—Disclaimer: La serie de televisión Victorious no es de mi propiedad; su dueño e ídolo tiene nombre y es Dan Schneider, alguien que no soy. La serie de libros Escuela de Frikis no me pertenece; su autora es Gitty Daneshvari.
¡Hola a todos! Supongo que tendré una pequeña bienvenida al fandom, ¿neh? Je... Bueno, acá presento mi primera historia de Victorious la cual es una pequeña adaptación/versión/continuación-sin-spoiler de una saga de libros que me gusta mucho la cual tiene el mismo título que el de la historia; para los que disfruten de la comedia, estos libros la tiene y bastante, es muy bueno. Y como he dicho, no pondré ningún spoiler-arruina-infancias del libro, sólo tomaré prestados unos dos o tres personajes, así que sí, será un Crossover.
Otra cosa... para los amantes, sí tendrá Romance, pero en un futuuuro xD. Adivinen las parejas.
En fin, ¡nos vemos abajo!
Basado en las serie de libros "School of Fear" de Gitty Daneshvari, Mega Ayu presenta:
Escuela de Frikis
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Capitulo I: Todo el mundo le teme a algo
"La acrofobia, altofobia ó batofobia es el
miedo a las alturas o la manera científica de conceptuar el vértigo que
se siente en el estómago al mirar hacia abajo en lugares altos"
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Las clases de Sikowitz últimamente duraban más de lo deseado para muchos alumnos, a excepción de Tori Vega, quien prestaba atención a la lección del día que explicaba Sikowitz sobre el género Daño y Confort. Muchos de sus alumnos no se encontraban ahí puesto que tenían que ver con otras ocupaciones, así como Jade, Cat, André y Robbie.
Por el lado de Tori, permanecía sentada en el primer puesto hacia la mini tarima, donde siempre ocupaba lugar. Ésta y al igual que muchas de las clases anteriores le interesaba bastante, ya que aprendiendo lecciones de diferentes géneros podría aprovecharlos para mejorar su capacidad de actuación. Luego de esa clase, tendría un pequeño ensayo con el coro; estaba impaciente porque terminara la clase, sin embargo, también le agradaba la lección del día con Sikowitz.
—El Daño y Confort en conclusión, es un género que varía y es muy parecido a los cuentos de hadas que, a pesar de que pasan por una serie de dramas y angustias que generan el Daño, siempre terminan con un final feliz o la sensación de Confort que entra aquí mismo —explicó Sikowitz haciendo dibujos en el pizarrón que complementaban su clase, para luego terminar—. Para practicar éste género se necesita concientización, realimentación y un repaso rápido de los géneros antes dichos: drama y angustia.
Tori anotó felizmente la recomendación de Sikowitz en su libreta de apuntes. Sus otros compañeros, a excepción de Beck Oliver —quien permanecía intacto en su silla observando el pizarrón y los garabatos de Sikowitz que éste tenía—, se limitaron a buscar las clases anteriores antes mencionadas por el maestro por si acaso les salía una prueba o ejercicio de actuación sorpresa que solía plantear el maestro.
—Y como les he dicho una y otra vez que repasen las clases, les prohibiré hacerlo ahora —interrumpió Sikowitz su momento de retroalimentación.
Muchos fruncieron el ceño y otros bufaron, lo cual el maestro ignoró en redondo.
—¡Hora del ejercicio de actuación! —anunció rápidamente acompañando por un aplauso que sobresaltó a la clase— Ahora mismo requiero de dos conejillos de indias para presentar una pequeña mini obra escrita por mí anoche en la bañera, con sales de baño de lavanda —dijo el maestro soltando una risotada—; y como soy tremendamente bueno, dejaré que actúen democráticamente. ¡Levante la mano quien quiera actuar!
Ninguno de los presentes quiso aprovechar la oportunidad que Sikowitz les brindaba, al contrario, todos mantuvieron las manos ocupadas descansando en sus regazos o sosteniendo sus mentones con caras adormecidas. Tori se giró hacia el resto de sus compañeros y observó el panorama y semblantes aburridos de los demás y arrugó un poco el ceño; Beck bostezó.
—Vaya, vaya... —observó Sikowitz— Creo que tendré que llevar esto al azar. Vega y Oliver al estrado.
Los aludidos se miraron con semblante extrañado por lo que había dicho su maestro, para luego volverse a él que estaba con los brazos cruzados de pie sobre el mini escenario.
—Sikowitz, esto es un salón de clases, no un tribunal —manifestó Beck señalando a su alrededor.
—Aquí no hay estrado; solo un mini escenario, un pizarrón, unas cuantas sillas y unos alumnos que parece que no descansaron anoche —añadió Tori.
—¡Tú que sabes, Vega! —exclamó uno de sus compañeros— Ni siquiera estuviste en la fiesta de Tamara.
La chica lo miró extraño y se removió en su silla mirando al maestro.
—Sí, esto no es un tribunal, cierto. Pero los quiero aquí, ahora mismo —exigió.
Beck y Tori de inmediato obedecieron la orden y se incorporaron en el mini escenario observando a sus compañeros de frente.
—¿Y bien? ¿Cuál es la obra? —inquirió Tori emocionada.
El maestro hurgó en sus bolsillos hasta parecer encontrar lo que anhelaba. Sacó rápidamente un papel que lo desdobló haciendo un inquietante ruido en el aire, el cual hizo que Tori diera un respingo.
—«Manifestaciones de dos idiotas en el Triángulo de las Bermudas». Obra escrita por Sikowitz —releyó el título con sumo orgullo.
Los presentes arrugaron el ceño y lo miraron extraño al escuchar el tan disparatado título de la obra, que, anticipando su contenido con respecto al título, debía ser igual de disparatada y rara.
Sin esperar mucho, sacó de sus bolsillos otras dos hojas de papel adonde estaba la obra escrita y se las entregó a sus conejillos de indias, es decir, alumnos, que comenzaron a estudiársela a caletres.
—Bien, ¿cuándo actuamos? —preguntó Tori.
