Capítulo 19:
Tal como habían quedado Henry se fue a pasar el día de Halloween a casa de su amigo y Alexis y Martha, que ya había vuelto de su crucero, muy morena y con un nuevo ligue, se vieron para almorzar en el loft.
Como siempre que volvía a su casa, Alexis entró alegre y sonriente por las puertas, aunque el campus no estaba muy lejos, le encantaba volver por allí. Abrazó y besó a su padre y preguntó enseguida por su hermano, al que le traía un regalito por Halloween. La casa estaba decorada, para la ocasión, con calabazas, y guirnaldas y se sorprendió al saber que el niño no estaba, preguntándole a su padre si ya se quedaba más tranquilo sin estar todo el rato con él, a lo que Castle respondió que había progresado mucho en esos días.
Martha venía también cargada de regalos para todos, pero decidió esperar a que estuviese toda la familia junta.
Kate tenía que trabajar y como sabía que Castle iba a contarles la verdad a su madre y a su hija, quedó en comer con Lanie y ya luego por la tarde irían todos a la fiesta de Ian.
Antes de comer se sentaron en el salón y Castle les dijo que tenía algo importante que comunicarles, que al principio, estuvo tentado a guardar el secreto, pero que después de pensarlo mucho, había decidido compartirlo con ellas.
-No sé de qué vas a hablarnos, papá, pero me estas poniendo nerviosa.
-Si hijo – corroboró Martha – cuéntanos que sucede, ¿tiene que ver con Kate?, ¿algún problema con ella?
-No, no tiene que ver con ella, los dos estamos bien y seguimos juntos, si es a eso a lo que te refieres. Ella sabe de lo que voy a hablaros hoy, fue la primera en descubrirlo.
Y diciendo esto le dio el sobre a Alexis, que se arrimó a su abuela para ver que ponía.
-¡Oh! – dijo la pelirroja más joven – entonces Henry no es mi hermano, ¡vaya! – dijo con pesar – yo que le veía hasta parecido conmigo.
-Bueno – dijo Martha – parece que al final yo tenía razón.
-Si – dijo Castle molesto – tenías razón, madre, pero que sepas que no pienso devolverlo.
-¡Y quien ha hablado de devolverlo!, por Dios, hijo, me ofendes – exclamó la señora – de hecho me decepcionarías mucho si decidieras deshacerte de él. Henry ya forma parte de esta familia, y que sepas que lo quiero mucho y lo considero tan nieto mío como Alexis.
-Pues entonces no te entiendo – dijo Castle molesto, más por la situación de no ser el verdadero padre de Henry, que por la actitud de su madre.
-Richard, desde que conocí a ese niño tuve el presentimiento de que no era tu hijo, no me preguntes como lo supe, solo lo sentí, por eso te insistí en que te hicieras esas pruebas, pero no por nada en especial – dijo Martha seria – lo mismo que supe que ese niño no era de tu sangre, supe que se quedaría con nosotros para siempre y lo acepto y quiero como mi nieto, pero también creo que era conveniente que supieras la verdad sobre él, nunca se sabe que puede pasar en la vida, es mejor saberlo de antemano, a enterarse en un hospital porque ocurriese algo…
-¡Pero mira que eres melodramática, madre! – exclamó exasperado.
-No hijo, yo sé lo que te digo – siguió Martha – imagina que el niño enfermase o necesitase una operación o vete a saber qué, y que en esos momentos de angustia te digan que no es nada tuyo, mejor saberlo ya.
-Bueno – intervino Alexis – realmente me da pena que no sea mi hermano de verdad, pero pienso seguir queriéndolo igual – dijo con determinación, además como ya dije en su momento, solo por ser hijo de Rachel, se merece estar con nosotros. Si ella al no tener a nadie, decidió dejártelo, sería por algo.
-Si – dijo Castle pensativo – sería por algo, pero no acierto a adivinar por qué.
-En cualquier caso, Henry ha sido muy afortunado al tenerte como padre – dijo Alexis – doy fe, de que eres el mejor – dijo con cariño.
-Yo también puedo considerarme afortunado al tener dos hijos tan maravillosos como vosotros – contestó emocionado.
