Hola a todos! Rena al habla ;)

Y después de que, como siempre, nuestras vacaciones se esfumaran (literalmente xD) volvemos aquí con el capítulo 12! ^^

Queremos agradeceros todos los reviews, followers y favoritos ¡Son muy importantes! ¡Muchas gracias! J Y ahora a contestar reviews! ^^

ZomiBunny: Muchas gracias por tu review! Nos alegra que te guste el fic y a ver que hacen Alfred y todos los demás después de lo de Bielorrusia :P ¡Esperamos que te guste este capítulo y hasta la próxima!

Reika J.K bondevick: Veo que a más de una se le ha saltado la lagrimilla con el 11 ^^' Hahahaha gracias por tu reviews y esperamos verte pronto! ;)

Kamirin-chan: Tomatina!-lanza un tomate y va a parar a la cabeza de Alemania- … Si alguien pregunta yo no he sido –empieza a silbar para disimular- En fin ¡Muchas gracias por el review! Nos alegra que os guste el fic y a ver qué os parece este capítulo nuevo ^^ ¡Hasta la próxima!

Nekogoro-chan: Te podría decir quiénes son los que los están atacando pero… ¡No quiero hacer spoilers! XDD (Además Curly tampoco me deja .-.) Así que habrá que esperarse a ver qué pasa ;) Gracias por el reviews y esperamos verte pronto!

Saiai-Kirkland: Hahaha Cuando sepas quienes los están atacando añádeme al grupo de Vendetta ;) Gracias por dejar tu reviews y hasta pronto! ^^

d34th carla m4k3nshi: Veo que lo de Bielorrusia ha dado de que hablar! xD Tendremos que montar un funeral en su honor a este paso hahahaha Muchas gracias por dejar un review y esperamos que os guste este cap.! ¡Hasta pronto!

Klaudia14: ¿Qué te hace pensar que ella no será la única? xD Veo que el ánimo está tocado después del 11 XD en fin, muchas gracias por dejar tu review y esperamos verte pronto y como siempre ¡Esperamos verte pronto!

EmilyJonesKirkland: ¡Hola de nuevo! Tú también estas en shock por lo de Belarús por lo que veo xD, lo del funeral empieza a ser una buena idea y todo hahaha Muchas gracias por el review ¡Y esperamos verte pronto!

Y después de contestar a todos los reviews… ¡CAPÍTULO 12!


Se quedó sin voz de tanto gritar. Sentía como si le hubieran desgarrado la garganta después de tanto rato, y se veía incapaz de producir otro sonido. La locura le estaba empezando a pasar factura.

Sin embargo aún podía llorar. Y eso hizo. Lloró y lloró. Las lágrimas le iban cayendo silenciosamente por la cara, silenciosamente, como sino quisieran ser notadas. Caían lentamente al suelo, formando un pequeño charco.

Miró a la puerta. Sería tan fácil levantarse y salir de allí… Pero por algún motivo, no podía. Solo se quedó en el suelo llorando y sin producir sonidos. Sin embargo, el ruido del reloj no cesaba.
Se tapó los oídos con más fuerza para no escuchar el reloj que le atormentaba.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

Capítulo 12

El silencio regnaba en aquella sala. Ninguno de los cinco se atrevía a mencionar palabra alguna después de aquella noticia que confirmaba todos sus miedos.

-Estamos en igualdad con los demás-murmuró Noruega rompiendo el silencio que se había producido-.

-A diferencia de un humano nosotros representamos a miles de ellos, no podemos morir-murmuró Finlandia quien empezaba a temerse lo peor-No tan fácilmente

Dinamarca se limitó asentir.

-Nunca antes nos habíamos encontrado con esto-murmuró Islandia. Este dirigió su mirada a su brazo aun envuelto en vendas ligeramente teñidas de rojo- Luchar contra un enemigo que no vemos y resultar ser heridos, lo nuestro es patético-rió amargamente-.

-Esto empieza a superarnos…-murmuró Suecia-.

El silencio confirmó aquella última frase. Una guerra era algo que más de uno de tomaba a la ligera, como por ejemplo Estados Unidos, pero la muerte de una nación… Eso no era frecuente, no era normal y más aún sin saber quién era el verdadero enemigo.

Ni la colaboración entre todos los miembros de la OTAN sirvió para evitar bombardeos como los de Islandia, Polonia o España. Grecia se vio severamente afectado e incluso tuvo que reclamar la ayuda de las islas. Las cosas no eran favorables y parecía que las cosas solo tendían a empeorar más y más conforme pasaban las horas, los días, las semanas…

-Debemos recorrer a medidas drásticas-murmuró Dinamarca pensativo-.

