Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.
Esta historia está dedicada a Natalia, y este capítulo tiene una mención especial a Amanda porque es la reina de los ascensores, ella entenderá la referencia. Básicamente se lo dedico a ella porque me mata de risa con nuestras conversaciones sin sentido por el whatsapp y porque es muy grande y he aprendido a quererla muchísimo. A todas mis chicas del grupo swanqueen, a mi petita que me quiere pegar, a mi morena porque la adoro, a la sexy voz de Diana y a mi manager que por fin volvió a casa y eso me hace inmensamente feliz. A melissa porque se que lleva esperando mucho tiempo un capítulo así.
Ya sabéis lo que tenéis que hacer sin falta, leer a franchiulla, my dark queen y estefhybautista, os encantarán sus fics, son muy geniales.
Sin más gracias por vuestros comentarios, siempre gusta saber que se aprecia tu trabajo y me anima a seguir escribiendo historias para vosotras. Disfrutad de la lectura, mil besos.
CAPÍTULO 6 APRENDIENDO A SER PIRATA.
Emma miraba los ojos de la morena con verdadera veneración. Hacia solo unos minutos lo único en lo que pensaba era en echarla de su vida, en deshacerse de ella en Cartagena de indias y seguir sin rumbo fijo, buscando aventuras para ensalzar su leyenda mas ahora solo podía pensar en perderse, perderse por completo en el interior de esa mirada oscura que la había atrapado desde el primer momento.
En sus labios aún sentía el dulce sabor de la morena, sonreía mirándola, tan cerca y sin miedo. Ella pensaba que era un amor inalcanzable, que había barreras infranqueables entre ambas se dejó llevar por el miedo a sufrir, mas fue la morena quien rompió los muros imaginarios entre ellas, Regina la había besado, tan tímida, tan inocente… Regina era suya y la capitana se sentía completamente feliz. Reconocía los síntomas del amor ardiente en su alma, había amado así una vez en el pasado y por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesta a volver a amar.
Por nada del mundo quería romper ese momento, ambas mirándose a los ojos, descubriendo sus sentimientos, descubriéndose ante la otra por primera vez.
Para Regina todo era muy confuso, esa mañana se había levantado como la burguesa sevillana que había sido toda su vida y ahora, estaba convencida desde lo más profundo de su ser, que no quería seguir siendo esa persona. Iba a convertirse en una bandida del mar, en una más de esa tripulación de almas libres, iba a ser pirata y, aunque su mente racional estaba disparando todas las alarmas sobre la locura que estaba a punto de cometer, su corazón la empujaba irremediablemente hacia ese camino de libertad. Su corazón la empujaba a los brazos de esa mujer, esa joven capitana rubia de ojos azules que había descolocado todo su mundo, que había pisoteado su moral y le había abierto los ojos a una vida plena, lejos del conformismo burgués al que estaba acostumbrada. Emma le había abierto las puertas del mundo y ella estaba más que dispuesta a cruzarlas.
La morena siempre pensó que el amor no existía, que solo eran leyendas descritas en sus libros. Desde niña le habían enseñado que dejarse llevar por las emociones era pecado, que los sentimientos quedaban relegados en el olvido, que incluso el matrimonio era un mero negocio y de pronto, se encontraba a sí misma en medio del océano, en brazos de una mujer pirata y su corazón gritaba de alegría. Por primera vez en toda su vida, supo que estaba haciendo lo correcto, lo que era correcto para ella y no para la moral absurda que le habían inculcado. Si ella era feliz, ¿Cómo podía ser malo?
Fueron pasando los meses, meses de continuos cambios en ambas mujeres dado que tenían que amoldarse a la nueva situación.
Para Emma era sencillo, se dejaba llevar por sus impulsos a todas horas, no solo con Regina sino con todo en su vida, era su personalidad. En cambio para la bella morena todo era más difícil. Adoraba los momentos en los que estaban las dos solas, cada beso que su rubia le daba la llenaba de vida, hacía latir desbocado su corazón. Adoraba perderse en el azul de sus ojos, escucharla relatar sus aventuras por todo el mundo, admiraba su valentía, su destreza y su coraje. Atesoraba los momentos junto a ella como los más felices de su vida.
Cuando estaban ante la tripulación, se le hacía más difícil, no le gustaba que la mirasen como lo hacían, seguía teniendo sus modales de cortesana, seguía siendo impecable, a pesar de sus esfuerzos por integrarse, seguían dándole de lado, asegurando que solo era un capricho de su capitana y que pronto dejaría el navío.
