Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia es mía.

Este fic va dedicado a Natalia, a mis chicas del grupo de whatsapp swanqueen, que son mi familia y las adoro a todas, a mi petita, a mi sexy morena, a la voz de Diana, a mi manager adorada a la que quiero muchísimo y espero me haga famosa y rica algún día y a Amanda la tetis porque siempre me hace reír.

Especialmente va dedicado a estefhybautista, que hoy en especial me ha hecho una mujer feliz porque actualizó su fic que es mi favorito de todos, ella sabe que yo la admiro de corazón, que aprendí a conocerla hace poco y lo que vi de ella me parece fascinante, aparte es una de mis admiradoras más cariñosa, dulce, amable y buena. Y yo aprendí a quererla muchísimo así que espero que te guste el capítulo y que no se te borre nunca la sonrisa, ese es mi objetivo.

Leed a franhiulla, my dark queen y por supuesto a mi querida estefhybautista.

Sin más os dejo disfrutar del penúltimo capítulo de este fic. No sin antes agradecer a los que me leen y comentan. Besitos y abracitos cibernéticos.

CAPÍTULO 14 LA TEMIBLE SEVILLANA.

El Virrey de Mar de la Plata recorría con sigilo y prisa todos los rincones de su morada. En su rostro una enorme sonrisa, quizás la sonrisa más sincera que tuvo en toda su vida.

Concienzudamente revisaba cada rincón de su morada, en completo silencio, buscando con prisa y alegría por todos los recónditos escondites de su hogar, intentando ahogar su risa y con los ojos encendidos de ternura y cariño.

Finalmente entró en una oscura estancia y se ensanchó la sonrisa de su rostro al ver moverse las cortinas. Se fue acercando poco a poco y sin emitir ningún sonido hasta que finalmente corrió la tela con una velocidad de infarto, dejando libre a un pequeño terremoto rubio que, con los ojos completamente abiertos y una mueca entre el disgusto y la sonrisa en su rostro, gritó al verse descubierto y salió corriendo antes de que su abuelo pudiera atraparlo.

La sonrisa del Virrey parecía no querer abandonar su rostro, mientras observaba con ternura y cariño a ese pequeño de cinco añitos de edad, en el veía la viva imagen de su hija, sus mismos rasgos, sus ojos aguamarina, su cabello del color del oro y su espíritu intrépido y aventurero, era idéntico a Emma en todos los sentidos.

Para el pequeño no fue difícil dejar su hogar en Cartagena de Indias y marcharse con ese extraño de voz dulce y bondadosa, el muchacho no había conocido a la señora Gold pues tan solo tenía un año cuando esta falleció y el señor Gold, su padre, jamás le dio una sola muestra de cariño o aprecio, más bien fue lo contrario, solo recibió desprecios desde tierna edad por lo que, marcharse supuso para el jovencito el inicio de una aventura y de una vida mejor a la que tenía en ese hogar, que no era para él nada más que una jaula.

El Virrey le explicó con delicadeza y cuidado quién era en realidad, le contó que su madre, su madre verdadera, seguía viva y que lo quería con todo su corazón, le explicó que era su nieto y que iba a cuidarle hasta que su madre fuera a buscarlo.

Poco a poco el pequeño fue amando a su madre por los relatos que su abuelo le contaba y tachaba los días para que esta viniese a por él. Se moría de ganas de pisar el Libertad, de ver cómo viven los piratas y vivir sus aventuras, siendo su madre la mayor heroína de los cuentos del pequeño.

El Virrey emprendió una vez más la búsqueda de su inquieto nieto por la casa, sabiendo dónde lo encontraría puesto que el muchacho pasaba muchas horas del día en el mismo lugar, la azotea del caserío, con catalejo en mano escrutando el horizonte, esperando ver aparecer el navío que le devolvería a su madre, a su heroína. Pasó por delante de la habitación del pequeño, viendo por el rabillo del ojo como esta estaba repleta de barcos de madera, de dibujos de piratas y, sobre la cama, uno de los mil carteles de "Se busca" con la imagen de Emma que había por todos los puertos.

