¡Muy buenas tardes! como estuvo su semana? espero que agradable, comienzo la tarde del sábado subiendo un nuevo capitulo!

como siempre le agradezco muuuuuucho todos los comentarios, me encanta leerlos, son preciosos *O*

sobre este capitulo debo decir que tiene más drama que comedia(?)

no molesto más! disfruten de su lectura!


-El sábado tendremos una cita-dijo Rin a través de la línea telefónica.

-Pero el sábado vendrá Haru a casa-se excusó el chico de ojos esmeralda.

-No me importa, cancela todos tus planes-el tiburón se escuchaba molesto-Nosotros tenemos que salir.

-Lo siento Rin, no puedo cancelar mis planes con Haru-suspiró nervioso-ha estado muy enojado últimamente y no quiero que esto siga así.

-Ustedes dos pasan todo el tiempo juntos-alegó el pelirrojo-Haru puede ir cualquier otro día a tu casa.

-Sí pero, yo ya…

-Gou tendrá una cita ese mismo día-lo interrumpió-Necesito seguirla y tienes que ir conmigo.

-No es correcto espiar a la gente-Makoto tenía un dolor de cabeza y hablar por celular con Rin, no lo estaba ayudando.

-Eso lo hubieras pensado antes de aceptar hacer esto conmigo-Rin estaba perdiendo la paciencia, no le gustaba darle tantas vueltas al asunto.

-Ya lo sé-cerró los ojos y pasó una mano por las suaves hebras de color oliva-Es sólo que…

-Pasaré por ti en la mañana-y sin dejar que Makoto dijera algo, el depredador colgó.

Tachibana Makoto se lanzó sobre su cama con ánimos de nada, el día había sido agotador, muy agotador. La práctica con los de Samezuka fue intensa pero, fue mucho más intenso lo que pasó después; Rin lo había besado, Rin le había dado su primer beso cuando en sus sueños más profundos era Haruka quien siempre se lo daba, pero los sueños son sólo deseos y la realidad es algo que jamás se podrá evitar. Rozó sus labios con la puntas de sus dedos y recordó aquel momento en el que todo había cambiado; Rin se separó lentamente ignorando todas las miradas atónitas que lo apuntaban, Makoto por primera vez en su vida, no sabía qué hacer, se asustó cuando Haruka se paró abruptamente y se marchó del lugar sin mirar a nadie, sintió miedo al ver la arrogante y soberbia sonrisa que se apoderaba de Rin en ese instante, se le heló la sangre en el momento en que sus ojos se encontraron con la destrozada mirada del chico que estaba detrás del pelirrojo, sin querer le había hecho daño a alguien que no lo merecía, y entró en pánico porque, a pesar de todo lo ocurrido, le gustó aquel suave toque cuando debería haberlo odiado, pero Makoto es Makoto y odiar, no estaba en su vocabulario.

Un largo suspiro salió de sus labios ya no vírgenes, se sentía enfermo y lo único que quería era dormir, cerró los ojos tratando de conciliar el sueño pero, cada vez que lo hacía, un millón de pensamientos lo atacaban, pensamientos en los que eran protagonistas Haruka y Rin. Jamás dudó de sus sentimientos por Haruka, siempre supo que lo amaba desde que había empezado la secundaria y también había tenido muchos celos de Rin, al ser el chico pelirrojo, la persona que eternamente ocupaba la mente del delfín, el depredador era el único que provocaba gran impacto en el pelinegro y no importaba cuanto hiciera Makoto para tener el interés de Haruka, porque su derrota era inminente cuando se trataba de Rin; tal vez el chico de ojos oceánicos estaba molesto con él porque supuestamente está saliendo con el tiburón aunque también, tenía la remota idea, la pequeña ilusión de que su mejor amigo estaba celoso del chico de dentadura afilada a causa de que este estaba con él y lo había alejado de su lado.

