Capítulo 17:
Faltaba poco para que terminara octubre. Alexis llevaba casi un mes en la universidad, aunque la veían con bastante frecuencia, sobre todo Castle, ya que siempre que podía acudía a ayudar a Lanie, pues le gustaba hacer prácticas con ella. Además los fines de semana siempre se daba una vuelta por su casa, para ver a su abuela y a su hermano.
Henry estaba nervioso por la proximidad de la fiesta de Halloween, los dos últimos años la había celebrado en el centro de acogida, y solo recordaba su disfraz de fantasma, hecho con una sábana, y que llevaban varios chicos y unas pocas chucherías que le dieron. A pesar de todo recordaba habérselo pasado bien.
Ya llevaba casi dos meses en el colegio, estaba bastante adaptado y su mejor amigo era Liam. El padre de éste iba a organizar una fiesta de disfraces para niños, en su pub, a la que por supuesto Henry estaba invitado. Ian había contratado a un mago, y varias actividades más para los niños, así que el chiquillo estaba expectante.
No supo decidirse por un disfraz, al principio dijo que se quería vestir de pirata, pero después de leer un cuento que su padre le compró sobre castillos, caballeros y dragones, decidió que se disfrazaría de caballero, con su yelmo, y su cota de malla, además de una espada.
Una semana antes de Halloween, las previsiones del tiempo anunciaron un importante descenso de las temperaturas para el fin de semana. Precisamente ese viernes por la tarde, en que las temperaturas empezarían a bajar, Castle tenía una importante reunión en la editorial. No tenía más remedio que asistir, no le apetecía mucho, pero realmente no tenía manera de evitarla. El problema era que no tenía con quien dejar a Henry. Alexis se había ido a pasar el fin de semana a Boston, con sus amigos de la universidad, y Martha hacía dos semanas que se había marchado a un crucero con unas amigas. Así que la única persona que podía quedarse con Henry era Kate.
Castle sabía que Henry y Kate se gustaban, pero ella nunca se había encargado por completo del niño, así que se lo pidió un poco reticente, no por ella, sino por lo inseguro que a veces seguía mostrándose el niño. Ella accedió sin ningún problema.
-Castle, por Dios, es un niño de cinco años, yo cuidaré de él.
-Ya sé que lo cuidarás y que lo harás bien Kate – dijo él – pero ya sabes lo inseguro que sigue siendo Henry, sobre todo cuando yo no estoy.
-Pero tendrá que ir acostumbrándose, además tú volverás antes de la cena, ¿no?
-Creo que sí, es una reunión para tratar de mi nuevo libro, es a las tres, no creo que se alargue hasta la noche.
-Pues cuando llegues, estaremos los dos duchados y muy limpitos, esperándote para cenar contigo.
-Estaré ansioso por llegar a casa y comerte para cenar – dijo sugerentemente.
-Espero que no lo hagas delante de Henry, no queremos que se traumatice, ¿no? – le contestó ella, con una sonrisa, Castle siempre la hacía reír con sus ocurrencias.
-Claro que no, cenaremos en familia y tú serás mi postre – volvió a sorprenderla él.
Así que Castle fue a llevar a Henry al colegio y mientras llegaban le fue explicando que esa tarde sería Kate quien lo recogería y quien lo cuidaría por la tarde, pues él tenía una reunión muy importante.
-Entonces, ¿La señora Kate me cuida? – preguntó el niño.
-Si, ella te cuidará esta tarde, ¿te parece bien? – le preguntó, pensando que si no le parecía bien, eso era lo que había y que tendría que conformarse.
-Me gusta la señora Kate, ¿Y tú vienes después?
-Claro, intentaré tardar lo menos posible, te prometo que estaré en casa antes de que anochezca.
-Vale – dijo el niño.
Lo acompañó hasta la puerta del centro y se despidió de él con un beso.
-Hazle caso a Kate y pórtate bien, ¿de acuerdo? – le advirtió antes de que se marchara.
-Si papi – dijo el niño.
-Nos vemos esta noche, campeón.
