Hola! Curly al habla!

Aquí venimos esta semana con un capítulo muuuuuuy largo.

No, en serio, es el doble que los anteriores. Nos ha ocupado quince páginas enteras y nos ha costado bastante de hacer.

Antes que nada, quiero agradecer a todos los reviews, followers y favoritos. ¡Muchas gracias!

klaudia14: ¡Gracias por el review! Romano… ¿Dónde estará…? Ese soldado se pasó un poco, sí. ¡Esperamos que disfrutes de este capítulo!

saiai-kirkland: ¿Dónde se habrá ido Prusia? Esta es una buena pregunta… A nosotras nos dio mucha pena escribir esa escena de Italia (aunque parezca que no xD). ¡Gracias por el review! PD: Tenemos un plan de huida en caso de que empiece la guerra y sobrevivir.

DemonBlackStar: Así me gusta, que seas bien educada xD. ¡Gracias por el review! Pero mucho me temo que lo de Toño lo vamos a arrastrar durante un poco más de tiempo… ¡Esperamos que disfrutes del capítulo!

tamy-lovi: A nosotras, el conflicto de Corea también nos lo está recordando xD. ¡Gracias por el review! Buena suposición… Quizás sí que ha ido a vengarse…¿o quizás otra cosa? En todo caso, ¡Disfruta del capítulo!

XeliaNoctus: ¡No te tires por la ventana! ¡Qué también nos caes muy bien! Mm… Buena teoría, aunque lo de la cursiva pronto será revelado, lo prometo. En cuanto lo de España… No lo odiamos, simplemente, cuando decidimos quien tenía que morir, lo elegimos a él por un motivo muy concreto que aún no podemos decir. ¡Y Alemania está vivo! Decidimos ser compasivas con él (o no)¡Gracias por el review!

Miniwa Vessalius: ¿Qué le habrá pasado a Prusia? Parece que es la gran pregunta de hoy… Si, ya era hora que Italia le perdonara, lástima que lo hiciera demasiado tarde… ¡Gracias por el review!

carlac94: ¡Suerte que lo he visto a tiempo, porque ya iba a publicar xD! Mm... Interesantes teorías las de la cursiva... Quizás... Quizás... Veo que tu también te haces la pregunta, ¿donde estará Romano? ¡Gracias por el review!

Bueno, y ahora, sin más demora, el nuevo capítulo!


Capítulo 23

Estados Unidos

Estados Unidos caminaba tranquilamente por las calles de Washington DC, intentando mantener un paso tranquilo. Quería saborear los últimos momentos de calma que pasaría antes de irse hacia Europa otra vez.

Por fin había dejado resuelto todos sus asuntos con el gobierno, que se quejaba de su larga ausencia por la guerra y le dejaban regresar al otro continente. Su avión salía en tres horas y quería aprovechar el único tiempo que le quedaba libre en un lugar donde el peligro de morir se reducía bastante.

No era que no tuviera ganas de volver, al contrario, quería llegara allí lo antes posible y ver a Inglaterra, que lo tenía preocupado desde el bombardeo que sufrió. No quería esperar para regresar… Pero la compañía de aviones que lo llevaba no parecía tan entusiasmada como él por ir en un país en guerra y no había querido adelantar el vuelo.

Giró en una esquina, pensando en qué podía hacer en ese tiempo a solas, pero no se le ocurría nada. Parecía que su casa se había vuelto muy aburrida desde que había empezado la guerra, no encontraba nada que pudiera distraerle completamente y los ratos que había pasado entre reunión y reunión con su gobierno los había pasado pensando en que debería estar en Europa en vez de allí. Cuando encontraba algo que parecía captar su atención, se sentía un hipócrita y un imbécil y, seguidamente, le venía a la mente que podía morir otra nación mientras él jugaba con su Xbox. Al final, acababa no haciendo nada, cosa que no le hacía ningún bien ni a él ni a nadie.

Pero en pocas horas eso se acabaría y volvería a la acción. No más jefes pesados ni economías con números rojos. Podría estar junto a Inglaterra, donde debería haber estado todo ese tiempo y borrar de su mente todas las preocupaciones referentes a su país.

La ciudad estaba tranquila ese martes por la mañana, sin mucha gente en la calle, como una premonición de que algo iba a suceder. Pero no le dio importancia, prefería pensar en otras cosas, era mejor ser optimista en los tiempos que corrían.

Pensó en qué debería hacer en cuanto llegara a Europa, con todo lo que había ocurrido recientemente. Seguramente, no le darían ni tiempo de dejar sus cosas que ya lo pondrían a trabajar, pero no le importaba, necesitaban gente después de tantas muertes y con Alemania sin poder luchar. Aunque también esperaba tener un tiempo a solas con Inglaterra, aunque solo fueran un par de horas… Aunque no creía que fuera posible. El británico no había parado desde el inicio de la guerra y sus ratos de descanso básicamente se reducían a unas pocas horas de sueño. Tendría qué pasar un milagro para que pudieran estar solos.

Entonces, un objeto llamó su atención.

A través del vidrio de una tienda, divisó un bonito reloj antiguo, hecho de madera, con los números romanos y unas curiosas agujas para marcar las horas. No era muy grande, pero tampoco muy pequeño. De alguna forma, le hizo pensar en Inglaterra y creyó que sería perfecto para él. Recordó que hacía poco se le había roto el que tenía en el salón, así que pensó que sería un buen regalo, para levantar el ánimo.

