Hola de nuevo! Curly aquí! Y feliz año!
Bueno, después de sobrevivir a la profecía de los mayas y empezar el año nuevo, aquí viene otro capítulo de este fanfic. Uno de los propósitos de este año es terminar este fanfic y llegar a los 100 reviews!
Pasamos a agradecer nuevamente todos los reviews, favoritos y followers. ¡Gracias por leeros esta historia!
Saiai-Kirkland: ¡Gracias por el review! Siempre nos alegra mucho ver que te gusta la historia. Lo que Alemania no quiere decir a Feliciano es el hecho de que ha sido bombardeado, porque no quiere que Feli se preocupe. Y Bielorrusia... Me da mucha pena...
Reika J.K bondevick: ¡Gracias por comentar! Si, pobres Alemania y Bielorusia... ¡Esperemos que te guste este capítulo! ¡Bielorusia va a tener cierta importancia ahora!
ZomiBunny: ¡Gracias por comentar! Antonio siempre tan tierno... Lovino tiene mucha suerte. ¡Y Bielorusia evidentemente que no dejará que le suceda nada a Ivan! ¡Protegerá a su hermano con todo lo que tiene!
Aquí va el nuevo capítulo!
Capítulo 11
Otra vez, eso fue inútil, y tuvo que parar cuando sintió que sus puños le dolían. La pared seguí quieta e impasible ante él. Seguía emitiendo esos desagradables destellos azules que lo ignoraban.
Se empezó a desesperar. Algo le decía que tenía que moverse, que tenía que salir de allí, que alguien lo estaba esperando fuera de las paredes de esa extraña habitación. Y sin embargo no podía salir de allí para averiguar quién era, ni siquiera si era verdad esa sensación que sentía.
Y estaba ese silencio... Ese ruido que echaba en falta y que sin embargo echaba tanto de menos… ¿qué sería?
Apoyó ambas manos a la pared. No sabía qué hacer…
.-.-.-.-.-.-.
-Este tampoco puede ser-murmuró Inglaterra-.
Apartó aquel papel y lo dejo encima de la pila de: no sirve. Era una pila realmente alta y como Inglaterra siguiera a ese ritmo podría caerse, de hecho, ya empezaba a ir algo torcida. Estados Unidos suspiró, ya había perdido la noción del tiempo, no sabía cuánto tiempo llevaban él e Inglaterra tratando de descifrar ese código. Más de una vez pensó que era alienígena y que resultaría más efectivo llamar a Toni para que se lo tradujera pero Arthur lo impidió diciendo que eso no era alienígena.
Varias naciones estaban trabajando en ese código y ninguna había logrado averiguar ni una sola palabra. Cada vez que parecía que tenían la respuesta algo se lo estropeaba y les hacia empezar de nuevo.
-Este tampoco es-Arthur apartó otra hoja y siguió comprobando más papeles-.
Lo miró. Estaba tan concentrado que no había caído ni siquiera en hacer su té de las 5. Por muy fuerte que Inglaterra dijese que era no podía seguir manteniendo ese ritmo sino enfermaría. Tenía que buscar una manera de que dejase de comprobar todos esos papeles. Empezó a pensar ¿Vertiéndole té en los papeles?... No, eso solo haría que Inglaterra tuviese ganas de matarlo ¿Desordenarlos? Tampoco, la reacción tampoco sería muy buena. Dada la situación solo quedaba una cosa por hacer. Estados Unidos miró aquellos rascacielos de papeles de la mesa de Inglaterra. Sonrió. Su plan tenía posibilidades de funcionar. Se levantó y se lanzó encima del escritorio mandando todos los papeles a volar por toda la habitación.
Al principio Arthur se quedó parado y luego, poco a poco, su cara fue cambiando a más y más enfadada.
-¡¿Se puede saber que haces?! ¡¿Te han afectado las hamburguesas?!
