martha, y es tu abuela.
-Tú no eres como la abuela de Johnny – dijo Henry, mirando atentamente a Martha – ni como la de Enzo.
-¿Y cómo son las abuelas de Johnny y Enzo? – preguntó Martha interesada.
-La de Johnny tiene el pelo largo y blanco. Tu pelo es naranja. Me gusta el naranja. Es bonito.
-Gracias – dijo Martha.
-¿Y cómo es la abuela de Enzo? – preguntó Alexis curiosa.
-Tiene muchos pelos aquí – dijo señalándose debajo de la nariz y provocando la sonrisa de todos – no me gusta. ¿Me das zumo?
-Claro, mientras papá se pone el bañador y nos vamos a la playa, ¿tú te vienes abuela?
-No hija, yo mejor me quedo aquí preparando el almuerzo, macarrones con queso.
-Me gustan los macarrones con queso – dijo Henry con una amplia sonrisa.
Salió Castle con calzonas, camiseta y chanclas.
-¿Nos vamos?
-Si – dijeron los tres a la vez.
-Divertíos – dijo Martha – os aviso cuando esté la comida.
Kate y Alexis se tumbaron en sus toallas a tomar el sol. Henry se sentó en la arena, sentando a Edwin junto a él y volvió a sacar todos los cacharros de la mochila. Cogió la pala y empezó a llenar el cubo de arena. Castle que se había sentado junto a sus chicas, simplemente lo observaba.
-¿En qué piensas? – le dijo Kate incorporándose, al verlo tan pensativo.
-En lo diferente que habría sido su vida, si su madre me hubiese hablado de él. Es tan chico y ha pasado por tanto ya.
-No te culpes papá – intervino Alexis – no eres adivino, alégrate de haber sabido de él. Si Rachel no hubiera dicho nunca nada, ni siquiera sabríamos que existe Henry.
Mientras los adultos hablaban, el aludido hacía flanes de arena de lo más concentrado. Como si hubiese intuido que hablaban de él, levantó la cabeza y les dedicó una radiante sonrisa.
-Es muy guapo, y Martha tiene razón no se parece en nada a ti – dijo Kate para picarle.
-Yo tampoco me parezco a papá – dijo Alexis solidaria con su padre.
-De eso nada – dijo Kate convencida – a lo mejor no os parecéis físicamente, pero cuando se os conoce a los dos, no puedes negar que eres hija de tu padre.
-¿De veras? – preguntó interesada Alexis – nunca me lo había dicho nadie.
-Pues es cierto, igual le pasa a tu padre con tu abuela. Tenéis algunos gestos, que son inconfundibles de la familia Rodgers.
Henry dio por terminada su obra y dirigiéndose a su padre preguntó:
-¿Te gusta mi castillo papi?
-Mucho, es un castillo precioso, ¿te apetece darte un baño?
Henry miró el mar. Había bastante oleaje.
-No sé…
-¿Te dan miedo las olas? – le preguntó.
-Un poquito – contestó receloso.
-¿Y si yo te sujeto?
-Vale – se levantó y fue a coger a Edwin.
-¿Quieres que cuide de Edwin mientras tú te bañas? – le preguntó Kate – no creo que le apetezca mucho mojarse.
-Bueno – y muy diligente sentó al muñeco al lado de Kate.
-Quédate con la señora Kate, ella te cuida muy bien. Ahora vengo – dijo.
Kate no supo si se lo decía a ella o a Edwin. Desde su posición privilegiada los vio entrar al agua cogidos de la mano. El chiquillo saltaba y gritaba cada vez que le alcanzaba una ola, cuando el agua le llegó a la altura del pecho, Castle lo cogió en brazos. Entonces se volvió a Alexis.
-¿Cómo te sientes ante esta nueva situación? – preguntó – no solo me tienes que aguantar a mí en la vida de tu padre, sino que de repente te aparece un hermano.
-Pues un poco rara. No me malinterpretes Kate, de verdad que no tengo nada en contra tuya, es más, en estos días que he hablado con papá por teléfono, lo he oído feliz, y sé que eso es gracias a ti. Llevo dándole vueltas a la cabeza, y ahora que me voy a la universidad, realmente me alegro, de que estéis juntos, y ahora que ha aparecido Henry, todavía me alegro más de que estés con él.
-Me hace feliz – dijo Kate mirando hacia donde estaban ellos – y yo pensé que nunca podría serlo, que no tendría paz hasta dar con el asesino de mi madre y que no merecía vivir una vida propia, hasta haber acabado con eso, y tu padre me ha cambiado todos los esquemas.