Comprobó cuanto dinero tenía en la cartera y se dirigió hacia la tienda, pensando que su pareja se alegraría con ese reloj.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.

.-.-.-.-.-.-.

Italia

Sus manos temblaban apoyadas en el vidrio que le permitía ver lo que ocurría en la habitación del hospital y no podía parar de llorar.

Llevaba ya muchos días allí, esperando por el momento en el que los médicos le dijeran que podía pasar dentro de ese lugar vigilado a todas horas por si acaso su condición empeoraba. Pero solo la familia tenía permitida la entrada y él, no era familia de Alemania. Solo Prusia podía acceder allí, pero nadie sabía donde se encontraba. Aún así, no había importado todo lo que habían intentado los médicos y enfermeras para echarlo. Italia no se había movido de ese lugar.

Cuando se llevaron al alemán del campo de batalla, les separaron. Simplemente lo cogieron y dejaron a Italia detrás, sin una pista a donde se lo llevaban. Eso lo volvió loco.

Gritó, lloró, preguntó a toda persona que se le pasaba por delante de una forma desesperada donde se lo habían llevado y cuando se negaban a responderle, los atacaba. Al final, tuvieron que dejarle sin sentidos para que se calmara.

Cuando despertó, lo habían atado por si acaso y le dijeron que estaban tratando a Alemania en Berlín y, después de asegurarse que no era peligroso, lo dejaron ir bajo vigilancia. No querían que volviera a perder el control. Italia estuvo de acuerdo con eso, tenía miedo de si mismo.

Pero lo que le esperaba en el hospital era otro infierno.

Recordaba la cara que había puesto el médico que se encargaba de Alemania cuando había ido a recibirlo y al instante supo que no eran buenas noticias. Las palabras que dijo, se le reproducían en la cabeza una y otra vez:

- Está muy grave – dijo el médico -. Hemos conseguido salvarle la vida, pero es muy probable que nunca pueda salir del coma – dijo mientras más lágrimas empezaban a salir de los ojos de Italia, dificultándole la tarea de explicarle la situación -. Y si despierta…- empezó -, lo más probable es que no vuelva a ser nunca el mismo.

Eso había acabado de destrozar al italiano por completo, ya era demasiado cruel… No recordaba muy bien que había ocurrido después, pero cuando se dio cuenta, ya estaba atado otra vez, junto al soldado que lo acompañaba, ante la habitación donde tenían a Alemania ingresado.

Verle en ese estado, hizo que la culpa volviera a apoderarse de él. Si tan solo hubiera llegado antes… Si no hubiera sido tan estúpido por no perdonarle… Quería cambiarle el lugar…

Debería de haber sido él quien se encontrara en ese campo de batalla. Tenía que haber sido él el que se encontrase en coma en esa cama. Él no servía para nada, se decía, en cambio, Alemania habría sabido mantenerse cuerdo, al menos.

Más de una vez se había vuelto loco e intentaba entrar en la habitación o hacerse daño a si mismo para pagar por lo que se consideraba culpable. Cada vez que eso sucedía, lo sedaban y cuando despertaba, volvía delante del mismo vidrio a observar.

Seguramente, se sentiría mejor si le dejaran entrar a la habitación, estar a su lado, tomarle la mano, decirle que lo sentía… O quizás acabaría haciendo una soberana tontería como desenchufarlo de las máquinas que le mantenían con vida. Aunque, no sabía que era peor, si la muerte o quedarse en coma para siempre, siempre dependiente de esas máquinas. Pero, eso que era una elección para los humanos, no les estaba permitido a las naciones. Alemania tenía que vivir, para que su gente pudiera sobrevivir e Italia, sabía que tarde o temprano alguien consideraría que su pena había durado demasiado y lo arrancarían de allí.

Eran naciones, nunca podrían estar en paz. Siempre tendrían que hacer caso a los humanos, nunca podrían elegir por ellas mismas, porque quienes las gobernaban no las veían como iguales, sino como herramientas. No había espacio para sus propias decisiones y sentimientos en esto.

Fue cuando llevaba ya cinco días esperando que ocurriera alguna cosa, cuando Romano, por fin, apareció, después de un tiempo del que no sabía gran cosa.

- Así que es cierto – dijo el italiano mayor con una voz fría y dura.

Italia no respondió.

- El médico me ha puesto al tanto de su situación – dijo Romano -. Supongo que ahora las cosas se pondrán más feas.

La rabia de Italia fue creciendo dentro. Él no era el único culpable. Habían decidido no llamar a Romano por el simple hecho que creían que aún estaría muy tocado por la muerte de España. Pero allí lo tenía, hablando como si nada, con una voz carente de emociones y distante, cuando quizás, podría haber ayudado…

- ¡Y a ti que te importa! – le espetó el italiano - ¡Siempre le has odiado!

Pero en cuanto miró a Romano, se dio cuenta que ese no era el hermano que conocía. Tenía una mirada sombría, dura, fría, con la única emoción del odio. Una mirada dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos. Y detrás de su hermano, estaba el soldado que lo custodiaba inconsciente.

- No me digas que…- dijo Italia.

- Voy a vengarme de esos cabrones, hermano – dijo Romano, con un tono que parecía un poco…¿feliz?

- ¿Qué has…?

- Y tu podrías acompañarnos – dijo Romano.

