Hola! Curly al habla!

Aquí traemos un nuevo capítulo! Veo que la escena de la muerte de Belarus tocó bastante...

Primero de todo, agradecer todos los reviews, followers y favoritos!

DemonBlackStar: Gracias por el review! Veo que te has cambiado el nombre...Ya queda menos de la mitad para llegar a los 100! Pronto habrá cosplay!

Saiai-kirkland: Gracias por los reviews! Haremos como que no lo hemos leído xD. Y Alemania ya se encargará de impedir que le pase algo a Ita-chan!

klaudia14: Si. Eso son muchos países... Y sin ninguna duda Italia no debería de haberlo visto... ¿Qué ocurrirá ahora? Gracias por el review!

ZomiBunny: Hasta Alfred se pone serio cuando ocurren cosas como estas... Y en cuanto a los nórdicos, conseguirán cierto protagonismo dentro de unos capítulos...

Bueno, pues sin más demora, emepecemos el capítulo!


Capítulo 13

No sabía que hacer. No había nada que pudiera hacer. Esa era la conclusión a la que había llegado.

Gotas de frustración empezaron a caer cara abajo, aunque por algún motivo, se sentían muy distintas a como deberían de haber sido realmente. Todo era tan extraño… Y no había manera de descubrir el porqué.

Quería dejarse caer al suelo y no moverse de allí, pero después de lo que le había costado levantarse no quería arriesgarse. Así que no hizo nada, solo mirar hacia abajo, mientras las lágrimas caían en su lugar.

Apoyó la cabeza en la pared de agotamiento. Pero eso fue otro error. Porque en cuanto la piel la tocó el dolor de antes volvió en todo su esplendor.

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China cogió todo el valor posible para abrir la puerta.

Desde fuera, las luces del que había sido el Palacio de Invierno en San Petersburgo, y ahora un museo, estaban apagadas. Pero él sabía que Rusia se encontraba allí, siempre que le ocurría alguna cosa se iba a ese lugar para reflexionar. Cuando discutían, cuando los Bálticos y sus hermanas se independizaron, cuando Ucrania tenía problemas y él no podía hacer nada… Siempre iba allí, cuando no había nadie más, en esa sala de baile donde ahora se encontraban esos mosaicos…

Sabía donde encontrarlo y también la mejor forma de entrar sin que empezaran a sonar todas las alarmas. Pero una vez vio las grandes puertas de la sala, le entró la duda. ¿Qué haría? ¿Qué le diría?

Pero tenía que hacerlo, simplemente no podía abandonarlo ahora que era cuando lo necesitaba más.

Cuando estuvo dentro de la sala, lo buscó con la mirada, angustiado un momento al no verlo por ningún lado. Lo encontró mirando al río, sentado en el marco de una de las ventanas, la misma que, según le había contado una vez, estuvo jugando a las adivinanzas con la princesa Anastasia.

No se volteó cuando oyó el ruido de la puerta cerrándose, cosa que asustó a China.

- Rusia aru…

Reaccionó con el sonido de su voz y miró en su dirección.

China se estremeció, se lo veía en un estado terrible, con ojeras, cansado, temblando de tristeza. Parecía roto.

Al verlo pasaron unos segundos y el ruso empezó a dejar caer lágrimas. El chino no dudó y se apresuró a dirigirse hacia él para envolverlo en sus brazos.

Rusia correspondió el abrazo y se dejó llevar. Había pensado que había vencido la tristeza con rabia, pero al ver a China, esta se había desvanecido de repente, dando paso otra vez a ala lágrimas y a la tristeza. Y por una vez, pudo sentirse un poco aliviado en brazos de su amado.

Pero su deseo no había cambiado en ningún momento. Lo haría pagar a quienes habían matado a su hermana, igual que lo haría a quienes pusieran un dedo encima a los que quería.

China por su parte, se aguantó sus lágrimas. No podía derrumbarse delante de Rusia. No en ese momento.

Simplemente estuvieron abrazándose en silencio hasta que las lágrimas de Rusia se secaron.

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Inglaterra suspiró. Más papeleo sobre el ataque de Bielorrusia. Cuando habían anunciado su muerte, no había pensado en el trabajo que conllevaría eso. Aunque la verdad, no tenía ganas de trabajar ni tampoco lograba concentrarse.

