Hola! Estamos de regreso! Curly al habla!
Antes que nada agradecer a todos los followers y reviews y agradecemos su comprensión por esta semana que nos hemos tomado de descanso.
Saiai-Kirkland: Gracias por tu review. Yo también me traumaticé con esa imagen hahaha. Y esa suposición, quien sabe, quien sabe...
Reika J.K Bondevick: ¡Ya estamos de regreso! ¡Gracias por tu review! Siempre nos animan a continuar.
klaudia14: Creo que Polonia va a disfrutar volviendo a pintar su casa de rosa. Pero si no, Rena y yo nos prestamos voluntarias para ayudarlo! (Rena: Qué?) Y en cuanto esa es una pregunta que aún no puedo responder...
MyobixHitachiin: Canadá? Quién? xD Bueno, ya nos acercamos más a la parte de acción y sangre, esperemos que te guste.
EmilyJonesKirkland: Latte con extra de chocolate? Yo quiero uno! Dejando aparte eso, muchas gracias por tu review! Creo que la palabra hetaliana, tras el tiempo que llevamos las fans usándola pronto aparecerá en el diccionario xD
A VER DOS COSAS IMPORTANTES:
1- ES EL ANIVERSARIO DE RENA, TODO EL MUNDO A FELICITARLA!
2- EN ESTE CAPÍTULO APARECEN UNAS CUANTAS ISLAS GRIEGAS ASÍ QUE VOYA INCLUIR SUS NOMBRES AQUÍ ABAJO POR SI ALGUIEN SE PIERDE (no salen todas las de la lista):
Naxos
Delos
Ios
Donousa
Milos
Anafi
Serifos
Syros
Kythnos
Amorgos
Gyaros
Kea
Tinos
Andros
Eso es todo, disfrutad del capítulo.
(PD: Faltan 69 reviews para llegar a los 100)
Capítulo 7
Lo volvió a intentar.
Quiso levantarse de nuevo y esta vez, pudo tenerse de pie. Se quedó quieto por unos instantes, dudoso de si debía andar o no. Pero tampoco hacía nada estándose sin hacer nada. Se armó de valor y puso un pie delante del otro fijándose bien en lo que hacía.
Nada. Seguía derecho.
Movió el otro, esta vez un poco más decidido y con cuidado y lentamente, se acercó a una de las paredes, convencido que allí encontraría alguna respuesta.
Se detuvo un momento ante ella, fascinado por los interminables destellos azules y blancos. Se preguntó de nuevo que eran.
Dudando, alargó la mano para tocarla.
Alemania se cruzó de brazos después de colocar bien su gorra. Estaba agotado, llevaba días sin parar de ir arriba y abajo. ¿Porqué les había tocado a él y a Inglaterra organizar todo Europa para la guerra? Ah, sí, el resto eran un desastre… Casi había olvidado que era esa sensación de estar en guerra, de saber que el peligro estaba allí, cerca suyo y que iba a morir gente. Delante de esa situación no sentía miedo, pero tampoco era como Estados Unidos y no le agradaba para nada tener que pelear. Después de la Segunda Guerra Mundial se le habían marchado todas las ganas. Si hubiera podido habría evitado la guerra actual con todo lo que tuviera, pero tres ataques ya eran demasiado, además todos habían causado muchas víctimas. Además, los nórdicos habían declarado ya la guerra, era evidente que la OTAN tenía que movilizarse tras el otro.
Suspiró, como odiaba esa situación…
Su móvil empezó a sonar, otra vez… Pensaba que lo había apagado.
Era Francia.
- Diga, soy Alemania.
- ¡Ya sé que eres tú! – contestó el francés -. Solo llamaba para decirte que ya he reunido todos mis aviones y tanques.
- Perfecto – contestó.
- Pero hay un problema…
- ¿Qué ocurre?
- No tengo combustible suficiente… ¿Me puedes pasar del tuyo?
Alemania tuvo ganas de golpearse la cara.
- Ya hablamos sobre esto – dijo-. El combustible de sobras irá dirigido a los países del sur de Europa con acceso al mar Mediterráneo y que tienen más probabilidades de ser atacados primero.
- Yo tengo salida al mar Mediterráneo…
- Pero si a ti te llegan algo más que bombardeos significará que Italia, Romano y España han caído.
- Pero…
- ¡No hay discusión! ¡Si quieres más combustible habla con Rusia y Noruega!
Y colgó cabreado. Ya era la quinta nación que le tocaba las narices con ese tema. Comprendía que estuvieran asustados, pero yendo escasos de combustible como entonces, no podían desaprovechar ni una gota y los primeros países en intentar ser invadidos serían sin duda los del sur.
El teléfono volvió, esa vez era Polonia.
