Capítulo 18:
Cuando Castle pudo salir de la editorial, eran ya más de las siete de la mañana. Amanecía en Manhattan y todo aparecía cubierto de nieve. Las máquinas quitanieves, llevaban un gran rato despejando las principales calles y avenidas y ya empezaban a circular por la ciudad, algunos valientes taxistas. Tuvo la suerte de poder parar un taxi, aunque tuvo que compartirlo, con un empleado de la editorial, que como él, se había quedado bloqueado en la empresa.
Estaba exhausto, porque había pasado la noche primero dormitando en un sillón en el despacho de Gina, un sillón incomodísimo, que él siempre decía que tenía allí, para las visitas molestas, para terminar luego durmiendo directamente en el suelo.
Cuando por fin entró por el loft, le sorprendió ver las luces del salón encendidas, sin haber nadie allí. Además era muy temprano y supuso que estarían durmiendo.
Apagó las luces y se dirigió al estudio. Desde allí, pasó a su habitación, la claridad de la mañana, entraba por las ventanas, iluminándolo todo. Sonrió al ver la escena, Kate y Henry dormían profundamente, este último prácticamente encima de ella. Siguió al baño y decidió darse una ducha, no solo porque había pasado la noche durmiendo en el suelo, sino porque necesitaba desentumecerse.
Cuando salió, se secó y se puso un pijama, iba a meterse en la cama, cuando oyó la voz de Kate que lo saludaba.
-¿Ya llegaste?
-Si, por fin nos dejaron salir, ha sido una noche muy larga, estoy derrotado, pensaba dormir un rato más en una cama en condiciones, que aún es temprano.
-Vale, seguimos durmiendo – dijo ella por toda respuesta y quitándose a Henry de encima para colocarlo en la cama entre los dos.
-¿Y este?, ¿Qué hace aquí contigo?, ¿no quiso dormir en su cama?
-Es una larga historia – dijo ella entre bostezos – mejor te la cuento luego.
-De acuerdo – dijo incorporándose por encima de Henry para darle un besito en los labios – hasta dentro de un rato.
Al cabo de unas horas, fue Kate la que primero se despertó. Se desperezó y se levantó con cuidado de no despertarlos. Pasó al baño y luego salió a preparar el desayuno.
Estaba de lo más entretenida haciendo tortitas cuando Castle y Henry llegaron a la cocina.
-¡Buenos días Kate! – saludó Castle alegre.
-¡Buenos días Kate! – repitió Henry – tengo hambre.
-Claro, como que anoche casi ni cenaste, siéntate que te pongo tortitas.
-¿Cómo que anoche casi ni cenó?, ¿Pasó algo?
Henry miró a Kate un poco abochornado, lo que más recordaba de la noche anterior es que se había hecho pis encima, algo que no le había ocurrido, desde que él recordase. Ella que no quería recordarle al chiquillo el mal rato que pasó, solo dijo:
-La tormenta nos asustó un poco y se nos quitó el apetito, ¿Verdad?, pero nos tomamos una taza de chocolate caliente y unas galletas.
-Si papi, de las de muñeco que te gustan, Kate y yo nos las comimos todas.
-¿Y no me habéis dejado ni una?
-No – dijo Henry serio.
-¿Ni siquiera unas miguitas?
-Ni las miguitas – dijo ella sirviéndole tortitas en el plato – creo que vamos a tener que comprar más.
-¿Podemos salir a ver la nieve? – preguntó Henry curioso.
-Pues no sé como estará todo, la tormenta fue muy fuerte, creo que lo mejor es que nos quedemos en casa, y esperar a mañana para salir.
-Pero yo me quería tirar en trineo – dijo Henry.
-Vamos a dejar que pase la mañana, y según se ponga el tiempo, ya vemos, ¿De acuerdo?
-Vale. Ya he terminado, ¿puedo subir a jugar con mis coches?
-Claro – dijo su padre – pero quítate el pijama y ponte el chándal de estar por casa, que es más abrigado.
-Bueno – dijo el niño bajando del taburete y yendo hacia las escaleras.
-Oye Kate, ¿pasó algo anoche?
Kate que estaba sentada frente a él, al otro lado de la encimera, lo miró y solo le dijo:
-Lo siento Rick, de verdad que lo siento mucho.
