Capítulo 11:

Llegaron a la 12th. Allí les dijeron que había habido más llamadas denunciando la aparición de más miembros amputados en Central Park, que los restos estaban siendo trasladados al depósito y que estaban peinando el parque, pero que tardarían debido a las dimensiones del mismo.

Así que hasta que tuvieran algún indicio, de quienes eran las víctimas, fueron interrogando a los desafortunados que se habían tropezado con esos regalitos que algún perturbado había dejado en el parque. Todos eran corredores, ciclistas, gente que frecuentaba el parque por las mañanas para hacer ejercicio. La mayoría de ellos, literalmente habían tropezado, otros miembros habían sido olfateados y encontrados por perros.

Un poco después del almuerzo, los llamó Lanie para que fueran a la morgue, diciendo que ya tenía algo que darles.

Cuando llegaron y antes de entrar donde se encontraba la forense, Castle le dijo:

-¿Preparada para la actuación inspectora?

-Pues no sé Castle, creo que hay varios forenses trabajando en el caso y no me apetece seguir aireando mi vida privada.

-Creo que conozco lo suficiente a Lanie para saber que no se va a poder aguantar a preguntar por Henry y ya buscará algún lugar donde tengamos intimidad.

-¿Qué tienes para nosotros doctora Parish? – le preguntó Becket a su amiga cuando la vio, en un tono de lo más profesional.

Lanie levantó la cabeza de donde estaba trabajando, y tal como Castle había predicho, los tomó por los brazos y se los llevó de allí a un espacio más privado. Kate casi no puede reprimir la sonrisa, ante la cara de suficiencia de Castle. Los metió en una sala donde no había nadie, cerró la puerta y poniéndose los brazos en jarras, los encaró.

-¿Me podéis decir que está pasando con vosotros dos?, porque qué yo sepa estáis juntos así, que, ¿Quién demonios es ese Henry?

Becket miró a Castle, para ver que se le ocurría decir, pero este solo miraba hacia abajo, como si estuviera muy avergonzado.

-¿No tenéis nada que decir? – siguió increpando Lanie, al ver que no obtenía ninguna respuesta.

-Verás Lanie – dijo Castle levantando la cabeza y con voz lastimera…

-¿Qué le has hecho a mi amiga? – le amenazó con un bisturí.

-Pero, ¿Por qué tengo que haber sido yo?, empezó ella – señalando a Kate.

-¿Qué es lo que empezaste? – se volvió hacia su amiga, que no tenía ni idea de lo que decir.

-Esto es algo muy privado – acudió Castle en su ayuda – y nos resulta muy embarazoso tener que compartirlo contigo.

-Kate siempre me lo cuenta todo – excusó su curiosidad Lanie, porque realmente estaba ya que se moría por saber.

-A Henry lo conocimos hace poco – siguió Castle – Kate y él se sintieron inmediatamente atraídos.

A estas alturas de la historia, Kate miraba a Castle, con el mismo interés que lo hacía Lanie, empezaba a sospechar por donde iba a salir, recordando un reportaje de televisión, que habían visto juntos y comentado, pues les había llamado bastante la atención, pero no lo creía capaz. Se equivocó.

-Yo estaba cuando se conocieron y vi como la atracción era irremediable, y me sentí mal, porque veía peligrar nuestra relación.

-¿Lo habéis dejado?, pero si no lleváis juntos ni dos meses – dijo Lanie que no salía de su asombro – Kate Becket, tanto tiempo suspirando por este hombre y ahora que lo tienes lo dejas por el primero que se te cruza.

-¡Yo no he dejado a Castle! – protestó ella.

-Claro que no – se apresuró a intervenir Castle – estamos juntos… los tres.

-¿Los tres?, espera un momento, a ver, ¿Cómo que los tres?

-Eso Castle – intervino Kate – ¿Cómo que los tres? – estuvo a punto de estropearlo Kate, pero él intervino rápidamente.