No era un secreto que el niño idolatraba y amaba a la joven capitana sin tan siquiera conocerla, le bastaba saber que era su mamá y que le quería. Para él que jamás había conocido el afecto o el amor hasta que su abuelo se lo llevó, la promesa de vivir junto a una mujer que lo amaba por encima de todo le llenaba su pequeña alma infantil de dicha y gozo.

También conocía la historia de Regina, la jovencita morena que amaba tanto a su mamá, su abuelo le había contado que iban a casarse así que, a falta de una madre, iba a tener dos mujeres que lo iban a querer y consentir en todo. Sin llegar a idolatrar tanto a la joven morena como a su madre, también la esperaba, ardiendo en deseos de conocerla y también la quería, como solo un niño puede querer, sinceramente y sin ningún prejuicio.

Encontró a su nieto en el lugar de siempre, mirando el mismo punto de siempre, esperando avistar un navío que aun tardaría semanas en llegar.

-"Vendrá por mí, ¿Verdad abuelo? Mamá vendrá a buscarme"

-Vendrá, pequeño, mas aún es pronto, aun no pasó un año.

-"¿Crees que me va a querer?"

-Ya te quiere, Henry. Te quiere con todo su corazón.

Ambos otearon el horizonte durante unos minutos cogidos de la mano, el Virrey sabía que su hija no faltaría a su cita con él y, cuando llegara, podría resarcir todo el mal que le causó y reuniría a madre e hijo curando para siempre las heridas de su Emma, sanando por completo su alma y su corazón.

Lejos estaban ambos de saber que, la joven capitana Swan, se encontraba lejos de poder cumplir su promesa.

Había pasado casi un año desde que Emma y Regina se habían comprometido, mas la vida en alta mar las mantuvo ocupadas y apenas habían pensado en celebrar una boda, entre saqueos a buques, cambios de rumbo para no ser descubiertos, viajes a los confines del mundo de ida y vuelta, buscando tesoros míticos y viviendo las mil y una aventuras.

Emma temía que Regina se cansara de esperarla, pues cada vez que la joven morena sacaba el tema, la capitana lo esquivaba con algún nuevo plan, nuevo rumbo dejando de lado las prisas de su morena por perpetuar su enlace. Regina pensaba que su capitana se había arrepentido y que realmente no quería casarse y no sabía cómo decirlo, mas la única razón de Emma de posponer el enlace era más simple y bastante absurda, la rubia no encontraba un anillo para su joven prometida que terminase de gustarle.

Cansada de buscar dicho anillo entre tesoros robados, finalmente la capitana se decidió a comprarlo ella misma, temiendo que su joven prometida se cansara de esperarla y le pusiera entre la espada y la pared.

Esa decisión fue la que empujó a Emma hacia Cartagena de Indias, donde esperaba no ser reconocida antes de tener dicha baratija en sus manos.

Tras una discusión interminable con Regina, que se negaba a permanecer en el barco mientras ella se aventuraba por la ciudad, no pudo encontrar ninguna excusa para que no la acompañara así que, enfurruñada y de mal humor, descendió a puerto junto a la morena, que no dejaba de maravillarse con cualquier cosa que miraba.

Caminaron en silencio por las calles de la ciudad, un silencio que a Regina se le hacía insoportable pues era el presagio de que Emma se había enfadado con ella y, en la mente de la morena, eso solo podía significar que quería irse sola para engañarla con otra persona, lo que la llenaba de dolor. Finalmente y sin poderlo aguantar más Regina rompió el silencio, agarrando a la capitana por el brazo y obligándola a detenerse.

-¿A dónde vamos?

Emma la miró, con el rostro serio y malhumorado, mas al ver la inseguridad en el rostro de su joven prometida se calmó, seguramente se había preocupado por algo sin sentido, así que, dulcificando el rostro la cogió de la mano y siguió avanzando con ella.

-"Tenía que ser una sorpresa Sevillana, mas te empeñaste en venir"

-Pero Emma, ¿Dónde vamos?

-"Vamos a comprar un anillo, mi prometida no puede ir por la vida sin un anillo digno ¿No crees?"

-¿Por eso pospones la boda todo el rato, porque no tengo anillo?

