Hola! Hola! Rena al habla!
Antes que nada felicitaros la navidad (Estoy al tanto que fue ayer :P) y el año nuevo! ^^ También agradecer todos los reviews, followers y favoritos ¡Muchísimas gracias! :DDD
Hoy no tenemos invitado especial ¿Tal vez en el próximo capítulo? Hahaha
ZomiBunny: Hahaha Veo que hemos dejado bastante intriga hahaha Pero hoy aquí tienes la continuación ¡Esperamos que te guste! ^^ Esperamos verte por aquí pronto :D
EmilyJonesKirkland: Hahaha Nos alegra que te guste el fic! Aquí traemos la continuación a ver si te gusta igual que los demás caps y esperamos verte de nuevo por aquí! ^^
Saiai-Kirkland: ¿Cómo has cogido manía a Alemania? xD hahaha En fin, empiezas a dudar que la cursiva sea de SIR eh? Hahaaha Nosotras no vamos a decir nada ¿Verdad Curly?
Curly: Nop!
Rena: Hahaha, gracias por comentar y esperamos verte pronto a ti también! Esperamos que este cap también te guste :3
Reika J.K bondevick: La cursiva esta a la orden del día veo hahahaha ya hemos dicho que nosotras no diremos nada hasta que llegue el momento, haced vuestra suposiciones a partir de allí. Muchas gracias por comentar y aquí traemos el cap. 10 ¡Esperamos que te guste!
MyobiXHitachiin: Sobre lo de Mr. Puffin, nos basamos en el anime, en el capítulo extra del World Series (Donde aparecen los nórdicos) Allí Mr. Puffin vuela así que lo hemos puesto como un pájaro en base a eso J Bueno agradecerte el comentario y decirte que esperamos verte pronto! ^^
¡Bien! Y después de responder (a mi manera) todos los reviews… ¡CAPÍTULO 10!
Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.
Nadie fue a ayudarlo esa vez. Solo se quedó en el suelo, llorando y gritando, mientras el dolor se adentraba cada vez más en su interior.
En un momento dado, cerró los ojos, esperando que ese dolor se hiciera más ligero sin la visión del reloj que le recordaba su gran impotencia. Pero no fue posible.
Nada más encontrarse en la oscuridad, las visiones de los últimos días atacaron su mente. ¿O ya habían pasado meses? ¿Años? ¿Décadas?
Y qué más le daba el tiempo que hubiera pasado hasta ese momento. Nunca podría recuperarlo… Nunca podría volver hacia atrás.
Eso hizo que chillara más y que alaridos de dolor salieran de su boca, haciendo que el sonido del reloj quedara tapado por los gritos.
Capítulo 10
Grecia avanzaba entre los escombros de la batalla. La visión era horrible y el hecho de que hubiera una guerra hacía que todo su cuerpo doliera. Hacía muchos años que no se sentía de esa forma, seguramente desde la Segunda Guerra Mundial, o quizás de antes… ¿Qué más daba? La cuestión es que dolía un montón.
Se preguntó qué estaría haciendo Japón… Había recibido una llamada suya unas horas antes pidiéndole disculpas por no estar allí luchando a su lado. Pero que su hermano le necesitaba y ahora que Estados Unidos se había implicado también en la guerra de Europa (que la gente ya empezaba a llamar Tercera Guerra Mundial) Corea del Sur se habría quedado solo sin él allí y en cambio, Grecia tendría el resto de países de la OTAN apoyándole junto con un gran poder militar.
Al principio, se había sentido abandonado y rechazado por Japón, pero luego analizó bien la situación de su pareja y la suya y entendió que no podía reclamarle nada.
Escuchó como alguien se le acercaba por detrás. Era Francia.
- Nos reclaman – dijo -. Parece que Inglaterra ha descubierto algo interesante.
Grecia asintió. No parecía que fueran haber más ataques por el momento.
Se adentraron dentro de la base. A Grecia cada vez le costaba más caminar y terminó por acabar de apoyarse en el francés.
- Ten las manos quietas – dijo al notar que estas se acercaban peligrosamente a su culo.
- Oh, mon ami – dijo Francia quejándose un poco -. Qué mal pensado eres.
Grecia iba a contestar, pero entonces llegaron a la sala. Había cinco naciones más en ella: Inglaterra, Rusia, Estados Unidos, Bielorrusia y Dinamarca. La cuarta había venido persiguiendo a su hermano seguramente. Se hacía raro que Alemania no estuviera presente en esa reunión, su ausencia se notaba bastante.
