Capítulo 15:
Cuando Henry salió del colegio mirando para todos lados y vio a su padre esperándolo en la puerta, una enorme sonrisa iluminó su cara, mientras corría hacia Castle, que al verlo venir, abrió los brazos para recibirlo.
-¡Papi, has venido! – dijo feliz mientras Castle lo alzaba en brazos y lo abrazaba.
-Pues claro que he venido, ¿Qué te creías?, ¿Qué ibas a dormir aquí?
-No – dijo riendo – que en el cole no hay camas y no se duerme.
-¿Cómo te lo has pasado?, ¿Te ha gustado este cole?
-Sí, me gusta este cole, el señor March – el maestro – es muy bueno y sabe tocar la guitarra, hemos cantado canciones y he pintado un dibujo para ti, bájame – dijo a su padre para que lo pusiera en el suelo.
Se descolgó la mochila de la espalda y sacó un papel en el que había pintado dos figuras, una muy grande, con el pelo marrón que de la mano, llevaba a otra más pequeña, con el pelo pintado de amarillo. Los ojos de los dos, eran unas bolitas azules. Al lado de cada uno, con una caligrafía irregular, ponía respectivamente "papá" y "Henry". Aunque estaban vestidos de calle, era evidente que estaban en la playa, pues había dibujado la arena, con un castillo, su cubo y su pala, el mar, y por supuesto su adorado Nemo, que nadaba con una sonrisa feliz en la playa de Los Hamptons.
-Somos yo y tú – explicó el chiquillo – yo te lo regalo.
-Muchas gracias hijo – dijo su padre – es muy bonito y vamos a ponerlo en el estudio, ¿Qué te parece?, así podré verlo siempre que quiera mientras escribo.
-¿Vamos a casa y lo ponemos ya? – preguntó ilusionado e impaciente.
-Ahora vas a venir conmigo a la comisaría, tengo que terminar allí un trabajo, solo será un ratito.
-¿Allí está la señora Kate?
-Si, allí es donde trabajan Kate y Javier y Kevin, los amigos que vinieron a cenar a casa, ¿te acuerdas de ellos?
-Si – dijo el crío – ¿la señora Kate se pone la gorra de policía?
-No – rió Castle – Kate no se pone la gorra, pero verás a más policías con la gorra puesta – dijo ante el aparente interés del niño por policías con gorra.
Castle no se había llevado el coche, así que volvió a la comisaria de la misma forma que fue al colegio, en taxi. Al llegar, Henry se asustó un poco al ver a tantos policías y tanto movimiento, así que agarró con fuerza la mano de su padre.
En la planta de homicidios, el ambiente estaba un poco más tranquilo. Kate que estaba pendiente de que llegaran, levantó la cabeza al oír el ascensor, Henry que la vio se soltó de la mano de Castle y corrió a saludarla.
-¡Hola señora Kate! – dijo contento – mira que dibujo le he hecho a papi – y se apresuró a sacar su dibujo de la mochila.
-¡Vaya Henry! – exclamó Kate con admiración – es precioso, toda una obra de arte – realmente al chiquillo no se le daba mal el dibujo, era muy observador y bastante detallista.
-Papá lo va a poner en su estudio, para mirarlo siempre – dijo orgulloso.
-Seguro que queda precioso – dijo Kate sonriendo.
Gates salió de su despacho, cuando Henry la vio, la recordó del día de Central Park, era muy fisonomista y tenía una memoria prodigiosa.
-¡Hola señor capitán de los piratas! – saludó a la mujer – ¿este también es tu trabajo?
-¡Hola jovencito!, si, este también es mi trabajo.
Y se dirigió a Castle y Becket, apremiándolos para hacer el interrogatorio, pues no podían retener al sospechoso por más tiempo. A Henry no le hizo mucha gracia, cuando le dijeron que tenía que esperar un rato, a que su padre terminara, pues no quería quedarse solo.
Gates miró a Esposito.
-Lo siento señor – se excusó Javier con cara de susto – pero no me van los niños.
-No le creía tan cobarde detective Esposito – dijo con desprecio – es un niño, no le va a morder.
A continuación miró a Ryan.
-Yo cuidaré de él, le buscaré alguna página de internet para que juegue – y agachándose a la altura de Henry, le dijo – ¿quieres quedarte conmigo un rato, mientras tu padre habla con un señor?, tengo un montón de juegos en el ordenador.
-Vale – dijo más animado – pero tu vienes pronto, ¿eh papi? – dijo dirigiéndose a su padre.
-Lo más pronto que pueda – contestó Castle – Kevin te cuidará muy bien, él es mi amigo, así que también es amigo tuyo.
