Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a Natalia, a todas mis chicas del grupo de whatsapp swanqueen, a mi petita, a mi morena, a la sexy voz de Diana, a Amanda y a todas porque las quiero y son mi familia.
A mi manager adorada, porque me tiene que hacer famosa y no se librará de mí fácilmente, porque la quiero un montón y siempre estaré velando por ella y lo sabe.
A estefhybautista, porque quiero que nunca pierda la sonrisa, porque se ha vuelto una persona muy importante en mi vida y quiero que lo sepa, porque me encanta hacerla sonreír con algo tan pequeño como una historia, porque la admiro muchísimo y siempre me va a tener a su lado aunque sea en la distancia y porque la quiero.
Leed a franchiulla, my dark queen y or supuesto a mi stefybautista cuyo fic es mi favorito, aunque eso ya lo sabéis porque soy una pesada y no dejo de decirlo.
Sin más aquí os dejo el siguiente capítulo de esta historia que poquito a poco llega a su fin.
Gracias a todos los que me leen y me dejan su comentario, es muy importante para mí conocer vuestra opinión. Besitos y abracitos cibernéticos.
CAPÍTULO 12 MAR DE LA PLATA.
Emma besaba los labios de su morena igual que un hombre sediento perdido en alta mar sin una gota de agua, con ansia incluso rozando la desesperación.
Solo ella y su alma entendían lo que quería expresar ese beso, tantas emociones que la estaban desbordando, tantísimo amor, agradecimiento, deseo, ternura…
La febril necesidad de expresarle a su morena todo cuanto albergaba su interior se palpaba en ese beso. Labios con labios en una intensa lucha desesperada, en una conversación sin palabras, un beso de amor auténtico, mágico, sincero y para ambas eterno.
Deshaciéndose rápidamente de la corta prenda que servía como barrera entre sus manos y la suave piel de su amada, una vez más, la capitana se quedó sin aliento ante la magnífica obra de arte que era su Regina desnuda. A pesar de que conocía cada rincón de su amada de memoria, cada vez que la veía su corazón se detenía durante milésimas de segundo ante dicha perfección, una maravilla que le pertenecía. Emma había conocido mil lugares que incitaban a soñar, había tenido en sus manos tesoros codiciados por todos los reyes del mundo, y aun así, su morena era lo más hermoso que sus ojos habían podido contemplar jamás.
Despertó de sus ensoñaciones al sentir las suaves manos de su morena por debajo de su camisa, buscando el contacto con su piel, desnudándola lentamente y sus oscuros ojos buscando su mirada, sabiendo que no hacía falta pronunciar palabra alguna pues en ese momento sus manos, sus labios y ambas miradas expresaban más que cualquier conversación banal y sin sentido. Hablaban con tiernos gestos y ellas se entendían, sumergidas en su pequeño mundo donde solo existían ellas y el deseo de ser una sola.
Una corriente de aire frío erizó la piel de la capitana, que buscó el calor de su compañera pegándose a su cuerpo, embriagándose del aroma dulzón de la morena, un aroma que expresaba su nivel de excitación ante las tiernas atenciones que recibía de su rubia.
Sus labios se perdieron por el cuello de su amada, sintiendo las tiernas y cada vez más expertas caricias de la morena sobre su piel, buscando lentamente encenderla y llevarla a la locura. Se abandonó al placer cuando Regina empezó a jugar suavemente con sus pechos, mordiendo su cuello y haciéndola volar. Se dejó llevar por su morena, gritando palabras sin sentido al notar como la penetraba dulcemente, como la hacía suya. Penetrándola ella también mientras no dejaba de mirarla a los ojos, empezando ambas un baile cargado de amor y gemidos cada vez más largos que terminó en un clímax conjunto, un grito ahogado por un beso.
Finalmente, con las sábanas enredadas, agotadas y la respiración agitada, ambas cayeron abrazas, desnudas y con el cuerpo perlado de sudor. Regina se entretenía dibujando figuras inconexas en la espalda de su capitana, comida por la curiosidad y las ganas de saber qué había pasado entre Emma y su padre, mas la capitana no quería hablar y ella no iba a preguntarle, no quería causarle daño alguno. Emma había escondido su rostro en el cuello de la morena, aspirando su aroma y depositando tiernamente suaves besos en su hombro.
