—Disclaimer: ¡Vamos!, aún soy menor de edad como para ser dueña de una serie como Victorious —la cual pertenece al ídolo Dan Schneider— y como para ser la dueña de la saga de Escuela de Frikis —de Gitty Daneshvari, gran escritora. Lo cual es claro, porque si fuesen míos ya verían "Goes to platinum" de otra manera y Garrison sería mío, únicamente mío.


Escuela de Frikis
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Capitulo III: Medicina drástica

"El miedo siempre está dispuesto a
ver las cosas peor de lo que son."
—Tito Livio—


La oficina de la directora permanecía en sepulcral silencio mientras los representates entraban a ella uno por uno, inspeccionándola. Era grande, casi no la recordaban así cuando Eickmer era el que se encargaba de la dirección. Las paredes eran de un bonito color azul cielo, el escritorio y la silla de Helen eran de un estilo ejecutivo y sobre éste ahora habían sólo una toalla color lavanda, unas carpetas azules, un lapicero de puntos y unos papeles bien ordenados; muchos se extrañaron por la toalla y se temieron lo peor pensando si Helen los haría sudar o algo parecido. Además, las plantas que decoraban las esquinas de la pared de la entrada hacían lucir el sitio más fresco junto con el aire acondicionado encendido a veintitrés grados. La puerta ahora abierta mientras los representantes pasaban era de madera y con una bonita perilla de un color dorado. Y había una característica muy resaltante dentro de ésa oficina, la cual era nada más y nada menos que una ventana grande ahora cubierta con unas gruesas y oscuras cortinas.

Todos los adultos al entrar en las primeras cosas en las que fijaron sus mirados fueron en la toalla y las cortinas, ya se preguntaban por qué el lugar estaba un poco oscuro si apenas era de día y no había ni una sola nube gris ocupando el cielo, y ante sus ojos notaron la respuesta al mirar hacia la ventana. En todo el sitio contemplaron doce sillas ubicadas frente al escritorio, donde ellos suponían que se sentarían. Las parejas se ubicaron juntas.

Sikowitz se apareció dentro de la dirección detrás de la última pareja de padres, que eran los de Robbie. Le echó el cerrojo a la puerta luego de cerrarla, alegando que por nada del mundo se interrumpiera la reunión hacia sus alumnos, los cuales estaban sentados en la pequeña sala de la dirección mirando con semblantes confundidos y a la vez nerviosos hacia dentro de la oficina. Luego tomó la toalla encima del escritorio de Helen y la remetió en la ranura de debajo de la puerta de manera que ningún espacio quedara libre, ubicó la radio encima de una mesa pegada a la pared junto a unos archiveros, la conectó a un echufe y la encendió a todo volumen. Una selección de canciones de Vicente Fernández se escuchó. Los adultos se miraron las caras mientras Sikowitz hacía esto. ¿Alguna razón por la cual se tenía que llevar ésa reunión con todos esos cuidados?

Ahora Helen comenzó a hablar:

—Buenos días —saludó cordialmente mientras enseñaba sus blancos dientes formar una sonrisa. Era una de las pocas veces que los padres de los chicos se veían junto a la directora desde que ella tomó el puesto.

—Buenos días —correspondieron el saludo los adultos de manera unísona.

A pesar de que la música estuviera alta, se podían escuchar las voces perfectamente.

—Quizás se estén preguntando la razón por las que les convoqué ésta reunión, puesto que sus hijos no se consideran en el grupo de «malos estudiantes».

—Al contrario —añadió Sikowitz—, están entre los mejores.

—Sin embargo —prosiguió Helen hacia donde quería llegar—, últimamente nos han estado fallando demasiado con sus actitudes nerviosas.

—¿Nerviosas? —repitió Mr. West mostrando sorpresa en su tono de voz, pero manteniendo su característica seriedad— Yo nunca he visto a Jade nerviosa, es más, la eduqué para que no se estuviera con rodeos.

—Y eso se nota... —musitó Sikowitz y agradeció a la música alta que eso no llegó a los oídos de ninguno. Se vio en necesidad de hablar por Helen— La directora se refiere a que han estado actuando de una manera inquietante, y todo gracias a ciertos traumas que tienen.

