Capítulo 13:

El caso de los miembros humanos aparecidos en Central Park, estaba parado. Todo lo que se había encontrado estaba en el depósito. Habían localizado a la mujer que tenía las prótesis de rodilla, una señora de setenta y cinco años, que había muerto sola y sin familia. Investigaron en la funeraria donde fue enterrada y no eran conscientes de que hubiese habido alguna anomalía, por lo que se había pedido al juez, una orden para exhumar el cadáver de la mujer. Y esperando la orden, estaban.

En esa semana Kate quedó con su padre para almorzar y así contarle lo suyo con Castle. Entre que Jim había estado fuera de la ciudad, unas cosas y otras se le había ido pasando el tiempo. Se llamaban a menudo y para saber cómo estaban, pero Kate no había entrado en contarle las últimas novedades. Además ese viernes habían quedado con sus amigos, y quería que su padre lo supiese antes que ellos, además de hablarle de Henry.

A Jim le alegró saber que su hija estaba con Castle. No había que ser muy listo para no darse cuenta de los sentimientos de los dos, y cuando su hija le contó con todo lujo de detalles, lo que había pasado con Maddox, lo cerca que estuvo de morir otra vez y que eso le había servido para darse cuenta de cuales eran sus prioridades, el hombre suspiró.

-Hija, no sabes la alegría que me das, y estoy seguro que tu madre también se alegraría. Por mucho que lo desees la venganza no trae nada bueno, fíjate si no en lo que te pasó. Ahora puedo respirar tranquilo y quiero que sepas que me alegro muchísimo de lo tuyo con Castle, me gusta ese hombre y sé que te quiere bien.

Kate se conmovió con las palabras de su padre, y luego le habló de Henry y como había aparecido en sus vidas.

-Esto me ratifica que Castle es una buena persona – dijo Jim – no cualquiera se hace cargo así como así de un niño sin ni siquiera saber si es su hijo o no.

-Se ha hecho las pruebas de paternidad, pero porque le insistió su madre, si fuera por él, no lo hubiese hecho.

-Un gran tipo, tu Rick, cielo – dijo Jim con una sonrisa ante el rubor de su hija, cuando le dijo "tu Rick"

-El viernes hemos quedado con los chicos de la 12th para contarles que estamos juntos, pero ¿te gustaría venir el domingo a comer con nosotros?, será una comida familiar, Alexis se va a la universidad y está preparando su traslado al campus, así comes con nosotros y conoces a Henry.

-¿Sabes que cuando no sabíamos lo que serías pensamos en el nombre de Henry si hubieras sido un chico? – le dijo Jim – sabes que te quiero con locura Katie – dijo mientras le acariciaba la cara – pero siempre me quedaron ganas de tener un niño. Mamá y yo lamentamos siempre no poder darte un hermano, pero las cosas se dieron así.

-Me parece que va a gustarte Henry – dijo Kate sonriendo.

-Estoy seguro de que así será.


Tal como habían planeado, organizaron una velada con sus amigos para el viernes. A los chicos les gustaba ir a casa de Castle. Este era un buen anfitrión y un excelente cocinero, sabía organizar las cosas, y todo lo que ofrecía era de excelente calidad, así que las dos parejas, estaban más que ansiosas de reunirse, sobre todo Lanie, que sabía de antemano, el motivo de dicha reunión.

Javier le preguntó a Kate esa tarde, si iba a ir a casa de Castle en su coche o si quería que él la recogiese, y así no tenía que conducir de vuelta, por si quería tomarse alguna copa.

-¿Qué pasa?, ¿Tu no vas a beber? – dijo ella por respuesta, pues como era lógico pensaba pasar la noche en el loft.

-Bueno, si, tomaré algo, pero de todas formas…

-Como Lanie no bebe, ella será la que conduzca, ¿No? – dijo con una sonrisa.

-Sí, me has pillado, Lanie conducirá a la vuelta, ¿entonces?

-No te preocupes, yo ya me apaño, además Castle me ha pedido ayuda, y llegaré a su casa un poco antes.

Quedaron en verse en el loft. Ella argumentó unos asuntos personales y salió más temprano de la comisaría. Cuando llegó a la casa no puedo menos que sonreír, Castle con un delantal puesto picaba varios alimentos, mientras otros se hacían al fuego. A su lado, sentado en la encimera de la cocina y sujetando un bol entre los brazos Henry batía unos huevos.

