Cap.12: La Astucia del Fuego, la Desesperación del Hielo

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Sus oídos comenzaban a amenazar con estallar. Plic. Aquel débil golpe sonaba como una bomba a consecuencia del atronador silencio que le precedía. Plic. Monótono Plic, casi calculado. En el cuarto plic otro le hacia el eco. Plic-Plic Su repetición comenzaba a enloquecerla, porque aún sin poder mover un solo músculo, los sonidos, o más bien, el único sonido que llegaba a sus oídos comenzaban a taladrarle los tímpanos. Quería abrir los ojos. Buscar la procedencia del sonido y pararlo de una vez, pero no tenía ni la fuerza ni la voluntad de hacerlo. Algo le daba pinchazos, aunque su aturdimiento no dejaba reconocer la parte del cuerpo de donde procedía el dolor. Todo quedaba reducido a la resignación. Trató de hacer memoria. Recordar cómo había acabado tumbada en aquel suelo: inmóvil y prácticamente sin sentido. Su mente llegaba a recordar de manera nítida muy pocas cosas. Una discusión en el parque. Jugar con Ben a los muñecos de superhéroes. Y una calle oscura. Su mente volvió a ceder para suerte de ella, quién de nuevo quedó sumergida en un mundo de tinieblas y dolor.

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Eran las doce de la noche, y desde la ventana y con las persianas a medio cerrar, la señora Jones cuchicheaba con uno de sus gatos en el regazo a su vecina. Un hombre de rizos rubios y otro alto y moreno hablaban acaloradamente. Llevaban así poco más un cuarto de hora, y la anciana vecina no se había perdido un momento. La pelirroja, siempre en el medio, trataba de calmarlos. Una media sonrisa se posaba en su rostro cada vez que Van Pelt ponían una mano sobre Rigsby con la intensión de calmarlo.

-¿Lo ves, Missi?- Murmuró la señora Jones a su gordo y peludo gato recostado en su regazo.- Por eso mamá decidió estar soltera.- El gato dio un salto y caminó hasta perderse del campo de visión de la mujer.- Enseguida te pongo la cena, pero primero tengo que hacer una llamada.

En el edificio consecutivo sin notar la mirada de su vecina, la conversación continuaba.

-No lo sabíamos con seguridad. ¿Cómo te íbamos a avisar?- Estalló la pelirroja harta.- Si de verdad…- El timbre interrumpió a Van Pelt que se acercó acaloradamente a la puerta y suavizando su rostro abrió la puerta para encontrarse a Cho.- Cho, pasa. ¿Quieres tomar algo?

-Estoy bien, Grace. ¿Qué ha pasado? ¿Y dónde está Lisbon?- Las caras preocupadas de sus compañeros le dijeron lo peor.

-No lo sabemos. Se supone que debería de haber llegado aquí hace más de una hora.- Grace comenzaba a perder los nervios.- Le dijimos que se quedara a cenar, pero no quiso, y cuando llamó pues yo le dije que viniera. Era importante.

-Grace.- Unas manos reconfortantes se posaron sobre sus hombros, haciendo que se sentara en el sillón.- Grace, ni siquiera sabemos si ha pasado algo.

-No entiendo nada.- La confusa y enmarañada explicación de Grace, solo había dejado al asiático con más interrogantes.- ¿Qué era importante?- Rigsby le dijo que tomara asiento junto a un muy callado Jane.

-Lisbon llamó anoche. Sobre las diez.- Wayne se disponía a volver a contar la historia.- Dijo que tenía algo importante que decirnos. Pero que no podía ser por teléfono. Que vendría para contárnoslo. Cuando no llegó, pensamos que tal vez podría haber tenido un imprevisto, así que la llamamos al móvil, pero no contesta.

-¿Dónde estaba?

-En tu casa. Te estábamos esperando para ir hacia allí.- El asiático asintió y todos se levantaron para salir de la casa.

