Cap.4: El reflejo
Abrió la nevera de nuevo, esperando que esta vez hubiera más cosas que cinco minutos atrás, pero de nuevo, la cerró soltando un bufido. La despensa también seguía igual, así que simplemente cogió una cerveza y se dirigió al sillón de la sala. Era muy espaciosa, decorada con buen gusto, casi era lujosa, con sus dos grandes sillones, la televisión de plasma, las estanterías colmadas de libros de ciencia y revistas, la mesa de cristal que había junto al sillón, y el piano de cola. Pero ella no tocaba el piano, ni leía artículos de ciencia, ni revistas del corazón, apenas veía la tele, así que pasaba el día leyendo o simplemente tumbada en la cama pensando.
Hacía ya aproximadamente cuatro meses que Teresa Lisbon llevaba encerrada en esa casa, sin noticias más que las del canal del veinticuatro horas, sin más contacto que el del guardia que merodeaba por la casa y el que se ponía junto a la habitación (Aunque con este, eran meras discusiones), y sin más intimidad que la que tenía cuando se encerraba entre las cuatro paredes de la habitación o en el baño.
Aquel lugar se podría haber llamado sin ningún problema el infierno de no ser porque casi nunca faltaba comida en la nevera y el baño tenía un relajante yacuzzi en el que podría pasarse horas y horas. Por lo demás, estaba tan depresiva, que últimamente se había vuelto adicta al chocolate. Cada vez que en su opinión se le bajaba la moral, bajaba hasta la despensa a coger unos trozos y volvía a subir.
-Agente Katherine Legendre, lista para el turno de guardia.- La ojiverde se viró ante la llegada de la mujer, y en un abrir y cerrar de ojos, su rostro se iluminó.
-¡Kate!- Lisbon atrapó a la rubia en un abrazo dejándola completamente atónita, y al darse cuenta, se separó extrañada también.- ¿Acabo de abrazarte?- La rubia estalló en risas.
-Estar aquí encerrada te está volviendo loca.- Se mofó.- No sabía que venía a custodiar a una agente de la policía de California. Ya me han contado la historia…
-Menos mal, eso eliminará explicaciones de más.
-Ahora quiero detalles.- Continuó.
-¿A lo mejor lo que quieres es una cerveza?- La ojiverde alzó la botella medio vacía con una sonrisa.
Después de una breve discusión sobre si debía o no, la rubia acabó cayendo ante las súplicas de Lisbon. Bastó un largo buche y un suspiro de alivio, para que las dos compañeras se sentaran en el sillón a tener un interrogatorio en toda regla, sobre lo que había ocurrido la noche del traslado de Lisbon.
-¿Cómo has acabado aquí?- Le preguntó Lisbon.
-Después de tener un par de broncas con el jefe de la policía de San Francisco pedí el traslado. Ahora trabajo con la policía científica por todo el estado. No hago nada en particular, más bien, para aquello para lo que me llaman.- Explicó.- Pero háblame de ti, no te veo desde hace más de once años, pensé que te habrían llevado fuera de California.
-Yo también, pero es un alivio. Prefiero California, no puedo estar en contacto con nadie, pero supongo que al menos estoy cerca.
-¿Cerca de qué? Tu familia estaba en Chicago, si mal no recuerdo.
-Pues ya sabes, cerca de Sacramento, del equipo.- Se encogió haciendo que las cejas de la rubia se alzasen de forma alarmante.
-¿Del equipo? ¿Hay alguien en particular?- Lisbon negó sonriente.- Yo estuve hace poco con uno de Nueva York, y después con un compañero de trabajo. Pero luego descubrí que era gay.- Una expresión de desilusión de postró en su rostro.
-¿No tenéis políticas de relaciones?
-Pues claro, pero nadie las respeta.- La rubia le dio otro sorbo a su botellín.
-Podrías causarle problemas a tu jefe.- Le reprimió.
-¿Habla la voz de la experiencia?- Lisbon puso cara de confidencial, pero ante la mirada de cachorro de su amiga, lo soltó todo.
-Hay dos en mi equipo que salen juntos, no es la primera vez que me llevó una bronca de alguno de mis jefes, pero… no sé, parecen tan felices juntos, que no podrías entregarlos sin sentirme culpable. Son mis amigos, y en el fondo, solo quiero que sean felices.- La rubia se viró hacia arriba como buscando algo entre las paredes.- ¿Ocurre algo?
-Creo que es radiación, sin duda, no hay otra cosa que te haga decir tantas sandeces.- Rio Kate.- ¿Dónde está mi amiga? Realmente necesitas que te saquen de aquí.- Al ver que esto no la animaba cambió de tema.- ¿Y fuera del CBI no hay nadie especial? ¿Algún romance serio reciente?
-Nada, aunque sí que hubo algo. Estuve hace unos años con alguien, pero solo fue solo una noche, ¿sabes? Nada demasiado especial, viaja mucho, así que no nos volvimos a ver.- Al ver los ojos abiertos y atentos de su amiga prosiguió con los ojos en blanco.- Walter Mashburn.