—Ahora mismo de ser posible, ya pronto finalizará la hora.
—Vale. Beck, vamos a prepararnos y—
—Aguarden un momento —la entrecortó rápidamente, haciendo que la castaña y su compañero lo observaran detenidamente—. Si bien, un gran maestro mío me enseñó que de actuar no se trata solamente de interpretar un personaje con nombre y personalidad diferente a la propia que se tiene; actuar significa recrear y recrear significa vivir, así que—
La campana dio prospecto al cambio de clases, interrumpiendo al maestro de terminar de decir sus palabras. Dejó ir a casi todos sus alumnos a sus otras clases, los cuales avanzaban impacientes hacia la puerta, muchos parecían civiles que eran obligados a ir de un lado a otro. Los amigos Beck y Tori se vieron en una buena oportunidad de salir del salón de clases para ir al auditorio, sin embargo, fueron los últimos que se quedaron allí —con Sikowitz— y sabían bien que de allí no saldrían tan fácilmente, y mucho menos con la mirada insistente de su maestro.
—... habrá clase afuera —completó Sikowitz en lo que el timbre había cortado el ruido.
—Sikowitz, disculpa pero tenemos otra clase —explicó Beck.
—Sí, Beck tiene clase de guitarra conmigo en el auditorio y yo justo ahora estoy en coro y—
—Sí, sí, y necesitan salir cuanto antes de aquí, lo entiendo —tranquilizó.
Tori y Beck se sonrieron.
—¿Entonces nos dejarás ir?
—¿Irse? —exclamó soltando una larga carcajada— Pero si aún no actúan mi obra.
—¡Pero tenemos clase—!
—... Y se irán conmigo.
Tori puso los ojos en blanco. Si le dieran una moneda por las veces que Sikowitz la había interrumpido ese día, ya se tuviese tantos ahorros para comprarse siete casotas en Europa..
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"La acluofobia ó escotofobia es el miedo a la oscuridad
o a la ilusión de creer ver sombras y figuras extrañas que
causa la misma ansiedad o miedo a la penumbra"
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Todo iba de perlas durante el ensayo de su actual obra, donde tenía de protagonista —para asombro de muchos— a Trina Vega. Para Jade West, los momentos de paz los llevaba cuando tomaba el bolígrafo y su libreta negra, adonde solía escribir sus obras de teatro, o sino su laptop, donde también llevaba redactadas innumerables obras que a la hora de la verdad salían victoriosas cuando les ponía de su empeño en el teatro.
Lo que realmente odiaba era estar asegurándose de que cada uno de sus actores estuvieran totalmente preparados para interpretar a sus personajes. Cat, por ejemplo, era buena actriz y había terminado por hacer del papel de muchos personajes de sus obras, en su mayoría protagónicos, así que de ella no se preocupaba demasiado; pero a veces la sacaba de quicio con su personalidad infantil a pesar de que era una gran amiga suya. Lo que muchos no llegaban a explicarse era el porqué Jade había escogido a Trina como su principal estrella para su nueva obra, siendo ésta tan exigente y perfeccionista y siendo Trina tan... Trina.
—¡Y entonces le dije: "¡fuera de mi vista Charlie! Eres un descuidado engendro del demonio"! —exclamó Trina, como intérprete de Ornella en la obra de Jade: «La pintoresca».
—Corte —demandó Jade—. Por favor, Trina, si quieres actuar aquí intenta ser más tú y no inventarle una personalidad diferente a Ornella.
—¿Quieres decir que Ornella es parecida a mí? —inquirió Trina frunciendo el ceño.
—Tan suspicaz, coqueta y linda como tú —dijo Jade sonriendo forzosamente.
Ante la mentirijilla de Jade, Trina sonrió de oreja a oreja y continuó con su interpretación de Ornella.
Jade borró su sonrisa una vez que Trina logro ponerse de espaldas a ella. Y todo para que la hermana de Tori estuviera convencida de que Ornella era «como ella». Su habilidad de mentir era buena, pero a veces se le hacia un poco difícil hacerlo, como ahora.
No mentía del todo, primero porque Trina era tan loca y extrema como el personaje principal de su obra; pero si decía que interpretara a la protagonista con esos aspectos propios de su personalidad, sabía bien que no tardaría en inventarse otra personalidad mucho más distinta a la que espera Jade. Pero hiperbolizando algunas cosas, consiguió lo que esperaba desde un principio. La razón por la que tenía a Trina metida en su obra era nada más y nada menos que por su extraña personalidad, la cual encajaba perfectamente con la de la estrella de su obra, Ornella.
A su lado, Sinjin manejaba los efectos especiales con una pequeña tabla de control. Los teloneros se encargaban de hacer otros efectos mas fáciles, pero en la escena actual no habían efectos simples, todo era muy exagerado, como la personalidad de Ornella, y más cuando ésta misma se la creó una muchacha como Jade West.
La historia se trataba de una muchacha que solía llevar una vida calmada, la cual es la estrella, que no fue hasta que entró Charlie a su vida; siendo éste un adolescente como cualquier otro con las hormonas alborotadas, era además un ladrón y culpaba de sus locos crímenes a Ornella, a la cual no le creen su autodefensa tras haberle diagnosticado una variación de paranoia. Vivía con esa pesadez e impotencia, pero, vamos, que la chica tampoco era una santa completa; todo su cuerpo clamaba la venganza de Charlie.
La actual escena que se practicaba era cuando Ornella, junto con su amigo Benny, inspeccionaban la «guarida» de Charlie —el cual no estaba presente en su casa— y se encuentran con una réplica exacta de una silla eléctrica que estaba aparentemente dañada y desconectada.
—Y, claro, Charlie... —escupió Trina como Ornella— Aunque no estés aquí presente, de lejos te dedico un ¡TE ODIO!
Justo en ese momento, Ornella se acercó a la silla eléctrica y se sentó en ella.
—Cuánto quisiera que este fueses tú, pudriéndote entre cenizas y electrocutando cada una de tus podridas neuronas.