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Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Aquel ruido la despertó. Comenzó a recuperar la sensibilidad de sus miembros. Ahora ya sabía de dónde provenía el dolor, de su costado derecho. Cuando trató de mover una de sus manos se percató de que todos sus músculos estaban entumecidos. Hacía mucho frío y esa era la primordial razón por la que le costaba tanto moverse. Primero los dedos, los cuales palparon una fría superficie de cemento. Casi parecía estar tirada sobre hielo. Luego trató de mover los brazos, para notar que nada la aprisionaba. Su mejilla estaba pegada al suelo, fría como el resto de su cuerpo. Sus párpados. Pesaban como bloques de hormigón. Y sus piernas, aún no respondían con normalidad. Le habían dado algo más que una descarga eléctrica. Quizás morfina. Hizo un esfuerzo para tratar de abrir los ojos, y cuando al fin lo consiguió, la oscuridad la sobrecogió, esperando a que su vista se acostumbrase a aquel vacío lleno de oscuridad.

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo en aquel lugar? ¿Cómo había llegado hasta allí? Una descarga eléctrica, una calle oscura y vacía, la llamada, la casa de Cho… un archivo. De pronto, su mente se iluminó por completo dejándole, ahora sí, libre acceso a sus más recientes recuerdos. Sin embargo, aquello apenas respondía a sus preguntas. Algo estaba claro. Aquello solo podía ser obra de John el Rojo. ¿Por qué no tenía los ojos cubiertos? Ella era criminóloga y tenía la respuesta. Porque nada de lo que viese u oyese saldría de aquella habitación.

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-Han forzado la entrada.- Susurró Cho mirando a sus compañeros, quienes desenfundaban el arma. Lo había oído, ese "click" que sonaba cuando alguien forzaba tu cerradura. Estaba seguro de haberlo oído. ¿No habría sido su paranoia?

-Vaya.- La cara de Grace denotaba la misma sorpresa que la del resto del equipo al entrar en la casa.- Parece como si hubiera pasado un terremoto por aquí.

-Sí, pero ya se ha ido.

Libros por el suelo abiertos de par en par, muebles rodados y desorden en general era lo que quedaba del típico orden de la casa de Cho. Estaba claro que alguien había estado allí recientemente. Luego de registrar la casa por completo y enfundar sus armas, se reunieron en el salón, el cuarto más desordenado.

-¿Crees que ha habido lucha aquí?- Preguntó Rigsby.- Parece como si hubiesen forcejeado. Tal vez viniese a buscarla aquí. Lisbon sería capaz de dar mucha guerra.

-No creo.- Habló Jane por primera vez desde que había llegado Cho.- Son las doce de la noche y todo está en silencio. Si este desorden se hubiese provocado por lucha, creo que los vecinos habrían oído algo. No, yo creo que esto fue después de llevársela.

-Pero. ¿Cómo descubrieron que iba a venir?- La respuesta vino sola.- Los teléfonos. Los teléfonos de nuestras casas deben estar pinchados. No solo los móviles.

-La pregunta es ¿qué descubrió? ¿Por qué se la llevaron? ¿Y por qué vinieron luego aquí?

-Se la llevaron porque sabía demasiado. ¿Sobre qué? Eso no lo sé. Y en cuanto al desorden. Está claro que buscaban algo. Pero ¿el qué?- La respiración de Cho se paró por un momento y sus ojos se abrieron como platos, mientras empezaba a buscar como loco algo entre el desorden.

-¿Se puede saber qué buscas?

-El archivo. Lo dejé sobre la mesa. Tenía prisa en salir, así que no pude ni echarle un vistazo. ¡Lo dejé sobre la mesa!- Los otros tres también comenzaron a buscar. Pero o bien había desaparecido, o bien en aquel desorden era imposible encontrarlo.

-Lisbon debió leerlo y por eso nos llamó. Había descubierto la pieza que faltaba y por eso se la han llevado. Tenían nuestros teléfonos pinchados para controlar si descubríamos algo.- Van Pelt buscaba desesperada aquel archivo. Si desaparecía, John el Rojo también lo haría.

-Chicos, he encontrado el archivo.- Por alguna razón, la voz de Jane no sonaba para nada aliviada.