Hacía tiempo que se había dejado de relacionar con humanos, pues su vida era demasiado corta y el dolor de su pérdida, después de muchas muertes, nunca acababa de compensar el tiempo pasado junto a ellos. Tener una vida humana, tan corta, que pasaba todo tan deprisa, tenía que ser horrible… Al menos no tenían tanta responsabilidad en sus hombros como una nación.

Recordó un fragmento de la serie del Doctor Who, cuando Rose le reprocha al Doctor el hecho que deje a todos sus acompañantes atrás y él le contesta que no puede detenerse con ellos, que debe seguir adelante. Eso era parecido a lo que le ocurría a él.

Sin embargo, ahora todo era distinto. Si a sus enemigos invisibles no les importaba matar a naciones, todo cambiaba. Podían esperar cualquier ataque, de cualquier magnitud.

Pero no lo entendía. ¿Por qué matar naciones? ¿Para extender el terror al resto del mundo? No. Eso ya lo provocaba la guerra en sí. ¿Para quitarse rivales de encima? Eso sonaba más factible, pero no acababa de convencerle. ¿Para demostrar algo? ¿El qué?

Nos están demostrando que no nos necesitan.

De repente, la puerta de su estudio se abrió. Haciendo que se sobresaltara y poniéndose inmediatamente en guardia. Sin embargo, solo era Estados Unidos, que lo observaba serio.

- Deberíamos ir hacia la sede de la ONU cuanto antes mejor – dijo el menor.

El inglés asintió. Tenían que hablar sobre eso con todo el mundo.

- Tienes razón – dijo para luego levantarse y dirigirse hacia la puerta.

Estados Unidos sonrió.

- ¿No deberías cambiarte?

- ¿Eh?

El británico se dio cuenta que no se había quitado el uniforme militar desde su última visita a Grecia. Había estado tan ocupado con el código, la muerte de Bielorrusia y otras cosas que ni siquiera había tenido tiempo. Llevaba ya tres días con él. Sin duda, era hora de cambiarse.

- Es verdad…- oyó como su pareja soltaba una risilla - ¡No te rías! ¡No todos podemos descansar!

Y se dispuso a dirigirse al armario, pero antes de que llegase, Estados Unidos lo abrazó fuertemente por detrás.

- ¡¿Qué te ocurre ahora?! – exclamó mosqueado. Pero al ver que el menor no contestaba empezó a preocuparse - ¿Al?

- No voy a dejar que te pase nada… - murmuró – No otra vez…

Inglaterra supo al inmediato a que se refería. A la Segunda Guerra Mundial. En los bombardeos, cuando estaba luchando solo contra Alemania y Estados Unidos aún era neutral, a pesar de sus ganas de luchar.

Inglaterra se giró y lo besó.

- Idiot…- dijo -. No me va a ocurrir nada. Desde hace siglos que ningún enemigo que haya pisado suelo británico haya salido bien parado. Así que mejor nos preocupamos por el resto de Europa.

Estados Unidos le devolvió el beso.

- Me da igual – le replicó -. No pienso volver hasta que estés seguro…

Pasaron unos minutos abrazados y besándose y se habrían quedado así hasta el día siguiente, pero una reunión los esperaba.

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-¡No lo haga!-tiró uno de los hombres de las mangas de tu traje- ¡Corea-san!

-¡Soltadme!-ordenó mientras trataba de seguir adelante- ¡Tengo que ir!-se resistió a ceder ante sus soldados-.

-¡Aún tenemos tiempo de regresar! ¡Vámonos!-insistieron nuevamente-.

-¡Que no!

De pronto el soldado lo soltó y eso hizo que por unos instantes se tambaleara. A su suerte logró mantener el equilibrio y no caer estrepitosamente al suelo. Le extrañó que lo soltara así de golpe aunque, cuando miró a la persona que estaba delante suyo todo cobró sentido.

-Her…mano-murmuró sintiendo el miedo que desprendía aquella persona-.

-¿Qué haces aquí? ¿Quieres terminar con esta guerra tan rápido?

-¡No es eso!-Corea desvió la mirada- Creo que ya sabes de la reunión que ha sido convocada

-¿La de la ONU?-preguntó con una ceja al alza ¿Cómo pudo llegarle esa información? Lo tiene completamente incomunicado… Claro, Japón- ¿Qué pasa con eso?