-¡Hola! – dijo alegre.

-¡Hola! – la saludó Castle dándole un beso cuando llegó junto a ellos.

-¡Hola señora Kate! – dijo alegremente Henry – ¿tú también vas a ayudar a papi a hacer la comida para sus amigos?

-Bueno si puedo ser de ayuda en algo, estaré encantada, ¿Qué haces tú Henry?

-Papi va a hacer una tarta de chocolate, hay un cacharro grande lleno de chocolate – refiriéndose a la cobertura de la tarta – y yo he chupado la cuchara – dijo con cara golosa – estaba muy rico, me gusta mucho el chocolate, ¿a ti te gusta el chocolate, señora Kate?

-Me encanta, pero ya te he dicho que puedes llamarme solo Kate – le dijo al niño.

-Mi vecino Jimmy le dice a las señoras viejas y tías. Un día yo le dije vieja a una enfermera del hospital y mami se enfadó mucho y me dice que se llama señor y señora a los hombres y las mujeres y no vieja.

-Creo que es la forma de decirte que le gustas y está siendo educado contigo – le dijo Rick con una sonrisa – no te preocupes ya se acostumbrará a llamarte Kate, solo dale tiempo.

-Me alegro de que no me llames vieja – le dijo ella.

-Si tú no eres vieja señora Kate – dijo el chiquillo.

Castle estaba preparando ensalada, un rollo de carne con salsa de champiñones y la tarta de postre. Ya solo le quedaba terminar de hacer el bizcocho de la tarta. Le pidió a Henry el bol, y le fue echando los demás ingredientes, para hacer la masa. Henry miraba atentamente como su padre mezclaba todo con energía y luego lo echaba a un molde, metiéndolo en el horno.

-Y ahora vamos a poner la mesa – dijo Castle.

-¿Yo te ayudo papi? – preguntó Henry.

-Por supuesto, sin ti no hubiera sido posible preparar esta cena.

-Aprovecho y mientras me voy a dar una ducha.

-De acuerdo – dijo Rick, que extendía el mantel con ayuda del niño – y ahora los cubiertos.

Mientras él, llevaba los platos y los vasos, Henry se encargó de llevar los cubiertos, aunque no le dejó coger los cuchillos. Terminaron de poner la mesa, la comida se hacía poco a poco, al igual que el bizcocho.

-¡Hummm! – dijo Henry aspirando – me gusta como huele la tarta.

-Eres un bichito muy goloso – le dijo su padre mientras lo abrazaba y le hacía cosquillas.

-Si – reía el chiquillo – yo me como todo el chocolate.

Kate salía del estudio, con una malla y una camiseta. Todavía era pronto para vestirse. Sonrió al ver la escena de padre e hijo.

-¿Qué os parece si mientras se termina de hacer la comida vemos una peli? – les preguntó.

-Siiii – dijo Henry – vemos Nemo.

-¿Otra vez? – dijo Castle con cara y voz de estar harto.

-Si papi, que me gusta mucho.

-Bueno, si no hay más remedio.

Henry se escurrió de los brazos de su padre y corrió al estudio a abrir el mueble donde se guardaban las películas para coger la de "Buscando a Nemo", que era una de las muchas que habían venido en las cajas con sus cosas, luego se encargó de encender la TV y meterla en el DVD, para sentarse a continuación en uno de los sillones a ver su película favorita y recitar los diálogos de la misma de memoria.

-¿Me pregunto si no debería quemar la película? – dijo Castle.

-Y matar al niño de un disgusto, es solo Nemo, hombre, ni que estuviera viendo una de tiros o de vampiros.

-Ahora que me acuerdo, Alexis se sabía de memoria Cenicienta y La Bella y la Bestia.

Ellos se sentaron en el otro sillón a ver también la película. Castle no desaprovechó la ocasión y empezó a meterle mano a Kate y a darle besitos por el cuello.

-¡Castle!, aquí no, que está Henry delante – protestó ella.

-Henry está en el fondo del mar con Nemo, no siquiera se dará cuenta.

-Pues por si acaso, deja de toquetearme – mientras le sacaba la mano de debajo de la camiseta.

-No te toqueteo, te acaricio – y volvió a meter la mano con cuidado por debajo de la amplia camiseta, para acariciarle los pechos, cosa fácil pues no llevaba sujetador.

-¡Quieres dejar de tocarme las tetas, Castle! – dijo enfadada, pero sin querer levantar la voz para que Henry no se diese cuenta – ahora no es precisamente el momento para hacer esto.

