¡Hola! Mañana temprano salgo de viaje, así que tardaré un tiempo en volver a poner capítulo de esta historia.
Capítulo 14:
El domingo se reunieron todos los miembros de las familias Rodgers y Becket, para almorzar juntos. Castle se ofreció a cocinar de nuevo y que la comida fuese en el loft, pero Kate dijo que mejor iban a algún sitio tranquilo, que era domingo y también se merecía descansar.
En honor a Henry y a Alexis, gran aficionada también a la comida italiana, fueron a un restaurante tranquilo y familiar en el East Village. Fue una comida agradable, todos estaban contentos. Henry empezaría el nuevo colegio esa semana, no le hacía mucha gracia, se había acostumbrado a la guardería y a la señora Johnson, y le tenía un poco de miedo al cambio. Alexis solidaria le contaba cosas del colegio, en el que ella curso la educación primaria y le prometía una y mil veces a su hermano, que el nuevo cole le iba a encantar.
A Jim le gustó Henry, el niño era cariñoso y sociable, y en el momento que le prestaban atención, hacía buenas migas con quien fuese. Jim le dijo que le gustaba el beisbol a lo que Henry contesto que a él también y que su mami le enseño a batear y a atrapar la bola, para pasar a explicar luego, que con su papi no podía jugar porque no sabía, que la que si sabía jugar muy bien era la señora Kate, lo que provocó la risa de los demás.
-Así que tú juegas muy bien, ¿no señora Kate? – le dijo Jim a su hija. Le había hecho mucha gracia la forma del niño de llamarla.
-Tuve al mejor de los maestros – le contestó a su padre sonriendo.
Cuando terminaron la comida, fueron dando un paseo hasta un parque cercano donde había una cafetería. Los adultos tomaron café mientras Henry y Alexis iban a dar un paseo, del que Henry volvió emocionado porque habían visto una ardilla, a la que su hermana hizo varias fotos con el móvil.
Ya desde el parque Jim se fue a su casa, prometiéndoles ir con ellos otro día a comer, Martha se marchó con él, pues había quedado con unas amigas y como iban en la misma dirección, aprovechó el taxi. Alexis se quedó con ellos, en unos días se instalaría en el campus y quería disfrutar de la familia.
En los días siguientes ocurrieron varias cosas. Al llegar el lunes a comisaría, se enteraron que Lanie había ido junto a Perlmutter a la exhumación del cadáver de la señora Thompson, que así se llamaba la dueña de las piernas con prótesis de rodilla.
A media mañana Lanie llamó a Kate para decirle que el ataúd de la señora estaba vacío, así que otra vez, estaban como antes. Gates estaba más que desquiciada, y todavía se desquició más cuando el martes, Central Park amaneció con cinco cabezas colgadas de los árboles. Nadie sabía cómo habían podido hacer eso, sin que nadie viera nada.
Las cabezas fueron recogidas y llevadas al depósito, y fueron convocados los forenses que trabajaban para ese distrito de la NYPD, que empezaron a estudiar las mismas. Llegando a la conclusión de que eran las cabezas de los cuerpos desmembrados.
Eran de tres hombres y dos mujeres. Menos una, las demás estaban embalsamadas y maquilladas, era evidente que venían de algún tipo de funeraria, pero no sabían de dónde. Lo que también era evidente es que habían sido congeladas.
Cuando lograron ponerle cara a los cuerpos, se fueron a las funerarias a volver a investigar, sobre todo a la que se había ocupado de la señora Thompson, que había cambiado de dueños y de muchos miembros del personal de la misma.
En esa semana Henry empezó la escuela. Cuando llegó allí acompañado de su padre y su hermana, no iba feliz precisamente. Estaba más que empeñado en llevarse a Edwin con él, y Castle temía que los otros chicos se burlaran de él al verlo con un muñeco, que se lo quitaran, lo que sería mucho peor, debido al afecto que Henry le tenía a su dragón. Aunque aún era pequeño, podía haber niños muy malintencionados.
Al final lo convencieron de que lo mejor era que lo llevara en la mochila, así estaría acompañado por su amigo, y no correría peligro de secuestro, como dijo muy seria Alexis.
Al llegar Castle se sorprendió al toparse con Ian O'Brien, el dueño de un pub irlandés, cercano a su casa que había frecuentado mucho hasta que se compró su propia taberna.
-¡Pero si es Richard Castle, el famoso escritor! – dijo con una sonrisa el pelirrojo irlandés – ¡dichosos los ojos que te ven!, ¿Qué?, ¿ya no pasas a saludar a los viejos amigos?, como ahora te dedicas a hacerme la competencia.
