Hola! Curly al habla!

Esta vez, os traemos un capítulo que nos ha costado un poco de hacer... Demasiado trabajo por todos lados...

Pero antes que nada, agradecer a todos los reviews, followers y favoritos!

DemonBlackStar: (la despierta) ¡Gracias por el review! Bueno, teniendo en cuenta que se van a jugar la vida, no creo yo que se quieran meter mucho en la guerra, aunque quien sabe...

ZomiBunny: Si, miraremos si los hacemos salir otra vez en algún momento a los latinos, aunque no lo sabemos seguro. ¡Gracias por tu review!

Saiai-Kirkland: ¡Gracias por el review!Un momento...(lo lee de nuevo) ¿En verdad somos tan malas? T.T De acuerdo, sí, lo somos, este capítulo lo prueba. Pensamos que quedaría divertido ver a Cat i Madrid peleando como un matrimonio, sobretodo cuando en unos capítulos van a cobrar un poco de protagonismo xD.

XeliaNoctus: ¡Gracias por el review! No sé porque Perú es el representante, esa parte la escribió Rena, si la hubiera escrito yo seguramente habría sido Argentina o Chile. En cuanto a lo de las Comunidades Autónomas ya pensamos que habría gente que no las conocerían, por eso abajo hemos puesto el link para un mapa.

Mesic: OOOOOOOOOOH! Muchas gracias por tu review! Si, lo de la economía es exactamente lo que queríamos expresar con este fic, que puede cambiarlo todo. Nos encanta que te esté gustando el fic, esperamos que lo sigas disfrutando.

Bueno, aquí tenéis un mapa con las comunidades autónomas de España por si no las conocéis y que olvidamos ponerlo en el capítulo anterior, pero lo consideramos necesario ya que algunas cobrarán cierto protagonismo(juntad los espacios y poned un . c o m detrás de clubdelahistoria):

files . clubdelahistoria 200000041 - 129ae1394e / Autonom % C3 % ADas % 20 españolas . jpg

Y sin más demora, el capítulo 15!


Capítulo 15

Volvió a caer al suelo, retorciéndose del dolor que le había provocado la descarga de la pared. Pero esta vez, la ropa no lo protegió y el suelo también empezó a electrocutarle.

Se retorció de dolor, debilitándose más y más con cada descarga recibida. Gritó y gritó, pero ese martirio le impedía oír su propia voz, ni tampoco había nadie cerca para poder escucharle.

En un momento de relativa paz intentó arrastrarse, moverse hacia un lugar donde no pudieran herirle, sin embargo, sabía que no había escapatoria, que ese habitación tan extraña estaba cerrada.

Solo podía esperar más dolor.

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Alemania corrió por el pasillo.

Estaba preocupado. Esa reacción de Italia en la reunión no había sido normal. Si no hubiera ocurrido nada al día anterior se habría portado de la misma forma que lo hacía siempre. Pero Italia estaba enfadado. Oh, vaya si lo estaba. Y era culpa suya.

En cuanto descubrió sobre el bombardeo y que había estado en el hospital por culpa de él, pareció volverse loco. En un primer momento, pareció que no sabía como reaccionar, luego le preguntó porque le había ocultado eso varias veces, subiendo su tono de voz cada vez más.

Alemania no pudo darle una respuesta que lo convenciera, pues no iba a decirle el verdadero porqué, Italia se fue enfadando cada vez más. Nunca lo había visto de esa forma. Gritaba, pero no de miedo, sino de furia. También estaba llorando, pero era de tristeza y frustración. Y Alemania, en el fondo de su mirada, pudo ver que lo había decepcionado, profundamente, por no haberle contado que le había ocurrido.

Cuando Italia se fue por la puerta, no sabía lo que iba ocurrir, ni con la guerra, ni entre ellos dos. Pero Alemania estaba seguro que nada bueno iba a pasar.

Lo encontró cuando ya iba a salir del edificio. Iba solo, sin Romano. Supuso que este se había ido ya a casa tras recibir la noticia de la invasión.

- ¡Italia! – gritó.

El menor lo ignoró y apresuró un poco el paso. Sin embargo, Alemania le atrapó y lo agarró del brazo.

- ¡Espera! – dijo.

- ¿Qué quieres? – dijo el italiano con una voz que aparentaba ser fría, pero en verdad escondía muchas cosas.

- ¿Por qué has contestado eso en la reunión? –dijo Alemania.

- ¿Es que acaso ahora no tengo derecho a intervenir? – contestó Italia -. Austria quería salir de la guerra, está en su derecho hacerlo.

