Capítulo 21:

Una vocecita en el oído y unas manitas que le acariciaban la cara, la despertaron.

-Mami – le decía Henry flojito al oído – que tengo hambre.

-¡Humm! – se desperezaba ella – ya voy, ¿Cómo te encuentras?, ¿Te duele la cabeza?

-Ya no me duele nada, solo me pica un poquito aquí – señalándose la herida.

-¿Y no tienes ni un poquito más de sueño? – le preguntó viendo que solo eran las siete y media de la mañana del sábado, pues si por ella fuese dormiría un rato más.

-Es que también tengo pis – dijo el niño.

-Pues levántate y ve al baño, y luego dormimos otro poquito hasta la hora del desayuno, que todavía es muy temprano.

El chiquillo se levantó de la cama y fue hasta el baño. Kate sonrió al oír el ruido de la cisterna y del grifo, a Henry nunca había que recordarle que echase agua, o que se lavase las manos, ni siquiera que bajase la tapa, cosa que a Castle se le olvidaba más de una vez.

Volvió a la habitación y se paró al lado de la cama. Kate levantó la ropa invitándole a entrar.

-Anda, que es pronto y hace frio, vamos a dormir otro ratito.

-Bueno – accede el niño que se mete en la cama con ella.

Kate lo arropa y lo abraza contra ella y sigue durmiendo. Henry espera pacientemente durante un rato largo, pero como ya no tiene sueño, no se aguanta más y flojito vuelve a decir:

-Y ahora, ¿Qué hacemos?

Kate abre los ojos, y se encuentra a Henry mirándola y se da cuenta que se le acabó el sueño de momento.

-Pues levantarnos y desayunar.

-Vale – dijo el niño saliendo de la cama.

Kate suspira, solo son las ocho y cinco. Henry suele despertarse temprano, pero su padre le ha enseñado, que si cuando él se despierte, los demás están durmiendo y no hay necesidad, no tiene que despertarlos, que puede bajar a ver la tele un rato, hasta que los demás se levanten. Pero ese día, al estar con ella, se ha olvidado y requiere su compañía.

Así que se levanta, y arrastrando los pies, entra al baño, para usarlo y lavarse un poco la cara. Sale y en la cocina ya está Henry sacando la leche, el zumo y lo necesario para desayunar.

-Sí que tienes hambre, ¿eh?

-Mucha, me hace ruido la barriga.

Prepara el desayuno y desayunan los dos juntos en la barra de la cocina. Kate sigue muerta de sueño, y aún es demasiado temprano para hacer nada. Cuando terminan y después de recoger, Henry pregunta si puede ver los dibujos que echan los sábados por la mañana en un programa infantil, a lo que ella accede. Se sienta con él, en el sofá, y mientras el niño observa atentamente la tele, ella no puede evitar volver a dormirse.

Así los encuentra Alexis cuando llega un par de hora después, para desayunar con ellos.

-Buenos días – dice alegre la pelirroja.

-Shhhh – la manda a callar Henry, poniéndose el dedo sobre los labios – está cansada y se duerme otra vez – señalando a Kate.

-Entonces no la despertemos – dice Alexis también en voz baja y sonriendo ante el detalle del pequeño – ¿Cómo está tu cabeza?, ¿te duele mucho?

-Ya no, soy un niño valiente y ya no me duele.

-Sí que eres valiente – dijo dándole un beso y sentándose al otro lado del niño para ver la tele con él.

Kate se despertó y vio que ya estaba allí Alexis.

-¡Hola!, no te sentí llegar – se disculpó.

-Dormías profundamente y no quisimos despertarte.

-Es que llevo toda la noche medio despierta para estar pendiente de Henry, el médico me dijo que lo despertara cada dos horas.

-No tienes que disculparte, venía a desayunar con vosotros pero Henry me contó que ya lo hicisteis.

-Se ha despertado tempranísimo y muerto de hambre, ¿has desayunado entonces?