- ¿Qué quieres? – contestó intentando ser amable.
El bombardeo había sido en Cracovia y por suerte, Polonia no se encontraba allí en ese momento, pero Alemania estaba convencido que estaba afectado igual.
- O sea, como que te noto súper tenso, Ale – dijo Polonia.
¿Ale? Pensó un momento Alemania. Iba a contestarle, pero entonces recordó el bombardeo y pensó: Sé amable, sé amable…
- Como sea – dijo el alemán -, estoy muy ocupado. ¿Qué querías?
- Nada – dijo Polonia -, pero como que me gustaría saber quiénes fueron los malotes del bombardeo.
Alemania hizo un gesto de frustración. La verdad, es que aún no sabían con seguridad quién había sido. No habían conseguido fotos de los aviones y quién había logrado verlos, no había identificado ningún símbolo perteneciente a ningún país.
- No.
Casi pudo ver como Polonia se cabreaba un poco.
- Oh , bueno – respondió el polaco -. Pero dejando ese tema de lado, ¡como que he tenido una idea súper súper buena! ¡Voy a cambiar mis tanques por ponis de color ro…!
Alemania colgó antes de que eso fuera a más. Ahora era él el que se estaba cabreando. ¿Es que era el único que se tomaba la situación en serio?
Un soldado se le acercó y le dijo que los preparativos para ciertas municiones ya estaban listos, le dijo que de acuerdo. Volvió a suspirar, eso de los preparativos era horrible…
Y el móvil le sonó otra vez. Fastidiado lo cogió.
- ¡¿QUÉ?!
- ¿Pero qué coño te pasa? – dijo la voz de Inglaterra.
- Perdona - se disculpó-, es que llevó una mañana horrible…
- Ya me lo creo…- dijo Inglaterra – No será una guerra sencilla. ¿Qué tenías que decirme?
Alemania trató de olvidar lo sucedido y se concentró en la idea que se le había ocurrido.
- Inglaterra, eres la persona que mejor se maneja por mar que conozco – dijo Alemania.
- Normal – dijo el inglés con un poco de arrogancia en su voz.
- ¿Podrías encargarte de Malta a parte de Gibraltar? – dijo Alemania -. Sé que ella es fuerte, pero no la veo capaz de salirse con la suya sola. Y quién domina Malta…
- Domina el Mediterráneo – dijo Inglaterra sin rebajar la arrogancia-. Lo sé. Por eso te gané en el desierto.
- Muérete limey. ¿Lo harás?
- Sí – dijo Inglaterra -. Aunque ya llevo días sin descansar por culpa de los preparativos. Eso va incrementar el trabajo.
- Es necesario – dijo Alemania -. Y también tenemos que comprobar como lo lleva Grecia. Aunque no tengo muchas esperanzas…
- De acuerdo – dijo Inglaterra -. Y a ver si ese gordo emancipado se pone ya en movimiento.
- Sí – respondió Alemania -. Cuento contigo.
Y colgó.
Dio un par de órdenes más y se sentó en una silla de allí. Necesitaba cinco minutos de descanso…
La verdad es que estaba muy preocupado. No tenía claro a quién o a qué se enfrentaban.
- ¡Doitsu! ¡Doitsu!
Y esa persona no hacía nada más que la situación se volviera más desesperante aún por el alemán.
- ¿Qué ocurre Italia?
No era que no quisiese que estuviera allí, es que sabía que el italiano era débil y le preocupaba que le sucediera algo. No sabía lo que haría si resultaba herido o lo mataban porque no había sido capaz de protegerlo, sobretodo ahora que Italia y Romano podían los primeros objetivos.
- ¡Romano me da miedo!
A lo lejos vio que venía corriendo el mayor de los italianos.
- ¡Fratello idiota! ¡Ven aquí y entrena!
- ¡Veeeeee~!
Alemania frunció el ceño, sabía que la idea de Romano de entrenar era correr y correr. Pero también sabía que un par de gritos serios ponían al italiano mayor en su sitio.
- ¡¿Por qué no estáis los dos preparándoos por la guerra?!
- ¡Tú cállate machopatatas! ¡Que este imbécil ya está huyendo otra vez cuando le estoy diciendo que intente montar una arma! ¡A este paso nunca derrotaremos a los cabrones del bombardeo!
Eso lo dejó alucinado.
Ahora que lo pensaba, veía a Romano más serio con la guerra y menos asustado. Eso era raro. ¿Qué rayos le estaba ocurriendo?
Inglaterra colgó el teléfono y se recostó sobre la superficie del escritorio. La palabra problemas se había puesto de moda. En todos los papeles que tenía encima de la mesa aparecía aquella palabra repetida un sinfín de veces. Para Arthur, que la llegó a ver en tantos sitios, le pareció que ya no sabía ni que significaba.