-¡Aguafiestas! – dijo malhumorado.

En ese momento sonó el horno, avisando que el bizcocho estaba hecho.

-Te salvaste – le dijo con una sonrisa.

Y se fue a la cocina para sacar el bizcocho y terminar de hacer la tarta. Cuando todo estuvo listo, fue a buscar ropa limpia para Henry al que dijo que era la hora del baño. El niño protestó pues quería seguir viendo la película, pero el padre apagó la tele y le dijo que se les hacía tarde y había que bañarse. No le hizo mucha gracia, pero era obediente, así que se levantó y arrastrando los pies caminó detrás de Castle, hacia su cuarto de baño.

-¿Hoy me lavo en tu baño?

-Hoy si, tienes que estar muy guapo, para que te conozcan mis amigos, y no te vean como un monito lleno de chocolate – tenía algunos churretes en la camiseta y la cara.

Lo ayudó a desnudarse y a meterse en la bañera.

-Aquí no están mis juguetes – protestó.

-Hoy no hay tiempo para jugar, te duchamos y otro día si quieres hacemos una carrera de barcos.

Lo enjabonó y lo enjuagó. Luego lo sacó en peso y lo envolvió en una toalla, sentándolo en un taburete, mientras con otra toalla, le secaba la cabeza, para después peinarlo. Una vez seco, quiso ayudarlo a vestirse, pero el niño protestó.

-Yo soy mayor y me visto solo.

-De acuerdo, mientras yo recojo un poco esto.

Se fue vistiendo poco a poco, aunque hubo que quitarle la camiseta y ponérsela de nuevo, pues se la puso al revés. Vestido con unos vaqueros y camiseta celeste, estaba muy guapo. Castle le ayudó a atarse las zapatillas, y una vez listo, le dijo:

-Ahora voy a ducharme yo, si quieres puedes terminar de ver la película.

-Vale – y salió al estudio.

Cuando Castle salió arreglado, Henry terminaba de ver la película, Kate le hacía compañía. Ella lo miró, estaba realmente atractivo, con los vaqueros y camisa negros.

-Voy a vestirme yo – y pasó al cuarto.

Le habían dicho a sus amigos que era una cena informal, así que ella también se puso vaqueros, unos muy ajustados azul oscuros y una bonita blusa en color maquillaje.

Cuando llamaron al timbre, Castle le dijo a Henry que podía mirar otra película mientras él recibía a sus amigos, y que lo avisaba para la cena. El niño se quedó tranquilo y él entornó la puerta del estudio que comunicaba con el salón. Fue a abrir la puerta y se encontró con los cuatro, que fueron pasando uno detrás de otro.

-¡Hola Becket! – dijo Ryan – ¿ya llegaste?

-Si – dijo esta – vine antes para ayudarle con todo esto.

-¡Qué buena amiga eres! – dijo Lanie con una sonrisilla.

-¿Os voy sirviendo algo de beber? – dijo Castle.

-Lo que quieras, ya sabes que no somos delicados – dijo Esposito con una sonrisa.

Castle sirvió las bebidas, y puso sobre la mesa algo para picar hasta la hora de la cena. Luego de forma muy ceremoniosa les anunció que quería decirles algo.

-Oye tío, ¿no será que vas a dejar de venir por la 12th? – preguntó Ryan.

-Mientras Gates no me eche, no pienso dejaros – dijo Castle – es otra cosa, que además creo que os va a alegrar.

-¿Vas a regalarnos un Ferrari como el tuyo? – preguntó Esposito.

-¿Unas cuantas noches en un hotel de cinco estrellas? – esto lo dijo Ryan.

-¿Queréis dejar los dos de decir tonterías?, es que empezáis y no termináis nunca, lo que Castle quiere decirnos es que Becket y él POR FIN ESTÁN JUNTOS – esto último lo dijo alzando un poco la voz.

-Vaya, muchas gracias Lanie por la ayuda ¿quieres que te abra la ventana para que lo grites a toda la isla?

-Es que entre tus rodeos para decirlo y las sandeces de estos dos, no veía yo que nos contaras algo.

Los dos policías se levantaron para darle la mano y la enhorabuena, tanto a él como a Kate.

-Ya era hora, ¿Y desde cuando estáis juntos?, ¿Esta cena es para contarnos todo?

