Cap.15: Sin Sentido
Los árboles pasaban a su lado a gran velocidad. El sonido del aire abriéndoles paso comenzaba a ser una molestia en sus oídos. Las personas, girando sus rostros contrariados ante las escandalosas sirenas le irritaban, al igual que estas. Y por si fuera poco, el ambiente sofocante comenzaba a agobiarle. Aunque eran todo cosas malas, eran todo distracciones. Para no hacerle pensar, para hacerle inmune a lo que ocurría a su alrededor. Ninguna, sin embargo, surtía el efecto deseado.
-Jane.- El hombre se giró hacia Van Pelt a su lado.- Los SWATS están en camino.
Ni siquiera contestó. Tan solo volvió su vista a la ventana y continuó mirando el exterior. Tras casi media hora de interrogatorio, al fin tenían una dirección. Aunque no completamente fiable, era lo único que tenían y valía la pena arriesgarse. Todo el equipo tenía esa sensación de irrealidad que se tiene cuando al fin llegas al lugar con el que has soñado durante años. Por alguna razón, esa irrealidad no nos permite disfrutar el momento. Llegar a la meta, nunca suele ser tan satisfactorio como uno piensa. Porque la mayoría de las veces ni siquiera resulta ser como uno cree que será.
-Ya estamos llegando.
Estaban en un barrio apartado. Las calles se encontraban desiertas, aunque a esas horas de la madrugada en aquel lugar era normal. Había varios edificios a medio construir, aunque Rigsby se detuvo en uno en particular. No demasiado diferente a los que le rodeaban. A pesar de no estar en uso, se había conservado bien. Tenía todas las paredes en pie, aunque la mayoría pintarrajeada. Se bajaron del coche sin decir palabra. En el maletero se encontraban los chalecos antibalas. Cho se los entregó a cada uno.
-No podemos esperar los refuerzos.- Van Pelt miró hacia la edificación.- No hay luz dentro. Quizás es una trampa.
-Es muy probable que lo sea.- Asintió Cho.
-Necesito un arma.- Rigsby miró a Jane desconfiado, aunque obedeció en silencio.- Supongo que no hay ningún plan.
-No.- Admitió Van Pelt.- Solo sacar a Lisbon viva.- Los demás compartieron unas últimas miradas nerviosas, afianzando las armas y cerrando el coche.- Lo mejor será que nos separemos dentro para cubrir más terreno.- Asintieron.
El interior estaba inundado por un ambiente demasiado cargado para ser un edificio en desuso. Aunque pensándolo mejor, quizás era la sensación que tenían ellos al caminar por los oscuros y silenciosos pasillos de cemento. La falta de luz del exterior hacía de los pasos inseguros y desconfiados. Cada habitación vacía era un alivio y un apretón más en el estómago de cada uno. Era inquietante el denso silencio que lo cubría todo. No era un silencio natural. Era un silencio frío, forzado. La ausencia de cualquier ruido hacía del retumbar de los pasos, de su respiración, e incluso de los latidos de sus corazones, sonidos atronadores que amenazaban con delatarles. Empuñaban sus armas con determinación, y con cautela. Mientras paseaban la mirada por los cuartos vacíos y oscuros. En alguna ocasión alguno había tropezado con objetos que se encontraban en el suelo, haciéndoles detenerse y escuchar con atención para asegurarse de que no habían sido descubiertos. Luego reanudaban el paso. Dejando que el sudor frío fuera desapareciendo.
Van Pelt andaba segura de sí misma, con paso decidido y mirada atenta, escrutando la impenetrable oscuridad y avanzando con pasos ligeros y rápidos como un gato que se mueve en las sombras. Rigsby prefería caminar con más cautela. Se detenía cada poco, para asegurarse de que el silencio seguía siendo ininterrumpido. A veces creía ver sombras que se movían entre las sombras, o haber escuchado pasos cerca y tener que pararse con recelo a comprobar varias veces hasta comprender que no era otra cosa que el eco de sus propias pisadas. Cho se preocupaba más por su arma, siempre en alto y preparada con el dedo en el gatillo. Parecía no parpadear, como si creyera que en el momento en el que lo hiciera alguien le fuese a sorprender. Cada cuatro o cinco pasos echaba una mirada por encima del hombro, conteniendo la respiración. Jane, a pesar de no haber portado un arma tantas veces como sus compañeros, tenía un agarre decidido. Caminaba despacio, intentando que sus pisadas hicieran el menor ruido posible. Estuvo tentado en varias ocasiones de andar en calcetines para no hacer tanto ruido.
