Capítulo 22:
La mañana de Nochebuena, Kate llegó a la comisaría bastante temprano, solo estaban allí los oficiales de guardia. Se puso a hacer papeleo y deseó que no hubiese homicidios. Estaba triste, no solo triste, también enfadada, sobre todo consigo misma. No había pasado muy buena noche, hacía meses que vivía en casa de Castle, y los echaba muchísimo de menos.
Cogió su móvil, pero sabía que no encontraría llamadas, le había dicho a Rick que en esos días lo mejor sería que no se llamaran y sabía positivamente que él, cumpliría su palabra. A pesar de eso lo miró y abrió la galería de fotos, tenía muchas de él solo, de los dos y de ellos con Henry. También tenía fotos de las actuaciones teatrales de su hijo, tanto vestido de peregrino como de duende navideño.
Sonrió al pensar en Henry como su hijo, había aprendido a querer a ese niño, como si ella misma lo hubiese parido y recordó con una sonrisa, cuando le contó a su padre, que Henry había empezado a llamarla mamá, y en qué circunstancias había ocurrido.
Jim Becket se alegró por ella y por el niño, había ido muchas veces a pasar el día y comer o cenar con ellos y fue él mismo quien le dijo que podía llamarlo abuelo y se llevaba bastante bien con el pequeño, lo mismo que con Castle. Le había dicho más de una vez, lo feliz que era de que hubiese encontrado a ese hombre y esa familia, que era muy afortunada. Y allí estaba ella, renunciando a su familia, por terca y por cabezota.
Llegaron Ryan y Esposito, que la saludaron sin más. De sobra sabían que esas fechas no le gustaban a la jefa, y ya habían desistido de invitarla a celebrarlas con ellos. Además como habían supuesto que las pasaría con Castle y su familia, no hicieron ningún comentario y se dispusieron a seguir con su trabajo.
El día de Nochebuena, solo trabajaban media jornada, así que al término de la mañana, Kate se despidió de Javier, Kevin y Lanie que había ido a buscar a Esposito para almorzar juntos, hasta después de navidad y sin más se marchó hasta su apartamento.
Jim Becket estaba extrañado, había supuesto que esas navidades Katie y él volverían a celebrarla como siempre habían hecho, en familia. Apreciaba realmente a Castle y la familia de éste, respetaba a Martha por ser la madre de su yerno, pero no podía evitar considerarla un tanto estrafalaria y alocada, aunque lo poco que había tratado con ella, le había parecido una buena persona. También le gustaban Alexis y Henry, y había comprobado lo que su hija había llegado a querer al pequeño, hasta el punto de pensar en adoptarlo.
Es por eso que cuando llegó el día de Nochebuena y ni Kate ni Castle lo habían llamado para cenar con ellos, empezó a sentirse molesto, llegando a pensar que Castle no lo quería en su casa, pues era incapaz de creer que su propia hija no quisiese invitarlo.
Así que sin pensarlo dos veces, se plantó en el loft de Castle. A ver qué excusa le daban, porque ya estaba harto de navidades tristes, y él había decidido pasarlas con la nueva familia de su hija, si o si.
Llegó a la puerta de entrada, adornada con una bonita corona de adviento. Ya desde el pasillo se oía la música navideña y olía a galletas caseras. Llamó a la puerta, le abrió Castle, que al verlo lo saludó, mirándolo gratamente sorprendido, pues pensó que Kate vendría con él:
-¡Hola Jim!, me alegro de verte – y dándose cuenta que venía solo – ¿le ha pasado algo a Kate?
El hombre lo miró con sorpresa:
-¿Cómo que si le ha pasado algo a Katie? – preguntó confuso – ¿es que ella no está aquí?
-No, me dijo que pasaría estos días contigo.
-¿Conmigo?, ni siquiera me ha llamado, creía que no me querías con vosotros, sé que quizás resulte un tipo aburrido, pero estas fiestas deben pasarse en familia y por eso me extrañó que Katie no me invitara.
-Siempre serás bienvenido en esta casa Jim – dijo Castle con sinceridad y al darse cuenta que seguían en la puerta – pero pasa, no te quedes ahí.
Lo invitó a entrar y Jim al ver la casa tan bonita y decorada, sonrió con nostalgia recordando a su esposa. Castle lo invitó a sentarse y le preguntó si quería tomar algo, a lo que contestó, que un café estaría bien.