-¡Hombre Ian! – lo saludó Castle – que de tiempo, y si, tienes razón, ya no quiero nada contigo, ¿te enteraste que me compré una taberna?
-Caprichoso que has sido siempre, amigo – sonrió – me alegro que no cerraran "La Guarida", esa vieja taberna del puerto siempre tuvo su encanto.
-Bueno, ¿y qué te trae por aquí? – preguntó Castle – no creo que por aquí se beba mucha cerveza.
-Él – dijo señalando a un niño pelirrojo de la edad de Henry – es mi hijo Liam, empieza primer grado y está un poco asustado.
-¡Hola Liam! – saludó Castle – creo que te gustará conocer a alguien – y llamó a Alexis que se había quedado un poco rezagada con Henry.
Castle hizo las presentaciones, y fueron todos al aula de primero B, donde afortunadamente los dos niños habían coincidido. Entraron y estuvieron un rato hablando con el profesor, un joven de unos treinta años, muy agradable que recibía a los alumnos y hablaba un rato con los padres, para tranquilizarlos.
Llegó la hora de irse, Castle se agachó junto a Henry para desearle un buen día, y que lo pasara muy bien. El niño parecía un poco más conforme, se había sentado junto a Liam, que estaba tan asustado como él.
-¿Tú vienes luego papi y me llevas a casa?
-Por supuesto, a la hora de salir, yo te estaré esperando y nos iremos a casa – y se despidió de él con un beso, al igual que Alexis.
Después de dejarlo en el colegio, se despidieron de Ian, y cogieron un taxi. Alexis había quedado para ayudar a Lanie, así que su padre decidió acompañarla hasta el depósito.
Lanie que estaba allí trabajando, levantó la cabeza al verlos:
-Pero si son los Castle, ¡Hola Alexis! – dijo saludando a la chica – ¿Te envía Becket chico escritor? No tengo nada para ella.
-No, a Becket no la he visto aun, llevamos unos días de locura, casi ni tenemos tiempo para nosotros – dijo con un suspiro – acabamos de dejar a Henry en el colegio, es su primer día – dijo Castle – solo vine a acompañar a Alexis. Ahora voy a la comisaría.
Mientras Alexis fue a cambiarse, Lanie le preguntó:
-¿Y cómo se ha quedado el pequeño chico escritor?
-No muy feliz que digamos, pero no tendrá más remedio que acostumbrarse.
-Pobrecillo, muy pequeño y demasiados cambios en tan poco tiempo – y mirándolo atentamente – no os lo merecéis, por la broma que me gastasteis, pero, ¿Quieres que le diga a Becket que venga?, seguro que encuentro algo para hacerla venir y ya sabes el almacén que no se usa para nada que hay en ese pasillo, ¿no?
-Vaya, doctora Parish, ¿harías eso por nosotros? – preguntó Castle sonriendo.
-Más por ella que por ti, estuve hablando hace un rato con Kate y están todos de los nervios.
-Pues entonces llámala y así por lo menos sale y le da un poco el aire, que cuando Gates, se obceca con algo… los tendrá a todos al límite.
-No voy a llamarla solo para que le dé el aire, espero que le des algo más.
-¡Huy doctora Parish, si Kate se entera que hablamos de esto, me mata!
Así que Lanie llamó a una agobiada Kate, para decirle que tenía algo nuevo para ella, llamada que agradeció, porque el ambiente tan tenso de la comisaría se podía cortar con un cuchillo. Los chicos estaban como decían ellos, de tour por las funerarias, así que dejó dicho a otro compañero que se iba a pasar por el depósito.
Antes de que Alexis volviera, Castle se despidió de Lanie:
-Muchas gracias por el detalle doctora, lo tendré en cuenta y por favor dile a Alexis que me he ido a la comisaria.
-Quizás le diga que traiga una de esas camillas que ya no se usan y que están en ese trastero que siempre está cerrado y tan lleno de cosas que podríamos decir que esta insonorizado.
-No se te ocurriría, ¿verdad?
-Claro que no hombre, pobre niña, no se merece eso, y disfruta del regalito, ya te lo cobraré.
Castle salió al pasillo por el que Kate debería pasar para llegar al laboratorio, donde como dijo Lanie, había un almacén que nunca se utilizaba, así que cuando calculó que estaría al llegar, se metió allí y entornó la puerta, para verla pasar, tampoco era plan de sorprender a alguien que no fuera ella.
