Cap. 7: Olor a Canela
Dio un resoplido mientras volvía a girarse sobre el sillón, era cómodo, pero para Lisbon, bastaban unas seis horas para hartarse de él, así que simplemente se levantó y miró la hora por el pequeño reloj de la sala de estar. 6:35 No era un secreto que ella no era precisamente una dormilona, pero la verdad es que no solía levantarse tan pronto "Me paso el día sin hacer nada, normal que a la noche no tenga sueño" Murmuró abriendo el frigorífico.
-Hola.- El asiático entró en la cocina con la ropa de oficina.
-Maldición, Cho. Me has pegado un susto de muerte.- Se sobresaltó dejando caer el pan y los embutidos.
-¿Qué haces tan temprano levantada?- Le preguntó sacando la cafetera.- Pensé que aún no habías despertado.
-No tenía sueño, así que pensé en prepararme algo de comer.- La ojiverde lo miró con el ceño fruncido.- ¿Qué haces tú levantado a estas horas? Creía que hoy librabas.
-¿Es que no sabes qué día es?
-Sí, claro. Es martes.- Ante la mirada del asiático, la mujer supuso que era algo más.- ¿Es tu cumpleaños? Porque pensé que cumplías en…
-No es mi cumpleaños, es navidad.- Le sonrió.- Lawrence iba a hacer la ronda de tarde, pero me ha pedido que le sustituya para poder ir a ver a su familia. Yo le he dicho que no tenía problema. Espero que no te importe.
-Para nada. Nunca me ha entusiasmado demasiado la navidad.- Le confesó. Se mordió el labio para tratar de contener la pregunta que tenía en mente, pero antes de que Cho saliera de la habitación, esta le llamó.- ¿Qué van a hacer hoy los demás?
-Rigsby tiene a Ben, así que supongo que invitará a Van Pelt a su casa, y Jane…
-Ya… pues que te sea leve.- Se despidió cogiendo una taza de café de las que el pelinegro había preparado.
Sentada en el sofá con la caliente taza de café, se quedó quieta observando un punto indefinido. Hacía tres semanas que había llegado a Sacramento, y estaba casi igual que desde entonces. No había salido de aquella casa y apenas se relacionaba con nadie. Cho solía llegar bastante tarde, por lo que rara vez mantenían una conversación propiamente dicha. Y los chicos apenas habían vuelto a pasar por allí. Se habían visto por última vez hacía unos siete días, y después de aquello, no habían vuelto a estar juntos. Echaba de menos tener una charla agradable con ellos, en la que no saliera el nombre John el Rojo tantas veces. Aquel hombre le había dado más quebraderos de cabeza que su propio asesor. Había sido por su culpa por la que estaba ahora encerrada. Sin casi visitas y sin apenas contacto con el mundo exterior. "Alégrate, Teresa, hoy es navidad."
...
El frío de la calle le congeló cuando salió. Era pronto, apenas las ocho, pero las calles estaban mucho más concurridas que cualquier otra mañana. Niños jugando con pequeñas bolas de nieve; parejas de recién casados preparándose para celebrar sus primeras navidades, juntos; personas vagando por tiendas sin saber aún que comprar; y pequeños con sus madres que habían salido para comprarse algo que ponerse aquella noche.
No era que no le gustas aquello. Sin duda, le gustaba aquel ambiente. Los pequeños riendo por las calles y jugando a las fortalezas, era una de las cosas que más le hacían sonreír, aunque no podía evitar hacerlo con un deje de nostalgia, mientras un montón de imágenes se aglomeraban en su cabeza. Recordaba las noches con su familia. Llegar a casa y dejarse llevar hasta la cocina por el delicioso olor a pavo; encontrarse allí a su mujer y decirle feliz navidad abrazándola por la espalda; Los pasos apresurados de su hija al oírle llegar; su sorpresa al abrir los regalos; la cara que ponía cuando llegaba la hora del espectáculo y de hacer la rana saltarina, aquella que a pesar de haberla hecho más de cien veces, hacía que su hija estallara en carcajadas y junto a ella su madre, más por el placer de verla sonreír que de las estupideces que hacía el rubio.
No podía decir que la navidad le trajera malos recuerdos, tal vez, aquello era lo que le ponía tan frío.
