Cap.16: Fragmentos de Carta
Las brillantes gotas de rocío helado comenzaban ya a derretirse con las primeras luces de la mañana. El césped húmedo ondeaba suavemente ante la brisa. La ciudad aún dormía, sumida en un manto de silencio y quietud. Solo los más madrugadores y los trabajadores recorrían las calles de Sacramento, disfrutando de las pocas horas de tranquilidad que la mañana les ofrecía. Las cortinas aún estaban corridas en las ventanas de las casa, y los coches aún impregnados de la humedad de la noche estaban estacionados a ambos lados de la vacía carretera. En las ventanas, las gotas de agua empezaban el día haciendo carreras y trazando surcos en los cristales helados. Aquello un espectáculo digno de ver. Uno de esos pequeños placeres de la vida tales como un amanecer, una puesta de sol o la salida de la luna.
"La calma puede ser tan bonita" Pensó Lisbon apartando los dedos del frío cristal. "O tan abrumadora cuando hay tantas cosas que llenen el silencio" Suspiró cuando oyó el sonido de la cafetera y volvió a sentarse en el sillón bajo la ventana con la humeante taza calentándole las frías y menudas manos, observando como con los primero rayos del sol, la ciudad empezaba a despertar. Las cortinas comenzaban a descorrerse y los primeros durmientes empezaban a abandonar sus calientes casas para mirar el correo, recoger el periódico o entrar las bolsas del pan que el panadero había muy de mañana, mientras recorría la ciudad dormida.
Apartó la vista de la ventana al oír las pisadas en las escaleras. Van Pelt apareció sonriente en el salón, ya vestida.
-¿Quieres café?- Preguntó Lisbon a modo de saludo y levantando la taza.- Acabo de hacer y he dejado un poco por si a ti te apetecía.
-No, tengo que irme a la oficina, Cho me ha pedido que le ayude con el papeleo.- Lisbon asintió apenada.- Aunque si prefieres que…
-No. Gracias, pero ya estoy mucho mejor.- Su voz corroboraba su rostro sereno y casi alegre.- No hace falta que os sigáis preocupando.- Grace la miró desconfiada, mientras Lisbon le dedicaba una sonrisa reprimida.- De verdad, me encuentro mucho mejor.
Vio arrancar el coche de Van Pelt sentada de nuevo bajo la ventana, mientras su sonrisa se iba desvaneciendo poco a poco. Habían pasado dos semanas desde que el equipo la había encontrado en aquel edificio a medio derrumbar. Todo lo que había acontecido aquel día se le antojaba como un recuerdo ajeno, opacado por una niebla densa que le daba un aspecto de lejano. Pero a la vez, lo sentía cercanamente doloroso. Cuando la habían sacado al exterior, fuera acababa de llegar una ambulancia y un equipo de acción. Ella se había quedado sentada al borde de la ambulancia, aun temblando. Jane había permanecido a su lado todo el tiempo, aunque ausente. Recordaba cómo le había estado preguntando cosas. Aunque ya no recordaba qué le había dicho. Había habido mucho movimiento, a su alrededor.
-¿Qué ocurre?- Preguntó recelosa cuando vio a varios paramédicos pasar a su lado corriendo y con una camilla.
-Nada. Irán a buscar el cadáver.- Se encogió.
El cadáver ya lo habían sacado hacía rato. Cubierto por un plástico negro. Se revolvió incómoda bajo la manta y alargó un poco el cuello hacia donde estaban reunidos varios equipos de la policía y personal de la ambulancia, junto a una de las habitaciones. Jane trató de despistarla de nuevo, preguntándole alguna estupidez. Lo ignoró queriendo escuchar la conversación de uno de los policías que venía de aquella dirección. "…allí varios días- le oyó decir en voz baja- quizás un par de semanas. Pero no es reciente." Se bajó de la ambulancia de un salto y echó a andar a paso rápido esquivando a las personas que iban y venían y haciéndose hueco hasta llegar a donde se reunían todos, temerosa de lo que encontraría.