-¿Qué vas hacer? ¿Sacar toda tu artillería medieval?-preguntó Noruega-.

-¡¿Quieres dejarme pensar?!

Finlandia suspiró.

-Llegados a este punto creo que solo nos queda algo por hacer

-¿A qué te refieres?-preguntó Islandia-.

-Si la OTAN no puede contra nuestro enemigo…

-Oye-llamó Dinamarca-¿Lo dices en serio Finlandia?

Finlandia asintió.

-Puede que tenga razón-apoyó Suecia- la ONU está tardando demasiado en reunirse

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-¡Japón!-Corea siguió corriendo a través de todo el campamento hasta que entro en la tienda principal-.

Allí estaba Japón. Un sudor frio recorría su frente, no apartaba su mirada del mensaje que tenía en frente de sus ojos, su mente se negaba a creer lo que leía, sus piernas amenazaban en dejarlo caer al frio suelo…

-Japón-murmuró el sur preocupado en ver el estado de su aliado. Se acercó hasta él y puso una mano encima de su espalda. El país volteó a verlo, era evidente que estaba asustado- ¿Estás bien?

-Corea ¿Sabes lo que eso significa?

-Si por alguna razón el enemigo de Europa nos toma como a nuevos objetivos-hizo una mueca de dolor- No quiero pensar que pasara

-No lo contaremos

-¿Nosotros y cuantos más?

Japón miró a Corea sorprendido. No figuraba en la personalidad de Corea ser serio y como solo una vez cada muchas décadas ocurría Corea dejaba de lado su habitual carácter y pasaba a uno mucho más serio y calculador adecuado a la situación en la que se encontraba. Cuando eso sucedía era señal de que todo estaba demasiado complicado como para resolverse con unos cuantos tratados de paz como se ha hecho en más de una ocasión.

Japón lo contempló un par de segundos. Él no era el único que había comprado boletos en esa lotería de los ataques y tampoco era el país con más posibilidades de ser el próximo en caer, ese país era justo el que tenía a su lado. Lo miró con lastima.

-Corea-llamó decidido- Cúbreme por unos días voy hacer un par de cosas

-¡Espera!-logró agarrarlo de la manga y de ese modo evitar que se fuera de la tienda- ¿A dónde vas, Japón? ¿Vas a volverme a dejar solo?-dijo con algunos sollozos-.

Japón lo miró con una mirada tierna. Volvía a ser el Corea que siempre conoció.

-Yo no te dejaré solo, al contrario, voy asegurarme de que todo está bien, solo eso

-Japón…

-Ya has leído el mensaje, comprobaré que no se trate de nada falso y en caso de ser verdadero…-detuvo sus palabras- Tomaré las medidas oportunas

-Pero…

-Por supuesto todas mis respuestas serán no-rió antes de salir del lugar-.

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A Suiza le temblaba el pulso solo de tener entre sus manos aquel mensaje ¿Podía ser cierto? Lo nunca antes pensado estaba ocurriendo y de forma muy precipitada. Si que había habido muertes de naciones anteriormente pero nada como eso.

La puerta de su habitación se abrió y rápidamente escondió el papel debajo de la almohada.

-Liechtenstein

-Oni-sama ¿Ocurre algo?

Tragó en seco. Al igual que él ella también habría recibido ese mensaje.

-Liechtenstein ¿Has recibido…?-no terminó la frase que ella asintió confirmando sus sospechas- Entonces ¿Cómo estas tan tranquila?

-No pasa nada-sonrió dulcemente- Mientras Oni-sama esté conmigo a mi no me pasara nada

-Liech…

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Soltó una risa de incredulidad delante aquel mensaje.

-Oye Grecia no es nada para reírse-se quejó Turquía quien se encontraba de pie a su lado contemplando las vistas que había desde el acrópolis-.

-Solo pensé que quien protagonizaría esta noticia sería yo y no Bielorrusia

Turquía se lo miró. Aún no había participado muy activamente en esta guerra, prefería mantenerse al margen el máximo de tiempo que le fuese posible pero, en el tiempo que paso pudo ver el cambio que hubo en la personalidad de Grecia y de sus islas.

-¿Saben las islas esto?-preguntó-.

Grecia mantuvo su mirada fija en la ciudad de Atenas.

-Si tú no les has dicho nada, no

-¿No crees que deberían saberlo?

-No lo sé-dejó ir en un profundo suspiró-.

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-Esto… ¡Esto tiene que ser una maldita broma!-gritó Estados nidos golpeando la mesa-.