-"Quiero hacer las cosas bien, amor."

Con una sonrisa idiota en los labios, Regina se dejó guiar por la joven capitana en dirección al taller de un joyero famoso en la zona, imaginando tener un anillo de compromiso hermoso y sencillo.

Ensimismada en su cada vez más próxima boda, de pronto Emma aferró su mano con fuerza y una simple palabra, con voz cargada de miedo, bastó para que el mundo de Regina se viniera abajo en un momento.

-"Corre"

Empezaron a correr por las estrechas calles de la ciudad, como alma que huye del diablo, sin parar a respirar y escuchando detrás de ellas el sonido de la guardia real, que había reconocido a Emma y no pensaban dejarla escapar. Corrieron y corrieron hasta que el sonido de los gritos de los guardias quedó atrás y, satisfechas por haberlos despistado, pararon a tomar aliento. Iban a empezar a reír cuando una fila de mosquetes las arrinconó contra la pared. Frente a ellas unos diez soldados apuntándolas y sin escapatoria.

Detrás de los soldados se escuchó una voz, al parecer de un superior y, por la cara de odio que puso Emma, Regina intuyó que no era la primera vez que se cruzaba con ese hombre.

-Vaya, vaya si es Emma Swan, por fin te atrapo y esta vez no te vas a escapar.

-"Coronel Hood, diría que un placer pero yo no miento"

Con una sonrisa cargada de ironía y el brillo de la victoria en sus ojos, el coronel mandó a la guardia encadenarlas y llevarlas a la prisión real, donde aguardarían su sentencia. Emma sintió como un escalofrío de horror recorría su espalda, le esperaba la horca y no sabía cómo escapar de esa situación.

Por el contrario Regina estaba segura, convencida de que su capitana había salido de esas situaciones antes y seguramente tendría un plan para liberarlas, solo tenía que esperar así que se dejó llevar a prisión sin miedo y con los ojos brillantes ante la esperanza de una nueva aventura.

Encerraron a Regina en una celda mientras que a Emma la llevaron al despacho del coronel, encadenada como estaba, para someterla y que dijese dónde estaba el Libertad, puesto que era uno de los barcos más codiciados por la marina Española dada su velocidad.

La rubia solo podía pensar en qué hacer para liberar a su amada de ese entuerto, si ella caía no tenían porqué caer las dos. Tras un largo interrogatorio en el que no dijo nada y solo recibió golpes finalmente la joven habló, por fin tenía una idea para salvar a su Regina.

-"No te diré dónde está mi barco, mas que te parece si te digo que la última de los Mills sigue viva"

-Diría que mientes, nunca llegó a su destino, murió en el mar.

-"Sabes que no miento, nunca miento, es más te diré que justo me has interrumpido cuando iba a entregarla a cambio de mucho oro."

-Esa muchacha harapienta que te acompaña no puede ser la última Mills, mientes.

-"Lo es, y si hablas con ella lo verás. Sus modales son exquisitos, no es pirata, viste como pirata porqué sus pertenencias me las he quedado"

-Es uno de tus trucos, porqué voy a creerte.

-"Porque si la matas tú serás el causante de que una de las mujeres con la mayor fortuna del imperio muera y si la salvas serás el héroe que devolvió la libertad de esa inocente muchacha"

Esas palabras hicieron titubear a Hood que, solo para comprobar que su prisionera estaba mintiendo, se dirigió a la celda donde había encerrado a Regina, mandando encerrar a la rubia pues, si mentía, se las iba a ver con él y no sería nada agradable.

Encerrada en aquel lúgubre calabozo, Regina esperaba pacientemente a que Emma fuese a por ella, estaba segura de que su rubia encontraría el modo de escapar, mas no fue su capitana sino el coronel que las había apresado quién se presentó ante las rejas.

-Dime tu nombre muchacha, veremos si eres en verdad quien dice esa sabandija.

Los ojos de Regina se iluminaron y en su mente una idea fija, lo increíblemente inteligente que era su capitana. Puso una cara de niña tierna y dulce y dejó que unas cuantas lágrimas falsas se escaparan por sus mejillas antes de contestar, sacando sus modales cortesanos a la luz una vez más.