—Te ruego que te calmes, Ornella —musito Benny, interpretado por André, quien se preocupaba del estado temperamental en el que se encontraba Ornella. Cualquier rabieta le puede ser mal para su salud—. Gritando así no vas a solucionar nada, además, ten cuidado con cualquier corto circuito; esa silla puede explotar.
Hizo caso omiso a la palabrería de su mejor amigo, sin embargo se incorporó de la silla y paseó su mirada por todo el escenario —que se suponía que recreaba a un sótano. El mando de la silla fue lo que mayormente cautivó su campo visual.
—Ornella, ¿qué haces?
Sin escucharle y responderle, Ornella se acerco al objeto y lo tomo en manos, paseándolo por todo el sitio hasta llegar a la silla, adonde los observó a ambos de reojo.
—Pon eso donde estaba y vámonos, Ornella.
Lo volvió a ignorar en redondo, porque ahora permanecía hipnotizada mirando el control con el interruptor de encendido y apagado de la silla eléctrica. Su mente jugaba con ella en ese instante; la parte mala de su consciencia multiplicado por la ansiedad y su variante paranoico que sentía la quería hacer encender la silla con el mando, pero su consciencia con aureola y alas de ángel más su sentido común le decían que se relajara, se fuesen de allí, se olvidaran de la silla o que simplemente no la encendiera.
Pero había un problema: que la suma da menores resultados que la multiplicación.
Y fue allí cuando apretó un poco más el control lentamente, mientras Benny trataba de detenerla, pero era imposible, puesto que Ornella parecía que tenía una fortaleza como cuerpo y se mantenía firme a su decisión. Su dedo estaba justo en el interruptor, el cual comenzaba a subir hacia el ON lentamen—
—¡CORTE! —demandó Sinjin a un lado de Jade.
—Grr, ¡justo iba por la mejor parte! —bramó Trina.
—¡¿Por qué demonios lo detuviste, Sinjin?! —exigió saber Jade, cruzándose de brazos.
El friki de Hollywood Arts de inmediato se giró hacia Jade para responderle—: Hay un problema con la utilería y los efectos de la silla eléctrica.
Jade frunció el ceño y se levantó de su asiento para acercarse a la escenografía, observando detenidamente la silla de ejecución.
—¿Que hay problemas dices? —repitió Trina asustada soltando de inmediato el control de encendido de la máquina de ejecución.
La directora, productora y escritora de la obra rodó los ojos por la estupidez de Trina.
—Es utilería —contestó como si fuese muy obvio—, no creo que la utilería de obras de teatro te vaya a explotar en la cara.
—Oh, nunca se sabe —añadió Sinjin macabramente.
Trina prefirió alejarse por el momento de la silla, sólo hasta que el friki arreglara el problema con esta para seguir haciendo su debut. Pero tanto actuar y poner de sí misma la estaba comenzando a cansar y a dejarla un poco deshidratada y, como una aspiración a diva, debía mantenerse fresca.
—Ugh, necesito una soda y un descanso —dijo la hermana de Tori mientras se retiraba de la sala de teatro.
—No faltes al próximo ensayo —le reiteró Jade.
—Sí, sí...
Y justo cuando Trina desapareció por la puerta de la sala de teatro, por la misma se divisó la figura masculina de uno de los del personal de efectos especiales, el cual era compañero de Sinjin en el mismo cargo; consigo cargaba con una caja de herramientas que se la entregó de inmediato al friki, para luego despedirse y avisar que iba a clases. Sinjin se agachó en el piso y, sacando un destornillador de la caja de herramientas, comenzó a reparar el pequeño problema de la silla de utilería.
André, el cual parecía que sobraba entre los oyentes —porque Jade permanecía asegurándose de que todo en su obra por ahora estuviera bien—, se ubicó a un lado de la gótica, la cual observaba a Sinjin maquinar cuidadosamente la silla eléctrica.
—Oye Jade, creo que ya debería irme a mi clase —consideró el chico viendo que, por el supuesto problema de la utilería, el ensayo ya había culminado para ellos.
—No te vayas aún, no creo que Sinjin tarde en solucionar el problema de la silla.
El aludido ahí presente se levantó del suelo y encaró a ambos.
—Pues, no creo que eso sea cierto —renegó el chico con su característica voz nasal—. Verán, la silla presenta unos pequeños daños, además de que está vieja porque fue usada una única vez en una obra de hace años, debo arreglarla y revisar cómo sale junto a los efectos especiales, los que también debo inspeccionar.
Jade rodó los ojos.
—Después de clases. Derechito aquí, sin distracciones.
—Ya lo sé, Jade; no seas mi madre —bromeó André terminando por salir de la sala de actuación.
Y, a pesar que los aires que reinaba la situación vivida ahora parecían estar casi del todo controlados, Jade no podía dejar de sentir un mal presentimiento. ¿Intuición femenina, quizás? ¿Pero por qué lo sentiría?
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"La belonefobia ó aicmofobia es el miedo
a las agujas, objetos puntiagudos y a la
sensación de que te pinchen o inyecten en la piel"
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El día de hoy en la clase del coro —la que sin embargo era su clase favorita— se estaba volviendo algo cansino para Cat, la cual sólo quería que se llegara el receso para comerse un pastelillo de coco, de los que suele hacer Festus para la merienda, o lo que sea; con tal de llenar su estómago estaría feliz.
Faltaba un alumno entre los guitarristas para acompañara las melodías del coro, y ese era Beck, quien estaba junto con Tori —otra que también hacía falta para liderar a las contralto— la cual le había avisado con un mensaje que estarían con Sikowitz durante la hora de coro por un asunto del que de veras no quería hablar. Parecía que la castaña estaba molesta y podría asegurar lo mismo de Beck.