-Pero, ¿Qué es lo que sientes?
-No haber cuidado bien de Henry, tú me pediste que lo cuidara y yo no lo hice.
-¿Cómo que no lo hiciste?, yo lo veo perfectamente.
-Tengo algo que contarte…
Y durante un rato le fue contando lo que ocurrió la noche anterior, como ella se había descuidado y se le pasó el tiempo, y el susto que se había llevado Henry, cuando notó que ya era de noche y él no había vuelto.
-¿Y eso es todo?
-Sí, eso es todo, lo siento mucho, de verdad.
-Por favor deja de disculparte, tú no tienes culpa de nada, Henry es un niño excesivamente inseguro a causa de lo que ha pasado, pero tiene que acostumbrarse a que yo no voy a poder estar siempre a su lado, e ir con él a todos los sitios – la besó y le tomó la mano – no te culpes, lo cuidaste muy bien, gracias por quedarte con él.
-Aún hay más…
Y le contó cómo se había ofrecido a ser su mamá de aquí.
-Espero que no te importe, pero es que estaba realmente asustado.
-¿Importarme?, Kate ese ha sido un detalle precioso por tu parte, realmente Henry necesita una mamá aquí, aún es muy pequeño, y tú eres la mejor mamá que podría tener y yo te quiero mucho – se levantó rodeando la encimera y acercándose a ella, la abrazo y la besó apasionadamente.
Ella se dejó besar y mimar por él.
-Yo nunca he tenido un niño, así que vas a tener que darme algún consejillo.
-Yo te doy todos los consejos que quieras, y cuando quieras ser madre de nuevo, también me avisas – la seguía besando y acariciando por debajo de la camiseta – ya sabes que me encanta fabricar niños, es todo un proceso muy elaborado y a mí me salen muy bien – le mordía el lóbulo de la oreja mientras le susurraba al oído – hago unos niños preciosos y encantadores, tú lo sabes bien porque conoces a los dos que tengo.
Kate sentía que se derretía en sus brazos, ese hombre la volvía loca y sabía cómo hacerle perder la cabeza.
-Castle, Henry está arriba y puede bajar en cualquier momento y no creo que quieras que nos sorprenda así.
-Debería acostumbrarse a ver que sus papás se quieren mucho.
-Sí, pero poco a poco – dijo apartándolo al notar que se iba animando más de la cuenta.
-¿Te has fijado inspectora en que siempre me interrumpes la diversión?
-¿Y tú te has fijado en que siempre se te ocurre ponerte contento en los momentos más inoportunos?
A pesar de todo, siguieron besándose y acariciándose, a la vez que estaban pendientes por si oían pasos por las escaleras, y teniendo cuidado de no sofocarse mucho.
Empezó a sonar el teléfono del loft y no tuvieron más remedio que despegarse. Contestó Castle, era Alexis, que llamaba para ver como estaban, e informarles de que ella estaba bien. En Boston también había nevado, pero con mucha menos intensidad que en Nueva York.
Después de hablar con ella, se fueron los dos al estudio, donde pusieron la tele, para ver las noticias y las consecuencias del temporal. Como aun hacía mucho frio y aconsejaban no salir, Castle se puso a escribir un rato y Kate retomó el trabajo que había dejado el día anterior, cuando se fue la luz.
Estuvieron trabajando hasta más de media mañana, en que un aburrido Henry, bajó hasta el estudio, protestando porque ya estaba cansado de jugar con sus juguetes y quería salir a ver la nieve. Castle le dijo:
-¿Quieres ver la nieve?, pues ven aquí.
Y subiéndolo lo puso en el alfeizar de la ventana para que se asomara y mirara a la calle.
-Pero así no papi, la quiero ver de verdad – protestó el chiquillo.
-Esa nieve es de verdad, pero todavía hace mucho frio fuera. Después de comer, si no vuelve a nevar, saldremos un rato al parque, ¿vale?
-Vale, pero ¿ahora qué hacemos?
-¿Qué quieres hacer?
-No sé, es que ya me he aburrido de jugar solo, ¿juegas conmigo?
Así que al final, Castle dejó la escritura, Kate terminó dejando también los informes y estuvieron jugando a la Wii hasta la hora del almuerzo.