Italia negó con la cabeza. Su hermano le daba miedo…

- No… puedo… - dijo Italia -. Debo permanecer aquí… Fue mi culpa…

- No lo fue – dijo Romano -. Él tomó la decisión de protegerte. Fueron ellos lo que lo atacaron, no tú. Ellos lo dejaron en ese estado, no tú.

- Para, por favor… - rogó el italiano, no quería escucharlo.

- Probablemente, no volverás a oír su voz. No te volverá a mirar con sus ojos azules, ni te podrá abrazar ni besar de la misma forma. No eres capaz de devolverle nada de eso, pero…

- ¡Alemania no está muerto! – gritó Italia.

Romano sacudió la cabeza.

- En ese estado – dijo -. Es como si lo estuviera. ¿No quieres que paguen lo que han hecho? ¿No quieres darles lo que se merecen?

Italia iba a negarse, pero de reojo miró a su pareja, quien quizás nunca podría volver a despertarse y estaría condenado a vivir enchufado en una máquina para el resto de su vida.

Su mirada se oscureció, sustituyendo sus ojos llorosos por unos con un toque de odio.

- Claro que quiero. Y les daré diez veces lo que se merecen – dijo con una sonrisa en el rostro.

.-.-.-.-.-.-.

Guerra de Corea

-Esto se está alargando demasiado… Sur, no te rendirás fácilmente ¿No es así?-decía Corea del Norte mientras, desde lo alto de ese acantilado, divisaba, al completo, el campamento enemigo- Eres demasiado terco hermano, aunque no lo creas invadirte es lo mejor que te puede pasar. Deja de resistirte

-¡Corea!-llamó una voz-.

Este ni se molestó en voltear. Sabía quién era, que quería y, siendo sinceros, no tenía muchas ganas de cambiar de postura así que esperó hasta que la persona que lo llamó se paró a su lado. Lucía preocupado o eso pensaba, tampoco iba a molestarse en averiguar que le preocupaba a China. Su cabeza tenía otras cosas en las que pensar. Cosas que pronto dejarían al mundo sin palabras. Cosas que atemorizarían a todo el mundo sobre lo grande y poderosa que es Corea del Norte.

-¿De verdad vas hacer eso?

-¿Tienes alguna objeción al respeto?

China lo miró momentáneamente y volvió sus ojos al campamento enemigo.

-No creo que ni él tenga que…

-¿Quieres que alarguemos esto aún más?

-Yo no…

Corea del norte no se limitó ni a seguir a escuchando. Directamente volteó y con sus habituales aires de superioridad, ahora en aumento, se dirigió hacía su propio campamento. Los soldados se apartaban a su paso, un pasillo se formaba y, después de pavonearse por allí como si fuese el rey del mundo, llegó a la tienda principal. Entró y puso sus ojos en aquella mesa que tenía en frente. En ella se extendía un detallado mapa del territorio y, marcado con unas figuritas azules, se concretaba todo lo referente al enemigo. Con figuritas rojas, para resaltar aún más el comunismo, se marcaban todas sus posiciones, armas y unidades de soldados.

-Ya lo tenemos todo planeado-informó uno de los generales que estaba allí-.

-¿Qué ha dicho China?-preguntó el único mariscal del lugar-.

-Está de acuerdo-se apresuró en responder Corea del Norte con la intención de evadir el tema de China lo antes posible-.

-¿Está seguro? Antes ha parecido que…

En un acto reflejo el país sacó la pistola que tenía escondida en la chaqueta y apuntó a la persona que justo acababa de entrar al lugar, China. Asustado no se atrevía a decir palabra. Corea lo miró un par de segundos y bajó el arma.

-¿Porqué entras sin decir nada?-interrogó a la defensiva dispuesto a disparar si era necesario-.

En las últimas semanas y con todo el caos que se estaba produciendo en Europa Corea del Norte había empezado a perder la paciencia. Aún más frío, más despiadado, más inhumano, dispuesto a sacrificar todo su pueblo si con eso lograba el reconocimiento como superpotencia. Exacto, ahora era ese su objetivo, que todos hablasen de él. Que le temiesen, que no se atreviesen a cuestionar su autoridad. Ahora mismo Corea era una perfecta máquina de matar.

-Corea creo que puedes bajar el arma-se atrevió aconsejar uno de los presentes-.

El país le lanzó una mirada y disparó el gatillo. Todos cerraron los ojos, no se atrevían a ver aquel lugar manchado de sangre pero, al no escuchar el sonido del dolor, el olor de la sangre, poco a poco, fueron abriendo los ojos. Corea del Norte aún empuñaba su arma y no parecía dispuesto a bajar la guardia.

China siguió el recorrido de la bala. Era evidente, Corea no estaba para bromas, para dar hecho de su autoridad se encargo de desviar el disparo para que la bala pasase por delante del soldado que se atrevió a decirle que bajase el arma. Aquel hombre, con cara de asustado, temió haber dicho algo y, tratando de recuperar la compostura, se prometió mentalmente no volver a decir nada aquel letal país.

-¿Habéis terminado con los últimos detalles?-preguntó Corea bajando, después de unos tensos minutos, su arma-.

-Si señor-se apresuró en decir uno de los oficiales- En el mapa está todo representado con todas las posibilidades

Corea examinó el mapa, lo memorizo y lo estudió con detalle pues otra batalla sin que nada quedase claro no se lo podía permitir.

-Corea, lo diré otra vez-advirtió China-.