Después de servírselo y servirse otro para él, se sentaron a hablar.
-¿Estás solo? – le preguntó Jim.
-Henry está arriba jugando en su habitación y mi madre y Alexis están en la calle terminando las últimas compras.
-Y ahora cuéntame porque Katie no está aquí contigo, ¿os habéis peleado?
-No, no, claro que no – se apresuró a aclarar Castle – es solo que ella no se sentía preparada para pasar la navidad en familia.
Y le contó lo que habían sido sus últimos días, ante la mirada de pesar de Jim.
-Esta hija mía es igual de cabezota que su madre, cuando se le mete algo entre ceja y ceja, ni te imaginas lo difícil que es hacerla cambiar de opinión.
-Créeme si te digo que ya me he dado cuenta – contestó Rick, ante la sonrisa comprensiva de Jim.
-Recuerdo lo difícil que era hacerla razonar de pequeña, y si se aliaba con su madre había que echarse a temblar, no se sabía quién podía llegar a ser más terca, si la madre o la hija.
Castle sonrió, le encantaba conocer detalles de la infancia de Kate.
-¿Sabes?, la culpa de todo la tengo yo – siguió hablando Jim – cuando Johanna murió yo me vine abajo, como seguramente ya sabrás, mi mujer adoraba las navidades y nuestra casa era así, y aunque Katie ha sido una escéptica con Santa Claus desde que era muy pequeña, se dejaba impregnar por todo el ambiente. El espíritu de navidad de Johanna era suficiente para los tres. Al morir ella, celebrar estas fiestas nos la recordaba de una manera muy dolorosa. La primera navidad después de su muerte me emborraché hasta perder la consciencia y a partir de ahí, ya no pude parar y no era una compañía muy grata precisamente. Katie lo ha pasado muy mal, y yo tengo mucha culpa de eso – se lamentó el hombre – pero esto tiene que acabar, ella ahora tiene una familia y un hijo al que adora por cierto y ya se acabó la tristeza.
-Entonces no se hable más – dijo Castle decidido – si no te importa cuidar de Henry un rato, voy a buscarla.
-De eso nada, iré a buscarla yo y traeré a esa hija mía, hasta aquí aunque sea de una oreja, y si como dices soy bienvenido en esta casa vamos a celebrar la navidad todos juntos en familia, como tiene que ser – dijo decidido y levantándose del sofá.
-Será un placer teneros aquí para celebrar la navidad – dijo Castle levantándose también.
Jim salió del loft y cogió un taxi que lo llevó hasta el apartamento de su hija. Subió y llamó a la puerta. Kate le abrió en pijama, y él entró incluso antes de que lo invitara.
-¿Se puede saber qué haces aquí sola? – le recriminó – ¿Por qué no me has llamado?
-Pensé que vendrías a cenar como siempre, y aunque es un poco temprano, aquí estas.
-Claro que he ido a cenar contigo, pero no aquí, sino en tu casa, en la que vives ahora con tu familia, y cuando llego allí, me encuentro que en vez de disfrutar de esa familia maravillosa que tienes, prefieres quedarte aquí sola – dijo Jim de un tirón – realmente hija, a veces no entiendo lo tonta que puedes llegar a ser.
-¡Papá! – protestó Kate – tu mejor que nadie sabes lo que siempre han sido nuestras navidades, y como dejamos de celebrarla desde que murió mamá.
-Dejamos de celebrarla porque yo me emborrachaba hasta perder el sentido y cuando dejé de beber se hizo costumbre no seguir celebrándola, a veces no sé, si por la añoranza de tu madre o por no recordar mis borracheras.
-Entonces, ¿has estado en casa de Castle?
-Si hija, por un momento al no recibir noticias vuestras, pensé que sería una compañía demasiado aburrida para vosotros y por eso habíais decidido no invitarme.
-No digas eso, papá, Castle siempre quiso que vinieras, fui yo quien le dije que nosotros no celebramos la Navidad.
-Pues muy mal hecho, yo este año ansiaba pasarlas en familia, con mis hijos y mi nieto – dijo serio – ¡Hija!, me gustan las Navidades, no como le gustaban a tu madre, ella era, como lo llamáis ahora, una friki de la navidad… todavía recuerdo aquellos jerséis navideños que se empeñaba en que me pusiera…
-Si – sonrió Kate – recuerdo especialmente el del reno con un pompón rojo en la nariz, y el de las guirnaldas de luces.