-Ya veo, ¿Y no te has tirado a nadie de tu oficina?- A la aludida casi le sale la cerveza por la nariz.
-No, a diferencia tuya, yo respeto las normas, para intentar que no me echen.
-Bah, me he tirado a todos mis jefes y nunca me han despedido…- La mujer se quedó pensativa.- No por eso, al menos. El último quedó encantado.
-¿Cómo hemos pasado a este tema tan rápido?- Las dos rieron, y al acabarse el botellín, Kate se puso seria.
-Me enteré de lo de Bosco.- Murmuró. Kate también había trabajado con el agente en los mismos años que Lisbon.- Es una pena.
-Sí, una pena.- Murmuró Lisbon con una débil sonrisa.
-Hay quien tiene que irse, pero siempre hay otros se quedan.- La rubia se levantó.- Tengo que hacer una ronda, nos vemos luego. Y esto…- Señaló a la cerveza.-… queda entre nosotras.
-Pensé que tú te ibas a quedar.- Le sonrió la ojiverde.
-Lo haré, no te preocupes.- Bromeó.- Pero antes debo de cumplir con mi deber.
...
La oscuridad de la noche hacia que aquel lugar fuese todavía más escalofriante de lo que era. Solo cuando llegaron al lugar iluminado con los focos pudieron dejar de andar a tientas. En el centro del callejón había una mujer, llena de sangre y con el cuello prácticamente separado de la cabeza.
-Esto se avisa.- Murmuró Jane con repulsión.
-Es Laura Pool, un ciudadano dio el aviso de su muerte, así que mandé a mis hombres para que investigasen… luego les llamamos.- Explicó un policía regordete.
-Rigsby, ve a hablar con el testigo. ¿Causa de la muerte?- Preguntó Cho.
-Cinco apuñalamientos por la espalda, luego le rajaron el cuello. El forense dice que ya estaba muerta cuando se lo cortaron.- Informó Van Pelt.
-¿Jane, tienes alguna idea?
-No, no me viene ninguna.- Negó.- ¿Sabéis? Creo que no os hago falta aquí. Parece que lo lleváis todo controlado. Si no os importa, tengo cosas más importantes que hacer.- Dicho esto se dio la vuelta.
Cho ni se molestó en tratar de detenerlo. No porque no le fuese a hacer caso, tampoco porque Jane tuviese algo más importante que hacer que repasar sin descanso los archivos de John el Rojo o tumbarse en su cama a leer en un vano intento de dormirse, o en el peor de los casos, irse a algún bar. Bien sabía Cho que no se iba a emborrachar, Jane no era de esos, apenas le gustaba tomarse otra cosa que no fuera un té.
Lo que realmente les preocupaba a todo el equipo de aquellas excursiones al bar, era que el rubio solo las hacía para poder torturarse en paz. Y es que últimamente las cosas no habían ido nada bien. El equipo estaba en baja forma, y no era para nada culpa de Cho, ya que este hacía de todo y más para intentar que estos no se hundieran. Hacía ya tiempo que la tradición de la pizza de caso cerrado había desaparecido siempre con las excusas de que ya estaban demasiado cansados o de que era demasiado tarde.
-¿Habría que preocuparse?- Preguntó Grace.
-No.- Respondió secamente Cho.- Es hora de que asuma las consecuencias de sus actos. La culpa es algo con lo que todos tenemos que cargar tarde o temprano.
-¿La culpa de qué?
-De que Lisbon se haya ido.- Acusó.- Me voy, a estas horas no creo que podamos hacer demasiado aquí. Mejor que sigamos mañana.
-Sí, jefe.- Respondió cabizbaja la pelirroja.
Metió las manos en los bolsillos y siguió caminando hacia su coche. Sí deberíamos preocuparnos, no es su culpa, es de todos por no impedírselo. Todos sabíamos lo que Jane iba a hacer. Murmuró una voz en su cabeza. Echaba de menos a Lisbon, y aunque ni Rigsby, ni Cho ni Jane lo admitiesen abiertamente, estos también. Sin darse cuenta, chocó saliendo de sus pensamientos.
-Jefe.- Se asombró al ver a Bertram.- ¿Qué hace usted aquí?
-Pues, la verdad es que pasaba por el barrio, así que decidí echar un vistazo, el agente Cho me comunicó el nuevo caso, ¿ya os vais?
-Sí. No hay demasiado que ver, así que si me disculpa.- El hombre le sonrió y siguió caminando.
Van Pelt echó vaho a sus manos tratando de calentarlas en vano. Ya estaban en diciembre, lo que significaba que el frío era el protagonista. Las pequeñas nevadas ya habían empezado, aunque poco a poco, enfriando el suelo y todo lo que había a su paso. Aquel estaba siendo un invierno más frío de lo habitual.
-Será mejor que me vaya a casa y me prepare algo caliente.- Murmuró aliviada al subirse a su coche.
...
