Cap.2: Negro carbón, verde esmeralda, rojo pastel.

Seguía sentada en aquella silla frente al escritorio de Bertram, parecía como si llevase horas. Aún tenía las manos manchadas de sangre, y algunas gotas que habían salpicado en su blusa. Se estrujaba los dedos nerviosamente sin dejar de mirar a la puerta. Como no entrase alguien en aquel instante, no tenía dudas de que se largaría. Pareció como si alguien le hubiese oído, porque en aquel momento se abrió la puerta.

-Lisbon, gracias por esperar.- Tras Bertram, entraron otros tres hombres.- Estos son los agentes Montien, López y Wilson. Trabajaban con Tyler.

Lisbon hizo un amago de estrecharles la mano, pero tras mirárselas, decidió saludarles con un simple movimiento de manos.

-Siéntense, agentes, por favor.- Los tres agentes se repartieron el los sillones de la oficina, mientras que Lisbon se puso de lado para ver al director y a los hombres.- El forense dice que murió sobre las siete. La agente Lisbon encontró el cuerpo de Tyler hace unos veinte minutos.

-¿Qué hacía en su oficina?- Preguntó uno de ellos.

-Tyler era un viejo amigo, fuimos compañeros, aunque de eso ya hace mucho.- Les explico.- Esta mañana me dijo de salir a dar una vuelta, así que fui a su oficina a ver si aún tenía ganas y…- La mujer cerró los ojos y negó lentamente.

-Además de todo esto, la agente Lisbon investiga el caso de John el Rojo.- Les informó el director echándose hacia atrás en su silla.

-Podría ser un imitador.- Apuntó el agente Wilson esperanzado de que el propio John el Rojo no hubiese entrado en las oficinas.- Es una posibilidad.

-No.- Negó en rotundo Lisbon.- Ha sido él, lo sé.

-¿Cómo puede estar tan segura?- Preguntó uno de los agentes.

Lisbon se quedó pensativa. La verdad es que no tenía muy claro como sabía que había sido el propio John el Rojo, pero estaba segura de que había sido él. Por primera vez, había experimentado lo que Jane en las escenas de crímenes de John el Rojo. Lo había notado al entrar por esa puerta, al ver aquella espeluznante sonrisa. Era como un sexto sentido que solo compartían ella y Jane.

-¿Agente?

-Lo sé, agente Wilson, y eso me basta.- Le respondió volviendo de sus pensamientos.

-¿No cree que John el Rojo tendría más cuidado? ¿No cree que John el Rojo no se arriesgaría tanto?- Los agentes parecían bastante escépticos ante Lisbon.

-Todo lo contrario.- Al ver las caras de confusión de los cuatro hombres prosiguió.- ¿No es obvio? Se está riendo de nosotros. Ha matado a un compañero delante de nuestras narices, y nadie se ha percatado, maldición.

La mujer se levantó comenzó a pasearse por la habitación mirando el techo. Había superado la fase de irrealidad, en la que su mente no procesaba que su amigo había muerto, ahora estaba en la fase de aceptación. Tenía ganas de gritar, de romper algo, o simplemente patalear contra la pared como cuan niña pequeña. Soltó un gruñido apretando los puños.

-Agente Lisbon, cálmese.- Le pidió Bertram viendo lo que venía a continuación.

-Delante de nuestras propias narices. Nos toma por idiotas.- Gruñó.- Yo lo podría haber evitado, si no le hubiera dicho que no quería salir nos hubiéramos encontrado a las cinco.

-Agente Lisbon, usted no es responsable de la muerte del agente Dylan.- Exclamó Bertram tratando de quitarle esa idea de la cabeza.

-No, pero lo podría haber evitado.- Al ver que Bertram iba a replicarle, se le adelantó.- Sino le importa jefe, me gustaría ir a lavarme y demás.-El hombre tras el escritorio suspiró.

-Claro, no tendría ni que haber venido aquí. Descanse agente, su equipo podrá prescindir de usted esta semana.- Lisbon asintió.

-¿Significa eso que puedo no ir a la fiesta?- La pregunta no quedó demasiado convincente.

-Oh, creo que lo mejor que le puede venir ahora es música y relacionarse con gente.- Le sonrió.- Retírese agente.

...

Aparcó el coche cerca de la entrada y bajó de él buscando alguna cara conocida. En la entrada, había bastante gente, todos bien vestidos con trajes y con peinados elegantes. Algunos solo charlaban entre ellos o se saludaban, mientras que otros ya entraban con sus parejas o compañeros. Volvió a echar un vistazo alrededor en busca de la cabellera azabache, pero solo consiguió encontrar una pelirroja. La mujer llevaba un vestido rojo de tiros, que le llegaba a las rodillas, con un escote marcado.