-No me gustaban, me parecían ridículos, pero a ella sí, me los regalaba con todo su cariño y solo por eso no me importaba usarlos – recordó con nostalgia – he vivido muchos años en la oscuridad, y te arrastré conmigo, pero ahora tienes esa maravillosa familia, ese niño al que tanto quieres y que después de perder una madre, se merece pasar estos días con la que tiene ahora, ¿Cuándo tengas más hijos también vas a salir huyendo cada vez que lleguen estos días?
-Papá yo…, no sé pensé que tu no querrías venir a casa y no quería dejarte solo y…
-Pues basta de escusas, arréglate y ponte bien guapa, que nos vamos a celebrar la navidad.
Kate abrazó a su padre.
-Te quiero mucho.
-Y yo a ti, hija, y estoy feliz de verte tan bien como estas últimamente, anda ve a vestirte.
-Aún tengo que ducharme, tardaré un rato.
-No tengo nada mejor que hacer, que esperarte.
Tres cuartos de hora más tarde, Kate salió de su habitación, ya con el abrigo puesto y el boso en la mano.
-Ya podemos irnos.
Y salieron los dos a una animada calle con gente apresurada haciendo las últimas compras. Empezaron a andar un rato a ver si encontraban un taxi, algo bastante difícil ese día.
-Con tanto jaleo me he dejado los regalos en casa – se lamentó Jim.
-¿Has comprado regalos? – preguntó su hija asombrada.
-Por supuesto, ¿tú no?
-Bueno si, los he dejado guardados en el loft, pensaba mandarle un mensaje a Castle mañana para decirle donde estaban y que pudiesen verlos.
-Hija, que emotiva manera de regalarle a la gente que quieres – ironizó Jim – podrías haber organizado una búsqueda de regalos en plan búsqueda del tesoro.
Al final pudieron parar un taxi y en menos de media hora estaban en casa de Castle.
Este ya había terminado de preparar la cena con ayuda de Henry, y ya los dos estaban arreglados. Alexis y Martha aún no habían vuelto de sus compras. Cuando sonó el timbre, se apresuró a abrir pensando que serían su madre y su hija cargadas de bolsas, así que fue corriendo para que lo guardasen todo en el armario de la entrada y que Henry no pudiese verlo.
Cuando abrió la puerta y vio a Jim y a Kate, sonrió con alegría, invitándolos a pasar.
-Ni te imaginas lo que me alegro de que tu padre te haya convencido – y sin importarle que su suegro estuviese delante, la envolvió en un abrazo y le dio un besito en los labios – estas navidades nos iban a ser lo mismo sin vosotros.
-¡Mamiii! – gritó alegremente Henry al ver quien había llegado y echándose en sus brazos – ¿ya has terminado de ayudar a Santa? – preguntó inocentemente el niño.
-¿Ayudar a Santa? – preguntó Jim curioso.
-Luego te cuento papá – y dirigiéndose a Henry – ya no hace falta, ha llegado un ejército de duendes y ellos se encargarán de cuidarlo – dijo muy seria ante la mirada burlona de su padre y Castle.
-¡Qué bien! – dijo Henry – así tú te vienes con nosotros – mira estoy ayudando a papi a poner la mesa, todo, todo es de navidad mami.
Y era cierto, el mantel, la vajilla y las servilletas, eran con motivos navideños.
-¿Una vajilla solo para una noche? – preguntó mirando a Castle con sorna – ¡Qué derroche!
-También la usamos mañana, y para fin de año. ¿Queréis un vaso de ponche? – preguntó cambiando de tema.
-Yo no debería… – se excusó Jim, pensando que pudiese tener alcohol.
-Es cien por cien natural – explicó Castle entendiendo – así también puede tomarlo Henry.
-Entonces estaré encantado de probarlo.
Como ya estaba todo hecho, solo a falta de calentar la cena, se sentaron a esperar a Martha y Alexis. Se estableció una cómoda conversación, animada por la emoción de Henry que se empeñó en cantarle al abuelo Jim, los villancicos y recitarle la poesía de la función escolar del día anterior.