Después de este y como le habían prometido, salieron al parque más cercano con un trineo que era de Alexis, en el que empezó a montarse Henry, y en el que terminaron deslizándose los tres de forma temeraria, por los grandes montículos de nieve que se habían formado. También hicieron un muñeco, se sacaron fotos y en definitiva pasaron una alegre y divertida jornada familiar, que volvió a repetirse el domingo, pues aunque el tiempo había mejorado ostensiblemente y las temperaturas habían subido un poco, todavía era mucha la nieve que quedaba.
El lunes amaneció soleado, Kate tenía que volver a la 12th, no así Castle que se quedaba en casa cuidando a Henry, pues los colegios permanecerían cerrados ese día, evaluando los daños de la tormenta.
Como era habitual, él se levantó con ella para prepararle el desayuno, que compartieron los dos. Castle pensaba quedarse levantado escribiendo. Mientras él recogía las cosas del desayuno, ella pasaba al cuarto a lavarse los dientes y terminar de arreglarse.
Como cada día desde que Henry estaba con ellos, se dirigió a la caja fuerte del estudio para sacar la pistola que guardaba allí, mientras permanecía en la casa. Metió la mano en la caja fuerte y sin darse cuenta tiró unos papeles que había dentro. Allí guardaba Rick, la documentación importante, papeles de los médicos, de la casa, sus manuscritos cuando los imprimía antes de llevarlos a la editorial, y algún dinero de emergencia, por si hacía falta para algo urgente.
Al agacharse a recogerlos vio que lo que se había caído era un sobre del laboratorio donde Castle, se había hecho las pruebas de paternidad.
-¡Qué raro! – pensó – Castle no me ha comentado nada de que hubieran llegado los resultados.
No pudo aguantar la curiosidad, no sabía si él se molestaría, pero dejando la pistola encima de la mesa, abrió el sobre y sacó el documento.
-¡Vaya! – pensó – esto sí que no me lo esperaba.
En ese momento entró Rick, cuando ella lo vio solo le dijo:
-¿Pensabas decírmelo alguna vez?
-No lo sé – suspiró – sinceramente no lo sé.
-Pero, ¿Nos lo quedamos?, ¿No?
-¿Cómo? – preguntó sin comprender muy bien a qué se refería.
-Que nos quedamos con Henry, ¿verdad?
-Claro que me… bueno – sonrió – nos quedamos con Henry, ya sabes que nunca me ha importado, si quieres lo rompemos y nadie más tiene que saberlo.
-Bueno, creo que Martha y Alexis deberían saberlo también.
-Si, supongo que sí – y rodeando la mesa se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos – gracias por comprenderlo y aceptarlo.
-No tienes nada que agradecerme, quiero mucho a Henry. Y tú, ¿Cómo estás?, sé lo que quieres a ese niño.
-Bueno, te mentiría si te dijera que no estoy desilusionado. Me enamoré de Henry, desde el momento en que lo vi en el centro de acogida, cuando tiró de mi chaqueta para llamar mi atención, abrazado a Edwin, y presentándose como Henry Rodgers, me dijo con total convencimiento que yo era su papá.
-Y lo eres, eres el padre que conoce y al que quiere, lo demás no importa.
-Claro que no, Henry es mi hijo, y ya es parte de esta familia.
Volvieron a abrazarse y besarse, ella le dijo que no tenía más remedio que ir a trabajar. Guardó la pistola y Castle volvió a poner los resultados de las pruebas, dentro de la caja fuerte.
Al salir al salón vieron que Henry, bajaba la escalera, con Edwin que ya se había secado, después de su aventura en la lavadora.
-Papi, tengo hambre.
-¿Y no decimos antes, buenos días? – replicó su padre.
-Buenos días papi, tengo hambre – volvió a decir el niño.
-Despídete de Kate que se va a trabajar.
Henry se acercó a ella, que se inclinó para darle un beso, y se vio sorprendida, cuando el niño levantó los brazos y le rodeó el cuello, regalándole un húmedo beso en la mejilla. Ella lo levantó en peso y le dio un abrazo.
-Adiós Kate, ¿hoy no vienes al parque a jugar con nosotros?, yo no tengo cole, y papi ha dicho que me va a llevar otra vez con el trineo.
