Es muy muy muyyyy tarde y no debería estar aquí a estás horas, pero les publico este capitulo ahora por que no sé si tendré tiempo mañana (domingo aunque ya lo es XDD)

esto es una guerra, ajsdhsjadhajdha, cómo hacer para que queden conformes?

tengo algo que aclarar y sé que se enojaran algunas hermosas criaturas conmigo, Makoto es uke en este fic y eso no va a cambiar, yo amo a ese chico de seme, me encanta pero aquí no lo es. lo siento si los decepcione.

gracias por los comentarios, los leo todos y sé que se molestan por las parejas.

no estoy concentrada así que el capitulo de seguro tiene errores.

es todo.

disfruten de su lectura.


El corazón de Makoto latía con una fuerza desconocida, nunca en su vida había sentido esto, los infiernos escarlata de aquel depredador que tenía frente suyo lo abrumaban por completo, esto no estaba bien, Rin no podía estar enamorado de él, ¿En qué momento las cosas entre ellos empezaron a cambiar a tal grado? Trató de respirar normalmente, era la primera vez que alguien se le confesaba, no sabía qué hacer, debía admitir que sentía cosas muy fuertes por el tiburón pero, no estaba seguro de que era amor. Quería mucho a Rin, lo tenía bien clavado en su corazón, le gustaba estar con él y últimamente lo extrañaba a menudo, podría enamorarse del depredador, pero tenía miedo.

-No te quedes callado-bajo la mirada avergonzado-No fue fácil decirte esto.

-Rin… Yo…-soltó un suspiro tembloroso, sentía que iba a darle un paro cardiaco-No sé qué decirte.

-Sólo di lo que piensas-quiso relajar el ambiente pero era mucha la intensidad de ese momento-Lo siento, no debí haberte dicho esto, necesitas descansar-se levantó arrepentido de su acción, se dispuso a marcharse pero la mano de Makoto agarrada a su muñeca se lo impidió.

-Espera-murmuró mirándolo directo a los ojos-Quédate… Por favor-Rin tragó seco y volvió a su lugar, no se dijeron nada por unos minutos, sólo se quedaron mirando, tratando de calmar sus corazones-Mi mente… Es un tormento de pensamientos-respiró hondo y ahora más relajado tomó la mano del pelirrojo-Lo siento pero, no puedo decirte nada por ahora-le sonrió en forma de disculpa.

-No importa-apretó suavemente el agarre-No estás obligado a hacerlo de todas formas.

-Me siento responsable de alguna manera-a Makoto le estaba empezando a doler la cabeza nuevamente, en ese instante la enfermera entra invadiendo el mundo en el que estaban encerrados ahora.

-Ya estás despierto-se acercó al hermoso chico de cabello oliva y puso una mano en la frente del menor para comprobar la fiebre-¡Pero, si te ha subido nuevamente!-dijo preocupada, y se dirigió a sacar algunas cosas de unos cajones-voy a tener que inyectarte un medicamento-abrió un paquete de donde saco una jeringa.

-¡¿Qué?!-Makoto se agarró del brazo de Rin instintivamente, le aterraban las inyecciones-No creo que sea necesario-decía nervioso.

-Lo siento cariño, pero así se podrá bajar la fiebre de una vez-La mujer le dio una sonrisa tranquilizadora-Sólo será un piquete nada más.

-¿No hay otra forma de dárselo?-Rin miró a Makoto que temblaba y luego a la enfermera.

-Se tiene que dar de forma intravenosa-Contestó paciente, enfrentaba a chicos como Makoto todo los días, no entendía por qué le tenían miedo a las inyecciones.

-Creo que ya me siento mejor así que…-intentó salirse de la camilla pero el tiburón se lo impidió.

-No estás bien-suspiró-Será rápido Makoto.

-Tu amigo tiene razón, después podrás irte a casa-sonrió la mujer.