-Shit…-murmuró escondiendo su cara entre sus brazos- Esto me está dando hasta dolor de cabeza.
La puerta del despacho se abrió y Alfred apareció con su habitual sonrisa. Qué suerte él que no tenía ningún problema. Seguro que él recordaba lo que significaba la palabra problema y probablemente no tenía ninguno de esos.
-¿Qué han dicho los del Pentágono?-preguntó Inglaterra al verlo entrar.
-¿Eh? ¿Tenía que llamar al Pentágono?
-¡¿A quién sino idiota?!-gritó el inglés. Aquel gritó acabo con sus pocas fuerzas pero ahora no podía derrumbarse. No con Estados Unidos allí. Lo último que quería era preocuparlo sin embargo...
-Japón me ha llamado-Inglaterra trató de retener su cansancio y escuchar aquello que su pareja le estaba diciendo aún así… aún así…- Es sobre…-Alfred se detuvo y miró a Inglaterra extrañado- ¿Estas?
Ya no pudo aguantarlo más. El cansancio pudo con él. Notó su cuerpo caer pesadamente. Noto la silla desequilibrarse e irse sin remedio contra el suelo. Notó como unos fuertes brazos le evitaban el impacto y lo sostenían dulcemente, como si aquello no fuera más que un sueño.
Inglaterra entreabrió los ojos. Sonrió. Era agradable ver como aquel arrogante estadounidense se preocupaba por él.
-¿Y si…?-lo calló con un beso que sorprendió al inglés-.
-Mejor duerme un poco-sonrió y le besó delicadamente en la frente- Luego hablamos.
-¿Como sé que al despertar no te habrás ido a Corea?-preguntó el inglés luchando contra sus párpados para que estos no se cerraran-.
Alfred sonrió y lo besó nuevamente.
-Porque-el americano apoyó la espalda contra la pared y dejó que la cabeza del inglés reposara sobre su fuerte y cálido pecho- Estaré aquí todo el tiempo-susurró a su oído antes de besarlo en la cabeza-.
Inglaterra dudó un par de segundos y luego sonrió. Arrogante pero cálido. Así era Alfred. Se dejó recostar sobre el pecho del americano y cerró los ojos a la espera de que pronto pudiera volver a abrirlos para seguir hablando con él.
Varias líneas se dibujaron en el mar y en el cielo de Chipre…
Soplaba una leve brisa en el Partenón. Grecia miraba toda la ciudad de Atenas dibujarse en sus pies. Algo le extraño. Se levantó de la piedra en la que estaba sentado y observó cuidadosamente todo a su alrededor.
-Qué raro…-murmuró Grecia- No es que… supiera de alguien que…-frunció el ceño y se cruzó de brazos- Ya veo… Así que el siguiente soy yo-murmuró y dicho esto descendió del acrópolis dirección al centro de la ciudad-.
Hacía tiempo que no se reunía con todos ellos, más tiempo hacía aún desde que no les pedía que cooperaran con él pero esta vez, esta vez era muy distinto a las anteriores. Grecia abrió las puertas de la gran sala. Aquella sala, decorada con todo de banderas de las distintas islas y sus respectivas personas. Por un instante la nostalgia invadió a Grecia, aquello le recordaba a cuando todos se unieron para expulsar a los persas de su territorio. Esta vez no eran los persas, esta vez… No sabían quién eran.
-¿A que ha venido esa llamada tan repentina?-preguntó Naxos con cara de sorpresa-.
Grecia le dedicó una mirada al chico y se sentó en la mesa junto a todos los demás.
-Debemos estar en problemas-dedujo Delos quien se encontraba de brazos cruzados y con el ceño fruncido- En serios problemas
-¿Otra vez?-Ios se estiró y colocó sus brazos detrás de la cabeza- Vaya un fastidio…
-¿Una guerra?-la chica se escondió un poco tras Naxos- Tengo miedo
-Tú tranquila Donousa-sonrió Naxos- Tú hermano mayor está aquí para protegerte ¿recuerdas?
-Volviendo al tema-intervino Milos al ver que aquello terminaría completamente desviado del tema principal por el que se había convocado aquella reunión tan urgente- Grecia-el chico miró al "líder" de la conferencia griega- ¿Por qué nos has llamado?
-¿Alguno ha escuchado sobre los últimos ataques a los distintos países?
-¿Te refieres a los ataques de Islandia, Polonia y España?-preguntó Anafi preocupada. Grecia asintió-.
-Estoy seguro de que nosotros somos
Toda la sala se tambaleo. Más de uno cayó de la silla y casi parecía que el edificio se iba a derrumbar.
-¡¿Qué ha sido eso?!-gritó Serifos sorprendido- ¡¿Un terremoto?!
