Cap.6: Intocable

-¿Estás de broma?- Casi gritó Rigsby haciendo que sus compañeros le asesinaran con la mirada al ver como las demás mesas se viraban hacia ellos.

-¿Cuándo? ¿Cuándo llegó?- Preguntó Jane.

-Anoche.

-¿Por qué no nos lo habías dicho?- Preguntó Van Pelt indignada.- Hemos estado todos muy preocupados.

-Era peligroso. No sabemos si la siguen. Podrían habernos pinchado los teléfonos. Además, habríais actuado diferente y podría traer sospechas. No creía que el CBI fuera un buen lugar para hablar del tema.- Suspiró Cho.- ¿Os parece esta noche en mi casa?

Rigsby se echó para atrás en el asiento resoplando.

-No pensarás dejarla tirada, ¿no? Es nuestra jefa, nuestra amiga.- Le recriminó Cho.

-No.- Negó el alto.- Es solo que… me cuesta asimilarlo. ¿Se da cuenta de que estamos rompiendo un montón de normas?

-Eso no importa, Wayne.- Murmuró Grace.- Debe de ser horrible para ella. No me imagino lo mal que lo tiene que estar pasando.

-¿Qué te contó anoche?- Preguntó Jane.

-Nada.- Al ver la mirada de sus compañeros siguió.- Nada, llegó tarde y como dice Van Pelt se encontraba cansada. Estaba helada, así que le fui a traer algo caliente, pero se durmió. No iba a agobiarla a preguntas.- Se encogió.

-Vale, entonces esta noche.- Asintió Jane.- Será mejor que volvamos antes de que noten nuestra ausencia, Cho está en lo cierto, debemos actuar normal.

...

Estaba aburrida, bueno, aburrida no era exactamente la palabra. Más bien entre nerviosa y expectante. Había despertado cerca de las doce del mediodía, hora a la que nunca se levantaba. Como era obvio, Cho ya había salido, así que tenía la casa para ella sola. La primera media hora, se contentó con curiosear un poco, mirar las fotos de las paredes, los libros de su amigo, y las extrañas figurillas que tenía en los estantes. Cuando le entró hambre, había descubierto una pequeña nota en la encimera "Hay comida en la nevera" Así que se había calentado lo primero que había visto y se había sentado junto a la tele, para ver las noticias.

-¿Será posible?- Quedó atónita cuando un hombre medio calvo y rodeado de micros, comenzó a hablar.

-Ayer en la noche, desapareció una de nuestras agentes que teníamos en custodia. La agente Teresa Lisbon, estaba bajo un peligro inminente, por lo que preferimos llevarla con nuestros compañeros de protección de testigos.- Bertram hizo una breve pausa y continuó.- Pedimos a los ciudadanos que si alguien la ha visto, se comunique inmediatamente con las oficinas del CBI.

Sabía que aquello ocurriría, pero no pudo evitar enojarse cuando terminó. Quedaba, oficialmente enclaustrada de nuevo. La foto estaría ya circulando por toda California, en especial en Sacramento, pues Bertram, no era tonto y probablemente conocería sus intenciones.

...

-¿Chicago? ¿Cómo que Chicago?

-Sí.- Asintió Jane.- Al norte, piensa salir de California, probablemente ya lo haya hecho.

-Pero… ¿Para qué iba a irse a Chicago?- Bertram no parecía decidido a creer lo que el asesor le decía sin una buena teoría.- A demás, no estoy seguro de que ese camarero sea de fiar, a lo mejor la confundió.

-¿Qué le dijo exactamente?

-Pues que había entrado, se había sentado en la barra y se había puesto a charlar con un hombre. Es más, ni siquiera está seguro de lo que escuchó, dice que le pareció oír que iba hacia el norte.- Se encogió.

-Tiene mucho sentido.- Intentó de nuevo convencerlo Jane.- Su familia está en Chicago, hace más de un año que no habla con ellos en persona. ¿No cree que sería el primer lugar al que iría?

El director quedó pensativo y se viró hacia la ventana apoyándose en la madera. Ya atardecía, y Jane se moría de ganas por salir de aquel despacho. Bertram le había llamado para hacerle saber que había habido suerte en un bar a unos kilómetros de la casa, dónde un camarero aseguraba haber visto a aquella mujer "Muy guapa por cierto" pedir dos cervezas y sentarse a charlar con un medio cowboy.

-Tal vez tengas razón.- Admitió Bertram.- Mandaré a unos agentes a que visiten a sus hermanos allí.

-¿Eso es todo?- Preguntó Jane levantándose.