Finalmente la curiosidad pudo más que la razón y Regina rompió el silencio, sin dejar de regalarle tiernas caricias a su capitana en la espalda.
-¿Cómo fue?
-"Estuviste increíble Sevillana, cada día me sorprendes más"
-Eso no, idiota, me refiero a con tu padre.
-"Está todo bien con él, lo acomodé en tu antiguo camarote, es una larga historia pero ya te la contaré, ahora no me apetece, estoy muy a gusto así contigo"
-Está bien, pero me lo cuentas, me mata la curiosidad.
Emma no dejaba de sonreír ante la actitud infantil e impaciente de su joven amada, a veces se le olvidaba que tenía en sus brazos a una niña, mas asi la adoraba, infantil, curiosa e impaciente. Se dio cuenta de que jamás había querido tanto a alguien antes, que jamás había tenido tanta necesidad de alguien como de su morena.
-"Te quiero, ¿Sabes?"
-Yo también te quiero, Emma.
-"Regina…"
-¿Si amor?
-"¿Te casas conmigo?"
Regina paró en ese momento con las caricias que le daba a su capitana, tomada completamente por sorpresa. Emma se enderezó para mirarla a los ojos, quizás se había precipitado mas solo había seguido lo que le gritaba su corazón. Con preocupación por haber turbado a su joven morena fue a retractarse cuando esta la agarró y se lanzó a sus labios atrapándolos en un beso cargado de alegría.
-"¿Eso es que sí?"
-Claro que sí, tonta.
En el pequeño camarote que ahora ocupaba el virrey, este se encontraba ensimismado, analizando todo lo acontecido. Por un lado había encontrado a su hija, había cumplido una parte de su promesa y ahora irían a casa para él poder estar en paz con su alma. Por otro lado, su hija era una bandida buscada por todo el océano, una pirata y bastante famosa, sus hazañas habían llegado a Mar de la Plata en forma de cuentos para asustar a los niños y eso le inquietaba, no conocía nada de su propia hija y se sentía completamente perdido. Por último estaban las extrañas palabras que le había regalado Emma antes de marcharse, le dijo que iría a hacerle el amor a su mujer mas creyó que lo decía para desestabilizarlo. La única mujer a bordo a parte de la capitana, era aquella jovencita con la que había habado esa mañana, una muchacha cortesana, era una locura completa que su hija y esa muchacha estuvieran juntas. Aun así se esperaba cualquier cosa de su hija, no por nada se había ganado la reputación que la precedía. Pensando en todas las cosas que quería decirle a la joven capitana, el virrey se quedó dormido.
Al día siguiente, tras apenas haber dormido nada pues, entre contarle a Regina toda la historia de su padre y celebrar con ella su reciente compromiso haciendo el amor durante horas, Emma cambió el rumbo a Mar de Plata para ir a ver a su moribunda madre y despedirse de ella.
A pesar de que tenía el corazón rebosante de gozo por su situación con Regina, tenía una pequeña espina de tristeza que no se podía arrancar. Su madre estaba muriendo y ella no había tenido ocasión de conocerla.
Estaba en el timón fijando el nuevo rumbo y dando órdenes a sus marineros cuando su padre se presentó en cubierta y, tras buscarla con la mirada, se acercó a ella con paso asustado pero decidido, dispuesto a tener una conversación que había tardado demasiados años.
-"Buenos días, sé que mi barco no es tu palacete pero espero que hayas dormido bien"
-Dormí bien, mejor en una cama que en una jaula. Emma, tengo que hablar contigo.
-"¿Sobre qué?"
-Sobre ti, tu vida, cómo llegaste a estar aquí, quiero saberlo todo.
-"Es una larga historia…"
-Tenemos tiempo, por favor, necesito conocerte.