—¿Cómo así? —inquirió Mrs. Valentine— ¡No me digan que Cat también heredó lo de su hermano!

Sikowitz abrió los ojos como platos recordando al hermano de su joven alumna de cabello rojo. Él le dio clases cuando el muchacho estudiaba, y no fueron hace muchos años que se graduó al fin. Negó rápidamente con la cabeza.

—¡No, no, no! Le aseguro que ella no tiene lo mismo que Doug.

—¿Entonces? —le pidió que continuara Holly Vega.

Antes de hablar se aclaró la garganta.

—Pues, sus hijos han descubierto ciertos miedos que los han vuelto... prácticamente locos y los hacen actuar con vehemencia —admitió—. Tori tiene miedo a las alturas, André a la oscuridad, Cat a las agujas y objetos punteagudos, Jade a los relámpagos y rayos, mientras que Robbie a la soledad.

—¿Y qué hay de mi hijo? —indagó Mrs. Oliver.

—Él no le tiene miedo a nada —intervino Helen.

—¿Es malo eso?

—Peor de lo que creen —afirmó Sikowitz.

Todos volvieron a mirarse las caras, ¿a qué se refería el maestro?

—Sí, sí, se lo que se estarán preguntando: ¿por qué es peor que un alumno no tenga miedo como sus otros compañeros? Pues verán, eso infiere entre sus notas y hace que baje el promedio porque no puede actuar bien, lo que trae como consecuencias que sean menos las probabilidades de alcanzar una beca universitaria.

—Eso no es mucho problema —dijo Mr. Oliver—, le podemos pagar la universidad, es nuestro hijo y se lo merece.

—No es eso, señor Oliver —sostuvo Sikowitz—. Está bien que le paguen los estudios a su hijo, pero es que no es eso solamente. Estoy seguro de que se irá a estudiar por una rama que tenga que ver con artes escénicas, así que actuará, pero su falta de miedo puede llevarle a peores consecuencias allá, en la universidad, no acá.

Los padres de Beck lo miraron comprensivos.

—¿Y cuál sería el mejor remedio para meterle en la cabeza un miedo en específico? —inquirió la madre de Robbie, curiosa por la situación del amigo de su hijo.

—A eso quería llegar, pero antes volvamos con los miedos de los otros chicos —insistió el maestro—. A ellos les sucede lo mismo que a Beck, sus miedos les hacen actuar de una manera paranoica, casi de manicómio. No tengo idea de cómo fue que sus hijos llegaron a tener esos miedos si antes no les habían prestado atención a eso siquiera...

Holly Vega pidió hablar levantando la mano al nivel de su cara, Sikowitz le cedió la palabra.

—La verdad es que Tori sí demostró no ser amante de las alturas, por eso nunca se quiso mudar a un departamento en un piso quince y prefirió que compráramos una casa en Hollywood Hills —afirmó—. Además de que siempre es de las primeras en ingresar a los aviones cuando viajamos en ellos y trata de dormirse para no sentir cuándo el avión despega, lo mismo hace cuando aterriza; si no consigue dormirse se toma unas pastillas y termina por despertarse cuando ya el avión está en el aeropuerto.

—Lo mismo diría con Cat, a ella nunca le han gustado las agujas y siempre nos ha constado hacerle exámenes médicos o colocarle vacunas —aseguró Mr. Valentine.

—Andŕe duerme con la luz encendida y siempre tenemos que llegar nosotros o su abuela a apagársela —alegó Mrs. Harris—. Pero siempre creíamos que era porque se quedaba despierto componiendo canciones hasta caer rendido.

—Nosotros nos la pasamos fuera muy seguido por cuestiones de trabajo —dijo Mr. Shapiro—, debe ser razón por la que a Robbie no le gusta su soledad y gusta demasiado de su muñeco de ventriloquía.

Mr. West miró hacia los lados mientras fruncía levemente el ceño escuchando a los demás padres hablando entre ellos, inclusive su esposa conversaba. A él nunca le ha gustado eso de que su única hija tuviera miedo a algo, él la educó especialmente para que fuese una muchacha fuerte, sin miedo a nada. Lastimosamente cometió un pequeño error y la dejó vestirse y maquillarse de negro u otros tonos oscuros, la dejó teñirse su hermoso cabello castaño también en negro y en un descuido notó que la chica tenía pedrería en la cara, exactamente en un lado de la nariz y en algunas regiones de las cejas ella afirmaba tener hoyos.