-Adiós papi, hasta después.
Una vez que el niño se quedó en el colegio se marchó un rato a la comisaría. Cuando llegó había bastante actividad, y pensó que habría habido algún crimen. Llegó a la planta de homicidios, pero ahí estaban bastante más tranquilos.
-¡Hola! – saludó a Kate y a los chicos – ¿Qué pasa abajo que están todos alborotados? – preguntó – pensé que habría habido algún crimen.
-No es eso – explicó Ryan – ya sabes que hay previsto un importante descenso de las temperaturas, por lo visto para mañana se espera que nieve.
-¿Nieve ya? – preguntó Castle – pero si aún estamos en octubre.
-Pues eso – dijo Esposito – seguro que con la nevada habrá más de un percance. Abajo estarán organizando los turnos de guardia.
-Menos mal que a mí no me toca – dijo Becket – además mañana es sábado, así que si nieva estaré más que calentita en casa.
-¿En tu casa o en la de Castle? – preguntó Esposito con una sonrisilla.
-¡Y a ti que te importa! – exclamó indignada.
-Bueno, si te quedas en casa de Castle, ya sabemos quién te va a mantener caliente – rio Esposito ante su propio chiste.
Castle que estaba justo a su lado le dio un capón.
-¡Ey!, ¿Qué haces hombre?
-Es de parte de Becket, ella hubiera tenido que levantarse y no le daba tiempo a llegar, así que te lo doy yo de su parte.
-Por mi puedes darle otro – dijo Kate molesta ante las continuas intromisiones en su vida por parte de su compañero – te doy permiso.
Castle no se hizo esperar y le dio otro.
-¡Ahhh! – volvió a quejarse.
-Me lo ha mandado ella, y ya sabes que es la jefa.
-¿Siempre haces lo que te ordena?
-Sí, siempre me ha encantado que me mande – dijo Castle con una sonrisa.
-¿Y no te da vergüenza reconocerlo? – preguntó Ryan.
-Para nada – dijo Castle mirándola – no hay nada más estimulante que te mangonee una mujer fuerte.
-¡Calzonazos! – dijo Esposito con cierto desprecio.
-Eso me recuerda a algo que me contó Lanie – empezó a decir Kate – de cómo era capaz de convencerte, con solo tocarte…
-¡Para ya! – exclamó indignado – eso forma parte de mi intimidad con ella. Esa mujer es una cotilla.
-Pues para que te des cuenta de lo que forma parte de mi intimidad con Castle y dejes de hablar de nosotros como si no estuviésemos delante.
La tonta discusión que tenían fue interrumpida por Gates, anunciando que habían encontrado un cuerpo en un apartamento. Tomaron los datos y se dirigieron hasta allí.
Era el cuerpo de un hombre de mediana edad y lo habían descubierto a causa del mal olor que desprendía. Llevaba varios días muerto, eso era más que evidente, como evidente parecía ser la causa de la muerte, un fuerte golpe en la cabeza con una figura de bronce que estaba allí al lado del cadáver y bastante manchada de sangre.
Esposito y Ryan, fueron a preguntarles a los vecinos. Lo había descubierto el portero del edificio, pues la vecina de enfrente se alarmó por el mal olor y porque siempre se cruzaba con él, en el ascensor por la mañana al salir a trabajar y hacía días que no lo veía.
Se trataba de Marvin Wyman, de cincuenta y cinco años, soltero y que trabajaba en una empresa de alfombras, en el departamento de administración.
No tenían más que hacer allí, Lanie les dijo que ya les informaría si había alguna novedad, pero que no creía que la causa de la muerte fuese otra distinta a la que parecía.
Castle y Becket se fueron hasta la empresa donde trabajaba, y allí les dijeron que hacía varios días que no aparecía por el trabajo, pero que alguien había llamado, diciendo que estaba enfermo y que estaría unos días sin ir. Como siempre había sido un trabajador cumplidor no le dieron mayor importancia.