-Tampoco te pongas así-rió- No hay para tanto
-¡¿Cómo que no hay para tanto?!-Inglaterra agarró el papel con el código y lo puso justo delante de Estados Unidos- ¡¿Sabes lo importante que es esto?!-gritó-.
América desvió la mirada hacía el suelo. Su plan no había dado los frutos que él esperaba, ni por asomo se parecía a lo que él se imaginaba. Se fijo en uno de los papeles. Volvió su vista al papel que tenía en frente, miró de nuevo el papel que estaba en el suelo ¿Podría ser…? Se levantó de la mesa y cogió aquel papel del suelo. Arthur detuvo su regañina, sabía que Estados Unidos no lo estaría escuchando pero que se quedaría tumbado encima de su escritorio mientras le regañaba y por el contrario se levantó y cogió uno de los muchos papeles que había en el suelo.
Alfred se acercó a la mesa observando el papel que acababa de coger con atención.
-¿Se puede saber que…?-le quitó el papel con el código de las manos- ¡Tú…!
-Lo he encontrado-murmuró sorprendido-.
Inglaterra dio un respingo ¿Había escuchado bien? ¿Lo había encontrado? ¿Tan fácil? No podía ser. Cogió las dos hojas de las manos de América y las comprobó.
-No… No puede ser…
-¿Sabes que pone?
Inglaterra dirigió una mirada a Estados Unidos. Había miedo, temor, aquellos ataques empezaban a parecer una ruleta, le podía tocar a cualquiera y todo se confirmo una vez Inglaterra descifró el código.
.-.-.-.-.-.-.
- ¡Fuego!
Otra tanda de aviones cayó antes de llegar a imaginarse que encontrarían un nuevo enemigo en el camino.
Bielorrusia observó satisfecha como aquel ejército aéreo iba cayendo poco a poco ante sus aviones y armas. Sonrió. Nadie le iba a poner las manos encima de su hermano sin antes derrotarla a ella. Y no iba a dejar que la derrotasen, si hacía falta estaba dispuesta a subir ella misma en los aviones enemigos y derribarlos uno a uno con sus cuchillos.
El ruido de las explosiones era casi insoportable, pero era un precio a pagar. Sabía que varios pueblos cercanos a las fronteras se habían visto afectados, pero eso no le preocupaba, que quisiera proteger a su hermano no significaba que hubiera olvidado sus deberes como nación. Había retirado las personas que vivían allí y les había prometido una nueva vivienda cuando todo eso terminara. No estaba preocupada por su propia supervivencia. Ella era una nación, eso significaba que no moriría con la misma facilidad de un humano, además que estaba prohibido matarla, ya que al hacerlo, lo harían todas las personas con nacionalidad de Bielorrusia. Y eso sería demasiado catastrófico, por lo que había una ley no implícita que impedía matar a las naciones.
- ¡Bielorrusia! – la llamó un general del ejército.
- ¡¿Qué ocurre?! – gritó la rubia clavando uno de sus cuchillos en una pared que tenía al lado- ¡¿Por qué has abandonado tu puesto?!
- ¡Me acaban de informar que se acerca una gran flota de aviones desde el norte y otra desde el oeste!
- ¿El norte?
- ¡No se dirigen hacia Rusia! – gritó alertado - ¡Tiene que proteg…!
No pudo acabar la frase. En ese momento, nuevas explosiones se volvieron a oír, pero mucho más fuertes, cerca y eran muchas más de lo normal.
Bielorrusia levantó la cabeza justo tiempo para ver como la flota mencionada aparecía en el cielo. No dio crédito a lo que veía.
Había miles y miles de aviones. Nunca había visto nada igual y estaba convencida que ni aunque se juntaran todos los ejércitos de Europa conseguirían reunir tal cantidad de aviones.
El alma se le vino a los pies. No iba a ser capaz de derribarlos todos. Pero se obligó a pensar en positivo y decirse que si al menos derribaba gran parte de ellos, su hermano no sufrirí…
- ¡No dirigen hacia Rusia! ¡Tiene que proteg…!