La peste era asfixiante, y la hizo detenerse bruscamente, pero no fue eso lo que la dejó sin aliento. Dos paramédicos se arrodillaban junto al charco de sangre del cadáver. El pelo rubio había sido salpicado por su propia sangre. Cortes y más cortes en el abdomen que dejaban a su alrededor salpicaduras estremecedoras. El ambiente estaba extremadamente cargado. Denso, como si se pudiese tocar. Cuando uno de los paramédicos se levantó, dejando al descubierto el rostro, Lisbon no pudo evitar ahogar un grito. El cuerpo de Katherine Legendre sin vida parecía mirarla pidiendo ayuda. No había llorado, ni si quiera conseguía que le salieran las lágrimas. Solo recordaba aquella terrible opresión en el pecho, mientras su amiga la miraba como queriéndola culpar. Su cabeza se había quedado en blanco, sin opción de reaccionar, mientras era arrastrada de nuevo hasta la ambulancia, sin escuchar lo que ocurría alrededor ni lo que hablaban aquellos que la rodeaban.
Para que veas que no me ando con rodeos, seré yo quien mueva la primera ficha, voy a matar a alguien, alguien cercano a ti.
Ya no podremos ir a comer esos profiteroles." Aquel pensamiento estúpido consiguió aumentar aquella opresión en el pecho, dándole un toque amargo.
-Así que…- Jane la miró desde el otro lado del salón.- ¿Cómo te encuentras?- Le devolvió la mirada con una pequeña sonrisa, desviando los pensamientos de aquella noche.
-Mejor.- Aseguró dejando a un lado la taza de café.
Después de aquel día, Jane apenas había hablado con ella. Lo suficiente como para saber cómo estaba. Por el contrario, Cho, Rigsby y Van Pelt habían estado a su lado todo el tiempo, pero de un modo algo agobiante. Llamaban todos los días, los tres. Las conversaciones con Cho eran cortas, directas. Rigsby se pasaba horas dándole vueltas por teléfono para al final preguntarle que si se encontraba mejor con respecto a aquel día. Y Van Pelt no dejaba de decirle que cualquier cosa que necesitara no dudara en pedírselo a cualquiera de ellos. "Solo se preocupan." Pensaba cada vez que cortaba, aunque los últimos días había empezado a ser casi molesto. Grace, además había ido varias veces a su casa, y la noche anterior decidió quedarse ya que a su juicio necesitaba de la compañía de una amiga. Lisbon se había negado a ir con Rigsby y ella, alegando que no quería molestar y no era necesario. Jane, por el contrario solo había hablado con ella tres veces. Pero lo prefería a no que llamara todos los días para recibir la misma respuesta. Agradecía su preocupación, pero todo hasta cierto punto.
-¿Y tú?- Se encogió de hombros mirando hacia su coche estacionado en el exterior, con un semblante demasiado despreocupado.- Cho dice que has pedido unos días en la oficina.
-Sí, solo quiero un poco de tiempo.- Lisbon asintió, apartando la mirada de nuevo a la ventana.- ¿Cuándo vienen tus hermanos?
-Tommy vendrá pasado mañana, con Anny. Nos iremos ese mismo día. Estaré dos semanas en Chicago.- Aquello pareció relajarle.- Piensan ir a la casa de campo de mis abuelos. La última vez que la visité tenía doce años. Habrá cambiado mucho.- "Como todo lo demás." Pensó, pero no se atrevió a añadirlo.
-Será genial.- Le sonrió Jane.-Volverás a ver a tus hermanos. Y a tus sobrinos.
-Será una locura. No recuerdo la última vez que James y Cédric estuvieron en la misma habitación, pero desde luego fue una locura.- Se detuvo mordiéndose el labio, con un amago de sonrisa.- Es un detalle por parte de ellos. Tengo tantas ganas de verlos. A todos.- Se volvió para mirarlo con curiosidad.- ¿Y tú, cuando te vas?
