Cap. 5: De señoritas y vaqueros
Podía aún de espaldas, notar la mirada de esta sobre ella. Sabía que estaba siendo injusta, y aun así, sabía que la acompañaría hasta donde hiciera falta. No pudo evitar sentir que estaba abusando de aquella amistad, aunque aquella mujer le debía demasiados favores. No obstante, no sabía si todos aquellos favores llegarían a cubrir aquel tan grande que estaba a punto de hacerle. Solo cuando se dio la vuelta, pudo sentir la tristeza de sus ojos. Sabía que estaba preocupada, pero ahora no podía acallar aquel sentimiento, quedaba poco tiempo.
-Creo que lo tengo todo.- Repasó las cosas una vez más sobre la cama.- Llevo algo de ropa, no sé cuánto tiempo tardaré en estar en algún lugar decente; linterna, munición, dinero…
-¿Ne te llevas eso?- Kate le señaló a una esquina donde estaban todos los casos que se había traído.
-No, no puedo llevar muchas cosas. Tan solo una pequeña mochila. Además esos archivos ya son inútiles.- Cuando terminó de meter las cosas en ella la cerró con un suspiro. Aún no se creía lo que estaba a punto de hacer.
-Esto no va a salir bien.- Negó la rubia.
-¿Qué dices? Es un plan genial. Simple y genial. Está todo calculado. Cuando salgas a la ronda, yo estaré atenta, y en el momento propicio saldré. Llevo planeando esto demasiado tiempo, no puede fallar nada.- Al ver que iba a rechistar le replicó.- No seas pesimista.
-Ser pesimista sería decir que funcionará. ¿Qué te ha pasado? Antes no eras así. Has cambiado.- Lisbon se quedó de piedra.- Siempre has respetado las normas.
-Hasta que ellas dejaron de respetarme.- Murmuró.- Si no quieres hacerlo lo entenderé. Puedes irte y hacer que no has escuchado nada.
La rubia frunció el ceño mientras giraba la mirada. Estaba con su amiga, lo tenía clarísimo, pero en el fondo, sabía que estaba en aquel lugar por una buena razón.
-Me da miedo que estés en peligro.- Admitió, haciendo que la agente quedara completamente asombrada. Kate no era de las personas que te hablaba de sus sentimientos.- ¿Y si te volviera a atacar? ¿Y si te llegara a pasar algo de verdad?
-Kate, no me va a pasar nada. He aprendido de los mejores.- Ambas sonrieron.- Tengo que hacerlo, esta es mi única oportunidad. Si no salgo ahora, no me lo perdonaré jamás.
-En ese caso, sabes que estoy contigo.- La ojiverde sonrió.- ¿A dónde irás?
-Me vuelvo a Sacramento.- Sonrió.
Quedaron unos instantes en silencio, mirándose. Pocas veces, Lisbon había trabado una amistad tan fuerte como la que había tenido con su actual equipo. Sin embargo, aquella era una excepción. Si alguien le preguntaba, Kate había sido la hermana que nunca había tenido. La había apoyado en sus peores momentos y, viceversa. Entonces, la rubia se levantó.
-Bueno, tengo que salir a hacer mi guardia. Espero que la próxima vez que nos veamos, sea de forma más tranquila.-Suspiró.- Podríamos ir a cenar a un italiano. Conozco uno genial en San Fracisco. Tienen unos profiteroles buenísimos.
-Seguro que sí.- Antes de que Kate saliera, Lisbon la llamó.- Gracias, Kate… Por todo.
-Por ti lo que sea, Teresa.- Dicho esto, salió del cuarto cerrándolo.
Se había quedado sola. Sola con sus miedos, con sus temores, sola con sus demonios.
...
Una vez más, el agotamiento y la monotonía de aquella jornada lo dejaban atontado en el sillón. Jane, pese a no haber dormido en toda la noche (como otras muchas atrás), no conseguía ahora, en su sofá favorito encontrar el sueño. Apenas eran las diez de la mañana, cuando había llegado a las oficinas, y habían pasado más de dos horas sin que nadie le dijera nada.
-Jane.- Cho, sin acercarse al sillón llamó al asesor.- Jane, tenemos que irnos. Bertram quiere vernos.
-¿Bertram? ¿Qué es lo que quiere?- Preguntó extrañado sentándose.
-Si lo supiera no iría.- Le cortó el asiático.- Vamos, Van Pelt y Rigsby ya están allí.
Debía de ser algo grande para que su jefe les convocara en su oficina y fue cuando ese pensamiento cruzó su mente, que se dio cuenta de que Cho lo miraba como desconfiado "Yo no he hecho nada". Pensó automáticamente rebobinando los últimos días "Nada fuera de lo común, claro". No cruzaron palabra hasta llegar hasta el despacho y es que Cho, aparte de que no hablaba mucho, se mostraba algo reacio con Jane. Cho extrañaba a su jefa, aunque no lo admitiera. El asesor sabía que aunque no cruzaba demasiadas palabras con ella mantenía una gran confianza en ella y ella igual con él.