- Ahora mismo Austria no me importa – dijo Alemania –. Lo que quiero saber es si estás bien.

- ¿Por qué no debería estarlo? – dijo soltándose -. No es a mí a quién han bombardeado.

Alemania cerró los ojos en un momento.

- Italia…

- Si vienes a disculparte, eso ya lo hiciste ayer – dijo -. Quién decidió no perdonarte fui yo.

- No voy a pedírtelo que lo hagas – dijo Alemania -. Tienes todo el derecho a estar enfadado conmigo. Pero cálmate, sino, sabes qué ocurrirá.

La mirada de Italia pasó de fría a furiosa.

- ¡¿Que qué va a ocurrir?! – gritó - ¡Me escondiste que te habían bombardeado! ¡Has estado en el hospital! ¡Podrían haberte matado! ¡Después de lo de Bielorrusia, ¿cómo quieres que me lo tome?! – dijo -. ¡¿Cómo sé que un día no recibiré una llamada de alguien diciendo que has muerto porque estabas herido?!

Estaba temblando violentamente, con las lágrimas apunto de caérsele de los ojos. Alemania le puso ambas manos en los hombros por intentar calmarlo, pero Italia las apartó bruscamente.

- ¡No me toques! – gritó. Luego hubo un momento de silencio en el que pareció calmarse -. Me voy a la otra reunión. Tenemos que prepararnos para luchar.

Entonces dio media vuelta y se fue, antes de que Alemania pudiera ver como lloraba. El alemán se cubrió los ojos con una mano. ¿Cómo había podido meter tanto la pata…?

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¿Cuántas vueltas habría dado a aquella diminuta habitación? ¿Cuántas veces se planteo devolver aquella llamada? ¿Cuántas veces su mente reproduciría aquella llamada de Catalunya?
Se detuvo y miró al exterior, tan tranquilo… ¿Quién pensaría que allí, en la lejanía, más allá de ese mar azul estaría España con…? Torció la boca solo en pensar nuevamente en aquello ¿Qué debería hacer? ¿Quedarse allí? ¿Ir?
Tenía la sensación que hiciese lo que hiciese se sentiría mal. Estaba en una de esas odiosas situaciones en las que optar por una de las dos opciones comportaba problemas de todas formas. Si preguntase a otra persona esta le diría que no hiciese nada y lo dejase todo en manos de Europa pero… Era él quien estaba en peligro y por mucho que le dijese y le gritase no dejaba de ser la forma que Romano tenía para decirle que le quería, le quería más que nada en ese mundo.
Miró el reloj, ya hacía una hora que Catalunya lo había llamado y le había explicado la situación. Era evidente que el tiempo no se iba a detener solo porque él lo quisiera, el tiempo no se iba a detener solo porque alguno de los que viven en él lo quisiese.
Tenía que pensar algo, y rápido. Y la situación fuese al revés a él le faltaría tiempo para ir ayudarle ¿Por qué a él no le pasaba lo mismo? ¿Por qué no envió a nadie tan buen punto supo lo que estaba ocurriendo en España?
Golpeó la pared, era un completo idiota. Esa era la descripción que mejor le iba. Rió, no iba aceptar esa definición sobre sí mismo, no… más que eso, no iba a permitir que le ocurriese nada.