-¿Y si vuelve quien mandó asesinar a tu madre?, ¿te lanzarás a perseguirlo para matarlo? – preguntó Alexis – porque ya sabes que donde tú te tires, mi padre se tirará detrás.
-Si vuelve, seré prudente y pediré ayuda, y si me tengo que quedar en casa y dejar que otros se encarguen por mí, pues lo haré, se acabó ir de heroína por ahí, poniendo en peligro mi vida y las de las personas que me quieren. Lo que tengo con tu padre es demasiado valioso para ponerlo en peligro, este ha sido el mejor mes de mi vida.
-Me alegro de oír eso, de verdad, me alegro mucho, veo a mi padre muy feliz, y solo espero que la llegada de Henry no os afecte mucho.
-Yo también lo espero, de momento no parece un niño difícil. Y a ti, ¿cómo te afecta la llegada de Henry? – le preguntó Kate.
-Me gustaba Rachel, era alegre y cariñosa – recordó Alexis – nunca le importó que papá me llevara con ellos. Jugaba conmigo y me hacía peinados de chica mayor. Alguna vez que papá tuvo que salir y la abuela no estaba, cuidó de mí. Era una buena persona, me entristeció mucho cuando papá me contó cómo y de que había muerto.
-Si, la verdad es que es una pena que muriera así, tan joven – dijo Kate – te hace plantearte muchas cosas.
-Cuando papá nos contó quien era Henry, no pude evitar pensar en mi misma, y en lo diferente que habría sido mi vida si mi padre no hubiese estado ahí para cuidarme. Quiero a mi madre, pero si me hubiera criado ella, no habría tenido esta vida. Así que si Henry es mi hermano, bienvenido sea a la familia.
-Pues bienvenido, creo que todos vamos a tener que adaptarnos a la nueva situación.
-Para ti muy nueva – dijo la pelirroja sonriendo – un novio y un hijo en menos de un mes.
-Sí, pero a todo hay que adaptarse, y me encantan los retos, voy a darme un baño, ¿vienes?
-Si, empieza a hacer calor.
Entraron al agua entre grititos y saltos, pues estaba bastante fría, hasta que se zambulleron las dos. Se acercaron a los chicos. Henry estaba encantado, cada vez que Castle lo alzaba y lo tiraba al agua, gritaba de felicidad. Estaba cansado y trepó encima de su padre. Cuando vio acercarse a las chicas, las saludó alegre y se dio cuenta que su querido Edwin no estaba con ellas.
-¿Dónde está Edwin?
-Allí, ¿lo ves? – le dijo Kate señalando al muñeco encima de la toalla – se ha quedado cuidando las toallas y la bolsa.
-¡Ah, bueno! Edwin lo cuida todo – y se quedó conforme.
Estuvieron un rato bañándose y nadando juntos, hasta que decidieron salir para secarse un rato y subir a comer pues ya era la hora.
Al entrar en la casa, un delicioso olor les llegó.
-¡Tengo hambre de oso! – exclamó Henry provocando la risa de todos – yo me lavo pronto las manos y me como toda la comida.
Y sin que nadie le dijera nada, se fue muy formal al cuarto de baño a lavarse las manos.
Se sentaron a la mesa, y empezaron a comer, mientras comentaban lo buena que estaba la playa y el gran baño que se habían dado. Henry comía con gran apetito, mientras los mayores hablaban, fue a coger su vaso de zumo para beber, pero se le resbaló de la mano y el zumo se derramó por toda la mesa. Todos se echaron hacia atrás para evitar mojarse, Henry se quedó quieto con cara de miedo. Castle que se había dado cuenta, acercó la mano para poner bien el vaso diciendo:
-No pasa nada, ha sido un accidente.
El niño al ver acercarse la mano de Castle se encogió asustado, tapándose la cara y lloriqueando.
-Ya no lo hago más, ya no lo hago más.
Los cuatro adultos se quedaron callados, observando la exagerada reacción del pequeño. Con cuidado Castle le apartó las manos, y se le partió el alma, al ver la cara de puro pánico que tenía puesta.
-No pasa nada, Henry – volvió a repetir – ha sido sin querer, el vaso pesaba mucho para ti, te compraremos uno de plástico. Ahora se limpia y ya está.
-¿Tú no me pegas?
-Por supuesto que no – dijo conmovido.
-El señor Carpenter se enfada mucho y me grita y me da aquí fuerte – señalándose el cogote.