-Tú primero.- Dijo cordialmente cuando se abrió la puerta del despacho.
-Agente Cho, Jane, me alegra veros.- Sentados en los sillones ya estaban Rigsby y Van Pelt, tal como había dicho Cho.- ¿Cómo va el caso nuevo?
-No demasiado bien señor, solo hay una testigo, y dice que estaba demasiado oscuro, tan solo vio a un hombre corriendo, blanco, no ha dicho más. Hoy pensábamos ir a hablar con la familia y compañeros de trabajo.- Informó Cho.
-Bueno, como no les quiero entretener, iré directo al grano.- El hombre respiró hondo.- Lisbon no está en la casa.
-¿Cómo que no está en la casa?- Van Pelt miraba con algo de temor a su jefe.- ¿La han trasladado o algo?
-Anoche desapareció.- Los presentes quedaron simplemente atónitos ante las palabras de este.- Hemos descartado que John el Rojo se la haya llevado, así que…
-¿Cómo que lo han descartado?- La reacción había llegado antes de lo previsto. Todos se habían levantado y parecían fuera de sus casillas.
-No puede descartar nada aún.- Replicó Jane.
-Debe haber cámaras en la casa, es una casa de protección, se supone que nadie puede entrar ni salir.
-Menos mal que la investigación estaba en buenas manos.- Resopló Van Pelt indignada.
-¡Silencio!- La voz autoritaria del director los calló.- No toleraré este comportamiento. No descartaríamos esa opción si no estuviéramos al cien por cien seguros de que no ha sido él. Y la casa, agente Cho está hecha para que nadie entre, no para que no salgan.- Trató de relajarse respirando hondo.- La brigada no dirigirá esta investigación. Un equipo del sector privado se hará cargo de ella. Solo os he avisado por cortesía profesional.
Después del revuelo, se habían sentado otra vez pensativos.
-¿Qué piensan hacer al respecto?- Preguntó Cho.
-Ya están rastreando la zona. Hemos cortado las carreteras, pero nuestra idea es decírselo al público. Hemos pensado en lanzar un comunicado de búsqueda.- Comentó.
-¿Comunicado de búsqueda? ¿Si John el Rojo está detrás de ella no le pondrá alerta?- Cuestionó el asesor.
-Creo que en caso de que la estuviera vigilando, sabrá que se ha ido. Lanzaré el comunicado esta tarde.- Les echó una última mirada a todos.- Quiero que quede claro, que si alguno de ustedes tiene alguna información sobre el paradero de Lisbon lo diga de inmediato. No nos vendría nada bien otra muerte de alguien de dentro del CBI. ¿Queda entendido?
-Sí, señor.- Respondieron sin mucho ánimo.
-Y ahora, seguid investigando ese caso. Cuanto antes lo acabéis de resolver mejor.
...
-Déjeme una cerveza, por favor.- Pidió sentándose en la barra junto a un hombre que tenía toda la pinta de un vaquero.
-Aquí tiene, señorita.- Sonrió el camarero.
Casi de un buche vació media botella. El alivio que sintió al darlo, fue increíble. Por un momento se destensó y respiró con tranquilidad después de haber andado por no menos de diez kilómetros. Había parado en el primer bar que había visto, no para otra cosa que para asegurarse de poder despistar a alguien si la seguía. No pudo evitar mirar de reojo al hombre que estaba sentado a su lado que la observaba con una media sonrisa.
-No vienen muchas señoritas por aquí.-Le dijo al darse cuenta de que le miraba. Al ver que no contestaba continuó.- ¿Vas de viaje? ¿Piensas pasar la noche aquí?
-De hecho, no. Me marcho esta noche.- Respondió viendo por donde iban los tiros.
-Parece un viaje duro si te vas a tales horas…- Lisbon no respondió.- Voy hacia el sur, si necesitas que te deje en algún lugar.
-Lo siento, pero yo voy al norte.- Alegó secamente provocando una gran sonrisa en su compañero.
-Hey, Pool, ponle a nuestra amiga aquí otra cerveza, parece que no ha tenido un buen día.- Lisbon aceptó de buen grado aquella proposición.- ¿Y a dónde vas, al norte está la frontera? ¿Sales de California?
-Me voy a casa.- Murmuró mirando detenidamente el cristal de la botella.
-¿A casa o a tu hogar?- Preguntó.
-¿Acaso no es lo mismo?- El hombre negó lentamente chasqueando la lengua.
