Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Esta historia va dedicada a Natalia, a mis chicas del whatsapp swanqueen porque son mi familia, a mi petita, a mi morena, a la sexy voz de Diana, a mi manager adorada y a todos los que me leen y disfrutan con ella.

Recomendación: A leer todos se ha dicho los fics de franchiulla, my dark quee y estefhybautista, son muy buenos, en serio, que yo tengo buen gusto y soy muy modesta.

Sin más os dejo leer el nuevo capítulo y espero que lo disfrutéis. Si queréis buscarme en twitter soy fanclere, lo digo porque no sé quién me pregunto que quién soy y bueno, me puede encontrar ahí. Un beso.

CAPÍTULO 5 QUIERO SER LIBRE.

A la mañana siguiente, Regina despertó pensando que se encontraba sufriendo una de las torturas de los siete infiernos, la cabeza le iba a explotar y las nauseas y los mareos la atormentaban hasta límites insospechados.

Para colmo no recordaba nada de la noche anterior, ni cómo llegó a su camarote, ni que pudo decir en el estado en el que se encontraba. Lo último que recordaba con claridad fue haberse ahogado tras el primer sorbo de ron. Al recordar dicho brebaje sintió asco y nuevamente las arcadas, desde que se había acostumbrado a la vida en el mar no había estado tan mal como en ese momento.

Le venían a la memoria momentos en forma de recuerdos borrosos y distorsionados por culpa de su embriaguez, el más claro y a la vez más desconcertante era el recuerdo de unos ojos claros, demasiado conocidos y un suave beso en su frente. No sabía si eso había ocurrido en verdad o había sido producto de sus sueños alterados por el alcohol que corría por sus venas.

A penas podía moverse sin que se le viniera el mundo encima, el sonido de las olas contra el casco del navío, retumbaba en sus oídos de forma ensordecedora, provocando que su cabeza quisiera estallar en mil pedazos y su humor fuese turbio. Si alguien se acercaba a ella en esos momentos sería capaz de matarlo de una sola mirada.

No entendía como la gente podía disfrutar de tomar esos brebajes que te embotan la mente y te enferman de ese modo, era masoquismo y tenía todo el sentido del mundo que estuviera prohibido. Una cosa estaba clara, no se acercaría a una botella de ron nunca más, ni aunque su vida dependiera de ello, prefería morir e ir al infierno mil veces a volver a sentirse como se estaba sintiendo en esos momentos.

De pronto tuvo miedo, miedo de que alguien se hubiese aprovechado de ella la noche anterior, miedo de que la joven capitana realmente la hubiese llevado a su camarote y, si así había sido, miedo a haberle dicho alguna estupidez que hiciera que Emma se burlase aún más de ella, o a haberla ofendido sin querer y haberse ganado su enemistad.

Así, sumida en sus pensamientos y lamentaciones, adiándose a sí misma por haber caído en la tentación de probar ese elixir maldito y odiando ese castigo divino que le estaba martilleando la cabeza, fue como la encontró Emma, entrando en el camarote sigilosamente para no despertarla, en una mano llevaba un cubo de madera y en la otra un cazo lleno de un brebaje asqueroso, un lavado de estómago para que la morena lo echara todo y se sintiera mucho mejor.

Cuando Regina se dio cuenta de que Emma estaba ahí y la estaba observando, sus mejillas enrojecieron de vergüenza al verse en ese estado, y a la vez de ira puesto que la rubia estaba sonriendo, riéndose de ella seguramente, de ella y su desgracia.

"Toma marquesita, si te tomas esto que te he preparado echarás todo y te sentirás mejor, créeme es mano de santo, yo tuve que tomarlo muchas veces"

-Huele asqueroso, ¿Qué lleva?

-"Si te lo digo no te lo vas a tomar, anda confía en mí, te hará bien."

Con un suspiro de resignación, Regina tomó el brebaje que le tendía la rubia, y arrugando la nariz lo tomó de un trago, provocando que su estómago expulsara todo cuanto tenía. Agradeció bastante tener un cubo en esos momentos e interiormente agradecía mil veces más tener a Emma sujetándola para que no se precipitase al suelo tras los espasmos que le provocaban las arcadas. Definitivamente no volvería a tomar ron jamás en toda su vida.