-Pero…-no tenía otra opción y no podía escapar, suspiró resignado-Bien.

-Tranquilo Makoto, sólo dolerá un poco-lo tranquilizó el tiburón.

-Es fácil para ti decirlo-hizo un puchero que provocó en el tiburón, querer comérselo a besos.

-Bien, sólo respira hondo y verás que todo habrá terminado en un parpadeo-la enfermera tomó uno de los brazos del chico orca y buscó el punto exacto donde inyectarle la medicina.

-¡Rin!-se aferró al chico de ojos carmín como su vida dependiera de ello, tenía pánico de ver la gran aguja a punto de atravesar su piel.

-Está bien, no mires la aguja-en cuanto Makoto dirigió su mirada al pelirrojo, la enfermera aprovechó de inyectar rápidamente el remedio, el adolescente de preciosos ojos esmeralda los cerró fuertemente, un dolor le recorrió por dentro al sentir el líquido pasar por sus venas.

-Listo, eso fue todo-la mujer le puso un parche y liberó el brazo del menor-¿Están tus padres en casa?

-No…-la orca se sobaba su brazo adolorido, no se sentía mejor, se sentía peor.

-¿No tienes a nadie que pueda venir a buscarte?-se dirigió a su escritorio mientras escribía en unos papeles. Makoto negó nuevamente con la cabeza, su padre estaba en el trabajo, su madre había salido a hacer unos trámites y no llegaría hasta bien tarde.

-Yo puedo llevarlo a casa-se ofreció el depredador.

-Eso es muy lindo pero, son menores de edad y esto tiene que hacerlo alguien mayor-le dio una sonrisa tierna a ambos adolescentes.

-Pero no tienen por qué saberlo-insinuó el pelirrojo a lo que la mujer rio.

-Sólo por esta vez, ya que tu amigo realmente no puede estar en clases así-miró al pálido chico de orbes esmeralda.

-¡Muchas gracias!-Rin dio una sonrisa afilada y miró a Makoto-Iré por tus cosas, espérame aquí-salió de la enfermería.

-Eres muy afortunado-la mujer sonrió mirando al menor-Tienes muchos amigos que se preocupan por ti.

-Sí…-sonrió y soltó un gran suspiro.

Rin caminó por los pasillos dirigiéndose al salón del chico orca, no entendía por qué algunos estudiantes lo miraban con miedo, iba tan concentrado en sus pensamientos que no pudo evitar chocar con alguien provocando que cayeran al suelo.

-Lo siento-se disculpó el tiburón y le tendió la mano a la persona con quién tropezó-¡¿Haru?!

-¿Rin?-Haruka se levantó ignorando la mano del más alto-¿Qué haces aquí?

-Vine a ver a Makoto-pudo sentir el puñal que le lanzaba el delfín con la mirada-Lo llevaré a su casa, así que necesito sus cosas.

-No es necesario que lo hagas, puedo encargarme yo-desvió la mirada molesto.

-¿Cómo lo harás si no puedes salir de la escuela?-suspiró cansado, hoy no estaba de ánimos para pelear con el pelinegro-Escucha, sé que estás preocupado por él, pero no creo que a Makoto le guste le idea de que te saliste de clases por su culpa-miró al más bajo quién tenía sus ojos clavados en la pared-Déjame cuidarlo por esta vez.

-¿Por qué haces todo esto?-el chico de ojos oceánicos preguntó de forma severa.

-Porque lo amo-contestó firme y sin rodeos. Haruka lo miró sorprendido, por alguna razón, las palabras del tiburón se sentían verdaderas.

-No te creo-no era que no le creyera, no quería creerle, al delfín le costaba imaginarse la idea de que el tiburón le quitara a alguien que siempre pensó que le pertenecía.

-Lo sé-podía sentir las miradas curiosas de los demás adolescentes y no le gustaba-¿Podemos hablar en otro lado?

