Aquí termina la historia de Henry Rodgers. Quiero dar las gracias a todos los que la habéis seguido y especialmente a guiguita, que ha sido lectora fiel de todos y cada uno de los capítulos, sin olvidarse nunca de dejar un mensaje.
Epílogo
Aquellas navidades fueron inolvidables para todos, para Kate y Jim, porque hacía mucho tiempo que no disfrutaban de una celebración así y esta fue la primera de muchas otras navidades felices.
Para Castle, porque por fin tenía la familia que siempre había soñado y para Henry, porque realmente estas fueron sus primeras navidades de verdad.
Aquella mañana de Navidad, fue quien primero se despertó y bajó al salón. Cuando vio todos los regalos empezó a gritar por toda la casa: "¡Ha venido Santa y ha traído muchas cosas!", lo que obligó a todos los adultos a levantarse, pues nadie quería perderse la cara del niño al ver sus regalos.
La flamante bicicleta roja lo entusiasmó, así como los libros de cuento y las dos enormes cajas de Clics de Playmobil, una con un castillo, lleno de caballeros, guerreros, catapultas, y hasta un dragón y un fantasma. La otra era una pirámide egipcia, con sus faraones, Cleopatra y otros accesorios.
El abuelo Jim llegó a tiempo, para oír los gritos de entusiasmo de Henry y después de abrir todos los regalos, que a todos les gustaron mucho, desayunaron en familia y aprovecharon que la mañana estaba soleada aunque fresca, para que Henry, equipado con su casco, rodilleras y coderas, saliera a estrenar su bici nueva, que ya era de mayor, porque no tenía ruedines.
Dos días después de Navidad Rick y Kate fueron al abogado, para adoptar a Henry, pudieron solucionarlo todo ese día, después visitaron a Rachel en el cementerio, en cierto modo se sentían en deuda con ella y volvieron a darle las gracias por confiar en ellos y dejarles a su hijo. El veintinueve de diciembre Henry celebró su sexto cumpleaños, siendo legalmente un Rodgers.
Kate y Rick siguieron juntos, aunque durante bastante tiempo conservaron el apartamento de Kate, para sus retiros en soledad o mutua compañía. Al final, en vez de dejar el alquiler, fue Alexis quien se mudó allí una vez que terminó sus estudios universitarios.
Cuando Henry tenía ocho años, Kate que se sentía totalmente realizada como la madre del niño, y segura y a gusto en su relación de pareja, decidió que le gustaría tener un bebé. Había ejercido de madre de un niño, bastante bien por cierto, pero como ella decía, le apetecía la experiencia de pañales y biberones, aunque Castle, que estaba encantado con ser padre de nuevo, le decía que era la etapa más dulce y apestosa en la vida de un niño.
Tal como pensaron en tener un hijo, decidieron casarse y lo hicieron en una ceremonia sencilla y familiar en una tarde de primavera en la casa de Los Hamptons. A partir de su noche de bodas, Kate dejó de tomar anticonceptivos, pensando que se quedaría embarazada enseguida, pero no fue así, tardó casi un año, y ocurrió, cuando ya casi había perdido las esperanzas de ser madre de nuevo y se empezaba a acostumbrar a quedarse solo con Henry.
Así que después de mucho desearlo se quedó embarazada, dando a luz para sorpresa de todos, menos de Jim, que comentó que la madre y tía de su esposa eran gemelas, a unos mellizos, un niño y una niña, que llevaron por nombre James Alexander el varón, que terminó siendo Jamie y Anna Elizabeth, la niña. Henry tenía casi diez años y recibió a sus hermanitos con gran alegría.
Al llevar los bebés a casa, Castle se dio cuenta lo complicado que iba a ser, para atenderlos pues el dormitorio principal estaba bastante alejado del resto. Lo habló con Kate que se mostró de acuerdo y empezaron a buscar casa, en principio pensaron en alguna urbanización de las afueras, pero luego ganó la ciudad.
Los dos eran neoyorkinos y se habían criado allí, lo mismo que Alexis y Henry por lo que no encontraron motivo para dejar Manhattan. Cuando vieron aquel enorme apartamento de una sola planta, mayor que muchas de las casa familiares que habían visto supieron que era el indicado. Cercano a un parque, era bastante costoso, pero con la venta del loft y los millones de Castle no tuvieron problema.
Se mudaron cuando los mellizos tenían seis meses, aunque un poco más lejos seguía estando lo suficientemente cerca del colegio de Henry y de las casas de sus amigos.
Henry quería a su padre, pero a su mami Kate, sencillamente la adoraba. Siempre supo que tenía una mamá en el cielo, y conservaba sus fotos, pero era Kate la que lo quería, cuidaba y mimaba. Afortunadamente para sus padres pasó de ser un niño adorable a un adolescente bastante tranquilo, muy maduro para su edad y bastante casero, era como si parte de aquella inseguridad que mostraba cuando niño, siguiera con él. No es que fuera un niño aburrido, tenía muchos amigos y alguna que otra enamorada, solo que tenía unos intereses diferentes a otros chicos de su edad.