-Si, ya tomé algo, mientras dormías y él veía la tele. Por cierto llamó Megan, para preguntar cómo estaba Henry, me dijo que Liam se asustó cuando lo vio con tanta sangre, y que ayer llamó, pero que todavía no había nadie en casa. Ya le conté como había ido todo y hasta Henry ha estado un rato hablando con ella y con su amiguito.

Los dibujos que captaban la atención de Henry terminaron y este se volvió sonriente a Kate.

-¡Ya estas despierta!

-Si y voy a darme una ducha, ¿por qué no vais pensando Alexis y tu adonde queréis ir?

Cuando Kate salió de la habitación ya lista para salir, Henry y Alexis la esperaban ya también preparados. Habían decidido ir a visitar el Museo Metropolitano de la ciudad, a los dos les gustaba bastante. Castle había llevado tanto a Alexis cuando era pequeña, como a Henry en la actualidad. A Henry le gustaba ver las momias y los sarcófagos, y la zona medieval era su preferida. Alexis había estado investigando en internet y había visto unos talleres infantiles que sabía positivamente que a su hermano le encantarían.

Antes de salir llamaron a Castle para contarle como estaban y como seguía Henry, los tres hablaron con él y le dijeron los planes que tenían para esa mañana de sábado. Castle lamentó no estar allí para poder acompañarlos, disfrutaba casi más que sus hijos en el museo. Henry solidario le dijo que no se pusiera triste, que cuando él volviese podrían ir otra vez.

Pasaron una magnifica jornada, durante la mañana en el museo, y luego almorzaron unos perritos calientes en Central Park donde pasaron el resto de la tarde. Alexis dormiría con ellos esa noche.


El domingo amaneció fresco y soleado, mientras desayunaban tranquilamente, hacían planes para pasar el día. Alexis dijo que se quedaría con ellos hasta la hora del almuerzo y que después de este volvería al campus, pues tenía trabajos pendientes para hacer. Al final salieron sin rumbo fijo y estuvieron dando un paseo por los mercadillos que acostumbran a poner en la ciudad los domingos, cortando zonas de alguna de las avenidas principales.

Después de pasear por los diversos puestos, siguieron paseando por el parque y parándose a cada poco para disfrutar de los distintos espectáculos callejeros, como un hombre orquesta, que dejó maravillado tanto a Henry que no entendía cómo podía tocar tantos instrumentos a la vez, como a Kate y a Alexis, ya que era realmente bueno. Luego vieron un malabarista y terminaron disfrutando de una función de guiñol que para delicia de Henry, representaba Robín Hood.

Llevaban toda la mañana andando y como estaban cansados decidieron tomarse una hamburguesa en el P.J. Clarke's de la calle 63. Después del almuerzo, estaban todos bastante cansados por lo que tomaron un taxi para volver al loft. Alexis nada más llegar recogió sus cosas y se despidió de ellos, para marcharse al campus. Henry se había instalado cómodamente en el sofá para ver la tele y ella que también estaba cansada se sentó junto al niño. Habían hablado con Castle durante la mañana, y ahora que estaban allí los dos solos a Kate se le ocurrió una idea.

-Henry, ¿te gustaría ir al aeropuerto para recoger a papá o prefieres esperarlo en casa? – le preguntó al niño, aunque ella estaba más que decidida a ir a buscarlo, pues lo había echado de menos durante esos días.

-Si – dijo el chiquillo – vamos y le damos una sorpresa y papi se pone contento.

-Pues entonces nos tenemos que ir ya, para llegar a tiempo, anda, haz pis y nos vamos.

Henry se levanta obediente del sofá y va al cuarto de baño. Salen de la casa y bajan hasta el garaje, para salir directamente desde allí.

El tráfico no es muy denso y no tardan más de tres cuartos de hora en llegar, pero como Kate ha ido viendo desde el espejo retrovisor, tiempo suficiente para que Henry se quede profundamente dormido. Cuando llega, tarda un rato en aparcar y cuando va a despertarlo no puede evitar sentir lástima al tener que hacerlo.