-Grace. Estás guapísima.- La mujer se dio la vuelta y sonrió al rubio agradeciendo su cumplido.- ¿No has visto a Cho o a Rigsby?

-No, aunque supongo que ya estarán dentro.- Se encogió la pelirroja mirando alrededor.- Estaba mirando a ver si veía a Lisbon, no he visto su coche, así que debe de estar al llegar.

-Ya, yo también pensé eso. ¿Por qué no vamos entrando y la esperamos allí?

La chica sonrió y asintió acompañando a Jane hasta la entrada en silencio, ambos estaban pensando lo mismo aunque ninguno de los dos lo dijera, y solo cuando se encontraron en el interior, con la atenuante música, Van Pelt decidió hacer la pregunta.

-¿Jane, crees que vendrá?

-Desde luego que vendrá. No le queda más remedio, y en el fondo creo que querrá venir.- Le sonrió Jane.

-¿Tú crees? Lisbon odia estas cosas. Nunca viene si eso es una optativa. Aunque espero que estés en lo cierto.- Asintió mientras se acercaban a sus dos compañeros.- Hola chicos.

-Grace, Jane.- Saludó Rigsby.- Cho y yo estábamos hablando de la jefa.

-Jane y yo también.- Le dijo Van Pelt.

-Hace más de una semana que no la vemos. ¿Cómo actuamos cuando venga?- Rigsby como siempre se enredaba con cualquier pequeña situación.- Yo la llamé dos veces, pero no me cogió el teléfono.

-Ya, yo también.- Asintió Cho.

-Y yo.- Admitió Grace.- Me da tanta pena lo de ese agente. Hace poco fuimos a comer en un caso juntas, estaba tan emocionada de que Tyler fuese a venir. Y a los tres días de llegar lo asesinan. ¿Qué opinas tú, Jane?

Jane no les escuchaba a pesar de estar a su lado, mantenía su vaso en el aire mientras miraba hacia algún punto de la sala. En realidad, había dejado de escuchar cuando hablaron de las llamadas, pues había entrado una cabellera azabache en aquel instante, y era la que estaba buscando. Lisbon había llegado y hablaba con unos hombres emperchados con una pequeña sonrisa.

Lucía un bonito vestido verde pastel. Medio palabra de honor, pues tan solo tenía una manga de una tela casi transparente. Por lo demás, el vestido era más o menos normal. Un pequeño escote, y su espalda quedaba casi al competo al descubierto. Su vestido casi rozaba el suelo, escondiendo unos zapatos de tacón blanco perla. Su rostro estaba adornado por su pelo, rizos sueltos cayendo por sus hombros en formas ondulantes de carbón, sus ojos verdes esmeralda y unos labios pintados de rojo pastel.

-Está preciosa.- Sonrió Van Pelt al darse cuenta de lo que Jane observaba.- En la entrada.- Les dijo a los otros dos que no habían entendido a que venía eso.

-Vaya.- Murmuró Cho al fijar su vista en su jefa.

-Sí, preciosa.- Sonrió Jane dejando su copa a un lado.- Preciosa.

-Preciosa se quedaría corto.- Admitió Rigsby abobado.- Nunca me había fijado en lo buena que está nuestra jefa.

Todos salieron de su abobamiento.

-Wayne.- Le avisó Van Pelt.

-¿Lo he dicho en voz alta?- Preguntó dando un trago de su copa y abriendo los ojos como platos.

Tras sonreír, Jane dejó atrás a sus compañeros y cruzó el salón hasta quedar detrás de ella.

-Estás increíble.- La mujer se dio la vuelta para encontrarse con un Jane radiante.- Para no tener ganas de venir, estás preciosa.- Lisbon no pudo evitar sonrojarse y agachar la cabeza.

-Siento lo de las llamadas.- Se disculpó.- No tenía ganas de hablar con nadie y… Preferí estar sola.

-Lo haces muy a menudo... lo de encerrarte en ti misma.- Se encogió Jane. -Es tu mecanismo de autodefensa. Pero lo entiendo, querías estar sola y me parece bien. ¿Cómo estás?

-Bien.- Dijo. Jane alzó una ceja.- En serio. Ayer fue el funeral. Dios mío, había tanta gente. Minelli, mis antiguos compañeros de cuando trabajaba con Bosco… su familia.- Murmuró esto último.- Su mujer Tenny estaba destrozada. ¿Quién pensaría que lo asesinarían? Tenía una hija ¿sabes? Se llama Anabel.

-No tenemos que hablar de esto.- Le comentó Jane.

-Lo sé, es que… Te hace replantearte las cosas… te hace pensar.

