Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.

Este fic va dedicado a Natalia, a mis chicas del grupo de whatsapp swanqueen que las adoro aunque solo me dan ideas porn, a Amanda que ya queda menos para nuestra épica batalla de sandías y para encerrar a Lana en un ascensor, a mi petita porque la quiero muchísimo aunque no se lo diga tan a menudo como quisiera, a mi morena que nunca coincidimos y la echo de menos, a mi manager adorada que espero siga estando bien pues me tiene que representar toda mi vida, contrato exclusivo.

Este capítulo se lo quiero dedicar de forma especial a estefhybautista porque, aparte de que adoro su trabajo y que su fic El diario de la reina es mi favorito, nuestras conversaciones por twitter me sacan más de una sonrisa. Y desde la distancia no se me ocurre otra manera de mostrarle mi aprecio. Ya sabes, este capítulo va para ti.

Ya sabéis, leed los fics de franchiulla, my dark queen y el antes citado de estefhy bautista. No os dejare en paz con el tema, hasta que los hayáis leído todos.

Me gustaría mencionar también en este capítulo a The little phoenix que ayer leyó y comentó cada capítulo, muchas gracias por ello, se agradece que reconozcan tu trabajo.

Sin más os dejo leer y disfrutar, gracias a todos los que me leen y comentan, cada opinión es importante para mí. Besos.

CAPÍTULO 9 AL ABORDAJE

El agua del mar estaba calmada, su temperatura era agradable al contacto con el cuerpo de las dos mujeres, ellas se habían olvidado de que el resto del mundo existía, solo estaban ellas, el mar, el cielo y ese beso eterno con sabor a sal. Mecidas por las olas en un baile sin fin, ambas se sentían seguras, felices y libres.

Para Regina ese momento fue magia, libre de toda atadura pasada, libre de cualquier resquicio de duda que quedara en su alma, libre de su antiguo ser. Saltar al vacío, dejarse llevar por el viento y sentirse feliz fue lo único que necesitó para dejar de pensar en el pasado y mirar al futuro con ojos nuevos, un futuro incierto, desatado y caótico, mas un futuro de libertad. Su única morada, los ojos verdeazulados de la joven capitana que había roto todas sus cadenas.

Como un pájaro liberado de su jaula, voló junto a su rubia cogiendo por fin su vida en sus manos y liberando su alma de la sociedad. Su idea de moral, vivir con su rubia dándoselo todo, haciéndola feliz sin pensar en nada más. Estaba donde realmente quería estar, bañada por las aguas de su adorado mar besando con sed insaciable los labios de su adorada rubia.

Se dejaron llevar por el balanceo de las olas y finalmente la marea las condujo a la orilla donde, sin dejar de besarse un solo momento, las manos de ambas, recorrían sin prisa el cuerpo de la otra, descubriéndolo y memorizándolo.

Emma finalmente rompió ese beso, provocando que Regina la mirase con ansia y buscase nuevamente sus labios, frenética y desesperada por ese contacto.

-"Ven sevillana, pongamos a secar la ropa o enfermaremos."

-Si eso es una excusa para que te quite la ropa no tendrías que haber dejado de besarme.

La reacción de Regina hizo que la capitana estallara en una carcajada.

-"Vaya, ¿En qué momento te volviste tan libertina?"

-En el momento que rompiste mi último corsé.

Con una sonrisa, Emma se acercó a Regina, atrapando sus labios nuevamente en un beso, un beso que poco a poco se volvió una lucha de dominación entre ambas mujeres dado que, desde que la morena se había liberado de las cargas de su alma, ansiaba con todo su ser poder llevar el mando y demostrarle a la joven capitana que era perfectamente capaz de dárselo todo, de estar a su altura. Ese juego de poder que se había instaurado entre ambas, llevaba a la rubia a un nivel de excitación que jamás había alcanzado anteriormente. Sin duda Regina era una mujer fascinante, extremadamente inteligente, aprendía a una velocidad de vértigo. Y, a pesar de todo cuanto había cambiado y se había desinhibido con ella, seguía siendo en muchas ocasiones una niña, su temprana edad para Emma era algo completamente adorable. No tenía una sola duda de que amaba a esa muchacha como no había amado antes en toda su vida.

Finalmente, la rubia se dejó vencer para gran gozo de la joven morena, cayendo las dos en la arena, pronto sus ropas fueron extraídas con prisa y ambas se encontraron desnudas sobre la playa, con los rayos del sol como única vestimenta.