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-¿Eso es lo que te ha dicho el País Vasco?-preguntó Francia nuevamente-.
Inglaterra asintió y volvió la vista a su móvil que reposaba encima de la mesa. Con la pantalla apagada a la espera de que esta no volviese a encenderse para traer más malas noticias. Con todo lo que estaba sucediendo ya tenían bastante.
-Tenemos que enviar ayuda-sentenció Alemania- No quiero ver la muerte de alguien más…
-El problema es que con nuestros recursos no podemos hacer mucho-murmuró Arthur de brazos cruzados y con una cara notable de decepción sobre sí mismo- ¿Tendrían esto planeado?
Prusia golpeó la mesa indignado
-¿En serio estas dudando enviar alguna tropa a España, Inglaterra?
-¡No lo estoy dudando! Solo digo que nuestros recursos en este momento son muy limitados, no podemos….
Prusia ya no aguantó más, su autocontrol quedo reducido a la nada, total ¿Para qué? ¿De que servía mantener las formas? Si eso seguía así España… Se levantó de la silla y miró a Inglaterra con una mirada que asesinaba a todo aquel que tenía en frente suyo, fuese quien fuese, mirada que reflejaba su indignación.
-¡Esta siendo invadido!-golpeó la mesa nuevamente- ¡Invadido por una fuerza mucho mayor a la de Grecia! ¡¿Y pretendes no ayudarle?! ¡¿Cómo puedes ser así?! ¡¿Es que solo te importas tú mismo?!
Ahora fue Inglaterra el que perdió los nervios. De un golpe se levantó para ponerse a la altura de Prusia, no soportaba estar por debajo de él y tener que alzar la mirada para verle la cara.
-¡Eso no es verdad! ¡Yo…!
-¡Prusia!-interrumpió una voz-.
Fue en ese momento cuando las puertas de la sala se abrieron y, tanto Estados Unidos como Italia, entraron al lugar.
-Te equivocas con respecto a Inglaterra, él es el primero que quiere ayudar a España pero…-se mordió el labio, no debía decir más que eso y confió en que Prusia lo entendiese-.
-¿América que vas hacer?-preguntó Francia- ¿Ayudaras a España?
-Si la situación va en peor, si
-¡¿Si va en peor?! ¡Eso solo luchando contra una ejercito que reduplica al de Grecia! ¡¿Cómo no quieres que vaya peor ya?!
Estados Unidos no contestó, se limitó a mirar a Italia quien restaba callado a su lado, sin alzar la vista apenas.
-Italia…-murmuró Alemania de modo que nadie allí lo escuchó-.
-Dilo-cedió Estados Unidos-.
Italia tomó aire y asintió. Por primera vez en todo el tiempo los presentes pudieron ver la cara, una cara que no reflejaba su natural sonrisa o despreocupación sino que esta mostraba una clara angustia y miedo.
-Romano… Ha ido a ayudar a España…
-¡¿Qué?!-dijeron todos al unísono-.

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Llamaron a la puerta.

Austria se acercó a la puerta lentamente preguntándose quién podía ser. Por si acaso, agarró su pistola y se preparó por disparar en caso de que fuera necesario, no se fiaba de nadie ahora que era neutral, ni siquiera de las naciones que formaban parte de la Unión Europea, que conocía desde hacía tanto tiempo.

Se tranquilizó al ver que solo se trataba de Liechtenstein, que saludó alegremente cuando abrió la puerta.

- Hola, señor Austria.

- Hola – contestó con una sonrisa -. ¿Cómo estás? – preguntó dejando que entrara - ¿Tu hermano no ha venido contigo?

La pequeña negó con la cabeza con una sonrisa.

- Solo vengo de visita – contestó -. Le pregunté si quería venir, pero me dijo que no, que tenía mucho trabajo.

- Ya – hizo Austria – Claro.

Pasaron al salón (decorado al puro estilo barroco), y mientras Liechtenstein se sentó ponía cómoda, Austria fue a preparar un café, de primera calidad, para que luego pudiera decírselo a su hermano.

Cuando regresó al salón, Liechtenstein estaba mirando un cuadro que le regalaron en los tiempos en los que era un imperio, pero volvió corriendo al sentir la aroma.

Empezaron a charlar tranquilamente.

- ¿Y cómo lo llevas esto de ser neutral? – preguntó la pequeña.

- Supongo que bien…- respondió Austria -. Aunque n sabes de quién fiarte y de quién no. Parece que en cualquier momento alguien vaya a salir y reprochártelo en la cara.

Liechtenstein se rió.

- Es normal – dijo -. Yo también pasé por eso al principio, pero después te acostumbras y el resto deja de verlo como un problema…

Austria no respondió y tomó un sorbo de café.

- ¿Por qué has bajado tus defensas? ¿Y por qué has decidido hacerte neutral? – preguntó la niña.

El austríaco se tomó un momento para pensar.

- No lo sé…- respondió – Supongo que estoy cansado de luchar… de matar y ver como la gente muere. Creo que ya he vivido demasiado…

Liechtenstein lo miró sin comprender.

- Pero somos naciones – contestó -. Tenemos que vivir por nuestro pueblo.

- Lo sé – contestó Austria -. Pero por mucho que quiera a mi pueblo, ellos nunca van a hacer nada por mí. Y no me refiero a mí mismo como una nación, sino como Roderich Eldestein. Después de mil años, ni un humano me ha tratado como un igual, solo como alguien a quien se pueden echar las culpas si todo va mal. Estoy cansado de esto…

- No lo entiendo…

Austria iba a contestar, pero en ese momento, oyeron como unos fuertes golpes venían de la puerta principal, como si alguien intentara echarla abajo.