Castle se fue con Kate a interrogar al nerd y Ryan se llevó a Henry al que sentó delante de su ordenador y le buscó una página de juegos infantiles. Él mientras, revisaba unas declaraciones de otros sospechosos.
Durante la declaración de Archibald Lester, Archie para los amigos, Castle, fue capaz de llevar la conversación a su terreno, de tal forma, que Archie terminó confesándose el autor de haber dejado los miembros amputados y las cabezas en Central Park.
Junto a un par de amigos habían querido demostrar que podrían poner patas arriba a la NYPD y a toda la ciudad de Nueva York, con un hecho que los volviera locos, y que nunca podrían descubrirlos, así que mientras trabajaba en la funeraria, se agenció cuatro cadáveres de personas sin familia y a las que nadie reclamaría, y que estaban allí porque habían dejado en su testamento una cantidad de dinero para pagar su entierro.
Una vez que se cerraban los ataúdes y antes de ser enterrados, Archie junto con sus amigos tan nerds como él, cambiaron los cuerpos por sacos de arena, y luego en la furgoneta de uno de ellos, los llevaban hasta la casa de este en Nueva Jersey y los dejaban en un gran arcón congelador que tenía en el sótano. Así se hicieron con los cadáveres de dos hombres y dos mujeres. El tercer hombre era un indigente que vieron en un callejón una noche, cuando investigaban las mejores rutas y las menos vigiladas para ir a dejar sus regalos. El hombre estaba tirado entre escombros y al parecer llevaba un par de días muerto. Archie que trabajaba habitualmente con cadáveres, había hecho un cálculo aproximado. Lo metieron en la furgoneta y le dejaron en el congelador. Luego en el mismo sótano, desmembraron los cuerpos y eligieron el día que les pareció más propicio para dejarlos en el parque.
Y esa era la historia, tres tíos aparentemente simplones, montan un tinglado para poner en un brete a la policía de la capital del mundo. Aunque no se les podía acusar da asesinato, si les imputaron una decena de cargos, entre ellos, robo y manipulación de cadáveres y alteración del orden público. A Gates que había seguido el interrogatorio desde la sala de observación, le dieron ganas de entrar ahí y darle unos cuantos bofetones a semejante individuo, por lo que le había hecho pasar en esos días.
Mientras Archie, declaraba, una patrulla y otros detectives fueron a arrestar a sus dos amigos y cómplices, Leonard Childs y Daniel Turner. Los encontraron enseguida y los llevaron a comisaría. Cuando Castle, que ya había dejado la sala de interrogatorios los vio pensó que parecían sacados de un episodio de "The Big Bang theory".
Gates agradeció a Castle su agudeza y perspicacia, y en vista de lo tarde que era, y de la cantidad de horas extras que habían hecho para resolver el caso, les dijo a Becket, Ryan y Esposito que se tomaran libre el día siguiente.
Castle fue a donde estaba Henry, un poco aburrido ya de esperar, pues el interrogatorio había durado bastante. El niño veía un canal de dibujos animados en el ordenador de Ryan. Lo avisó:
-Henry, nos vamos a casa.
-¡Qué bien papi! – exclamo el niño con un bostezo – tengo hambre y sueño.
-Yo también hijo, nada más llegar te damos un buen baño, la cena y a la cama.
-Si, a la camita – dijo el niño – ¿la señora Kate también viene? – preguntó inocente captando la atención de Ryan y Esposito, que aunque ya sabían que estaban juntos, sentían una enorme curiosidad por la relación de sus amigos.
-Si, Henry – dijo Kate con firmeza – me voy con vosotros a casa. Nos vemos chicos.
-Adiós Becket, que disfrutes de tu día libre – dijo Esposito con ironía – y tú también Castle – dijo con el mismo tono.
-Por supuesto que pienso disfrutarlo, Javi. Lástima que no te pueda desear lo mismo – dijo mordaz – ya sé que Lanie tiene guardia mañana.
-Henry – dijo Castle a su hijo – dale las gracias a Kevin por quedarse contigo, te ha cuidado muy bien.
-Gracias por cuidarme, Kevin – dijo obediente – otro día vengo y sigo jugando con tu ordenador.
-Cuando quieras hombre – dijo Ryan con una sonrisa.
-Muchas gracias – le dijo también Castle – aun no le resulta fácil quedarse con desconocidos.
-De nada, tío – dijo Ryan – para eso están los amigos y voy a avisar a Jenny, le deben algunos días. A ver si se puede pedir mañana, y podemos estar juntos los dos.