-Creo que deberíamos de ir

Corea del norte soltó una risa y agarró a su hermano por el cuello de su traje levantándolo ligeramente dejando que toara el suelo con las puntas de sus pies.

-¿Estamos en guerra y aún quieres ir a una reunión?

-¿Has pensado que si te atacan ahora también morirás? Bielorrusia ha muerto ¿Quieres seguir su camino?

-¿Desde cuándo tú…?-preguntó enfadado-.

-Por favor-pidió Corea depositando las manos encima de las de su hermano- Aunque solo sea esta vez, paremos esta guerra hasta que volvamos de allí…

-Ni hablar. Una guerra es una guerra, no la abandonaremos porque si

-¡No es porque si!

-¡¿Qué no?!

-¡Ahora mismo ni tu ni yo tenemos a nuestros aliados!-Corea del norte acercó a su hermano un poco más al suelo ante el impacto que le causo aquella frase aunque claro, no dejó que eso abriera una grieta en su carácter prácticamente militar- ¡Sin ellos esto puede ser una guerra sin fin!

-¡China regresara!

-¡Y Japón también! Después de la reunión… Es por eso

Corea del norte cerró los ojos y soltó a su hermano. Este, asombrado, lo miró con los ojos abiertos como platos.

-Hermano

-Está bien-lo miró de forma que casi parecía que sus ojos lanzaban cuchillos contra su hermano- Pararemos esta guerra hasta que esa reunión se haya celebrado, una vez regresemos volveremos de nuevo Corea del sur miro a su hermano con asombro y asintió con una sonrisa.

-Gracias

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Las puertas del ascensor se abrieron. Al fin llegaba aquella maldita planta ¿Tenía que ser tan alto ese edificio? Empezó a correr ese pasillo iluminado por ventanas a un lado y todo un seguido de puertas de madera perfectamente cuidadas al otro. Vietnam, Swazilandia, Tailandia, Tanzania y Japón. Se detuvo delante la puerta, tomó aire y se aventuró a poner la mano encima del pomo. Al instante de rozar el frió metal la puerta se abrió mostrando a Japón.

Sus miradas se cruzaron provocando una extraña sensación en ambos, habían pasado tantas cosas y hasta ahora no se habían podido ver, después de tanto… Puede que fuese la nostalgia, la preocupación, cualquier sentimiento, no importaba pero algo impulso a Grecia abrazar a Japón.

A un principio el asiático no sabía cómo reaccionar pero, poco a poco, fue levantando sus brazos hasta dejarlos reposar encima la espalda de Grecia.

-Y-Yo…

-Estaba muy preocupado-interrumpió Grecia quien llegó a estreñir más a Japón entre sus brazos- Tenía miedo de que te ocurriese algo

Aquello sorprendió a Japón ¿Él estaba preocupado? Pero si él solo estaba en una guerra, en comparación a la invasión que sufrió Grecia lo suyo no era nada.

-¿Y tú? Fuiste invadido y ni siquiera fui a verte…

-Mejor así-contestó-.

Grecia lo miró a los ojos fijamente. Japón no sabía cómo reaccionar, su timidez le impedía sostener por mucho más tiempo la mirada pero ¿Por qué no podía retirarla como solía hacer?

-Aunque hubieses venido no te hubiese permitido verme-lentamente se acercó a su oreja- No quiero que me veas en ese estado… Nunca-susurró-.

-Pero…

-Es lo único que te pido. Eso y que cuando todo esto termine vengas a verme-sonrió-.

Japón lo miró por unos segundos y asintió con una entrañable sonrisa en su rostro.

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Tras pasar aquel portal un fuerte escalofrió recorrió el cuerpo de Prusia. No le gustaba entrar en aquella sala, entrar ahí era sinónimo de problemas, GRAVES problemas.

Recorrió las gradas con su mirada, aún faltaban países por llegar, después de todo aún faltaban 15 minutos para que la reunión empezase además, la falta de algunos países era evidente como por ejemplo los hermanos Corea aún en guerra.

Caminó entre las filas de las mesas y se sentó en su sitió marcado por una placa. Miró el objeto "Prusia" vaya unos sosos. Suspiró y a temor de muchos una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.

Se giró y sonrió ampliamente al país que se encontraba sentado detrás suyo.