-Bien…-suspiró. Se encontraban en la azotea, fue el único lugar donde podían hablar con libertad, un silencio incomodo los invadió, alguien necesitaba decir algo o ambos nadadores morirían de los nervios, el depredador fue quién atacó primero.

-Lamento haberte golpeado-dijo de la nada, como buscando un pretexto para cortar aquel pesado ambiente-Me comporte como un idiota.

-Sí... Yo también-bajó la mirada el delfín, él nunca había reaccionado así como aquella vez, podría decirse que actuó bajo sus instintos.

-Haru, tengo que confesarte algo-cerrando los ojos respiró hondo-Makoto y yo… No somos novios.

-¿Qué?-Haruka no entendía, ¿Acaso habían roto? O ¿Tal vez nunca lo fueron?

-Sólo estábamos fingiendo, yo se lo pedí-ya podía sentir el puño del pelinegro golpear su rostro, pero este nunca llegó. Dirigió su mirada al nadador de estilo libre, se veía sereno, como el Haruka de siempre-Ya sabes los rumores que hay de que Gou está saliendo con alguien y… Makoto sólo me está ayudando a vigilarla, tenía que tener una buena excusa para estar aquí…

-Makoto era la excusa perfecta-el adolescente de ojos oceánicos quería reír, sentir tantos celos de algo que nunca fue real, se sentía como un estúpido, no le importaba si Rin le había mentido, pero le dolía que Makoto lo hubiera hecho. No le gustaban las mentiras, por culpa de ellas relaciones tan estrechas, tan fuertes, se podrían romper en mil pedazos, no quería eso, si la relación de él y Makoto se rompía, de seguro moriría, pero tampoco quería perder la amistad tan dañada que tenía con Rin.

-Perdón por mentirte y hacer que Makoto lo hiciera también-Si iba a enamorar al precioso muchacho de ojos esmeralda, tenía que ser sincero no sólo con la orca, también con Haruka.

-No puedo felicitarte-Haruka no estaba enojado y nada, sólo decepcionado, dolido, pero no enojado; ya no-Gracias por decirme.

-Mira, te estoy diciendo esto porque…-se revolvió el cabello desesperado, no podía hablar con Haruka tan fácilmente como lo hacía con Makoto-Me enamoré de él pero, no quería pasar por encima de ti.

-No entiendo dónde quieres llegar-los tormentosos mares se encontraron con los infiernos escarlata, los dos eran unos desastres de emociones.

-Lo que intento decir es que… Aún tienes oportunidad con él-suspiró sacando algo de tensión acumulada-No me mal intérpretes, me esforzaré para que Makoto se enamore de mí, no te de dejaré el camino tan fácilmente y espero que tú también, te esfuerces.

-Rin…

-Pero tenemos que prometer algo-lo interrumpió-Si Makoto… elige a uno de los dos… El otro deberá dar un paso al lado, no ser un mal perdedor.

-Tú eres el único mal perdedor-dijo con gracia el pelinegro.

-Por eso no perderé, Haru-le dio una sonrisa afilada.

-Está bien-sentenció finalmente el delfín-Pero tienes ventaja, ya lo besaste-Rin no pudo evitar reír, era cierto, tenía ventaja sobre Haruka en eso, estaba feliz de ser el primero en besar los hermosos labios de aquel chico que le quitaba el aliento, realmente esperaba ser el único que pudiera besarlo-Ven, te pasaré sus cosas.

-¿Vas a dejar que lo cuide?-lo miró incrédulo el depredador.

-Sólo por hoy-bajó las escaleras con calma-Pero no te aproveches.

-No lo haré, desde ahora jugaré limpio-Prometió el carnívoro, Haruka asintió y los dos se dirigieron al salón del delfín.