Y entonces cayó en la cuenta, esa flota no iba dirigida a su hermano, habían visto que era ella quién impedía realizar su objetivo.
Todo Bielorrusia era el objetivo.
Pero eso no cambiaba las cosas, tenía que defenderse de los aviones de la misma forma como si fuera a proteger a su hermano. Y aunque no lo lograra, podría salvar a gran parte de su población.
- ¡Dad las alarmas! – ordenó - ¡Que todo el mundo busque refugio excepto los militares! ¡Nos van a bombardear!
- ¡Sí!
Bielorrusia agarró unos fusiles, y se puso unos cuchillos en el cinto, preparándose por una dura batalla.
- Hermano…- murmuró -. Voy a terminar pronto con esta amenaza…
Corriendo, se dirigió hacia donde se encontraban las ametralladoras y las baterías antiaéreas, sin embargo, cuando ya se acercaba, todo cambió.
Lo siguiente sucedió muy deprisa. Vio como los lugares donde se encontraban las armas del ejército volaban por los aires en cuestión de segundos, matando a todos los soldados que se encontraban allí. A pesar de que se encontraba sorprendida de la facilidad con la que habían acabado con sus hombres, se obligó a reaccionar y a poner pies en polvorosa hacia otro lugar de la ciudad. Pero antes de que pudiera llegar muy lejos, las bombas empezaron a llover por todos lados.
El suelo empezó a temblar, las explosiones que de lejos ya se le hacían difíciles de aguantar, ahora el ruido la estaba dejando sorda, no podía ver bien por el polvo que se iba levantando. Por todos lados no paraban de caer los edificios y el temblor hacía que el caminar fuera una tarea casi imposible.
Intentó gritar por ayuda, pero nadie acudió en su ayuda, todos estaban intentando ponerse a salvo. Muchos no habían tenido tiempo de abandonar sus casas y ahora corrían por las calles como podían. Sin embargo, un avión dejó caer una bomba en medio de estas, demasiado cerca de Bielorrusia, seguida de otro justo detrás suyo, haciendo que un edificio se derrumbara y cayera encima suyo, enterrándola.
Cuando despertó, notó dolor a lo largo del todo el cuerpo. Tenía la cara cubierta de sangre debido a los cortes que le había provocado un vidrio al caerse. Probó levantarse, pero unos escombros le impidieron. Intentó apartar las ruinas, sin embargo, notó como su brazo izquierdo le dolía más que el derecho, y entonces vio como un hierro se le había quedado clavado por encima del codo.
Gritando de dolor, consiguió apartar todos los escombros y moverse. También le dolía más que el resto su pie, seguramente, estaría roto.
Cojeando, empezó a andar por la ciudad destruida. No había nada en pie. La habían bombardeado completamente. Por todos lados veía cadáveres, de soldados, de civiles… El que más le chocó fue el de un niño, que estaba abrazado por su madre de forma protector, ambos aún con una expresión de miedo y dolor en la cara.
Por algún motivo empezó a acercarse a ese niño… Quería estar cerca, pedirle perdón, aunque no pudiera oírla, ver si había alguna posibilidad que aún estuviera vivo, si respira…
De repente, el cuerpo del niño se inflamó. Al igual que todos a su alrededor, por culpa de una especie de armas que llevaban unos hombres con máscaras de gas.
- ¡NO! – gritó.
Pero la ignoraron y lo que dedujo que eran soldados enemigos, siguieron quemando todos los cuerpos con algo que tenía el aspecto de un rifle, pero que desprendía una pequeña llama al final.
Sin embargo, Bielorrusia no se preguntó qué clase de tecnología usaban, ya que la visión de los cuerpos de su gente siendo quemada fue más de lo que podía aguantar y sin dudarlo se abalanzó encima de uno de esos soldados. Había perdido sus rifles, pero aún conservaba los cuchillos, y no dudó en usarlos, a pesar del dolor que le provocaba su herida en el brazo.