-En definitiva, somos una familia con suerte – corroboró Martha – nos tenemos los unos a los otros y eso es importante.
-¿Se lo dirás a Henry? – preguntó Alexis – algún día, claro, ahora es muy pequeño y no lo entendería.
-Probablemente algún día – dijo Castle – ahora no necesita saberlo. Se está acostumbrando a nosotros y no le hacen falta más inseguridades.
-Pobrecillo, con el trabajo que le ha costado adaptarse a su nueva situación y lo que te quiere, sería horrible que se enterara que no es tu hijo – dijo Alexis.
-No se va a enterar, porque nadie va a decírselo – dijo Castle con determinación – solo lo sabemos nosotros tres y Kate, que se encontró con el informe médico por casualidad y ninguno vamos a decir nada, además a nadie le importa. Henry es mi hijo y no se hable más.
-Amén – dijo Alexis – ¿será que podemos comer ya?, estoy famélica.
Se sentaron a la mesa y estuvieron hablando tanto de lo bien que se lo había pasado Martha en su crucero, como de lo contenta que estaba Alexis en la universidad.
Terminaron de comer, Martha dijo que se quedaba en casa descansando, Alexis se fue a su cuarto a buscar algunas cosas que quería llevarse al campus y como Kate salía ese día más temprano, al ser víspera de fiesta, Castle decidió ir dando un paseo para recogerla. El tiempo había mejorado bastante, al subir las temperaturas después de la tormenta de la semana anterior, la nieve se había derretido, para pesar de Henry, que deseaba fervientemente que nevara de nuevo, para poder tirarse en el trineo de Alexis.
Llegó a la esquina de la calle donde estaba la 12th. Ese día no tenía ganas de saludar a nadie, así que le mandó un SMS a Kate diciéndole que la esperaba en la cafetería de siempre. Ella le contestó que en cuanto pudiese, se escaqueaba y se reunía con él.
La esperó casi media hora, mientras se tomaba un café pacientemente y jugueteaba con el móvil, así que no la vio llegar, y se sorprendió un poco al escucharla decir al sentarse:
-¡Ya estoy aquí!, ¡Uf! – resopló – que trabajo me ha costado escaparme, llegué a pensar que me iban a retener por algún caso de última hora.
-¡Hola! – le dijo con una sonrisa – te he echado de menos – y se aguantó las ganas que tenía de besarla pues sabía que a ella no le gustaban las demostraciones de cariño en público, y menos tan cerca de la comisaría.
-¿Quieres un café? – preguntó educado.
-Acabo de tomar uno arriba, prefiero que nos vayamos – ella también lo había echado de menos y quería tener un momento tranquilo con él - ¿has venido en taxi?
-No, me vine dando un paseo, la tarde está muy buena.
-Tengo el coche ahí fuera aparcado, ¿nos vamos?
-Si – dijo y se levantaron de la mesa.
Castle pagó el café y se subieron al coche de ella.
-¿Cómo se lo han tomado Alexis y Martha? – le preguntó interesada por la reacción de las dos mujeres.
-Como era de esperar – dijo él – Alexis se ha desilusionado un poco al saber la verdad y mi madre, bueno, ella dice que presintió desde el principio que Henry no era mi hijo que no sabe cómo lo supo, pero que tuvo ese presentimiento.
-Pero, ¿ha hecho alguna insinuación sobre Henry?
-Sí, que lo quiere mucho y lo considera tan nieto suyo como Alexis, que lo mismo que supo que no era mío, supo que me lo quedaría – dijo sonriendo – yo sabía que mi madre aceptaría a Henry, en el fondo lo adora.
-Me alegro que todo haya salido bien – le sonrió – sois una familia extremadamente generosa, no todo el mundo hubiese reaccionado igual ante la verdad.
-Así somos los Rodgers – dijo él encogiéndose de hombros – por cierto hemos quedado que esto, quedará entre nosotros cuatro, Henry aún es muy pequeño para comprenderlo, y no quiero que nadie más lo sepa, solo nosotros.
-No pensaba decírselo a nadie – dijo ella suspicaz.
-No te enfades, entendería que quisieses decírselo a tu padre, por ejemplo, o a Lanie, sé la confianza que os tenéis, pero mientras menos se sepa, mejor, y menos posibilidades hay de que se le escape a alguien. Lo último que quisiera es que Henry se enterase antes de tiempo.