Haruka se metió en la bañera, necesitaba estar en la tranquilidad del agua, calmar no sólo su mente sino que también su corazón, el acto aberrante que había presenciado lo hizo sentirse fatal, aún le costaba creer que el idiota de Rin se atrevió a ensuciar los hermosos labios sonrientes de su amor secreto, de su mejor amigo de la infancia, de SU chico; el adolescente amante del agua soltó un gran suspiro, había contenido todas sus ganas de golpear al pelirrojo en ese mismo instante y llevarse a Makoto lejos del depredador, pero no lo hizo porque, sabía que Rin no se quedaría quieto sin hacer nada, obviamente le devolvería los golpes y eso daría como resultado a una pelea desastrosa, Makoto terminaría por enojarse con él por haber empezado el pleito y tal vez por haber golpeado a su estúpido novio; aunque el chico de ojos oceánicos no se arrepentiría de esto último. Se hundió por completo en el agua y comenzó a nadar en sus pensamientos, debía hacer algo para que el depredador no le quitara de sus manos a Makoto y tenía que hacerlo antes de que fuera demasiado tarde, antes de que el chico orca se enamorara totalmente del de ojos carmín, si es que ya no lo estaba.

El adolescente de cabello verde oliva abrió los ojos cuando sintió un peso en su abdomen, sus soñolientos ojos se encontraron con los de su pequeña hermana que le sonreía dulcemente.

-Mamá te llama-le dijo la niña mientras lo sacudía suavemente.

-Está bien, iré enseguida-le revolvió el cabello en muestra de afecto. La chica le sonrió levantándose y saliendo de la habitación seguida por el mayor. Se dirigió a la cocina donde se encontraba su madre quien se volteó a mirarlo sonriente.

-¿Sucede algo?-preguntó devolviendo la sonrisa a la mujer frente a él. Makoto era el hijo perfecto, era obediente, respetuoso, amable y encantador, realmente su madre estaba orgullosa de él.

-Preparé algo de caballa y sé que a Haruka-kun le gusta mucho ¿puedes llevarle un poco?-decía su madre entregándole el bento que había preparado para el delfín.

-Bien…-dijo mirando la caja de almuerzo.

-Makoto cuando vuelvas, quiero hablar una cosa contigo-el chico asintió la cabeza antes de irse, cuando salió de casa el viento helado golpeó su rostro, subió lentamente las escaleras que lo conducían a la casa de su amigo; no quería ver a Haruka, en realidad no quería ver a nadie. Se paró enfrente de la casa del pelinegro, estaban las luces encendidas así que era obvio que estaba en ella; por alguna extraña razón se encontraba nervioso ¿Qué le diría el chico de ojos oceánicos? ¿Le hablaría del beso? Cuando venían de regreso nadie dijo nada y eso incomodaba al de pelo oliva. Makoto continuaba vacilante cuando la puerta se abrió dejando ver a un Haruka recién salido del baño, sólo una toalla atada a su cadera tapaba su humanidad, el cabello estaba mojado y de él caían pequeñas gotas que recorrían con excelencia la hermosa piel que terminaban perdiéndose por debajo de esa toalla. El chico más alto se quedó embobado ante aquella preciosa imagen, había visto a Haruka así antes pero, no sabía por qué esta vez, se sentía diferente.

-¿Te vas a quedar parado ahí o qué?-preguntaba su amigo de la infancia mientras miraba al chico de ojos esmeralda.

-Bueno… yo sólo…-el menor se sentía incómodo ante la intensa mirada del pelinegro, no llevaba las gafas de sol así que podían mirarse directamente a los ojos pero no lo hacía, no quería alzar la mirada y perderse en aquellos mares furiosos-Mi madre hizo un poco de caballa y me dijo que te trajera un poco.

-Pasa…-Haruka se hizo a un lado para que el más alto entrara pero Makoto no se movió de su lugar.

-Lo siento Haru, vine a dejártelo nada más-le extendió el bento.