-No es necesario-le interrumpió el país quien lo miró con aquella fría y perturbada mirada- China, no hace falta que lo vuelvas a decir porque lo he decidido. Este plan será el último. Mi hermano no seguirá corrompiéndose

-No pongas como excusa a tu hermano cuando en realidad es tu propio ego quien te está pidiendo esto

-China-dijo Corea con una voz rota- Vuelve a decir algo imprudente y serás el próximo país en caer-le amenazó-.

El antiguo país, indignado, decepcionado, asustado terminó por salir de la tienda principal. Aquello sobrepasaba lo surrealista y ese plan era otra cosa imposible. Corea del sur tenía la ayuda de Estados Unidos y Japón. Visto de ese modo el Norte tenía las de perder pero… con ese plan… Podía ganar tranquilamente aún sin la ayuda de China.

Regreso aquel acantilado. Desearía poder volver al pasado, cambiar cuando decidió apoyar a Corea del Norte. Aún pensaba que lo mejor que le podía pasar el sur era ser conquistado por el norte pero no bajo ese plan, no bajo ese plan mortal.

Se compadeció de los soldados americanos que bromeaban con los japoneses. Se compadeció de Japón hablando tranquilamente con Corea del Sur. Se compadeció de todos ellos quienes, si no disponían de una gran suerte, no lograrían escapar de las zarpas del Norte.

Volteó y contempló el campamento detrás suyo. Triste, callado, el que mostrara un mínimo indició de felicidad era castigado duramente. Que dos imágenes más distintas, opuestas completamente la una a la otra, sin nada en común, igual que los dos hermanos. Entre Corea del Norte y Corea del Sur no había un solo rasgo de semejanza, nada. Dos mundos completamente antagónicos.

De pronto de fijo, Corea del Norte salía de la tienda acompañado de sus generales. Rápidamente todos los soldados formaron en filas y mostraron su respeto hacía su líder.

-Ha llegado el momento-empezó a decir el Norte a sus soldados- Después de estos meses de guerra ha llegado el momento de demostrar lo fuertes que somos, lo poderosos que podemos llegar a ser y sobretodo que Corea del Sur se equivocó al elegir el capitalismo. Por eso, esta misma noche, pondremos en marcha la operación…

-Barbarroja II-continuó China desde las lejanías- La operación militar más brillante de la historia, Operación Barbarroja, llevada a cabo por los nazis que, en otras palabras, era la invasión de la Unión Soviética-China frunció el ceño- ¿Pretendes hacer lo mismo con tu hermano, Norte?

-Todos habéis estado instruidos para este momento. El momento en que Corea del Norte será conocido como una superpotencia superior a Estados Unidos, superior a Europa, la superpotencia más temida del mundo. Con nuestras armas nucleares podemos dominar el mundo entero si nos place. Y demostraremos nuestro poder invadiendo aquello que, años atrás, era nuestro ¡La otra Corea! ¡El sur!

Los soldados parecían contentos con aquella idea de superpotencia, con aquella idea de miedo que pretendían demostrar al mundo entero, la pregunta es ¿Lo lograrían?

China no sabía la respuesta. No sabía si era bueno que eso ocurriese, ahora mismo, no podía apoyase en nada.

Entonces, empezó a escuchar gritos que venían del campamento de Corea del Sur. Se giró y vio como el caos empezaba a extenderse.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Corea del Norte.

China no pudo responder. Solo veía horrorizado como todos los soldados que venían de uno de los países enemigos caían por razones inexplicables.

Acababa de morir otra nación.

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Al día siguiente

Grecia, Turquía y Chipre.

-Yo creo que esto supera todo lo sospechado…-comentó Chipre decaído viendo como su futuro, y el de todo Europa, era cada vez más difícil de ver-.

-¿En qué momento perdimos las naciones nuestra condición de inmortales?-preguntó Grecia-.

-En el momento en que Bielorrusia murió-contestó Turquía- Tengo todo el país revolucionado, militares arriba militares abajo y aún siento como si en cualquier momento pudiese desaparecer justo como él

-Ciertamente era muy fuerte-aceptó Grecia- Hubiese sido más normal que yo hubiese caído antes

-¡No digas eso Grecia!-gritó Chipre- No tienes que pensar eso. Eres un país, no puedes morir así como así… aunque él lo haya hecho…

Grecia miró al chico y asintió levemente antes de perder su mirada en el cielo azul de San Torini.

-Me preguntó que pasara a partir de ahora. Esto no entraba en los esquemas de nadie

-Ni siquiera del enemigo-continuó Turquía sumergido en sus pensamientos-.

-Ni si quiera del propio afectado-siguió Chipre- ¿Qué creéis que hará Europa?

-Alemania está en coma, los nórdicos afectados por los de Islandia, las Italias están cambiadas e Inglaterra no creo que entre en razón cuando sepa de esto… Dependemos de Francia y en caso de que Prusia apareciese, de él también-dijo Grecia-.

-¿Qué hay de Suiza?-preguntó Chipre-.

-Realmente no se qué hará él-contestó el heleno-.

Hungría

-Siento que esto se pone cada vez peor-soltó una risa incrédula- ¿Pero es eso posible? ¿Pueden empeorar aún más las cosas? Después de la muerte de Bielorrusia todo cambió, todo se trastornó y ahora hemos llegado a esta impensable situación.

-Señorita Hungría…

-¿Cuándo aceptaste tú cargo en el ejercito pensaste en que los países tuviésemos está fragilidad?