-Pues que lo disfrutéis vosotros también – le dijo Becket a su compañero.
Y salieron los tres de la comisaría. Subieron al ascensor y bajaron directamente al sótano, al coche de Kate. Castle ayudó a subir a Henry y le puso el cinturón de seguridad.
Cuando llegaron a la casa, Kate preparó algo de cena, mientras Castle, se ocupaba del baño de Henry, tarea de la que él siempre se hacía cargo. Cenaron tranquilamente y mientras ella recogía, Castle subió a acostarlo y leerle su cuento diario, pero no había llegado ni a la mitad, cuando ya el niño se había dormido.
Al bajar no la vio por ningún sitio, así que se fue a la habitación. Tampoco estaba allí, la puerta del baño estaba entreabierta, así que se asomó. La vio dentro de la bañera, con el pelo recogido en un moño alto, para no mojárselo, con los ojos cerrados y disfrutando de un baño de espuma. Hacía calor dentro del cuarto de baño, a causa del vapor que había. Se quitó la ropa quedándose en calzoncillos y camiseta y entrando al baño se acercó a ella que seguía sin darse cuenta de su presencia y la besó suavemente en los labios.
-¿Quieres que te frote la espalda? – le dijo al oído mientras llevaba sus labios por el cuello de ella.
-¿Por qué mejor no me acompañas? – respondió melosa.
-Enseguida estoy contigo – dijo mientras se deshacía de su ropa interior y se metía junto a ella.
-¡Aahh! – Kate no pudo reprimir el bostezo – estoy agotada. Menos mal que ya terminó este caso, ¿Qué quieres que hagamos mañana?
-Pensaba proponerte una tranquila jornada familiar, ¿Qué te parece?
-Lo que quieras, ahora mismo no soy capaz ni de pensar.
Estuvieron un rato en remojo, hasta que Castle advirtió que Kate se había quedado profundamente dormida.
-¡Kate despierta!, tienes que salir del baño, el agua se está enfriando.
-Un ratito más… – dijo por toda respuesta.
Castle sonrió, si no fuera porque ella apoyaba la cabeza en el borde de la bañera, se habría sumergido hacía ya un rato. Quitó el tapón del baño y salió poniéndose un albornoz, preparando una toalla para ella.
-¡Vamos Kate!, no puedes quedarte ahí.
Abrió los ojos con pesadez.
-¿Me ayudas?
-Claro – y la ayudó a incorporarse y a salir del baño.
Una vez fuera la envolvió en la toalla, y la ayudó a secarse mientras la llevaba hasta la cama donde la ayudó a sentarse.
-¿Me has puesto algo en el vino? – preguntó volviendo a bostezar.
-¿Me estás acusando de drogarte? – preguntó risueño.
-Es que no es normal, que casi ni puedo abrir los ojos.
-La gran Katherine Becket es humana, y se cansa como todo el mundo – dijo con sorna – anda ponte la camiseta y duerme.
La ayudó a ponerse la camiseta y a meterse dentro de la cama, la arropó y le dio un besito en la frente.
-¡Buenas noches detective, que descanses!
-¡Mmmm! – fue lo único capaz de decir ella.
Habían sido unos días de tanta tensión en el trabajo que era normal que una vez todo había terminado se hubiese relajado, el baño había terminado de dejarla extenuada. Él volvió al baño a recoger la ropa de los dos, para terminar metiéndose junto a ella en la cama.
Cuando llegó la mañana, sonó la alarma del móvil, la apagó enseguida para dejarla dormir. Se levantó y poniéndose una bata, subió a despertar a Henry. Mientras el niño se lavaba la cara y se vestía, el ya preparaba el desayuno. Lo dejó sentado en la cocina, tomándose unos cereales, mientras el volvía a su cuarto para arreglarse. Procurando no hacer ruido para no molestarla, se fue vistiendo cuando la escuchó preguntarle:
-¿Qué hora es?
-Muy temprano, voy a llevar a Henry al colegio y cuando vuelva te traigo el desayuno, ahora puedes seguir durmiendo si quieres.
-Vale – y dándose a vuelta volvió a dormirse.
El olor del café la despertó. Se levantó para ir al baño y se miró al espejo. Realmente el sueño había sido reparador. Escuchó la puerta del cuarto que se abría y un alegre:
-¡Buenos días!
Salió y allí estaba Rick, con la bandeja del desayuno.
-¡Qué bien! – dijo ella – desayuno en la cama, como una autentica reina – ¿Eso son croissants?