Tenían que investigar, a ver si podían averiguar de donde procedía la llamada. Con los datos que tenían volvieron a la comisaría. El señor Wyman no tenía familia, ni nadie que se interesase por él.
-¡Qué triste! – dijo Castle – no tener nadie que te eche de menos cuando te mueres.
-La verdad es que si – corroboró ella.
Llegaron Ryan y Esposito. Tenían los registros de las últimas llamadas a la empresa y empezaron a investigarlo. Llegó la hora de comer y fueron juntos a una cafetería cercana, él se iría desde allí a su reunión en la editorial y ella volvería a la comisaría a adelantar todo lo que pudiera el trabajo. Había pedido permiso para salir un poco antes por asuntos personales, los cuales no había explicado a nadie, pero en realidad era para ir por Henry al colegio.
Se despidieron con un beso y quedaron en verse por la tarde en la casa. Ella volvió a la comisaría hasta la hora de ir a recoger al niño. Como le quedaba trabajo por hacer, metió varios informes en su bolso, pensando que mientras Henry jugaba un rato antes de la cena, ella podría adelantar trabajo.
Cuando salió de la 12th, notó cómo la temperatura había bajado bastante y como el cielo estaba cada vez más cubierto. Era evidente que las previsiones atmosféricas no se equivocaban, y que iba a nevar, a pesar de estar aún en el mes de octubre.
Dejó el coche de Castle, ya que este se lo había dejado por la silla de Henry, a dos calles del centro escolar y se dirigió hasta la puerta. Sonó el timbre anunciando la salida de los niños y estuvo pendiente hasta que lo vio buscándola con la mirada. Llegó hasta ella con una sonrisa.
-¡Hola señora Kate! – la saludó contento.
-¡Hola Henry!, ¿pero cómo sales así? – preguntó al ver que el niño llevaba el chaquetón abierto y no había rastro de la bufanda, gorro y guantes que su padre le había puesto por la mañana.
-Es que hace calor – protestó el chiquillo.
-Anda, ven aquí – se agachó junto a él y le subió la cremallera – hace calor dentro del cole porque hay calefacción, ¿y el gorro y la bufanda?
-En la mochila – dijo el niño.
Abrió la mochila de Henry y sacó el gorro, la bufanda y los guantes y se apresuró a ponérselos.
-¡Anda vamos a casa, que hace mucho frio! – dijo cogiéndolo de la mano y empezando a caminar.
-¿Nos vamos andando?
-No, el coche está en la otra calle.
Cuando llegaron hasta el coche, ella lo ayudó a subir y a colocarse en su silla, donde le puso el cinturón. Ella también subió y puso la calefacción, cada vez hacía más frio.
-El señor March, dice que mañana va a nevar y que podemos salir a hacer un muñeco y tirarnos bolas de nieve – informó Henry emocionado.
-Tu profesor tiene razón, lo más seguro es que nieve esta noche, así que mañana podemos salir a hacer ese muñeco.
-Me gusta mucho la nieve – dijo Henry – yo tenía un trineo rojo y me tiraba por las cuestas con mi mami, pero ahora no sé dónde está el trineo. ¿Tú te sabes tirar en trineo?
-Me encanta tirarme en trineo, seguro que en casa hay alguno de Alexis que puedas usar.
-Mi mami también me enseña a patinar en el hielo, pero yo me caigo y se me moja el culo.
-También podemos ir un día a patinar sobre hielo, seguro que a papá le encantará llevarte.
Llegaron a la casa, una vez en el loft, Kate ayudó a Henry a quitarse el abrigo, y todo lo demás y mirando el reloj y viendo que aún era temprano le dijo al niño:
-Henry yo tengo que trabajar un rato, si quieres puedes subir a jugar, o ver la tele hasta la hora de bañarte ¿de acuerdo?
-Vale, ¿mi papi viene pronto?
-Claro, cuando menos te lo esperes, ya está de vuelta.