La visión de Regina sobre ella, de sus ojos mirándola fijamente teñidos de deseo, la forma en que la morena la recorría con la mirada, con la boca entreabierta en una mueca de placer extremo ante esa visión, bastaba para que Emma se volviese loca de deseo, quiso tocarla, quiso ser ella la que tuviese a la morena debajo para poseerla y tener acceso a cada rincón de su amada mas Regina la tenía fuertemente sujeta y no la dejaba moverse. Con una pícara sonrisa en sus labios se acercó al oído de la rubia y susurró con una voz cargada de ironía y ronca por el deseo.

-Hoy mando yo mi capitana, hoy tú serás mía.

Emma tragó saliva y notó como todo su cuerpo se estremecía. Sabía que Regina deseaba tenerla pero jamás la vio tan osada para ser ella quién diera el paso. Irremediablemente le temblaron las piernas y empezó a humedecerse ante los dulces besos que su morena le regalaba por el cuello. Intento soltarse de su agarre mas esta la tenía bien sujeta, con las muñecas por encima de su cabeza, sin poder tocar a su amada sintió que se iba a volver loca, ese juego le estaba gustando demasiado. Gritó cuando sintió la suave lengua de Regina acariciando sus pezones, despertándolos con sus dulces atenciones, pequeños besos, lametones y finalmente suaves mordiscos que la estaban llevando a la locura. Si su morena seguía así iba a llevarla a la cima sin tan siquiera tocarla, sin dejar de jugar con sus pechos y sujetando a Emma para que no se moviera, con su mano libre fue descendiendo por el cuerpo de la rubia dibujando su figura con sus dedos, hasta que finalmente llegó a su destino sin poder evitar sonreír cuando notó lo húmeda que estaba la su rubia.

-Veo que os gusta lo que hago mi capitana.

-"Por Dios Regina, no te pares ahora."

Riendo ante la impaciencia de la joven y sintiéndose poderosa al tenerla en ese estado, Regina la penetró provocando que la rubia se arqueara de placer y empezara a gemir con fuerza.

Tal como había visto hacer a su rubia tantas veces, Regina empezó a moverse dentro de ella, ayudada por el movimiento de sus caderas, aferrándose más al agarre de las muñecas de su capitana para que no se soltara, mirando su rostro con verdadera veneración. Escuchaba sus gemidos con el alma encendida, estaba eufórica al pensar que era ella quién estaba llevando a la capitana al cielo, atrapó sus labios y la besó, bebiéndose sus gemidos, que cada vez se hacían más fuertes a medida que iba acelerando las embestidas en su interior. Finalmente, la rubia, viendo cercano su clímax, consiguió liberarse del agarre de la morena y se aferró a ella con fuerza, abrazándola y uniendo sus cuerpos piel contra piel, devorando sus labios. Finalmente cortó el beso para liberar el último grito y con él su orgasmo. Llegó al cielo con el nombre de Regina en sus labios.

Una vez su hubo recuperado del tembleque que le produjo el clímax, atrajo a Regina suavemente a sus labios una vez más, regalándole un beso lleno de ternura, cargado de amor y de tantas palabras que no sabía pronunciar. La morena, agotada se apoyó en su pecho, dejándose acariciar por ella, escuchando el latido de su corazón y el suave sonido de las olas.

-"Amor, eso fue perfecto, gracias por todo Regina."

-Gracias a ti, tú me has hecho libre. Tienes razón fue sencillamente perfecto.

-"No lo entiendes, gracias Regina, gracias por hacerme amar otra vez."

Ante esa confesión la capitana se encontró con amargas lágrimas en su rostro, cuando perdió a su hijo se le partió el alma y cuando perdió a su primer amor se le rompió el corazón. Regina le agradecía haberle dado la libertad mas Emma veía en Regina a la persona que le había devuelto el sentido a su vida.

La morena, viendo a su rubia tan frágil, entendió que aquel agradecimiento iba más allá de lo que había pasado hacía unos minutos. Conociendo la historia de Emma y su pasado supo que los sentimientos de la rubia no eran tan distintos a los suyos. Ambas se necesitaban de una manera frenética y eso la hizo estremecerse. El destino las había juntado para que se complementaran y suplieran las carencias de la otra.

Suavemente secó las lágrimas de su capitana, besándole el rostro con ternura y susurrándole palabras de amor para tranquilizarla. Ellas dos eran una sola persona en ese momento, estaban únicas y nada ni nadie las iba a poder separar.

Tras varias horas remoloneando en la playa, con la excusa de que se sacaran sus ropas por el chapuzón, ambas mujeres volvieron con el resto de la tripulación, que las miraban con semblante divertido, todos sabían que había entre ellas, no era ningún secreto y, en cierto modo, encontraban muy tierno ese romance insólito de su capitana y la joven capturada en un navío español.