Ahora que tenían un acuerdo entre los dos, sólo les esperaba hacer el primer movimiento, ambos intentarían jugar limpio y conquistar al precioso chico de cabello oliva, la pregunta era de ¿Cómo hacerlo de forma honesta y no caer en los encantos de la orca? Era una tarea algo difícil, en especial para cierto tiburón que era débil a la carne. Haruka por su parte, estaba más tranquilo ahora que todo era más claro ahora, sólo le quedaba tener una conversación con su mejor amigo, no lo haría hoy por el estado en que se encontraba el otro chico pero, sí cuando estuviera mejor.

-Rin, ¿Qué te llevó tanto tiempo?-preguntó Makoto en cuanto vio al depredador entrar seguido por el delfín-¿Haru?

-¿Cómo estás?-se acercó el pelinegro hasta a él mientras que Rin hablaba algunas cosas con la enfermera.

-Un poco mejor-dijo algo preocupado, no quería pensar que la demora del pelirrojo fuera porque se había puesto a pelear con el chico de ojos oceánicos.

-Descuida, no pasó nada-leyó los pensamientos del menor y lo tranquilizó.

-Eso es bueno-sonrió aliviado.

-¿Nos vamos?-Rin se acercó a los dos adolescente.

-Iré a verte después de la práctica-le dio una leve sonrisa.

-De acuerdo-se levantó de su lugar con cuidado y miró a ambos muchacho, algo había pasado entre ellos, los interrogaría después, ahora lo único que quería era tirarse en su cama.

Se despidieron de Haruka y salieron de la escuela, caminaban a paso lento, Rin no quería que Makoto hiciera fuerza alguna, incluso se ofreció a cargarlo todo el camino hasta su casa pero, el chico orca se negó, no quería molestar al tiburón más de lo que ya hacía. Hubo una parte del camino en la que el menor se mareó y el pelirrojo preocupado lo tomó por la cintura para sostenerlo, sus rostros se quedaron tan cerca que podían sentir sus propias respiraciones mezclarse, Rin se separó del adolescente de cabello oliva, iba a besarlo si se quedaba tan cerca de él. Llegaron a la casa del chico enfermo, el depredador lo llevó hasta su habitación, habían pasado años desde que no entraba a la casa de Makoto, no había cambiado en nada, los mimos cuadros familiares en estaban donde siempre, aunque ahora habían más y la habitación de Makoto seguía siendo tan ordenada como la recordaba, una de las cosas que le gustaba de su amigo era que compartían su amor por el orden. Mientras el menor se cambiaba a su pijama, Rin se concentró en mirar los alrededores de la habitación, si se detenía a mirar a Makoto se le subirían las hormonas y querría hacer realidad sus deseos sucios, no podía hacer eso, tenía que jugar limpio y tampoco quería alterar al niño que amaba, un pequeño tiburón de peluche puesto encima de la cama le llamó toda la atención del mundo, lo recordaba a la perfección, se lo había dado de regalo esa vez después del relevo cuando eran unos niños, fue por haberle ayudado, para que Haruka participara en él; sonrío ante este pequeño detalle.

-No sabía que aún lo tenías-dijo tomando al animal de peluche.

-Por supuesto que lo tengo-decía el más alto sentándose en la cama-Siempre atesoro todas las cosas que me dan.

-Creo que debo regalarte uno más grande-Rin se sentó en el borde de la cama, miró el delfín gigante de peluche que ocupaba un lado del colchón, no tenía que ser adivino para saber que se lo había regalado Haruka.

-Si tú quieres-tomó el peluche de tiburón y lo miró con una dulce sonrisa-Pero, este es especial.

-¿Por qué?-preguntó el depredador mirándolo curioso.

-Porque fue el primer regalo que me diste-los preciosos ojos esmeralda se encontraron con los carmesí. Rin retuvo un suspiro ¿Podía ser aquel chico, más lindo? Makoto realmente no tenía idea de lo que le provocaba al pobre tiburón que terminaría por caer en la desesperación.

-Te prometo que te llenaré de regalos-acarició la mejilla afiebrada.