El edifico parecía estar completamente vacío. Empezaba a pensar que aquel hombre se había burlado de ellos. Alzó el arma al entrar en una nueva habitación. Hizo un rápido barrido y la bajó, soltando el aire contenido. En el fondo había otra puerta, o al menos lo que quedaba de ella. Se acercó despacio y la abrió. Frunció el ceño y se miró la mano con la que la había abierto. Estaba limpio a diferencia de los demás pomos. Afianzó el arma y caminó más despacio. Se volvió a detener unos pasos más adelante, cuando creyó haber oído algo. Una respiración pesada. Un sonido acompasado que subía y bajaba. No tenía demasiado claro de dónde venía el sonido, pero trató de seguirlo, posando el oído en cada puerta por la que pasaba. Se le congeló el aliento al torcer en una de las esquinas. No había puertas a los lados de aquel pasillo, solo una al fondo de metal. Estaba a medio abrir y en el interior parecía haber una luz débil. Se dio cuenta de que las manos le sudaban, aunque no hacía calor. También su respiración se había vuelto más lenta, pero fuerte. Dio pasos sin hacer el menor ruido. Cuando se encontraba a menos de un metro de la puerta los ojos le empezaron a escocer de no parpadear.
Golpeó la puerta con el hombro, haciendo retumbar el sonido del metal. Acurrucada en una de las paredes e intentando pasar desapercibida entre las sombras había una figura menuda. Se había sobresaltado al escuchar la puerta, pero no había dicho nada.
-¿Lisbon?
Era ella, inconfundible. A pesar de su pelo desordenado y mojado y de la suciedad que la cubría de no haberse bañado en varios días seguía siendo inconfundible. Se arrodilló a su lado, sin dejar de observar sus ojos cansados pero atentos.
-Jane.- Su voz sonaba débil.- Lo siento.
-No importa.- Aseguró.- ¿Dónde está…?
-Lo siento.- Dejó caer la cabeza en su pecho, soltando un largo sollozo y aferrándose con fuerza al pecho de su camisa.- Lo siento, Jane.
Prefirió no decir nada más, mientras en un gesto torpe le acariciaba el pelo mojado. Cuanto más tiempo pasaba allí en el suelo más dudas le asaltaban y más se tenía que controlar para no decir ni preguntar nada. Estaba helada, y temblaba de forma incontrolada. Se quitó la chaqueta sin separarla y la cubrió con ella tratando de darle un poco de calor. Cuando su respiración se volvió entrecortada, pero regular se separó y ella no lo impidió. Su piel estaba más pálida de lo normal y tenía unas prominentes ojeras.
-Creo que tienes hipotermia, hay que sacarte de aquí cuanto antes.- Ella se limitó a asentir, aunque Jane no se movió.- ¿Sabes dónde está?
Su rostro se volvió de nuevo un enigma, aunque esta vez se limitó a agachar la cabeza.
-Tuve que hacerlo.- Jane le miró sin entender. Lisbon desvió la mirada hacia la otra esquina de la habitación.
Detrás de la puerta, en un lugar donde no llegaban los rayos de luz del exterior había una figura en el suelo. Jane no tuvo que preguntar quién era, porque la respuesta la sabía. Se extendía bajo esta un gran charco rojo, el cual ya comenzaba a despedir un ligero olor a muerte. Reconoció el rostro muerto y rígido del cadáver. Para él había sido solo un nombre en una lista. Ahora no sabía lo que era. No era su venganza, ni su consuelo. Era solo un hombre muerto. Un cadáver más de todos los que veía a diario en su trabajo. No tenía ningún sentido. No le causaba ninguna sensación. Asco quizás. Puede que incluso indiferencia, y aquello le oprimió por dentro. Se obligó a apartar la mirada mientras se ponía en pie y ayudaba a Lisbon a hacer lo mismo.
Llamó a voces a sus compañeros, sabiendo ahora que el edificio estaba vacío. Casi tan vació como él se sentía.