Cuando llegaron las dos pelirrojas, se alegraron muchísimo de que Kate hubiese cambiado de idea, y estuviese allí con su padre. Alexis que había podido disimular y guardarlo todo en el armario de la entrada, sentándose al lado de su padre le dio un sobre de papel manila diciendo:
-Estaba en el buzón, papá, a lo mejor es importante, es de un bufete de abogados.
-Son los abogados de Rachel – dijo serio y aprovechando que Henry no estaba cerca – ¿Qué querrán ahora? – preguntó temeroso y mirando a los demás.
-¡Oh querido! – fue lo único que pudo exclamar Martha.
Y es que a todos se les había pasado por la cabeza la idea de que quizás algún familiar quisiese reclamar la custodia de Henry.
-¿Ocurre algo? – preguntó Jim al ver la cara que se les había puesto a todos.
-Papá, ¿crees que alguien querrá…?
-Seguro que no – dijo Castle intentando parecer alegre – voy a dejar el sobre en mi estudio hoy es fiesta y mañana también, así que no se va a poder solucionar nada, ya veremos que es más adelante.
Y levantándose fue a dejar el sobre en su caja fuerte. Al salir sonrió y se dirigió a la cocina para calentar la comida.
-Estará lista en unos minutos.
Y se sentaron a cenar alegremente en familia. Pasaron una noche muy agradable, por un momento se olvidaron de los problemas, y dedicaron gran parte de la conversación a recordar anécdotas de otras navidades alegres, algunas de Kate cuando era pequeña, otras de Castle y también de Alexis. Fue una entrañable velada.
Henry estaba nervioso y no quería irse a dormir, Castle dejó que se acostara un poco más tarde debido a la fiesta, pero el agotamiento pudo con él y al final se quedó dormido sobre la alfombra del salón, mientras jugaba con un coche de bomberos.
Su padre lo subió hasta su cuarto y le puso el pijama. Cuando bajó, Jim se estaba despidiendo para marcharse pues ya era tarde.
-¿Ya te vas Jim?, ¿No quieres quedarte? – le preguntó Castle – el cuarto de invitados, es ahora la habitación de Henry, pero hay una cama nido, que puedo prepararte si quieres, no creo que Henry se despierte.
-No gracias, mejor duermo en casa – dijo el hombre con cierto apuro.
-¿No te gustaría estar con nosotros para la entrega de regalos? – volvió a preguntar Castle.
-Es que mis regalos se han quedado en casa, así que mejor me voy y vuelvo temprano para desayunar con vosotros, claro si no os importa.
-Por supuesto que no, esta también es tú casa.
-Entonces yo me encargo de traer el desayuno – dijo Jim alegre – hasta mañana – y se despidió con un beso de su hija, Alexis y Martha y un apretón de manos de Castle.
Luego, como habían quedado en ver los regalos el día de Navidad todos juntos, cada uno se fue a su cuarto, después de dejarlos bajo el árbol.
Kate entró al baño, para desmaquillarse y ya salió de allí con el pijama puesto. Rick estaba metido en la cama, dándole vueltas al sobre de los abogados de Rachel, pero sin atreverse a abrirlo.
-Al final no vas a esperar hasta que pase la Navidad, ¿no? – le preguntó ella metiéndose junto a él en la cama.
-No he podido dejar de pensar en el sobre en todo el rato, ¿y si ha aparecido el padre de Henry y quiere hacerse cargo de él?
-Pero los abogados dijeron que Rachel, no tenía a nadie.
-Sí, pero puede ser que su padre se haya enterado de alguna manera y quiera a su hijo y entonces yo no tendría nada que hacer y… – suspiró – no quiero perderlo Kate, Henry es mi niño, nuestro niño, ya se ha acostumbrado a esta familia, y esta familia a él, cambiarlo de ambiente va a destrozarlo. Va a destrozarnos si lo perdemos.
-Siempre puedes reclamar su custodia – dijo ella.
-Sí, pero si es su padre biológico quien lo reclama…
-De todas formas interrumpió ella, estás haciendo una montaña de un grano de arena, ni siquiera sabes que es ese sobre o que dice esa carta, ábrelo y nos quitamos de dudas.
-¿Si verdad? – preguntó Rick indeciso – me da hasta miedo.
-¿Quieres que te deje a solas?
-No, quiero que te quedes donde está, vamos a verlo juntos.