-Patrick.- Sus pensamientos quedaron interrumpidos cuando un hombre se le acercó con una sonrisa.
-Virgil, que sorpresa. Pensé que estabas en San Francisco.
-Así es, pero he tenido que venir a la ciudad.-Explicó brevemente.- Me alegra haberte encontrado. He oído lo de Teresa. ¿Has sabido algo de ella?
-No, no ha contactado conmigo.- La sonrisa en el rostro su ex jefe no decía eso.
-No soy idiota, Patrick. ¿Para qué se iba a haber escapado de aquel lugar si no?
-¿Qué quiere saber?- Le preguntó Jane.
-Solo quiero saber si ella está bien.
-Pues siento decepcionarte, pero la verdad, es que no tengo ni idea de donde está. Supongo que…- Antes de que terminara, Minelli le cortó.
-Me trae sin cuidado lo que hayas planeado esta vez, Jane.- Al rubio le sorprendió la manera en que cambió el hombre de tono.- Tanto si atrapas a ese monstruo como si no, trata de pensar en los que están cerca de ti, e intenta no destruirlos. No es justo que los lleves por el mismo camino por el que vas a ciegas… Cuando hables con ella, dile que lo siento.- Siguió andando, con las manos en los bolsillos y con la cabeza baja.
-Que lo sientes, ¿por qué?
-Por haber ligado por siempre su destino al tuyo, y así al de John el Rojo.
Sin duda, aquello marcó lo que llevaba de día. Volvió al CBI distraído, metido en sus cavilaciones. No podía evitar darle vueltas a lo que exdirector le había dicho buscando como rebatirlo, convenciéndose de que no era cierto. Lo mejor que me ha podido pasar a mi es haber conocido a Lisbon y al equipo pensó imaginando como hubiera sido su vida si no hubiera acudido al CBI aquella mañana a por información. ¿Pero ha sido igual para ella? ¿En qué ha cambiado su vida desde que estoy yo? La respuesta apareció sola Bueno, ahora tiene más dolores de cabeza y es blanco de un asesino en serie. Abrió los ojos de par en par cuando recapituló la respuesta.
-¿Todo bien, Jane?- Preguntó Van Pelt que se había quedado observándolo.
-Sí, Grace. Estaba pensando.- Le medio sonrió, aunque más que tranquilizadora era una triste sonrisa.- ¿Ha llegado ya Lee Tunner?
La pregunta dejó a Van Pelt algo confusa. Probablemente tan solo estaba intentado evadir a la pelirroja.
-Sí, Cho está ahora con él en la sala de interrogatorios, pero es una tumba. No dirá nada sin su abogado.- Se encogió.
-Genial.- El rubio se levantó.
Nadie habría esperado ese repentino cambio en su actitud, pues hasta varios días atrás parecía haberse cansado del trabajo, o al menos más de lo habitual. Bastaron tres minutos para que Rigsby y Van Pelt vieran como Lee Tunner salía esposado y despotricando contra Jane. Aquello casi parecía haber vuelto a la normalidad.
Eran las nueve cuando Van Pelt comenzó a recoger sus cosas para marcharse.
-¿Ya no hay piza de caso cerrado?- Preguntó Jane al ver como Rigsby hacía lo mismo.
-Parece que sin la jefa no es lo mismo.
-¿Sabes una cosas Rigsby? Tienes toda la razón. No es lo mismo sin Lisbon.
...
Las diez menos cuarto marcaba el reloj y por experiencia sabía que a esa hora no echaban nada bueno en la televisión, así que se apoyó en el alfeizar de la ventana y observó el exterior. Algunas de las chimeneas coronadas por la nieve desprendían un ligero humo. Las puertas, adornadas con distintos objetos como botas o estrellas de diferentes colores daban un aspecto hogareño. Lo más llamativo eran sin duda las luces, que sobre las paredes de las casas iban cambiando de azul a verde y luego a rojo para luego cambiar a amarillo y empezar otra vez. Por una de las ventanas, una niña de no más de seis años colocaba en brazos de su padre una estrella dorada en la cima del árbol.