-"Por favor señor, tiene que liberarme, llevo presa demasiado tiempo"

-Dime tu nombre.

-"Regina, me llamo Regina Mills, esa mujer me ha tenido presa todo este tiempo, por favor señor, solo quiero irme a mi casa."

Ante los exquisitos modales de la muchacha que distaban mucho a los de un pirata, el llanto y la súplica por su libertad, Hood no tenía ninguna duda que se encontraba ante la última de los Mills, ya saboreaba en sus labios la victoria de haber sido él quien la liberase y la gran fortuna con la que sería recompensado, abrió la puerta del calabozo y le quitó los grilletes, liberándola.

-Siento mucho el mal entendido señorita Mills, no se preocupe, esa zorra pirata recibirá su merecido por lo que os ha hecho.

Regina se acercó a él, parecía que iba a abrazarlo y Hood ya se sentía en las nubes al pensar que una chica tan bonita como esa morena iba a tocarlo cuando de pronto, con gran precisión su sable desapareció de su funda y se vio contra le pared con la hoja de la espada en su cuello y los ojos de Regina clavados en él, cargador de ira y desprecio.

-"No es una zorra pirata, es mi prometida"

Dicho eso atravesó a ese hombre que se había atrevido a insultar a su Emma, dejándolo en el suelo muriendo y corrió a buscar a su capitana con una sonrisa en los labios. Sin duda el plan de su rubia había sido brillante, decirles quién era ella para liberarla y que pudiera ir en su busca.

Luchando y librándose de cualquier soldado que se interpusiera en su camino, finalmente Regina llegó hasta Emma que, tras las rejas, la miraba completamente asombrada.

La capitana no podía salir de su estupor en ese momento, se suponía que Regina tenía que estar lejos de ahí, no empapada en sangre con un sable robado frente a su celda. La morena cogió las llaves y la liberó, quitándole los grilletes y con una alegría inmensa se dirigió a ella descolocándola por completo.

-Emma, eres brillante, decirles quién soy para que me liberasen y poder sacarte de aquí, ni a mí se me habría ocurrido algo mejor.

-"Les dije quién eras para que te liberasen y te salvases, no para que vinieras a por mí."

-Ya, y crees que yo te habría dejado sola aquí para que te maten, eres idiota.

Emma se lanzó a los labios de Regina, no podía creer que esa joven a la que un día convirtió en su prisionera hubiese hecho algo así, arriesgar su vida para salvarla.

-Siento romper este momento Emma pero, o nos vamos o nos encierran otra vez.

Con una carcajada, la rubia tuvo que darle la razón a su prometida pues ya se oían los pasos de la guardia tras ellas. Corrieron por los pasillos laberínticos sin encontrar la salida, luchando contra todo aquel que se ponía por delante de ellas, espalda contra espalda y hombro con hombro, demostrando que juntas hacían un equipo formidable. Finalmente se encontraron en las almenas del edificio nuevamente rodeadas, ante ellas una veintena de soldados buscando su muerto y tras ellas una caída de quince metros hacia el mar.

Ambas se miraron a los ojos, recordando ese salto osado hacia su liberación, en aquella isla donde Emma le prometió a Regina el mundo entero. Con una sonrisa en los labios tiraron los sables al suelo, como signo de rendición, se cogieron de las manos y, antes de que los guardias pudieran reaccionar, saltaron al vacío, saltaron a la libertad, saltaron al mar con un grito de alegría por haber eludido una muerte segura, por estar juntas y porque cada día su amor se hacía más grande.

El mar las acogió con suavidad, como un padre que recoge a sus hijos y al emerger, se sintieron más vivas que nunca, más fuertes que nunca.

Emma miró a su morena, a su sevillana y solo pudo ver en ella a la gran pirata en la que se había convertido, intrépida, valiente y completamente alocada. Su corazón se hinchó de orgullo, le debía la vida a la temible sevillana.

-Y ahora ¿Qué hacemos? No me digas que buscar un anillo.

-"No amor, ahora volveremos al Libertad y pondremos rumbo a Mar de la Plata, tengo una promesa que cumplir.