Aunque Regina fingía indiferencia y desinterés, esos comentarios le dañaban en lo más profundo. Quizás los marineros tenían razón, quizás cuando Emma viera que ella no valía la pena se cansaría, esas dudas la llevaban a una terrible melancolía dado que en esos pocos meses de romance idílico, se había dado cuenta de que perder a Emma supondría perderse a sí misma.
A parte de todas esas dudas y miedos sobre ser suficiente para su bella capitana, había un miedo mayor en el alma de la joven burguesa. Hacía ya meses que le venía dando vueltas en la cabeza a qué pasaría cuando Emma necesitara más de ella, cuando no se conformara con sus besos a escondidas, con sus tardes juntas entre dulces caricias y tiernas palabras, que pasará cuando la capitana exigiera ir más allá pues Regina la conocía, sabía que eran muy diferentes, sabía que Emma estaba acostumbrada al libertinaje mientras ella se había reprimido toda su vida. Cuando llegase el momento no sabía si sería capaz de entregarse por completo. Le daba demasiado miedo afrontar que, a la hora de la verdad, ella no sabría estar a la altura de las expectativas de su capitana.
Tras varios meses en los que, aparte de comerse con la mirada y robarse besos cuando nadie podía verlas, Emma se empeñó en enseñar a Regina a ser un pirata, sobre navegación había aprendido todo muy deprisa, así que la rubia le enseñó todo sobre la ley del mar, sobre cómo reconocer que tipo de navío estás asaltando, los puntos flacos de cada embarcación, le enseñó a conocer las banderas, a distinguir qué clase de mercancías podían portar, le enseñó a hablar como un pirata, creando situaciones muy cómicas entre ambas, dado que Regina seguía vistiendo como una cortesana, no le pegaba nada hablar con la jerga marina y aun así, Emma lo encontraba completamente adorable.
Finalmente llegó el momento en el que decidió enseñarle a luchar, en cualquier momento podían entrar en batalla y Emma no se sentiría del todo seguro si Regina no podía al menos defenderse.
Era una mañana soleada y ambas mujeres estaban en cubierta, con sables de madera en las manos. Regina estaba visiblemente nerviosa, toda la tripulación estaba mirando divertida y no quería fallarle a Emma, la rubia confiaba en ella y no quería defraudarla.
Empezó el entrenamiento y los nervios de Regina le jugaron una mala pasada, la falta de concentración al sentirse observada le regaló varios golpes por parte de la rubia, que no le daba tregua. Finalmente tras diez largos minutos de infierno, la rubia la desarmó, y entre las risas de la tripulación se proclamó vencedora de ese juego absurdo en el que no le había enseñado nada.
Regina se dejó llevar por la rabia que sentía en ese momento, se sentía humillada al ver a su capitana pavoneándose ante ella de esa manera, cogió el sable que se le había caído y con rabia se lo lanzó, provocando un grito de dolor en su compañera que la miró con infinita sorpresa.
Antes de que pudiera decir nada y movida por la vergüenza que sentía, la morena empezó a correr sin rumbo fijo, seguida de cerca por la rubia.
-"El barco no es eterno marquesita, te acabaré atrapando"
-Nunca
Siguió corriendo, con una sonrisa en el rostro al oír las carcajadas de la capitana detrás, era simplemente un juego, no estaba enfadada con ella y eso la aliviaba.
Sin saber muy bien a dónde iba, solo escapaba de su rubia cuando dio de bruces con la puerta de su camarote. Entró intentando cerrar la puerta cuando la capitana la agarró por la cintura y, movidas por la fuerza del impacto cayeron entre risas, sobre la cama.
Emma atrapó los labios de su morena, mientras esta seguía riendo, y ambas se fundieron en un dulce beso.
-"Has hecho trampas"
-Mentira, tú has hecho trampas.
-"Está mal atacar a alguien por la espalda"
-Está mal reírte de alguien que no ha cogido un sable en su vida.
-"Tienes razón, te habría ido mejor si no te pusieras estos corsés, te limitan el movimiento".
Regina besó a Emma una vez más, dejándose llevar por ese momento, sentir su peso sobre ella le daba seguridad, la morena quería que siempre fuese así, tenerla tan cerca, poder besarla y abrazarla a todas horas, ser completamente suya. Cada día tenía más claro que amaba a esa mujer con fuerza.