-Ojalé pudiera ir con vosotros – dijo ella sintiéndolo de verdad – pero no tengo más remedio que ir a trabajar.
-Pues haces el trabajo muy deprisa y luego te vienes a tirarte por las cuestas con el trineo, mira que es muy divertido y te lo vas a perder – dijo el niño muy convencido, mientras seguía abrazado a su cuello.
-Esa es una buenísima idea – dijo Kate sonriendo y dejando a Henry en el suelo – me voy ya para terminar pronto, y luego me reúno con vosotros en el parque.
-Adiós – se despidieron los dos – voy a prepararle el desayuno a este jovencito – dijo Castle yendo hacia la cocina.
Kate se marchó a trabajar con todo el dolor de su corazón, pues se hubiese ido con gusto a jugar al parque con ellos.
Mientras ella trabajaba deprisa como le dijo Henry y pidiendo mentalmente, que no hubiese otro asesinato, de momento tenía bastante con el de Marvin Wyman, del que aún no tenían muchas pistas, y además con la tormenta, había pasado a un segundo lugar.
Pero para su alegría y satisfacción Ryan y Esposito dieron con la solución del caso. Marvin Wyman, había ganado la lotería y lo comentó con un compañero de trabajo, al cual le asaltó la avaricia y pensó que su compañero al estar solo, no sabría cómo disfrutar del dinero, por lo que decidió aliviarlo de su pesada carga, y lo asesinó partiéndole el cráneo con una pesada figura de bronce, para quedarse con el décimo de lotería.
Una vez solucionado el caso y aunque todavía era pronto, Esposito, Ryan y Kate aprovecharon que Gates no había ido ese día y como tres estudiantes traviesos, decidieron hacer rabona y se fueron antes de la comisaría.
Como Kate le había prometido les dio el encuentro en el parque. Castle y Henry llevaban un buen rato allí, y sobre todo Castle estaba ya cansado. Se alegró mucho de ver a Kate, a la que le comentó, que había aprovechado que Liam había invitado a Henry a almorzar el día de Halloween en su casa, y ya después sus padres lo llevarían a la fiesta del pub, para citar a Alexis y Martha en el loft para comer y hablarles de los resultados de las pruebas de paternidad.
-¿Cómo crees que se lo tomarán? – le preguntó Kate.
-Alexis se desilusionará, como me ha pasado a mí, pero estoy seguro de que va a seguir considerando a Henry su hermano pequeño.
-¿Y Martha? – preguntó preocupada Kate – recuerdo lo que te insistió para que te hicieras las pruebas, es como si lo hubiese sospechado desde el principio.
-No creo que tampoco lo rechace, me sorprendería mucho que lo hiciese, mi madre no es así… y si lo fuera no va a tener más remedio que seguir siendo la abuela de Henry, pero estoy seguro que no le importará.
-Cuando vi los resultados, llegué a pensar en adoptar yo misma a Henry – dijo ella.
-¿Creíste que sería capaz de devolverlo? – preguntó Castle asombrado.
-Claro que no, son esas cosas que se le pasan por la cabeza a una, sin ni siquiera pensarlas.
-Debería hablar con el abogado, aunque está reconocido como hijo mío, al no serlo biológicamente, no sé si tendré que hacer algún nuevo trámite, tengo que informarme – dijo pensativo – y por cierto, no me importaría en absoluto que quisieras adoptar legalmente a Henry. Necesita una madre, y me parece que no hay nadie mejor que tú.
-Ya te he dicho que lo he pensado, pero también he pensado que llevamos juntos unos pocos meses y me gustaría que esto, fuese para toda la vida, pero ¿y si lo nuestro no funcionara?, ¿Qué haríamos con Henry?
-Si lo nuestro no funcionara, Henry sería como otros tantos niños de padres separados, yo sería siempre su padre y tú su madre, tendríamos régimen de visitas, y seriamos los mejores amigos del mundo por el bien de nuestro hijo.
-No sé, Castle, déjame pensarlo, ¿vale? – dijo ella a quien realmente cada vez le apetecía más adoptar y ser alguien en la vida de Henry.
El centro de la conversación que había estado deslizándose en trineo, se acercó corriendo, feliz de ver que había ido a reunirse con ellos.
CONTINUARÁ…