-Lo entiendo – dijo ella – seré una auténtica tumba.
-Algo muy adecuado para el día de hoy – dijo él, refiriéndose al día que era – ¿Dónde vamos?
-A mi casa – dijo ella – tengo que recoger algunas cosas, que necesitaré para disfrazarme y también le doy una vuelta, últimamente casi no paso por allí.
-Como que deberías mudarte oficialmente con nosotros, a Henry y a mí, nos haces mucha falta – dijo con carita de cordero degollado.
Ella no pudo evitar sonreír. Rick le había pedido muchas veces que se mudara con ellos y pedía ayuda a Henry para que lo apoyase, cosa que el crio no entendía ya que ella, siempre estaba en la casa, sobre todo desde que él llegó, ni una noche se había ido a dormir a su casa, así que el crio no entendía porque su padre le pedía que lo ayudase a convencer a Kate, pues como él le explicaba a Castle, para que lo entendiera: "Pero papi si Kate ya vive con nosotros"
-Ya estoy más que mudada oficialmente a la mansión Castle – dijo sonriendo – no tienes que convencerme, por eso voy ahora a mi casa, a terminar de coger algunas cosas y a echarle un vistazo, porque aunque esté instalada en tu casa, de momento no pienso dejar la mía.
-La quieres conservar para tener donde ir, si tienes que salir un día corriendo – dijo él serio, pensando que ella aún no estaba segura de su relación y quería conservar un as en la manga.
-Pues sí, lo conservo porque todavía puede sernos útil.
-Sernos útil, ¿a los dos? – mientras decía esto se bajaban del coche pues ya habían llegado a la casa de ella, y tuvieron la suerte de encontrar un aparcamiento enseguida.
-Si, a lo mejor un día, tú quieres escribir tranquilo y estamos todos en casa y te molestamos, pues te vienes aquí y puedes estar solo.
-Vosotros nunca me molestáis – dijo con lealtad.
Ya habían subido hasta el piso y ella sacando las llaves de su bolso, abrió la puerta, invitándolo a entrar.
-O quizás – dijo ella cerrando la puerta de la calle y arrinconándolo contra la pared mientras empezaba a acariciarlo por toda la cara y acercaba su boca a su oído – a lo mejor necesitamos un lugar para estar tranquilos, cuando tu hija y tu madre han vuelto a casa – y después de decirle eso empezó a besarlo con urgencia, con la misma urgencia que él le respondía.
Se fueron quitando la ropa el uno al otro y mientras la dejaban desperdigada por toda la casa se iban acercando al dormitorio, hasta caer los dos en la cama entre risas y en ropa interior.
-Lo tenías todo planeado inspectora – susurró él – me has traído aquí engañado para abusar de mí.
-Llevo todo el día planeándolo, chico escritor, te he echado de menos y esta tarde he hablado seriamente conmigo misma y me he dicho: "Katherine Becket de hoy no pasa que seduzcas a tu novio y os pongáis al día que últimamente te tiene un poco abandonada"
-¿Abandonada inspectora? – dijo él – te recuerdo que anoche en el jacuzzi de casa, no nos bañamos solamente.
-Y fue fantástico, hacer el amor en el jacuzzi es toda una experiencia y ahora cállate y hazme disfrutar como tú sabes hacerlo.
Y Richard Castle, no se hizo de rogar, hacerle el amor a Kate era para él, la experiencia más maravillosa y gratificante, así que se aplicó en acariciarla y besarla con devoción y detenimiento, por todos los lugares que sabía que a ella la enloquecían hasta conseguir llevarla a la más alta cima del placer, para seguir amándose de nuevo hasta llegar los dos juntos al clímax.
Agotados y sudorosos se abrazaron y se besaron.
-Es una estupenda idea que sigas conservando tu apartamento, nunca se sabe cuándo podemos necesitarlo.
Ella sonrió, tremendamente a gusto entre los fuertes brazos de él.
-Me quedaría aquí toda la vida, pero deberíamos volver a casa, para ponernos nuestro terrorífico disfraz.
-Yo también me quedaría aquí todo el día – dijo él apretando el abrazo.