Había cambiado unas diez veces de posición, para buscar una cómoda para poder leer sin tener que sentarse en el escritorio. Boca abajo, boca arriba, con los pies para arriba apoyados en el cabezal de la cama, con la cabeza colgando por fuera de la cama, y muchas más, pero seguía incomoda, probablemente el que llevase más de dos horas allí tumbada tendría algo que ver. Aquel había sido desde que llegó a aquella casa uno de sus pasatiempos, leer antiguos archivos, casos cerrados. En ese momento eran todos los casos de John el Rojo. La cama, estaba abarrotada de papeles, por lo que el tan simple hecho de moverse le costaba.
-Nada de esto tiene sentido.- Murmuró ofuscada repasando una y otra vez los archivos.- Me paso el día mirando estos malditos informes, esperando que se nos haya pasado algo, alguna pista…
-Es inútil.- Respondió el espejo.- No hay nada, ese es el problema. ¿De qué sirve lo que hago?
-Aunque es mejor que no hacer nada.- Se sentó en la cama.- Tal vez encuentra algo.
-¿A quién vas a engañar?- Le preguntó la Lisbon de cristal.- Solo lo haces para estar cerca de ellos, para evitar sentirte inútil.
-¿Qué iba a hacer si no?- Se quedó mirando su reflejo, y por un momento se sintió idiota.- La soledad me está volviendo loca…
Toc-toc
La puerta se abrió y apareció Kate, quien parecía que había acabado ya su tercera ronda.
-Lisbon, tienes visita.- La sorpresa que se reflejó en la cara de esta fue acompañada de la caída de la mitad del papeleo en un intento de levantarse rápido.- Te espera abajo.- Y dicho esto se fue.
No esperaba ninguna visita, eso era obvio, pero el hecho de que fuese a la una de la madrugada, hacía que fuera todavía más sorprendente. No esperó más, se amarró el pelo y bajó las escaleras. ¿Quién podría ser? Tal vez, Bertram le había a su equipo que podría venir. Quizás era su familia. Por un momento su rostro se iluminó deseando ver a Annabeth sentada en uno de los sillones, pero lo que vio no pudo más que desilusionarse.
-Lisbon, me alegra verte.- El director de la brigada le invitó a tomar asiento.- ¿Cómo estás?
-Aburrida.- Contesto.- ¿Cómo es que ha venido?
-Pasaba por aquí por un caso.- El semblante de Bertram parecía relajado.- Pareces decepcionada.
-No, no es eso, es que… pensé que tal vez había venido a sacarme de esta casa. Llevo cuatro meses y no hay respuesta por parte de John el Rojo, no puedo estar eternamente escondida.- Dijo.
-Lisbon, no es seguro estar ahí fuera mientras el siga suelto.- Argumentó el director.
-No es más seguro estar aquí. ¿Cree que un par de guardias le impedirían entrar en esta casa? Si quiere, pude matarme.
-No puede, en caso de que entrara, tenemos cámaras por todas partes, algo grabarían.- Se encogió.- Pero no he venido para discutir, solo quería tener una agradable charla contigo.
El silencio se instaló entre ambos, Lisbon tenía el entrecejo fruncido y miraba hacia algún punto de la alfombra, y Bertram la miraba a ella.
-¿Cómo está el equipo?- Preguntó al cabo de un rato.
-Está bien. Me costó convencer a Cho de que se pusiera en tu puesto. Te tiene mucha estima, aunque no lo demuestre.- Sonrió.- Los demás están bien, Jane algo ausente, aunque no ha dejado de resolver casos y meternos en problemas.- Frunció el ceño provocando una débil sonrisa en la mujer. Sin embargo, pronto se le borró.- ¿Qué te pasa Lisbon? De verdad es que no entiendo nada. Fui yo quien te sacó de aquel horrible lugar. Aquí estás a salvo.
-No necesito estar a salvo.- Discutió.
-¿No te da miedo?- Lisbon no comprendió.- Saber que alguien quiere matarte, ser el punto de mira, el objetivo, saber que tu nombre está marcado.
-Es mi trabajo ser el objetivo de un asesino furioso. No sé lo que he hecho para que se cabree conmigo, no creía presentar ninguna amenaza para él, pero no me importa. Si estoy con el equipo no me pasará nada, estoy segura.- El hombre se levantó mirando el reloj.- ¿Ya se marcha?
-Sí, quiero llegar esta noche a mi casa, hay mucho trabajo por la oficina, papeleo, que te voy a contar que tú no sepas. Bueno, Lisbon, espero que nos volvamos a ver pronto.- Se despidió.
-Eso no depende de mí.- Le sonrió antes de que saliera por la puerta.
Ya está, pasarían meses, sino años hasta que alguien volviese a entrar por esa puerta. Subió las escaleras, derecha a su cuarto. Para empezar, se sentía traicionada por su equipo. No era exactamente culpa suya, pero por alguna razón, ella estaba enfadada con ellos. Podrían haber parado a Jane. Dios sabía que ellos estaban al tanto de lo que el asesor le diría a Bertram. Y luego estaba Bertram. Había venido solo hasta allí para saludarla. Casi parecía que se estuviera mofando de ella.
-Cálmate Teresa, no vayas a hacer alguna estupidez.- Le intentó calmar la Lisbon del espejo.
