Hola! Curly al habla!
Vaya, parece que cada vez recibimos más reviews! (va cosiendo su cosplay de Luffy)
Bueno, antes que nada, dos cosas:
La primera es agradecer a todos los favoritos, followers y reviews (sigue cosiendo).
La segunda es sobre el ejército contra el enemigo desconocido! Quien se apunte tendrá una sorpresa más adelante! habrá unos cuantos capítulos para apuntarse.
DemonBlackStar: ¡Gracias por el review! Parece que sus muertes han calado hondo a mucha gente... Esperemos que te guste este capítulo, empieza a ponerse más interesante... ¡A unirse al ejército!
saiai-kirkland: ¡Nuestra cliente fija! ¡Gracias de nuevo por el review! Así que crees que son los papeles de la independencia... Quien sabe, quien sabe... Y si Suiza ha caído en el ranking de la neutralidad, pero seguro que lo va a recuperar tarde o temprano. ¡Y únete al ejército por favor!
Kamirin-chan (y Mi-kun): (se esconde) ¡No nos mateis! ¡Somos muy jóvenes par a morir! ¿Quien va continuar el fic sino?...T.T (Vuelva a leer) No nos asustéis así... ¡Gracias por el review y uníos al ejército!
ZomiBunny: ¡Oooh, otra habitual por aquí! ¡Gracias por el review! Seguro que si Suiza y Hungría unen sus fuerzas nadie los podrá parar (se lo apuntan en un listado de ideas). ¡únete al ejército por favor!
XeliaNoctus: ¡De nada! Nosotras también queríamos que dejase de ser neutral. ¡La primera apuntada en el ejército! ¡Vamos a acabar con ese ejército desconocido! ¡Gracias por el review!
carlac94: ¡Gracias por el review! Oooh, la segunda que se apunta al ejército! Bien, bien... En cuanto a la largada de los capítulos depende de la faena que tengamos durante la semana que toca escribirlos, aunque cada vez son más largos. Y las letras en cursiva... Cada vez falta menos para descubrir qué son, pero si tienes alguna teoría, expresala.
Mane: ¿En serio fue culpa nuestra lo del papa? Si que tenemos influencia xD. Mmm si... tu review podría darnos alguna idea quizás... (o no, por el momento, no te preocupes xD). ¡Gracias por el review y únete al ejército!
tamy-lovi: ¡Gracias por dejar un review! Aunque de nuevo, somos dos personas las que escribimos este fanfic. ¡Esperamos volver a verte por aquí y únete al ejército!
Bueno, eso es todo, disfruten del capítulo! (vuelve a coser su cosplay)
Capítulo 17
Y el dolor continuó y continuó sin descanso. Hasta que lo dejó exhausto, sin fuerzas para gritar, moverse o luchar. Solo se dejó llevar por él, mientras descargas y más descargas atravesaban su cuerpo sin cesar. Parecía que lo mataran y lo devolvieran a la vida cada vez.
Solo quería que todo acabara, abrir los ojos y saber que estaba en otro lugar. ¿Pero es que acaso había un lugar más allá de esas paredes? Algo en su interior le decía que así era, pero ¿cómo podía estar seguro? ¿Es que acaso había visto alguna vez lo que había más allá esos muros?
Una nueva descarga lo sacó de esos pensamientos y cuando la siguiente lo atacó, ya no tuvo las fuerzas para pensar más.
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Agachados empezaron a caminar entremedio de aquellos arbustos. El arma les dificultaba el paso pero no importaba, si todo iba bien, lograrían zanjar la guerra que había enfrentado a ambos hermanos.
En poco tiempo, todos los escuadrones a los que se les ordenó rodear al enemigo llegaron a sus posiciones. Se posicionaron siguiendo las instrucciones del capitán que los acompañaba, y esperaron la orden de Im Yong Soo.
Algo los sorprendió. Había tanto silencio… ¿Dónde estaba el sonido de los tanques disparando los unos contra los otros? La música que los había estado acompañando y que, en parte, les había ayudado a no ser descubiertos, había desaparecido.
-Esto me da muy mala espina-murmuró el capitán de aquel escuadrón-.
El hombre, se levantó ligeramente logrando divisar lo que ocurría tras esos densos arbustos tras los que se escondían. Sus ojos se abrieron de sorpresa y sintió como su cuerpo dejó de responderle al ver aquella escena ¿Podía ser cierto? ¿Así de fácil?
-Señor Lee-llamó uno de los cabos que se encontraba allí-.