-¿Quieres bailar?- En otra ocasión, la agente se hubiera dejado arrastrar por el rubio sin apenas quejarse, pero ese momento no le parecía el más apropiado.

-No tengo ganas, en otro momento.

...

-Agentes.- El director Bertram se acercó a los tres compañeros que hablaban animadamente junto a las bebidas.- Un placer verlos aquí. ¿No ha venido Lisbon?- El hombre siguió la mirada que le hizo Van Pelt que conducía hasta la otra punta de la sala, donde mantenía una entretenida con su asesor.- Vaya… Bueno, solo quería asegurarme de que lo estaba pasando bien.

-Si quiere que le digamos algo de su parte, señor.- Se ofreció Van Pelt.

-No importa, agente Van Pelt. Me alegro de que esté pasando buena noche.- Dicho esto, se dio media vuelta, y se desapareció entre la gente.

Al cabo de un rato, la música dejó de sonar, y uno de los agentes se subió al pequeño escenario que había al final del salón.

-Buenas noches, señoras y señores. Espero que estén pasando una agradable velada.- Saludó.- Antes que nada, agradecer al fiscal general Arnold Bow, quien ha hecho posible que nos reunamos un año más. Como ya sabéis, la semana pasada perdimos a un miembro del CBI, el agente Tyler Dylan fue asesinado, en la tarde del martes. Ha sido una semana dura, sin duda, y nos hemos planteado si debíamos suspender esta fiesta.

Todos los presentes en la sala escuchaban atentamente. Jane y Lisbon se habían acercado a sus compañeros.

-Sin embargo, hemos pensado que la mejor forma de honrarle es de esta manera. Tyler Dylan, no era un mero agente, era un hombre valiente y siempre leal, era honesto y humilde, pero ante todo, era nuestro amigo. Sé que muchos no lo conocían, pero quien tuvo la suerte de trabajar con él codo con codo, sabrá, que nos hemos despedido de una gran persona. Gracias.

El salón prorrumpió en aplausos, mientras que todas las personas volvían a la fiesta.

A las dos horas, Lisbon decidió marcharse de allí, no sin antes despedirse de sus compañeros y volver a disculparse por lo de las llamadas. Tras subirse en su coche, sacó unos zapatos con poco tacón y se cambió, dando un suspiro cuando liberó a sus pies de aquella elegante tortura. Podía oír a su cama llamándola desde su habitación. Estaba tan cansada, que cruzó su jardín prácticamente en zigzag. Solo cuando metió la llave en su cerradura, pareció despertar de golpe.

"Crack" Lo había oído, esta segurísima de haber oído un suave "Crack" fuera de lugar. Tal vez otra persona, no le hubiera dado importancia, pero ella lo sabía, habían forzado su entrada. Sacó la llave y la volvió a meter esperando volver a oírlo, pero el mecanismo ya había encajado de nuevo. De su pequeño bolso de mano, sacó su Glock 9mm y abrió la puerta. Solo cuando encendió las luces y no vio a nadie suspiró.

-Te estás volviendo una auténtica paranoica, Teresa.- Se recriminó aún con el corazón en la garganta.- Nada que una ducha no pueda quitar.

Después de bañarse, se puso su pijama corto y se tumbó en la cama aún con la luz encendida, no pudo evitar echar una mirada de soslayo a una de sus estanterías entre las que había un libro de tapa marrón.

-Nadie te va a decir nada por cogerlo.- Le dijo una vocecilla en su cabeza.- Estás sola con tus demonios.

Tras coger el libro, volvió a sentarse en la cama y lo abrió. Era un viejo álbum de cuando trabajó para Bosco. La primera era una del equipo, en una cena de trabajo. Bosco en el centro pasándole un brazo por encima a una Teresa mucho más joven y con una sonrisa radiante, y por el otro lado, un joven de pelo castaño claro, Tyler, tan lleno de vida como lo había estado siempre. En las esquinas, estaban Mathias y Rubén, los dos últimos componentes del grupo.

-Cuantos años han pasado y aún te extraño como el día en que te fuiste.- Murmuró inconscientemente mientras sacaba la foto y se fijaba en el rostro de Bosco.

Le pareció oír un débil chirrido en el silencio de la noche, como si alguien huibiera cerrado o abierto la puerta principal de la casa.

Miró a su alrededor al momento de que cogía su arma de la mesilla. Su pulso iba a mil, casi como su respiración. Abrió la puerta de su dormitorio y fue hasta el baño, vacío. Se acercó al estudio, vació. Llegó al salón y encendió la luz, buscó minuciosamente algo fuera de lo común, un cojín rodado, una ventana abierta… nada. Se acercó a la cocina y encendió la luz…