Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.

Este fic se lo dedico a Natalia, a todas mis chicas del whatsapp swanqueen, a mi petita, a mi morena, a mi manager que es la mejor, a amanda porque cuando nos veamos en París seremos un peligro andante, yo lo sé, ya todos los que me leéis y comentáis, me alegra saber vuestra opinión en mis historias ya que se me va lo olla y escribo cosas muy extrañas.

Sin más os dejo leer y disfrutar del capítulo, no sin antes amenazaros si no leéis los fics de Franchiulla, my dark queen y estefhybautista, también os tenéis que pasar por "Tú eres mi único hogar" lo descubrí hoy y me encantó.

Mil besitos y ahora sí os dejo el capítulo.

CAPÍTULO 8 EL MUNDO ES NUESTRO.

Con las manos de Emma recorriendo cada rincón de su piel, Regina se sentía una mujer nueva. Adoraba las nuevas sensaciones que se apoderaban de su alma y de su mente, amaba a esa mujer desde lo más profundo de su ser, de manera frenética y desenfrenada. Sonreía al pensar que al principio de esa aventura simplemente la odiaba, le parecía odiosa, irritante y completamente vulgar.

Ahora la miraba con veneración, y reía pues no podía entender si alguna vez llegó a odiarla de verdad o se había enamorado nada más verla sin saberlo. Era tan ignorante, tan inocente, se sentía idiota y aun así la joven capitana la había escogido a ella para volver a amar, para volver a intentarlo, Emma la había escogido para recomponer los pedazos maltrechos de su corazón y ella iba a darle todo cuanto tenía para hacerle feliz.

Los labios de su rubia paseaban por su cuerpo lentamente, sin prisa, dejando pequeñas marcas y suaves roces con su lengua, erizando su piel y haciéndole temblar de deseo. Sus ojos estaban cada vez más oscuros y se le nublaban los pensamientos, solo la imagen de Emma haciéndola suya permanecía en su mente, y con prisa la apremiaba a que terminara esa dulce tortura de exploración y la poseyera por completo.

Sus manos aferradas al cabello de la rubia mientras esta iba bajando con una lentitud mortífera por su cuerpo, dejando un rastro de saliva y besos que encendían a la morena y le hacían gemir como nunca antes. Si la primera vez fue maravillosa, con todos los miedos aun bailando por su mente, en esos momentos estaba siendo sencillamente perfecto. Entre ellas ya no había ninguna barrera que romper, solo deseo y un amor cuyas dimensiones aun no comprendían.

De pronto la morena se aferró más fuerte a los cabellos de la rubia y, entre sorprendida y completamente excitada, soltó un grito que se tornó en gemidos cada vez más agudos al sentir la lengua de Emma recorriendo su interior. Era sencillamente magnífico, las oleadas de placer inundando su cuerpo y haciéndole volar. Inconscientemente empezó a mover las caderas para sentir aún más a la joven capitana devorándola como nunca lo había hecho nadie antes, sintiendo su humedad mezclada con los besos y las atenciones de Emma en ella, no aguantó y entre gritos inconexos y gemidos llegó al clímax y cayó completamente agotada, dejando que su rubia volviera a su altura, regalándole dulces besos por todo el cuerpo y finalmente atrapando sus labios con pasión.

La besó con una sed infinita de ella, no quería romper ese momento, el dulce sabor de los besos de Emma junto a su propia esencia en los labios de su amada hizo a Regina estremecerse.

Tenía demasiado que agradecerle a Emma, empezando por haberle enseñado a amar con pasión y veneración la vida en el mar, por haberle enseñado que vivir se basaba en cosas sencillas como una puesta de sol y, sobre todo, por haberle enseñado que amar es la mejor sensación del mundo, que entregarse por completo a la persona amada era aún más hermoso que el mismísimo océano o ver amanecer.

-¿Cuándo vas a enseñarme? Quiero hacerte sentir lo mismo Emma.

-"Definitivamente hoy no, llevamos horas encerrada y la tripulación se preguntará dónde diablos me metí"

-Tienes razón, además me muero de hambre.

"Debería traerte algo de ropa"

-¿A mí por qué?

"Tu vestido, lo rompí ¿Recuerdas?"

Un momento más tarde, tanto Emma como Regina, ambas vestidas con atuendo masculino, holgado y nada que ver con los antiguos ropajes que la morena solía portar, se presentaron en el refectorio del barco buscando algo de comer, dado que habían perdido la cuenta del tiempo que pasaron recluidas en su mundo perfecto y no habían tomado nada desde hacía por lo menos un día entero.