-A mi señal-respondió él- A mi señal disparad contra el enemigo-ordenó-.
-Ni se os ocurra-interrumpió una voz-.
Todos voltearon y se encontraron con tropas norte coreanas apuntándolos con aquellas letales armas desde atrás.
-¡Nos han rodeado!-dijo uno de los soldados-.
-¿Qué esperabais?-preguntó uno de los soldados norte coreanos- Sois demasiado predecibles
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Alemania fue caminando de un lado del despacho al otro nervioso. Iba a encontrarse con Italia, sus jefes lo habían ordenado de esa forma, para que pudieran discutir sobre la guerra.
Era la primera vez que lo vería desde la reunión, y ya había pasado una semana desde eso. No sabía como reaccionar ante él, en verdad había metido la pata hasta al fondo al no decirle ni una palabra sobre el bombardeo. Tenía la impresión de que nunca iba a perdonarle por completo.
Habría preferido dejar que las cosas se enfriaran un poco antes de su próximo encuentro, pero sus jefes tenían razón: necesitaban reunirse. La situación en España cada vez era peor, Grecia resistía a duras penas y no se podían olvidar las tres muertes. Lo más probable era que los dos hermanos italianos junto con Malta fueran los siguientes. Sin embargo, tenía la sensación que ahora, su pareja no quería que le ayudara, si es que aún le consideraba su pareja.
Llamaron a la puerta y respondió con un "adelante".
- ¡No me des órdenes, macho patatas! – fue el saludo de Romano, quien Alemania agradecía su presencia, haría que la reunión no estuviese tan tensa, o al menos eso esperaba.
Italia se limitó a saludarlo sacudiendo la cabeza, evitando mirarle a los ojos, parecía que él tampoco estaba cómodo con esa reunión.
Sin muchas ganas, empezaron la reunión. En otra ocasión, esta hubiera estado más animada, con Italia llorando de miedo, Romano criticándolos a ambos y él acabando con dolor de cabeza. Sin embargo, esta vez, él e Italia hablaban de una forma calmada y tensa, casi robótica. No se desviaron ni un momento del tema que les concernía, aunque Alemania así lo deseaba, quería que el italiano lo perdonase… Pero Feliciano se mantuvo serio y sin cambiar su expresión, el alemán supuso que para él debía suponer cierto esfuerzo, nunca lo había visto tanto tiempo de esa forma.
Romano, por su parte, se mantuvo callado, sin apenas abrir boca. Y cuando lo hacía, era para maldecir a Alemania, aunque menos que en las otras reuniones. Parecía distraído y el germano sabía el porqué, sabía que su cabeza se encontraba a cientos de quilómetros, en España. En parte podía saber como se sentía y ahora comprendía porque Italia se había enfadado tanto con él.
Cuando la reunión acabó, Italia fue el primero en levantarse y antes de que Alemania pudiera decir nada, salió por la puerta.
Lanzó una mirada de ayuda a Romano, pero este simplemente lo esquivó.
- Tú te lo has buscado, macho patatas – dijo Romano.
Alemania sacudió la cabeza.
- Lo sé.
- Bien – dijo -. Porque no estoy por contarte tus problemas. Bastante tenemos ya con los nuestros.
- Solo… Tened cuidado – dijo -. Y vigílale, sé que suele distraer.
- Descuida – dijo -. Hemos heredado más cosas de nuestro abuelo de lo que piensas. Que no queramos presumir o hacer uso de ello ya es otra cosa.
- De todas formas…
- ¡Fratello! – oyó como gritaba Italia desde el pasillo.
- ¡Voy! – dijo Romano -. Escucha, imbécil. Sabes que nunca me has gustado, pero aún así tengo que pedirte un favor.
Menuda manera de pedirlo… pensó Alemania.
- Sé que todo lo que ocurre en la guerra pasa por ti e Inglaterra primero, así que quiero que me informes inmediatamente de cualquier situación que ocurra en España - dijo Romano.
El alemán asintió.
- Como quieras – dijo -. No es nada que se haya de ocultar…
- Y aún así las noticias siempre me llegan tarde.
- Procuraré que todo te llegue.
En la cara de Romano se esbozó una pequeña sonrisa.
- No voy a agradecerte por esto.
Alemania alzó las cejas, tampoco se lo esperaba.
- ¡Fratello!
- Nos vemos – dijo Romano, antes de largarse.
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- ¡Dejadme ir! – gritó España mientras intentaba deshacerse de sus soldados - ¡Tengo que averiguarlo!
