Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a Natalia, a mis chicas del grupo de whatsapp swanqueen, a mi petita, a mi morena, a la sexy voz de Diana, a amanda y sus ascensores, a mi manager adorada porque la quiero mucho.
Este último capítulo, como vengo haciendo últimamente, se lo quiero dedicar con todo el amor del mundo a estefhybautista, porque me he dado cuenta de que cuando no está la echo mucho de menos, le he cogido un cariño inmenso y, a pesar de la distancia, se ha convertido en alguien importante para mí porque ansío su sonrisa por encima de todo y que ella esté bien y feliz, así que para ti es este capítulo con todo mi cariño.
Leed a franchiulla, my dark queen y por supuesto a estefhybautista.
Sin más os dejo disfrutar del desenlace de esta tierna historia, no sin antes agradecer de corazón a todos los que la han leído y la han disfrutado. Besos y nos leemos muy pronto.
CAPÍTULO 15: Y VIVIERON FELICES.
Ya había pasado un año desde que Emma partió de Mar de la Plata con rumbo incierto y, tras múltiples aventuras por todo el mundo, la joven capitana se dirigía al lugar que la vio nacer pues tenía una promesa que cumplir.
Su corazón empequeñecía a medida que se iba acercando al puerto donde hacia exactamente un año, había descendido para ver a su madre morir. En esa ocasión también llevaba por dentro el miedo a ser reconocida pues, desde su última aventura en Cartagena de Indias, su cara no era la única que cubría las calles con carteles de búsqueda, sino también la cara de su amada, convertida en forajida y sin una pizca de honor en su nombre.
Desde ese terrible día en el que Emma lo había dado todo por perdido, tras la increíble actuación de la ahora llamada en todo el mundo "la temible sevillana" ambas se habían unido aún más si cabía. Regina por fin se había ganado el respeto y la admiración de la tripulación, que la miraban con otros ojos desde que supieron cómo había expuesto su vida y renunciado a todo para salvar a su capitana. No se opusieron cuando Emma decidió nombrarla su segunda de a bordo y, en caso de ella fallecer, Regina heredaría la capitanía del Libertad.
Su amada, como siempre se encontraba a su lado sosteniendo su mano. Una promesa era una promesa y no se podía romper, además estaba convencida que pasar ese triste día junto a su padre haría bien a Emma, mejor que pasarlo llorando en alta mar con el ron como compañía.
Lo que ninguna esperaba era la agradable sorpresa que tenía preparada el Virrey para cuando llegaran.
En casa del Virrey, un inquieto jovencito no podía estarse quieto. Llevaba esperando ese día durante meses y por fin había llegado, por fin vería a su madre, a su heroína, por fin conocería a Regina, la mujer que había salvado la vida de su madre ganándose un lugar privilegiado en el corazón del infante.
La noticia de la última aventura de la capitana Swan había llegado a todos los rincones del nuevo mundo, por lo tanto no era un secreto ni para el Virrey ni para el joven Henry que Emma vivía gracias a la formidable actuación de la morena, agradeciendo ambos en su interior que Dios hubiese unido a ambas mujeres puesto que el destino las quería juntas mucho tiempo.
El jovencito no podía dejar de mirar hacia el horizonte, esperando ver llegar a su madre, sin intuir que la joven capitana había tomado un rumbo distinto y hacía ya unas horas que por tierra se dirigía a la casa que la vio nacer.
No quería levantar sospechas sobre su nave en el puerto, ni dejarse ver entre la multitud pues se había vuelto recelosa desde su último error. Junto a ella con paso decidido y todos los sentidos en alerta ante un posible ataque, se encontraba su morena, siempre con una sonrisa en el rostro, incitándola a seguir a pesar de la dura situación que iban a enfrentar.
Cuando llegaron al caserío ambas saltaron por la parte de atrás, esperando no ser vistas por nadie pues no se fiaban ni de su sombra.
Una vez en el interior de la vivienda, con paso seguro la rubia se dirigió a los aposentos de su padre seguida por su amada de cerca cuando de pronto se cruzó con unos enormes ojos aguamarina mirándola desde el fondo del corredor. Se quedó quieta de pronto, lo que provocó que Regina se tropezase con ella y soltara un grito de sorpresa. Al ver que su rubia miraba hacia el fondo del pasillo como si hubiese visto un fantasma, la morena también miró en la misma dirección, encontrándose con un muchacho que aparentaba tener no más de cinco años, un muchacho cuyo rostro le era demasiado familiar, era la viva imagen de Emma en miniatura.
Congeladas como estatuas sin saber cómo reaccionar mirando en dirección a ese niño que no despegaba sus ojos de ellas, tan estático como las dos jóvenes al otro lado del pasillo.
Finalmente el muchachito se fue acercando a Emma, tímidamente mirándola con una mezcla de miedo y admiración infinita. Cuando llegó a su lado sonrió y sus ojitos se iluminaron de pura felicidad.
-Mamá, viniste, viniste a buscarme.
Emma no pudo aguantar y estalló en llanto, había soñado durante cinco años con ver a su hijo y estaba ahí delante sude ella y no solo eso, sino que la conocía, sabía que era su madre. Cayó de rodillas ante él y lo atrajo en un tierno abrazo inundándose de su aroma infantil, besando su carita, llorando y riendo de alegría ante su pequeñin al que tanto quería y creía no volver a ver en toda su vida.