Liechtenstein lo miró asustada y Austria le hizo un gesto para que se callara. La tomó de la mano y la llevó adentro de un armario para que se escondiera. ¿Qué estaba ocurriendo?

Austria se dirigió hacia la puerta con su pistola en la mano. Había sido un acierto reforzar todas las cerraduras y las ventanas. No les sería tan fácil entrar, y cuando lo hicieron, no dudó en meter una bala entre las cejas de sus atacantes.

Más soldados desconocidos, genial. Pero, ¿por qué lo atacaban si se había declarado neutral?

Mientras, en el armario, Liechtenstein se preguntó que estaba ocurriendo en el exterior. Había empezado a oír disparos, más ruidos de puertas que se abrían violentamente, vidrios que se rompían. Tendrían la casa rodeada des de el principio. ¿Sabrían que se encontraba allí?

Vio como el armario tenía un pequeño hueco por el que podía ver un trozo del salón, sin embargo, solo podías ver soldados con unas máscaras de gas que iban de un lado para otro hablando en diversos idiomas.

De repente, los disparos cesaron, cosa que la asustó. Había demasiados soldados solo por Austria.

Se obligó a pensar rápido, pero lo único que se lo ocurrió fue que tenía que avisar a su hermano. No podía llamarle, la encontrarían, pero un mensaje no afectaría nada.

Cogió su teléfono móvil, y tras ponerlo en silencio, y haciendo lo posible para que la luz no fuera visible, escribió "HILFE"* y lo envió. Solo esperaba en que se diera prisa.

De repente, los soldados entraron arrastrando algo por el suelo. Un cuerpo. Austria.

- ¿Por qué me atacáis? – preguntó -. ¡Yo no estoy en la guerra!

- No nos interesa ningún país de Europa.

Y tras responder eso, le dispararon una, dos y tres veces en la cabeza. Luego, dejaron caer su cuerpo muerto al suelo.

El grito de Liechtenstein le subió por la garganta y le salió por la boca antes que se diera cuenta que eso sería fatal.

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Corrió, más que eso, voló. Nadie podría haber llegado a España tan rápido como él lo hizo. Se detuvo al borde de aquel acantilado y casi pareció que su corazón se detenía, no de cansancio sino de ver aquello que estaba ocurriendo. Aquella explanada que se encontraba bajo sus pies estaba toda cubierta de cadáveres y sangre. Un panorama realmente desolador e impactante que casi lo dejaron sin aliento.
El temor se apoderó de él ¿y si allí estaban las comunidades del sur? ¿Y sí allí esta, Extremadura, Castilla la Mancha, Murcia? ¿Y si allí estaba él? Bajo aquel lugar tan rápido como puso, buscó por todo aquel cementerio ¡Maldita sea! ¡¿Quién era aquel enemigo?! Lagrimas de impotencia aparecieron en sus ojos ¡¿Por qué no reaccionó antes?! ¡¿Por qué espero tanto tiempo?!
-¡Romano!-gritó una voz-.
Él volteó y notó alguien que se le tiraba encima y que, junto a él, caían al suelo.
-¡Aragón!-reconoció-.
El disparó de una pistola se oyó resonar en aquel lugar. Puso notar como todo su cuerpo de paralizaba por un instante, el miedo que sintió ¿Estaría siendo amenazado por algún enemigo? ¿Era por eso que Aragón se le tiró encima?
Volvió la vista hacia atrás, allí estaba él. Con la pistola en mano y mirando fijamente aquella figura humano desplomarse en aquella moqueta de cadáveres.
-Ya esta-dijo-.
Aragón asintió y se levantó, luego le ayudó a Romano hacer lo mismo. Romano estaba parado, boquiabierto, asustado. Veía como se acercaba hasta donde estaba, veía que su rostro no denotaba alegría sino preocupación y enfado ¿Por qué? ¿Por qué no se alegraba de verle allí?
-Yo me encargo-dijo-.
Aragón asintió y se alejó de donde ambos estaban. Se detuvo delante de Romano, con cara sería.
-¡¿Por qué has venido?! ¡¿No has visto que por poco te matan?!-Romano no podía contestar. Bajo ninguna circunstancia se esperaba aquella reacción ¿Por qué actuaba así?- ¡Romano!-gritó nuevamente-.
-Yo…
-¡Por poco no te hieren!
Eso le molestó
-¡¿Y tú?! ¡¿Acaso te has visto?! ¡Estas sangrando! ¡¿Y qué hay de esos cortes?! ¡¿Has pensado que…?!
Su abrazo le hizo detenerse, calmar sus palabras, aumentar su incertidumbre… Se mantuvieron en silencio por unos segundos aunque, por mucho que en ese momento Romano no pudiese ver el rostro se España podía saber… lo podía saber
-España-entristeció el rostro en escuchar alguno de sus sollozos-.
-Vete-pidió apretándolo aún con más fuerza- Te lo pido por favor
-Pero yo…
-Si estás aquí te eliminaran-
-¡¿Y tú?! ¡¿Has pensado que pasaría si te eliminasen a ti?!
-Eso no importa
-¡Si que importa!
Lo miró. Nunca lo había visto en aquel estado, nunca había visto aquellos verdes ojos brillar de ese modo.
-No, no importa. Lo que me pase o deje de pasarme es indiferente. Yo solo quiero que tú estés bien
-¡Pero…!
-Por favor-pidió tratando de esbozar una sonrisa- No quiero que ni tú ni Italia paséis por este dolor-hizo una mueca de dolor que le hizo tambalearse-.
Romano logró cogerlo. Por su estado dedujo que Andalucía, Murcia y Extremadura ya habían caído y que muchas otras regiones estaban a punto de ser eliminadas por ese ejército de la muerte.
Pudo notar la palidez de su piel, el dolor en todo su cuerpo, la dificultad para hablar. El daño era importante. Puede que su corazón no quisiese reconocerlo pero su mente lo supo, lo supo todo y a consecuencia dejo que las lágrimas saliesen de los ojos del italiano.
-España…
-Regresa, no es tu batalla… Romano…
Rápidamente juntó sus labios, si iba a obedecer lo que le pedía al menos tendría que darle algo a cambio. Rió indignado, como pudo ser ese beso más doloroso que toda su historia como nación, Romano ya no sabía que pensar pero de algo estaba seguro, puede que eso no volviese a repetirse.