- ¡No lo soltéis! – ordenó Madrid - ¡A pesar de lo que diga no lo soltéis! ¡Es una locura!
El hispano lo miró con rabia, cosa que no le pareció importar al menor. No entendía porque lo retenía.
Castilla, su madre, había desaparecido hacía unos días, pero hacía apenas unas horas habían interceptado un mensaje que confirmaba que esta se encontraba a un campamento a apenas dos horas de distancia. ¡Ni siquiera hacía falta que se movilizara todo el ejército! Solo con unos cuantos hombres podía infiltrarse allí y rescatarla… Y si nadie quería acompañarle iría él solo.
- ¡¿Es que a caso no ves la oportunidad?!
Madrid asintió.
- ¡Claro que sí! ¡Pero atacar así en medio de la noche es un suicidio!
- ¡No es necesario un ataque!
- ¡Infiltrarnos es aún peor! ¡Nos matarían! Tenemos que ser pacientes.
España cerró los ojos un momento y respiró profundamente.
Tras unos minutos de silencio, Madrid dio por hecho que su hermano había entendido la situación y que no iba a hacer ninguna locura.
- Soltadle – ordenó,
Ambos soldados obedecieron y dejaron la tienda.
- Hoy ya es tarde – dijo Madrid -. Mañana pensaremos qué hacer.
- Claro – respondió España.
Madrid se dio la vuelta para dejar también la tienda, pero antes de que pudiera salir, sintió como alguien le agarraba por el cuello. Era su hermano, que lo asfixió hasta dejarlo inconsciente.
- Lo siento – dijo aunque no podía oírlo -. Pero tengo que hacerlo…
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Corea del norte miró a los arbustos que rodeaban la explanada donde se encontraban. Hacía ya unos minutos que los tanques de ambos lados habían dejado de disparar, habían dejado de hacerlo desde que capturaron a ese sujeto.
-¿Qué harás Im Yong Soo?-preguntó el norte a su hermano, el sur-.
Este no respondió, se limitó a desviar la mirada. Unos de los soldados que lo tenía cogido de los brazos tiró de él, tratando de forzarlo a contestar pero este se reusó de nuevo. Corea del Norte, en vista de la tozudez de su hermano negó con la cabeza a los soldados que mantenían sujeto a su hermano dando a entender que no siguiesen insistiendo. Él no diría nada. Puede que por vergüenza, no les costó nada predecir sus movimientos y mucho menos capturarlo. Soltó una risa, que patético era.
-Veo que no quieres contestar. No pasa nada, así me ahorraras escuchar tus palabras suplicándome piedad
Los ojos de Corea del Sur se abrieron como platos ¿Qué tenía planeado hacer? ¿Iba a matarlo? Si hacia eso todo el mundo…No, era su hermano, la opinión global sobre él era lo que menos le importaba.
Corea del norte volteó y tomó de las manos de un general una espada tan reluciente como letal. Se podría reflejar todo el entorno en su fino filo.
Ahora sí, lo podía saber del cierto, quería aniquilarlo. Forcejeó con los guardias que le privaban de movilidad pero no sirvió de anda. Solo veía a su hermano acercarse más y más a él dispuesto a cortarle la cabeza sin ningún tipo de preámbulos.
Detuvo su paso, en frente de él, y lo miró con ojos profundos.
-Aquí terminas-murmuró-.
Empuñó la espada y la bajó velozmente. Corea del Sur cerró los ojos y espero, no sentía nada, ni siquiera el agarre de aquellos gorilas ¿Lo habría matado ya su hermano? ¿Tan rápido? Claro que si ¿Por qué iba su hermano a dudar sobre su asesinato? ¡Si es lo que más desea en el mundo!
Entonces, si estaba muerto ¿Estaría en el paraíso? ¿Cómo sería ese lugar? La curiosidad hizo que abriese sus ojos. No podía ser.
-¡Japón!-reconoció Corea del Sur-.
Allí estaba la nación. Él, con su katana, había sido el causante de que la espada de Corea del Norte nunca lo alcanzase. Miró a ambos lados encontrándose con todos los soldados norte coreanos en graves aprietos debido a la llegada de las tropas japonesas y las americanas. Buscó entre la multitud, no localizó a América, seguramente aún estaría en Europa. Aún así, desde la lejanía, le agradeció su protección.