-No tienes que hacerlo, me sentiría mal recibiendo tantas cosas por parte tuya-quitó la mirada algo avergonzado.

-No seas modesto, quiero mimarte-Rin estaba haciendo los mayores esfuerzos de su vida para detener sus impulsos de abrazar y besar al chico orca.

-Lo siento, no estoy acostumbrado a este tipo de cosas-Makoto no quería admitir que le gustaba la idea de ser mimado por Rin.

-Ya te acostumbraras-el depredador se inclinó para besar a al hermoso adolescente de cabello oliva pero se detuvo a pasos de su boca, no tenía que aprovecharse, no podía. Soltó un suspiro frustrado y apoyó su frente en el hombro del más alto.

-¿Rin?-los latidos se aceleraron cuando vio al tiburón cerca de su boca, a punto de ser besado, se atrevería a decir que estaba esperando aquel beso que nunca llegó.

-¿Puedo abrazarte?-susurró y sintió el cuerpo de Makoto tensarse-Sólo voy a abrazarte, nada más.

-Está bien-suspiró dejando que los brazos del adolescente de infernales de ojos escarlata lo atraparan, titubeante, correspondió el abrazo. Rin respiró el aroma exquisito del menor, lo embriagaba, lo volvía loco y lo arruinaba por completo; amaba a Makoto como nunca había amado a alguien.

Pasó un tiempo y no se separaron, el depredador disfrutaba de la calidez que le entregaba el cuerpo ajeno mientras que Makoto se ahogaba en su mar de pensamientos, estaba confundido muy confundido, no importaba cuantas veces le daba vueltas al asunto, siempre terminaba en el mismo resultado, todo indicaba que, al parecer, se estaba enamorando de Rin; esto era un gran dilema porque, estaba perdidamente enamorado de Haruka y que ahora empezara a enamorarse del tiburón, lo hacía que se abrumara de sobremanera.

-Recuéstate y descansa-besó la frente del menor y se separó con pocas ganas-Estaré aquí cuidándote.

-Gracias-susurró, cerró los ojos cansado y no los volvió a abrir. Rin se sentó en el suelo y apoyó su espalda en el borde de la cama, se le quedó observando, Makoto era hermoso cuando dormía, en realidad, era hermoso siempre. Se podía decir que estuvo ahí sin moverse por horas, de vez en cuando comprobaba la fiebre que estaba disminuyendo, el tiburón nunca había hecho esto por nadie y no creía que lo haría por otra persona que no fuera el chico orca; mirando dormir a su precioso niño, sus parpados cayeron rendidos y el depredador fue abrazado por los brazos de Morfeo.

Makoto despertó por los ruidos de unas voces que venían de abajo, le costó recuperar la vista del todo, se preguntaba cuántas horas había dormido, desvió su mirada al chico que dormía junto a él, la cabeza de Rin descansaba en el blando colchón de su cama, sonrió y acarició las hebras rojizas, le gustaba ese lado de él; miró la hora, eran casi las siete de la tarde, debía haber ido a buscar a sus hermanos hace tres horas, no podía creer lo irresponsable que había sido, sus pobres hermanitos debieron haberse venidos solos. Se levantó con cuidado de no despertar a su amigo y corrió por las escaleras hasta llegar al lugar de donde venían las voces.

-¡Vamos Haru-chan, juguemos a las escondidas!-decía Ren tirando del pelinegro.

-¡No, juguemos a la casita!-alegaba Ran también tirando del mayor.

-¡Ran, Ren, déjenlo en paz!-los regaño Makoto, los tres se voltearon a verlo, los menores alegres por ver a su hermano, se abalanzaron encima de él, provocando que casi se cayera.

-Con cuidado-Haruka se acercó al más alto.

-¿Hermano te vas a morir?-preguntaba Ran con ojos llorosos.

-Haru-chan dijo que estabas muy enfermo-agregó Ren triste.