-No lo recibiré hasta que entres-contestó de forma severa. El adolescente de pelo oliva suspiró y entro a la casa.

-No puedo estar mucho tiem…

-iré a cambiarme-lo interrumpió el delfín encaminándose a su habitación pero se detuvo. Recordó cuando estaba tomando su baño reflexivo, había llegado a la decisión de no perder a su mejor amigo ni menos dejárselo a una persona como Rin, el pelirrojo no se merecía al muchacho de mirada dulce; Makoto era demasiado bueno para tal carnívoro, no hacían buena pareja ni tampoco tenían muchas cosas en común. Definitivamente esos dos no eran compatibles ¿Cómo hizo Rin para enamorar a su Makoto en primer lugar? Estaba claro que lo había engatusado, de manera que, el chico de ojos esmeralda siendo tan amable y confiado, se dejó llevar por el tiburón; si ese era el caso, Haruka usaría el mismo método de Rin para recuperar a la orca, usaría la seducción.

-¿Haru?-el más alto lo miró algo confuso mientras que este se volteaba a mirarlo con una leve sonrisa adornando su hermoso rostro.

-¿Prefieres que me quede así?-por supuesto que no había pasado por desapercibida la mirada que le había dado su amigo en cuanto lo vio, nunca había seducido a alguien pero sí tenía alguna idea de cómo se hacía; pasó una mano lentamente por su cabello peinándolo hacia atrás, quería ver la mirada de pasión que tendría su amigo, sentir sus manos tocar y recorrer su cuerpo, mezclar su aliento con el de él, fundirse en un majestuoso beso, cruzar la línea que limitaba su relación pero, nada de eso obtuvo.

-¡No puedes quedarte así!-dijo Makoto preocupado, no había nada de pasión en sus orbes verdes-¿Qué pasa si te resfrías Haru? Ve a ponerte algo de ropa antes de que enfermes-no había manos en su cuerpo ni tampoco labios sobre los suyos, no había nada, sólo Mamá Makoto arruinando el precioso momento que podrían haber tenido. Haruka resopló molesto y sonrojándose por lo que acababa de hacer, se volteó y caminó a su habitación murmurando cosas como que Makoto era un estúpido, no era su madre, odiaba cuando se preocupa innecesariamente de él, era lento por no saber leer el ambiente y miles de palabras más. Su primer intento de seducir a la orca, había fallado.

Cuando Rin entró a su habitación compartida, se llevó la desagradable sorpresa de que Aiichiro no estaba en el lugar, no lo había visto desde que terminó la práctica y debía decir que estaba ligeramente preocupado; sin pensar mucho en ello el chico de ojos carmín se recostó sobre su cama, estaba agotadísimo pero no dormiría hasta que su compañero de cuarto regresara, el depredador se lamió los labios recordando el dulce sabor que tenían los de Makoto, jamás se le pasó por la mente que, ese chico de hermosos ojos esmeralda podría ser tan adictivo, sólo le había dado un pequeño beso, apenas un roce y ya quería más, ahora no podía quitárselo de la cabeza y era totalmente su culpa. Rin sabía que Makoto sólo estaba fingiendo para ayudarlo, sabía a la perfección que todo esto no era nada más que un engaño que los dos habían formado para así, el tiburón pudiera vigilar a su hermana y asegurarse de que ningún monstruo la estuviera corrompiendo pero, aquel beso, aquel ínfimo toque logró despertar dentro del depredador sus más bajos instintos, ese era un gran problema que quizás, no quería arreglar. Se levantó de la cama y miró la hora, ya era tarde y Nitori aún no llegaba, esto ya preocupó de forma definitiva al mayor así que decidió ir a buscarlo; se dirigió a la habitación de su capitán para saber si este sabía el paradero del adolescente de cabello plateado pero la respuesta fue negativa, Mikoshiba se ofreció a ayudarlo ya que era responsabilidad de él si algo le sucedía a cualquier estudiante que perteneciera a su dormitorio, el chico de dentadura afilada rechazó la oferta pero si necesitaría ayuda, se la pediría. Buscó por todas partes y estaba entrando en desesperación, el menor de preciosos ojos color índigo no podía haber ido tan lejos, sabía que estaba dentro de la academia, de lo contrario debería haber hecho un súper espectacular escape para salir de ella ya que después de cierta hora, estaba estrictamente prohibido salir del recinto; sólo le quedaba un lugar por ir y ese era el maldito patio que estaba al otro lado de la maldita academia, Rin no perdió el tiempo y fue directamente al lugar, cuando llegó estaba casi sin aliento, las piernas le pesaban, estar cansado era algo inusual en él pero estuvo ejercitando todo el día y no había descansado, culpó de esto a Aiichiro por hacer buscarlo desesperadamente. Un sentimiento de alivio aligeró el cuerpo del pelirrojo al ver a su pequeño amigo sentado en una de las bancas.