Antes de verla, oyó el taconeo característico de su detective favorita. Todo pasó muy deprisa, al pasar por allí, la tomó por sorpresa cogiéndola de un brazo y metiéndola dentro del trastero. Antes de que ella pudiese empezar a gritar, la había pegado a la pared y empezado a besarla. Al ser todo tan rápido Kate, se pensó que alguien la atacaba, y lo empujó dándole un codazo bien fuerte en el costado, cuando iba a levantar la rodilla, para darle en sus partes, oyó la voz ahogada de Rick, que le decía:
-Que soy yo, Kate – mientras intentaba pararle la pierna.
-¡Castle!, pero ¿Qué demonios haces? – explotó ella – me has asustado.
-Y tu casi me matas – jadeó él, que le costaba respirar después del golpe de ella – has estado a punto de convertirme en un eunuco.
-Pero, ¿a quién se le ocurre?, ni siquiera sabía que estabas aquí. ¿Te encuentras bien?
-Si – dijo ya más recuperado – era una sorpresa.
Y le contó lo que Lanie le había dicho y que la llamada era para que saliera un poco de la comisaría y se desestresase. Ella sonrió, realmente necesitaba un respiro, vale que no había sido una gran idea, pero sí que había sido un bonito detalle.
-Bueno, ¿Y a qué esperas? – le dijo.
-¿Cómo? – preguntó él, al que parecía que el golpe había dejado un poco tarumba.
-Que a qué esperas para empezar a quitarme todo el estrés que tengo – mientras decía esto lo agarraba de las solapas de la camisa y lo atraía hacia ella.
Se fue acercando hasta posar los labios sobre los de ella, y empezar un beso tierno y delicado, pero insistente, hasta que abrió la boca y empezaron como una vez dijo Lanie, a "explorarse la garganta con las lenguas". Mientras se besaban, las manos de ella no perdían el tiempo y quitaban los botones y abría la camisa, que sacaba de sus vaqueros. Él, que tampoco se había quedado atrás, ya que había desabotonado su blusa completamente, le desabrochó el sujetador, para acariciarle los pechos, a los que dedicó sus siguientes besos, mientras ella jadeaba, aguantándole la cabeza.
Volvió a sus labios, Castle estaba más que excitado, pero saber que su hija y Lanie estaban a pocos pasos le hicieron refrenarse un poco.
-¡Dios Kate!, necesitaba tanto esto.
-Pues no te pares, sigue, aquí no nos ve nadie.
-Pero Alexis y Lanie están aquí cerca y no me siento cómodo.
-Pues yo estoy comodísima. Las dos son adultas y aunque no creo que nos oigan, si lo hacen imaginaran lo que está pasando – y le volvía a besar y a tocar, mientras desabrochaba el cinturón y el botón de los pantalones.
-Estoy a punto de explotar – jadeó Rick – no sé si podré aguantar, mejor lo dejamos y seguimos luego en casa.
-Estoy tan caliente como tú – dijo apartándose un poco y mirándole a los ojos – como se te ocurra dejarme a medias, despídete de esto que vamos a hacer durante una temporada. ¿Querías sorprenderme?, pues quiero la sorpresa completa.
Y tuvieron la fiesta completa. Los pantalones de él, cayeron al suelo junto a sus calzoncillos. Ella ya se había encargado también de bajarse sus propios pantalones y sus bragas, y allí sobre una vieja camilla del depósito, que a saber cuantos cadáveres habría llevado, hicieron el amor de manera desenfrenada, hasta caer Rick, rendido sobre ella, que con una sonrisa de oreja a oreja le acariciaba el pelo.
-¡Ha sido genial, Castle!, me gustan estas sorpresas, puedes sorprenderme así, siempre que quieras.
-Mientras no me des un rodillazo, en tu sabes donde.
-Lo siento – rio ella – y lo del codazo, pero me asustaste. Oye, ¿Te has parado a pensar la de muertos que habrá habido en ésta camilla?
-Pues ahora estamos dos, que están muy vivos, detective. Creo que este es el polvo más gore de toda mi vida.
-Tampoco tanto, que no ha habido sangre ni vísceras – volvió a reírse ella, mientras lo abrazaba y besaba – te echaba de menos.
-Y yo – dijo él respondiendo al beso – me quedaría aquí todo el día pero será mejor que nos vayamos.
-Si – dijo ella, mientras se levantaba y empezaba a ponerse bien toda la ropa.