A Castle le temblaban las manos cuando abrió el sobre. Había unos folios, con el membrete oficial del bufete y un sobre más pequeño dirigido a él.
-Bueno, primero a ver qué me dicen estos abogados.
Cogió los papeles y empezó a leer, en voz alta para que ella también pudiese escucharlo.
" Parker, Lawson & Kent
Abogados
A la atención del señor Richard A. Rodgers
Muy señor nuestro:
Por la presente nos comunicamos con usted, para enviarle la hasta ahora última voluntad de nuestra cliente Rachel Alice Greyson, la cual nos solicitó que a los seis meses de su fallecimiento, nos informásemos si el menor Henry Mark Rodgers, que aparece a todos los efectos, como hijo suyo y de nuestra cliente, convive con usted en su hogar, siendo considerado miembro de la entidad familiar.
Es por eso que nos tomamos la libertad de solicitar al investigador de nuestro bufete, el señor Robert W. Coleman, con nº de licencia 123456789, que se encargara de dicha investigación, cuyo resultado nos demuestra que el menor antes citado vive en su hogar y está perfectamente atendido, así como adaptado a su familia. También le comunicamos que los resultados de nuestra investigación, pasaran a formar parte de nuestros archivos bajo la ley de protección de datos vigente en estos momentos.
Es por eso que le enviamos ésta carta que nos dejó la finada señora Greyson dirigida a usted y la que nos rogó encarecidamente que no le entregásemos, a no ser que se comprobásemos que su hijo Henry Mark Rodgers vivía con usted y como miembro de pleno derecho de su familia.
Sin más y siempre a su servicio, se despide de usted
Ernst Z. Wilson, abogado"
Castle volvió a leer la carta porque realmente no entendía nada.
-Me han investigado, Rachel mandó que me investigaran, no lo entiendo.
-Por lo que parece nos han investigado a todos – dijo Kate – anda abre la otra carta, parece que es de Rachel, a ver qué dice.
Y Castle tomó el otro sobre, dirigido a él, lo abrió y dentro había otro más pequeño, que con letra manuscrita solo estaba dirigido a "Rick". Lo abrió y sacó varias hojas, que como la carta anterior empezó a leer en voz alta.
"Querido Rick:
¡GRACIAS!, porque si estás leyendo esta carta es que te has hecho cargo de mi bebé, supongo que ya sabrás que no es hijo tuyo, y si no lo sabías, siento que te hayas enterado de esta manera, pero gracias por estar cuidándolo como si fuese tu hijo.
Quiero pedirte perdón por haberte engañado y metido en esto, pero solo pensar que mi niño tuviese que estar viviendo en un orfanato me ponía el vello de punta.
Estoy seguro que recordarás el tiempo que nos hicimos amigos y estuvimos juntos, tú estabas mal, pues te llevabas fatal con tu ex mujer y editora y yo estaba peor aún, pues acababa de salir de una relación bastante complicada, con ese cantante de rock, llamado Mark, que tenía problemas con las drogas.
Fue entonces la primera vez que te engañé, te dije que lo había dejado del todo, y era cierto, yo quería dejarlo, pero era demasiado débil y Mark, a pesar de todos sus problemas, me gustaba demasiado y me quería a su manera, por lo que cada vez que volvía y llamaba a mi puerta, yo le creía, y le dejaba pasar. Así que además de estar contigo, también estaba con él, por eso cuando supe que estaba embarazada, no tenía ni idea de quién podía ser el padre de ese niño.
Me fui a Canadá sin saberlo, y empecé a trabajar en una serie de televisión, hasta que se me empezó a notar la tripa, que tuve que dejarlo y volverme a Estados Unidos.
Seguía sin saber quién era el padre de mi hijo, quise llamarte y también a Mark, pero como os decía que no sabía de quien estaba embarazada. Así que no dije nada y seguí adelante yo sola, un poco antes de nacer Henry, el grupo de rock de Mark se disolvió, me buscó y reapareció en mi vida.
Mark estuvo conmigo cuando nació el niño. Fue entonces cuando hicimos las pruebas y supe que él era el padre de Henry. Estuvo con nosotros, me prometió que buscaría un trabajo y dejaría definitivamente las drogas, lo intentó Rick, encontró un trabajo y estuvo casi un año limpio, pero un día se encontró con un viejo amigo de su grupo de rock y le convenció para que dejara el trabajo y volver a montar el grupo.