-La verdad es que no

-Yo tampoco-rió algo triste- ¿Quién diría que, por una vez en nuestra larga vida, nos sentiríamos como vosotros? Sabiendo que nuestra vida puede acabarse de un momento al otro

-Todo eso depende de usted

Ella volteó a ver al general que se encontraba junto a ella contemplando, de noche, la capital iluminada.

-Usted puede decidir si rendirse o seguir luchando junto a los otros países. Que él haya caído no tiene que significar que los demás…-se mordió el labio para no seguir hablando-.

Hungría lo miró un par de segundos, sorprendida, sin palabras que decirle. Sabía que tenía razón y, tras esos instantes de sorpresa, esbozó una cálida sonrisa.

-¿Crees que iba a rendirme tan fácilmente?-preguntó volviendo la vista a la capital de su país, tan hermosa de noche- No permitiré que eso pase. Nosotros no caeremos-miró al soldado- Es una promesa

Él la miró y sonrió también, confiando plenamente en las palabras de la chica. Sabía que ella no los iba a dejar, no permitiría que desaparecieran, los protegería, por su bien.

-Confió en usted, señorita Hungría-dijo él-.

Nórdicos

-Ahora sí que tendrías que empezar a quitar el polvo a tu armamento, Noruega-comentó Dinamarca quien cargaba con su gran hacha dispuesto a unirse a la lucha en cuando se le necesitara-.

-Mi país es pacifico

-Pero no el exterior-interrumpió el danés frunciendo el ceño-.

-La verdad es que no-reconoció Finlandia- Sealand me ha comentado que nos ayudará en cuando lo necesitemos, la verdad es un alivio contar con él.

-Sí-asintió Dinamarca- Pero tampoco podemos depender de él. Esto es más serio de lo que nos podríamos haber imaginar en un primer momento. Tenemos que ir con cuidado

-¿Has movilizado todo el ejército?-preguntó Suecia-.

-¿Me queda otra?-preguntó el danés retóricamente con una sonrisa torcida en su rostro-.

-¿De verdad tengo que alertar a mis militares?-preguntó Noruega-.

-La situación es crítica-comentó Finlandia- Y yo no quiero no poder volver alguno de mis amigos…

-Amigos… ¿Me pregunto cuántos habrán llorado ya por la pérdida de uno?-preguntó Dinamarca al horizonte que se dibujaba delante suyo-.

-Amigos, familia… ¿Son estos los horrores de la guerra?-preguntó Finlandia-.

Suecia asintió sin decir palabra alguna. Manteniendo ese triste silencio que se había creado.

-Pocas veces los nórdicos, al completo, nos hemos involucrado en estos conflictos-murmuró Noruega-.

-Alguna vez tenía que ser la primera-comentó Dinamarca-.

-Todo sea por evitar más muertes-aseguró Finlandia-.

-Tenemos que acabar con esta guerra-aseguró Suecia haciendo que todos los presentes asintiesen decididos a cumplir esa meta-.

Japón y Corea del Sur.

-¡Japón!-llamó Corea acercándose hasta donde el país se había retirado-.

Este volteó y miró a su aliado. A pesar de lo que tratase de aparentar era evidente que, al igual que él, Corea también había sentido lo que había ocurrido.

-Lo sabes ¿No es así?-Corea asintió- Esto no puede ser posible… Alguien como él…

-Me asuste cuando vi que todos los soldados cayeron, tuve miedo, pensé que mi hermano había puesto en marcha otro plan pero… Sinceramente no se que sería peor. Perder mi libertad o perder a mi amigo

-Corea…

-Tú también Japón. Admite que hubieses preferido que esta guerra terminase conmigo derrotado a que él se fue

Kiku bajó la cabeza. Lo que Corea decía tenía parte de razón, a preferir hubiese sido eso pero tampoco estaba dispuesto a dejar que Corea quedase bajo las surrealistas normas de su hermano que, con el paso de los años, se trastornaba más y más.

-Pienso que, si él hubiese retirado sus tropas a lo mejor no hubiese…

-Si hubiésemos querido evitar esto solo tendríamos que haberlo detenido, no dejar que se fuera de aquí

-¿Por qué?

-Dicen que todos los países vuelven a su casa antes de morir

Corea lo miró un par de segundos y lo abrazó de pronto. Japón se extraño pero detuvo sus dudas al sentir como las lágrimas de Corea del Sur mojaban su traje, acto seguido, no pudo evitar que la tristeza aflorada en su rostro.

-Corea…

-Me alegra que estés aquí Japón ¡Me alegra mucho!-dijo entre llantos-.

-Tranquilo… No tengo intención de volver a casa antes de tiempo-aseguró el japonés mientras acariciaba el cabello de Corea con una cálida sonrisa- No lo haré hasta que esto haya terminado.

Corea asintió y, sin detener sus lágrimas, se escondió más y más en el pecho de Japón. No quería que sus soldados lo viesen, viesen como su líder se desmoronaba pero necesitaba desahogarse. Fue, en ese momento, cuando Corea agradeció más que nunca la presencia de su hermano allí.

Francia, Catalunya, Euskadi y Galicia.

-Esto empieza a parecer más una tómbola que una guerra-comentó Galicia-.

-Galicia-llamó Catalunya algo molesto por el comentario del otro nuevo país- No es momento de bromas, esto es muy serio

-Que él muera no significa que esto sea nada-comentó Euskadi de brazos cruzados-.