No faltaba mucho para que se hiciera la hora, y estaba contenta por eso puesto que estaban comenzando a entrarle los síntomas de hambre: sueño, pereza, enojo y ganas de tragarte a cualquier idiota que te hable. Lo mejor llegó cuando una de sus compañeras iniciaba una prueba para entrar al coro a pesar de que estaban al paso de unos meses de finalizar el año escolar. El timbre dio prospecto al recreo, y la primera en desalojar rápidamente el auditorio entre carreras fue Cat. Lo único que deseaba era llegar a los comedores sin tener que cruzarse con cualquier idiota en el camino.
—¡Hola, pelirroja! —saludó Robbie al encontrársela en el pasillo y notar que corría frenéticamente.
Cat, sin responderle el saludo siquiera, lo empujó hacia un lado puesto que él estaba atravesado en su camino y siguió hacia su destino.
—¡Lo siento! —se disculpó sin mirar hacia atrás, siendo esto lo único que salió de su boca cuando Robbie la saludó animadamente; se sentía culpable por haberlo empujado, pero es que nada le ganaba al hambre que sentía en esos momentos. Ya luego le explicaría...
Empujó la puerta hacia el comedor y se sorprendió al ver la gran cantidad de gente haciendo fila para comprar su almuerzo en el cámper de Festus, eso la enojó mucho más y decidió actuar por impulso. Volvió a quitar de su camino violentamente a varios chicos que estaban adelantados en la fila, sin importar las protestas de los de atrás al haberse encolado, tomó uno de los almuerzos que Festus le extendía a otro chico y pagó una buena cantidad de dinero que ni ella misma sabía que cargaba en los bolsillos de su short.
Festus la miró impactado y al mismo tiempo horrorizado, tanto así que estuvo a punto de volar el cámper a pesar de que los separaba la buena altura del mesón.
—¡Cat, no! —exclamó el de Yerba.
—De verdad siento haberle quitado el almuerzo al chico, pero es que tengo mucha hambre —alegó bufando sin volverse hacia el conserje.
Al instante abrió la charola y se deleitó con el divino olor del pastel de chocolate recién hecho, dándole un primer mordisco al mismo mientras le hacía oídos sordos a las exasperaciones de Festus. Pero de repente sintió un ardor en la garganta y luego un punzante dolor de cabeza que se le hacía muy raro, ya que se sentía muy bien.
—¡Eso tenía vainilla, por el amor al cánciller! —volvió a rumir Festus saliendo del cámper y dejando a cargo al primer individuo con el que se cruzó, obviamente a Robbie, el cual había seguido a Cat al comedor— Te pagaré luego —dijo, a lo que Robbie no se negó, aunque seguía algo perplejo.
Ante lo dicho por Festus, Cat soltó la charola con el pastel dentro, sintiéndose mal por haberlo dejado casi entero cuando éste estaba delicioso, a pesar de que tenía una leve alergia a la vainilla. Festus instantaneamente la tomó de los hombros y la obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Te sientes bien?
—Me siento mareada...
Y sin más preambulos se la llevó directamente a la enfermería de Hollywood Arts, dejando atrás a un preocupado Robbie que trataba de luchar contra la biomasa estudiantil hambrienta. Perfecto, otra vez tenía que encargarse de la cafetería.
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"La fobofobia es el miedo al miedo o a temer"
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—¡Vamos, Sikowitz, es la hora del almuerzo y tenemos mucha hambre! —espetó Tori bufando mientras terminaba de subir las escaleras hacia la tarima alta del patio, con Beck atrás y Sikowizt como guía.
—Pero si de verdad quieren ganarse estos puntos positivos en mi clase, tendrán que hacerlo lo quieran o no.
Beck no quiso rechsitar, a pesar de que él no necesitaba en lo más mínimo los puntos positivos, ya que estos rebosaban en su expediente escolar. Por el lado de Tori, estaba ya cansada; ambos se la habían pasado toda la primera hora del cambio de clases actuando en distintos escenarios del colegio y ya se sentían bastante aturdidos con tanto vaivén. Y por mucho que le insistían a su maestro, éste no quería desistir.
Inclusive cargaba consigo una cámara filmadora para capturar los momentos de la obra que constaban en el género de clase vista el día de hoy, disque para recrear un momento de película. Aunque le agradaba la obra y la idea de Sikowitz de grabarlos, Tori no pudo evitar fruncir el ceño al llegar a la cima de la tarima y dejar que gran parte del alumnado de Hollywood Arts los viera, y se reitera: estaba cansada y hambrienta.
—Ahora quiero que ambos ejecuten la escena cinco que está visible en el libreto —ordenó el maestro mientras encendía la cámara de video y comenzaba a grabar a sus alumnos que realizaban lo dicho por él.
Tori comenzó releyendo el libreto, acutando como una mujer preocupada—: De verdad me siento tan impotente en ésta isla, estamos perdidos y sin nada qué hacer.
—Te dije que tomaramos clases de supervivencia —espetó Beck actuando como el esposo de la mujer que siempre le echaba en cara todos los errores que ésta cometía, también releyendo el libreto.
Eso provocó la furia en el papel de Tori.
—¡Siempre haces lo mismo! ¡Me reprimes por todo esto a pesar de que sabes bien que fuiste tú el que piloteaba el avión que nos dejó aquí barados!
—¡Tú también tenías que recordarme el recargar el combustible!
—Por si se te olvida yo soy un ama de casa ocupada y con dos hijos que son tuyos también, ¡necesito atenderlos, yo no puedo hacer todo lo que tu quieras!
Y en eso la mujer rompió a llorar de la impotencia que vivían. Frente a ellos se suponía que recreaban a un precipicio —razón por la que Sikowitz prefirió ejecutar la escena en lo alto de la tarima.
—Por favor, no comiences a llorar, solucionaremos esto —intentó confortar su esposo.
—¡Sí claro! ¿Y cómo? —exacerbó— ¿Acaso tus grandes amigos los hipócritas pilotos que te pisan los talones cada día vendrán a rescatarnos? Por Dios, John, deben considerarte muerto por no haber aparecido desde el amanecer. Deben estar felices.
—¿Por qué siempre me reprimes mi amistad con ellos?