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Suiza llegó lo antes posible después de recibir el mensaje de su hermana pidiéndole ayuda, aún así, había tardado unas cuantas horas antes de ser capaz de llegar a casa de Austria. Y sin embargo, ya sabía que este había muerto.

Por las calles, había todo de personas que habían perecido sin una razón aparente. Los coches que habían chocado, ahora incendiaban toda la ciudad y los animales corrían asustados por todos lados. Era una visión horrible.

Quizás habían tenido más suerte en comparación con Bielorrusia, habían muerto sin dolor, sin bombardeos, sin soldados que los exterminasen uno por uno…

Pero en ese momento no le preocupaban esas personas, solo era capaz de pensar sobre Liechtenstein… Su hermanita… Su Lily…

La puerta principal de la casa de Austria estaba derribada y todos los vidrios rotos. Aún así ya no quedaba nadie allí. En seguida supo que había sido una misión secreta, que se habían infiltrado para acabar con Austria. Pero, ¿por qué lo habían atacado cuando se había declarado neutral?

¿Qué más daba eso ahora? Tenía que darse prisa y encontrar a su hermana. Tenía que estar allí, viva, en algún sitio… No la podían haber matado, seguro que Austria la había escondido, seguro que estaba bien…

Empezó a andar apresuradamente por la casa para buscarla hasta llegar al salón. Allí encontró a Austria y se le acercó.

Lo sacudió un poco y le tomó el pulso, solo para confirmar que estaba muerto. Se le humedecieron los ojos y le vinieron los recuerdos de su infancia junto a él. ¿Por qué había ocurrido esto…?

Su teléfono sonó y aunque estuvo tentado a ignorarlo, sabía que debía cogerlo, tenía que informar sobre lo ocurrido en Austria, que más de 8 millones de personas más habían sido víctimas de la guerra.

- Diga – contestó con la voz un poco quebrada.

- Señor – dijo la voz de un soldado -, tenemos que informarle de una situación urgente – Suiza notó dificultades en su voz.

- Aquí en Austria la situación también es urgente – dijo Suiza levantándose-. Lo han…

- ¡Escúcheme por favor! – dijo el soldado - ¡Es Liechtenstein! ¡Toda la población ha…!

Suiza no escuchó el fin de la frase.

El móvil se le cayó de las manos e hizo eco en la silenciosa sala cuando tocó el suelo.

Pero él no se dio cuenta, pues no podía apartar la vista del interior del armario, donde se encontraba el cadáver de su hermana

cubierto de sangre.


¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Tomatazos? ¿Vamos a sufrir una muerte lenta y dolorosa por lo de Austria y Liechtenstein?

¡Dejen un review!