Japón, en un rápido movimiento, empujó con el pie de Corea del Norte logrando un tiempo para escapar. Volteó rápidamente y, tras agarrar la muñeca de Corea del Sur, tiró de él llevándoselo de vuelta a su campamento.
A medida que ambos países se retiraban las tropas aliadas a estos dos hacían lo mismo logrando que Corea del Norte tuviese que dar esa batalla por perdida.
-Esto no te lo perdonaré-juró el norte entre dientes-.
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El silencio reino en aquella sala por días. Una reunión tras otra y todas llegaban a la misma conclusión: Estamos en una situación crítica. Los cinco presentes sabían eso y alguno de ellos lo experimento en sus propias carnes, concretamente Islandia, quien, tras el bombardeo, parecía haberse vuelto más cauteloso y calculador de lo que antes era.
Ahora guardaba silencio, observaba todo detalle a su alrededor, pensaba en las consecuencias de todas y cada una de las acciones que hacía y tan solo Mr. Puffin lograba ver al verdadero Islandia.
Aquella actitud tan impropia empezaba a preocupar a los otros nórdicos pero, considerando la situación, se podía entender que esa actitud de Islandia no era nada más que una autodefensa a otro ataque.
-Es una situación complicada-murmuró Finlandia sin apartar la vista de los papeles que cubrían gran parte de la mesa-.
Los demás se limitaron a asentir en silencio.
-¡¿Pero qué dices?! No sé de qué tenemos tanto miedo. Siempre que tengamos algún problema podemos llamar a los muebles que hemos construido y crear un super robot que nos proteja a… ¡AHHH! ¡Noruega! ¡Sigas tirando de mi… ¡Arrg!
Finlandia miraba la escena con una mueca en su rostro. Estaba acostumbrado aquella actitud del noruego con los disparates inoportunos de Dinamarca pero, aún así, no dejaba de incomodarle aquella situación de violencia que, de vez en cuando, se producía en las reuniones.
-¡Noruega!-gritó Dinamarca en otro intento de que el país lo soltase-.
A sorpresa de todos, el noruego lo soltó.
-No es algo para tomárselo a broma-añadió Noruega antes de volver a su silla-.
Tenía razón. Todos los sabían. En la situación que estaban no podían tomarse nada a la ligera, si hacían eso corrían el riesgo de terminar en la lista de naciones desaparecidas.
-Y si-empezó a decir Suecia rompiendo con el silencio del lugar- Podríamos reforzar las defensas de nuestros países
Dinamarca tuvo que rebobinar esa frase de Suecia en su cabeza para comprobar que no había errado al escucharla por primera vez.
-¿Y la alianza?-casi lloriqueó-.
-No podemos depender tanto, somos rápidos pero aún así…-Noruega miró a Islandia-.
Islandia no les dirigió ni una mirada, le parecía que la mesa era muy bonita, no había necesidad de mirar a los demás, total ¿Para qué? Podía imaginarse sus caras, no era necesario que lo comprobase. Tomó aire, sabía lo que significaba la suspensión que Noruega había hecho.
-Esos tipos son tan rápidos como letales. La alianza puede ayudarnos pero confiarnos de ella solo hará que nos eliminen-hizo una pausa- Estoy con Suecia
-I-Isu-murmuró Dinamarca sorprendido de aquellas palabras del islandés-.
Islandia desvió la mirada hacía el suelo, le había aburrido la mesa.
-Es lo que creo y he visto
-Yo-empezó a decir Finlandia- Yo también estoy de acuerdo con Su-san. Deberíamos reforzar nuestras propias fuerzas por si algo pasase.
-Vale por mi está bien-aceptó Noruega tranquilamente-.
-¡Noruega!-gritó Dinamarca. Este suspiró algo molesto y sorprendido a la vez y miró a los presentes- Esta bien entonces, reforcemos nuestras defensas.
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Tres horas después, se encontraba en el lugar donde sus enemigos estaban acampando.
No le había sido fácil esquivar a los suyos, y rescatar a Castilla aún iba a ser más difícil. Seguramente sería la prisionera más vigilada y en un lugar difícil de llegar.
Intentó pensar la forma más fácil de entrar, pero la mayoría implicaban demasiado tiempo, y él no tenía de eso. Debía acabar la faena antes de que se acabara la noche, no tenía que ser descubierto y volver vivo con los suyos. Hacer todo eso solo era prácticamente imposible, un proeza.