—¡Porque son hipócritas, ya lo dije!
John, interpretado por Beck, se pasó una mano por la cara minetras observaba cómo su mujer se acercaba más y más al precipicio.
—Deena, ¿qué haces? —inquirió preocupado y al instante tomándola del brazo— ¿Acaso te quieres matar?
—Abre los ojos de una buena vez —sentenció Deena—. Estamos barados en lo que se consideraba el Triángulo de las Bermudas, todos nos deben dar por muertos, ni la misma torre de control debe tener rastro alguno de nosotros y tú aún crees que es por la falta de combustible; ¿qué no has visto películas?
Casi quiso hacerle oídos sordos a las palabras de su mujer, pero la impotencia no le dejó.
—Si vas a morir quiero que sea junto a mí.
Entonces le soltó el brazo pero situó su mano junto a la de ella mientras Deena se acercaba más y más a precipio, pero entonces Tori miró hacia abajo y regresó los tres pasos que había dado.
—Esto... en el guión dice que debo saltar —dijo Tori saliéndose de su personaje y señalando la baranda de la tarima.
—Pues obedécelo —contestó Sikowitz sin dejar de grabar, causando un gran asombro tanto en Tori como en Beck.
—¿Te has vuelto loco? —bramó ella— ¡Eso está altísimo!
—¿No me digas que le tienes miedo a las alturas aún después de haber saltado quince metros hacia el suelo en aquella película? —retó su maestro.
Tori sudó frío.
—Y-yo no le tengo miedo a la alturas.
—Entonces salta, de todos modos tu "esposo" te va a detener —aclaró Sikowitz señalando un pequeño párrafo en el libreto el cual claramente decía que John no iba a dejar que su esposa cayera al vacío.
Casi le provocó reír sin ganas, siempre quiso superarse en la actuación, pero jamás iba a pensar que incluso en las "leves" clases de Sikowitz tenía que hacer de su horrible experiencia extrema, cosa que suelen hacer los dobles en las producciones.
Beck volvió a tomar la mano de Tori como decía su papel y, a pesar de que sabía que sólo lo hacía porque el libreto se lo exigía a él, Tori no pudo evitar sentirse confortada con esa acción de su compañero, lo cual parecía animarle y alentarla a realizar la escena. Seguidamente se armó de valor y bajó de la barandilla terminando por colgar únicamente de la fuerte mano de Beck.
Los primeros segundos trató de imaginarse que todo estaba bajo control y que ninguna fuerza del mundo la haría separarse de su compañero, que lo que estaba viviendo justo ahora era una ilusión que su macabra mente quería crearle, y que aquella vez que trabajó como la doble en la película fue peor que ahora, cuando obviamente los hechos no lo radicaban así.
Se sentía increiblemente atemorizada, quería olvidarse de que estaba haciendo semejante locura y creerse que estaba teniendo una espantosa pesadilla. Debajo de ella estaban los gritos preocupados del resto de los alumnos de Hollywood Arts, los cuales de no haber sido porque Sikowitz estaba arriba con los dos alumnos, ya habrían llamado a los bomberos.
Quiso intentar hacer lo de antes y empezar de una buena vez a decir las líneas que le tocaban, pero de su garganta no salía palabra alguna. Sentía el peso de la gravedad en ella, lo cual la condujo a mirar hacia abajo.
Y allí empezó su perdición.
Todos se veían tan pequeños desde ese punto de vista y Tori no sabía si era porque su vista le estaba jugando una mala broma o si de verdad estaban así. De pronto comenzó a nublársele, estaba al borde de las lágrimas que ésta vez si eran reales en lugar de ser actuadas.
Con un increíble nudo en la garganta la impotencia parecía ganarle, ni siquiera podía gritar. Y a pesar de que su maestro le exigía que continuaran con esa fuerte escena, Beck la levantó de su posición al ver la expresión angustiada en su rostro, atrayéndola de nuevo a la superficie; ahí fue cuando Vega rompió en llanto y no dejó de abrazar fuertemente a su compañero de clases.
—No la obligues a hacer esto, Sikowitz —dijo Beck mientras observaba a su maestro detener la grabación.
Tal vez fue su orgullo lastimado, o quien sabe, pero Sikowitz decidió que lo mejor era dejarlos irse a sus clases y olvidarse de esa obra, sin comentario alguno.
Debía aceptar que se había sobrepasado con tal cosa, pero como maestro tenía que enseñarles a sus alumnos a enfrentarse a cualquier cosa, y sin reparar demasiado en Tori, supo al instante que eso continuaría mientras pudiera.
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"La brontofobia ó astrafobia es el miedo a
los destellos, rayos, truenos y relámpagos"
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—¡Perfecto! —exclamó Sinjin mientras se separaba de la silla eléctrica.
—¿Ya podemos continuar con la obra? —inquirió Jade desesperada mientras cortaba unos cuantos papeles inservibles con unas tijeras.
La hora del amuerzo había culminado y todos volvían a sus respectivas clases, excepto ellos quienes se habían quedado en el teatro asegurándose que todo estaba bajo control en la obra. Jade había comido dentro del mismo teatro y había acabado hace un cuarto de hora, al igual que Sinjin.
El jefe del equipo de los efectos especiales se pasó una mano por su frente quitándose el sudor que comenzaba a acumularse en la misma. Miró frente a él la silla de utilería y dio por sentado que su mantenimiento estaba listo. Jade lo miró incorporarse del suelo y desde su ángulo miró la silla.
Sinjin supo al instante que aunque Jade no hubiese dicho palabra alguna, se estaría preguntando si ya él habría culminado su trabajo. A lo que él repuso—: Ya casi está.
—¿Qué le hace falta? —soltó Jade esta vez sin aguantarse la pregunta.
—Nada más. Sólo haría falta revisar los efectos especiales y—
—Olvida eso, ya pronto se acabará la hora de permiso que nos firmó Helen y aún tenemos que ensayar esta última escena para estar del todo listos —exigió la morena.
Sinjin se apartó del escenario y se colocó frente a ella.