Sintiéndose un poco mejor, suspiró aliviada. La cabeza aún le dolía pero no estaba tan mareada y al menos podía respirar sin sentir nauseas. Se fijó que la capitana le estaba mirando y con una débil sonrisa le susurró.

-Gracias, creí que me iba a morir.

-"No es nada, la primera es la peor de todas, después ya te acostumbras."

-No habrá una segunda, no volveré a tomar nunca más ese brebaje infernal.

-"No te culpes, ya me he encargado de castigar a los hombres que te incitaron a beber de más."

Emma notó como la morena se tensaba y su rostro mostraba signos de pánico, seguramente Regina no recordaba nada de la noche anterior y, pensar que podían haberse aprovechado de ella, la aterraba. Rápidamente la calmó.

-"Tranquila marquesita, te salvé de las garras de esos bribones a tiempo y te traje aquí sin ningún incidente."

-No recuerdo nada, no sé si hice o dije algo fuera de lugar.

Fue el turno de Emma de enrojecerse en ese momento, sin duda la morena tenía grandes lagunas de la noche anterior, no se acordaba de nada de lo hizo o dijo y era completamente normal, no iba a ser la rubia la que le explicara que incluso borracha solo sabía hablar de cosas de burgueses, aunque cuando besó su frente, creyó escuchar como la morena le decía que era hermosa, atribuyéndolo a que por el consumo de alcohol no sabía ni lo que decía. Intentó no darle importancia y se marchó, sabiendo que por mucho que se repitiera a si misma que no había sido nada, las palabras de la morena habían hecho vibrar su corazón.

-"Tranquila marquesita, no dijiste nada extraño, solo me contaste lo enorme que era el telar de tu padre en Sevilla."

Con una dulce sonrisa, la rubia tranquilizó la turbación de Regina, que ya no se sentía tan mal al no recordar nada y, gracias al asqueroso brebaje que Emma le había preparado, se sentía mucho mejor de salud, poco a poco se fue quedando dormida una vez más, dejando a la rubia sumida en sus pensamientos.

Cuando Emma descubrió que Regina se había dormido apoyada en su hombro, la acomodó sobre su lecho dulcemente y se permitió apartar de su rostro un mechón de cabello rebelde, dejando así libres a la vista los increíbles rasgos de la morena.

Era la mujer más hermosa que Emma había visto jamás, sus ojos eran hermosísimos, tan transparentes y llenos de emociones. Aun así, verla dormir y no centrar su vista solo en los ojos de Regina pudo apreciar su belleza en todo su esplendor.

La joven capitana tragó saliva y se conmovió, dejando libres todas las emociones que llevaba reprimiendo desde el momento que la encontró en el Galeón español. La joven morena provocaba en ella sentimientos que se juró no volver a aceptar y, por primera vez en años, la capitana Swan sintió mucho miedo.

De pronto se encontró a si misma imaginando cómo sería Regina sin ese estúpido y costoso vestido, cómo sería deslizar sus dedos por su piel, una piel que se le antojaba suave y dulce, cómo sería besar esos labios, tan magníficos. Se la imaginó libre de ataduras, desnuda sobre ella, mirándola con esos ojos oscuros que la estaban llevando a la locura. Se imaginó cómo sería hacerla suya, poseerla, piel con piel sin ningún miedo que las frenara y se estremeció mientras lágrimas amargas caían por sus mejillas. La cruda realidad era que esa mujer jamás podría ser suya pues estaban separadas por un abismo infranqueable, eran demasiado distintas. De mundos opuestos y Emma no podía permitir que esos sentimientos que se estaban apoderando de ella fueran a más, no podía permitirse sufrir y tomó la decisión de dejarla ir para siempre. Modificaría el rumbo, al día siguiente estarían en Cartagena de Indias y se habría acabado esa aventura.

Cuando Regina despertó, vio que la capitana no se había movido ni un ápice en todo el tiempo que estuvo dormida, velando su sueño. Se estremeció al pensar en la extraña felicidad que se apoderaba de ella cada vez que la rubia mostraba esas pequeñas muestras de afecto. No se atrevería a reconocerlo nunca en voz alta pero le había tomado un gran cariño a esa insufrible mujer. Mas la sonrisa que se había pintado en su rostro al despertar desapareció cuando la capitana habló, dándole una noticia que le sentó como agua helada por su espalda.