- Os esperábamos – dijo Inglaterra.
- ¿Qué querías?
Inglaterra abrió un maletín y mostró unos papeles.
- Mis espías han interceptado esto.
Les mostró un seguido de documentos llenos de un lenguaje extraño que ninguno tenía idea de cómo interpretar.
- ¡Esto parece alienígena! – exclamó Dinamarca.
- ¿Alienígenas? – hizo Estados Unidos - ¿Dónde?
Evidentemente, fue ignorado por los demás.
- Parece un código secreto – dijo Rusia.
Inglaterra asintió.
- Así es – dijo -. Sin embargo nos ha resultado imposible descifrarlo. Y podría contener información valiosa.
A Grecia le empezó a entrar el sueño. No, mala reunión para dormirse.
- Por eso – continuó Inglaterra -. Os voy a dar una copia a cada uno de vosotros. Si alguien descubre algo, que informe inmediatamente al resto. Podría salvar la vida de mucha gente. Les haré llegar al resto también.
Todos asintieron.
Después de eso, la reunión fue decayendo hasta que Grecia al final se durmió y el resto empezaron con las tonterías de siempre.
- Por cierto – dijo de repente Dinamarca -. ¿Dónde está Bielorrusia?
.-.-.-.-.-.-.-.
Alemania miró a ambos lados de la habitación. No había moros en la costa. Se quitó la sabana y cogió el abrigo que había encima de la silla. Ideal, le tapaba completamente, de los hombros a los tobillos. Se puso un sombrero para ocultar las vendas que rodeaban su cabeza y se colocó unas gafas de sol que encontró el día anterior en el comedor del hospital. Estaba listo. Vestido de esa manera nadie lo reconocería y podría salir del hospital y acudir a sus asuntos que bastante importantes eran.
Caminó hacia la puerta, sigilosamente. La abrió. El pánico le invadió cuando encontró un escuadrón de enfermeras pasando delante suyo aunque la confianza regreso cuando ninguna de ellas se percató de que era él. Suspiró aliviado y dio un paso al interior del pasillo.
-¿Dónde vas, West?
Adiós a su plan de escape número 15. Alemania volteó. Allí, apoyada en la pared al lado de la puerta, de brazos cruzados y con una sonrisa triunfante estaba Prusia.
-¡Tú otra vez!
-Regresa para dentro-ordenó su hermano mayor-.
-Tengo cosas más importantes que hacer. Te recuerdo estamos en plena…
-Tengo porno del que te gusta-interrumpió Prusia-.
-Eso es chantaje-murmuró fastidiado-.
-Si no lo quieres lo ti…
-¡No!-Alemania hizo una mueca de fastidio- Ya regreso a la habitación
Y así fue como se fue a piqué el decimoquinto plan de Alemania para escapar del hospital. Ahora tendría que pensar en el decimosexto, cuando Prusia se hubiese largado y hubiese podido ver ese porno que le traía, claro.
-¿Y porque estás aquí?-preguntó Alemania notablemente molesto por la fallida de su plan mientras se ponía de nuevo en la cama y se cubría con aquella sabana azulada-.
-¿No puedo venir a ver a mi hermano?
-No
Prusia sonrió y cambió su expresión a una de más sería pero también más nostálgica.
-¿Qué vas hacer, West?
-¿Sobre qué?
-¿Le dirás esto a Ita-chan? Quiero decir…
Alemania desvió la mirada. Italia, hacia días que no lo veía y no había pasado un solo instante en que no lo hubiese echado de menos, sus risas, su olor, sus caricias… todo en definitiva. La guerra les había obligado a separarse el uno del otro, a no poderse ver tanto como quisieran y a no poder hacer todo aquello que deseaban y considerando la situación en la que se encontraba Alemania eso iba a tener que esperar un tiempo más.
-West
-No puedo…
Prusia puso cara de sorprendido.
-¿Por qué?
-¿Cuál crees que será su reacción?
Prusia empezó a pensar y por las muecas que hacía parecía que la idea de contarle algo a Italia empezaba a ser muy mala. Alemania suspiró.