-Eso no puede ser un terremoto-afirmó Syros mientras se apoyaba en la mesa para levantarse-.
Grecia frunció el ceño y salió corriendo de la sala.
-¡Grecia!-llamó Kythnos-.
El chico miró a ambos lados y pronto arranco a correr siguiendo a Grecia. Las demás islas intercambiaron una serie de miradas y también acordaron seguir a su hermano y a Grecia.
Corrieron todo el pasillo, trozos en ruinas, fluorescentes rotos, cristales por todos lados y cables soltando chispas. Un total un circuito de obstáculos que daba, como meta, la salida del lugar. Allí encontraron a Kythnos y a Grecia quienes contemplaban el paisaje con mirada devastadora. Todo destruido, en llamas, derrumbado…
-¡¿Puede ser que…?!-empezó asustarse Amorgos-.
-Tenemos que ir con cuidado-murmuró Gyaros-.
-Más que eso-empezó a decir Grecia- ¡Kea!-la chica lo miró. Grecia volteó y la miró con mirada severa. Hacía tiempo que la isla no lo veía con tanta determinación. Si él estaba así significaba que la situación era muy crítica- Avisa a la ONU. Volverán atacarnos… Seguro
-¡Si!-dicho esto la chica empezó a correr con la intención de llegar a la sede del gobierno y desde allí llamar a la ONU-.
-¿Y nosotros?-preguntó Tinos esperándose ya la respuesta de Grecia-.
Andros lo miró de reojo y soltó una risa desafiante.
-Como si no lo supieras ya
-Grecia-insistió la isla nuevamente-.
-Preparad todo el armamento-el chico empezó avanzar entre los escombros- Estamos en guerra…
Estados Unidos cerró la puerta de la habitación tratando de no hacer ruido. En verdad le habría gustado quedarse todo el rato con Inglaterra, pero llevaba ya cinco horas durmiendo y tenía hambre. Seguro que se lo perdonaba si iba un momento a la nevera a buscar algo de picar y luego volvía.
Suspiró. Esa guerra en Europa no le gustaba nada de nada. Si se había presentado muy entusiasmado con la guerra que sucedía en Corea, con esta, era todo lo contrario. Se enfrentaban a una especie de enemigo invisible que nadie sabía exactamente quién era y que parecía tener la suficiente fuerza como para atacar países que se encontraban en el norte, sur, este y oeste. Por los bombardeos parecía que estuviera en todos lados.
Porque hemos dejado que estuviera en todos lados pensó para si mismo. Y yo he sido el primero en permitirlo.
Entonces llegó por final fin de la escalera y se dirigió a la cocina. No encendió las luces, se conocía la casa de sobras.
Siguió pensando sobre que hacer. Si fuera por él, cogería todos los soldados que tenía en Corea y los llevaría a Inglaterra para protegerle, pero por culpa de las diversas alianzas que tenía sabía que no podría hacerlo, además que el inglés se cabrearía con él y le diría que era suficientemente fuerte para apañárselas sin tanta ayuda. Además, Alemania no dejaba de presionarle porque defendiera primero los países del sur antes de Inglaterra. Que podía dejar soldados en la isla, pero que pensara en el resto de Europa también.
Abrió la nevera para que ver lo que tenía. No estaba muy llena, seguramente no habría tenido tiempo para ir a comprar. Ya se ocuparía él que al día siguiente descansara durante alguna hora… Eso no podía ser nada bueno sin duda.
Acabó cogiendo una bolsa de patatas que de seguro que no estaban cocinadas y por lo tanto eran comestibles y un poco de agua. No entendía la política del inglés de la no Coca-Cola.
Entonces la cerró y se dirigió hacia las escaleras. Pero justo antes de poner un pie en el escalón, escuchó un ruido detrás suyo.
Se giró lentamente, pero la casa estaba a oscuras y no logró distinguir nada.
- ¿Quién anda ahí?
No hubo una respuesta.
Por si acaso, dirigió una de sus manos a su cintura, donde llevaba siempre una arma y más en caso de guerra. Pero se asustó al ver que no llevaba su pistola. Mierda, al estar en la habitación de Arthur la había dejado a un lado. De repente, empezó a recordar las veces que su pareja le había contado historias sobre sus supuestos amigos imaginarios que iban de hadas hasta demonios pasando por fantasmas.
A tientas buscó el interruptor mientras tocaba la parte metálica de sus gafas, esperando que eso hiciera efecto.
Pero al abrir las luces no encontró ningún sobrenatural.
No.
Delante suyo se encontraba Japón con una katana desenvainada.
Bueno, eso es todo por hoy. ¿Qué les ha parecido?
¡Dejen su review! ¡Si lo dejan recibirán un abrazo de Alfred!