-Hemos formado un trío – soltó Castle ante el asombro de las dos, pero sobre todo de Lanie, que los miraba fijamente.

-No me lo creo – dijo la forense – esto se lo ha inventado el chico escritor para desviar el tema.

-Pues no te lo creas – dijo Becket, que decidió tirarse a la piscina y apoyar a Castle en la invención de semejante historia, y así de camino castigar un poco a su amiga – pero es cierto – y la miró fijamente a los ojos, intentando no reírse.

-¿Y tú te acuestas con los dos?, o debería preguntar ¿os acostáis juntos los tres?

-Pues claro – dijo Kate – no querías saber de dónde venía mi cara de satisfecha como tú dices, pues de lo satisfecha que estoy con dos sementales a mi entera disposición.

-Entonces, ¿tú te acuestas con Castle y ese tal Henry? Y tú – dirigiéndose a Castle, ¿también te acuestas con Henry?

-¡Ah no! – dijo molesto – yo con ese tío no tengo nada – lo dijo totalmente ofendido como si realmente existiera esa tercera persona, que él mismo se había inventado – es un trío doctora Parish, no una relación homosexual. Los dos estamos para complacerla a ella.

-¿Los dos?, ¿A la vez?, no me lo creo – volvió a decir – tú – mirando y señalando a Castle con un dedo acusador – ¿aceptando que otro se acueste con tu chica?

-A ver Lanie – Castle intentaba aparentar una seriedad que no sentía en absoluto – yo acepto gustoso, que mi misión en ésta vida es hacer feliz a Kate, y esta mujer… ¡Es insaciable! – Kate casi le pega cuando dijo esto – yo solo no puedo, me tiene seco, por eso nos buscamos a otro tipo, apareció, le gustamos, nos lo propuso, lo pensamos y aceptamos.

-¿Así?, ¿Tan fácil?

-Bueno al principio era un poco raro, pero ya luego te acostumbras.

A Lanie le costaba creérselo, pero la seriedad en la cara de Kate, la estaba haciendo dudar. En ese momento sonó el teléfono de Castle, llamaban de la guardería, como no tenía cobertura tenía que salir de allí y solo dijo.

-Es de Henry, salgo fuera que aquí no oigo nada – y salió.

Lanie miró a Kate como si no la conociera y solo pudo decirle:

-Pervertida, ya hablaremos tú y yo, y ahora voy a enseñarte para lo que te he llamado – y salió muy seria, mientras Kate la seguía.

Cuando Castle volvió a entrar, las encontró en la sala donde tenían los restos, que estaban analizando y juntándolos en mesas, una vez que averiguaban si eran de la misma persona. Con lo que llevaban encontrado, tenían a medio reconstruir los cuerpos de cinco personas, tres hombres y dos mujeres, no se habían encontrado los troncos, ni las cabezas, solo las extremidades.

De momento era eso lo que había, y que las victimas llevaban un tiempo muertos cuando fueron descuartizados, pero no sabían cuánto, aún quedaban algunos miembros por analizar. Además cuatro de las víctimas estaban embalsamadas, como si hubiesen estado en algún tipo de funeraria.

-¿Algún problema con Henry? – preguntó directamente Kate.

-No, solo algo de rutina, de todas formas sabes que lo vemos en un rato.

Lanie los miraba alternativamente a uno y otro, le costaba tanto trabajo creer lo que le habían contado. De Castle, no se fiaba un pelo, pero ¡Kate!, ella prestándose a contar eso de sí misma, y además tan seria, era eso lo que le hacía dudar, tendría que seguir investigando.

-Entonces, podemos irnos – dijo Kate – vuelvo a la 12th, a hablar con Gates, de momento no hay ninguna pista, pondré a los chicos a investigar en las funerarias a ver si faltan cadáveres, pero nosotros por hoy hemos terminado, así puedo acompañarte a recoger a Henry – dijo en voz alta para que se enterara Lanie.