¿En qué momento su hija se escapó de sus manos? ¿Por qué demonios llegó a interesarse tanto en las artes cuando a él le parecía que la economía y las matemáticas se le vendrían de perlas?, no obstante al ver la magnífica producción que ella misma escribió hace ya un año, se maravilló con el talento de su hija, aunque no lo quiso demostrar demasiado... Pero ahora resulta que ella le tiene miedo a algo, ¿qué falta? ¿Qué se convierta en un hada madrina y ande volando por toda California regalando flores?

—Yo no puedo aceptar que Jade tenga un miedo —exclamó sobre las voces de los demás representates, haciéndolos acallarse.

—Cariño, es humana, ni que fuese malo tenerle miedo a algo tan fuerte como lo son los relámpagos —consideró Mrs. West—. Además, tú no lo habías notado, pero ése miedo en ella no es nuevo...

—¿No es nuevo? —inquirió Sikowitz interponiéndose en la conversación de la pareja.

Mrs. West negó con la cabeza algo apenada por tanta atención.

—De niña solía esconderse mucho en su casa del árbol en nuestra casa de campo en Salem, Oregon. Amaba ése sitio y siempre que nos íbamos para allá en vacaciones lo primero que hacía era subir las escaleras hacia el árbol y encerrarse en la casita a jugar muñecas —recordó la madre de Jade con una sonrisa en su rostro—. Pero, de repente, un día fuimos a Salem y habíamos escuchado en el pronóstico que habría una tormenta elétrica ése fin de semana.

—Y me imagino que fue pródigo... —anticipó Sikowitz.

—Pues, lamentablemente sí... y para colmo un rayo cayó en la casa del árbol. Gracias a Dios que Jade no estaba allí dentro, de lo contrario su miedo hubiese sido mucho peor —testificó la mujer—. Ahora cuando llueve y hay relámpagos, Jade simplemente se encierra en su cuarto, mi esposo no ha notado eso, pero yo sí, a pesar de que ella siempre lo quiera ocultar.

Mr. West miró a su mujer con una ceja arqueada analizando cada una de sus palabras. Estaba seguro de por qué no había conseguido notar eso, y era porque su hija trataba de hacerse la fuerte y escondía todo su temor encerrada, quién sabe qué haría ella mientras pasaba la tormenta. No pudo evitar sentirse relativamente mal. De haberlo sabido antes ayudaría a su hija con eso.

Aún así, la idea que tenía de que Jade no podía seguir teniendo miedo a algo seguía clavada en su mente, sin dejar de insistir.

—¿Cómo se le pueden eliminar esos traumas a los chicos? —inqurió Mrs. Harris de manera general y por Mr. West, el cual se veía interesado en el asunto.

—A eso es adónde quería llegar... —musitó Sikowitz recibiendo las miradas de todos cuando les pidió acercarse un poco más hacia el escritorio de Helen.

Se ubicaron casi de manera amontonada, y es que ninguno podría escuchar bien lo que Sikowitz estaba por decir. Helen le cedió la silla mientras ella se ponía al tanto de toda la reunión, ahora volvía a ver al maestro con ése semblante nervioso e inquietante; con el paso del tiempo se pondría igual que sus alumnos, se dijo mentalmente Helen, pero parece que ahora sabría las razones de Sikowitz.

—Hace unos veinticuatro años, mis padres me habían puesto una niñera luego de desconfiar en mi por haber hecho una fiesta sin permiso —relató el maestro entre murmullos—. Mi niñera nunca se apareció por la casa y para aquel entonces estaba de vacaciones en Farmington, un pueblito de Massachusetts, ya que ahí teníamos familia pero no tenían hospedaje en su casa y por consiguiente estábamos en un hotel de la calle Mayor.

Los Vega fruncieron el ceño, ¿había nombrado un pueblo casi desconocido como lo era ése?

—Entonces pedí permiso ésta vez para decirles a mis padres que iría a casa de mis tíos caminando, y ellos accedieron. Pero mientras trataba de localizar la casa en Farmington, me vi envuelto frente al Bosque Perdido.