Lo consigue y el niño se baja del coche un poco gruñón, por el sueño interrumpido por lo que tiene que ir tirando de él. El niño protesta y ella termina llevándolo en brazos, aunque ya es mayor para eso y lo repite con frecuencia, esta vez no le importa y cuando Kate lo aúpa, se abraza a ella de brazos y piernas y dejando caer la cabeza sobre su hombro sigue durmiendo tranquilamente.

Llega hasta la terminal correspondiente y se acerca a la puerta de salida. El avión ya ha aterrizado, y al cabo de quince minutos se abren las puertas y empiezan a salir pasajeros. Castle la ve a ella, antes que ella a él, y esboza una sonrisa cuando la ve con Henry agarrado a ella como un pequeño koala.

Se acerca y antes de que pueda siquiera saludarlo los envuelve a los dos en un abrazo y le da un beso en la boca.

-¡Hola! – le dice sobre los labios – te he echado de menos.

-Yo también – dijo ella y volvió a acercarse para besarle.

-¡Hey! – dijo Castle acariciando la cabeza del niño para espabilarlo un poco – ¿no vas a saludar a tu padre?

El niño abrió los ojos y le sonrió:

-¡Hola papi! – y volvió a dejar caer la cabeza en el hombro de ella para seguir durmiendo.

-Está agotado, esta mañana hemos andado muchísimo.

Mientras salían de la terminal, se iban contando como habían pasado esos días que habían estado separados.

Llegando al coche, fue cuando Henry empezó a espabilarse. Y ya cuando todos estaban dentro es cuando él empezó a informar a su padre de todas las novedades del fin de semana, desde su medalla ganada, su caída y todo lo que habían hecho, amenizando así, la vuelta a casa.


Henry estuvo diez días con los puntos puestos, siendo el centro de atención de todos sus compañeros del colegio, que seguían con interés la evolución de su herida, sobre todo les llamaba la atención que tuviese una costura con hilo en la frente, y es que Henry después de contarlo tuvo que demostrarlo levantándose el apósito para que los demás vieran que tenía hilos cosidos en la frente, lo que le llevó a ganarse después una pequeña reprimenda y que tuviesen que ponerle un apósito nuevo en la enfermería del colegio.

Cuando por fin le llevaron a quitárselos, Castle y Kate comprobaron aliviados que el médico que lo atendió había sido un artista y la cicatriz que le quedaba era una delgada línea rojiza que les aseguraron que se iría aclarando con el tiempo y teniendo cuidado de que no le diese el sol.

Se acercaban las navidades y la familia Rodgers se preparaba como cada año para celebrarlas por todo lo alto. A Castle le encantaban estas fiestas y se esmeraba en prepararlo y decorarlo todo, sin olvidar ni el más mínimo detalle.

A Henry como niño que era le ilusionaban bastante y Kate, bueno, Kate no era capaz de expresar lo que sentía porque celebrar aquellas fiestas en familia y con la familia Castle era una prueba que no sabía si sería capaz de superar.

Realmente estaba asustada, Johanna Becket se hubiese llevado genial con Castle, porque como a él, le encantaban las navidades. Ella decía que eran su fiesta favorita, le gustaba reunir a la familia, hacer postres navideños, decorar la casa, y estar al tanto de mil y un pequeños detalles, que habían hecho que las navidades que Kate había vivido en su infancia fuesen realmente inolvidables.

Cuando fue asesinada, su viudo y su hija fueron incapaces de volver a celebrar esas fiestas. La noche de Nochebuena, cenaban como un día normal y el día de Navidad, lo mismo, ni siquiera se hacían regalos. Lo único que intentaban era estar esos días, los dos juntos.

