Capítulo 12:

Se levantaron temprano los dos, querían estar pronto en la comisaría, a ver si se había averiguado algo más sobre el caso que llevaban entre manos. Castle se encargó de levantar a Henry, al que no le hizo mucha gracia, darse tal madrugón, lo ayudó a vestirse y bajaron los dos de la mano a desayunar. El crío seguía refunfuñando un poco, mientras su padre le explicaba, que ellos dos tenían que ir a trabajar porque era su obligación, así como la obligación de él, era quedarse en la guardería y dentro de unos días ir al colegio. Y queriendo consolarlo:

-Además hoy te recogeré más temprano, voy a llevarte a que te hagan un reconocimiento médico – se lo había recomendado la señora Johnson, pues a él ni se le había ocurrido.

-No me gustan los médicos, y yo no estoy malito – dijo serio.

-No van a hacerte nada, solo te auscultará, te mirará la garganta y los oídos, y luego te pesará y te medirá.

-Pero yo no estoy malito – insistió Henry – no se me caen los pelos.

-Ya sé que no estás malito Henry, pero tienes que ir. No va a hacerte daño, yo estaré todo el rato contigo. Voy a salir antes del trabajo.

-Bueno – dijo no muy convencido – ¿dónde está tu trabajo?

-Mi trabajo es escribir libros, como el que tú tienes, y luego voy a ayudar a Kate a la comisaría.

-¿Qué es la comisaría? – le preguntó a su padre, pero fue Kate que había sido testigo de la conversación, quien contestó.

-En la comisaría trabajamos los policías.

-¿Tú eres policía? – preguntó sorprendido – no tienes gorra ni pistola.

-Si que las tengo, la gorra solo me la pongo en ocasiones especiales, pero un día te la enseño.

-¿Y la pistola?

-La pistola está guardada Henry – así era, la dejaba en la caja fuerte del estudio de Rick, desde que el niño llegó a la casa – es una de las de verdad y es muy peligrosa.

-Pero yo quiero verla – dijo insistiendo, con interés.

-Pero no podrá ser amiguito – dijo su padre muy serio – esas cosas mejor de lejos. Y andando que se nos hace tarde – y zanjó la conversación pues como le advirtió la directora del centro de menores, Henry podía llegar a ser muy insistente.

Recogieron las cosas del desayuno y salieron de la casa. Ni Alexis, ni Martha se habían levantado, así que Castle les dejó una nota. Kate los dejó en la puerta de la guardería y ella se fue para la comisaría. Castle entró con el niño, estuvo un rato hablando con la señora Johnson y luego salió para buscar un taxi.

Llegó a la comisaría y ya estaban allí todos, alrededor de la pizarra de las pistas. La verdad es que era un caso raro, en ninguna funeraria habían denunciado la desaparición de ningún cuerpo. Según el ADN de las víctimas, eran gente corriente, pues no había coincidencias en el sistema, y lo que era más extraño aún solo habían aparecido las piernas y los brazos, así que, ¿Dónde estaban los troncos y las cabezas?

Así que realmente no sabían por dónde empezar, no tenían pistas. Se había hecho una batida por todo Central Park, y no habían encontrado más restos y en los sitios donde estos se encontraron, no había huellas determinantes, pues por ahí pasaban miles de personas, andando, corriendo o en bicicleta, así que iba a ser difícil, dar con alguna pista.

Gates estaba desesperada, técnicamente el caso era de su competencia, se habían encontrado restos humanos y se suponía que había habido uno o varios asesinatos, que tampoco estaba claro, pues con lo que había aparecido no se podía determinar la causa de las muertes, además no había cuerpo o cuerpos enteros. En fin, que estaba que echaba chispas e incluso llegó a decirle a Castle, cuando este entró por las puertas, que cualquier teoría por descabellada que fuese, sería bienvenida.