Ante la súplica de su padre, Emma relató su vida con todo lujo de detalles, sin omitir nada. Le contó lo de su embarazo, la renuncia de su hijo que tanto daño le causó, le contó cómo llegó a bordo del Libertad y cómo llegó a ser la capitana, sus aventuras y desventuras, sus batallas y finalmente le habló de Regina, sin llegar a mencionar que ella era la mujer a la que se refería como "su mujer", haciendo que el virrey se asombrara hasta que punto pudo influenciar su hija en la joven burguesa, que decidió dejarlo todo y emprender una vida en el mar.
Mientras Emma relataba sus aventuras a su padre, una agotada pero inmensamente feliz Regina se despertaba, encontrándose sola en su cama. Supuso que había dormido más de lo normal y que su amada no la había despertado dado que la noche anterior había sido una noche ajetreada.
Con una enorme sonrisa en su rostro y sintiendo que iba a comerse el mundo, se vistió y fue a buscar a su capitana, pues se moría por besarla, abrazarla y enseñarle lo feliz que se sentía esa mañana.
Cuando salió a cubierta, vio a Emma en el timón y, sin fijarse quién estaba con ella, se encaminó en su dirección y, al llegar junto a ella, la agarró tomándola por sorpresa y devoró sus labios con pasión, desvelando así su relación con Emma delante de su suegro, que con los ojos como platos, miraba a ambas mujeres sin entender que estaba pasando.
Tras liberarse de ese beso robado a traición por su morena, Emma observó la escena intentando no echarse a reír. Por un lado estaba la cara de sorpresa de su padre que las miraba como si hubiese visto un fantasma y, por otro, la cara de Regina, completamente escarlata al darse cuenta de que el virrey estaba presente cuando besó a su amada.
Finalmente sin poder reprimirse más, Emma estalló en una carcajada, mientras Regina se abrazaba a ella y escondía su rostro completamente avergonzada y su padre, contagiado por su risa, también se echó a reír, conmovido aunque jamás lo diría en voz alta, por la tímida reacción de la morena al verse sorprendida.
-"Virrey, permitidme presentaros a Regina Mills, aunque tengo entendido que se presentó sola"
Regina no salía de su escondite en brazos de la rubia, no pronunciaba palabra y eso llenó de ternura el alma de la capitana, recordando una vez más que se había enamorado de una niña.
-Es cierto, se presentó y fue muy amable.
-"Dentro de poco dejará de ser Mills, ayer nos prometimos, supongo que ese hecho es el que la tenía tan feliz como para pensar que estamos solas en el mundo, ¿Verdad amor?"
Desde los brazos de Emma se pudo percibir la voz de Regina, avergonzada y malhumorada.
-Cállate, tonta.
Padre e hija estallaron en carcajadas, haciendo que una malhumorada Regina sonriese en su interior. Su joven capitana había curado sus heridas y estaba feliz por ella. Sabía a dónde iban y que Emma tendría que enfrentarse a un adiós definitivo con la mujer que le dio la vida. En esos momentos agradecía de corazón poder estar a su lado y apoyarla, poder ser su tabla de salvación.
Pensando en la última noche, en el giro que había dado su vida, a pesar de su vergüenza y de que seguía enfadada porque Emma se había reído de ella, no pudo evitar sonreír y sentirse completamente llena de vida.
Iba a casarse con su rubia, iba a compartir toda la vida con ella, dudas, sueños, miedos, aventuras. Sin duda alguna ese viaje que empezó en Sevilla y nunca llegó a su destino original, fue lo mejor que le había pasado en la vida.
Tras varias semanas de travesía, en las que Regina y el virrey se hicieron amigos pues compartían educación, y podían hablar de temas distintos a los comunes en el navío. El Virrey le había tomado estima a esa jovencilla morena que iba por el barco como una pirata más, y que miraba a su hija con auténtica veneración.
La relación con su hija iba a pasos pequeños pero seguros, las cosas no se precipitaban pero poco a poco, Emma se iba abriendo a él, ayudada casi siempre por su joven prometida.
Finalmente, tras una navegación sin altercados y contratiempos, el vigía divisó tierra, habían llegado a Mar de la Plata, el lugar que vio nacer a Emma y al que viajaban para que esta diera su último adiós a la mujer que la trajo al mundo.
