Cap.14: Al Alcance de Tu Mano
Van Pelt cerró su ordenador con fastidio. Aquello no estaba yendo como ellos esperaban y el nerviosismo comenzaba a apoderarse del grupo, así como la impotencia y de nuevo la desconfianza. Cogió su pequeño portátil y se lo llevó bajo el brazo hacia la sala de Cho, donde el resto del equipo la esperaban, revisando archivos, cuentas bancarias y todo lo que habían podido sacar de los tres sospechosos. Cuando oyeron sus pasos llegar, sus miradas se volvieron expectantes, pero rápidamente regresaron a lo que habían estado al ver que no traía nada nuevo.
-Ninguno de los tres tiene coartada aparente. He fisgado en todo lo que he encontrado, pero nada.- La palpable desilusión en la voz de Grace también se reflejaba en las caras de los demás. Miró su reloj de muñeca y soltó un nervioso suspiro.- Hace treinta y una horas que Lisbon ha estado desaparecida.
-Se nos está acabado el tiempo.- Recalcó por enésima vez Rigsby.
-Le he dicho a Charles de la fiscalía que si ocurre algo o escucha algo, que me avise.- Los demás asintieron.- Estoy empezando a pensar que perdemos el tiempo.- Rigsby soltó una sonrisa victoriosa.- No hemos encontrado nuevas pistas. Y…
-Nueve horas.- Soltó de repente Jane. Todos le miraron sin entender.- Dejémonos nueve horas. Si en esas nueve horas no hemos hecho ningún avance, entonces observaremos la posibilidad de pedir ayuda.- El equipo compartió una mirada enigmática.
El mismo pensamiento pasaba por la cabeza de todos. ¿A qué venía eso? Jane apenas había hablado en todo el rato que habían estado allí, mucho menos ayudado, para sorpresa de los demás. Y cada vez que intentaban replicarle, él decía que estaba pensando, que le dejaran en paz como él hacía con ellos. Al final habían desistido en intentar averiguar qué era lo que se traía entre manos. ¿Había descubierto algo que ellos habían obviado? ¿Sin ni siquiera mirar un papel o un documento? No valía la pena intentar sonsacarle algo ahora.
-Estoy de acuerdo.- Grace aceptaría las consecuencias, siempre y cuando aquello le trajese de vuelta a su compañera.
-Vale.- Aunque no lo estaban diciendo, aquello era como fijar un trato con Jane. Un trato en el que se comprometían a no hacer preguntas. Un riesgo, que para ellos era bastante alto.- ¿Rigsby?
Él asintió también, con la mandíbula apretada. Dicho esto, cada uno continuó con lo suyo. No habían descubierto nada hasta el momento, por parte de los demás tampoco esperaban encontrar nada. Llevaban más de un día buscando entre hojas de papel, y no había surgido nada. Los ánimos habían ido descendiendo poco a poco.
-Aquí hay algo.- Rigsby había encontrado un pago irregular en una de las cuentas.- Parece que hizo una gran transferencia a alguien.
Las caras de los demás se volvieron a encender, y Van Pelt, rápida y eficaz comenzó a rastrear la cuenta de banco a la que había ido a parar el dinero. Cuando tuvo un nombre y una dirección, Cho y Rigsby se levantaron y Jane decidió acompañarlos.
. . .
Trató de apoyarse en la pared para poder sentarse. Su mano temblorosa no le daba la estabilidad que buscaba. Cuando lo consiguió, se acurrucó buscando algo de calor con su propio cuerpo. Trató de calentarse las manos con su respiración, aunque esta, también era terriblemente fría. Las últimas horas de Lisbon habían sido una horrible pesadilla. Había sido electrocutada, golpeada, no había ni comido, ni bebido nada desde que estaba allí, por descontado tampoco había dormido, menos aquel pequeño sueño que había tenido antes de que aquel hombre entrara. Ahora se encontraba allí tirada, dolorida por todas partes. Sin embargo, aún no había dicho nada. Ni siquiera ella se explicaba el por qué. ¿Aún esperaba que la encontraran a tiempo? Sí, aunque a cada segundo que pasaba sus esperanzas de serlo a tiempo iban disminuyendo lentamente. Cuando oyó la puerta abrirse de nuevo, se pegó aún más a la pared, rezando porque donde quisiera que estuviera su equipo diese con ella a tiempo.