-¡Ai!-el adolescente de cabello plateado dio un pequeño saltó al escuchar a su senpai, rápidamente se limpió las lágrimas que caían por su pálida y suave piel.

-Rin-senpai…-Nitori trató de darle una tierna sonrisa pero apenas lo logró.

-¿Qué haces aquí?-se acercó el depredador preocupado, al ver la cara de Ai se dio cuenta inmediatamente de que estuvo llorando-¿por qué estas llorando?-lo tomó de los hombros.

-¡No es nada!-Aiichiro no podía decirle que estuvo llorando por culpa de él-No tiene por qué preocuparse yo… sólo me golpeé la nariz-se excusó. Rin sabía que Nitori estaba mintiendo pero prefirió no insistir, mañana lo interrogaría, hoy era muy tarde.

-Está bien-limpió las pequeñas gotas que se asomaban en sus ojos enrojecidos por tanto llanto. El más alto miró al muchacho frente suyo, tenía las mejillas sonrojadas y una mirada de cachorro abandonado, también su respiración estaba algo agitada, para un carnívoro como Rin, esta imagen le era irresistible, sus hormonas ya habían sido alteradas hoy y estaba haciendo mucho esfuerzo en controlar sus impulsos de querer devorar al adolescente de ojos azules-Vamos, tenemos que volver al dormitorio-Rin se levantó alejándose de Aiichiro, el chico de cabello plateado se quedó mirando a los ojos de su amado senpai; estaba hipnotizado por esos pares de infierno escarlata que lograban quemar su herido corazón.-¿Ai?

-Lo siento-se levantó de la banca-Volvamos Rin-senpai-comenzó a caminar sin mirar al pelirrojo.

-Ai, espera-lo sostuvo de la muñeca-¿De verdad te encuentras bien?-preguntaba extrañado por la actitud de su compañero de cuarto.

-Por supuesto-Nitori sonrió con su mayor esfuerzo, Rin no podía soportar ver lo devastado que se encontraba ese chico pero ¿Qué podía hacer? Lo único que se le ocurrió fue estrecharlo entre sus brazos, rodeó su pequeña cintura y lo atrajo a su pecho. Aiichiro estaba más que sorprendido por aquel acto que acababa de cometer su superior, podía sentir su corazón a punto de salir de su garganta y un calor invadirle el cuerpo.

-Mañana me dirás lo que te pasa-Rin se separó del menor, fue un tiempo breve pero, para Ai era más de lo que podría pedir.

-De acuerdo Rin-senpai-sus mejillas estaban más sonrojadas que antes.

-Vamos o seremos regañados-y los dos adolescentes caminaron uno al lado del otro devuelta a su dormitorio.