-Sus deseos son ordenes, majestad – dijo ceremonioso – como sé que le encantan los croissants recién hechos, a la vuelta del colegio paré en la pastelería a comprarlos.
-Es todo un detalle, Castle, no esperaba menos de ti.
Desayunaron tranquilamente hablando de cualquier cosa, hasta que ella le preguntó, que le apetecía hacer ese día.
-Realmente no me apetece hacer nada, está nublado y parece que va a llover, y yo tendría que ponerme a escribir, así que había pensado quedarnos aquí en casa, claro que si te apetece hacer otra cosa…
-¿Bromeas? – sonrió ella – en este momento mi idea del paraíso es quedarme todo el día en pijama en el sofá leyendo o viendo alguna de esas pelis de tu magnifica videoteca.
-Pues eso está hecho, ahora voy a recoger esto – refiriéndose a la bandeja que había dejado en el suelo – me pongo cómodo y le hacemos un homenaje al sofá.
-Si – dijo ella arrodillándose sobre la cama y tirando de él – pero antes de ir al sofá, vamos a darnos un homenaje nosotros.
-¿Sabe inspectora que mientras nosotros desayunábamos, mi hija y mi madre se comían sus croissants en la cocina?
-Pues espero que sean muy prudentes las dos y ni se les ocurra entrar aquí – dijo totalmente lanzada y desinhibida, empezando a desabrocharle la camisa.
-¡Ay, Kate! – suspiró mientras se dejaba arrastrar hasta la cama.
Le quitó la camisa y luego fue por los pantalones, que desabrocho y empezó a bajar.
-Ya me los quito yo – dijo suspirando.
Ella se quitó la camiseta y como no llevaba nada debajo, se mostró ante él, en toda su espléndida desnudez.
-Eres una autentica diosa – jadeó él – mientras empezaba a recorrer su cuerpo con sus besos.
-Pues hoy quiero que me rindas tributo – le dijo ella.
Y eso hizo Castle, la acarició y besó por todo el cuerpo, deteniéndose en aquellos lugares que sabía que a ella la volvían loca. Ella se dejó hacer durante un rato, hasta que la llevó a un explosivo orgasmo, él se apremió a besarla para apagar sus gemidos. Una vez un poco repuesta se dio hábilmente la vuelta y se puso sobre él a horcajadas diciéndole:
-Ahora te toca a ti.
Y pasando inmediatamente a la acción, besándolo ahora ella a él, hasta llegar a su miembro que la esperaba palpitante. Pero él volvió a sorprenderla y antes de que pudiese seguir la volteó de nuevo y se colocó sobre ella.
-Habíamos quedado en que hoy tocaba rendir tributo a la diosa, y en eso estamos.
Volvió a besarla y a acariciarla mientras se colocaba entre sus piernas, para penetrarla con una rápida embestida, que la hizo gemir. Una vez dentro empezó a moverse, primero lentamente y luego más rápido hasta que la hizo gritar de nuevo al tener otro orgasmo, que terminó provocando el de él.
Se retiró de ella y se tumbó a su lado, abrazándola.
-¡Hummm! – dijo Kate perezosamente – me gusta tu idea de jornada familiar, ¿vamos a quedarnos todo el día aquí en la cama?
-Tenemos todo el día por delante – dijo subiendo la sábana para taparlos a ambos – y aunque tengo que escribir no tengo demasiada prisa.
Se quedaron dormidos. Cuando Kate despertó estaba sola en la cama. Eran más de las doce del mediodía. Se levantó y poniéndose la bata de él, salió al estudio, donde un Castle con pantalón de pijama y camiseta escribía con entusiasmo. Fuera llovía torrencialmente. Levantó la cabeza al oírla.
-¡Buenos días bella durmiente! – le dijo sonriendo.
-Buenos días príncipe azul – le contestó siguiendo el juego – ¿has escrito mucho?
-No está mal la cosa – dijo él – sigo escribiendo un rato hasta la hora de comer, ¿te importa?
-Para nada – dijo ella – voy a ponerme otra ropa – por cierto ¿Alexis y Martha?
-Las dos han salido y ninguna vendrá a comer.
Y se metió al cuarto para salir un rato después de haber hecho la cama, con unos leggins y una camiseta de él, que le quedaba enorme.
-Voy a prepararme un café, ¿quieres?
-De acuerdo.
Preparó café para los dos, y le llevó a él una taza. Luego se acercó a la librería y escogió un libro, sentándose después en uno de los sillones y poniéndose a leer.
Estuvieron así hasta que les entró hambre y se decidieron a pedir comida china, pues ninguno de los dos tenía ganas de cocinar.