-Es por eso. También tengo que pensar en sus sentimientos
-¿Son los suyos o los tuyos los que estas teniendo en cuenta, West?-Alemania abrió los ojos ante aquellas palabras. No se las esperaba y mucho menos viniendo de su hermano. Lo miró sorprendido, casi confuso- Él debería saberlo, reaccione como reaccione
-Trato de protegerlo
-Tratas de protegerte-corrigió Prusia- Admite que te da miedo saber que pasara si se entera
-¡Eso no es verdad!
Prusia se levantó y le entregó su teléfono móvil. Alemania lo aceptó y miró el aparato confuso, sin saber bien, bien el porqué se lo entregaba.
-Entonces llámalo
Aquellas palabras de su hermano casi parecieron puñales cruzando su corazón ¿En serio le estaba pidiendo eso?
-¿Qué lo llame?
-¿Te digo el número? Prefijo de Italia – 39; teléfono 852…
-¡Ya se cual es el número!-interrumpió Alemania enfadado. Aquello lo estaba metiendo en un gran aprieto contra él mismo en el peor de los momentos-.
-Entonces, llama. Adelante West, demuestra que me equivoco
Alemania hizo una mueca. No tenía opción. Lentamente empezó a marcar las teclas y una vez marco el número completo se acercó el teléfono a la oreja.
Pip…Pip…Pip
-Por favor no lo cojas, no lo cojas-deseó Alemania mentalmente-.
Pip…Pip…Pi…
-¡Ciao Prusia!-contestó un alegre Italia- ¿Pasa algo?
Alemania no sabía qué hacer. No quería decirle nada pero… Prusia lo miró y con eso bastó para que Ludwig se sintiera obligado a responderle.
-I-Italia
-¿Ah? ¿Alemania?
-Italia hay algo que…
-¡Que alegría! ¡Por fin puedo hablar contigo! Iba a llamarte hoy justamente ¿Cómo va todo por Grecia?
-¿Grecia? Esto… la verdad es que-Alemania miró a Prusia. Ahora era el momento- Yo…Yo…
-¿Pasa algo?-preguntó Italia preocupado desde el otro lado del auricular-.
-Italia… ¡¿Se puede saber que estás haciendo hablando conmigo?! ¡Tienes que prepararte! ¡Imagínate que te atacan!
-¡Ah perdón, perdón! ¡Enseguida me pongo con más preparativos, capitán!
-Nada de banderas blancas
-¿Por qué?
-¡¿Qué no es evidente?!
-¡Vale! ¡Vale! ¡Lo he entendido!
-Ten cuidado. Te quiero-dicho esto colgó-.
-¿West porque…?
-Por favor-pidió Alemania. A Prusia le sorprendió ver aquello. Hacía mucho, mucho, mucho tiempo que no veía aquello. Verlo le recordó que, al igual que él, su hermano también tiene sentimiento contra los que no puede luchar- No puedo decirle nada hermano, él no puede saber nada de todo esto
-West
-Por favor-suplicó entre sollozo y sollozo-.
Prusia lo contempló arrepentido de haberle hecho pasar por todo aquello. Asintió.
-Está bien. No diré nada a Ita-chan por esta vez-sonrió-.
.-.-.-.-.-.-.-.
-Gracias por traerme hasta aquí, Romano-sonrió Antonio-.
Era evidente que aún estaba débil, que tenía que hacer más reposo pero aún así insistió en salir del hospital. De hecho, creó una batalla campal contra las enfermeras para que le dejaran salir. De no ser porque Lovino estaba allí aquello hubiese terminado en una especie de guerra.
-Idiota-murmuró el italiano- Deberías estar en el hospital
España sonrió.
-No me gusta estar en ese lugar
Lovino hizo una mueca de fastidio. A él tampoco le gustaba que estuviese ingresado pero prefería que se recuperase a que empeorase. Llegaron a la casa. Lovino abrió la puerta y siguió cargando a España.
-Yo me las apaño Romano, gracias por todo-España quitó el brazo de detrás del cuello de Romano y trató que este quitara el brazo de detrás del suyo. Rió- Romano, puedes soltarme- él seguía sin quitar el brazo- ¿Qué es lo que pasa?