-De donde yo vengo son dos cosas diferentes.- Sonrió.- La casa es un lugar bonito, con un amplio jardín bien cuidado. Tiene chimenea y si tienes suerte también aire acondicionado para los veranos calurosos.- Lisbon no pudo evitar sonreír ante las ocurrencias de aquel hombre.- El hogar es el lugar donde te sientes protegido. Donde te quieren por cómo eres, y donde puedes ser tú sin que te juzguen.
La mujer se quedó observándolo por unos instantes. Con un ademán, el hombre se levantó y se marchó del establecimiento, pagando también, lo que ella había tomado. Se levantó de su sitio y salió al exterior. Corría una fría brisa que le puso los pelos de punta. Tenía claro algo, aquella noche no caminaría más, o al menos por ahora. Se puso la capucha tapándose la mayor parte de la cara y paró el primer taxi que vio.
Si no fuera por las prisas que llevaba y por la oscuridad de aquella calle, podría haber jurado, que detrás de una de las esquinas se acababa de esconder una cabeza, que segundos atrás la observaba. Cuando el taxi pasó por allí, la esquina y la calle estaban vacías, pero en el fondo, sabía que había habido alguien allí.
"¿Me estarían siguiendo?" Un temor la inundó al imaginarse a un encapuchado siguiéndola por las calles tan cerca de ella, pero aun así invisible. Probablemente irían armados. A lo mejor querían matarla antes de que llegase a Sacramento. Tragó con dificultad intentando apartar esos pensamientos de su cabeza. La verdad es que se había vuelto muy desconfiada. En el momento en el que se subió al taxi, pudo imaginar al chofer, dándose la vuelta con una mirada malévola y diciéndole "Te estaba esperando"
Sin duda, no haría ninguna parada hasta llegar a Sacramento. Tanto como si tenía que ir a pie, como si tenía que ir en taxi o en metro, estaba segura de que no pararía a descansar. Miró el reloj, las 2:27 Hacía tres horas que había salido de la casa, lo que hacían en total, diecisiete horas sin dormir más las que le quedaba. Podía notar el sueño, tratando de apoyarla contra el cristal y dejarla dormida, pero abrió los ojos como platos y se mantuvo despierta todo el trayecto.
...
Dio un largo suspiro cuando se dejó caer rendido en el sillón. Había sido sin duda alguna, uno de los días más agotadores desde que estaba al cargo. No había sido fácil manejar al equipo tras la noticia de Bertram. Van Pelt se quedada mirando la nada, sin prestar atención a nada de lo que decía. Rigsby le preguntaba Qué, cada vez que terminaba una frase y Jane… Jane solo fingía dormir en su sillón, como siempre.
-No sé cómo Lisbon hace que trabaje.
Antes siquiera de poder desvestirse, sonó el timbre. Cogió el arma que acaba de dejar sobre la mesa y la empuñó decidido. ¿Quién sería a esas horas? A las doce y poco más. No solía recibir visitas, y cuando las recibía siempre avisaban con antelación. Desde lo de Lisbon todos habían mantenido los ojos abiertos, temiendo ser el siguiente, pero a él nadie conseguía tomarle por desprevenido.
-Vale, lo retiro.- Murmuró asombrado cuando observó por la mirilla.- ¿Lisbon?
-Cho, siento aparecer así, es que no tenía otro sitio al que ir.- Murmuró temblando por el frío.
A pesar de la capucha, el asiático podía notar sus párpados caídos a causa del cansancio y sus piernas temblorosas, probablemente de haberla aguantado todo el día a pie. Lo que al hombre le asombraba, era que hubiera acudido directamente a él.
-Pasa.- Invitó cuando se aseguró de que no había nadie en el barrio.
Según pasó, Cho cogió su abrigo y lo colgó en el perchero mientras le invitaba a tomar asiento. La observó unos instantes, sentada en el sillón cuando dijo.
-Te prepararé algo caliente. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.
Tal como Lisbon esperaba, no había hecho preguntas. Por eso había acudido a él, sabía que no preguntaría, pues en realidad, lo sabía todo. En el caso de haber acudido a Van Pelt, esta hubiera estado preocupada toda la noche. Rigsby, solía atenerse demasiado a las normas, y aunque la agente confiaba en él, prefería no tentarlo. Y Jane, simplemente, no quería verlo, le daba miedo que actuara como la noche en que se fue, diciéndole que aquello era peligroso y que se estaba exponiendo al peligro.
-Tengo algo de sopa, por si…- El hombre bajó la voz al ver que la agente se había quedado dormida en el minuto que la había dejado sola.
Dejando la taza a un lado, Cho sacó una manta y se la colocó por encima, asegurándose de no despertarla. No quería hacer preguntas, ya habría tiempo para eso más adelante, ahora, su amiga tenía que descansar. Apagó la luz del salón, echó un último vistazo a la ojiverde, ahora tranquilamente dormida y no pudo evitar sonreír y alegrarse de que hubiera vuelto, aun en aquellas condiciones.
-Buenas noches, jefa.