-No voy a morir-le revolvió el cabello a ambos-¿Fuiste por ellos?-dirigió su mirada al chico de ojos oceánicos.

-Sí...-contestó el delfín sin expresión-Cuando llegué estabas durmiendo… Rin también.

-Muchas gracias Haru-le dio una hermosa sonrisa.

-Como sea-suspiró-¿Por qué te levantaste? Vuelve a la cama.

-Pero…-no pudo seguir con sus protestas ya que Haruka lo tomó del brazo y lo arrastró con él.

-Ren, Ran, en unos minutos bajo a jugar con ustedes-el delfín miró a los niños que asintieron entusiastas. Entraron a la habitación donde Rin dormía de una forma no tan cómoda, Makoto se acercó a él y lo sacudió suavemente.

-Rin, despierta-decía con dulzura-Estarás adolorido mañana-el depredador abrió los ojos lentamente.

-¿Makoto?-pestañeó un par de veces antes de reaccionar bien-¿Cómo estás?-preguntó preocupado al ver a su amigo en pie.

-Mucho mejor-sonrió.

-Me alegro-se levantó del suelo con algo de dificultad.

-Rin es tarde-Haruka habló para que notaran su presencia. El depredador miró la hora y efectivamente era tarde, muy tarde para él que debía haber estado en Samezuka hace una hora atrás.

-Maldición-dijo molesto-Creo que tengo que irme.

-Está bien-Makoto de la nada abrazó a Rin sorprendiendo a este y provocándole náuseas al pelinegro-Gracias por quedarte conmigo.

-No hay problema-el tiburón correspondió encantado el abrazo.

-Tendrás problemas si llegas más tarde-le recordaba Haruka al pelirrojo.

-De acuerdo ya me voy-se separó del menor-Mejórate pronto-le dio una última sonrisa.

-Más te vale que estés acostado cuando vuelva-le dijo el delfín a la orca antes de bajar las escaleras junto a Rin.

Makoto obedeció, no le gustaba hacer enojar a Haruka; ahora se sentía mejor, la inyección a pesar de ser dolorosa le había ayudado. La tarde se volvió noche en poco tiempo, sus padres ya estaban en casa, el chico de ojos oceánicos se quedaría a dormir, sólo se levantó para cenar y ahora los dos amigos se preparaban para acostarse, aunque Makoto durmió prácticamente todo el día, todavía tenía sueño, esto era debido al medicamento.

-¿Estás seguro que quieres dormir conmigo Haru?-ahogó un bostezo el menor.

-Sí… Ya deja de preguntar-Haruka terminó de ponerse el pijama que Makoto le había prestado, apagó las luces y se acostó al lado del chico que amaba.

-Siento haberte preocupado-se disculpó dándole la espalda al delfín.

-No te disculpes-susurró abrazando al adolescente de cabello oliva por la cintura-Makoto…

-Dime-se estremeció al sentir el aliento del pelinegro en su oído.

-Rin me contó todo-la orca no pudo evitar sorprenderse-Sé que no son novios, que están fingiendo.

-Haru yo…

-No tienes que pedirme perdón-frotó su nariz contra la nuca del chico de preciosos ojos esmeralda-No estoy enojado.

Makoto respiró hondo, Haruka sabía todo, ya no tenía sentido ni razón para seguir ocultando nada, ni si quiera sus propios sentimientos.

-¿Recuerdas cuando me preguntaste si podías besarme?-la oscuridad en la habitación era el único testigo del sonrojo que afectaba al menor.

-Sí…-contestó avergonzado el delfín.

-¿Puedes… Besarme ahora?-Makoto no podía ver la cara de Haruka pero dedujo que lo estaba mirando sorprendido-Olvida lo que dije, no debo estar pensando bien-decía nervioso y muerto de la vergüenza el muchacho que ahora se ocultaba bajo las sábanas.