Haruka bajó las escaleras ya vestido, se dirigió donde se encontraba Makoto esperándolo, el chico de cabello oliva estaba sentado en el sillón a punto de quedarse dormido. El adolescente que sufre de hidrofilia puso su mirada en la caja de almuerzo que estaba en la mesa, se acercó a ella y cuando la abrió se llevó una suculenta sorpresa, no era simplemente caballa asada como él la preparaba, esto era un plato mucho más elegante y con mucha más preparación, se trataba de caballa en escabeche, un deleite de dioses. Haruka probó un poco de la deliciosa comida, la madre de Makoto cocinaba de forma exquisita, ya le gustaría a él cocinar así; Makoto tenía suerte de probar su comida todos los días, por un momento el chico de ojos oceánicos pensó que la progenitora de su mejor amigo, sería la suegra perfecta; no sólo era amable con él, también lo consideraba parte de la familia y sinceramente creía que, si algún día llegara a salir con Makoto, ella sería la que más lo apoyaría.

-¿Te gustó?-se acercó Makoto por atrás interrumpiendo los pensamientos de su amigo.

-Está delicioso-los ojos del delfín brillaban mientras comía-¿Quieres un poco?

-Descuida, tengo en ca…-no pudo excusarse del todo ya que Haruka le había dado un bocado de todas formas. El chico orca debería admitir que no estaba nada de mal, no era fanático del pescado ni menos de la caballa pero, este sabía muy bien.

-Makoto tienes algo de salsa en el rostro-le dijo el muchacho adicto al agua.

-¿Dónde?-el menor tomó una servilleta para limpiarse pero la mano de su amigo lo detuvo. Haruka puso en acción su plan de seducción.

-Justo aquí-Haruka se acercó lentamente a los labios de Makoto, el delfín había manchado de salsa el labio del adolescente más alto apropósito; estaban a punto de rozarse sus labios, a punto de probar la exquisitez de la boca del chico de ojos esmeralda pero nuevamente, la orca arruinó por completo la atmosfera alejándose rápidamente del nadador.

-Yo… realmente debo irme-decía nervioso Makoto, su corazón le latía mil por hora-Mi mamá me está esperando así que…

-¡Está bien!-Haruka se sentía frustrado, su segundo intento por seducir a Makoto había fracasado rotundamente, esto no iba a hacer fácil pero no se rendiría. Los dos adolescentes se dirigieron a la entrada de la casa, el más alto se volteó para despedirse del mayor que por razones que desconocía, estaba molesto.

-Nos vemos mañana-le sonrió cálidamente el de pelo oliva-Que descanses.

-Tú también-contestó inexpresivamente el pelinegro.

El chico orca bajó las escaleras lentamente, aún su corazón latía rápidamente ¿Acaso Haruka estaba a punto de besarlo? El delfín jamás se había comportado así, no sabía si estaba malinterpretando las cosas o no pero, de que todo esto era extraño, lo era. Al llegar Makoto a su casa, fue recibido por sus pequeños hermanos que se abalanzaron sobre él.

-¿Hermano por qué no viniste con Haru-chan?-preguntó Ren mientras se colgaba del brazo de su hermano.

-¡Sí, Haru-chan dijo que iba a venir a jugar!-agregó Ran abrazada al mayor.

-Lo siento, la práctica fue muy agotadora y Haru estaba cansado-les decía el adolescente.

-Ran, Ren vayan a jugar con papá, tengo que hablar con Makoto-dijo la dulce mujer.

-¡Sí!-dijeron al unísono los mellizos que se dirigían a la sala de estar donde se encontraba su padre.

-¿Me ayudas con la cena?-le preguntó a su hijo a lo que este asintió.

Estaban en la cocina preparando todo cuando la voz de la señora Tachibana interrumpió el cómodo silencio.

-Hoy tus hermanos me dijeron que tú y Haruka-kun tenían problemas de pareja-al escuchar las palabras de su madre, Makoto casi se ahogó con su propia saliva.

-¡Sobre eso, es un malentendi…

-No tienes que preocuparte-lo interrumpió-La verdad es que ya lo sospechaba de hace tiempo.

-¿Qué?-el chico orca no entendía nada ¿Su santa madre estaba pensando que él y Haruka eran algo más que amigos?