-¿Nadie ve algo extraño en todo esto?-preguntó Francia de repente después de estar minutos sumergido en el más profundo de los silencios- Alguien como él…

-Exactamente ¿Qué es lo que no te cuadra?-preguntó el vasco-.

-Ni todo ese ejército fantasma podría contra él. Tienen que haberlos…

-¿Crees que hay países que les son aliados?-preguntó Catalunya incrédulo- ¿Quién quería eso?-sopló-.

-Piénsalo-pidió Euskadi- De ese modo no tendrían que tenerles miedo y a cambio solo tendrían que proporcionarles soldados y armas. Es una buena estrategia si es que quieres seguir vivo

-Y quieres que medio mundo se te ponga en contra-siguió Galicia- Si ese ejercito fuese descubierto y aniquilado yo sería el primero en ir a matar a los países que lo apoyaron

-Ya, Galicia y su gran fuerza militar- dijo Catalunya con ironía-Si apenas llegas a los 3 millones de habitantes ¿Qué vas a aniquilar? No podrías ni con Gibraltar

-Ahí te has pasado-intervino Euskadi-.

- Si nosotros estamos mal –interrumpió Francia- hay alguien que nos supera con creces

-¿Canadá?-probó Galicia-.

-Alguien más…

Por el silencio que se produjo Francia dedujo que ninguno de los tres que lo acompañaba sabía de quien hablaba así que, tras esperar un poco, terminó por decir el nombre de aquella persona.

-Inglaterra

-Es verdad… él…-Euskadi no se atrevió ni a seguir con la frase. Era hasta doloroso imaginarse el estado en el que Inglaterra se encontraría tras enterarse de la noticia. La persona menos pensada… aniquilada-.

-Francia-llamó Catalunya- ¿Qué pasará con Europa? No creo que Inglaterra esté para decidir algo, Alemania está en coma, tanto Italia como Romano están fuera de sí y Prusia está desaparecido

-Me extraña lo de Prusia. Toda la población alemana está viva pero él no aparece por ningún lado

-¿Crees que es él quien se alió con el ejército enemigo?

-Prusia puede ser tonto, creído, raro incluso pero jamás nos traicionaría. Tiene que haber alguna razón tras su desaparición. Estoy seguro.

Inglaterra. Un par de horas antes.

Sentía la agonía clavarse en su corazón aunque no sabía por qué. Sentía que algo iba mal aunque no sabía el que. Sentía que Europa y Asia se derrumban a razones que él desconocía. Podía percibir el caos que se vivía y que pronto se contagiaría devastándolo. Tantas malas sensaciones…

-¿Qué habrá pasado?-preguntó al río Támesis el cual fluía como de costumbre, como si la guerra que devastaba el mundo no estuviese sucediendo-.

-Señor Inglaterra-llamó un soldado- Al fin lo encuentro

Inglaterra se levantó y volteó a ver al hombre ¿Sería ese hombre el inicio de todos los malos presentimientos que había tenido?

-¿Qué ocurre?

-Le llaman del palacio señor, su majestad pide su presencia

-¿La reina?-se extraño-.

Siguiendo aquel llamado acudió al palacio real. Los guardias, quienes solían mostrar un rostro neutro fruto de su seriedad, parecían preocupados. Las personas que circulaban por el interior del lujoso edificio parecían devastadas, preocupadas como si un aviso del apocalipsis hubiese llegado a sus oídos.

Siguió la alfombra roja y se presentó en la sala principal del palacio, al final, la familia real al completo lo esperaba. Sus caras mostraban una preocupación similar a la que había visto antes. Parecía que lo del apocalipsis empezaba hacerse posible.

Se situó en el centro de la sala y, con guardias a lado y lado, espero a que la reina hablase.

-Hay algo muy importante que tenemos que comunicarte Arthur-empezó a decir- Ha ocurrido algo que nos preocupa y nos entristece a todos nosotros.

Inglaterra empezó a prepararse para lo peor. Aquel inicio no era bueno y no parecía que las noticias fuesen buenas, más bien todo lo contrario, parecían lo peor de lo peor.

-Señor Smith-dijo la mujer-.

Un soldado que se encontraba al lado de su trono asintió y bajo el pequeño pódium sobre el que se encontraba. Dudoso, camino por la alfombra roja hasta que se posicionó delante de Inglaterra entregándole lo que en sus manos sostenía, un reloj.

Inglaterra miró el objeto confundido. Estaba en un estado lamentable, las agujas se habían parado en las 3:25 y parecía que el tic-tac que debería hacer no iba a producirse nunca más pues sus engranajes deberían estar gravemente dañados.

-Esto le pertenece-dijo el soldado antes de unirse a los compañeros que se encontraban en esa misma sala-.

-Majestad esto… yo no…

-Hay algo que tenemos que decirte Arthur. Escucha atentamente-pidió la mujer. Él asintió a la espera de recibir esa noticia que tanta curiosidad le estaba produciendo- Resulta que ayer, a las 3:25, se produjo un… atentado… nuclear contra… - no pudo pronunciar el nombre - Lo siento tanto…

El corazón de Arthur se paró de golpe. Comprobó el reloj que le habían entregado, marcaba la hora del atentado. Se fijo en la parte posterior de la tapa, había una inscripción allí. La leyó y de pronto lágrimas brotaron de sus ojos.