Henry se fue a su cuarto a jugar un rato. Kate se instaló en el salón con los informes por delante y el portátil encendido y se dispuso a trabajar. No notó como empeoraba el tiempo y que incluso empezaba a nevar copiosamente, hasta que le llegó un SMS de Castle, en el que le explicaba que debido a la tormenta tan imprevista, los servicios de emergencia habían recomendado que nadie saliese a la calle, por lo menos hasta que pasase la fuerte ventisca que se había desatado, que se quedaba en la editorial, que estaba bien y que en cuanto pudiese volvería a casa.
Kate se asomó a la ventana, era increíble como había empeorado el tiempo así de repente. Miró el reloj, todavía podía trabajar al menos, otra hora hasta que tuviese que bañar a Henry. Se acercó a la escalera y subió hasta la habitación del niño. Este estaba en el suelo jugando con unos coches y unos muñecos, bastante entretenido y no quiso molestarlo. Volvió a bajar y se sentó de nuevo en el sofá enfrascándose de nuevo en su trabajo.
No se dio cuenta de cuanto tiempo había pasado hasta que se fue la luz y se vio solo iluminada por la pantalla del ordenador. Miró la hora y comprobó que se le había pasado el tiempo volando, hacía más de dos horas que tendría que haber bañado a Henry. Menos mal que al día siguiente era sábado, porque se había hecho bastante tarde. Se levantó preocupada también porque se había ido la luz y no oía al niño, pensó que a lo mejor se había asustado y se maldijo por no estar pendiente de él.
Se iluminó con la luz del móvil para dirigirse a la cocina donde sabía que había linternas y velas. La luz volvió de nuevo tan repentinamente como se había ido iluminando el loft y fue entonces cuando lo vio. La imagen era desoladora y le partió el corazón.
Henry estaba abrazando con fuerza a Edwin, de pie y apoyado en la pared junto a la puerta de entrada a la casa, llorando en silencio y dando uno hipidos que partían el alma.
Kate se sintió totalmente desarmada, comprendiendo por todo lo que estaba pasando ese niño tan pequeño. Se le formó un nudo en la garganta y volvió a maldecirse por no haber estado más pendiente de él. Conteniendo las lágrimas, se acercó al niño y se agachó junto a él.
El chiquillo temblaba de miedo y frio y fue entonces cuando advirtió que se había orinado encima.
-Pero Henry, ¿Qué pasa?, ¿Por qué lloras así?, no ves que te vas a poner malo.
Henry siguió llorando sin responder.
-Anda vamos arriba, que vamos a bañarte, luego limpiaremos eso.
Lo cogió de la mano y tiró de él suavemente. El niño se dejó llevar y subieron la escalera, hasta llegar al baño. Kate tapó la bañera y empezó a llenarla y dejando al niño allí, le dijo que iba por ropa limpia.
Cuando volvió vio que seguía allí de pie, abrazado a su muñeco y temblando como una hoja.
-Ven, vamos a ir quitándote esa ropa mojada, mientras se termina de llenar la bañera. Vaya, parece que Edwin también se ha mojado un poco, ahora cuando ponga la lavadora le damos un super lavado, ¿vale?
El chiquillo la miró sorbiendo por la nariz.
-Mi papi no viene y yo estoy solo, me dijo que venía por la noche y yo tenía miedo, porque ya es de noche y no viene – dijo dando rienda suelta a todo su dolor.
-Tu papá se va a retrasar un poquito, está nevando mucho y no puede salir a la calle – dijo Kate lamentando no haber avisado al niño del retraso de su padre – las calles están llenas de nieve, pero en cuanto pueda pasar viene enseguida. Entra en el baño – lo ayudó a meterse dentro de la bañera – además tu no estabas solo. ¿Esta buena el agua?
Henry suspiró al sentirse dentro del agua caliente.
-Sí que estaba solo – afirmó.
-Henry eso no es verdad, yo estaba contigo, tú no estabas solo.
-Pero yo no soy tu niño – dijo compungido hundiendo la cabeza entre los hombros y con un hilo de voz – tú eres la señora Kate, yo quiero a mi papá.