Un poco antes de la hora de almorzar, los llamó Lanie, al parecer había encontrado algo y los esperaba en el depósito. Cuando llegaron, saludaron a la forense, que estaba en su despacho, con total normalidad, pero esta no podía olvidar lo que le habían contado el día anterior, así que los miró a los dos, con cara muy seria, pero como era de natural cotilla, no se pudo aguantar y preguntó:

-¿Habéis pasado buena noche?, ¿los tres?

-Una noche magnífica, gracias – dijo Castle por toda respuesta.

-¿Y tú?, ¿Pasaste buena noche Lanie?

-Muy buena – lo cual no era del todo cierto, pues había estado toda la noche, dándole vueltas a la relación de trío en que su amiga se había metido – ¿Y Henry está bien? – les preguntó.

Y antes de que Castle pudiera contestar, a Kate se le escapó:

-Muy bien también, lo dejamos en la guardería antes de venir aquí.

A Lanie se le cambió el color de la cara.

-¿En la guardería?, ¿Henry es profesor de guardería?, no me lo puedo creer, eso es asqueroso. Esos pobres padres dejando a sus hijos en manos de un pervertido – Lanie empezó a divagar, era más que evidente que se había montado su propia película.

Kate y Rick se miraron, estaba claro que había llegado la hora de contarle a Lanie la verdad, antes de que le diera un infarto.

-Lanie – dijo Kate muy seria – dinos para que hemos venido y luego te invitamos a comer, tenemos que decirte algo.

-¡Ah no!, conmigo no contéis, ni se os ocurra, que yo soy una mujer liberada, pero hay ciertas cosas que no las tolero, a mí me dejáis de vuestros jueguecitos.

-Pero, ¿de que estas hablando? – preguntó Kate sorprendida.

-De que no pienso formar parte de vuestras porquerías, de eso.

-Solo he dicho que queremos decirte una cosa – dijo Kate con una sonrisa, pues se había dado cuenta de por dónde iba su amiga – no invitarte a participar, jajaja.

-Si, tu ríete, pero eso tiene que ser malo para la salud.

-No tiene por qué – dijo Castle interviniendo – a lo mejor es muy bueno. Y por cierto, tengo que comer temprano, así que si la doctora Parish es tan amable de decirnos, para que nos quería, antes nos podemos ir a comer.

Lanie lo miró con cara de pocos amigos, estaba seguro de que esas cosas raras en las que Kate se había metido, eran idea de Castle que seguro que habría ido a más de una orgía en sus tiempos.

Los llevó a la sala de autopsias y les enseñó las radiografías que había hecho de los miembros. En dos de ellas, que eran de las piernas de una mujer, había indicios de prótesis de rodilla. Les dijo que iban a extraer las prótesis, para ver si tenían algún número de serie y por ahí podían averiguar el nombre de esa víctima en concreto y quizás, a partir de ahí pudiesen esclarecer algo.

Una vez que Lanie terminó toda su exposición lo cual hizo de la forma más profesional, Becket le dijo que la esperaban fuera para ir a comer.

-¿Te importa que le hablemos de Henry a Lanie? – le preguntó Kate a Castle.

-¿Importarme?, para nada, Lanie me mira como si me hubieran anunciado como uno de los americanos más buscados, y si no le contamos la verdad, la veo denunciándome y al final voy a terminar saliendo como uno de esos.

-Creo que ya nos hemos burlado de ella lo suficiente, espero que no se enfade mucho.

-Mira y si se enfada, lo siento, no tengo nada de lo que avergonzarme, a lo mejor si fuera menos cotilla, no le pasaban estas cosas.

Salió Lanie y le dijo a Castle muy seria:

-Espero que por lo menos me lleves a un buen sitio para comer, y no me vayas a invitar a un sándwich.

-¿Qué os parece La Riviera? – era un restaurante que había relativamente cerca.

-Me parece perfecto, lástima que tengamos que comer con agua – dijo Kate.

Llegaron al restaurante y fueron atendidos por el maître, que conocía a Castle y le buscó una mesa en un sitio bastante tranquilo. Kate esperó hasta que les hubieron tomado nota.