Pronto los labios de Emma dejaron los suyos y la rubia fue dejando pequeños besos por su rostro, bajando a su cuello provocando que Regina se encendiera como nunca, jamás nadie le había provocado tantas cosas como esa joven capitana. Fue acercando sus labios a su oído, sin dejar de besarla y le susurró con una voz cargada de deseo, que hizo a Regina temblar, no sabía si de pasión o miedo.
-"Te deseo, Regina, no sabes cuánto te deseo."
El pánico se apoderó de la morena, había llegado el momento, el punto de no retorno, tenía que decidir si entregarse para siempre aceptando todas las consecuencias de sus actos o frenar ahora y arriesgarse a que, tarde o temprano, la rubia se cansara de su comportamiento estúpido y la alejara de ella. Suspirando con fuerza simplemente contestó.
-Quiero ser tuya, Emma. Quiero ser tuya y nunca algo me había dado tanto miedo.
-"¿Qué te da miedo Regina?"
-No estar a tu altura. No ser suficiente para ti.
-"¿Confías en mí?"
-Con toda mi alma.
-"Entonces no tengas miedo"
Emma volvió a besarla, intentando darle la seguridad que necesitaba, la rubia sabía que debía ir despacio con ella, todo era demasiado nuevo, demasiado distinto y no quería asustarla. Pronto los besos se volvieron más apasionados, y las manos de la rubia se perdieron intentando quitar ese maldito corsé al que odiaba con toda su alma, perdió la paciencia y ante la mirada divertida de Regina, cogió el puñal de su bota y lo cortó, como ya había hecho una vez para evitar que la morena se ahogara en el mar. Poco a poco fue descubriendo la desnudez de la morena, tranquilizando su turbación y vergüenza con dulces palabras, la rubia nunca había estado tan nerviosa y a la vez excitada, el cuerpo de su joven morena era hermoso, era perfecto, no podía dejar de admirarlo, acariciarlo como si fuese una obra de arte esculpida por los dioses, no podía dejar de besarlo, sintiéndose sobrecogida y a la vez afortunada de que algo tan hermoso le fuese entregado sin reparo.
Regina sentía que iba a explotar en cualquier momento, no se arrepentía de su decisión pero en su mente bailaban las enseñanzas que siempre había recibido, toda su moral estaba siendo destruida y a la vez se sentía terriblemente avergonzada de mostrarse así, desnuda, expuesta. Ni siquiera su difunto esposo la había visto así y sin embargo la rubia la miraba con adoración y eso la encendía y le hacía temblar.
Sintió que su corazón se paraba y dejó de respirar cuando Emma también quedó desnuda ante sus ojos, no supo cómo reaccionar, no emitió sonido alguno por miedo a romper ese momento. Su corazón se desbocó en su pecho mientras la capitana se tumbaba suavemente sobre ella, piel contra piel, podía sentir su calor y eso la humedecía, su cuerpo se había descontrolado, tenía demasiadas sensaciones nuevas que analizar y sin embargo no podía hacerlo, no con la mujer a la que amaba tan cerca, tan íntimamente cerca. Emma se acercó a sus labios, iba a besarla, necesitaba besarla y aún así no lo hizo, solo se acercó y le susurró te amo, destruyendo todas sus dudas y todos sus miedos. Regina atrapó sus labios mientras se le escapaba una lágrima, con ese beso se estaba entregando a ella por completo.
-"No tengas miedo pequeña, si quieres que pare solo tienes que decírmelo."
-No tengo miedo, quiero ser tuya.
Ante esas palabras de confirmación, Emma cogió el valor suficiente para romper todas las barreras entre ellas. Bajó por su cuerpo con sus labios, marcándolo con delicadeza como suyo, suaves besos, pequeños toques con su lengua, volviendo loca a la morena que ansiaba cada vez más, sentir más. Se entretuvo un buen rato con sus pechos, eran perfectos. Los besó y lamió hasta arrancar de la joven morena un largo gemido, estaba tan sensible al tacto, eso volvía loca a la joven capitana que decidió en ese mismo momento que su sonido favorito en el mundo eran los gemidos de su morena.