Toc-toc
Su instinto de policía hizo que se llevara la mano a la cintura, pero no tenía ahí la pistola, sino sobre la mesa, así que se levantó y la cogió. Con cautela se acercó a la puerta blandiendo con fuerza el mango de su arma. Cho no volvía hasta unas horas más tarde, es decir, que quien estuviera allí ya sería o un vendedor que no le importaba la hora que era o alguien no deseado.
Toc-toc
Se inclinó para observar por la mirilla y no pudo evitar sonreír al ver el rostro de Rigsby pegado a este como tratando de observar por ella el interior de la casa.
-¿Qué estáis haciendo aquí?- Preguntó a Rigsby y Van Pelt.- Pensé que os tocaba guardia.
-Es navidad, jefa.
Haciéndose a un lado, les dejó pasar. Van Pelt llevaba varias cajas de piza en sus manos así que a duras penas alzó el cuello para dedicarle una sonrisa a la ojiverde por encima de estas. Rigsby por su parte llevaba en una de las manos una gran bolsa y en la otra, al pequeño Benjamin. El rostro de Lisbon se iluminó de repente.
-Hola, pequeño. ¿Cómo estás? Me llamo Teresa.- Tímidamente, el niño que tendría unos cuatro años se arrimó a su padre.- ¿Cómo es que estáis aquí?
-Piza de caso cerrado mezclado con cena de navidad.- Sonrió el alto.- Cho y Jane deben de estar al llegar, han ido a buscar un poco de vino.
En efecto, a los pocos minutos, Cho y Jane entraron a la casa con dos botellas de vino. El ambiente era completamente diferente a los otros días que habían quedado. Ponían la mesa charlando como Lee Tunner había intentado atacar a Jane en la sala de interrogatorios y de cómo este había prácticamente echado a correr. Sentada en el suelo, Lisbon escuchaba mientras jugaba con Ben. Cuando al fin se sentaron a comer, no salió a relucir el nombre de John el Rojo o algo respecto al caso. Por una vez parecían un grupo de amigos normales que había quedado la noche de navidad para comer unas pizas. Obviamente, no duraron demasiado en pie. El día había sido largo y algunos como Rigsby tenían que irse al poco de cenar por Ben.
Van Pelt por su lado se ofreció a recoger la mesa, mientras Cho salía a fuera a tirar las sobras. En el sillón, Jane y Lisbon simplemente estaban en silencio, con la débil música de la radio de fondo, Lisbon inmersa en un libro y el otro en sus pensamientos.
-Oye…- Jane se frotó la barbilla.- Esta mañana me ha llamado tu hermano, Tommy.
La cara de Lisbon hablaba por si sola. Hubiera preferido que el hombre hubiera esperado hasta el día siguiente para decírselo, pero so limitó a asentir y mostrar una sonrisa.
-Debe odiarme. No solo desaparezco sin avisar, sino que también le mando a la policía.
-No creo que te odie. Está preocupado. Todos tus hermanos lo están. Quería saber dónde estabas. Pero no se lo he dicho- Murmuró.- A mí sí me odia.- Una amarga risa salió de su garganta.- Como todos.- Dijo recordando a Minelli.
-Eso no es verdad. Yo no te odio.- Dijo sin despegar la vista del libro.
-Deberías.- Le sonrió.- Estás en esto por mi culpa.
-Eso no es cierto, si estoy aquí no es por ti, y lo sabes. Y aun así, somos amigos, a pesar de todos los dolores de cabeza que me das… somos amigos.
Tras decirle eso, Lisbon volvió a bajar la mirada hacia el libro, pero volvió a subirla cuando notó que el hombre se había levantado y se había puesto frente a ella. Tenía una mano extendida, como invitándola a cogerla.
-¿Te apetece bailar?
-No tengo demasiadas ganas.-Le sonrió alzando una ceja.
-Pero me debes uno de la fiesta del CBI y ahora tengo ganas de bailar.- Le pidió.
-Supongo que no aceptarás un no por respuesta.- La sonrisa del rubio se amplió aún más al ver como la pelinegra dejaba el libro a un lado y aceptaba aquella mano de buen grado.
De fondo sonaba Time, de Ben's Brother. Jane colocó su mano en la cintura de la agente, y esta, en su hombro.