Quería mucho a sus hermanos pequeños y los cuidaba cuando era preciso, incluso jugaba con ellos, aunque él ya no tuviese edad de hacerlo, tenía mucha imaginación y les inventaba a sus hermanos unos juegos que a los pequeños les encantaban, aunque pronto se dio cuenta Castle, para regocijo de Kate, que Annie no era la pequeña princesita que él quería. Conviviendo con dos hermanos varones, a Annie no le gustaban las muñecas, y odiaba el color rosa, prefiriendo jugar a piratas y guerreros. Cuando jugaba con sus hermanos, y querían endosarle el rol de princesa cautiva a quien había que rescatar, se ponía como una energúmena, porque ella también quería ir a rescatar en vez de ser rescatada, así que terminaron usando una Barbie para esos menesteres.
Jamie y Annie se criaban alegres y felices, eran dos copias en miniatura de sus padres. Jamie, era un Castle en pequeño, cabellos castaños, ojos azules y sonrisa pícara y seductora, que tenía a su madre loca, pues cuando quería conseguir algo, le sonreía igual que el padre, y a ella se le derretía el corazón.
Algo parecido pasaba con Annie y su padre, la niña era clavada a su madre, cabello castaño y ondulado y ojos castaños con reflejos verdes. Había heredado el mismo carácter de su madre y su abuela Johanna, a terca no le ganaba nadie. Cuando se empeñaba en algo y ponía los brazos en jarras, igual que Kate, a Castle se le caía la baba, y cuando sus dos chicas, unían fuerzas y las dos se ponían las manos en la cintura, Castle no sabía a quién comerse antes a besos, si a su hija o a su mujer. Otro tanto le pasaba al abuelo Jim, la nieta le tenía comida la moral, por lo que se parecía a su Katie cuando era chica.
Tanto se parecían los mellizos a sus padres, que el tío Kevin no se pudo resistir y le pidió a Jenny, que se daba bastante buena maña con las labores de punto, que les hiciera a los niños dos chalecos sin mangas de color azul marino, con las palabras, POLICÍA y ESCRITOR en letras blancas, regalándoselos el día de su cuarto cumpleaños, y causando la hilaridad de todos, porque parecían un mini Castle y una mini Becket.
La vida transcurría y los niños crecieron. Henry acabó la escuela secundaria y entró a la universidad. Siguió los pasos de su hermana mayor y se matriculó en Columbia, pues era el campus más cercano a su hogar. Kate y Castle pensaban que nunca terminaría de independizarse, hacía su vida sin problemas, pero seguía demasiado apegado a la familia.
A nadie sorprendió que Henry decidiese estudiar arqueología. Una vez terminada la carrera, consiguió plaza de adjunto de cátedra, en la misma universidad que estudió. El día que dijo que se iba a Sudamérica a una excavación arqueológica, fue el primer atisbo de independencia que tuvo, sorprendiendo gratamente a sus padres. Claro que mientras que no estaba en una excavación en algún lugar perdido del mundo seguía viviendo en el domicilio familiar donde había crecido, aunque ahora cada vez que tenía unos días libres los dedicaba a viajar, habiendo estado ya en varios países. En una excavación, conoció a Carrie, igual de apasionada por la arqueología que él, y lo que empezó siendo una amistad como compañeros terminó convirtiéndose en una relación.
Alexis estudió Administración de Empresas y estando de becaria, tuvo una relación esporádica con un compañero de la empresa donde estaba. Se quedó embarazada, dando a luz a una niña igual de pelirroja que ella, a quien llamó Martha como su abuela y como ésta, y luego su padre, fue madre soltera hasta que conoció a Peter que trabajaba como profesor en el colegio al que iba su pequeña, con el que estuvo viviendo una temporada hasta que al quedarse embarazada de nuevo, decidieron casarse.
A Castle y Kate les gustaba Carrie, lo mismo que les gustaba Peter el marido de Alexis. Sus mellizos estaban ya, en la escuela secundaria y aunque no habían dado grandes problemas, no fueron unos adolescentes tan "perfectos" como Alexis y Henry, ante las quejas de Castle que decía que no estaba para esos trotes, ahora que ya era abuelo.
La familia se reuniría al completo para celebrar acción de gracias. Los abuelos Jim y Martha seguían con ellos, muy mayores y ya con bastantes achaques, sobre todo la abuela, que casi había perdido la vista. Alexis estaba en la cocina ayudando a Kate a preparar el pavo, mientras Peter, Castle, los mellizos que ya tenían quince años y las hijas de Alexis veían el partido de fútbol americano.
Solo quedaba Henry que llegaba esa tarde junto con Carrie de pasar unos días en Petra. No quiso que lo fueran a buscar al aeropuerto, dijo que cogería un taxi pues prefería llegar a casa y encontrarlos a todos allí.
Llamaron a la puerta, Castle se levantó a abrir, pero antes de hacerlo, preguntó: "¿Quién eres?", y no pudo evitar una sonrisa nostálgica cuando desde el otro lado de la puerta se oyó una bonita voz varonil que respondía, imitando la escena que le habían contado más de una vez: "Soy Henry, Henry Rodgers"
FIN