—¿Bosque Perdido? —repitió Mrs. Valentine horrorizada— ¿Cómo es que una historia de terror va ayudar a nuestros hijos a que superen sus miedos?

—Relájese, señora, aún no termino —dijo Sikowitz para proseguir—: Sí, pasé frente al Bosque Perdido, pero encontré la salida rápido. Se trataba de una carretera de adoquines la cual caminé, hasta ver una enorme montaña levantada. Los lugareños la llamaban "Summerstone" y en verdad así se llamaba. No tenía intención alguna de escalarla pero entonces vi a una estrafalaria mujer frente a mi cuando intenté irme de allí. Estaría entre los treinta y cuarenta años.

Los padres ya se estaban aburriendo un poco con los parloteos e historias del maestro. Parecía que no se acabaría hoy...

—¿Y quién era esa mujer? —preguntó el padre de Tori, con el ceño levemente fruncido, parecía que entre todos él y su mujer eran quienes demostraban más interés en el relato de Sikowitz.

El maestro miró hacia los lados, lo mismo hizo Helen tratando de ubicar lo que Sikowitz buscaba. De nuevo volvió la vista hacia los padres y respondió en un susurro.

—Edith.

David abrió los ojos como platos, ¿dónde había escuchado ése nombre antes?

—¿Edith quién?

—Edith Wellignton —aclaró bajito, muy bajito—. Mrs. Wellington.

—¡¿Ha dicho Mrs. Wellington?! —exacerbó Holly Vega junto con su marido.

¡Claro, por eso mismo que el pequeño pueblecillo de Farmington haya resonado de repente en la conversación se les hacía tan raro y familiar!

—¡Bajen la voz por favor! —farfulló Sikowitz— Si conocen la historia de Mrs. Wellington entonces sabrán que esto no se puede soltar a los cuatro vientos tan simplemente.

Holly y David asintieron apenados.

—Entonces, ¿la conocen? —reiteró Sikowitz.

Los Vega asintieron.

—Una vez nos vimos en necesidad de enviar a Trina a su escuela porque tenía miedo de los insectos. Alegamos a todo el mundo con una mentirijilla de que la habíamos enviado a un campamento de modelaje, hasta la sobornamos para que no soltara información no deseada a nadie, incluso a Tori —contestó David.

—Esperen, ¿quién es Edith Wellington y a qué escuela se refieren? —preguntó Mr. Shapiro bajando la voz entre sus palabras.

—Creo que va siendo hora de dejar los rodeos —musitó Sikowitz recibiendo las miradas atentas de los adultos—. Mrs. Wellington es una gran amiga mía que para aquel entonces me ayudó a superar mi miedo al mar cada vacación que iba a visitar a mis tíos en Farmington. Ella tiene una escuela que no es como ninguna otra, donde ayuda a las personas a superar sus miedos como principal objetivo.

Los padres miraron fascinados el relato de Sikowitz.

—Es de vital importancia que mantengan en secreto su existencia. Ya los señores Vega saben por qué, pero a ustedes se los diré. Sólo háganme saber que mantendrán todo en secreto, que cada vez que les pregunten por la Escuela de Mrs. Wellington, alguna persona que no sea de su total confianza, se callarán, y que simplemente mantendrán esto en secreto por el resto de sus vidas, al menos que de verdad sea necesario el sacarlo a relucir.

—¿Acaso estamos hablando de la existencia de los extraterrestres dentro de ésa escuela? —bromeó Mr. Harris escéptico— Pensé del Área 51 pero eso está en Nevada.

—Señor Harris —Sikowitz lo miró serio—, ya le diré el porqué mantener todo esto en secreto, pero por favor, mantengan la seriedad. Si no, nos veremos en necesidad de dejar de susurrar, de apagar la radio, de quitarle el seguro a la puerta, de abrir las cortinas y de apartar la toalla de la puerta; y lo peor sería que sus hijos terminarían pagando las consecuencias.

Mr. Harris asintió serio esta vez.