-Se nos está escapando de las manos-sentenció Inglaterra de brazos cruzados-.

-¡Una nación! ¡Una maldita nación eliminada por un enemigo invisible!-siguió gritando América aún enfurismado por cómo estaba sucediendo todo y el ritmo tan apresurado que estaba tomando esta guerra- Para matar a una nación se requieren décadas y varios ejércitos y aún así…

-Creo que ya va siendo hora de tomarse esto en serio

-¿Más?

-Esto en parte es culpa nuestra, después de los tres bombardeos deberíamos habernos reunido todos y aún así hemos tenido que esperar a un intento de invasión en Grecia y a la muerte de Bielorrusia

-¿A dónde quieres llegar?

-Si la OTAN no puede hacer frente a este enemigo habrá que recurrir a medidas más extremas

-¡¿Te refieres a…?!

Inglaterra asintió.

-La ONU debe reunirse de inmediato

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Austria dejó caer sus manos en el piano. No había manera de concentrarse. No después de las noticias recibidas.

Una nación muerta, que habían matado. Hacía cientos de años que eso no sucedía, solo recordaba de cuando aún era solo un niño, que había oído que en algunos lugares, pequeños reinos como era él en aquel entonces habían sido masacrados. Pero eso era lo más cerca que había estado de ese peligro. Después de una tragedia en Europa, matar a una nación se había convertido en un gran tabú.

Por una vez, se veían amenazados, no por ser conquistados, con la misma muerte.
Se alejó de su piano, por una vez, el piano no le distraía de sus preocupaciones y no hacía nada más que recordarle a Bielorrusia.

Escuchó como unos pasos se acercaban lentamente a la puerta y se puso en guardia. Llevaba una pequeña pistola encima desde que había recibido la noticia, aunque sabía que eso le serviría de poco si era atacado. Pero solo era Hungría.

- Austria-san – dijo ella -. ¿No va a seguir tocando?

El castaño negó con la cabeza.

- No puedo seguir – respondió – No hago más que pensar en la pobre Bielorrusia.

Hungría asintió.

- Es terrible – dijo.

- Y también, solo puedo pensar en quien puede ser el siguiente en ser atacado.

- Que intenten llegar aquí – dijo Hungría sacando una sartén de vete a saber donde -. Que los voy a echar.

Austria sonrió. Mientras su querida amiga estuviera allí no tenía nada que temer.

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China se puso la chaqueta y miró a su alrededor. Todo oscuro y en silencio. Perfecto.
Se dirigió hacia la entrada de la tienda de puntillas, procurando no hacer nada de ruido. Ya faltaba poco, pronto estaría fuera…

- ¿A dónde crees que vas?

¡Maldita sea! Pensó.

- A ningún lugar aru – respondió –. Solo salía a tomar el aire aru.

- ¿A estas horas? – preguntó Corea del Norte.

- No podía dormir aru – dijo -. No me ha sentado bien la comida aru.

Corea del Norte se lo miró con una ceja alzada, dando a entender que no se creía ni una palabra de lo que estaba diciendo.

- ¡No puedes irte ahora! – le gritó.

- Tengo que ir aru – se defendió China -. ¡Acaban de matar a su hermana aru! No puedo abandonarlo ahora…

- ¿Y a mí me vas a abandonar?

China se quedó sin habla durante un momento. Cruzó sus brazos por delante del pecho como si quisiera protegerse de alguna cosa.

- Es distinto aru – dijo China -. No voy a retirar ni uno solo de mis soldados de Corea. No me necesitas aquí para luchar. Pero Rusia me necesita más que nunca aru – dijo -. Por favor, deja que me vaya a su lado – le rogó -. Voy a volver aru. Lo prometo aru.

Corea del Norte suspiró. Iba a pedirle que se quedara, iba a amenazarle, decirle que porque se preocupaba por alguien que lo había dejado en medio de un campo de batalla, a pesar de que China no corría peligro alguno. Pero al ver su rostro preocupado, supo que no podía reclamarle eso.

- Tienes una semana – dijo.

China sonrió.

- Gracias aru – dijo.

Y entonces salió de la tienda.

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Rusia acarició la madera del ataúd, dudoso de si debía retirar la mano o seguir adelante. Quería alargar más el brazo y tocar a su hermana por última vez, sin saber muy bien el porque, quizás por comprobar si en verdad estaba muerta, quizás con la esperanza de que de repente se alzara y empezara a perseguirle de nuevo. Quizás simplemente como una última despedida. Pero tenía miedo, de tocarla y de comprobar nuevamente que su cuerpo estaba frío, que ya no volvería a moverse. Que ya no se encontraba más entre los muertos.