Así que Kate no había vuelto a celebrar la navidad desde hacía más de una década y los preparativos en casa de Castle no hacían más que ponerla nerviosa, porque entre el padre, el hijo que volvería a actuar en la función de Navidad del colegio y la abuela que ya había vuelto de Philadelphia, no sabía quién estaba más alterado.

Castle la notaba extraña esos días, seguía siendo cariñosa con él y muy cariñosa con Henry que ya la llamaba mamá de manera asidua, detalle que había emocionado a Castle, pero a pesar de todo, Kate estaba distante. Pasaba todo el tiempo que podía en comisaría y cuando llegaba a casa, se dedicaba a estar con Henry y por las noches se abrazaba a Castle y empezaba a besarlo, como si estuviese necesitada de cariño, lo que terminaba con ellos haciendo el amor apasionadamente. Realmente se comportaba como si quisiera tener el cuerpo y la mente en otro lugar.

Una noche en la cama, ella empezó como se había convertido en costumbre en los últimos días a besarlo y a acariciarlo para excitarlo, pero él le retiró las manos y le dijo:

-Kate, esto no puede seguir así, tenemos que hablar.

-No quiero hablar ahora, quiero que me hagas el amor – intentó acercarse para besarlo pero él se retiró – ¿Qué pasa Castle?, ¿No me deseas?

-¿Qué si no te deseo?, claro que te deseo, llevamos días que casi no dormimos, porque te pones así y te deseo tanto, que soy incapaz de resistirme. Pero sé que algo te pasa y quiero que lo hablemos, ya sabes que puedes decirme lo que sea Kate, yo lo entenderé.

Ella lo miró seria:

-¿De verdad Rick?, ¿De verdad entenderías que yo no quisiera pasar las navidades con vosotros y que prefiriera encerrarme en mi apartamento yo sola?

-¿Es eso, es por las navidades?, te estoy agobiando, ¿verdad? – dijo contrariado – demasiado empalagoso para ti, ¿no?

-No es eso Rick – dijo con lágrimas en los ojos – en mi casa siempre hemos celebrado las navidades así ¿sabes?, por todo lo alto y al más puro estilo tradicional.

-¿Entonces, que pasa? – la atrajo y la abrazó recostándose con ella – anda cuéntamelo todo.

Y ella se relajó en sus brazos y empezó a contarle lo que habían sido las navidades en la familia Becket y como después de que su madre muriese había cambiado todo.

-Y yo aquí, como un burro, organizando todo esto sin tener en cuenta tus sentimientos – dijo besándola en la cabeza – lo siento Kate, de verdad no me di cuenta, si no hubiese sido más comedido.

-No tienes por qué disculparte, te gusta esto y me parece bien que lo celebres, además tienes un niño pequeño y es normal que quieras que sus navidades sean inolvidables.

-Tenemos un niño pequeño, Kate, Henry es nuestro hijo, de los dos y sé que este año he exagerado en los preparativos, y te pido disculpas por no haber pensado en ti, solo pensé en Henry, en las navidades tan tristes que tiene que haber pasado con su madre enferma o en el centro de acogida y por eso quería que estas fiestas fuesen especiales.

-Ya he dicho que no tienes que disculparte, lo entiendo de verdad, soy yo, que no sé si voy a poder soportarlo y solo quiero salir corriendo.

-La verdad es que me gustaría que te quedases aquí con nosotros – dijo apretando el abrazo y dándole un suave beso en los labios – por ti, principalmente y también por mí y por supuesto por Henry, pero si de verdad no te crees capaz de soportarlo entenderé que quieras irte. Solo te pido que no te quedes sola, que vayas con tu padre, no soportaría saber que estás sola en tu apartamento.

-¿Y no te enfadarías? – preguntó recelosa.

-¿Enfadarme?, claro que no – dijo él – solo que esto no sería lo mismo sin ti, te echaré terriblemente de menos.

-¿Y qué le voy a decir a Henry?, él está ansioso esperando las fiestas, y los regalos de Santa Claus.