Pero como tenían otras obligaciones, no tuvieron más remedio que levantarse y vestirse para volver al loft.
Cuando llegaron, Alexis que asistiría a una fiesta con unos amigos, estaba ya vestida. Se había decidido por un disfraz de Miércoles Adams, y llevaba un vestido de corte infantil, todo de color negro con cuello redondo y blanco. Se había puesto una peluca de cabellos oscuros recogidos en dos trenzas y se había maquillado muy pálida, con los labios morados, lo que la hacía estar irreconocible. Como complemento llevaba una muñeca también vestida de negro a la que le faltaban los ojos.
-¡Hija! – dijo Castle – estás siniestra.
-De eso se trata papá, ¡Hola Kate! – saludó la chica – ¿vais a vestiros también?
-Si, ¿vendrás luego a la fiesta de Ian?
-No creo, mi fiesta terminará más tarde que la vuestra, pero si me aburro, me voy a daros el encuentro.
-Ten cuidado, hija y pásatelo muy bien.
-Adiós papá, Kate, nos vemos luego – y salió del loft.
Ellos habían decidido vestirse de Frankenstein y su novia. Castle se vistió y luego se pintó la cara de verde, para ponerse una peluca que le daba forma cuadrada a su cabeza. Kate se puso un vestido blanco y largo, y una peluca enorme, con vetas canosas a ambos lados, al igual que Alexis, se maquilló pálida y ojerosa.
Al salir del estudio se encontraron a Martha en la cocina bebiendo un vaso de agua.
-¡Hijos, estáis horribles! – dijo la mujer con una sonrisa.
-Entonces, ¿no te animas a acompañarnos? – le preguntó su hijo.
-No querido, estoy cansada y ya no estoy para "Truco o trato", id vosotros, disfrutad mucho y tened cuidado.
-Bueno – dijo su hijo – es una fiesta infantil, así que no creo que corra el alcohol por el local – dijo Castle con una sonrisa. Nos vemos luego.
Salieron a la calle muy animada y llena de niños y adultos disfrazados. El pub estaba relativamente cerca y como la noche estaba muy buena, fueron dando un paseo.
Llegaron en plena actuación del mago, que vestido como el conde Drácula hacía las delicias de pequeños y mayores. Los recibió Ian y les ofreció una cerveza.
-¿Qué tal todo? – preguntó Castle, que había advertido a su amigo que a lo mejor Henry lo echaba un poco de menos.
-Todo muy bien, ha preguntado un par de veces que cuando veníais a la fiesta, pero he podido tranquilizarlo.
-¡Hola Rick, Kate! – los saludó Megan, la mujer de Ian y madre de Liam – no os preocupéis por Henry – había oído a Castle preguntar por él – se ha portado muy bien, es un niño encantador y se está divirtiendo mucho. Él y Liam se llevan muy bien y me ayudan a cuidar a Molly – esta era la hija pequeña del matrimonio de dos años.
Cuando terminó la actuación del mago, se acercaron al niño para decirle que ya estaban allí. El niño cuando vio a su padre, no se asustó porque ya lo había visto antes vestido en casa, cuando se probó el disfraz, así que lo recibió con una sonrisa.
-Estas muy feo, papi, todo verde.
-Pues tu estas genial vestido de caballero.
Y así era, el disfraz de Henry era de lo más auténtico, incluso llevaba a Edwin cosido a la capa, pues como él decía, iba de caballero que luchaba con dragones.
Lo pasaron muy bien en la fiesta, disfrutaron mucho. A Kate le gustó ejercer de madre de Henry y compartir con las demás madres de los otros niños y que charlaran los dos con otras parejas.
Al terminar se volvieron andando hasta el loft, Henry llevaba su calabaza llena de chucherías, y se peleaba con su padre, a ver quien iba a comerse cada golosina.
Llegaron a la casa y como ya habían comido mucho en la fiesta se quitaron los disfraces, Kate bañó a un agotado Henry, mientras Castle se peleaba con la pintura verde de su cara. Los dos acostaron al niño y se sentaron en su cama, mientras Castle le contaba un cuento, que Henry no fue capaz de terminar de oír, pues se quedó dormido en seguida.
CONTINUARÁ…