—Como decía —prosiguió Sikowitz—, la razón del silencio es porque la directora Mrs. Wellington tiene unos abogados bastante... extraños. Ellos se llaman Leonard Munchauser padre y júnior. Cuando tengan más información de ellos se darán cuenta de los temibles que pueden llegar a ser.

—¿Cómo inscribimos a los chicos en ésa escuela? —inquirió Mr. Valentine.

—Tras unos cuantos trámites, unos latosos y otros excéntricos —explicó el maestro mientras les entregaba a cada una de las parejas las carpetas azules que Helen tenía sobre su escritorio—. Allí está toda la información, supongo que los Vega no tendrán mucho problema para enviar a Tori.

—Profesor Sikowitz —intervino Mrs. Oliver—. Si ésa señora sólo quita miedos como usted dice, ¿también podrá inculcarle uno a Beck?
Sikowitz sonrió y respondió—: Le aseguro que sí. Edith es una experta en eso.

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—¿Welldingvont? —repitió Tori ante lo que dijo Beck sobre haber escuchado algo parecido. Ella y los demás también alcanzaron oír algo así, pero ninguno se ponía de acuerdo con lo que en serio parecía ser— ¿Qué demonios es eso?

—Suena ruso —acotó Robbie.

—¡Suena ridículo! —exclamó Jade con desdén— ¿No habrá querido decir otra cosa y nosotros escuchamos mal?

—Puede ser —opinó André.

—El problema es saber con exactitud lo que dijeron —recordó Beck, algo que ya ellos sabían de antemano y que les impedía a sus curiosas mentes descubrir de lo que se habló dentro de la oficina.

—¿No habrán querido decir "Welldinston"? —inquirió Cat.

—¿Conoces algo con ése nombre? —preguntó Jade.

—No, pero suena mejor que "Well-ding-dong-blah-blah" —pronunció Cat entre ligeros tartamudeos para al final sacar la lengua inocentemente, ni ella misma sabía con exactitud lo que estaba diciendo.

—¿Y qué tan Wellington? —opinó Robbie.

—Vamos, ¡es obvio que eso no fue lo que dijeron! —Beck arrugó el ceño comparando lo que creyeron haber escuchado con lo que dijo Robbie. Una diferencia muy grande.

—¿Que no era ése el nombre de una escuela militar en Washington? —cuestionó André olvidando el comentario de Beck.

—¿No era en Miami? —le contradijo Jade.

—Se equivocan, es en Massachusetts —murmuró Tori, lo cual llegó a los oídos de nadie. "Es Wellington y es una clase de escuela, pero no militar" quiso agregar, pero ella ya se esperaba de que ninguno le prestara atención mientras discutía.

—No, estoy seguro que estaba en Washington —sostuvo André—. Aunque no sé si era en la capital o en el estado.

Beck ignoró sus comentarios y continuó escuchando por la puerta con ayuda de su vaso. La verdad es que no podía escuchar absolutamente nada, era imposible con una música tan alta como la que estaba dentro. Frunció el ceño frustrado sin separarse de la puerta.

Por su parte Tori se encontraba frente a lo que se estaba volviendo una guerrilla entre André y Jade por discutir dónde se encontraba la fulana escuela militar que ni siquiera se sabía si era cierta. Miró a Beck, quien ignoró los comentarios de sus amigos y continuaba escuchando por la puerta con ayuda del vaso; a juzgar por su ceño fruncido, parecía que no se podía escuchar absolutamente nada. ¿Será que en serio allá dentro se refirieron a "Wellington" en lugar de lo que creyeron haber oído sin mucha claridad?

La verdad es que se lo esperaba. Sus padres juraban que ella no tenía idea de lo que le escondían, y lo mismo pensaba su hermana Trina, pero en realidad los había escuchado erróneamente al haber bajado a la sala por mera coincidencia de la vida. Lo que más le llamó la atención del asunto era lo dicho por su padre, acerca de que con tan sólo estar ahí unas semanas, Trina lograría disipar y hasta llegar a eliminar su increíblemente trágico miedo a las arañas y otros insectos. Sus padres y hermana le mintieron sin una razón aparente acerca de que su hermana iría a un campamento de modelaje. Al principio la Vega menor no se había creído lo de que le quitarían el miedo a Trina, pero cuando ésta volvió de aquel "campamento", la sorpresa que se llevó la menor fue increíble: su miedo parecía que ya no existía.