-Ustedes dos de pequeños que están juntos, nunca los pudimos separar por cinco minutos, te ponías a llorar-rio la madre de Makoto al recordar sobre ello.

-Mamá espera yo y Haru no…

-Incluso ahora actúan como si estuvieran casados-la madre miró a su hijo con un brillo en sus ojos-Makoto, nunca me ha importado tu orientación sexual y me alegro de que hayas elegido a Haruka-kun.

-Pero yo no…-el chico orca estaba sin palabras, ahora su madre creía que con Haruka estaban saliendo y la mujer estaba feliz por eso, bueno pudo ser peor, su madre pudo haber reaccionado mal ante la noticia.

-Le hablé a tu padre sobre esto.

-¡¿Qué?!-Makoto quería salir corriendo del lugar.

-Le costó asimilarlo pero lo aceptó-siguió hablando su progenitora ignorando la crisis de nervios que tenía su hijo-Y está feliz por ti aunque es una pena que no tengamos nietos por tu parte.

Makoto tenía la boca abierta de lo sorprendido que estaba, todo esto era un estúpido malentendido y todo esto era culpa de Haruka. Su madre lo tomó de los hombros con una radiante sonrisa en su rostro.

-Makoto, nosotros te apoyaremos-lo abrazó, el adolescente de ojos esmeralda quería llorar, quería encerrarse en su habitación y no salir en un buen tiempo, su hermosa tranquilidad, su armoniosa vida estaba dando vuelcos a lo que él no estaba preparado, y lo peor es que apenas estaba comenzando.

El chico orca se preguntaba en que momento llegó a esta situación, estaba acostado en su cama y pegado a él dándole la espalda, estaba Haruka. El pelinegro había llegado a su casa a devolver la caja de almuerzo, su madre le había abierto y más alegre de lo común, lo invito a cenar. Los mellizos estaban felices y los sonrientes rostros de sus padres con sus miradas cómplices, lo delataban todo. El punto culminante de todo esto fue cuando la mamá de Makoto felicitó al chico de ojos oceánicos por elegir a su hijo; Makoto esperó que Haruka arreglara el malentendido que negara toda esa mentira pero, en cambio, sonrió descaradamente y confirmó que en efecto, los dos estaban viviendo un hermoso romance, realmente una osadía de su parte. Jamás en su vida pensó, que Haruka iba ser parte de algo tan turbio, sabía que lo hacía por vengarse por lo de Rin, lo sabía muy bien. Ahora se encontraban aquí, uno al lado del otro en la misma cama, porque Haruka no aceptó dormir en otra parte, envolviéndolos un silencio incomodo que estaba ahogando al menor, tenía que decirle sobre lo de él sábado, Haruka se enojaría estaba claro, tenía que hacerlo de todos modos, Rin no le dio otra alternativa pero, fue la voz de Haruka quien habló primero.

-Makoto-el pelinegro se volteó para enfrentar a su amigo.

-¿Dime?-el más alto se sentía incómodo bajo la intensa mirada de Haruka, la luz de la luna hacían que estos se destacarán más ante aquella oscuridad.

-¿Puedo besarte?-sin rodeos, una pregunta directa al corazón. Haruka estaba expectante a la respuesta que le daría el menor.

Makoto se olvidó de como respirar y hasta pensó que su corazón se detuvo, no tenía la más mínima idea de qué hacer cuando vio a Haruka acercarse a él. El chico de hermosos ojos esmeralda cayó presa del pánico y Nanase Haruka se aprovechó de ese momento. Quería desafiar a Rin y demostrarle que él también podía entrar al juego.


no me odien por esto! XDD tenía que terminar ahí! espero de todo corazón que les haya gustado.

en el proximo veremos como le irá a Rin espiando la cita de Gou.

¿Que creen que hará Makoto? ¿se dejará besar por su Haru-chan?

eso es todo, nos vemos el proximo fin de semana!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!