A Castle le dieron ganas de volver a Washington, buscar al señor Carpenter y partirle la cara, con sus propias manos. Todos estaban callados, pensando con pena, que a ese niño le habían pegado más de una vez. Castle les había hablado a las tres del tiempo que Henry estuvo en una familia de acogida, y que no fue una buena experiencia para él.
-No tienes por qué preocuparte Henry – dijo Martha solidaria y conmovida – a mí me pasa casi siempre – y sin querer, queriendo golpeó su vaso que también se derramó por la mesa.
El chiquillo la miró sorprendido, como esperando que alguien le riñera a esa señora tan torpe. Alexis se levantó por un paño y limpió lo derramado por su hermano y por su abuela, diciendo:
-Ya lo ves Kate, estoy rodeada de niños – dijo con una sonrisa, que Kate correspondió.
Después sacó un vaso más pequeño para Henry, que volvió a llenar y el almuerzo siguió con normalidad.
Castle propuso volver a la playa por la tarde, pero Alexis dijo que había quedado con unos amigos para ir al cine, así que fue a ducharse. Martha, también había quedado, así que decidieron verse a la hora de la cena en una cafetería cercana al puerto de Montauk.
Volvieron a la playa. Estaban los dos pendientes del niño, que se mostraba feliz jugando con la arena y el agua, sin alejarse mucho de los mayores. No pudieron evitar comentar el incidente ocurrido durante el almuerzo.
-¿Crees que le habrán maltratado mucho? – preguntó Kate – me sobrecogió cuando le vi encogerse de esa manera.
-Y a mí – suspiró Castle – estoy segura de que Rachel lo trató bien y lo quiso mucho, era muy afectuosa, quería mucho a Alexis, así que no pongo en duda que no quisiera a su propio hijo. Tampoco dudo del centro de acogida, se veían cariñosos e interesados por los niños. Es esa maldita familia Carpenter, donde han tenido que tratarlo tan mal.
-Pobrecillo, ¿has visto como a cada poco levanta la vista de lo que está haciendo y te mira sonriente?, es como si quisiese asegurarse de que no te vas a ir sin él.
-Si, su madre le dejó dicho que me buscara, que yo era su padre, y en cuanto me ha encontrado, no me pierde de vista. De momento parece que es bastante tranquilo.
-Si, parece que lo educó bien, y eso se le ha quedado a pesar de los malos momentos.
-Me hubiera gustado que tu primera visita a mi casa de verano, hubiese sido distinta, no tan apresurada, no me ha dado tiempo a enseñarte nada, casi ni hemos podido hablar.
-Rick, que te pareces a tu hijo – dijo Kate seria – no me voy a ir a ningún sitio, me gusta Henry, solo por ser tuyo, yo ya lo quiero.
-Gracias Kate – dijo besándola – esto es muy importante para mí.
-¿Vas a volver a Nueva York o te vas a quedar más tiempo?
-¿Dónde me voy a quedar?
-Pues aquí, Henry parece contento y en la ciudad hace mucho calor.
-Pero tú no puedes quedarte – dijo él.
-No, después de haber estado todo un mes sin trabajar por mi suspensión, no creo que Gates me diera vacaciones.
-Pues debería, que fue ella quien te suspendió y sin sueldo, eso no debería contar como tiempo de vacaciones.
-Lo sé, pero ni lo intento. Entonces, ¿te quedarás aquí?
-No – dijo con firmeza – me vuelvo contigo. Ya veremos cómo nos apañamos. Podemos venir los fines de semana.
-Genial – dijo ella, que no le apetecía volverse sola.
Se fueron a bañar y llamaron al niño para que los acompañara, luego jugaron otro rato con la arena, y hasta con una pelota que Alexis le había sacado a Henry.
Estuvieron en la playa hasta bien entrada la tarde, cuando decidieron subir para ducharse y cambiarse de ropa. Fue Castle quien se encargó de bañar a Henry, mientras Kate se duchaba en el otro cuarto de baño. Henry salió vestido de limpio, peinado y oliendo a la colonia de su padre.
-¿Le has puesto tu colonia al niño?
-Si, ¿Por qué?
-Bueno, aunque huele muy bien, no es un olor apropiado para él, hay que comprarle alguna colonia infantil.
-Creo que cuando volvamos vamos a tener que hacer más compras.
Los dejó viendo la tele, mientras era él, quien se duchaba. Una vez los tres arreglados, subieron al coche y se fueron a cenar.
CONTINUARÁ…