-¿No descansáis ninguna noche? – preguntó mosqueada.

-¿No te dije que tu amiga era insaciable? – dijo Castle con una sonrisa, lo que la valió un cate en el brazo por parte de ella.

-Nos vemos Lanie – se despidió Kate con una sonrisa.

-Doctora Parish – dijo Castle.

-Una vez fuera, y a buen resguardo dentro del coche.

-Conque insaciable, ¿eh? – preguntó ella – eso tiene como castigo una semana de abstinencia, a ver quién es más insaciable de los dos.

-Pues tú – dijo él con una sonrisa – que estás liada con dos.

-Menuda ocurrencia. Pobre Henry, para lo que hemos usado su nombre, cuando se entere Lanie nos mata – dijo Kate también riendo.

-Creo que es la primera vez que hemos conseguido dejarla callada.

-¿Callada? – dijo Kate – estupefacta y sin palabras, diría yo.

No pudieron evitar volver a reírse. Dejar a Lanie sin tener nada que decir, era realmente una proeza. Volvieron a la comisaría, pero solo de paso. De momento todavía no había nada, así que como Kate ya terminaba el turno, se pudieron marchar.


La llamada que habían hecho a Castle de la guardería era para saber unos datos del niño que faltaban, para cumplimentar su ficha. Cuando llegaron a recoger a Henry, este salió feliz. Les dijo que le había gustado, que lo había pasado muy bien, y que mañana volvía otro ratito, pero la cara de absoluta felicidad que se le puso, cuando vio que habían ido a recogerlo era tal, que Kate no se resistió y sacando el móvil le hizo una foto. Realmente solo estaría allí unos días, pues pronto empezaría el colegio, pero su padre pensó que le vendría bien ir adaptándose a tener que permanecer en otros sitios y así cuando llegara la hora de ir al colegio le costaría menos trabajo.

Estuvieron hablando un rato con la señora Johnson, ya que Castle estaba un poco preocupado por lo inseguro, y a veces triste que estaba. La directora que se mostró encantada con el niño, dijo que era muy inteligente y observador, que había preguntado muchas veces cuando iban a recogerlo, pero que con lo que había pasado en los últimos años, era normal, esa inseguridad, y que poco a poco iría desapareciendo. Y que lo mejor para él, ahora era una vida estable, con las rutinas propias de su edad y que ya verían como en poco tiempo, era un niño distinto.

Ese día iban los de la tienda de muebles, para llevar y montar el nuevo dormitorio de Henry. Martha les había hecho el favor de esperar en el loft, hasta que todo estuvo arreglado. Alexis se quiso encargar de comprarle las sábanas, y otros detalles para completar la decoración del cuarto

Así que una vez que lo recogieron se fueron a casa, para ver que tal había quedado todo. Cuando Henry vio su nueva habitación, abrió los ojos asombrado, y preguntó:

-¿Es para mí?

-Toda tuya, campeón.

-¿Y voy a dormir en esta cama?

-Pues claro, ¿te gusta?

-Sí, me gusta mucho. Hay un barco de piratas – dijo señalando el dibujo de la colcha – y está Nemo – un cojín sobre la cama con la forma del conocido pececito.

-Mira – le dijo Alexis – que también estaba allí para ver en directo la reacción de su hermano – están tus juguetes, tus libros, y algunas cosas que te he comprado nuevas, ¿Te gustan?

-Si – dijo dirigiéndose a una caja con unos puzles, ¿puedo jugar un ratito?

-Pues claro, todo lo que quieras – le dijo Kate.

Fue a poner a Edwin sobre la cama, y vio los marcos con las fotos de su madre sola, y otra de los dos juntos. Se le iluminó la carita:

-Es mi mami, yo tenía muchas ganas de verla – suspiró resignado – pero ya sé que donde está es muy lejos y no puede venir. Es guapa.