A Kate se le partió el corazón, con total sinceridad el niño le había dicho que con ella se sentía inseguro, que no la sentía nada suyo, ella solo era la señora Kate, que para que lo cuidase un rato bastaba, pero al ver que la cosa se prolongaba y su padre no volvía, recordaba por todo lo que había pasado y se sentía mal.
Le enjabonó la cabeza y el cuerpo, mientras aguantaba las lágrimas, que pugnaban por salir de sus ojos.
-Yo quiero que venga mi mamá – suspiró el niño.
En silencio Kate terminó de bañarlo y luego lo sacó del baño envolviéndolo en una toalla. Lo secó y le fue ayudando a ponerse la ropa interior y el pijama. Lo peinó y cogiéndolo de la mano, se dirigió a la escalera.
-¿Qué hacemos?
-Vamos a cenar, ¿no tienes hambre?
-No, quiero a mi mamá y a mi papi – volvió a poner puchero y a empezar a llorar.
Kate lo cogió en brazos y bajó la escalera, hasta llegar al sofá donde se sentó con el niño encima.
-A ver Henry, tu sabes que tu mamá no puede volver de donde está, ¿verdad?
-Si, ella se pone muy malita y se muere y se va al cielo, pero yo quiero verla. ¿Por qué no vuelve?
-Cuando alguien muere y se va, no puede volver – dijo ella sin poder evitar emocionarse al recordar a su propia madre.
-Pero yo quiero verla – insistió el chiquillo.
-Puedes verla en las fotos – dijo ella y además también puedes verla de otra forma.
-¿Sí?, ¿Cómo?
-Si cierras los ojos y piensas en ella, podrás verla con los ojos del corazón, venga inténtalo, cierra los ojos y piensa en tu mamá, ¿a qué puedes verla? – dijo ella mientras cerraba sus propios ojos y pensaba en su madre.
Henry cerró los ojos con fuerza hasta que con una sonrisa, dijo:
-¡Es verdad, la he visto!
-Pues ella está en el cielo y desde allí cuidará de ti.
-¿Y a ella quien la cuida?
-¿Quieres que te cuente un secreto?
-Vale.
-Mi mamá también está en el cielo, Henry, ella también se murió.
-¿Tu mamá también se puso malita? – preguntó el niño solidario acariciando la mejilla de Kate.
-Si Henry, ella también se puso malita – dijo, pensando en que el niño no necesitaba saber la verdad – estoy segura de que mi mamá y la tuya están juntas y son amigas y se cuidan las dos.
-Si – dijo el niño más alegre – mi mami se llama Rachel, ¿tu mami como se llama?
-Johanna – dijo Kate sin poder evitar ya que las lágrimas corrieran libremente por su rostro – mi mamá se llamaba Johanna.
-Pero – siguió explicando el niño – los otros niños del cole tienen una mamá, pero yo no tengo.
-Claro que la tienes, una mamá muy guapa que te quiere mucho y te cuida desde el cielo, ya te lo he dicho. Ella y mi mamá están juntas y son muy amigas – volvió a explicarle – además tienes a tu padre que también te quiere mucho.
-Pero tarda mucho y no viene y yo quería una mamá aquí – dijo con un suspiro intentando explicar que a ver quién lo cuidaba, si su padre no volvía.
Kate no lo pensó dos veces y abrazándolo le dijo:
-Tengo una idea, yo no tengo niño, y tú no tienes una mamá aquí, ¿te gustaría que yo fuese tu otra mamá?
-¿Mi mamá de aquí?
-Claro, tienes una mamá en el cielo que se llama Rachel y otra aquí.
-¿Entonces tú eres mi mamá Kate?
-Solo si tú quieres.
-¿Y yo soy tu niño?
-Tú eres mi niño.
-¿Y tú me cuidas?
-Tu papá y yo te cuidamos, si, bueno y Alexis, la abuela, el abuelo Jim – se dijo con una sonrisa pensando en su padre.
-Vale – dijo Henry ya más tranquilo.
-Pues dame un abrazo y un beso – le dijo ella.
-Los dos se abrazaron y besaron efusivamente. En ese momento Henry y Kate se adoptaron mutuamente.