Le abrió suavemente las piernas y se colocó entre ellas, de tal manera que ambas encajaron como en un puzle perfecto. Atrapó sus labios en un beso perfecto y poco a poco, sin presionar a su bella morena, incitándola a abrirse a ella con sus besos, la penetró lentamente provocando que Regina se abrazase a ella con fuerza mientras liberaba gemidos cada vez más fuertes y profundos. Sin separar sus labios en ningún momento, la rubia empezó a moverse en el interior de Regina, ayudada por el movimiento de sus caderas, apagando los gritos de la morena con sus labios, llenándola por completo y rompiendo todas sus cadenas, liberando su alma de miedo, enseñándole lo hermoso que era entregarse por amor.
La mente de Regina estaba nublada por la cantidad de sensaciones tan desconocidas para ella, se sentía llena, completa y feliz con la joven capitana dentro de ella. Poco a poco se fue desinhibiendo por completo y, dejándose llevar por su instinto, empezó a mover sus caderas buscando sentir más, ayudando a la rubia en sus embestidas, creando una danza de movimientos perfectos entre ambas. Sus manos se perdían en la espalda de Emma, marcándola con las uñas, se aferraba a su cabello, la besaba con fuerza intentando expresar sin palabras todo lo que sentía en ese momento, intentando fundirse con ella, intentando demostrarle que era completamente suya, que ya no había miedo.
Pronto, Emma notó que su morena estaba dispuesta a llegar, sus gemidos eran cada vez más fuertes, se le escapaban gritos sin sentido, sus movimientos se habían acelerado al igual que los latidos de su corazón. La miró a los ojos, viendo en ellos tantas sensaciones y emociones a las que aún no había podido ponerles nombre y así, mirándola a los ojos y con el corazón hinchado de amor, le regaló a su morena el primer orgasmo de su vida. La morena se aferró a sus brazos con fuerza, todo su cuerpo se tensó durante unos segundos para liberar justo después el clímax que, al igual que una explosión, estalló en su centró y viajó por todo su cuerpo liberándose con un grito ahogado por los labios de la capitana.
Completamente agotada, cayó sobre su amada uniendo una vez más sus cuerpos, la respiración de ambas estaba entrecortada y en el pequeño camarote solo se podían escuchas los jadeos ahogados de las dos mujeres junto al latido de sus corazones.
Emma fue dejando suaves besos por el cuello de su amada, de su morena que ahora era suya para siempre, apartó su cabello alborotado de su rostro y le sonrió, no podía ser más feliz en ese momento, mas el rostro pensativo de Regina la atemorizó durante un momento. Quizá había ido demasiado deprisa y no estaba preparada para dar ese paso, quizá estaba arrepentida. Intentando esconder su temor para no alarmar a su morena le preguntó.
-"¿Qué ocurre? ¿Qué piensas?"
-No es nada tranquila.
-"¿Te arrepientes?
-¿Qué? No, para nada eso ha sido perfecto.
La sonrisa sincera de Regina llenó de alivio el alma de la rubia, aun así conocía bien a su morena, sabía que algo tenía en la mente y no se iba a rendir hasta sacárselo.
-"Está bien, mas te conozco marquesita, dime ¿Qué piensas?"
-Nada, te vas a reís así que no te lo voy a decir.
-"¿Te tengo que suplicar?"
-Estaba pensando que realmente odias mis vestidos.
-"¿Perdón?
-Bueno, me los has roto ya todos.
Emma se quedó mirando a la morena sin entender hasta que recordó como había cortado el corsé en el agua para salvarla y nuevamente momentos atrás al perder la paciencia y no poder desatarlo, irremediablemente se echó a reír contagiando con su risa a la joven morena que se abrazó a ella y se acomodó en su pecho para oír su corazón.
-"Bueno marquesita, es hora de que empieces a vestir con propiedad ya que ahora eras un pirata, hablando de eso, creo que ya sé cómo voy a llamarte"
-¿A sí? ¿Cómo? Muero de curiosidad.
-"Creo que a partir de ahora serás, la temible Sevillana."
-Ese nombre no da miedo.
-"¿Cómo que no da miedo? En Sevilla queman gente, ese sitio da miedo."
-No sé de dónde sacas esas historias, pero da igual me gusta el nombre, al fin y al cabo soy sevillana.
-"Y cuando te enfadas das miedo, aun me duele el espadazo que me has dado"
Entre bromas, risas y besos ambas cayeron dormidas, abrazadas, completamente unidas y felices de haber derribado cualquier muro que había entre ellas.