Tuvo la necesidad de rebuscar entre la tierra húmeda del jardín unas lombrises y acurrucarlas en un frasco y enseñárselas en cara a Trina. Solía hacerlo antes para gastarle una jugarreta y la chica solía gritar descontroladamente por toda la casa o incluso soltar alguna que otra lágrima de cocodrilo. Pero ésta vez fue totalmente distinto... Trina no gritó, no berreó ni imploró que le apartaran el frasco. Contrariamente, lo que hizo fue tomarlo en manos y observar con cierto deje de extrañeza el frasco, no con miedo como podría habérselo esperado Tori. La curiosidad la había embargado casi por completo y comenzó a indagar po internet, sin conseguir absolutamente nada.

Decidió confiarse más en lo que había escuchado a sus padres decirle a su hermana antes de que pasara los días en Massachusetts, donde se según que se encontraba la escuela de miedo. Y ahora ella con ése inquietante miedo a las altas longitudes, no se esperaba otra cosa más que sus padres también la enviaran a la escuela de Mrs. Wellington.

Pero, ya volviendo a la realidad, ¿le estaban hablando a él o qué?

—¡Tori!

Sí, definitivamente le hablaban.

—¿Qué pasa? —Aún algo aturdida por haber salido de sus pensamientos tan de pronto para ahora dirigir una conversación en la que ella parecía implicada, puesto que la llamaban, se giró hacia su interlocutor, el cual era nada más y nada menos que André.

—Estás ida —No fue una pregunta, sino más bien una afirmación por parte del músico.

—¿Qué pasa? —repitió Tori ignorando el último comentario de su amigo.

—¡Ayúdame a decirle a ésta señorita vestida de vampiro que la escuela militar se encuentra en Washington! —exclamó André.

Tori rodó los ojos y suspiró con pesadez.

—¡Miami, André, Miami! —contraatacó Jade.

—¡Washington!

Cat en medio de ambos se encogió con sus hombros sintiéndose cohibida, odiaba quedar en el medio de una discusión. Literalmente.
Mantuvieron la pelea hasta que Beck separó el vaso de la puerta ya harto de escuchar las rancheras, se posicionó a un lado de Robbie en una de las sillas de espera y mantuvo su mirada clavada en el piso como si estuviera pensando. Luego de unos cortos segundos Jade se cansó y le cerró la boca a André con sus dedos.

—¡Es en Miami, ya lo dije!

Y decidió que lo mejor era dejar de discutir por ése asunto que parecía no llegar a su fin. Cat observó su reloj de muñeca swatch mientras su pie comenzaba a golpetear en el pulido piso de la dirección.

—¡Cuánto tardan!

Los demás simplemente compartieron la misma idea que la cantante con un asentimiento de cabeza.

—¿De qué tanto estarán hablando que no salen? —pensó la misma en voz alta. Porque sólo los convocaron para comentarles de sus críticos comportamientos, ¿no es así?

Tiempo a ninguno les dio por responder u opinar el cuestionamiento de Valentine porque en ése mismo instante los adultos desalojaron la oficina de Helen uno por uno. Los seis chicos de repente sintieron cierto nerviosismo al notar las miradas perdidas y estupefactas de sus progenitores, ninguno quiso preguntar al instante.
Cada uno tomó un rumbo distinto hacia sus casas, en el trayecto no hablaron nada acerca del tema que se supone que todos los hijos querían tocar. Sin lugar a dudas el resto del día iba a ser largo y tedioso con la espera de que Pandora abriera la caja y los males se desatasen, ¿será que iban a ser expulsados? ¿Los irían a mandar a la escuela militar Welldinston en Miami ó Washington? ¿Acaso les someterían un castigo en el cual sus más profundos miedos estuvieran implicados?

La verdad era que ninguno quería estar anticipándose muchas cosas, porque siempre se imaginaban lo peor, además de que debían practicar más ése dicho: "darle tiempo al tiempo" y luego ver lo que sucede. Tori se escondió en su cuarto echándose en la cama a reflexionar, Jade se puso a escribir una obra para distraerse, Cat se puso a tararear una canción en la ducha para despejarse, André por su parte se dignó a componer unas canciones, Robbie a estar un rato charlando con Rex mientras Beck se sumergía en la alberca de la casa de sus padres. Todos haciendo algo distinto y a la vez pensando lo mismo.