Toda la tripulación puso sus ojos sobre Regina, y todos se asombraron al ver el cambio en esa muchachita estirada a la que prácticamente ninguno soportaba. Estaba radiante, sus nuevos ropajes le sentaban de fábula, si no la hubiesen visto antes dirían que siempre fue uno de ellos.

A ninguno les pasó desapercibido cómo su capitana sonreía con ella, cómo la miraba, estaba claro que ambas tenían un romance y todos ellos, que habían vivido el dolor de la pérdida de Jones junto a la rubia, se alegraron de verla feliz y sonriente, aunque fuese gracias a una jovencita que no pertenecía a su mundo.

Tras varias semanas de travesía en las que Regina se integró como una más en la tripulación. Hablaba como ellos, se comportaba como ellos y lo único que no compartía eran sus borrachera y el ron, teniendo demasiado reciente su último episodio con ese brebaje. Durante ese tiempo aprendió, de manera bastante rápida ante la estupefacción de Emma y del resto de marineros, a usar con propiedad el sable. Tras haberse entregado a Emma, una nueva seguridad se había apoderado de la morena y, sin miedos que le impidieran avanzar, aprendió todo cuanto la rubia le enseñaba. Tras unos meses de entrenamiento era completamente capaz de desarmar a la joven capitana e incluso de ganarle en un duelo. Emma se sentía completamente orgullosa de ella, la veía cambiar, veía crecer su confianza y también su gozo, eso la llenaba de amor.

En la intimidad también aprendía deprisa, Emma sentía que había liberado un monstruo que llevaba demasiado tiempo dormido. Su morena era insaciable y acababan siempre extasiadas pero felices, amaba esos momentos en los que no existía nada más que ellas y sus sentimientos.

Llegó el momento en el que Emma decidió que debían parar, descansar un poco de la vida en alta mar y pisar tierra. Aprovechar de proveer el barco de agua dulce y fruta fresca. Sabía exactamente dónde ir así que puso rumbo a una pequeña isla que no aparecía en el mapa, una isla que unos pocos conocían, y ninguno la conocía como Emma pues la consideraba, a parte del océano, su lugar favorito en el mundo.

Cuando llegaron, desembarcaron en los botes y pudo ver como la mirada de Regina se iluminaba de emoción. La morena realmente necesitaba ese descanso de navegar, sentir tierra firme bajo sus pies y correr sin el balanceo de la nave.

Cuando desembarcaron Regina se mareó, acostumbrada a que el suelo se moviera. Emma, que esperaba esa reacción, estuvo ahí para sujetarla y no dejarla caer. Ese tierno gesto hizo que el corazón de Regina saltase en su interior, y una enorme sonrisa en su rostro al sentirse tan amada por su joven capitana.

Emma ordenó a sus tripulantes que recogiesen suministros para la nave, mientras ella le enseñaba a su morena las maravillas de esa isla que consideraba, junto al Libertad, su hogar en el mundo.

Regina se dejaba guiar por la joven capitana, confiando en ella completamente, se veía que sabía dónde iban en medio de esa selva donde la morena se habría perdido sin dudar.

Finalmente salieron de la vegetación y encontraron un saliente de rocas que daba al mar, era un salto de quince metros de altura, a lo lejos el océano inmenso, a lo lejos el mundo entero.

-"Regina, ¿confías en mí?"

-Confío en ti, Emma.

-"Entonces dame la mano, te voy a dar el mundo entero."

La morena entregó su mano a la joven capitana sin dudar un segundo y, de un impulso, ambas se precipitaron al vacío.

Un grito de júbilo salió de sus gargantas mientras la adrenalina recorría sus cuerpos, Emma había dado ese salto un millón de veces y Regina simplemente confiaba con fe ciega en su joven capitana.

El mar las acogió con suavidad y se hundieron en él, sintiéndose más vivas que nunca. Emergieron aun cogidas de la mano y se echaron a reír.

-Eso ha sido increíble, me siento viva, capaz de cualquier cosa.

-"Te dije que te iba a dar el mundo entero."

-Sí, eso fue como sujetar el mundo con mis manos durante un momento. Fue mágico.

-"Te amo Regina."

-Te amo Emma.

Se besaron durante horas, nadando juntas en la inmensidad del océano, Regina no dijo nada pero, saltando al vacío, había dejado atrás todo su pasado, todo cuanto una vez fue, todo cuanto le importó. AL emerger de las aguas del mar renació a una vida nueva, era el fin de una etapa y el comienzo de otra, no había marcha atrás. Regina Mills había muerto al saltar de la mano de su joven capitana. Ahora era y sería para siempre Regina "La Sevillana" y su hogar era el mundo entero siempre que Emma Swan estuviera a su lado.