—Pero es importante revisar los efectos ya que podría ocasionar un—
—¡Que no hay tiempo dije!
Por culpa de ese ensayo ella se perdió varias horas de las clases, como la de Sikowitz por ejemplo, aunque fue una especie de alivio el haberse alejado toda la hora de ese salón, puesto que alguna veces el mismo maestro le resultaba demasiado estresante.
Aún no tenían establecida una fecha de la premiere de la obra, pero Jade podría jurar que se la dejarían para final de año, y así quería que fuese ella, puesto que la celebración del final de año escolar era la más pintoresca —como el nombre de la obra— y la mejor de todas en Hollywood Arts, puesto que productores y directores de cine famosos asistían a la misma, inclusive casatalentos. Sin embargo, Jade y su reparto querían y tenían que estar preparados para cualquier cosa, razón de los ensayos tan instensos con utilería inclusive durante las horas de clase.
En ese instante Trina y André entraron al salón de teatro y procedieron a ubicarse en escena. Ninguno de los dos se esperaba que el problema con el aparato de ejecución estuviera soldado, pero no tenían que seguir perdiendo el tiempo y debían continuar con el ensayo a costa, principalmente por tener de directora y productora a Jade.
—Acción —demandó la directora.
Continuaron con la escena antes vivida: Ornella vio el mando y lo tomó sin hacerle el menor caso a las protestas de preocupación de Benny; su mente le estaba jugando una, sinceramente.
Control en mano, Trina se dedicó a subir el interruptor lenta y minuciosamente; aún se encontraba insegura por el anterior problema de la silla eléctrica y lo asegurado por Sinjin de que ésta podía terminar por volarle la cabeza, pero trató de no mostrar esa mueca de terror en el escenario.
—¡Ornella no!
Fue demasiado tarde para Benny el rechistar, puesto que al terminar de exigirle eso, la chica hizo de no escucharle y encendió la silla eléctrica. Y, sin dudarlo por las advertencias de Sinjin, la silla eléctrica explotó, provocando una fea centella en todo el salón de teatro, para darle luego la bienvenida a la penumbra.
Parecía que al fin y al cabo el control de los efectos especiales había fallado, haciendo explotar un fusible, que fue el ocasionante de la centella y más con el hipotéticamente soldado problemilla de la «réplica» exacta de la silla eléctrica, causaron el apagón en el teatro.
Y los que salieron peor de esa situación fueron André y Jade.
—¡¿D-d-dónde estoy?! ¡No veo nada! —berreó el músico.
Jade por su parte no logró decir palabra alguna y Sinjin a su lado, con linterna en mano, la observó respirar entrecortadamente y muy rápido. Decidió que lo mejor era no hablarle y mantenerse alejado era la mejor opción, algunas veces Jade era muy agresiva y ésta vez no debería ser la excepción.
André mientras tanto trataba de mantenerse en calma tanteando sus dedos por todas partes, hasta encontrarse con Trina y abrazarla fuertemente.
—¡Relájate! Fue sólo un problema de los efectos especiales —trató de consolarlo la hermana mayor de Tori.
—¡Maldita sea, todo está oscuro!
Tras oír eso, Sinjin se le colocó delante al moreno y ubicó la linterna en su barbilla, haciendo ver una espantosa cara de terror que terminó asustando más al pobre André.
—¡AHAAAAAAAA! —gritó.
—¡Soy yo, no te preocupes! —exclamó Sinjin y ahora se dirigió a Trina diciéndole—: Mejor lo sacas de aquí y lo llevas a un lugar más alumbrado.
Trina lo abedeció y con el flash de su PearPhone alumbró el camino hacia afuera, siendo seguida por André el cual no dejaba de abrazarla.
—Tal parece que el apagón fue aquí dentro nada más —aseguró Sinjin—. No será muy dificil solucionarlo.
Entonces con su linterna alumbró hacia Jade y notó que la misma seguía donde estaba antes, manteniendo su posición de petrificación con la mirada directa hacia la silla eléctrica ahora estropeada por completo y, aparentemente, aún continuaba con su respiración entrecortada.
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—¿Y bien? —preguntó Festus a la enfermera.
—Ella se encuentra bien, sólo es una leve reacción alérgica a la vainilla, eso no significa que puede dañarle el organismo como lo haría cualquier otra alergia, pero lo mejor es que se quede aquí un poco más para ser tratada —especificó la enfermera mientras observaba la mejilla inflamada de Cat y sus ojos rojos.
El conserje asintió y terminó por retirarse de la enfermería al cerciorarse de que Cat estaba en buenas manos. A pesar de que el amuerzo había terminado, de todos modos debía asegurarse del estado del cámper y de Robbie, además de atender a la última entrega de la comida.
—A ver, abre la boca —ordenó la mujer mientras Cat obedecía—. Tu garganta no luce inflamada, ¿dices que sentiste un ardor cuando tragaste el pastel?
—Así es —contestó Cat con algo de dificultad al tener la mejilla derecha inflamada.
—Debió haber sido por el exceso de canela —manifestó mientras probaba un poco de dicho pastel el cual le había ordenado a Festus que lo trajera, para inspeccionarlo mejor—. Vaya y está muy rico... —siguió comiendo.
Cat frunció el ceño mientras observaba a la mujer comerse lo que estuvo a punto de ser su almuerzo, o al menos su pasa boca. Toda la cuestión de su alergia le había quitado un poco de apetito, pero sólo una muy pequeña parte puesto que su estómago aún clamaba por comida. Tosió un poco al notar que la enfermera le prestaba más atención al pastel que a ella.
—Oh, sí, perdón...
Observó el historial médico de Cat en su expediente y notó que a lo único que le tenía alergia en una cantidad bastante poca era a la vainilla. Con todo el contenido de la misma en el pastel pudo suponer que la alergia reaccionó de esa forma.