Castle también se puso bien la camisa y se subió los calzoncillos y los pantalones. Ella sacó del bolso un espejito y un cepillo para peinarse la cabeza de loca que se le había puesto. Una vez arreglada le dijo:
-Ven aquí, anda – y empezó a peinar los desordenados cabellos de él.
Una vez adecentados y cogidos de la mano, se asomaron al pasillo y al ver que no había nadie, salieron.
-¿Entonces no tengo que ver a Lanie? – preguntó ella.
-Bueno – dijo él sonriendo – si quieres que te vea con ese brillo en los ojos, esa sonrisa y esos colores, por mí no hay problema, pero ya sabes que te va a preguntar hasta el color de mis calzoncillos, y mi hija anda por ahí.
-Azules – sonrió – tus calzoncillos son azules, te sienta condenadamente bien ese color, anda vamos, que nos queda un largo día por delante.
Lograron salir del depósito sin que nadie los viera, menos mal que hacía fresco, lo que le vino bastante bien a los dos, para apaciguarse un poco.
-¿Qué tal se quedó Henry en el cole? – le preguntó con interés.
-Bueno, no es que estuviera muy feliz, pero parece que bien – dijo él – creo que ha hecho un amigo.
-Eso es genial, y ¿Quién es?
-¿Recuerdas a Ian, el dueño del pub irlandés cerca de casa, al que fuimos alguna vez?
-Si, ese pelirrojo alto con barbas, ¿no?
-Ese, pues tiene un hijo de la edad de Henry, se llama Liam y han coincidido en la misma clase. Se sentaron juntos y estaban los dos igual de asustados – sonrió Castle – pobrecillos por lo menos se consolarán el uno al otro.
-Me alegro, además viven cerca de casa, a lo mejor hasta coinciden alguna vez para jugar fuera del colegio.
Llegaron a la comisaría. Gates los vio llegar y enseguida le preguntó a Kate, si había algo nuevo. Ella le dijo un poco sonrojada, al recordar para lo que había ido a la morgue, que lo que le dijo la forense no era relevante, pero que seguían investigando. Gates bufó ofuscada y se metió en el despacho.
Siguieron trabajando durante toda la jornada. Estaban interrogando a varios empleados de la funeraria que enterró a la señora Thompson, había uno en especial, un auténtico nerd que divagaba en las contestaciones y se contradecía a cada poco, pero realmente no tenían nada contra él. Volvía a interrogarlo otra vez, Ryan y Esposito, mientras por el otro lado del cristal estaban Becket, Castle y Gates.
-Estoy seguro que sabe más de lo que nos cuenta – dijo Castle concentrado.
-¿Por qué dice eso señor Castle? – le preguntó Gates con interés.
-No estoy seguro, pero la historia que cuenta no se sostiene, yo no le perdería de vista.
-Es que no tenemos nada contra él, para retenerlo – dijo Becket – vamos a tener que dejarlo que se marche.
-¿Y si le hacéis creer que necesitáis su ayuda? – dijo Castle – a lo mejor pica y se descubre.
-¿Nos ayudaría en el interrogatorio? – dijo Gates.
-Me encantaría, pero tengo que ir a recoger a mi hijo al colegio.
-¿Y no tiene nadie que se encargue de hacerlo? – refunfuñó el capitán.
-No, le prometí a Henry que yo mismo iría a recogerlo, es su primer día y se lo he prometido, no pienso faltar a mi promesa – dijo Castle firme.
-Por Dios es solo un crio, qué más da quien lo recoja, si quiere mando una patrulla para que lo traiga aquí – dijo Gates categórica.
-¡Está loca! – no pudo menos que exclamar Castle – ¡Huy perdón!, no quise decir eso. Capitán, mi hijo ha pasado por una situación traumática debido a la muerte de su madre, si ve que en vez de recogerlo yo, va una pareja de policías, el departamento no va a tener más remedio que costearle un tratamiento psicológico del susto que se va a llevar.
-Sí, pero aunque me cueste reconocerlo, sería interesante que estuviera usted en el interrogatorio.
-Si me lo permite, recojo a Henry y luego nos venimos, no tengo en este momento a nadie con quien dejarle, me puede esperar en la sala de descanso.
-De acuerdo – dijo Gates – no me gusta mucho que haya niños por aquí, nunca se sabe lo que puede pasar, pero haremos una excepción por hoy. Recoja al chico y lo espero aquí de vuelta – y dirigiéndose a Becket que miraba alucinada a Rick y a Gates – a ver que se nos ocurre para retenerlo hasta que el señor Castle vuelva.
CONTINUARÁ…