No se detuvo hasta que ese soldado estuvo muerto. Iba a levantarse e ir a por el siguiente, pero antes de que pudiera hacer nada, oyó como un montón de pasos se le acercaban y una serie de clics metálicos de armas que la apuntaban.
De inmediato recuperó la cordura y levantó los brazos. Era temeraria y arriesgada, pero no estúpida. Revelando su condición, quizás la tomaran de prisionera.
- Soy una nación – se defendió -. No podéis matarme.
Sin embargo, el que parecía el comandante gritó:
- ¡Fuego!
No tuvo tiempo de reaccionar. Y centenares de balas atravesaron su cuerpo.
Eso habría matado a un humano normal. Pero ella era una nación y no era tan fácil que muriera. Solo se había quedado agonizando. Escupió un poco de sangre. Sus pensamientos pasaron por varias personas. La gente de su pueblo, los Bálticos, su hermana, Rusia…
No lo entendía. ¿Por qué la habían atacado? Si era algo prohibido matar a una nación…
Entonces, el comandante se le acercó, sacó una pistola de su cinto y le apuntó a la cabeza.
- ¿Una nación? – dijo con una voz de burla -. Eso nos importa una mierda.
Y entonces apretó el gatillo.
.-.-.-.-.-.-.
-Lo siento Rusia-chan, no encuentro nada
-Tranquila nee-san-sonrió Rusia- A lo mejor otros países han logrado descifrarlo
Ucrania asintió preocupada y empezó a mirar a lado y lado de la estancia en la que se encontraban tratando de descifrar ese código.
-Bielorrusia es muy buena descifrando códigos-Rusia asintió- Me preguntó dónde está. Hace tiempo que no la veo
-Yo también, y eso que su hobbie es acosarme-pensó la mente de Ivan al ver que su hermana menor no andaba detrás suyo como siempre solía hacer-.
Ivan miró nuevamente la hoja y pasó otra página de aquel grueso libro de códigos. Página 298 de 573… Aún tenía mucha faena. Comprobó, tampoco era ese. Miró a la página siguiente. Ucrania levantó la vista y lo miró desconcertada.
-¿Pasa algo?
Rusia tragó en seco y asintió levemente. Deseo por dentro que aquella no fuese la traducción del texto porque de ser así tenía las horas contadas.
-Rusia-chan
Se levantó apoyando sus dos manos sobre la mesa y miró a su hermana en una especie de estado de shock.
-Ru-sia
-Van tras de mi
-¿Cómo?
-El código dice que me atacaran a las 12:00 del día de hoy
-¿A las 12:00? ¿Estás seguro de que eso puede ser?
-¿Por qué no?
-Porque son las 12:45 y sigues aquí-sonrió- No tienes de que preocuparte
Ivan miró el papel desconcertado. Lo cogió y lo observó más de cerca.
-¿Puede ser que se trate de un código hecho para confundirnos?-preguntó su hermana-.
Rusia negó. Aquello no podía ser una farsa, era cierto. Tenían intención de atacarlo pero por alguna razón él no recibió ningún daño. Sus ojos se abrieron como platos al pensar en esa posibilidad.
En ese momento las puertas del lugar se abrieron y generales del ejército ruso hicieron acto de presencia. Ucrania y Rusia los miraban, sorprendidos y preocupados de su presencia, el que ellos estuviesen allí no podían significar buenas noticias.
-Señor Rusia, Señorita Ucrania hemos venido a traerles unas noticias urgentes en relación a Bielorrusia
Ucrania también se levantó de la silla. Eso parecía muy serio. El oficial tuvo que hacer de tripas corazón para poder entregarles el mensaje a sus superiores.
-Bielorrusia ha… muerto
(Se esconde)
Bueno... ¿Qué os ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Tomatazos? ¿Vamos a sufrir por lo sucedido a la pobre Bielorrusia?
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