- Perdóname pequeña – murmuró -. Si tan solo hubiera descifrado el código antes…

Bielorrusia parecía dormida dentro de él. Cuando habían encontrado su cuerpo, este estaba maltratado y herido. Los soldados habían murmurado entre ellos que tenía una expresión horrorizada en el rostro, algo que habían intentado que sus hermanos no supieran. Sin embargo, ahora que habían limpiado el cuerpo, cubierto las heridas y vestido con las ropas tradicionales de su país, simplemente parecía estar durmiendo tranquilamente.
Al lado del ataúd se encontraba Ucrania, que dejaba escapar un gemido de vez en cuando. Aún no había podido asumir la muerte de su hermana. Ninguno había podido. Les parecía inconcebible. La chica había pasado días sin poder salir de la habitación pensando en su hermana pequeña y seguía llorando.

Rusia también había llorado un montón, pero parecía que sus lágrimas se habían secado antes. Pero eso no significaba que ya no se sintiera triste por la muerte de Bielorrusia. Las lágrimas simplemente habían abierto paso a la rabia. Una rabia intensa que lo abrumaba.
El único pensamiento que pasaba por su mente en esos momentos era "venganza". El hecho que no iba a parar hasta que los culpables de la muerte de Bielorrusia estuvieran todos muertos. Y que no iba a perdonar a quien pusiera una mano encima a las personas que se atrevieran a poner la mano encima a alguno de los seres queridos que le quedaban.

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Alemania se cubrió los brazos con una chaqueta. Por fin le habían permitido salir del hospital. Sin embargo, aún no le habían quitado todo el vendaje. También tenía que decir, que más que dejarle salir, se habían visto obligados tras los últimos acontecimientos.

Alemania tampoco daba crédito a lo sucedido: ¡Una nación había sido asesinada! Era algo que no había sucedido en mucho tiempo. Normalmente, las naciones solían capturarse para luego hacer tratos, muchas veces, esto había supuesto el fin de una guerra. Pero el hecho de que a sus enemigos les diera igual el impacto que causaba la muerte de una nación (el asesinato de Bielorrusia había supuesto la muerte de más de 9.500.000 de personas) era una situación completamente nueva por el mundo actual. Nadie sabía como reaccionar a eso. Y por si fuera poco no sabían ni por donde empezar a atacar. Por increíble que fuese, no habían logrado hacer ni un solo prisionero desde los inicios de la guerra.

Se sentó en su escritorio y miró unos papeles que le acababan de llegar. Estaba empezando a concentrarse cuando la puerta se abrió de golpe.

- ¡Alemania! ¡Alemania!

El pequeño italiano corrió a abrazarle saltando encima del escritorio y tirando por el suelo todos los papeles.

- ¡Italia! ¡Ve con más cuidado! – le gritó.

Pero la verdad es que en aquel momento no le podían importar menos los documentos y antes que se diera cuenta, él también estaba abrazando al italiano de forma protectora. Se había sentido tan aliviado cuando lo había visto…

- Ve~ Te he echado de menos – dijo el italiano.

Alemania enrojeció ante esas palabras, pero eso no impidió que besara a su pareja, que acabó de pasar por encima del escritorio para sentarse encima de sus piernas.

- Yo también – murmuró.

Después de eso, Italia se aferró más fuerte a Alemania.

- Tengo mucho miedo…- dijo con una voz temblorosa-. ¿Va a morir alguien más?
Alemania lo abrazó aún más fuerte.

- No – dijo -. Y en ningún caso permitiré que te ocurra algo.

- Ve~- hizo Italia un poco más alegre.

- Pero tienes que entrenar más cada día.

- ¡No~! – se quejó sin ganas.

Entonces se volvieron a besar, pero más profundamente. Italia aferró sus manos en los brazos de Alemania, subiendo sin querer la chaqueta, mientras el germano acariciaba su espalda. Cuando lo habían echado de menos…

Pero de repente Italia se detuvo.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Alemania.

Italia no respondió. Tenía la mirada fija, horrorizada, hacia los brazos del alemán, que tenía las vendas fuera.

Alemania se quedó paralizado un momento y luego miro nuevamente al italiano, que ya no dirigía sus ojos al brazo, sino que hacia él.

- ¿Qué… qué es esto…?


¿Qué puede pasar ahora?

Muchas gracias por leer este fic y os esperamos la semana que viene con una nuevo capítulo (Sobre todo no olvidéis dejar un review :3)