A second, a minute, an hour, a day and its gone
Little by little it fritters away try as you may you can never replace it
A moment of beauty you stumble upon,
As long as you treasure whatever it is, whatever it is could never be wasted
-Hacía tiempo que no celebraba la navidad.- Comentó Jane.- Desde…
-Te entiendo. La última vez que lo hice fue con Bosco y el equipo. Nos encontrábamos en medio de un caso y antes de irnos, pasamos por un bar.- Sonrió Lisbon recordando aquella noche.- No puedo evitar hacerme la misma pregunta una y otra vez. ¿Por qué lo hiciste?
So if we all turn to dust
Better to've loved and lost
Cos everything has a cost
Jane la miró sin comprender del todo.
-Venir la noche de navidad. Normalmente te encierras en tu casa.- Explicó.- No te lo reprocho. Sabes que me alegro de que estés aquí, pero…
-No lo sé.- Se encogió.- Tal vez solo quería empezar algo nuevo. Me gustaría poder dejar atrás esa faceta de mí, pero no es tan fácil.
So if you're gonna spend time
Spend it upon me
Spend it up on me
Just give me your time
I don't want your money
Se quedaron en silencio moviéndose al ritmo del piano. En los ojos de Jane había ahora un extraño brillo que no dejaba de hacer estar en guardia a Lisbon. No era el reflejo de las llamas de la chimenea, ni de la luz del salón. Era como si por primera vez en muchos años acabara de descubrir algo nuevo, algo que hasta entonces había estado enterrado bajo tierra. Combinada con esa encantadora sonrisa, aquella mirada conseguía inquietar a la agente.
I'd crawl then I'd walk then I'd run but then I'd stumble and fall
Somewhere between the love and the lust
I tried my best I was maladjusted
And I'm not saying that I know it all
Maybe I'm a little more self-aware
Still get scared but I've learned to trust it
-¿Por qué me miras así?- La pregunta cogió Jane por sorpresa.
-¿Así cómo?
-Como si estuvieras tramando algo.- La desconfianza en la voz de la agente provocó en Jane una de sus encantadoras sonrisas.
-Estás un poco paranoica.- Se mofó Jane ladeando la cabeza.- ¿No será que te da miedo estar tan cerca de mí?
-Me acabas de recordar que hace tiempo que no te doy un puñetazo o te tiro algún objeto puntiagudo.- Rio alzando ambas cejas.- Y ahora lo estás pidiendo a gritos.
-La violencia es la forma más antisocial de resolver un problema, Lisbon.- Dijo tan enigmático como siembre el asesor.
Una carcajada salió de la garganta de la pelinegra, que consiguió arrancarle una sonrisa al rubio al no poder evitar contagiarse por la renovada alegría de esta. Hacía tanto tiempo que no la oía reír.
So when it comes to us
I've weighed up all the odds
I bet that this is love
Cuando por fin paró su risa, se quedó observando al rubio, que tenía una sonrisa tonta. Se acercó aún más a él y apoyó su cabeza en su hombro, cerrando los ojos y dejándose llevar por la sensación de tranquilidad que tenía allí. Este la imitó y apoyó su cabeza en ella, rodeando por completo su cintura con el brazo. Canela. El olor de su pelo hizo que aspirara descaradamente el aroma que desprendía, embargado por la sensación de tenerla tan cerca.
-Feliz navidad, Lisbon.- Casi susurró.
-Feliz navidad, Jane
So if you're gonna spend time
Spend it upon me
Spend it up on me
Just give me your time
Don't take it from me
Nota de autora: Quería aprovechar, ya que no me paso demasiado por aquí y desearles a todos unas felices fiestas y un buen comienzo de año. De paso, agradecer a todos lo que siguen la historia, a los que la han puesto en favoritos y a los que me dejan sus comentarios, realmente me importa lo que penséis, ya sea para bien o para mal. Espero que hasta ahora les haya gustado y avisar que no sé cuándo podré volver a actualizar porque últimamente he tenido algunos problemillas tanto con el tiempo por esto de las vacaciones, como con el ordenador y también unpoco con la inspiración, pero nada que no se pueda arreglar. No sé cuándo podré seguir con el próximo capítulo, pero no les haré esperar demasiado, eso seguro.
Felices fiestas y feliz año nuevo y gracias de nuevo.