"Te quiero Arthur"

Quería detenerlas, no quería llorar allí, dejando ver su debilidad en público pero no pudo evitarlo. Aquello era demasiado.

-Lo siento-dijo la reina quien también había dejado que las lágrimas saliesen de sus ojos en ver como Inglaterra se desmoronaba allí, sin consuelo, sin salida a su desesperación, sintiendo como su corazón colapsaba, sus emociones lo bloqueaban, como no podía responder con palabras, no podía disculparse, no podía aparentar normalidad, ahora mismo, no podía hacer nada-.

Arthur negó. Con el antebrazo tapó sus ojos verdes vidriosos pero el llanto era demasiado como para que eso hiciese efecto. Aquello rompió el corazón de la familia real, igual que perder a un amigo, a un pariente, sentían el mismo dolor insoportable de cuando alguien importante se va de tu lado.

-¿Cómo…?-logró articular Arthur-.

La reina no tenía el valor suficiente para comunicarle lo siguiente y el soldado que le entregó el objeto, haciendo de tripas corazón, se lo comunicó.

-Días antes del ataque me dijo que tenía pensado comprarte un regalo-dijo con cierta dificultad en su voz pues aquello superaba todos los dolores imaginables-.

El llanto de los presentes iba en aumento haciéndose insoportable aquella situación. Aquella impotencia. Aquella tristeza que los inundaba.

Inglaterra pronunció su nombre entre sollozos solo en recordar lo que había grabado en la parte posterior de la tapa del reloj.

Y entonces empezó la locura de los relojes para Arthur Kirkland.

.-.-.-.-.-.-.

Estados Unidos, el día anterior

Acababa de salir de la tienda, con el reloj debajo del brazo cuando todo comenzó.

Nada parecía haber cambiado desde el momento en que había entrado en el lugar. La señora que le vendió el reloj le trató amablemente y él observó algunos objetos de la tienda con cierto interés, por si alguno capturaba su atención. Pero no. Él prefería lo nuevo, Inglaterra se podía quedar con el reloj.

Cuando salió, iba con una sonrisa en la cara pensando en la reacción del inglés cuando le diera el regalo. Seguramente, le diría que no haría falta y haría ver como si no le importara mucho, pero Estados Unidos sabría que le gustaría, cuando se ruborizara y lo cogiera fuerte, como siempre hacía cuando le daba un regalo. Decidió volver a casa lo antes posible, no quería esperar más para irse. Si los de la compañía le decían que no podían salir antes, se volvería más pesado que el plomo y acabarían cediendo.

No vio nada anormal en las calles, todo seguía igual. Coches arriba y abajo, gente caminando yendo a sus trabajos… Vio un colegio al otro lado de la calle que iban de excursión, se veía a los niños felices, sin ser conscientes de la situación al otro lado del mundo. Se alegró al verlos y se lo tomó como un buen señal.

Que equivocado estaba…

En la habitación azul, el chico se cubría la cara con las manos la cara mientras las lágrimas seguían rodando abajo.

La primera señal de que algo iba mal fue un dolor en su hombre derecho, no era normal y, sin embargo, sabía muy bien que era: muchas personas muriendo de golpe.

Solo lo había sentido una sola vez. Cuando atacaron las Torres Gemelas en Nueva York. Pero esa vez era más fuerte e intenso, lo suficiente, para que se tambaleara y estuviera a punto de soltar el reloj.

Acababa de tener lo que parecía ser un recuerdo.

Se quedó quieto en medio de la calle. Asustado, mientras el hombro le dolía cada vez más y más, hasta que no pudo mover más el brazo. ¿Les dolía siempre de esta manera a los países en guerra? Estaba seguro que no era tan intenso… Normalmente se quejaban de dolores, pero no llegaban nunca al extremo que le estaba llegando. ¿Qué acababa de ocurrir en el oeste de su país? ¿Qué habían hecho? ¿Cuánta…gente había muerto?

Pero era doloroso, más que las descargas que lo atormentaban continuamente. Era un dolor lento, que entraba dentro de su cuerpo despacio, destrozando la vida.

No tuvo tiempo en reaccionar cuando ambas piernas empezaron a dolerle de igual forma o mucho peor y sintió como le fallaban, pero intentó mantenerse en pie. Intentó reconocer los lugares donde habían sido atacados, pero tenía la mente completamente en blanco. No entendía nada…

Hasta que recordó con quienes estaba en guerra y en seguida lo supo: era ese ejército desconocido, quien lo atacaba. Lo habían elegido para ser la siguiente víctima.

Acabó cayendo al suelo de rodillas. Pero no fue el dolor lo que provocó eso. Sino unas repentinas náuseas que le hicieron vaciar todo el contenido de su estómago en el pavimento.

Y de repente, dudó de si quería recordar algo tan doloroso, a pesar que dentro de sus podía encontrarse la respuesta de que hacía allí.

Pero la cosa no acabó allí y enseguida sintió como su cuerpo hervía, de una forma particular, que desde la Guerra Fría no había sentido. Desde que su gobierno hacía experimentos en el desierto para una guerra nuclear y tenía que pasar días en la cama tras eso. ¿Habían lanzado bombas nucleares a las ciudades?

No podía ser… No podía estar ocurriendo… No era un solo ataque nuclear, sino que por el momento habían habido tres. ¿Qué demonios estaban pensando sus enemigos al hacer eso?

