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Cuando despertó, Elena supo rápidamente que algo iba mal. No era porque estuviera en una habitación de hospital. Ni siquiera era porque tuviera una aguja en su brazo. En cualquier otro momento, a decir verdad, la idea de que le hubieran pinchado la habría puesto nerviosa. Pero no entonces. Puesto que el propio Niklaus Mikaelson se encontraba en su habitación de hospital, acompañado de Connor Jordan. Y Damon estaba tirado en el suelo, inconsciente.
Estaba perdida. No tenía armas, y tenía una maldita aguja que no sería capaz de quitarse ella sola. Cualquier cosa, un cuchillo, una flecha… habría sido más llevadero. Sin siquiera pararse a pensar, se lo habría extraído, y habría ideado un milagroso plan que los salvaría tanto a ella como a Damon. Pero no una aguja.
- Elena Gilbert-dijo Niklaus a modo de saludo, mostrando una encantadora sonrisa que lo hubiera hecho parecer atractivo de no haber llevado un cuchillo en una mano y una pistola en la otra-. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Hubiera deseado que las condiciones en las que nos encontráramos fueran más agradables.
- Nada en lo que tú estés involucrado puede ser agradable, Klaus-contestó Elena, mientras que su mente trabajaba a toda máquina. Tenía que ocurrírsele algo-. Pero yo también me alegro de verte.
- Querida, deberías haber aceptado el trabajo. O no, pero dejar que hiciéramos lo que debíamos. Porque yo no tengo ningún interés en matarte. Fuiste pupila de mi hermano, y eso hace que te tenga cierto aprecio. Reconozco a mi hermano en ti, Elena. Has terminado pareciéndote mucho a él.
- No involucres a Elijah en esto. Él era mucho mejor que tú, y si me aprecias a mí, deberías haberlo apreciado a él lo suficiente como para no matarlo.
El gesto de Niklaus cambió, pero no dijo nada. Fue entonces cuando Elena empezó a oír el pitido de la máquina a la que estaba conectada, y que marcaba sus pulsaciones. Hasta entonces, había estado tan preocupada, que no había sido capaz de oírla. Pero pensar en Elijah había hecho que se le aceleraran las pulsaciones, y el pitido se había acelerado. Sin saberlo, Niklaus había dado a Elena la idea del plan que la salvaría.
Miró al cuerpo de Damon, e hizo lo contrario a lo que le había enseñado Elijah. Él siempre le decía que para tranquilizarse y pensar en la situación debía pensar en que todo saldría bien. En aquel momento, sin embargo, Elena pensó que Damon estaba muerto. Y lo vio. Su pecho no se movía, y sus, todavía abiertos, la miraban fijamente. Luego, se giró hacia Connor Jordan, y descargó su rabia sobre él.
- Tú lo has matado. Querías matarlo por una tontería, pero el señor millonario no puede permitir que su hijita tenga un corazón roto. Qué idiota. Pagarás por su asesinato.
- ¿Qué coño le pasa?-preguntó Connor, nervioso-. ¿No se ha dado cuenta de que no está muerto?
Antes de que Niklaus tuviera tiempo de contestar, la puerta se abrió, y varias enfermeras y el médico que la había atendido entraron en la habitación. Elena soltó una carcajada al ver que el gran mafioso, que previamente tan tranquilo y seguro se había sentido, se había quedado boquiabierto. El médico llamó a seguridad, y una de las enfermeras le quitó las armas a Niklaus y pidió ayuda para llevarlo al área del hospital destinado a la psiquiatría. Lo habían tomado por un loco.
El plan de Elena había funcionado. Al pensar en la muerte de Damon, tanto su respiración como su pulso se habían acelerado, y la máquina había reaccionado. Los médicos habían acudido rápidamente pensando que le había sucedido algo. Y así era.
Elena no pudo evitar pensar que Elijah estaría orgulloso de ella.
Niklaus Mikaelson fue condenado a cadena perpetua por varios asesinatos, incluido el de Connor Jordan, al que mató en un arrebato de furia después de que Elena hubiera llevado a cabo su plan. Toda la Familia Original había sido atrapada, y cada miembro había sido condenado a varios años de cárcel. A Elena la habían dejado en paz, dado que había quedado claro que había matado a Katerina en defensa propia. Su propia herida lo confirmaba.
Damon había pasado dos días en el hospital, al igual que Elena, que no estaba recuperada. Cuando a ambos les dieron el alta, volvieron al apartamento de Damon, que había sido arreglado por orden de Caroline, que en aquel momento tenía otro objetivo al que dirigir sus celos: a Elena. Cuando ellos llegaron, sin embargo, la modelo no estaba. Damon lo agradeció en silencio.
- Todo ha terminado-dijo, sentándose en el sofá. No habían hablado en todo el viaje de vuelta a casa-. No me puedo creer que todo fuera tan complicado.
- Debería irme-dijo Elena, que ni siquiera había caminado más allá de la puerta.
- No, Elena, espera-Damon se levantó y se acercó a ella. La agarró del brazo, pero lo bajó de nuevo al ver su expresión-. Gracias.
- De nada. Adiós.
Damon la volvió a agarrar, la acercó hacia él y la besó. Ella se quedó quieta mientras los labios de él se movían sobre los de ella, suavemente. Por lo menos, aquella vez no la atacó, se dijo Damon mientras se apartaba de ella. Elena estaba sonrojada, pero parecía decidida.
- No, Damon. Deja que me vaya. Yo… yo no soy la misma de antes. Si me quedo contigo, si vuelves a besarme, yo… No creo que pueda irme. Y debo hacerlo. Elijah está muerto, Damon, y yo no voy a descansar hasta que Niklaus esté muerto-hablaba en serio, pero Damon no le hizo caso, y volvió a besarla.
- No quiero que te vayas. Si quieres vengarte de él, hazlo. Pero no me dejes a mí. Me prometiste que volveríamos a estar juntos.
Volvió a besarla, y por primera vez, ella correspondió al beso. Cuando se separaron, ella sonreía.
- No soy una escritora.
- Prefiero que seas mi guardaespaldas personal.
Aquí está el final de la historia :)
La verdad, ha sido un reto mayor del que me esperaba tener que terminar cada capítulo en cinco capítulos, porque siempre se me quedaban unas siete u ocho palabra más largas de lo necesario.
Gracias a todos por los reviews, y suerte a todos los participantes :)