-Además de contaros lo nuestro, quería presentaros a alguien que también va a cenar con nosotros, pero antes os cuento como ocurrió todo – dijo Castle contento.

-¡Hum, que interesante?, Así que ¿nos lo vas a contar todo, todo?, chico escritor – dijo Lanie pícaramente.

-Ni lo sueñes Lanie – dijo Becket – solo os contará lo que se pueda contar – y no pudo evitar ruborizarse al decir esto.

Entre los dos les fueron contando lo que habían pasado, desde que Kate casi la vuelven a matar, omitiendo evidentemente todo lo referente a Henry.

Castle iba a hablarles de la llegada de su hijo, cuando este cansado ya de ver películas, salió del despacho abrazado a Edwin y llegando donde estaba su padre dijo:

-Papi, tengo hambre.

-¿Este niño te ha llamado papi? – le pregunto Ryan.

-Joder Castle, acabáis de juntaros y ya tenéis un hijo de esta edad – dijo Esposito – pues sí que os teníais ganas.

-Papi – dijo asombrado el niño – este señor ha dicho joder, y mi mami dice que esa palabra no se dice y se tiene que lavar la boca con jabón.

-Mira que eres burro Javier Esposito – le reprendió Lanie – no digas esas cosas delante del niño.

-¿Y qué hace aquí este niño?, ¿Tú quién eres? – dijo dirigiéndose al pequeño.

-Yo soy Henry, Henry Rodgers – se presentó como era habitual en él – y ¿tu cómo te llamas señor?

-Yo me llamo Javi – dijo Esposito que seguía mirando al niño alucinado.

-En el centro había un niño que se llama Javi, pero no tiene estos dientes – y se señaló las paletas.

-Antes de que digáis alguna inconveniencia más – Castle cortó la conversación – quiero presentaros a Henry. Es mi hijo, lo conocí hace algunos días y ha venido a vivir aquí conmigo.

-Pero… – Ryan también estaba confuso.

-Es la persona que os quería presentar y que va a cenar con nosotros – aclaró Castle – luego cuando terminemos la cena y él vaya a acostarse os contaré como nos conocimos.

Y pasó a presentarles a sus amigos.

-Será mejor que pasemos al comedor – dijo Kate.

Todos se sentaron en la mesa, mientras que Castle iba a la cocina a traer los diversos alimentos. Kate ayudó a sentarse a Henry al lado de su padre en una silla con cojines para que estuviese más alto. Sirvieron primero la ensalada, así como un excelente vino de la bodega Castle, y zumo para Henry. Estuvieron comiendo un rato en silencio, porque todos se habían quedado un poco cortados. Henry rompió el silencio.

-Mi papa hace una tarta para el postre y yo le ayudo – dijo orgulloso.

-¿Has ayudado a hacer la comida? – preguntó Jenny – que suerte tiene tu padre de que lo ayudes.

-Si – dijo Castle sonriendo – me ayudó a limpiar la cuchara.

-Yo no limpio la cuchara, yo la chupo y me como el chocolate – dijo muy serio.

Todos rieron ante el comentario del niño, lo que relajó un poco la tensión que se había creado. Después de la ensalada Castle sirvió la carne. Se estableció una cómoda conversación sobre temas intrascendentes, entre los que salieron varias alabanzas a lo buena que estaba la comida.

-Gracias, me alegro que os guste y a ti, ¿Te gusta Henry? – le preguntó su padre que no estaba muy seguro de que le gustara la cocina más elaborada, aunque la ensalada la había comido sin problemas.

-Está rica. Mi mami dice que se come todo lo que está en el plato.

-Oye chico ¿y dónde está tu mamá? – preguntó Esposito que no se pudo callar y que soltó un quejido cuando Lanie le dio una patada por debajo de la mesa.

-Mi mami está en el cielo, señor – dijo con tristeza – se pone malita y se le caen todos los pelos – era evidente que ver a su madre calva era lo que más había llamado la atención y afectado a Henry.

A Castle le dieron ganas de darle un puñetazo a Esposito por imprudente.

-Lo siento mucho Henry – dijo el policía que se había quedado cortado ante la franca respuesta del chiquillo.

-Mi papá no me veía porque es importante y trabaja mucho, pero ahora me encuentra y ya no vivo solito – dijo con una sonrisa, para seguir comiendo.

Siguieron comiendo en silencio, que fue de nuevo interrumpido por Henry cuando terminó todo lo que le habían puesto en el plato.