Volvieron a bordo del Libertad para seguir con su travesía, Emma estaba decidida a enseñarle a Regina la Isla de Pascua, donde los montes tienen forma de cabezas humanas, ansiaba ver la reacción de su morena ante esa maravilla tan rara y exótica.

Al volver al navío, ambas decidieron que era el momento de que Regina se trasladara con Emma a su camarote, su relación ya no era ningún secreto y ninguna de las dos quería pasar una sola noche sin la otra, era un paso importante para ellas y la morena no dejaba de bromear sobre que parecían una pareja recién casada, haciendo reír a la rubia ante su sentido del humor, recientemente descubierto.

Llevaban tres semanas de viaje en dirección a la famosa isla y Regina se empeñó en que quería participar con todos los trabajos en el barco, ser una más completamente, no quería tener privilegios por dormir con la capitana y eso Emma lo admiraba, así que la puso de vigía para gran gozo de la morena, estaba feliz de que se la considerase útil y se esforzaba al máximo por no defraudar a su capitana.

Se encontraba en la cofia con catalejo en mano escrutando la inmensidad del océano cuando sintió como alguien la abrazaba por detrás y un suave beso en su cuello.

Se giró sonriente para encontrarse con su amada y le dio un casto beso en los labios.

"¿Cómo va todo? ¿Viste algo?"

-¿Me oíste gritar algo?

-"No"

-Entonces es porque no vi nada amor, solo agua.

-"¿Te aburres aquí sola?"

-No, sabes que amo el mar, me encanta contemplarlo y sentirme útil.

-"Eres completamente maravillosa, ¿Lo sabías?"

-Sí lo sé, soy maravillosa y por eso me quieres tanto.

Iban a empezar a besarse y a seguir esa conversación sin sentido sobre lo mucho que se querían cuando la morena se tensó y se llevó el catalejo al rostro para finalmente sonreír, miró a su capitana con una sonrisa esplendida y un brillo en sus ojos que Emma no había visto antes.

-Barco a la vista mi capitana.

Emma cogió el catalejo y miró en la dirección que Regina le indicó, efectivamente había un galeón con bandera española.

Con una enorme sonrisa en el rostro y mirando a Regina con adoración la besó con fuerza y cogiéndola por la cintura la hizo rodar en el aire gritando de alegría.

-"Tu primer abordaje Sevillana, ¿Preparada?"

-Ansiosa.

-"Prométeme que tendrás cuidado amor, no quiero que te pase nada malo"

-No me pasará nada Emma, soy genial con el sable y además, tú estarás ahí para cuidarme.

Con una sonrisa de oreja a oreja, las dos mujeres bajaron de la cofia y pusieron rumbo al navío enemigo, preparándolo todo para el abordaje.

Como siempre, actuaron con tanta precaución que, cuando el otro navío los avistó, ya era demasiado tarde, tenían ganada la batalla de antemano. Saltaron a bordo del galeón con la adrenalina de la batalla corriendo por su espalda. Regina se sentía invencible, como si hubiese nacido para asaltar barcos, nadie diría que hacía unos meses ella misma fue asaltada, su destreza con el sable era impecable, su risa y su alegría solo competía con la de Emma pues juntas, espalda contra espalda, fueron tomando el barco sin dejar de sonreír. Finalmente se rindieron, y Emma se hizo con el barco enemigo, una vez más venciendo, un nuevo logro. Ante los gritos de júbilo de la tripulación, atrajo a su morena a sus brazos y la besó eufórica, con el furor de la batalla aun corriendo por sus venas.

Esa victoria era especial pues fue la primera que compartió con su amada y ninguna de las dos podía estar más feliz en ese momento.

La tripulación fue llevando ante la capitana a los presos del galeón español para que esta decidiera que hacer con ellos. Los marinos no valían nada para ella a no ser que quisieran abrazar la vida pirata así que los dejaba libres, los burgueses o nobles pasarían a ser sus prisioneros hasta que cobraran un rescate por ellos, como lo fue una vez Regina.

No parecía que hubiese nada interesante aparte de las mercancías que portaran y Regina empezó a aburrirse hasta que de pronto se tensó, observando la cara de su amada, conocía cada una de sus expresiones y la que vio en ese momento la llenó de miedo.

Emma se había quedado paralizada, en su rostro odio, rabia, dolor, sobre todo dolor. Sus ojos fijos en uno de los presos de aquel barco que habían tomado. Regina se acercó a ella, tomó su mano intentando saber por qué reaccionaba así, intentando entender.

-¿Qué sucede Emma?

-"…"

-¿Qué pasa amor? ¿Qué te asusta?

-"Es…es…Ese hombre es mi padre."