-Ya pensaremos una historia que contarle, y seguro que lo convencemos aunque todos vamos a extrañarte.

-No me lo digas más, que me haces sentir culpable – dijo quejosa.

-No quiero que te sientas culpable, no lo digo por eso, es lo que siento, pero yo solo quiero que sepas que eres muy importante para mí, y entiendo y respeto tu decisión.

-Gracias.

-De nada. Prometo que voy a intentar que todo sea "menos navideño" y si te sientes agobiada, solo tienes que decírmelo, ¿Vale?

-De acuerdo – dijo ella – y ahora, ¿puedo seguir besándote?

-Por supuesto – contestó con una sonrisa.

A partir de ese día, Castle, paró un poco con la euforia navideña, incluso guardó algunos adornos disimuladamente, aunque claro, el enorme abeto que decoraba la entrada del loft, no había forma de disimularlo, al igual que la excitación de Henry previa a las fiestas.

Kate se daba cuenta del intento de él y la embargaba la ternura, y aunque sabía que iba a desilusionarlos cada vez estaba más decidida, a volverse a instalar en su apartamento durante los días festivos.

Y eso fue lo que hizo, el día de la función de Navidad del colegio, fue con Castle, Martha y Alexis a ver la actuación del niño, que consistía en cantar algunos villancicos y recitar una larga poesía navideña, junto con sus compañeros de clase. A Henry no tuvo corazón de decirle que no iría a verlo actuar, pues el chiquillo estaba emocionado y se pasaba el día canturreando los villancicos de la función, aunque si le explicó que después de su actuación tenía que irse y que no estaría allí para la cena de Nochebuena, ni para ver los regalos, ya que tenía que ir a hacer un trabajo muy importante de la policía.

El niño se entristeció y dándole un abrazo le dijo que él le guardaba sus regalos para cuando volviese, y que hiciese pronto su trabajo. Castle que estaba presente durante la charla, quiso suavizarlo y le dijo que Kate partía en servicio especial para que a Santa Claus no le pasase nada durante el reparto de regalos, lo que hizo que ella, lo mirara reprobartoriamente y él se encogiera de hombros intentando disculparse y dando a entender que a ver como se le explicaba al niño que ella no estaría allí con su familia.

Así que al término de la función volvieron al loft, donde cenaron todos juntos, Martha y Alexis que habían sido informados por Castle de que Kate no pasaría la Navidad con ellos, se despidieron de ella con un beso y diciéndole que la iban a extrañar. Luego los dos subieron a acostar a Henry y fue Kate la que le contó su cuento de todas las noches y se despidió de él, que ya medio dormido y después de darle un beso le dijo:

-Mami, cuida bien de Santa – lo que hizo que se le saltaran las lágrimas y por un momento desistiera en su idea de irse, pero su terquedad y cabezonería pudieron más y salió de la habitación.

Bajaron hasta la puerta de salida.

-Mira que tu idea de decirle que tengo que vigilar que a Santa Claus no le pase nada – le reprochó a Castle.

-No se me ocurrió nada más creíble para convencer a un niño – se excusó él – está triste, ¿Sabes? Y creo que saber que su mami va a cuidar de Santa le hace sentir mejor.

-No sé quién es peor si tu o el niño. Creo que mejor me voy ya.

-¿No quieres dormir aquí?

-Hoy no, ¿vale?, mañana es Nochebuena y prefiero ir a la comisaría desde mi casa.

-Yo no iré estos días, nos vemos después de Navidad – y la abrazó y besó con amor – y no te olvides de llamar a tu padre, ni se te ocurra quedarte sola – le recordó,

-Si, esta noche lo llamo – y ahora fue ella quien lo besó a él – me voy ya.

Y separándose de él abrió la puerta y salió sin mirar atrás.

-Adiós mi amor – dijo Castle con un suspiro, sabiendo que ella ya no le oía – ¡Feliz Navidad!

CONTINUARÁ…