-¿Irme?- Fingió bien la sorpresa, aunque no del todo para Lisbon.- Veo que a alguna pelirroja se le ha soltado un poco la lengua.
-¿Por qué no me lo habías dicho?- La broma había desaparecido de su voz, y en lugar de los ojos amables había unos acusadores.- No me habría enfadado.
-Quería decírtelo en persona. Además, tan solo serán unos días, quizás unas semanas.- Apartó de nuevo la mirada hacia el estacionamiento.
-¿Vas a volver?- La duda se reflejó en su voz.
-Pues claro que voy a volver.- A pesar de su sonrisa cálida, Lisbon se sintió inquieta.- He pedido un permiso, no he dimitido. Quizás para cuando tú vuelvas yo ya esté aquí.
Le devolvió aquella cálida sonrisa cuando lo vio alejarse, arrancando el coche. Pero ni siquiera cuando se encontró de nuevo sola en el apartamento se sintió mejor. Tenía una horrible sensación. La charla con Jane había sido de lo más normal. Se había mostrado tan agradable y tan encantador como siempre. No era lo que ella esperaba encontrar. Y aunque hubiera sido lo que esperaba no podía evitar pensar que detrás de cada sonrisa había frialdad. Como si aquello hubiera sido solo una representación pensada para ella y ya se hubiese tenido las frases aprendidas. No sabía cómo explicarlo mejor. "Es como ese sexto sentido que solo compartimos entre nosotros.- Pensó encogiéndose en el sillón de nuevo- Esa sensación de que algo va mal. Muy mal. Pero no sabes lo que es hasta que no está sobre ti." Meneó la cabeza frunciendo el cejo. "Todo cambiará cuando vuelva. Cuando volvamos.- Asintió más segura.- Tras el regreso todo será distinto."
Volvió a mirar hacia donde hacía rato que el coche había girado y se levantó. Parecía que hacía ahora más frio. No frío como el que había sentido cuando estado encerrada. Era un frío diferente. Volvió la vista hacia el cristal. "Cuando vuelva. Como si pensara volver." Soltó una risa amarga, deseando no conocer tan bien a Jane por primera vez. "No maté solo a John el Rojo aquella tarde. Lo peor de él murió también, y ahora no sabe aprender a vivir sin esa parte." En el fondo parte de la culpa era suya. "Me pasé diez años repitiéndole que no mataría a John el Rojo, que iría a la justicia… Y soy yo quien le mata. El mundo se ha debido de volver loco. Ha dado tantas vueltas que ya no sé dónde está el norte ni donde está el sur, ni que hay que hacer para que las cosas vuelvan a la normalidad."
"…y tú, no podrás más que mirar desde tu escondite como tu pequeño mundo se derrumba ante tus ojos sin siquiera saber qué es lo que pasa."
Queridos lectores:
Primero y lo más importantes quiero daros las gracias a vosotros. A vosotros que habéis hecho posible que esta historia sea posible. Gracias por cada comentario, que me ha hecho querer seguir escribiendo; gracias por cada nuevo seguidor, que me ha dado ánimos para esforzarme más; gracias por cada persona que me pone a mi o a mi historia en favoritos, por darme esperanzas de creer que lo estoy haciendo bien. Muchísimas gracias a cada lector que se ha tomado varios minutos de su tiempo para leer cada capítulo. Ha sido una historia difícil, y que ha tenido varios altibajos, pero espero que al final haya valido la pena el esfuerzo. Creo que se habrán dado cuenta de que no he puesto ningún nombre para John el Rojo. No es un error, ni lo he puesto en código, simplemente prefiero que cada uno escoja a su John el Rojo y le ponga la cara que prefiera, ese será. Aquí se acaba este viaje, aunque espero que no sea el último. Por si a alguien le interesara, voy a dejar aquí un link en el que publicaré todos mis projectos, tantos los relacionados con esta página, como aquellos que a lo mejor no se adecuen a ella. Si les interesa, aquí les dejo el link: /SweeterJL
No tengo más que decirles excepto de nuevo, gracias a todos.
Saludos y ha sido un placer!