-Pues sí. Supongo que ya te puedes ir.- Hizo un ademán de despedida y se quedó en silencio cuando el rubio cruzó la puerta.

...

-Y piensa mandar a agentes a Chicago.- Informó Jane mientras se acomodaba en el sillón con una taza de té.- No les habrás dicho nada, ¿no es así?

-No, no ha hablado con ellos desde…- La mujer se quedó pensativa, y se dio cuenta, apenada, que hacía más de cinco meses que no hablaba con ninguno de sus hermanos.- No sé ni desde cuándo.

Quedaron de nuevo en silencio. Van Pelt y Rigsby compartían miradas de soslayo, Cho miraba el suelo, pensando en todo lo que había ocurrido en no más de veinticuatro horas y Jane observaba a Lisbon detenidamente, quien con el ceño fruncido escrutaba el fondo de su taza de café.

-¿Qué hay de nuevo en el caso?- Preguntó Lisbon rompiendo el incómodo silencio.- ¿Ha vuelto a aparecer en el mapa?

-Desde que desapareciste, John el Rojo ha matado a dos personas en un periodo de dos meses.- Cho le pasó un archivo.- Sin embargo, no ha usado su modus operandi. En el primer caso, la víctima fue Alexia Hank, tiene veintisiete años. Fue raptada cuando salió del trabajo, la encontraron dos días después, en un viejo almacén. Junto a ella estaba su marca. Había sido torturada dolorosamente. Le habían arrancado las uñas una a una, tenía moretones por todo el cuerpo, quemaduras por una pistola eléctrica… Creemos que quería sacarle información.

-¿Y la segunda víctima?- Preguntó Lisbon.

-Exactamente lo mismo. Esta vez fue un hombre, George Donnel, treinta y cuatro años. No hemos encontrado aún una relación entre ambos.

-Es decir, que John el Rojo va detrás de algo.- Frunció el ceño y cerró el archivo.- Gracias por sacar el archivo de la oficina

-Los demás con las novedades están en una caja en mi cuarto, cuando quieras echarle un vistazo, puedes hacerlo.- Le comentó.- Me ha costado mucho sacarlos. Últimamente necesitas autorización para todo.

-¿Qué quieres decir?- Preguntó Lisbon.

-Bueno, han reformado las reglas. Por ejemplo, hay evaluaciones de los agentes cada mes. Si piensan que hay algo raro en ti, te hacen una vista.- Lisbon quedó sorprendida.

-¿Por qué?

-Bertram ha dicho que es por seguridad.- Cho hizo una mueca extraña.- ¿Sabes? Cuando mataron a Tyler, se habló mucho en las oficinas. Todos creían que había alguien infiltrado. ¿Recuerdas al agente Wilson, el compañero de Tyler? Pidió el traslado dos semanas después. Le dio un ataque de ansiedad, por lo visto, dicen que estaba paranoico. Bertram intenta aparentar que todo va bien, y lo estaba yendo… hasta que se extendió la noticia de que te habías fugado. Muchos no descartan que estés ahora mismo con John el Rojo.

-Por lo que veo, las cosas no van demasiado bien en el CBI. ¿Qué más normas han cambiado?

-Esa es la más importante. Las demás son más pequeñas: Cambios de horarios, reducen las horas de descanso, se permiten relaciones entre los agentes…

Las miradas cruzadas entre Wayne y Grace no pasaron desapercibidas para el resto del grupo que los miró con las cejas alzadas.

-¿Qué?- Preguntó Rigsby.- Quizás no era un secreto, pero lo llevábamos discretamente.

Los demás simplemente sonrieron tratando de apartar aquel tema.

-Gracias Cho. Y gracias a vosotros también.- La mujer sonrió a sus compañeros.- Gracias por arriesgar tanto.

-Bueno, para eso están los amigos, ¿no?- Sonrió Van Pelt.

-Voy a por unas cervezas.- Se levantó Cho.

Lisbon se acercó al cuarto del asiático y dejó los papeles allí, decidida a leerlos minuciosamente aquella noche. Jane se le había acercado en silencio, y solo cuando se dio la vuelta pudo notar su presencia, apoyado en el umbral de la puerta de la habitación, no pudo evitar sobresaltar a la agente superior, como tantas veces había hecho.

-¿Qué?- Preguntó esta al notar la media sonrisa del asesor y la tranquilidad con la que la observaba.

-Nada.- Se encogió.- Es solo que me alegra verte que estás de vuelta sana y salva.