-Por eso hemos puesto ahí la foto – le dijo su padre – para que la tengas cerca.

-Y para que no se le olvide su cara – dijo Kate flojito, pensando más en ella que en el mismo niño, miró a Alexis y Castle – por mucho que no quiera una, hay veces que cuesta recordar, no solo su cara, sino su voz – dijo emocionada.

Castle la abrazó:

-Me hubiera encantado conocer a tu madre, debió ser una gran mujer – le dijo él también emocionado – anda, dejemos que se habitúe a su nuevo espacio y bajamos a tomarnos un café.

-Yo lo voy preparando – dijo Alexis.

-Henry – le dijo al niño – estamos abajo en el salón, ¿vale?

-Vale papi, ahora voy a jugar aquí un ratito.

Y lo dejaron en su nueva habitación. Cuando bajaron Alexis les mostró otra cosa que había comprado:

-Los vi en la tienda y pensé que con lo lejos que esta de vuestra habitación, ibais a necesitarlo – y les dio una caja con unos transmisores para que pudieran estar al tanto de Henry, por si necesitaba algo.

Se tomaron el café y estuvieron hablando sobre varias cosas, entre las que no dejaron pasar, el extraño caso en el que estaban metidos, y lo raro que era que hubieran empezado a aparecer miembros amputados por el parque. Alexis que había estado ayudando a Lanie, opinaba que sería obra de algún perturbado. Los dejó solos, pues se fue a arreglar para salir con unas amigas. Ya estaba preparando las cosas para su mudanza al campus. Su padre no podía evitar entristecerse cada vez que veía las cajas con ropa y libros de su hija.

Estaban sentados juntos en el sofá abrazados y de vez en cuando se daban un besito.

-Estaba pensando – dijo Kate – que ahora que Gates sabe lo nuestro, deberíamos decirles a los chicos, que estamos juntos y también hablarles de Henry.

-¿Quieres que se enteren todos de que tenemos un trío? – preguntó en broma.

-Tonto – le dijo cariñosamente y poniéndose seria de repente – espero que a Lanie no se le escape nada del trío, la dejamos tan asombrada que lo mismo no es capaz de resistirse y lo comenta con Javi.

-Entonces me quitan la custodia del niño, espero que no se vaya de la lengua, y si, deberíamos decírselo, ¿Organizamos una cena para este viernes?, ni mi madre ni Alexis estarán, ya las oíste hacer planes las dos para la noche del viernes.

-Mañana se lo comento a todos, para que no hagan planes.

-No se habían dado cuenta de lo tarde que era, hasta que Henry apareció delante de ellos abrazado a su inseparable Edwin.

-Tengo hambre y Edwin también.

-¡Huy, que tarde, se nos pasó el tiempo! – dijo Kate – yo preparo la cena mientras tú lo bañas, ¿vale?

-Por supuesto, vamos arriba Henry, antes de cenar hay que bañarse y ponerse el pijama – y lo cogió de la mano para subir las escaleras.

Una vez que estuvo bañado y con el pijama puesto, bajaron hasta la cocina, donde se sentaron en la barra para cenar los tres. Llegó la hora de acostarlo, subieron los dos con él, y Kate esperó mientras Castle le contaba un cuento. Antes de terminar ya se había dormido abrazado a Edwin. Afortunadamente no tenía trastornos de sueño, y acostumbraba a dormir toda la noche de un tirón.

Los dos le dieron un beso en la frente, le conectaron el transmisor y le encendieron una pequeña lamparita.

-¿Qué te parece si nosotros también nos acostamos señora Kate? – le dijo él, llamándola como lo hacía Henry.

-Estaré encantada de acompañarle, señor Rick.

Y bajaron hacia su habitación para acostarse. Y aunque estaban cansados, dedicaron un buen rato a amarse, apasionadamente y sin prisas como a ellos les gustaba.

CONTINUARÁ…