—No veo nada malo en ti, pero para controlar esa alergia te voy a medicar estas pastillas —consideró la enfermera mientras sacaba de uno de sus cajones una caja de pastillas y se las extendía a Cat—. Cada vez que comas algo que contenga vainilla te tomas una, eso te aliviará la alergia en caso de que hayas consumido ese algo que la contenga en exceso, como por ejemplo el pastel de Festus.
Cat asintió y se llevó una de las pastillas a la boca mientras que se la pasaba con un vaso de agua que la enfermera le ofreció.
—Y, para asegurarme de que esa alergia no te vuelva a ocacionar problemas, te voy a colocar otra cosa —dijo mientras buscaba ese algo entre sus cajones.
—¿Otra pastilla, jarabe o quizás una vitamina? —anticipó Cat ansiosamente mientras bailaba sus pies sobre la camilla en la que estaba sentada; quería salir rápidamente de allí y pedir un permiso en el coro para comerse algo en el cámper de Festus, manifestando que por culpa de su reacción alérgica no pudo degustar de un buen almuerzo.
Entonces la enfermera frente a ella sacó una jeringa con una aguja de unos tres centímetros la cual asustó a Cat hasta el punto en el que abrió los ojos como platos.
—¡¿Me vas a inyectar?!
—Sí, es una vacuna antialérgica, no te dolerá.
—¿En serio? —inquirió dubitativa pero mostrando un deje de esperanza de que eso fuese cierto.
La enfermera se rascó la nuca con nerviosismo y casi dudó en responder.
—Pues...
—Si lo hará, ¿verdad?
—Sí —afirmó apenada.
Cat casi se desmaya en el acto, pero ofreció su hombro cerrando fuertemente los ojos con tal de no ver lo que la enfermera estaba a punto de hacerle. Sintió el frío agoldón humedecido con alcohol siendo frotado en su hombro. Dentro de poco sentiría el punzante dolor de la aguja penetrando su piel, lo cual quería impedir como fuera.
Cuando la enfermera estuvo a punto de inyectarla, Cat echó el hombro a un lado y sonrió inocentemente a la mujer como si ella no quebrara platos. La enfermera le devolvió la sonrisa y aproximaba la aguja de nuevo al hombro de Cat. Actuando por impulso consiguió tomarle de las muñeca y demandar un:
—¡Alto!
La enfermera la miró extraño y tuvo la necesidad de preguntar—: ¿Sucede algo?
Cat paseó los ojos por todo el cuarto blanco y soltó a la mujer.
—P-pues... Ando un poco débil, deshidratada y hambrienta, ¿no crees que debería encargarme de ello antes de que me pinches?
La otra se lo pensó bien, y entonces guardó la jeringa en su sitio.
—Está bien, pero que sea rápido.
Sus pies actuaron por instinto y corrió fuera de la enfermería, directamente a los comedores exteriores. Quizás era el hambre, sí, pero aún no podía olvidar la forma tan amenazadora y lo horrible que se veía esa aguja desde su punto de vista. Era más terrorífica que su hermano con un hacha y una máscara de Freddy Krueger.
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"La monofobia ó autofobia es el miedo a la soledad o la manera
de conceptuar a la ansiedad o angustia que se siente
al momento de quedarse solo"
ღ
Robbie se dejó caer en el mesón del cámper de Festus mientras suspiraba una y otra vez. El haber hecho de ayudante de la cafetería le había dejado agotado, lo bueno era que ésta vez no estaba junto a Trina, eso si resultaría bastante estresante.
Ni siquiera había comido, que era lo peor, pero ya lo haría. Lo bueno es que se había guardado un emparedado de mantequilla de maní y queso para él, alegando frente a los compradores hambrientos que se le habían terminado; además, ¡Festus le iba a pagar por haberle cubierto! No pudo evitar sonreír.
Cuando estuvo a punto de darle una mordida a su sandwich, al instante se dio cuenta que el mismo tenía una de las piernas de Rex. Rápidamente se la quitó y se la colocó a su amigo, ése que ha estado con el en las buenas y en las malas.
Su mejor amigo, su hermano del alma.
A pesar de que era un títere, y Robbie lo sabía bien, le encantaba tener la compañía de él; era como si dentro de ése muñeco recreara al amigo que le gustaría tener. Y aunque ya tenía amistades como André, Beck, Tori, Jade y Cat, extrañamente entre todos ellos adoraba a Rex con locura. Deseando que de una forma u otra él fuese real para abrazarlo y volverlo su querido hermano mayor.
Miró con algo de nostalgia al muñeco y se dedicó a comer su emparedado. Estaba increíblemente cansado con ese trajín de hacerse cargo él solo de la cafetería. Agradecía a los cielos que ya se había terminado la hora del almuerzo y que estaba más tranquilo. Paseó la mirada por todo el cámper, logrando ver fotos de Festus y su familia en Yerba; unos cuantos extraños adornos que seguramente eran también de Yerba, unos que colgaban y otros que estaban encima del mesón, y fue ahí donde reparó en una bandeja casi vacía sobre el mesón, a excepción de un pastel que quedaba encima de ella. Se le acercó ajustando sus lentes más a su cara y se sorprendió cuando se dio cuenta de que el pastel era de chocolate y canela con una sobredosis de vainilla, lo que lo hacía delicioso.
Recordó el momento en que Cat lo empujó y se disculpó sin alegar las razones, por eso decidió seguirla hasta la cafetería para pedirle alguna explicación al respecto. Pero se llevó la sorpresa al ver tan alarmado a Festus y al descubrir que Cat alberga una pequeña alergia a la vainilla. Rogó a Dios porque ella se encontrara bien y no haya sido tan trágico.
De repente apareció Festus dentro del cámper cargando con unas cajas, Robbie accedió a ayudarle apartándolas en una esquina. Festus se removió sudor de la frente y miró al chico.
—¿No tienes clase? —examinó mirando al joven con cierta extrañeza.
—Sí, pero estaba esperando a que llegaras y me pagaras —recordó Robbie.
—Ah sí —Festus rebuscó alguna propina en su bolsillo para dársela a Robbie y se la entregó—. Ahí tienes.