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-Miren…- El hombre con tatuajes miró a su alrededor para comprobar que no había nadie.- Era su confidente. Estaba trabajando en un caso con traficantes y yo era el topo.- Cho, Rigsby y Jane compartieron una mirada fastidiada.- Me estoy jugando la cabeza por hablar con vosotros. Preferiría que hablarais con mi superior. El agente Joffrey Kent.- Dicho esto, les cerró la puerta en las narices.
-¿Qué hacemos ahora?- Preguntó Cho.
-A mí no me vendría mal comer algo.
Rigsby comprendió enseguida que no era a eso a lo que se refería su compañero. Decidieron que pasarían a comprar algo y volverían a la casa de Cho. Los tres hombres bajaron las escaleras y se volvieron a meter en el coche, ahora abatidos. Estaban de nuevo como al principio. Antes de que Cho pusiese el coche en marcha, el teléfono de Rigsby comenzó a sonar.
-Es Van Pelt.- Anunció Rigsby.- Grace, pongo el altavoz.
-Chicos, es muy probable que haya encontrado algo. No estoy del todo segura, pero en cuanto podáis deberíais venir, es importante.- La voz de esta sonaba claramente nerviosa.
-Está bien.- Asintió Cho.- Pasaremos a comprar algo para la cena, y después vamos para allá.
-Muy bien.
-En realidad creo que no deberíamos de para a comprar nada.- Dijo Jane cuando el teléfono se cortó. Se viró hacia Cho.- Quizás deberías de pisar el acelerador e intentar llegar cuanto antes a tu casa.
-¿De qué hablas?- Preguntó Rigsby.- Si Van Pelt ha encontrado algo…
-Es muy probable que Grace no haya encontrado nada. Y también que John el Rojo piense que sí.- Las miradas de Cho y Rigsby exigían respuestas.- Puede, y solo puede, que haya dejado una pista falsa en tu casa para que pensara que era de Lisbon. Es un papel doblado con un nombre junto a la chimenea, pero escondido. Antes lo dejé a la vista para que Van Pelt lo viese y nos llamase.
-¿Qué nombre contiene?
-Irina Mawson.
-¿Quién es Irina Mawson?- Rigsby resopló fuertemente cuando Jane se encogió de hombros.- ¿Puedes contarnos ahora de qué va tu plan?
-¿No es obvio?- Las caras de Cho y Rigsby eran un claro "Si lo supiéramos no te lo preguntaríamos".- Cuando John el Rojo escuche esa llamada pensará que Van Pelt ha encontrado lo que queríamos, cosa que claramente no ha hecho, y mandará alguien a buscarla. Pero nosotros le estaremos esperando y cuando lo tengamos no tendremos más que sonsacarle dónde está Lisbon. Pero eso solo será si os dais prisa.- Cho pisó el acelerador irritado.
-¿No se dará cuenta de que es una trampa?
-Quizás lo sospeche, pero debe de estar seguro. Está desesperado, Rigsby, no creo que se pare a pensarlo demasiado. No se arriesgará a que se le escape.- Jane tenía una amplia sonrisa en su rostro.- ¿A que es una idea genial?
Ninguno de los dos contestó, evitando así comenzar otra discusión.