No escuchó a la señora que se le acercó para ayudarle ni vio al hombre que intentó levantarle, pues supo que había habido un cuarto ataque cuando el dolor se hizo presente en su pecho y tuvo que volver a vomitar.

De inmediato sintió el dolor por todas las partes de su cuerpo, mientras su temperatura aumentaba cada vez más y más y ya no fue capaz de moverse. Solo de pensar en el que podía estar ocurriendo en los lugares donde habían atacado.

Pero su curiosidad pudo más que el dolor y decidió intentar recordar más. Para saber qué había hecho tan terrible para merecerse eso.

Seguro que Washington DC también estaba a la lista y eso podía significar el fin. Ni una nación podía sobrevivir a una bomba nuclear si se encontraba demasiado cerca. Ese era uno de los motivos por los cuales habían elegido Hiroshima y Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial en vez de Tokio para lanzar las bombas, decisión que arrastraría para el resto de su vida, que podía acabar pronto.

Tenía que alejarse de la ciudad lo más rápido que podía… Si sobrevivía, aún podrían salvarse gran parte de los habitantes de su país.

Con las últimas fuerzas que podía, se aferró al pantalón de una de las personas que se encontraba allí.

- Por favor… - le rogó -. Sácame de la ciudad…

Entonces volvió a vomitar, pero esta vez, con sangre mezclada.

- Necesitas un hospital – dijo esa persona.

- ¡Por favor! – intentó gritar desesperado - ¡Sino me sacas de aquí vamos a morir todos!

Pero antes de que esa persona volviera a responder, otros gritos del fondo de la calle lo alertaron.

Se centró en ese dolor, adentrándose más y más en sus recuerdos perdidos. Pero solo encontraba caos a su alrededor, nada más. Y cada vez era peor.

La noticia de las bombas nucleares había llegado antes de lo que pensaba y la ciudad se volvió un caos en un instante y la gente empezó a correr, dejándolo ignorado en el suelo.

Estados Unidos intentó moverse, pero solo pudo arrastrarse un poco, moviendo al reloj que tenía la caja manchada de sangre y vómito con él. La gente, le daba golpes sin querer, todos querían irse lo más lejos posible en poco tiempo. Pero tanta gente de golpe, no podía ser y solo se había desatado el caos.

Se tumbó boca arriba, se aferró a la caja con el reloj y rezó para que eso se acabara pronto. Pero los dolores que seguían creciendo, le decían que no, que eso no terminaría.

Estaba seguro que ciudades como Los Ángeles, Miami y Chicago ya eran historia. Nueva York también estaba apunto de acabar si la volvían a atacar y San Francisco no debía presentar un aspecto mucho mejor.

Lágrimas de rabia y dolor le surcaron el rostro. No podía moverse, no podía hacer nada para impedir lo que estaba ocurriendo.

Pero no tenía que rendirse. Si lo hacía, todo estaría perdido.

Tuvo que detenerse cuando el lado izquierdo del pecho le empezó a doler demasiado, temiendo para que su corazón se detuvi…

Haciendo uso de todas sus fuerzas, consiguió levantarse junto con el reloj en mano. Sonrió para sus adentros y empezó a caminar lentamente. Si encontraba alguien que pudiera llevarle fuera todo iría bien… No moriría tanta gente y…

Pero el golpe de una persona que corría en busca de alguien le hizo perder el equilibrio nuevamente y supo que ya no podría levantarse. Nuevos ataques habían ocurrido ya por el resto de su cuerpo y ya no podía moverse. Volvió a vomitar, esta vez, solo sangre.

Cuando empezaron los gritos diciendo que veían aviones militares acercándose, perdió toda la esperanza. Una explosión nuclear podía matar a todos los seres vivos que se encontrasen en el aire libre en 15 kilómetros a la redonda y se encontraba demasiado cerca del centro para alejarse. I sino lo mataba la explosión, de seguro que lo haría cualquiera de sus efectos inmediatos.

La revelación que tuvo en ese momento le chocó casi tanto como los últimos recuerdos que tenía en la calle.

Esto no debería de estar ocurriendo… Debería de estar de camino a Europa… Abrió la caja del reloj para verlo y esperar que Arthur lo recibiera, ni que su muerte le afectara tanto como pensaba.

Mojó un dedo en su sangre y escribió en el reverso del objeto: "Te quiero Arthur"

Ya sabía que sonido faltaba, lo había sabido siempre. Pero no había querido darse cuenta.

Entonces, vio los aviones sobrevolando encima suyo y supo que todo se había terminado.

Su corazón. No latía.

Cerró los ojos y se tumbó boca arriba para esperar el final.

Hacía tiempo que había dejado de latir.

No pasó mucho tiempo antes de que la bomba cayera y estallara.

Él ya estaba muerto.

Fin de la primer parte


Bueno, ¿qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Merecemos una muerte lenta y dolorosa por lo de Alemania y Estados Unidos?

Y, efectivamente, los de la cursiva eran Estados Unidos (el que recibía las descargas) e Inglaterra (el de los relojes).

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Por cierto, estaremos dos o tres semanas sin actualizar porque estaremos acabando de planear la segunda parte de este fanfic. Lo seguiremos publicando aquí, la segunda parte (nosotras la llamamos The Last Life) será más corta que la primera, no habrá tantas muertes (quizás xD) y se centrará más en Inglaterra y las Italias. ¡Lo sentimos mucho!

¡Hasta otra!