Entre las débiles llamas del fuego, los últimos pedacitos de las páginas del archivo se consumían. Era demasiado tarde para él.

-Al menos le llevamos ventaja.- Suspiró Jane.

-¿Cómo sabes que fue Lisbon y no él quien las tiró al fuego?- Preguntó dudosa Grace.

-No creo que se le ocurriera mirar en el fuego… no habría revuelto la casa de tal forma.- Jane sonrió.- Él no lo tiene.

-Pero nosotros tampoco.- Se lamentó Rigsby.- Ahora solo Lisbon tiene lo que él buscaba. La pregunta es si para él también había algo valioso escrito en ese archivo. Algo que ya no puede leer y que solo está en la cabeza de Lisbon.

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Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Al fin, y tras tanto esfuerzo, consiguió incorporarse tambaleante. Su vista, ya acostumbrada no le ayudaba demasiado. La única débil luz procedía de algún lugar demasiado alto para ella. Y lo único que iluminaba era parte de un cuarto vacío. Sus paredes no parecían estar insonorizadas. Había una puerta metálica oxidada al otro lado de la habitación, pero estaba trancada. Las paredes de cemento gris hacían de aquel lugar todavía más frío. Fue entonces cuando se percató de que no llevaba zapatos ni calcetines, por lo que sus pies estaban helados sobre aquella fría superficie. Tampoco llevaba su abrigo. Tan solo su pantalón vaquero y su camisa de manga corta. Y al cuello, su cadena dorada con la cruz. Trató de darse calor frotándose los brazos mientras veía como cada vez que espiraba salía vaho.

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Si no entraba pronto en calor, lo más seguro era que le diera una hipotermia. Estaba casi segura de que fuera el clima también era muy frío. Lo último que quería era morir congelada en quién sabe dónde. El miedo comenzaba a reactivar su sistema nervioso, haciéndole sentir la adrenalina correr por sus venas mientras el ritmo de su corazón aumentaba con cada horrible pensamiento que pasaba por su cabeza. Corriendo descalza sobre el helado suelo, se acercó a la puerta y comenzó a aporrearla con desesperación. Alguien tenía que oírla. Estaba segura de que su voz aterrada traspasaba los muros de aquella pared. Pero entonces, ¿por qué nadie acudía? ¿Es que no había nadie?

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Se dejó caer abatida sobre el suelo junto a la puerta enterrando sus dedos en la raíz de su pelo. Que impotente se sentía sin su arman Expuesta al terrible frío. Encerrada en un cuarto, sin comida, ni bebida. Sin nadie que pudiese oírle. Solo ella. Sola. Se encogió ante ese pensamiento con la vista en un punto fijo y apretando con fuerza la cruz.

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Si al menos pudiera parar ese atronador sonido… Parecía agua, pero ni siquiera sonaba en esa habitación. Quizás era una gotera en el techo. ¿Estaba en un sótano? Quizás la nieve de la superficie se hubiera colado por las paredes. Trató, mirando a su alrededor, reconocer el lugar. Todo era cemento. Excepto las puertas, metálicas y oxidadas. Las paredes parecían estar deterioradas por el tiempo y manchadas. Se levantó y acercó a una de estas manchas. Era pintura. ¿Estaría en un edificio abandonado?

Plic… Plic… Plic… Plic-Plic… Plic… Plic… Plic… Plic-Plic…

Se tapó los oídos con fuerza. Lo que ella no sabía era que aquella tortura psicológica era tan solo el principio de lo que serían las peores y quizás últimas horas de su vida.


Hola lectores:

Lo primero y más importante, pido disculpas, por no haber actualizado en varios meses. No ha sido una buena época para mí, he estado muy estresada, y agobiada, pero ni eso es excusa para tardar tanto tiempo. Bueno, después, agradecer a todos los que aún leen y comentan por ser tan pacientes conmigo, de verdad se los agradezco de corazón. Ahora que llega el verano, mis actualizaciones, creo, serán más regulares. Gracias a todos los que leen, comentan, siguen o ponen en favoritos tanto mi historia como a mí. De nuevo disculpas.

Saludos.