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Comenzaba a tener calambres en las rodillas. Delante de ella había un gran cubo de agua cristalina. En su superficie, flotando habían algunos trozos de hielo. Tener aquella apetecible agua delante y no poder beberla era un auténtico infierno. En realidad era una tortura más. ¿Quién sabe qué tendría aquel balde a rebosar de aquella apetecible agua? Quizás estaba salada, o intoxicada, o simplemente sucia. Decidió apartar la vista de ella y posarla en el hombre que se encontraba tras el cubo. Parecía que había adivinado sus pensamientos, porque su sonrisa burlona la miraba de hito en hito a ella y al agua.
-Veo que no has cambiado de opinión. Bueno, quizás esto te refresque un poco las ideas.
El hombre que estaba tras Lisbon le sumergió la cabeza en el agua. Le dolían terriblemente las sienes de la temperatura glacial. Cuando un poco de agua se le metió por la boca y la nariz, estas le dolieron a horrores. Si ya había perdido la sensibilidad en los dedos, ahora, comenzaba a sentir ese molesto cosquilleo en las orejas. Le hubiera gustado dejar de sentir la cabeza, así, quizás el dolor hubiera cesado. Cuando creía que iba a perder la conciencia, el hombre tiró con fuerza desmesurada de su pelo. Tosió, mientras su ropa quedaba completamente empapada.
-Esto es completamente innecesario, Teresa.
-Si tuviera aquí mi arma no te librabas, hijo de puta.- Su voz sonaba rota y débil.- Dame una pistola y veremos quién es el débil.- El cuchillo que sujetaba en la mano, se quedó a escasos centímetro de sus venas principales del cuello.
-Cógelo.- El cuchillo había girado y ahora, la empuñadura quedaba por su parte.- Cógelo y mátame.- Lisbon se alejó inconscientemente.- ¿Quién es la débil, Teresa?
-¿Estás jugando conmigo?
-Para nada.- Su rostro denotaba seriedad.- Mira, te lo dejo ahí.- Dejó el cuchillo junto a ella en el suelo, mientras reía burlonamente.- Vamos, ¿sigues creyendo que estoy jugando?
. . .
Caminó despacio por el suelo de piedra. Dentro de la casa había una débil luz encendida. Se acercó a la ventana para mirar, pero las cortinas estaban echadas. Sacó la pistola con el silenciador y siguió avanzando hacia la puerta. Cogió la llave que se encontraba dentro del macetero junto a la puerta, y con un movimiento rápido la abrió. No pudo evitar asustarse cuando al apenas entrar en aquel cuarto aparentemente vacío, dos hombres saltaron hacia él, quitándole el arma de la mano y bloqueándolo en el suelo. Pronto se vio sentado a la fuerza en una silla, atado a esta con unas esposas. En frente de él había cuatro personas, a las que conocía muy bien.
-¿Dónde está?- En la mano de Van Pelt y sujetada con fuerza, estaba su arma.
-No te conviene enfadarla.- Le recomendó Wayne.- Y menos si tiene un arma.
-Lo siento, pero no sé de qué me habláis.- Su voz era grabe y lúgubre.- Podéis hacerme lo que os plazca. Cualquier cosa es mejor que lo que me haría él.
-¿Estás seguro?- La voz de Jane le hizo revolverse incómodo.- ¿Estás seguro de que prefieres lo que te hará él?- Una sonrisa de loco asomó por su cara.- No tenemos tiempo para juegos, así que seremos directos. Te podemos garantizar salir ileso de esta.- El hombre en la silla le miró confundido.- Te podemos conseguir un billete fuera de los Estados Unidos, a cambio de información.
-¿Te crees que no me encontraría?- Su voz era desafiante.
-No, si nosotros le encontramos a él antes.- El hombre les miró a todos uno por uno.
-No sabéis de lo que es capaz.- Una sonrisa loca asomó en su rostro.- Probablemente para cuando lleguéis solo quedarán los restos de vuestra amiga.- Rio abiertamente, provocando que la pistola de Van Pelt apuntara a su sien.
-Nos vas a decir donde está, y nos lo vas a decir ya.