-¿Ahora nos comemos un poquito de tarta? – preguntó goloso.

-Pero solo un poquito, ¿eh? – le dijo su padre – a ver si te va a sentar mal la cena.

-Ya voy yo por ella – dijo Kate – mientras Castle también se levantaba e iba retirando los platos sucios de la mesa.

Kate trajo la tarta, que tenía una pinta de lo más apetitosa.

-Por Dios Castle, cada vez que vengo a cenar a tu casa, engordo dos o tres kilos. Otra vez que me invites, a ver si me acuerdo de traer puesta ropa más suelta – dijo Lanie que iba fantástica enfundada en un ceñido vestido de color fucsia.

Comieron la tarta, a la que le hicieron grandes fiestas, sobre todo Henry, que hasta le aplaudió al trozo que le pusieron por delante. Una vez terminada la cena, Kate los acompañó al salón, les sirvió unas copas y fue a ayudar a Castle a recoger la mesa. Este había sentado a Henry al lado del fregadero, para que se encargase de enjuagar los platos que su padre metía en el lavavajillas.

-Será mejor que vayas con ellos, en cuanto ponga el lavavajillas subo a acostar a Henry.

-De acuerdo.

Cuando terminó de llenar el aparato ayudó a bajar al niño y con el de la mano se dirigió al salón para que este se despidiera de todos pues se iba a acostar.

-Henry viene a daros las buenas noches – dijo Castle – despídete Henry.

-Buenas noches – dijo educado – ya me voy a la cama.

Todos le desearon buenas noches y que durmiera bien. Castle subió con él, lo ayudó a desvestirse y a ponerse el pijama, luego lo acompañó al baño para que se lavara los dientes e hiciera pis. Cuando se acostó lo arropó y se sentó en el borde de la cama para leerle un cuento, como se había hecho costumbre todas las noches. Al terminar le dio un beso y las buenas noches.

-Yo te quiero papi – dijo el niño medio dormido.

-Yo también te quiero hijo, no te imaginas cuanto – dijo Castle, pensando en lo imprescindible que el niño se le había hecho en unos pocos días.

Cuando bajó, Kate y los demás tomaban unas copas y hablaban animadamente. Él se sirvió un whiskey y se sentó al lado de Kate que le dio la mano.

-¿Ya se durmió?

-Si, le conté un cuento y ni terminó de oírlo.

-Bueno, ahora es cuando nos cuentas lo de tu hijo, ¿No tío? – preguntó Esposito.

-Nunca pensé que fueras tan cotilla, Javi – dijo Kate sonriendo.

-Ni yo – corroboró Lanie.

Castle les contó cómo había conocido a Henry y las circunstancias de este.

-¿Y no temes que se te presenten otros hijos desconocidos? – preguntó Esposito, con cierto tonito de recochineo.

-Espero que no, siempre he sido bastante cuidadoso, ¿puedes decir tú lo mismo Javier? – dijo Castle un poco picado – quien sabe, a lo mejor tienes por ahí algún que otro hijo secreto, has estado en muchos sitios cuando estuviste en el ejército.

-No te enfades tío, que solo es una broma – rectificó Javier – y realmente espero no tener ningún hijo por ahí, cuando decida tener hijos quiero criarlos yo y conocerlos desde que nazcan.

-A mí también me hubiese gustado haber conocido a Henry desde siempre, pero de todos modos me alegro de haberlo hecho, aunque haya sido ahora.

-Es un niño muy guapo – dijo Lanie – y realmente ha tenido suerte de que tú seas su padre.

-Estoy de acuerdo – dijo Jenny – lo importante es que ahora está contigo, y como dijo ya no está solito, me dio mucha tristeza cuando le oí hablar de su madre y de no estar solito – volvió a decir la rubia mujer de Kevin.

Estuvieron hablando un rato más y Castle muy serio les dijo que si de verdad eran sus amigos, esperaba que aceptaran a su hijo y las circunstancias en que había llegado a su vida, que las personas que más le importaban en el mundo, que eran Kate, Alexis y Martha, lo habían aceptado sin problemas, y que de verdad esperaba que ellos hicieran lo mismo.

Sus amigos le dijeron que Henry sería como un sobrino para ellos, incluso Jenny, a la que le encantaban los niños, se ofreció a cuidar de él, si en algún momento necesitaban una canguro. Castle les dio las gracias, y terminaron con más copas y risas esa agradable velada.

CONTINUARÁ…