Más lo será sobrevivir a la bronca de Madrid mañana pensó para animarse. Su hermano no le iba a perdonar fácilmente, seguramente, nunca lo haría. Pero tampoco podía dejar a Castilla con esos hombres, a saber que le harían…
Cuando un soldado salió del campamento para hacer sus necesidades, vio su oportunidad. Siguiendo el mismo procedimiento que con su hermana, también lo asfixió, pero esta vez, lo dejó muerto, no le interesaba que recuperase la consciencia en cuanto estuviera en medio del rescate. Se consoló pensando que si no lo hubiera hecho él, probablemente hubiera muerto en el campo de batalla.
Le quitó el uniforme y se lo puso. Buscó algún tipo de identificación para que lo ayudara a esconderse, pero no la encontró, se lo esperaba, ninguno de sus prisioneros la llevaba tampoco.
Lentamente, volvió al campamento, con calma y pensando en qué hacer. Todo estaba en silencio, a aquellas horas solo estaban despiertos los que tenían guardia sino tenían ningún ataque planeado.
Se movió a tientas por el campamento, diciendo a la gente que lo paraba que estaba volviendo a su tienda. Al final, aún resultaría que había sido una buena idea ir allí solo…
Pero a medida que fue avanzando, la desesperación empezó a acecharle. Los prisioneros no parecían estar por ningún lado y faltaban pocas horas por el alba. Si salía el Sol, estaría perdido, lo encontrarían y entonces el país entero moriría. Empezó a sudar, tenía que darse prisa…
Vio unas tiendas que tenían más guardias y por la puerta, sudo adivinar una especie de jaulas. ¿Estarían allí los prisioneros? Sin embargo, había demasiados, incluso para solo unos prisioneros.
Disimuladamente, se acercó, hasta que uno de los guardias lo detuvo.
- No puedes pasar.
- Perdona – dijo España -. Soy nuevo aquí y aún no me oriento muy bien. Estaba buscando…
- Pues vete – le respondió el hombre -. Aquí no hay nada que ver.
- ¿Es aquí donde guardan los prisioneros? – preguntó rápidamente antes de que le largara.
- Sí – dijo - ¿Por? No hay nada de tu incumbencia.
- El general me ha dicho que tengo que hacer unas preguntas a uno de ellos. A, bueno, ya sabes quien…
El soldado lo miró desconfiado y el hispano solo supo responderle con una sonrisa de confianza.
- Dime tu número de identificación.
Se quedó en blanco por un momento.
- 519161Q1 – dijo rezando a todos los dioses existentes que funcionara y no lo matara allí mismo.
Pero el soldado simplemente se hizo a un lado y lo dejó pasar para el asombro del hispano.
Se adentró a la tienda, a oscuras, no llevaba ninguna linterna ni nada por alumbrar. Estaba bien, tampoco sabía como iba a sacar a su madre de allí tampoco…
Se acercó a la primera de las jaulas para ver quien estaba encerrado. Pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta que no había nadie.
Todas las jaulas estaban vacías.
- ¡No muevas ni un músculo!
Levantó las manos por instinto, al mismo tiempo que se encendían miles de focos se encendieron y un montón de armas lo apuntaban.
- Veo que el ratón ha caído en la trampa – dijo uno que parecía el comandante.
España alzó la cabeza para mirarlo, para saber quien era. Pero nuevamente, ni una pista.
- Pero no esperaba que solo cazáramos a uno… - continuó -. Y al mismo tiempo los tuviéramos a todos. Ha sido muy imprudente por tu parte.
- ¿Dónde está ella?
- Lejos – dijo-. ¿En serio te has creído que mantendríamos un prisionero tan valioso aquí? Y por cierto, no necesitamos número de identificación.
España tragó saliva, había caído en la trampa más obvia del mundo. Debería de haber escuchado a su hermano…
- ¿Lo matamos? – preguntó un soldado.
Cerró los ojos esperando la muerte. Los acababa de condenar a todos a una muerte segura.
- No – respondió el comandante -. Él sabe todos los movimientos de sus tropas. Nos interesa más que esos bastardos del centro de Europa. Tomadlo prisionero. Lo interrogaremos.
Al instante, miles de manos lo atraparon y le pusieron una bolsa en la cabeza mientras empezaban a golpearlo.
Antes de perder la consciencia su último pensamiento fue para Romano. ¿Cómo reaccionaría al saber lo que había ocurrido?
Y esto es todo por esta semana! ¡Gracias por leer, esperamos que les haya gustado y que no nos manden tomatazos!
Hasta la semana que viene!
(Se va a coser el cosplay, otra vez)