-¿Yo cómo te llamo?, ¿mamá? – le preguntó el niño dudoso.
-Puedes llamarme como tú quieras, Kate, mamá, o señora Kate si quieres seguir llamándome así. ¿Cómo prefieres llamarme?
-No sé – dijo el niño indeciso.
-¿Qué te parece Kate?
-Bueno – dijo el niño acurrucándose en su regazo – Kate es un nombre bonito.
-Oye Henry, ¿no tienes ni un poquito de hambre?, mira que no has cenado.
-No quiero comida – dijo serio.
-¿Y un chocolate caliente? – le preguntó sabiendo que era muy goloso y se vendía por un dulce.
-Vale…
-¿Y unas galletas de esas de muñeco, que tanto te gustan?
-A mi papá también le gustan – afirmó.
-Sí que es verdad, anda vamos a preparar ese chocolate – y se levantó del sofá aun con el niño en brazos.
Lo sentó en uno de los taburetes de la cocina y abrió el frigorífico para sacar la leche. Puso ésta a calentar.
-Mientras se calienta, voy a limpiar lo de la puerta, ¿vale?
-Yo nunca me hago pis encima, ¿te perdono? – preguntó muy serio.
-Claro que te perdono – dijo con una sonrisa – eso fue un accidente y estoy segura de que ya no va a pasar más.
Limpió el charquito de orina ya seco, y volvió a la cocina a preparar el chocolate. Ambos comieron en silencio. Afuera se oía el fuerte vendaval.
Se terminaron el chocolate y Kate lo recogió todo.
Ahora vamos arriba a que te laves los dientes y a acostarte.
-¿Me lees un cuento? – preguntó el chiquillo.
-Claro, el que tú quieras.
Mientras Henry se lavaba los dientes, Kate recogía la ropa sucia que había dejado en el suelo y a Edwin y los llevaba a la lavadora. Cerraba la puerta cuando Henry, que ya había terminado le preguntaba:
-¿A Edwin también lo metemos en la lavadora?
-Si – dijo Kate – se ha mojado de pipí y es la mejor forma de lavarlo – poniendo el aparato en marcha.
El chiquillo observaba como daba vueltas,
-¿Y se marea?
-A lo mejor un poco – rio Kate – pero Edwin es un dragón valiente y será capaz de superarlo – dijo muy seria – anda, vamos a la cama.
Pero cuando iba a meterse en la cama, el viento soplaba más y más fuerte.
-El viento hace mucho ruido. No me gusta – dijo Henry.
-A mí tampoco – dijo ella pensando que menos mal que Castle estaba en la editorial, porque cualquiera salía con ese tiempo.
En ese momento volvió a cortarse la luz. Se quedaron a oscuras.
-Yo no quiero dormir solo – dijo Henry temeroso ante la oscuridad y el tremendo ruido que hacía la tormenta.
-Ni yo – pensó Kate – Venga que te vienes abajo y dormimos en la cama grande, ¿de acuerdo?
-Vale – dijo Henry mientras se subía a la espalda de Kate, para que lo llevara en borricate.
Sacó el móvil de su bolsillo y por una vez agradeció que Castle le quitara más de una vez el móvil, para juguetear con él, pues entre las cosas que le había bajado había una aplicación que era una linterna. Gracias a ella pudieron bajar sin problemas hasta la cocina y sacar del cajón del mueble un par de linternas grandes. Encendió una y se la dio a Henry, para que fuera iluminando el camino.
Llegaron hasta el dormitorio, y en vista de lo tarde que era, del frio que hacía y de la falta de luz, Kate destapó la cama y se acostaron.
Un gran trueno se escuchó e hizo retumbar los cristales, Henry se arrimó a ella y le dijo flojito.
-¿Me cuentas un cuento para que me de sueño?
-Claro – y en el mismo tono de voz, empezó a contarle uno de los cuentos que su madre le contaba cuando era pequeña, hasta que los dos terminaron durmiéndose.
CONTINUARÁ…