Pero como era el ciclo de la vida, la verdad tenía que salir a la luz alguna vez.


¡Hola, preciosuras!

Ya, lo prometí para viernes pasado, pero es que en serio éste Wi-Fi infernal es un asco y editar en Fanfiction me estresa... Y sí, sí, se esperaban algo más largo, lo sé. Pero me vi en completa necesidad de cortarlo acá, además de que podía seguir agregándole más relleno del que no quiero crear al capítulo; ya me basta y sobrea con la extensa reunión y las cavilaciones de Tori. Mil gracias por sus Reviews, significa tanto para mi saber que la historia está gustando por medio de esas palabras que sólo ustedes los fans saben decir y, que a pesar de ser tan normales como comer galletas, me llenan de una alegrpia inmensa y reconstruyen mi autoestima de escritora xD. No tengo palabras, sólo gracias, de verdad. No he respondido a los comentarios y deben saber por qué D: me abriré un tiempo para contestarlos.

Bien, analizando un poco el capítulo... ya se descubre el necesario secretismo de la reunión —algo así—, ya sabemos lo que pasó en la reunión y lo que tienen que hacer los padres ahora es ponerse de acuerdo para poder mandarlos con Edith. Recordemos que en el capítulo anterior Sikowitz mencionó a una amiga suya, la cual como pueden notar es ella, Edith Wellington (aquí se responde a la curiosidad e inquietud de uno de los comentarios Guest que quería saber quién era ella en realidad); en un principio quise poner a Sikowitz de la misma edad que Edith o a ella de la misma edad que él, pero no se van a creer lo imposible que resultó... Tuve que releerme uno de los capítulos del libro para refrescar mi memoria con respecto a si la edad de Edith y Sikowitz era aproximada, pero mi mandíbula casi cae al piso; no mencionan su edad, pero sí un año clave con el que ya uno puede hacerse una idea. En fin, no quise cambiar ni la época ni la trama de la historia que quiero generar y tampoco cambiarles las edades, así que lo dejé como está, pero a mi manera.

Bien, muchos se preguntarán, ¿quién es Edith en realidad? Es uno de los personajes principales del libro, ella es la profesora de la escuela con su propio nombre, justo como dijo Sikowitz, que cuyo fin es quitarles los miedos a las personas. En próximos capítulos ya la conocerán y no adelantaré demasiado, sólo puedo decir que es muy... extravagante o.o... Otra cosa, le puse nombre al hermano de Cat, el cual es Doug; la razón por la que le puse ése nombre es porque suena como "Dog", perro en inglés porque se me hace divertido que se llamen "Cat y Doug" xD. ¿Se dieron cuenta ya para qué eran la toalla, las cortinas y la radio?, sí, lo cierto es que algo parecido salió el el libro al momento de comentar el asunto de Wellington; sé que ustedes aún deben tener esa pequeña dudita de por qué la necesidad de usar todo eso en la reunión, pero ya lo sabrán con más claridad, por ahora estén pendientes de ése nombre: "Leonard Munchaunser".

Bieeeen... hoy no explicaré demasiado el capítulo porque la verdad —al menos para mí— está bastante simple, sólo quise comentar esas cosillas pero sin tocar demasiado el tema. No estoy demasiado conforme con el resultado, quizás porque está demasiado corto para lo que en realidad yo suelo extenderme, pero es que en serio no quise poner relleno de más del que no hace falta y alargar más la situación en la reunión. Por otra parte, creo que está favorable, al menos. Ustedes juzgarán.

En fin, yo ya me voy xD, el 6 de agosto ya debo estarme yendo de viaje así que pronto subiré el capítulo cuatro que —sólo puedo afirmarlo mas no asegurarlo— lo subiré antes del día de irme. Lo comenzaré pronto, ya tengo varias ideas y pienso que será un capítulo bastante entretenido... Como sea, espero en serio que les haya gustado y no se olviden de darme sus opiniones. Un beso virtual y, no lo olviden:

Los quiere Ayu.