-Te hemos invitado a comer para aclararte la situación en la que estamos – le dijo Kate seria.

-Mira – dijo Lanie seria también – si me vais a seguir contando vuestras intimidades sexuales, prefiero irme y comer cualquier cosa por ahí.

-Lanie, no es verdad lo que te contamos de Henry, todo se lo inventó él – señaló acusadoramente a Castle.

-Como que siempre es bueno que haya niños en casa – dijo Castle para sí mismo, aunque fue oído por las otras dos.

-Entonces, ¿Henry no existe? – preguntó confundida.

-Si que existe – dijo Castle y sacando el móvil buscó una foto del niño y se la enseñó – este es Henry.

Lanie miró la foto y luego miró a Castle.

-Pero si solo es un niño, ¿Qué tiene que ver con vosotros un niño? No lo entiendo.

-Es mi hijo Lanie.

Y empezó a contarle lo que había sido sus vidas desde que llegó Henry. Solo se interrumpió cuando el camarero les llevó los platos. Lanie no salía de su asombro, aunque también se sintió molesta por el engaño que le habían hecho sus amigos, a lo que Kate le explicó que había sido una pequeña venganza por ponerla en evidencia delante de los chicos.

-¿Y a ti no te ha molestado? – le preguntó a Kate, sin importarle que Castle estuviera delante.

-La verdad es que me sorprendió, y al principio no sabía cómo nos iba a afectar, pero en un niño encantador, se hace querer y él no tiene la culpa de lo que ha pasado.

-No, claro que no – dijo Lanie pensativa – de todas formas ha sido un bonito detalle que lo hayas aceptado, en realidad que los dos lo hayáis aceptado, porque para ti tampoco tiene que haber sido fácil – dijo mirando a Castle.

-Pues no, que te aparezca un hijo, ya crecido del que no sabías nada es cuanto menos una situación extraña.

-¿Y lo dejáis en la guardería, claro?, y yo pensando que os lo montabais con un profesor de niños pequeños. ¿Cómo se os ocurrió, o debo decir se te ocurrió – dijo mirando a Castle – contarme semejante cosa?

-La otra noche estuvimos viendo un programa sobre relaciones de trío, y cuando empezaste a insistir con Henry… es lo primero que se me pasó por la cabeza, lo siento Lanie, sé que me pasé un poco – se disculpó Castle.

-¿Un poco?, yo diría un mucho.

-Me vas a disculpar doctora Parish, pero dejarte callada y sin palabras mereció la pena.

-¿Lo saben los chicos?, lo de Henry, vamos – les preguntó Lanie.

-No, no lo saben, ni siquiera saben que estamos juntos, las únicas que lo saben además de ti, son Martha, Alexis y Gates – dijo Kate.

-¿Gates? – preguntó sorprendida.

-Si, si supieras que apuro…

Y Kate le contó cómo se encontraron con ella en Central Park.

-¿Así que en Central Park?, pues menos mal que no os encontrasteis un brazo o una pierna por ahí. Entonces, ¿vosotros estáis bien juntos?

-Muy bien Lanie – respondió Castle – mejor que bien.

-Pues que sepas que me debéis un besito en los morros – dijo.

-¿Quieres que te besemos en los morros? – preguntó Kate sonriendo.

-Oh, la doctora Parish al final se ha decidido a unirse a nosotros para formar un…

-Ni se te ocurra terminar la frase Castle – dijo Lanie enfadada – y por supuesto que no quiero que ninguno de los dos me dé un beso en los morros. Lo que quiero es veros besaros a los dos, me lo debéis.

-Vaya con la doctora Parish, que nos salió voyeur – dijo Castle con una sonrisa – buenos señoras, ha sido un placer invitarlas a comer, pero me esperan – y para placer de Lanie se despidió de Kate con un beso en la boca – nos vemos luego.

Castle pagó la cuenta antes de salir del restaurante para recoger a Henry. Lanie y Kate se terminaron el postre tranquilamente y luego se fueron hasta sus trabajos dando un paseo.