-Ya ves.- Cuando fue a pasar por su lado para volver con sus compañeros notó que el rubio la agarraba del brazo y la viraba hacia él. Su mirada, era diferente esta vez. Casi como si tuviera miedo.

-Lo siento. Siento haberte alejado aquella noche en tu casa, es solo que… No sé, me entró pánico cuando supe que había estado tan cerca de ti.

-Lo haces muy a menudo… lo de alejar a la gente.

-Contigo no me funciona.- Sonrió.

Lisbon se quedó observándole, quería decirle que se alegraba que con ella no le funcionase, que no le importaba lo que pasó aquella noche, que lo había extrañado todo el tiempo que estuvo fuera, que ella también se alegraba de estar de vuelta, que había echado en falta sus bromas, aquellas que conseguían sacarle una pequeña sonrisa incluso en sus peores días. Sin embargo, solo sonrió y le dijo.

-¿Vamos?

Rigsby y Van Pelt charlaban alegremente en el sofá, mientras que Jane iba a ayudar a Cho a traer las botellas y Lisbon cogía el libro que había tomado prestado de la estantería de su agente e intentaba leer. Sin embargo, no pudo evitar, desviar su atención cuando la pelirroja estalló en carcajadas por alguna estupidez que había dicho Rigsby y se apoyaba en él a causa de la risa. Cho y Jane se les unieron, repartiendo las cervezas. Aquella tarde, la pasaron en tranquilidad, contándole a Lisbon las anécdotas que el asesor les había dejado en su ausencia, escuchando las disculpas que este tenía y bromeando sobre que la casa de Cho sería a partir de ahora su nuevo cuartel general.

-Deberíamos de ponerle un nombre.- Rio Rigsby divertido al mencionar la palabra cuartel general.

Un hogar, el lugar donde te sientes protegido. Donde te quieren por cómo eres, y donde puedes ser tú sin que te juzguen. Sí, podría denominarse hogar pensó Lisbon observando a aquellas cuatro personas que estaban arriesgando sus carreras por ella. Aquellas que compartían una cerveza con una fugitiva con total tranquilidad. Aquellas que representaban su familia más cercana en aquel momento.

...

-¿Sabe que la seguís?- El hombrecillo asintió tembloroso.- ¿Cuándo os vio?

-Ayer, señor, al salir de un establecimiento. Creía que no lo notaría, estábamos bien camuflados en una esquina, pero…

-Es policía, imbécil, ¿qué esperabais? ¿Que se tomara su vuelta a Sacramento como un paseo?- Trató de controlarse.- ¿Os ha vuelto a ver?

-No lo creo, señor. Creo que piensa que nos ha despistado.- Respondió.- Hemos sido muy cuidadosos desde ese incidente. No creo que se haya percatado de nuestra presencia.- El silencio reinó en la pequeña sala.- Como nos ha ordenado, nos hemos mantenido al margen, sin actuar.

-Exacto, mi idea era hacerla desaparecer, hacer que simplemente se había ido lejos, pero… No quiero hacer una chapuza. Ella se merece algo mejor.- Sonrió de lado, dándole a su rostro un aspecto de loco.- McLaguen, tenedla vigilada y aseguraos de que no hurga demasiado en el caso. Podría ser peligroso.

-Entonces, señor, ¿nos seguimos manteniendo al marguen? ¿Tal vez no sería mejor intervenir? ¿Quitarla de en medio?- John el Rojo se dio la vuelta. Sus facciones estaban desencajadas, casi como si se hubiese vuelto loco.

-¡Elle es intocable! ¡¿Lo has entendido bien?! ¡Intocable! - El hombre retrocedió unos pasos algo asustado al ver como este apretaba con fuerza el cuchillo que sujetaba en su mano.- Nadie va a ponerle un dedo encima si no es por orden directa mía, y eso es algo que quiero que tengáis muy claro.

Dándose cuenta de que había perdido el control, sonrió tratando de tranquilizar a su acompañante. Se dio la vuelta, dejando el cuchillo en la pequeña mesa madera y dio un largo y prolongado suspiro, intentando, aclarar sus pensamientos.

-Se me empieza a acabar el tiempo. Tarde o temprano se darán cuenta de lo que busco, y para entonces debo haberlo encontrado. Con Alexia y con George las cosas no salieron como planeé, aunque creo que realmente no tenían ni idea de lo que les hablaba.- Murmuró pensando en voz alta.- Temo que esto sea estar dando palos de ciego, pero en algún momento acertaré.

-¿Qué hará ahora?- Preguntó viendo al hombre sacar los guantes negros de un pequeño cajón.

-Ya he fijado mi nueva presa. Esta noche salgo de caza.