Ahí empezaron de nuevo los problemas, recayó en la droga y al final murió de una sobredosis cuando Henry tenía dieciocho meses.
Otra vez estaba sola con mi bebé, tenía un trabajo aceptable y me sentía capaz de sacarlo adelante yo sola.
Cuándo Henry tenía dos años y medio, empecé a encontrarme mal y fue cuando me detectaron el cáncer. Entonces empezó el calvario de las pruebas médicas, las sesiones de quimio, las operaciones y no tener a nadie. Henry entró en el sistema y cada vez que yo no podía cuidarlo, los servicios sociales se hacían cargo de él.
Cuando supe que mi enfermedad era irremediable y que iba a morir me entró el pánico. No quería que mi niño fuese de mano en mano como una pelota, quería para él una familia de verdad. Henry es lo mejor que me ha pasado en la vida, es un niño especial y muy sensible y solo saber que iba a estar dando vueltas de un lado para otro, me partía el corazón.
Nunca te había olvidado, fuiste uno de mis mejores amigos y entonces recordé como eras como padre, recordé a Alexis, esa niña preciosa y feliz que te adoraba y a la que tu tanto amabas, y supe que quería lo mismo para mi niño. Perdóname Rick, perdóname por abusar de tu confianza y utilizarte, por engañarte, pero si quieres a mi hijo, solo la mitad de lo que querías a Alexis, sé que mi mentira ha servido para algo. No tenía a nadie y tú eras la única persona en quien confiaba y a quien podía dejarle mi bebé.
Si todavía estás soltero, serás el mejor padre, pero si como espero has encontrado a la compañera que mereces, mi niño ya nunca estará solo, porque tiene una familia y además del mejor padre tendrá una nueva mamá excepcional.
Gracias Rick, quiere mucho a mi niño que ahora es tuyo, te doy mi mayor tesoro para que cuides de él. Es muy pequeño y aunque ahora tenga unos nuevos padres y una vida mejor, no dejes que me olvide.
Gracias otra vez, Rick. Dale un beso a mi niño, dile que su mami Rachel nunca lo olvidará"
Tanto a Castle como a Kate le corrían las lágrimas por las mejillas.
-Gracias a ti, Rachel, gracias por confiarme tu mayor tesoro – murmuró.
-Pobrecilla – dijo Kate – lo que debió sufrir cuando supo que iba a morir y no tenía a quien dejarle a Henry.
-Pues ya no hay de qué preocuparse, Henry está bien, está a salvo con su familia – dijo Castle con determinación – pero no entiendo porque no me pidió ayuda en su momento, yo la hubiese ayudado.
-Probablemente temería que al saber que no era tu hijo de verdad, lo dejaras en el orfanato. Es un bonito detalle que pensara en ti para que cuidaras de su hijo.
-Si – dijo pensativo – Kate, prométeme una cosa.
-Tú dirás.
-Si alguna vez me pasara algo, prométeme que cuidarás de Henry, sé que lo quieres mucho, y también de Alexis, ella ya es una mujer, pero seguro que necesitará una madre más de una vez, prométeme que también cuidará de ella.
-No va a pasarte nada – dijo ella estremeciéndose solo de pensar que podría perderlo – pero te lo prometo, prometo cuidar de Henry y Alexis – y se acercó a besarlo.
-El lunes después de las fiestas iré a mi abogado, voy a legalizar toda esta situación y aunque no haga falta voy a adoptar a Henry, no quiero pasar otro susto como el de hoy antes de leer la carta – dijo con determinación.
-¿Te importaría si fuera contigo? – preguntó ella.
-Por supuesto que no, me encantará que me acompañes.
-Yo también quiero adoptar a Henry – le dijo mirándolo a los ojos – quiero ser su madre de verdad, su otra madre de verdad.
-Gracias amor – dijo besándola de nuevo.
-Gracias a ti, mi vida, por dejarme ser la madre de tu hijo – y gracias también a Rachel.
Y se fundieron en un profundo beso que terminó con los dos amándose, hasta el amanecer.
FIN
En un par de días pondré el que es de verdad el último capítulo, el epílogo. Gracias a todos los que os habéis pasado a leer esta historia y a los que os habéis detenido a dejar vuestra opinión.