Regina miraba esa tierna escena con el corazón hinchado de amor, su hermosa capitana estaba completa, su corazón estaba completo con su hijo a su lado. Solo por ver la reacción de Emma, su felicidad extrema ante ese encuentro, supo que amaría a ese pequeño con todo su ser, era parte de su amada y sin conocerlo ya lo quería. Ante dicha certeza que ya albergaba su corazón, Regina sonrió. Pronto notó como una pequeña mano se aferraba a la suya, mirando hacia abajo se encontró con los ojitos azules del pequeño que la miraba sonriendo.
-También te esperaba a ti, Regina. Gracias por salvar a mi mamá. El abuelo me dijo que os vais a casar, ¿Serás mi mamá tú también entonces?
-"Claro chiquitín, seré tu mamá también, si tú quieres piratilla."
La risa del niño mientras se abrazaba a la joven morena, provocando una oleada de amor y ternura en la joven capitana al ver a las dos personas que más amaba en su vida juntas, atrajo al Virrey que, al ver a su hija y su nieto reunidos, solo pudo sonreír.
El día pasó tranquilamente, con ambas mujeres contestando el interminable cuestionario de su pequeño pirata sobre la vida en el mar. Finalmente se quedó dormido junto a Regina que, agotada, dormía también dejando a Emma un rato a solas con su padre. Tenía demasiadas preguntas que hacerle. Se enteró de que el Virrey había cedido su cargo y su puesto a cambio de recuperar a su hijo, que lo había cuidado todos esos meses enseñándole a amar a sus mamás pirata como el las llamaba. Ganándose un lugar eternamente en corazón de su hija, completamente agradecida por ese gesto.
Al dejar el virreinato debía dejar también la casa y Emma le suplicó que se fuera con ella, llenando de gozo el corazón del antiguo Virrey.
Parieron en cuanto Regina y el pequeño Henry se despertaron, pues no tenían nada más que hacer en esa casa llena de malos recuerdos, esa casa que albergaba un pasado que se cerraba definitivamente ese día. Parieron sin rumbo, sin destino, el mar era su hogar y no tenía límites.
ALGUNOS MESES MÁS TARDE
-"Parezco idiota, padre. No quiero llevar este estúpido vestido"
-Vas a casarte, Emma, tienes que llevar vestido.
-"No quiero, se van a reír de mí, parezco una chica"
-Eres una chica.
-"Me niego a salir así"
-Está bien, buscaré algo adecuado para ti, no vaya a ser que plantes a esa maravillosa mujer que tiene la paciencia necesaria para querer pasar la vida contigo.
Hernán busco entre sus pocas pertenencias un atuendo de gala para dicho acontecimiento más acorde con la personalidad de su hija. Finalmente encontró un antiguo uniforme militar, de la marina, y se lo entregó a su pequeña que, con un gesto más alegre en su rostro, se quitó el vestido que llevaba y se vistió con las nuevas prendas que su padre le había dado.
-Un traje digno del mejor de los capitanes.
-"Esto está mejor, gracias padre."
Un pequeño terremoto rubio entró en el camarote sin llamar, jadeante con signos de haber llegado hasta ahí corriendo.
-"Henry, piratilla qué ocurre"
-Dice mami Regina que, o te das prisa, o te casarás con la botella de ron.
Con una sonrisa en el rostro, y mil nervios corriéndole por el vientre, Emma se dejó guiar por su padre hasta el improvisado altar que habían puesto en cubierta y, desde ahí, espero ver aparecer a su morena, su sevillana, el amor de su vida, Regina.
Cuando la vio su corazón parecía que se iba a escapar de su pecho, estaba completamente hermosa, un sencillo vestido blanco que se ajustaba a sus curvas y acentuaba el moreno de su piel, el color azabache de sus cabellos y su oscura mirada, cargada de amor hacia ella.
Cuando llegó a su lado pudo percibir su suave aroma que tanto le gustaba, aroma a sal, a mar y a libertad.
Su padre dijo unas palabras sobre el amor y las leyes del matrimonio pero ella no escuchaba, estaba embelesada en la belleza de esa mujer que después de ese día iba a ser suya para siempre.
Finalmente llegó el momento de los votos, empezando Regina dado que Emma se había quedado muda y con un nudo en la garganta.
-Emma, tú me liberaste, en todos los sentidos de la palabra, me enseñaste a vivir la vida, a luchar por mis sueños, por alcanzar mis metas, me enseñaste a amar y a ser feliz, y es por eso que estoy ahora aquí, con el mar como testigo para jurarte amor eterno y decirte que, ante cualquier adversidad, soy tuya desde ahora y hasta el día de mi muerte.
Con Regina deslizando la alianza, cortesía de su padre en su dedo, por fin Emma cogió el valor que necesitaba para hablar, mirando directamente a los ojos oscuros que la habían atrapado y enamorada desde la primera vez que los vio, en un buque español, hacía ya una vida entera.
-"Regina, tú has sido la brisa de aire fresca y pura que me enseñó como volver a respirar, tú me diste una nueva vida, sin dolor, sin rencor y sin un pasado que me atormentase, desde que te vi por primera vez supe que te amaría hasta el fin de mis días, gracias por cuidarme, por amarme y enseñarme que la vida es mucho más que venganza y dolores del pasado. Por todo esto y mucho más hoy, ante el mar como testigo, soy tuya desde ahora y hasta el día de mi muerte."
Ante esas emotivas palabras, la capitana depositó la alianza en el dedo de su amada, convertida en su esposa ante la ley del mar y con su mano recogió una tierna lágrima del rostro de su morena antes de atrapar sus labios con un beso, sellando así su enlace, el principio de su vida juntas como una sola, el principio de la más grande de sus aventuras.
FIN
"Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios mi libertad, mi ley la fuerza del viento, mi única patria la mar"
La Canción del Pirata, Espronceda.