-Makoto-Haruka se movió para poder quitarle las sábanas de su rostro, las removió suavemente y se encontró con el sonrojo más hermoso que había visto en su vida, acarició dulcemente la cálida mejilla y se inclinó hasta que sus bocas estuvieron a un centímetro de ser tocadas. El chico de ojos oceánicos miró a los ojos de su amigo quien lo miraba hipnotizado, él se lo había pedido, no estaría cometiendo un crimen, no estaría jugando sucio. Sin esperar nada, ni que el tiempo se detuviera y que la oportunidad se le fuera de las manos, Haruka besó a Makoto, era un beso casto, dulce, perfecto, pero no era suficiente. Se separaron lentamente, Makoto iba a decir algo pero Haruka lo besó nuevamente y esta vez el beso se profundizó; el adolescente de ojos esmeralda apretó fuertemente la camiseta de su amigo al sentir la lengua de este invadir su boca, una corriente eléctrica lo atravesó cuando la sintió chocar contra la suya. Paso a paso todo se volvía cada vez más caliente y peligroso, las respiraciones se agitaban y se convertían en jadeos, la danza de sus lenguas se volvía lasciva, las palpitaciones llegaban a un ritmo inexplicables y de la boca de Makoto, estaban empezando a salir dulces sonidos que acuchillaban la cordura de Haruka; esto era malo, muy malo. Estaba estrictamente prohibido llegar a actos mayores, Makoto quería parar, tenía miedo y necesitaba aclarar algunas cosas pero, parecía que Haruka había perdido toda razón, se estremeció totalmente cuando sintió el sutil toque de la mano de su amigo bajar por la parte interior del muslo, esto tenía que detenerse ahora o Makoto terminaría por ser víctima de la lujuria que lo estaba invadiendo. Con gran valor y las pocas fuerzas que tenía, consiguió separar a Haruka de él, lo que vio lo sorprendió, nunca había visto aquella mirada que le estaba dando el delfín en esos momentos, los tormentosos azules estaban nublados y tenían un brillo especial, era tan intensa que le quitaba el habla.

-¿Haru?-posó una mano sobre la mejilla del pelinegro, estaba algo asustado, debía decirlo. Haruka logró reaccionar y aterrado se dio cuenta de lo que había hecho. Rápidamente se alejó de Makoto hasta no tener ningún contacto físico con él-¿Haru, estás bien?-todo esto era muy raro.

-Sí-trató de regular su agitada respiración-Perdóname… Me dejé llevar-todo su cuerpo temblaba.

-Está bien Haru-quería tranquilizarlo y de parte a él también pero necesitaba sacar lo que tenía guardado en su pecho hace mucho tiempo-Tengo que decirte algo muy importante.

-Lo siento tanto Makoto, yo no quería…-Haruka no era capaz de ver a su mejor amigo a la cara.

-Haru escúchame…

-No tenía que haber hecho eso…

-Te amo…-estas fueron las palabras que silenciaron de forma inmediata al adolescente de ojos oceánicos.

-¿Qué?-logró articular aquel chico que le gustaba el agua.

-Te amo hace tiempo-Haruka no podía creerlo, temeroso acercó una mano a su rostro, apenas lo rozó con las puntas de los dedos cuando las siguientes palabras de Makoto lo quebraron por dentro-Pero también amo a Rin.

Makoto quería ser sincero y así lo fue, lástima que los resultados hayan sido fatales, a veces era mejor, simplemente no decir la verdad…


antes de que se molesten conmigo y me manden a la mierda, debo aclarar algunas cosas.

tengo sueño XDD. este es el ultimo capitulo del año! y también el ultimo donde yo decido la trama (bueno parte de ella)

ahora serán ustedes quien decidan con quién se quedara makoto!

comenten por su pareja favorita! la que tenga más apoyo gana (suena como un concurso XD)

es todo, estoy cansada. perdón por todos los errores.

hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡muchos kissus llenos de amor virtual y próspero año nuevo!