-Apenas puedes caminar ¿Y me vas a decir que tú te las vas apañar? No me hagas reír idiota. Sabes tan bien como yo que no estás en condiciones de estar aquí y si te han dejado salir es porque…
-¿Qué hay de malo en que quiera estar contigo, a solas?-interrumpió con una de sus odiosas pero atractivas sonrisas que solo hacían que a Romano le dieran más ganas de besarle. Desde que estuvo en el hospital tuvo que contenerse. Como mucho permitía que Antonio le diese alguna caricia en la mano y cuando una enfermera no estaba allí, y eso ocurría 5 minutos cada día-.
Lovino desvió la mirada. No hacía falta que se mirara en un espejo para saber que estaba rojo a más no poder. La temperatura de su cuerpo se elevo drásticamente con solo escuchar aquellas palabras del español. Le fastidiaba tenerlo que admitir pero aquella persona era su punto débil y no podía luchar contra ella.
España se lo miraba, intrigado por la respuesta que Romano podría darle. Se imaginaba sus coletillas típicas ¿Qué dices ahora, idiota? ¡No es que me afecte lo que me has dicho! Etc Sonrió. Había pasado el minuto en que Romano tardaba en asimilar, controlar sus sentimientos, reprimirse a la mínima expresión, sacar su carácter normal e inventar una respuesta (aunque siempre resultaban ser las mismas).
-¡No es que me afecte lo que me has dicho!
Antonio sonrió. Así que hoy eligió esa. Le gustaba confundir a Lovino, se había vuelto en uno de sus hobbies. Lo miro, le sostuvo la mirada a lo que el italiano respondió con una cara encendida por la vergüenza y una voz que aparentaba ser normal.
-¡¿Qué pasa contigo ahora?!
Antonio rio y lo besó. Parecía mentira como aquel pequeño beso podía llegar a confundir tanto a Romano. Era evidente que todo lo relacionado con mostrar sus sentimientos a alguien más lo ponía en un aprieto.
-¡¿Se puede saber que…?!
Y nuevamente lo calló con un beso. Aunque en este Antonio se regocijo comprobando y disfrutando cada rincón de la boca de Lovino. La había echado de menos. Todos aquellos días que estuvo en el hospital con ganas de abrazarle, de estar con él, de besarle, y algo más que todo eso… Y todo lo que no pudo hacer por tener a las pesadas de las enfermeras controlándolo, inútilmente, todo sea dicho, día y noche.
-¿Te parece que no estoy recuperado?-preguntó-.
-¡Me parece que estás loco!-gritó rojo de vergüenza-.
España sonrió y mordió el lóbulo de la oreja derecha. Acerco sus labios y dijo lo siguiente.
-Pase lo que pase, este donde este, siempre te protegeré. Tú siempre has sido lo más importante de mi vida, Romano.
En ese momento no supo qué hacer. Su cuerpo entero se paralizo, su mente se detuvo y paso lo que no debía. Los sentimientos de Romano se mostraron en forma de lágrimas. Quería evitar que salieran pero aquellas palabras, maldita sea, ganado por unas simples palabras. Lo suyo era patético. Antonio se lo miró, sorprendido. Romano esperaba que se riera, que se burlase pero no, sonrió de una forma tan cálida que casi le pareció que brillaba como el sol. Con el pulgar secó las lágrimas que corrían por sus mejillas y le besó nuevamente.
-Siempre Romano…
.-.-.-.-.-.-.-.
Bielorrusia cogió el rifle.
El resto estaba ciego al no ver lo que decía ese mensaje. Ella lo había entendido perfectamente a la primera.
Era un ataque masivo a todo Rusia programado para que durara durante semanas y una vez empezado, nada podría detenerlo. Salvo que detuvieran el primer ataque, luego serían incapaces de continuar. Pero si dejaran que eso pasara, podrían acabar matando a su hermano.
No tenía tiempo de avisar al resto, ella misma lo detendría, aunque eso significase sacrificarse a ella misma. El mensaje lo recibirían mientras estaba luchando.
Los soldados iban rápido preparándolo todo, tenían menos de cuarenta y ocho horas para que el ataque empezara.
Bielorrusia cogió sus cuchillos. Que más le daba lo que le sucediera a ella, mientras su hermano estuviera a salvo. No le importaba morir.
Lanzó un cuchillo a la pared. Había llegado la hora en que ella entrara en acción y no iba a dejar que sus enemigos, fueran quienes fueran, olvidasen la derrota que iban a sufrir.
Fin de la conversación
Y ahora a esperar hasta el capítulo 11
¡Esperamos vuestro reviews y hasta la próxima semana! ^^