-"Mañana llegaremos a puerto y serás libre."

Diciendo esto Emma se marchó dejando sola a Regina. En cuanto la capitana salió por la puerta, un mar de lágrimas por las mejillas de la morena. ¿Libre? No sería libre en puerto, seria presa de una jaula de lujos que no necesitaba ni deseaba. Ella quería ser libre mas no en Cartagena de Indias sino a bordo del Libertad junto a esa rubia insufrible aprendiendo a vivir.

Al solo tener un día para disfrutar del mar, a pesar de los estragos de la resaca, Regina se dirigió a proa, con la mirada perdida en el horizonte, viendo como poco a poco se acercaba al fin de ese sueño idílico. Se sentía estúpida pues durante un breve espacio de tiempo pensó que podría quedarse, se olvidó de que para la capitana ella solo era una moneda de cambio, se sintió vacía y sola, con una ganas enormes de llorar mas se contenía, no quería darle el gusto a la capitana de verla llorar.

Emma se acercó a ella por la espalda, no entendía el porqué de su melancolía puesto que estaba segura de que la morena quería llegar a puerto.

-"Deberías estar contenta, llegarás pronto a casa, yo tendré mi oro, tú tendrás la libertad y todos felices."

-Eso es lo que soy para ti, oro.

"-No te entiendo."

-No deseo llegar a puerto, no deseo esa vida, ya no.

-"¿Que deseas?"

-Ser libre, quiero quedarme aquí y vivir como vosotros, libre sin ataduras.

-"Eso no es posible, marquesita, en mi barco no hay sitio para ti"

Emma no era capaz de entender porqué Regina se aferraba tanto a la idea de quedarse ahí con ella, cuando meses atrás lo único que quería era perderla de vista, mas no iba a dar el brazo a torcer, no podía permitir que se quedara.

-¿Por qué ahora? ¿Hice algo mal? ¿Por qué me llevas ahora, justo en este momento a tierra? ¿Por qué justo después de enseñarme a amar la vida en el mar? Eso es cruel y egoísta.

-"Es por tu bien, y también por el mío, esta aventura ha sido divertida mas duró demasiado, es hora de dejar todo en su lugar.

-Es por el dinero ¿Verdad? Solo te importa cuánto dinero te darán a cambio de mi persona.

Emma pudo notar el dolor de la morena al referirse a sí misma como una mercancía, hacía ya tiempo que había dejado de pensar en los doblones que recibiría por ella, es más se negaba a aceptar nada a cambio de ella, la morena valía mucho más que el oro para la joven capitana.

-"No pensaba pedir un solo doblón por ti, no después de conocerte."

-Entonces ¿por qué me encierras en una jaula en lugar de permitirme ser libre aquí?

-"No lo entenderías"

-Lo entenderé si me lo explicas.

-"No, no lo entenderás, y esta conversación se ha acabado."

-Sí lo entenderé y no me dejes hablando sola, ni te atrevas.

"Maldita sea Regina, quiero que te marches porque me he enamorado de ti"

Regina se giró completamente sorprendida, sus ojos abiertos de par en par se clavaron en los ojos de la rubia, que estática en su sitio no se creía lo que acababa de decir. La morena, que durante toda la conversación había estado esquivando la mirada de la capitana, ahora buscaba en ella signos de que le estaba tomando el pelo, de que lo que acababa de escuchar era mentira, mas el pánico en la mirada de la joven rubia y la palidez en sus mejillas le hizo darse cuenta de que no mentía, y no solo de eso, la capitana Swan estaba sufriendo un verdadero tormento en su interior. Tras varios segundos congeladas como estatuas, Emma salió corriendo hacia su camarote muerta de vergüenza por lo que acababa de decirle a la joven morena, estaba enamorada de ella mas era un amor imposible y jamás correspondido, con suerte tras su confesión, Regina cejaría su empreño en quedarse y ella podía ser libre de esa opresión que tenía en su alma. De todas las personas que había en el maldito planeta se había tenido que enamorar de una mujer, y para colmo una mujer burguesa cuya idea de moral la dictaba la santa inquisición. Estaba dando vueltas por su camarote como un león enjaulado cuando entró Regina sin anunciarse y sin llamar.