Robbie observó patidifuso el billete verde de cinco dólares reposando sobre su mano y miró al extranjero fulminante. No tenía ganas de exigir más paga —aunque tendría y sela merecía— por lo que tomó a su amigo inanimado y se retiró del cámper. En el camino se encontró con una agitada Cat Valentine que, de experiencia, sabía bien que exigía comida. Decidió seguirla hasta el comedor teniendo curiosidad acerca de su salud.
La pelirroja tocó fuertemente el marco del cámper esperando a que quien lo estuviera cuidando le atendiera su orden, asisimo Festus se asomó por la ventanilla y la notó con una cara un tanto demacrada que clamaba alimentación.
—¿Cat? —inquirió perplejo el extranjero— ¿No deberías estar en la enfermería?
—¡Necesito comer! —espetó agitando los brazos débilmente— ¡Estoy muriéndome!
—¿Al menos estás mejor de la alergia?
—¡Estoy bien! ¿Que no me ves? —confirmó la pelirroja, lo que no convenció demasiado a Festus— ¡Dame algo!
Se le notaba en la cara que estaba hambrienta, por algo pasó el susto en la hora del almuerzo al haber estado demasiado desesperada y ansiosa por probar alimento. Menos mal que se había traído el último pedido que recién llegaba: hamburguesas de doble pollo. A pesar de que la hora de almuerzo había culminado, muchos alumnos entre los cambios de horas se paseaban por el comedor y compraban algo en el cámper.
Y ahí frente a él se hallaba la primera clienta de la segunda ronda de ventas de la cafetería.
—Aquí tienes —Festus le extendió una charola pequeña que contenía una de las aludidas hamburguesas.
—¡Trae acá! —exclamó Cat arrancándole la comida de las manos con desespero— ¡Al fiiiiiiiiiin, Dios existeeeee!
Cat corrió rápidamente hacia una de las mesas vacías del comedor y se sentó en una de ellas mientras comenzaba a deborar su hamburguesa, aún sin reclamar una servilleta si acaso se ensuciaba. Por ahora eso era lo que menos le importaba, su meta ahora era almorzar al fin tranquilamente.
¡Dios, estaba riquísima!
Robbie miró la trayectoria que había corrido Cat y luego la miró sentada en una de las mesas bajo techo que estaban ubicadas en el comedor. Sonrió algo preocupado mientras se le aproximaba por detrás.
—¡Hola, Cat!
No recibió respuesta, ni siquiera una mueca.
—¿Estás ya mejor?
Sin respuesta.
—¿Cat?
Las incesantes masticadas de comida fue el único sonido que recibió de boca de ella. Robbie suspiró y se sentó a su lado, dejando a Rex sobre el bolso de Cat reposado en la mesa.
—¿Te dieron pastilla?
Ella asintió y lo miró.
—¿Qué más?
Cat tragó duro para poder responder.
—Ella quería inyectarme —su cara arrugó el entrecejo mostrando una mueca molesta.
—¿No te gustan las inyecciones?
Cat negó con la cabeza y continuó comiendo, ya estaba a punto de terminar su almuerzo.
—Te perdiste la hora de coro —explicó Robbie—, supongo que los profesores deben entender que te dio alergia.
—Acabo de llegar del auditorio, tuve que dar un justificativo que la enfermera me dio. Aunque Festus les dijo también —afirmó la pelirroja con la boca llena. En un abrir y cerrar de ojos, Cat culminó con su almuerzo y tomó su bolso rápidamente buscando irse—. ¡Chao, Robbie! —se despidió de su amigo y corrió dentro del instituto.
Robbie la miró sonriente y suspiró, ella jamás cambiaría ésa actitud de niña tierna e inocente.
—¿Verdad, Rex? —se hizo la pregunta más para sí mismo, esperando a que su amigo la respondiera. Miró a su lado y al notar que no estaba Rex se desesperó, ¿adónde podría haberse ido un muñeco que hasta hace unos segundos roncaba —ya que odiaba el panorama de ser ayudante de cocina— a su lado?
De repente sintió un sudor frío recorrer todo su organismo. Los dedos le temblaron mientras hacía memoria acerca del último lugar donde hubo dejado a su amigo, y ése era ahí, encima de la mesa. Escuchó la risilla de Cat dentro del instituto y se dio cuenta rápidamente del sitio específico donde había dejado a Rex: sobre la mochila de la pelirroja. En un improvisto ella terminó llevándosela junto a su muñeco.
Robbie tuvo la necesidad de volver a suspirar, pero ésta vez con cierto alivio. No estaba solo.
—¡Cat, espérame! —exclamó el chico mientras corría en la misma dirección que Cat.
Y bien, hasta acá ha llegado el primer capítulo donde se puede ver que todos descubren un miedo distinto. Bueno... casi todos.
Comentando un poco, me costó bastante asimilar la alergia de Cat; esto me pasa por no prestar atención nunca en clase de Salud -3-, pero al menos ustedes se harán una idea. El miedo de Tori (la acrofobia) lo tengo yo y les juro que mientras escribía ésa parte se me crisparon los vellos de la nuca... creo que tener miedo es muy fuerte, ¡pero vamos, que al menos Tori se ha subido en aviones y yo no xD! El miedo de André creo que fue el más fácil de asimilar porque la escotofobia es un miedo muy común en las personas. El miedo de Robbie, la monofobia, explica de una forma el porqué siempre anda con Rex; ése miedo me le vino de perlas para él, porque debo admitir que me costó ponerle un miedo a pesar de que aparenta ser el más miedoso del grupo. La brontofobia de Jade también estuvo fácil, no le puse tan ansiosa porque ella es muy orgullosa, pero en el libro hay un personaje parecido a ella en la cual la basaré un poco :D.
¿Y qué hay de Beck? se preguntarán... Pues no adelantaré nada por ahora.
En fin, yo debo irme. Decidí subir el primer capítulo un día antes de mi cumpleaños xD. ¡Nos vemos pronto, dejen Reviews!