Fuera seguía lloviendo, por lo que después de comer, se sentaron juntos a ver una de las muchas películas de Castle. Estaban en lo mejor de la trama, cuando a él le sonó el móvil. Ella paró el reproductor de DVD, para que atendiese la llamada. Solo lo escuchaba a él, pero se estaba enfadando por momentos.
-Pero, ¿Cómo es posible? – respondía airado – se supone que son ustedes unos profesionales…
-…
-Si, ya… entiendo, esas cosas pasan.
-…
-De acuerdo, pasaremos por ahí mañana. Espero que esta vez no haya problemas – y colgó el móvil con un bufido.
-¿Qué ocurre? – preguntó ella – ¿Algún problema?
-Pues si – respondió exasperado – ¿puedes creer que a los inútiles del laboratorio se les ha estropeado una máquina y Henry y yo tenemos que repetirnos las pruebas?, menos mal que solo es una muestra de saliva y no hay que sacarle sangre…
-Vaya, que contrariedad – dijo ella – pero bueno tampoco es tan malo, solo que se van a retrasar los resultados, ¿eso te importa?
-Ya sabes que no, que por mí no me haría nada, pero ya que he ido, volveré a hacerlo, mañana recogeré a Henry antes y volveremos al laboratorio.
-¡Anda ven aquí! – le dijo ella haciéndole sitio – vamos a terminar de ver la película, que nos hemos quedado en lo mejor.
En eso estuvieron, hasta que llegó la hora en que Castle tenía que ir a buscar a Henry al colegio.
-¿Quieres que te acompañe y te espere fuera con el coche?
-¿Y salir con el día que hace?
-No me voy a mojar, salimos directamente del garaje y yo me quedo en el coche.
-¿No te importa? – preguntó él – no veas como se pone la puerta del colegio los días de lluvia.
-Claro que no, anda vamos a vestirnos.
Ambos se cambiaron de ropa. Castle cogió el impermeable de Henry y un gran paraguas, pues además de llover hacía bastante viento. Bajaron al garaje para coger el coche e ir por el niño.
Como Castle había predicho, la puerta del colegio estaba atestada de coches con padres para recoger a sus hijos. Mientras ella lo esperaba en doble fila, el salió abriendo el paraguas, que tuvo que cerrar a causa del fuerte viento, volviendo un rato después con Henry en brazos, bien protegido por su impermeable. Lo subió al coche y lo puso en su silla. El niño cuando la vio la saludó alegre.
-¡Hola señora Kate, está lloviendo mucho y no hemos podido salir al patio! – explicó – a papi se le han mojado los pelos como en la playa.
-¡Qué pena Henry! – dijo solidaria – seguro que mañana ya hace mejor día.
-Si porque yo, Liam y Mark y Lizzie, vamos a jugar a Peter Pan.
-Vaya ese juego parece muy divertido – dijo ella con una sonrisa, mientras arrancaba el motor.
Ya en casa y en vista de la tarde que hacía, Castle bañó a Henry y le puso directamente el pijama. Martha y Alexis, que se mudaba al campus ese fin de semana, ya estaban las dos allí.
Estuvieron jugando a un juego de mesa hasta la hora de la cena. Castle fue el primero en perder, así que se puso a escribir, mientras Kate, que se había entusiasmado con el juego, seguía jugando con Henry. Al final, le dio lástima y dejó ganar al niño. Castle que a pesar de escribir estaba atento a lo que pasaba, la miró y le dijo que también tenía que acostumbrarse a perder, que no siempre iba a ganar.
-Pobrecillo, para la próxima vez, con lo ilusionado que estaba.
-Blandengue – le dijo con una sonrisa.
-¿Quién yo? – preguntó ella – por lo menos tengo corazón. Seguro que tú te hubieras enfadado con él si no ganases. Eres más crio que Henry.
-¿Jugamos otra partida? – preguntó Henry totalmente ajeno a la conversación que los mayores tenían.
-Ya es tarde – dijo su padre – ahora hay que cenar, ya la abuela lo ha preparado todo, ¿no te has dado cuenta lo bien que huele?
-Es verdad – dijo Henry que tenía un olfato de lo más desarrollado – huele bien, bien, bien.
-Si quieres, después de cenar puedes ver un poquito la tele hasta la hora de dormir.
-Vale – dijo el niño – veo los dibujos.
Y terminaron el día tan tranquilamente como se lo habían propuesto, lo cual le vino muy bien a ambos, a Castle porque había adelantado bastante de su novela y a Kate porque realmente le hacía falta descansar después del caso que habían resuelto el día anterior.
CONTINUARÁ…