-Me alegro mucho Kate – le dijo su amiga – de verdad te veo muy bien, y me asombra que hayas aceptado tan bien a ese niño, ¿ni siquiera tuviste unos poquitos de celos?

-Te confieso que cuando me habló de Rachel, si sentí celos, pero cuando me dijo que había muerto, me sentí bastante culpable. Y después de conocer a Henry, lo amable y educado que es, creo que hasta me hubiese caído bien Rachel.

-¿Te gusta ese niño, eh? – dijo Lanie con una sonrisa – ¿se han despertado todos tus instintos maternales?

-Si no todos, al menos unos pocos – dijo Kate sonriendo – y sí, me gusta Henry, es adorable.

-¿Tan adorable como su papá?

-Pues sí, y más adorable es verlos juntos.

-Si que estás pillada, hija, ¡qué barbaridad! – dijo su amiga con una sonrisa.

-Por cierto, Castle va a organizar una cena para el viernes, para contarle lo nuestro a los chicos y para presentaros a Henry, espero que no tengas planes.

-Y aunque los tuviera, los cancelaba. Cena en casa de Castle y ver las caras de Ryan y Javi, cuando se enteren, no tiene precio.

Habían llegado a la puerta de la comisaría y se despidieron, encaminándose cada una a sus respectivos puestos de trabajo.


Mientras Castle ya había llegado hasta la guardería y recogido a un feliz Henry, que cada vez se ponía más contento, cuando su padre iba a recogerlo. Tomaron un taxi, y cuando vio que lo llevaba a la consulta del médico, ya no le gustó tanto y empezó a protestar, diciendo una y otra vez que él no estaba malito.

Se puso un tanto insistente, alegando que no quería ir al hospital, que se quería ir a su casa, de tal modo que Castle tuvo que sacarlo de la consulta y convencerlo de que no lo iban a dejar allí, y que sabía que no estaba malito, explicándole que los niños tienen que hacerse revisiones de vez en cuando.

Pero Henry estaba aterrado, en su corta vida, había pasado bastante tiempo en los hospitales, pues acompañó a su madre más de una vez. Era cuando esta se ingresaba para pasar varios días cuando él iba al centro de acogida, pero consultas y pruebas se había tragado bastantes.

-Pero a mi mamá le pinchan con agujas y se muere – estalló por fin llorando.

Castle se agachó y lo abrazó:

-Te prometo que no van a hacerte daño, solo es una revisión rutinaria, y no te van a pinchar con ninguna aguja, ¿confías en mí?

-Vale – dijo entre hipidos – pero tú no te vas.

-Claro que no me voy, estaré contigo todo el rato.

Ya un poco más calmado entraron en la consulta. Le dijo al niño que se sentara a mirar unos cuentos mientras él, rellenaba el formulario con todos los datos. La enfermera le preguntó si estaba más tranquilo, y le dijo que sí, que había tenido una mala experiencia con los médicos y por eso se puso tan nervioso.

Después de un rato, pasaron a la consulta. El doctor Walton, que también había sido el pediatra de Alexis, fue quien los atendió. Estaba a punto de jubilarse y les dijo entre otras cosas, que su hijo se quedaría con la consulta, que ya llevaba tiempo ayudándolo, pero que ahora estaba haciendo un master y por eso no estaba allí.

Mientras que lo dejaban sentado en una mesita jugando con unos puzles, Castle le comentó al pediatra, al que le unía una antigua amistad, las circunstancias del niño y su deseo de tomarle una muestra para hacerse las pruebas de paternidad, pero sin que tuvieran que pincharle. El doctor Walton le dijo que no se preocupara y que él se encargaba de todo.

Reconoció a Henry, convirtiendo todo en un juego, le miró los oídos, los dientes y la garganta, en ese momento aprovechó para tomar una muestra de saliva con un bastoncillo que precintó.