-¡Oye Letonia!-tomó un rotulador negro que había encima de la mesa- ¿Me lo prestas?

Letonia lo miró entre una mezcla de miedo y timidez. Prusia espero una respuesta y en ver que esta tardaba más de tres segundos tomó el objeto como si nada. Cogió la placa y tras destapar el rotulador escribió debajo de su nombre, Awesome. Ahora estaba mejor, mucho mejor.

Dejó el rotulador de nuevo en la mesa de Letonia y colocó la placa de nuevo en la mesa, en el lugar desde donde todos pudiesen apreciar su obra de arte. Miró a su izquierda y localizó a su hermano dirigiéndose hacia su puesto, justo a su lado.

-¡Hey West! ¡¿Has visto que obra de arte?!-preguntó cogiendo la placa y mostrándosela-.

En una situación normal le hubiese regañado, le hubiese gritado que porque pintaba cosas que no le pertenecían, le hubiese dicho que tuviese más cuidado con el materia, le hubiese dicho tantas cosas pero por el contrario calló. Miró el objeto momentáneamente y sin apenas inmutarse se sentó en su sitió y dirigió su mirada al montón de papeles con letras minúsculas que había traído a la reunión.

Prusia se lo quedó mirando, aquello no era normal ¿No era así? Era raro ver a Alemania tan chafado, casi parecía que iba arrastrando su alma. Dejó el rotulo en su sitio y buscó a cierta persona en la sala ahora algo más llena.

-¡Italia!-llamó desde su fila-.

El italiano volteó levemente. Asintió y giró de nuevo la mirada hacia adelante. Otra reacción extraña. Creyó que era su imaginación pero ¿Estaba Italia triste? Aquello tampoco era normal. Algo estaba pasando allí y como a buen hermano (en realidad la curiosidad lo carcomía por dentro) tenía que averiguar que había pasado.

Empezó a pensar ¿Y si le preguntaba a Romano? Si hacía eso sería mejor que fuese con España para evitar tomatazos además, al contrario que Italia, Romano tenía bastante mal humos así que prefirió eliminar esa posibilidad de su lista ¿Hungría? Claaaaaro y llevarse un buen sartenazo por cotilla, ella tampoco serviría…

En ese caso solo quedaba una opción.

Se levantó y camino varias filas atrás hasta que llegó a donde deseaba. Se plantó delante de aquella persona y apoyando ambas manos encima de su mesa trato de intimidarlo.

Este levanto la mirada y lo miro de forma algo indiferente.

-¿Puedo ayudarte en algo?-preguntó elegantemente-.

-¿Qué les pasa a Italia y a West?

-No sé de qué me hablas-desvió la mirada- tonto.

-Oh sí, claro que sí que lo sabes-Prusia lo conocía, demasiado tiempo juntos como aliados o en guerra, lo mismo daba, lo conocía. Sabía cuando sabía algo y trataba de ocultarlo y también sabía cuando no sabía nada pero ese no era el caso. Lo examino y sonriendo como a niño que va a quitar la piruleta a otro agarró el rizo y empezó a tirar de él-.

-¡Deja de tirar de Mariazell!

Prusia dejó ir una risa. Hasta le había puesto un nombre a ese maldito rizo.

-¿Me lo dirás?-preguntó dispuesto a seguir tirando de su cabello hasta lograr lo que se había propuesto-.

-No sé de qué me hablas-murmuró-.

-Puedo pasarme así todo el día si es necesario, dime que ha pasado y parare-él hizo un silencio- Austria-insistió Prusia nuevamente-.

-Está bien. Al parecer Italia descubrió las heridas de Alemania.

Instantáneamente Prusia dejó de tirar del pelo de Austria y se quedó pensando.

-Así que ha sido eso…-murmuró sorprendido-.

-Ahora ¿Puedes volver a tu sitio? La reunión va a empezar

Y sin la más mínima mención de palabra Prusia volvió a su puesto. Se sentó y como hipnotizado miró hacía a Italia. Acto seguido miró a su hermano. Ninguno de los dos hablaba pero podía sentir claramente lo que decían sus silencios.


¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Algún tomatazo? (se protege)

¿Qué ocurrirá ahora con Italia y Alemania? ¿Y las dos Coreas? ¿Y la reunión?

Hasta la semana que viene!