-Tenemos que hablar.

"Deberías estar recogiendo tus cosas, mañana te marchas"

-Creo que me debes una explicación.

-"No te debo nada, márchate de mi camarote."
Regina se quedó mirando a Emma con fuego en la mirada, esa mujer había conseguido desquiciarla, desestabilizarla y volverla loca, no se iba a marchar sin entenderla, necesitaba entender que había pasado en cubierta y sobre todo entender porque su corazón se había vuelto loco ante la extraña confesión de la rubia.

-No puedes estar enamorada de mí, soy una mujer y tú también lo eres.

-"Pues fíjate tú, a mi eso nunca me ha importado."

-En los libros no sale nada de que dos mujeres puedan amarse.

-"Esto no es un libro, es la vida real y en la vida real te enamoras y te rompen el corazón, fin de la discusión, ahora vete."

-No me voy a ninguna parte.

"Sí que te vas"

Emma perdió la paciencia y agarró con cuidado a Reina, mirando de no hacerle daño para sacarla de su camarote y no tener que mirarla más. Le dolía demasiado tenerla cerca y sentir ese abismo que había entre las dos.

Regina. Al sentir que la capitana iba a echarla, se sintió valiente por primera vez en su vida. Quizás Emma tenía razón y no todo era como lo había leído en los libros o como le habían enseñado. No tenía nada que perder pues su alma estaba condenada desde el momento en que puso su mirada sobre los verdes ojos de Emma Swan, aprovechó la cercanía de la capitana para lanzarse a sus labios y robarle un beso.

Emma se quedó congelada, con los ojos abiertos y en su rostro claros signos de sorpresa, no se esperaba que la morena la besara. Su corazón se aceleró, aflojó el agarre sobre los brazos de Regina y, cogiéndola por la cintura la acercó para profundizar el beso. Ese gesto consiguió que la morena se asustara enormemente y se separase de ella como un rayo.

-Lo siento mucho Emma, yo…

"¿Te arrepientes de haberme besado?"

-No, en absoluto, es solo que… no sé como continuar, nunca había besado a nadie así.

La capitana no pudo evitar reírse ante la inseguridad de la bella morena, su corazón hinchado de orgullo al poder ser la primera que la besara de verdad, se acercó a ella lentamente, tranquilizándola con palabras tiernas.

-"No te preocupes mi marquesa, solo déjate llevar y será perfecto."

Puso sus labios sobre los de Regina una vez más y volvió a besarla, acariciando sus perfectos labios con su lengua hasta que Regina se relajó completamente y se dejó llevar, sobrecogida por la inmensidad de emociones que desertaba en ella ese beso se aferró a los rubios cabellos de la capitana deseando parar el tiempo. Si estaba condenada ya le daba igual, todo le daba igual mientras pudiera seguir disfrutando de los besos de su joven capitana.

Tras varios minutos besándose, finalmente se separaron, sus corazones estaban desbocados y sus ojos encendidos de deseo. Finalmente Regina rompió el silencio que se había instaurado entre ellas.

-Tenías razón, no es como en los libros.

-"¿Cómo es entonces?

-Mucho mejor

Ambas sonrieron y Emma robó un nuevo beso, corto y dulce a su morena.

-Entonces, ¿Puedo quedarme?

-"Solo hay un pequeño problema."

-¿Qué problema?

-"Tendré que buscarte un nombre mejor, Regina Mills no da miedo, y marquesita mucho menos, si quieres ser pirata necesitas un nombre pirata."

Regina estalló en carcajadas sin poder evitarlo, solo Emma podía convertir una conversación seria en un juego y así era como le gustaba, su capitana de ojos claros, estaba más decidida que nunca a quedarse, a abrazar la vida de forajida, necesitaba estar cerca de Emma Swan, conocerla y aprender a amarla, dejando atrás la educación de toda una vida, mirando hacia un futuro junto a ella libre de ataduras. Por primera vez en toda su vida, Regina estaba completa y se sentía feliz.