Luego para regocijo de Henry, también le tomó muestras a Castle, y le preguntó al médico si a su papá no le miraban los oídos y los dientes como a él. Castle muy serio dijo que a él solo tenían que mirarle la lengua, porque había estado allí hacía poco y con esto Henry se quedó tranquilo.

Después lo pesó y lo midió. Una vez que terminó el reconocimiento, sacó un tarro con piruletas de colores y se lo ofreció a Henry, para que cogiera la que quisiera.

-Se supone que no les deberíamos regalar caramelos, por el tema del azúcar y los dientes – explicó el doctor – pero una chuchería de vez en cuando no sienta mal, y este jovencito ha sido todo un valiente y se lo ha merecido.

-Si que ha sido un valiente, ¿Qué se dice, Henry?

-Gracias – dijo Henry escuetamente.

-De nada hijo – dijo el doctor, y dirigiéndose a Castle – está en perfecto estado de salud, con el peso adecuado, y es alto para su edad, tráigalo de nuevo dentro de seis meses, pero no creo que haya ningún problema.

Se despidieron del doctor y cuando cogieron el ascensor, subieron a la planta veinticuatro, donde estaban los laboratorios a los que Castle había llamado para hacer las pruebas de paternidad, el edificio entero estaba dedicado a consultas médicas y laboratorios. Dejaron las muestras y le dijeron que tardarían alrededor de diez o quince días, pues estaban realmente ocupados. A Rick, francamente le dio igual, sentía que Henry era su hijo, y no necesitaba ningún análisis para que se lo confirmaran.

Cuando salieron, Castle pensó que el chiquillo se merecía un premio, así que fueron andando hasta la famosa juguetería FAO Schwarz, de la quinta avenida, donde estuvieron un rato mirando los juguetes. Allí demostró Henry que no era nada caprichoso. Todo le gustaba y le provocaba admiración, pero no pidió nada, solo se conformaba con mirar.

-Puedes elegir un juguete Henry – le dijo su padre.

-¿Sí?

-Si, ¿Qué te gustaría?

-No sé – dijo dudoso – ¿Esto? – señalando una caja de Lego con piezas para construir un castillo.

-¿Te gusta ese?

-Sí, me gustan los castillos. Edwin vivía en un castillo, me lo dijo mi mami.

-Seguro que si – sonrió Castle.

Pagaron el juguete y como aún era temprano, se acercaron a Central Park para que Henry correteara un poco. Desde allí llamó a Kate, que les dijo que la esperaran, pues les daría en encuentro.

Cuando llegó y se acercó a Castle, este le dio un beso, que ella correspondió gustosa. Henry correteaba por allí como si fuera un avión con los brazos extendidos y haciendo un ruido de motor. Castle lo llamó:

-¡Eh Henry, mira quien ha venido!

El niño le dedicó una radiante sonrisa y se acercó corriendo hasta ella y le dijo:

-¡Hola señora Kate!, soy un niño muy valiente.

-¡Hola Henry! – lo saludó alegre, y dirigiéndose a Castle – ¿Qué tal todo?

Mientras el niño jugaba y correteaba por allí cerca, le estuvo contando lo asustado que estaba, pero que luego se portó muy bien.

-Ya veo que le has comprado un regalo.

-No me pude resistir, lo lleve a la FAO para que se le pasara el susto, y es increíble, todo le llamaba la atención, pero no me pidió nada, fui yo quien le dije que podía elegir un juguete.

-Pues en lo caprichoso parece que no se parece a ti – dijo con una sonrisa.

-Muy graciosa – por cierto – ya dejé las muestras para hacerme la prueba de paternidad.

-¿Al final te decidiste?

-Sabes que por mí no lo hubiese hecho, pero mi madre sigue insistiendo, así que me voy a gastar el dinero para que me digan lo que ya sé, que Henry es mi hijo.

Estuvieron un buen rato paseando, mientras Henry correteaba y se subía por todos lados, hasta que llegó la hora de marcharse a casa.

CONTINUARÁ…